Telefónica

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24.000 empleos en peligro por la externalización de actividades
Huelga contra la intención de la empresa de precarizar aún más la situación de los trabajadores

Luis Miguel Busto Mauleón
Trabajador de Telefónica. Madrid

El pasado 25 de abril los sindicatos de Telefónica de España convocaron a los trabajadores a una huelga de 4 horas dentro del calendario de movilizaciones contra la dirección de la empresa. Con anterioridad ya se había convocado otra huelga similar el día 6 de marzo así como concentraciones y caceroladas en los Centros de trabajo.

El paro del día 25 fue convocado por los Comités Provinciales de 13 provincias y fue respaldado por el 25% de toda la plantilla de la empresa. Paralelamente se convocó a los trabajadores a una manifestación que recorrió las calles madrileñas entre la plaza Jacinto Benavente y la Gran Vía bajo una fuerte presencia policial. A dicha manifestación acudieron, según fuentes de la organización, entre 5.000 y 5.500 personas.

Telefónica, según los sindicatos, ha vuelto a retomar su política de reducción de empleo. En los últimos ocho años la plantilla de esta empresa ha disminuido en más de 35.000 trabajadores. Y, en estos momentos, 24.000 puestos de trabajo más podrían estar en peligro ya que dicha empresa pretende seguir avanzando en la externalización de su labor e incluso en la segregación de áreas completas del negocio declarando el 60% de la actividad y, por tanto, de los puestos de trabajo como «menos prioritaria». Esta declaración es, en voz de los sindicatos, una amenaza permanente hacia los trabajadores y una continuación de la estrategia de cambiar trabajadores con unos mínimos derechos por otros con contratos basura. La retirada de estos proyectos de la empresa es el primer objetivo de los representantes de los trabajadores.

El segundo de los objetivos es el mantenimiento del empleo y de las condiciones de trabajo. La estrategia de la empresa en los últimos años está consistiendo en incumplir sistemáticamente la Normativa Laboral. Está aumentando de forma alarmante el personal fuera de convenio y, por tanto, desregulado; la selección de personal para ingresar en la plantilla o la promoción dentro de la empresa no obedece al sistema de oposición distando cada vez más de la igualdad de oportunidades; cada vez se dedica menos tiempo a la formación de los trabajadores; la flexibilización de horarios y jornada cada vez empobrece más las condiciones laborales; las reestructuraciones de personal están a la orden del día... Todo ello haciendo caso omiso de los acuerdos con los representantes de los trabajadores.

Y el último objetivo es la retirada de cualquier proyecto de segregación en la empresa. Tal vez sea este el problema más grave con el que se enfrenta en estos momentos la plantilla de Telefónica de España. Con las segregaciones proyectadas la multinacional pretende dividir a la plantilla rompiendo sus contratos de trabajo y desproveerlos de todos los derechos acumulados tras varios años en la empresa. Las segregaciones se plasmaron con el proyecto T-Gestiona, una nueva empresa creada dentro del Grupo Telefónica, hacia la que la dirección quería derivar 320 empleos. Empresa, por cierto, creada con 10 millones de pesetas de capital social y con un único administrador con capacidad para disolverla. La reacción sindical no se hizo esperar convenciendo a los trabajadores afectados para que no firmaran su pase voluntario a la nueva empresa tal y como pretendía la dirección que se ha visto forzada a dar marcha atrás. Pero desde la cúpula han vuelto a la carga con la segregación del departamento de Inmobiliario que conlleva un problema añadido a la segregación del personal adscrito a él: la descapitalización de Telefónica de España, ya que con esta medida está haciendo desaparecer los inmuebles valorados en más de 830.000 millones de pesetas. Es decir, cuentas de resultados negativas (aunque en estos momentos es la que sostiene todo el grupo a pesar de las aventuras empresariales mediáticas de los gestores), regulaciones de empleo, crisis empresarial... desaparición de la empresa, como se temen muchos. Y la actividad fragmentada en múltiples empresas pero controlada por la elite empresarial.

Sin embargo, el punto negro de las movilizaciones de los trabajadores de Telefónica de España es que se están desarrollando en un contexto de gran división sindical. Esta división se hace patente en el Comité Intercentros que agrupa a los sindicatos que obtuvieron representación en las últimas elecciones sindicales. Dicho Comité está formado por CCOO con 4 delegados, UGT, con otros 4, CGT con 2 delegados, UTS con 2 delegados y STC con 1 delegado. CGT, UTS y STC vienen acusando desde hace tiempo a CCOO y UGT de aplicar el rodillo sindical de su mayoría absoluta y de negociar con la empresa a espaldas del propio Comité y de los trabajadores cuestiones que afectan a todos como las prejubilaciones o las mismas segregaciones. Acusaciones que los sindicatos mayoritarios niegan pero que están creando dentro de la plantilla dudas y, en último término, confusión. Algo que en nada está beneficiando a las reivindicaciones de los trabajadores y de lo que la empresa saca cumplido provecho.

Algunos de estos sindicatos minoritarios ya están calentando motores para convocar una huelga en todo el Estado. Falta saber cuál será la resolución del Comité Intercentros y, por supuesto, de la plantilla de Telefónica de España.