Dura represión policial a las manifestaciones

Dura represión policial a las manifestaciones

Vaqueros en busca de indios por Barcelona

José Luis Artero Carmona.
(Miembro de EUPV y MRG-Alacant)

En Barcelona ha tenido lugar el primer gran acto antiglobalizador de los previstos para el semestre de la presidencia española de la UE coincidiendo con la Cumbre Europea de primeros ministros. Los motivos de la protesta son tan variados como los grupos que la apoyan, pero su causa es la misma, recordemos el lema: «Contra la Europa del capital y la guerra», en contra de la globalización neoliberal que amenaza con caricaturizar a un enorme rey Midas al que sólo le importa su inagotable deseo de acumulación capitalista frente a la sostenibilidad ecológica del planeta y la cobertura de las necesidades básicas de la humanidad, en definitiva, que no sólo otro mundo es posible, sino que éste es imposible de mantener a corto plazo.

Nuestros gobernantes no son más que las marionetas que fingen llegar a unos acuerdos tomados de antemano por el FMI, OMC y BM y también por organismos formados por los grandes capitales del planeta: Foro de Davos, o de Europa: ERT (European Round Table). En esta ocasión los dirigentes europeos más atrincherados que reunidos en Barcelona debían dar un empujón a varias viejas ideas: El Proyecto Galileo, un costosísimo conjunto de satélites que entre otras utilidades servirá para el control y vigilancia de todo lo que puedan considerar peligroso para sus intereses y facilitará sus aventuras bélicas. El Plan de Acción de Servicios Financieros (P.A.S.F.) que no son más que una serie de medidas en la línea de favorecer más aún los movimientos especulativos del capital. La liberalización/privatización de los mercados energéticos y de transporte aéreo y ferroviario, que están teniendo funestas consecuencias para los trabajadores de estos sectores y también para el sector público y que en su documento digan que estas medidas tendrán en cuenta «...la definición de las obligaciones del servicio público, la seguridad de abastecimiento y, en particular la protección de los grupos más vulnerables de la población», conociendo los antecedentes, suena más a un aviso de peligro que a una frase tranquilizadora. Las declaraciones del ministro de exteriores, Josep Piqué, en busca de un titular de prensa «España ha dejado de ser una isla», se refiere al proyecto de importar energía nuclear de Francia y que atravesará los Pirineos. Otro de los temas que tenían que abordar era, cómo no, el mercado laboral y en su deseo de «crear empleo estable» defienden la flexibilidad como la gran panacea, (tantos años flexibilizándonos nos ha dejado a la clase obrera preparada para solicitar trabajo como contorsionistas en el circo de las miserias). Otra de las propuestas va en la dirección de retrasar el momento de la jubilación lo cual sirve objetivamente para aumentar el tiempo de productividad de los trabajadores, lo que se da de bruces con la idea de la disminución de la jornada laboral en aras del reparto del empleo y la riqueza, además se enmarca dentro del fomento de los planes privados de jubilación.

De estos y otros proyectos han estado hablando nuestros dirigentes, la cumbre parece haber acabado en un relativo fracaso, ya que la mayoría de los puntos han quedado aparcados para un mejor momento, y es que Portugal, Holanda y sobre todo Francia y Alemania se encontraban en período electoral, siendo ése el condicionante al que se refería Prodi cuando afirmaba «dada las circunstancias, se ha conseguido lo que se podía», y uno tiende a pensar que cuando no se toman una medidas por estar países importantes en elecciones es que dichas medidas no deben ser muy buenas para el conjunto de la ciudadanía.

Y si curioso es que el fondo de esta cumbre ponga de relieve la contradicción entre intereses ciudadanos y decisiones de dirigentes electos, no menos llamativo es la forma, es decir, la imagen de estos demócratas «radicales» defendiendo los beneficios de las multinacionales encerrados en un búnker, protegidos por un avión AWACS de vigilancia de la OTAN, cazabombarderos F18, cazas, una sección de misiles antiaéreos, dos patrulleras, una corbeta, la anulación del Tratado de Shengen respecto al control de fronteras y cómo no, los más de 10.000 miembros de las fuerzas de seguridad que tenían sitiada Barcelona y formaban un auténtico muro policial entre la sociedad civil y sus representantes. Fracasó la cumbre, pero sobre todo fracasó la política del miedo y la coacción que nuestro gobierno con su presidente en cabeza intentó llevar a cabo, metiendo a todos los manifestantes en el mismo saco de «los violentos», amedrentando con un dispositivo de seguridad desproporcionado y regalándonos otra de sus frases a añadir en su libro de citas célebres: «cuando uno se manifiesta debe tener motivos para hacerlo» y es que el Presidente no ve motivos de queja en su mundo ideal como seguramente este «demócrata de toda la vida» tampoco entendería que jóvenes de su generación en los años 60 y 70 se manifestaran y se la jugaran entre otras cosas luchando por la democracia.

La manifestación de la CES «por una Europa más social» dobló sus previsiones llegando a los 100.000 manifestantes, pero la del sábado desbordó cualquier previsión, 500.000 personas abarrotábamos las avenidas de Barcelona. Creo que los incidentes violentos que se produjeron y que los medios de comunicación tanto resaltaron no están nada claros, los grupos que los organizaron eran pequeños, actuaban y rápidamente se disolvían para reaparecer en otro punto de forma coordinada, la policía ya ha reconocido que se infiltra dentro de estos grupos «para controlarlos», desde luego no debe ser fácil infiltrarse entre media docena de personas organizadas que lanzan botellas contra los antidisturbios desde el interior de la manifestación entre las protestas de los manifestantes, sin que la policía actuase en un primer momento, para después cargar de forma indiscriminada golpeando a personas pacíficas y periodistas impidiendo que el acto terminase de forma prevista, al menos para los organizadores. Y es que da la impresión que las previsiones de José Mª Aznar eran otras, había mandado al 7º de caballería a por indios, y si hubiesen vuelto con las manos vacías el ridículo hubiera sido importante, así que si no hay indios se pintan. En todo caso el ambiente que creó la policía en Barcelona era poco propicio a la participación. Las personas que viajamos desde Alicante lo pudimos comprobar antes de entrar a la ciudad, nuestros autobuses fueron retenidos en la salida de la autopista durante dos horas, sin poder salir ni a orinar (cuando un compañero lo intentó fue llevado a punta de metralleta detrás de un autobús para ser cacheado), las puertas debían mantenerse cerradas y el motor parado, cuando lo creyeron oportuno nos bajaron uno a uno, nos pidieron la documentación, nos registraron los equipajes y en el autobús, revisaron asiento por asiento así como los distintos departamentos de su exterior incluyendo el motor, nos retiraron los documentos que tenían relación con la manifestación (teléfonos de interés, qué debes de hacer en caso de detención, etc). Una vez en Barcelona nos concentramos en la «Ciutat Vella» relacionándonos con los vecinos y comerciantes de la zona, el problema venía cuando intentábamos salir de dicha zona, ya que la policía no nos daba tregua, en el breve trayecto hasta la manifestación nos pararon varias veces para volvernos a registrar las mochilas y pedirnos la documentación.

Por otra parte,  la participación del Foro Social de Barcelona ha creado ciertos recelos en algunos sectores importantes de los Movimientos de Resistencia Global que desconfían de aquellos que hasta ahora nos habían ignorado y en ocasiones han colaborado con las políticas neoliberales y que ahora pretenden subirse al carro. Tras el Foro Social de Porto Alegre creo que el movimiento contra la globalización neoliberal entra en una nueva etapa, una fase importante de crecimiento no exenta del peligro que todo grupo antisistema tiene de ser engullido por el sistema, (sirvan como ejemplo el movimiento obrero o el ecologista). Ante esta situación se deben evitar posturas sectarias que terminasen por convertirnos en algo anecdótico, no podemos renunciar a la necesidad de seguir creciendo, pero al mismo tiempo se debe mantener la coherencia en el discurso anticapitalista haciendo que este germen de rebeldía que representábamos las 500.000 personas de Barcelona se pueda convertir en auténtica conciencia de clase y revolucionaria, capaces de promover una transformación social que supere al capitalismo. El empeño no es fácil pero hace tres años era impensable que una movilización de protesta ante una cumbre europea fuese tan masiva, y el 16 de marzo se consiguió en un ambiente festivo y reivindicativo, donde el paso de la multitudinaria manifestación era aplaudido desde los balcones por los vecinos, familias de barceloneses que veían el discurrir lúdico se sumaban a la protesta. En definitiva, el capitalismo sigue haciendo de las suyas, pero le ha salido una importante china en el zapato que desde IU debemos hacer que crezca cada día más, desde la responsabilidad de ser la única organización política con fuerza institucional relevante dentro del MRG, pero con la humildad de saber que no somos más que una pequeña parte de un movimiento social emergente, que tiene el importante reto de hacer creíble y posible ese otro mundo necesario.