La Unión Europea: El proyecto de la burguesía europea para competir con la burguesía norteamericana

La Unión Europea: El proyecto de la burguesía europea para competir con la burguesía norteamericana

La Europa de los trabajadores frente a la Europa del capital

Jesús Mª Pérez García
IU-Madrid

La cumbre de Barcelona de la Unión Europea ha sido muy clarificadora en varios sentidos. Pocas veces ha quedado tan claro que una cosa es el proyecto que defienden los gobiernos, aunque tengan algunos matices entre ellos, y otra muy diferente a lo que aspira la mayoría de la población trabajadora. Mientras medio millón de personas se manifestaban en las calles de la capital catalana a favor de una Europa que defienda los intereses de los trabajadores, los mandatarios de 28 países se reunían, blindados, para tomar medidas en defensa de las grandes empresas teniendo como objetivo la liberalización de los mercados energéticos, financieros y del transporte. De un lado la Europa de los trabajadores, la de la mayoría de los jóvenes, la de los asalariados y asalariadas, la que lucha por los derechos democráticos y laborales para todos de forma solidaria. Del otro lado, los representantes de la Europa de los mercaderes, de las multinacionales y la gran banca fundamentalmente, para quienes la UE es una asociación mercantil cuyo fin es velar por la óptima explotación de sus mercados por las empresas de sus respectivos países, y una alianza comercial para hacer frente a sus principales competidores en el mundo actual (EEUU y Japón).

Dos grandes manifestaciones en tres días han dejado claro que hay una profunda y extensa corriente de malestar en Europa, y sobre todo en nuestro país, ante la marcha del tan alabado proyecto europeo. Ha sido posiblemente la protesta más masiva que se ha encontrado ninguna de las cumbres europeas así como las convocatorias anti-globalización en todo el mundo, hasta la fecha.

El jueves 14 de marzo más de 100.000 trabajadores se manifestaban tras el lema «Más Europa, sí, con pleno empleo y derechos sociales». Fue la manifestación convocada por la Confederación Europea de Sindicatos (CES) en la que participaron más de 20.000 trabajadores procedentes del resto de Europa.

La segunda manifestación, el sábado 16 de marzo desbordó todas las previsiones. Entre 300.000 y medio millón de personas, según los diferentes cálculos, abarrotaron el recorrido de la manifestación. Todas las maniobras para impedir la protesta en Barcelona o bien fueron inútiles o bien se volvieron en contra de sus instigadores. Tanto Pujol como Aznar habían manifestado públicamente su malestar por las manifestaciones. El segundo había llegado a meter en el mismo saco a los manifestantes anti-globalización y los de la kale borroka con la esperanza de que el temor a que hubiese violencia en la manifestación retrayese la participación. El despliegue policial y represivo no tenía precedentes. El desprecio manifestado por algunos dirigentes hacia esas manifestaciones masivas pone al descubierto lo que de verdad piensan la mayoría de ellos al margen de las declaraciones oficiales para la galería.

Berlusconi, el primer ministro y ministro de Asuntos Exteriores italiano, calificó a los sindicalistas como «globe trotters profesionales», que encuentran «cualquier ocasión buena para irse de fiesta». Ese mismo día el gobierno conservador italiano, cediendo a las presiones de la patronal italiana, aprobó la supresión del artículo 18 del Estatuto de los trabajadores que obligaba a la readmisión de un trabajador que ha sido despedido sin causa justa. Los sindicatos italianos ya han convocado una huelga general para el 18 de abril y el pasado 23 de marzo, la CGIL en solitario, reunió a más de un millón de trabajadores (3 millones según los organizadores) en una manifestación gigantesca por las calles de Roma en contra de la reforma laboral propugnada por el Gobierno para facilitar el despido libre.

Gabriel Elorriaga, senador del PP, afirmó al día siguiente de la manifestación que «es evidente que Europa tiene un alma y algunas minorías marginales se confunden con grupos importantes».

Los dirigentes del PP están en una nube al sentirse protagonistas de la información internacional por un día. No van a permitir que «unas minorías marginales» les estropeen su «momento de gloria». Pero esa actitud, esa prepotencia, puede hacer que no escuchen la voz de cientos de miles de personas que les están avisando de que algo no marcha, de que se está produciendo un cambio en el ambiente y los trabajadores no van a seguir aceptando eternamente el empeoramiento de sus condiciones de vida y laborales sin ofrecer resistencia. La arrogancia les puede impedir ver el abismo que se está abriendo entre la Europa de los trabajadores y la Europa del capital y que si la primera se rebela contra los planes de la segunda todo su montaje estará más cerca del abismo que de la gloria.

Los «logros» de Barcelona

Entre los «logros» de la cumbre de Barcelona se ha presentado el que por primera vez a la reunión de los 15 países que forman parte de la UE han asistido, en calidad de invitados, los 13 países del bloque del Este aspirantes a entrar. Se han podido hacer la foto los dirigentes de los 28 países que integrarán la UE en el año 2004. Es como si la foto, por sí misma, demostrase que es un hecho aceptado por todos e irreversible.

Pero la ampliación no significa lo mismo para todos. Para la burguesía alemana o francesa es una buena noticia pues representa la mayor apertura de mercados para facilitar la penetración de sus productos y de su capital. Tratan de fagocitar el capitalismo europeo. De hecho, la burguesía británica duda de su capacidad para competir con las burguesías alemana o francesa y por eso tratan de mantener su independencia respecto al continente, como por ejemplo han hecho quedando fuera del euro. Eso tiene otros peligros pues les hace en realidad más dependientes de los EEUU. Como muestra de que en la UE hay intereses particulares que dificultan una verdadera integración está el caso de los países para los que la ampliación de los países del Este es en realidad un motivo de preocupación y recelo pues supone el recorte drástico de las ayudas que han recibido de los fondos de compensación en los últimos años ya que el nivel de vida de la mayoría de los aspirantes, muy por debajo de la media europea, forzará su redistribución. Es el caso de Grecia, Portugal o Irlanda. En una posición intermedia tenemos a las burguesías italiana o española, que no pueden competir con la alemana o francesa (salvo algunas de las empresas grandes), pero que no les queda más remedio que participar en la UE, pero que sin embargo no quieren dejarse absorber, lo que explica el rebrote de ciertas actitudes nacionalistas.

Entre los objetivos que se había marcado la presidencia española de la UE estaban la liberalización completa de tres sectores vitales para la economía: energía, transportes y finanzas. Esta orientación estaba dictada por la patronal europea -Unice- que también tenía su cumbre paralela en Barcelona. Pero la patronal pedía más. Criticaba en un documento que entregaron al presidente de turno, Aznar, y al presidente del Consejo, Prodi, que «el crecimiento de la productividad de la mano de obra ha sido bajo y que los resultados de la UE desde la cumbre de Lisboa en marzo de 2000, han sido malos». Su receta, y lo que exigían a la UE, es «que se necesita un mercado laboral más flexible, potenciar el espíritu de empresa y mejorar la formación de los trabajadores».

En cuanto a la liberación de los sectores económicos, y a pesar del triunfalismo de los portavoces del Gobierno del PP, han avanzado menos de lo que pretendían los sectores más reaccionarios.

Se proponían aprobar la liberalización de los mercados de la electricidad y el gas, para las empresas en 2003 y total en 2005. Se ha aprobado nada más liberalizar este mercado a las empresas en 2004. Parece que todos los dirigentes europeos estaban de acuerdo en el fondo pero a los franceses les daba miedo meterse en una lucha por privatizar un sector en el que todavía el 70% está en manos públicas, en vísperas de una reñida batalla electoral.

En transportes se lanzó el proyecto Galileo que es una alternativa al sistema GPS norteamericano. El coste superará el medio billón de pesetas pero la burguesía europea no quiere depender de las estructuras de telecomunicaciones de otros. Prometen que no tendrá utilidad militar, pero es sin duda uno de los factores. Se acordó la gestión del espacio aéreo de forma integrada para 2004.

Y en cuanto a los mercados financieros se acordó la integración de las bolsas en 2003 y del mercado de servicios financieros en 2005. Pero para ponerlo en práctica tendrán que superar los fracasos anteriores. El proyecto de fusión de las bolsas de Londres y Francfort fracasó. Y el de constitución de una gran bolsa paneuropea iniciado por las ocho principales de la zona no se llevó a cabo.

Siguiendo las recomendaciones de la patronal también se adoptaron compromisos en la esfera del empleo. Antes de la cumbre se hablaba de establecer como objetivo el pleno empleo para 2010, lo que suponía comprometerse a crear 20 millones de puestos de trabajo. En el documento final se habla de ir «hacia el pleno empleo» pero ni una palabra de los 20 millones de puestos de trabajo en ocho años. La cuestión es qué se entiende por «Pleno empleo». En los años 60 los economistas del sistema consideraban una situación de pleno empleo a una tasa del 3% de paro. Hoy algunas estimaciones de economistas burgueses hablan de una tasa natural de paro en la UE del 9%. De hecho esta tasa es la que se ha dado durante el ciclo alcista de la economía en los años 90.

Por el contrario sí se habla de limitar las prestaciones de desempleo; de que los salarios se diferencien según los niveles de productividad y conocimientos del trabajador; de retrasar la edad de jubilación en 5 años antes de 2010; o de que antes de 2005 haya movilidad total de los trabajadores.

La cumbre de Barcelona ha seguido al pie de la letra las peticiones y recomendaciones de un puñado de patronos mientras la opinión de millones de ciudadanos les trae sin cuidado. ¡Cientos de miles de personas en las calles son «minorías marginales» pero unos cuantos patronos reunidos medio en secreto en Barcelona sí merecen ser escuchados!

Para fomentar la participación femenina en el mercado laboral se dice que se garantizará la escolarización del 90% de los niños entre 3 años y la edad de escolarización de referencia en cada uno de los países, y del 33% de los menores de 3 años. Es decir, que en 2010 dos de cada tres niños menores de tres años nos garantizan que no estarán escolarizados. ¿Es así como van a facilitar la participación en el mundo laboral a las mujeres?

Eso sí, nos prometen que cuando haya rebajas fiscales se dará prioridad a los salarios más bajos. (Será a los que no hacen declaración y por lo tanto no hay nada que devolverles). Lo cierto es que la realidad ha sido justo la contraria. En los 20 años que van desde 1979 hasta l999 la zona euro ha experimentado un aumento de la carga fiscal de 10 puntos (pasando del 33% al 43%). Pero este esfuerzo ha recaído fundamentalmente sobre el factor trabajo que ha absorbido 7 de los 10 puntos, frente al capital que solo ha contribuido con dos, y el consumo que lo ha hecho con uno (y las cargas sobre el consumo los pagan la mayoría de los trabajadores). Con estos datos en la mano, ¿es demagogia hablar de una Europa de los trabajadores y otra del capital? ¿En beneficio de quién trabajan las instituciones de la UE? ¿No están más cerca las cumbres de la UE, el Consejo Europeo, el Ecofin, el Banco Central Europeo... de ser un amplio y complejo Consejo de Administración de la banca y de las grandes empresas multinacionales europeas que de ser los genuinos representantes de la mayoría de la población?

También el documento final se hace eco de la petición empresarial de fomentar la formación de sus empleados. Se plantean tres medidas: Que en 2003 haya un ordenador conectado a Internet por cada 15 alumnos. Que se generalice un título en informática e Internet para los alumnos de secundaria. Y garantizar la enseñanza de dos lenguas.

Estas medidas tienen su lógica si se quiere la movilidad total de los trabajadores y si se tiene en cuenta la importancia de saber informática debido a las nuevas tecnologías. A los empresarios no les basta que sus trabajadores sepan sólo leer y escribir. Para los empleos sin cualificar ya tienen a los inmigrantes.

Respecto a la investigación se aprobó que el gasto en I + D deberá alcanzar el 3% del PIB de la UE en el 2010. Este es uno de los capítulos en que el retraso respecto a EEUU es mayor. La UE dedica el 1,8% del PIB mientras EEUU es el 2,8%. Además su cumplimiento se deja en manos de las empresas pues dos tercios del «esfuerzo» lo tiene que hacer la iniciativa privada. En el caso español esto significaría multiplicar por 3,4 el gasto que había en l999 algo poco creíble en un contexto en el que la situación económica está variando radicalmente y el ciclo alcista parece que ha tocado techo, y de recorte del gasto público.

En resumen, se puede decir que las medidas que se supone favorecen a los trabajadores son en realidad insuficientes, por no decir raquíticas, dictadas por sus propias necesidades empresariales, y ni siquiera están garantizadas en un contexto de caída del crecimiento económico. Así sucede con las referidas a la educación y formación, o las concernientes a la disponibilidad de mano de obra (ayudas a las mujeres, medidas para forzar la movilidad de los trabajadores…). Al tiempo preparan el terreno para nuevos ataques a las pensiones, nuevas privatizaciones, mayor «flexibilidad» de la mano de obra… Piensan estimular la inversión en I+D a costa de peores salarios para que sus beneficios no desciendan. Y, en definitiva, aceptan la filosofía de que el paro es necesario, para ellos, para mantener o incluso hacer bajar el coste de la mano de obra.

El resto de las medidas adoptadas en Barcelona no son nuevas. Son recomendaciones, peticiones de agilización, de propuestas aprobadas anteriormente y cuya aplicación va muy retrasada.

Los proyectos de la burguesía elaborados en Barcelona tienen un punto débil. Su financiación. Para cumplirse la UE deberá experimentar tasas de crecimiento económico medio del 3% hasta 2010. Así se planteó en la cumbre de Lisboa. El PIB debería crecer más del 30% en ese periodo. En caso contrario no sólo no se crearán 20 millones de puestos de trabajo sino que la mayor parte de estos planes se quedarán tendrán que ser abandonados.

En 2000 el PIB de la zona euro creció el 3,3%, pero en 2001 la media se redujo hasta el 1,5% y la previsión más optimista para 2002 es que se mantenga en esta última cifra.

Pero esto tiene sus consecuencias. La Comisión Europea tenía como previsión que en 2003 habría superávit en la zona euro de un 0,1% del PIB, y que en 2004 todos los países euro tendrían superávit en sus cuentas públicas. Sin embargo también habían previsto que por la caída de un punto del PIB el saldo presupuestario empeorará en un 0,5%.

Si en sólo dos años el desfase del crecimiento económico es de un 3% acumulado, su efecto sobre los presupuestos será del 1,5%. A este cálculo hay que añadir el efecto negativo que las incorporaciones de los 13 países del Este tendrá en el PIB comunitario, estimado por ellos mismos en un 0,5%. Es decir, en vez de superávit, en dos años, nos podemos encontrar con un déficit que supere el 2% del PIB de la UE, a pesar de todos los recortes que los gobiernos están haciendo en gastos sociales.

Para poder llevar adelante la estrategia decidida en Lisboa, y poder aplicar las medidas aprobadas en Barcelona la economía europea debería crecer más y, sin embargo, está creciendo menos. El éxito o el fracaso de los planes de la burguesía europea dependen de dos factores; el contexto económico y la reacción de la clase trabajadora. Sólo si el crecimiento fuese similar al del periodo anterior, lo que descartamos como demuestran las cifras de crecimiento en 2001 y las previsiones de 2002, y la clase trabajadora se mantuviese pasiva frente a todos los ataques que está sufriendo, lo que también parece descartable tras las movilizaciones de Barcelona, Roma o Alemania, podrían garantizar sus planes. Pero en realidad se apoyan sobre patas de madera carcomida.

El futuro de la UE

Acontecimientos como la puesta en circulación del euro como moneda común en 12 países de la UE el 1 de enero de 2002 han sido pasos que le han dado mayor credibilidad a la UE entre su propia población. Que por primera vez, y por común acuerdo, haya 12 naciones europeas que comparten la moneda es un paso que facilita a las instituciones europeas la coordinación de sus políticas económicas. Es un paso relativamente sencillo y, sin embargo, ha sido un proceso lentísimo debido a la multitud de obstáculos que han puesto los diferentes intereses nacionales. El sistema monetario europeo se implantó en 1979 pero han pasado más de 20 años hasta llegar al euro.

Como el euro demuestra la UE ha dado pasos importantes hacia la integración europea en los años 90, fundamentalmente en el terreno económico y más concretamente en la apertura de los mercados nacionales (supresiones arancelarias, libertad de movimiento de capitales...) en la línea de crear un mercado único europeo.

Lo cierto es que en el terreno político no ha sido igual. Por ejemplo, el primer Parlamento europeo también fue elegido en 1979, sin embargo su papel en estos 23 años no ha pasado de ser un objeto decorativo sin capacidad de decisión e ignorado por el conjunto de la población. Además como «objeto decorativo» sale muy caro. Cada eurodiputado cobra millón y medio de pesetas (unos 9.000 euros) al mes más toda una serie de gastos (viajes, personal auxiliar...) por hacer no se sabe qué.

En una encuesta realizada a principios de 1970 en los seis países que formaban la Comunidad Económica Europea en aquel momento, el 65% de las personas entrevistadas, dos de cada tres, estaban a favor de que las Comunidades evolucionasen hacia la construcción de los Estados Unidos europeos y manifestaban estar dispuestos a votar directamente a un gobierno europeo. Entre la juventud la opinión era más favorable aún. Del conjunto de la encuesta tan sólo se pronunciaba en contra un 10% de los consultados.

Han pasado 32 años y, sin embargo, el proceso de unificación política de Europa está muy lejos de haber alcanzado esas metas. Una vez más, los dirigentes económicos y políticos de los países europeos han demostrado ir con mucho retraso respecto a las aspiraciones democráticas y progresistas de la mayoría de la población.

Pero lo que más preocupa, hasta la fecha, a la burguesía europea es su retroceso respecto a los EEUU. En las dos últimas décadas el crecimiento del PIB norteamericano ha superado al de Europa en 15 de los 20 años. En ese periodo EEUU ha conseguido una mayor expansión del empleo, de la productividad y de la renta por habitante. La renta per capita de EEUU en el año 2000 era de 36.776 dólares/año, frente a los 21.688 dólares/año de la zona euro. Mientras a finales de los 80 el PIB per capita de la zona euro era el 74% del de los EEUU, fue el máximo alcanzado, en 2000 no supera el 59%, 15 puntos por debajo.

«En términos de producción, la ventaja añadida por EEUU en la última década, en torno a un 15% en términos de mayor crecimiento acumulado, equivale al PIB de un país de la dimensión de Francia» (El País Negocios. 17.III.02).

La burguesía europea hace mucho que comprendió que no pueden ni soñar en competir con los EEUU cada uno por separado. La burguesía americana basa su poder en un mercado propio muy fuerte. A pesar de tener un PIB muy superior al europeo dependen menos del comercio mundial. En 1999 el 18,9% de las exportaciones mundiales partían de la zona euro, frente al 15,2% que lo hacía de EEUU y el 9,1% de Japón.

La única alternativa que tenía la burguesía europea residía en la coordinación de sus políticas económicas y en la protección de sus empresas y mercados. Pero no podían proteger sus «pequeños» mercados nacionales frente al empuje de las otras dos grandes potencias económicas. La única forma era hacer de sus pequeños mercados un gran mercado. Y en gran parte lo están consiguiendo aunque a un ritmo más lento de lo que avanza su gran rival y con un coste social muy elevado.

El impulso para el desarrollo de ese gran mercado europeo ha venido dado por la coincidencia de varios factores. No es una cuestión de ideas, ni de europeísmo altruista de los dirigentes del sistema, sino pura necesidad.

Han dispuesto de casi una década de crecimiento económico continuado que les ha dado la ocasión de disponer de más recursos y tiempo para sacar adelante temas como el euro. Además, salvo honrosas excepciones, han dispuesto también de un largo periodo en el que el movimiento obrero europeo ha estado en retroceso dándoles un margen de maniobra para sacar adelante sus planes liberalizadores, privatizadores y de recortes  de los gastos sociales que no habrían tenido en otras circunstancias.

¿Significa esto que si hay una fuerte recesión económica o una oleada de movilizaciones la UE va a desintegrarse?

A pesar de la lentitud en los cambios, la UE ha entrado en un camino de difícil vuelta atrás. De hecho ahora estamos ante la amenaza de una recesión pero los planes de la burguesía europea son de ampliación. ¿Qué significaría «volver atrás»? Sería resucitar las fronteras económicas, volver a la imposición de los aranceles y a una política económica proteccionista. Ésto es lo último que quieren las multinacionales y las empresas que se dedican a la exportación. La consecuencia inmediata sería una contracción brusca del mercado con repercusiones rápidas en el empleo donde sólo se salvarían los grandes. A medio plazo sería volver al enfrentamiento entre los Estados nacionales europeos, el estallido de crisis y convulsiones sociales.

La presión de los problemas derivados de una situación económica de crisis llevará a la burguesía europea a cerrar filas frente a sus rivales y a tratar de acelerar sus planes. Incluso una recuperación de las movilizaciones del movimiento obrero, como hay síntomas de que se puede estar empezando a producir con las movilizaciones de Barcelona, Roma o las luchas de los metalúrgicos alemanes, también les puede llevar a cerrar filas apoyándose unos a otros frente a sus enemigos de clase.

Sólo una profunda y prolongada crisis de la economía capitalista y el fracaso en su competencia con EEUU y Japón, podría tener el suficiente poder disgregador con el surgimiento de fuertes movimientos nacionalistas, como para poner en peligro la permanencia de la UE. Pero de la UE tal como ha sido levantada por la burguesía europea, como un mercado unificado que va extendiendo sus límites por toda la geografía del continente. Han llegado más lejos de lo que algunos pensábamos hace 20 años, gracias a los factores que han jugado a su favor y que ya hemos mencionado. En el terreno económico la burguesía europea se va a agarrar con uñas y dientes a su «fortaleza» frente al exterior. Un ejemplo ha sido la guerra comercial desatada por EEUU en el sector del acero, imponiendo aranceles de hasta el 30% en los próximos tres años a pesar de su discurso «liberalizador a ultranza», y la reacción de la UE, respondiendo con otros aranceles del 26%.

Otra cosa muy diferente es confiar en la burguesía para que sea la clase capaz de unificar políticamente Europa. El dominio de la burguesía se basa en dos características básicas: la existencia del Estado nacional y la propiedad privada de los medios de producción. Hace dos siglos el establecimiento de los Estados nacionales jugaron un papel progresista frente a los múltiples reinos y principados herencia del régimen feudal. Hasta finales del siglo XIX Alemania no existía como entidad nacional única. A principio de ese siglo aún había 194 principados, cincuenta y tantas aduanas y más de treinta monedas diferentes. Basándose en los nuevos Estados nacionales la burguesía creó mercados más amplios que permitieron el desarrollo de las fuerzas productivas en un nivel mucho más elevado que el feudalismo. Pero esas fuerzas productivas siguieron creciendo y los mercados nacionales se les quedaron pequeños. La burguesía desarrolló el Comercio Mundial pero sin renunciar a sus Estados nacionales pues era, y es, uno de los pilares de su dominación. La UE es la forma en que la burguesía europea intenta que los límites que le impone la existencia de los Estados nacionales no estrangule su crecimiento económico pero sin eliminar las fronteras nacionales, aunque cada vez sean más anacrónicas. Las fronteras perviven más que en un sentido físico, en cuanto se mantienen intactos los aparatos de los Estados burgueses nacionales. Esto es lo que está en la base de una UE que avanza pesada y lentamente. Tras el euro no hay un ministro de finanzas, sino 12, todos los que integran la zona euro. El Consejo Ecofin no está encabezado por un ministro de finanzas como tienen EEUU o Japón, sino 15, todos los que forman parte de la UE. El Tratado de Niza otorga indiscutible preponderancia a los Estados en detrimento del componente supranacional -Comisión Europea-, por ejemplo, en todo lo que concierne a la gestión del euro (tipos de cambio...).

El desarrollo del comercio, de las telecomunicaciones, del transporte... han convertido a las fronteras nacionales en obstáculos, reductos del pasado que han de ser eliminados. La burguesía europea ha relajado los controles fronterizos internos en aquellos aspectos que más le interesa; movimiento de capitales, producción, distribución comercial... Pero las fronteras ahí siguen y las resucitan cuando les interesa, tal y como ha demostrado la suspensión temporal del Tratado de Schengen por parte del Gobierno español para dificultar la asistencia de ciudadanos europeos a la manifestación de Barcelona.

¿Cómo van a preocuparse de los aspectos sociales de la unificación e integración europea si cada gobierno nacional está llevando a cabo políticas de recortes de los derechos de sus ciudadanos en sus respectivos países? Necesitamos una Europa que garantice a todos los trabajadores los mismos derechos y libertades. La burguesías está utilizando el proceso de unificación para reducir el nivel de vida general, y no para elevar el de los países más retrasados hasta el nivel de los más avanzados.

Y que no digan que no hay medios para garantizarlo. Ni como dice Aznar que «no hay alternativa posible a las políticas de liberalización y privatización». Claro que las hay, pero no pueden venir de su mano. Los expertos de la UE establecen el potencial de crecimiento económico de la UE en torno al 2,5%. En base a una planificación democrática de la economía ese potencial sería mucho mayor. Pero no sólo el potencial de crecimiento sino que la planificación daría la posibilidad de racionalizar la producción y llevar a cabo una distribución más justa de la misma. Esa racionalización es incompatible con la propiedad privada de los medios de producción. En el capitalismo actual la única «planificación» posible es la que hacen las grandes empresas de sus propios recursos pero el fin que persiguen no es la satisfacción de las necesidades de la población sino elevar el nivel de beneficios de sus inversiones. Si eso exige despidos, lo hacen. Si eso se garantiza mejor llevándose las empresas a Polonia, lo hacen.

Los trabajadores europeos necesitamos una Europa que garantice un puesto de trabajo estable, para todos y con salarios dignos. La primera medida debería ser la unificación del salario mínimo interprofesional. En un paso o por fases, pero si la UE no camina en esa dirección de forma clara y rápida no es la Europa que los trabajadores necesitamos. Esta medida es vital para determinar no solo el salario de los trabajadores sino también para fijar la cuantía de las pensiones, de las jubilaciones, de las ayudas estatales de todo tipo, desde la vivienda a otro tipo de ayudas sociales. Y el punto de partida debería ser el que recomienda la propia Carta Social Europea; el 69% del salario nacional medio en cada país. En el caso español debe estar en estos momentos en torno al 40% del salario medio.

El Estado debe gastar más, no menos, en el terreno social. En España estamos a años luz de lo que gastan los países más avanzados europeos en sanidad, educación, servicios sociales, investigación... Somos el último país de la UE en camas hospitalarias por habitante. La Comunidad de Madrid cuenta con 2,2 por cada mil habitantes, frente a las 6 que tiene la UE. Solo en esta Comunidad, y según CCOO, se necesitan 7.000 camas hospitalarias nuevas. Pero no es solo cuestión de gastar más, sino de cambiar el rumbo del gasto. En enseñanza y servicios sociales se recorta año tras año el dinero destinado a garantizar unos servicios públicos de calidad. Se reduce el dinero destinado a la enseñanza pública pero se aumenta el dinero destinado a la enseñanza privada. Se aumentan las partidas destinadas a pagar a las contratas privadas para financiar todo tipo de servicios públicos pero empeora día a día su calidad.

En vez de acercarnos a los niveles de vida europeos ocurre lo contrario. El llamado proceso de Convergencia con Europa ha sido un fracaso. Entre 1995 y 2000 el PIB per capita español ha retrocedido 4 puntos respecto de la media europea, situándose en el 80,8%.

La Europa de los trabajadores

La época del llamado «Estado del Bienestar» pertenece al pasado. Respondió a una situación que ha cambiado. Tras la II Guerra Mundial el temor de la burguesía, tanto la americana como la europea, era que la revolución social se extendiese por todos los países europeos. El Plan Marshall y los primeros pasos en la coordinación económica entre los países europeos venía determinado por ese temor. La burguesía europea se vio obligada a hacer muchas concesiones a un movimiento obrero fuerte y muy organizado. Pero el péndulo de la historia siguió girando y alcanzó el punto opuesto en la década de los 90. Hoy la burguesía se siente triunfadora, sin enemigos.

Sólo la movilización podrá poner fin a todos los programas de privatización y liberalización de la economía en Europa y la clase obrera, instintivamente, está tomando esa senda como parecen demostrar las movilizaciones mencionadas de Barcelona, Roma o los metalúrgicos alemanes. Hay que devolver a la esfera pública todos aquellos sectores decisivos para el funcionamiento de la sociedad moderna: Sanidad, Enseñanza, Telecomunicaciones, Banca, Transportes y Energía.

Lo mismo hay que hacer con el suelo urbano para acabar con la especulación que permite que tener derecho a una vivienda suponga trabajar media vida solo para pagarla.

Los trabajadores europeos tenemos infinitamente más en común, en cuanto nuestros intereses laborales y de condiciones de vida, que con nuestras respectivas clases dominantes. No solo un trabajador italiano tiene más en común con un trabajador del cinturón industrial de Barcelona que con Berlusconi, sino que éste es el enemigo irreconciliable de ambos. Siendo capaces de parar los ataques de Berlusconi, Blair o Aznar nos beneficiaremos los trabajadores de toda Europa. Hay que superar el retraso en la construcción de un sindicato europeo que dé un cauce más amplio a las luchas contra los planes de la burguesía europea, que son en todos los países esencialmente los mismos.

Frente a la Europa del capital que ellos están diseñando y llevando a la práctica, nosotros, los trabajadores, aspiramos a una Europa sin fronteras, sin privilegios, sin una concentración insultante de la riqueza (que es la otra cara de la pobreza y la explotación). Aspiramos a una Europa con plenos derechos democráticos para toda su población que solo podrán ser garantizados en la medida que los principales recursos económicos sean propiedad pública y puedan ser democráticamente planificados en función de las necesidades del conjunto de la población. Una Europa de los trabajadores, a diferencia de la Europa privada de los oligarcas, será un motor para el desarrollo económico y social en el resto del mundo. La política de «ayuda al desarrollo» de la UE y de EEUU, es una declaración de incapacidad para resolver los problemas que aquejan al mundo por parte del sistema capitalista. En Barcelona la UE ha decidido dedicar el 0,39% de su PIB en 2006. En este capítulo la UE demuestra que no tiene la más mínima voluntad de contribuir al desarrollo de los países pobres. Hace 30 que la ONU fijó el objetivo del 0,7% y se fijan ahora un plazo de 5 años más para llegar tan sólo a la mitad. Y, además, el gobierno español ha sido de los más reacios a aceptar este «esfuerzo». Hoy nuestro país dedica el 0,22%.

En los últimos 25 años el llamado Tercer Mundo ha sido estrangulado más y más por los bancos y las multinacionales del llamado Primer Mundo. El pago anual de intereses por su deuda externa es hoy igual a todo el monto de su deuda hace 5 lustros. Los trabajadores europeos no tenemos ningún interés en dar créditos a esos países con tipos de pago abusivos que les condene a dedicar una parte mayoritaria de su riqueza a pagar los intereses de la deuda externa. Con una banca pública y poderosa podrían disponer de recursos para desarrollar armónicamente sus economías y garantizar niveles de vida dignos. Con la burguesía su única forma de escapar de condiciones de miseria es la aventura de la emigración que se convierte en fuente de mano de obra barata al tiempo que una herramienta para dividir a los trabajadores.

De la misma forma que el capitalismo europeo une sus fuerzas para defender sus intereses, los trabajadores, de toda Europa, hemos de unir nuestras fuerzas para avanzar en nuestras condiciones de vida. Hemos de fortalecer nuestras organizaciones, tenemos que dar una magnitud global a nuestras luchas y reivindicaciones. La clase obrera europea unida, con un programa común, y unas organizaciones políticas y sindicales capaces de unificar su movilización, sería una fuerza imparable. Esa es la tarea: es posible y es la que merece la pena.