El movimiento obrero da el Gobierno a "Lula"

El movimiento obrero da el Gobierno a "Lula"

Reforma del sistema o política socialista, de nuevo un debate vivo

Jesús María Pérez/IU Vicálvaro (Madrid)
Brasil ha sufrido un vuelco político en las elecciones presidenciales de 2002. Desde el pasado 1 de enero el nuevo presidente del país se llama Luiz Ignacio da Silva, Lula, un mecánico tornero al que le falta un dedo por un accidente laboral, que hace 23 años fundó el Partido de los Trabajadores de Brasil (PT). 55 millones de votos respaldan al 39 presidente de Brasil, el más votado en los 113 años que se llevan celebrando elecciones en esta nación-continente. Estos resultados electorales tienen una trascendencia indudable. Lula es el presidente más votado en la historia del continente americano. Es la primera vez que la izquierda, un partido obrero, gana las elecciones presidenciales en Brasil y es la encargada de formar gobierno. Un obrero, un sindicalista, al frente del gobierno de un Estado que cuenta con 170 millones de habitantes. La importancia y la repercusión tanto social como política de este cambio es enorme dado que Brasil es el país más grande y la primera economía de Latinoamérica, así como el tercero más grande y poderoso de todo el continente.

Que un partido obrero llegue al gobierno sustentándose en tal oleada de apoyo en las urnas no es una mera casualidad, ni producto del carisma de un dirigente. De hecho es la cuarta vez que Lula se presentaba como candidato presidencial de su partido, y aunque en 1989 ya estuvo cerca de la victoria, parecía que ésta no iba a ser posible nunca. Había demasiadas cosas en contra; La Ley Electoral, hecha para tratar de garantizar siempre el triunfo de los partidos de la derecha, el caciquismo reinante en las zonas rurales, el control de la prensa y de los medios de comunicación por parte de la burguesía y los terratenientes, el alto grado de analfabetismo entre ciertos sectores de la población...
La victoria del PT tampoco puede entenderse como consecuencia del desplazamiento del programa de sus dirigentes hacia el centro, tal y como han analizado muchos comentaristas burgueses. Quienes han votado al PT no esperan que todo siga igual sino que confían en que sus dirigentes encabecen un proceso profundo de transformación social.

El resultado de las luchas obreras

Esta histórica victoria electoral del PT sólo puede explicarse como resultado de toda una época de luchas de los trabajadores y de los campesinos sin tierra que remonta sus orígenes a las luchas contra la dictadura militar en los años 70. La dictadura militar brasileña duró 20 años, entre 1964 y 1985, y coincidió con el periodo de mayor crecimiento de la economía. Entre 1965 y 1975 el PIB brasileño creció un 8,2% anualmente. Se hablaba del "milagro brasileño" que era capaz de crear una gran ciudad en medio de la nada en muy poco tiempo y para convertirla en su capital administrativa. Fue un rápido proceso de industrialización y urbanización que a su vez modeló una nueva y combativa clase trabajadora alrededor de las grandes urbes. El movimiento sindical fue creciendo y agrupándose en sindicatos independientes frente a los oficiales, controlados por la dictadura, hasta formarse la Central Única de Trabajadores (CUT) encabezada por dirigentes como Lula. En 1979 se da una gran oleada de huelgas y movilizaciones que deja tocado al régimen militar y la burguesía se plantea la necesidad de comenzar un proceso controlado de transición a un régimen de dominio democrático. En 1980, como expresión de la politización que alcanza el movimiento obrero, se crea el PT que no será legalizado hasta dos años más tarde. Tal y como se dio el proceso en los países europeos hace más de 100 años, el partido de los trabajadores surge del auge movimiento sindical y de dentro del país. Los trabajadores, a través de su experiencia, llegan a la conclusión de que necesitan su propia organización política independiente de las organizaciones y partidos de la burguesía. Por esa razón, porque es el resultado y la expresión de un movimiento de masas, el PT surge desde su nacimiento como un partido de masas.
Pero no sólo el origen y el desarrollo del partido obrero se da en líneas que podríamos calificar de "clásicas", es decir, en líneas similares a las que se dieron en el movimiento obrero europeo, sino que también el origen y el desarrollo de las luchas se da como un "proceso clásico". En otras palabras, impulsado por razones objetivas y no por la mera voluntad de sus dirigentes.

Bases objetivas del cambio

¿Y cuáles son esas "bases objetivas"? Pues podrían resumirse en la incapacidad tanto del capital nacional como de internacional, es decir, del sistema capitalista, para solucionar los problemas de la mayoría de la población. Es cierto que se da un fuerte desarrollo de la economía de Brasil que le lleva a convertirse en la 8ª potencia mundial (ahora ocupa el 11º lugar). Pero ese desarrollo no se traduce en una mejora similar de las condiciones de vida para todos los sectores sociales. Al contrario, las desigualdades crecen sin cesar. La mayor parte del beneficio del crecimiento económico se lo quedan las multinacionales y una pequeña capa de la población brasileña que son los grandes propietarios. El 1% de la población, poco más de millón y medio de personas, se apropian del 20% de las rentas y del 54% de la riqueza (patrimonio). En el otro polo social hay hoy 64 millones de pobres, a los que debemos sumar 60 millones de personas que malviven por debajo del índice oficial de pobreza (con menos de 0,7 euros al día). Es decir, por un lado 1 millón de personas que pertenecen a familias ricas, y en el otro, 125 millones de pobres. No es de extrañar que el eje de la campaña electoral de Lula haya sido acabar con la pobreza.
Un ejemplo concreto de la terrible desigualdad social que preside la estructura social de Brasil es la propiedad agrícola. Según la FAO y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Brasil figura como el segundo país del mundo con una estructura de propiedad agraria más desigual. 2.000 latifundistas ocupan 56 millones de hectáreas. Hay 360 millones de hectáreas aptas para la agricultura pero sólo se cultivan el 14% (que son al 100% de los latifundistas).
"Cecilio do Rego Almeida es el dueño de 7 millones de hectáreas en la región selvática de Pará, un territorio equivalente a Holanda y Bélgica juntas" (EP. 2.1.03).
517 latifundistas poseen propiedades que superan en extensión a la Unión Europea.
Mientras en un lado de la estructura se da esta tremenda concentración de la propiedad, enfrente, en el otro lado, 20 millones de personas forman parte de 4,5 millones de familias campesinas que no poseen ni un metro de tierra. Son los jornaleros, cuando no esclavos que no pueden ni salir de las Haciendas en las que trabajan vigiladas por ejércitos privados de los latifundistas. La Iglesia católica ha denunciado la existencia de miles de esclavos.
En Brasil tenemos un ejemplo vivo de la teoría del desarrollo desigual y combinado. Dentro de sus fronteras conviven distintos modos de producción, desde la industria más moderna, el latifundismo feudal, o el tribalismo amazónico, aunque todos cada día más dominados por el sistema de producción y distribución capitalista. Pero esa convivencia da lugar a tremendas contradicciones que el sistema dominante es incapaz de superar, basándose para sobrevivir en una alianza con los sectores más reaccionarios de los terratenientes y con las multinacionales que en vez de reducir las diferencias sociales las agranda cada vez más.
La multinacionales controlan el 62% del Comercio Exterior de Brasil. Así mismo controlan el 82% del comercio marítimo, el 80% de la industria farmacéutica, el 90% del cemento y el 100% de la importante industria automotriz (mencionando sólo algunos ámbitos de la economía).
La Deuda Externa es una losa para la economía brasileña. Ha alcanzado los 235.000 millones de dólares y, aunque sólo el 44% pertenece a las administraciones públicas, se lleva la parte del león del presupuesto estatal.
La extrema concentración de los grandes medios de producción y de la riqueza en pocas manos se ha agudizado, aún más, en los últimos años debido a la política neoliberal aplicada por los gobiernos burgueses brasileños que han privatizado la mayor parte de los recursos estatales.
Todos estos factores han determinado que la burguesía nacional brasileña haya sido incapaz de llevar adelante sus tareas históricas como clase: La reforma agraria, el desarrollo equilibrado de la industria y de la economía nacional, acabar con el hambre y las enfermedades endémicas, o el desarrollo de los derechos democráticos de toda la población, terreno en el que sólo han dado algunos pasos y ha sido forzados por la presión de los movimientos de base organizados.
De hecho el crecimiento de la economía ha perdido fuelle. En la década que va de 1975 a 1985 la economía creció a un ritmo anual que era la mitad que la década anterior. El año pasado el PIB creció apenas un 1,5% y la previsión para este nuevo año es del 1,8%.
A este ritmo los problemas se acumulan y no se resuelven. El desempleo ha alcanzado cotas desconocidas en este país. En el área de Sao Paulo, que cuenta con más del 40% de la población activa industrial, el paro ha superado el 20%. Los salarios pierden poder adquisitivo a marchas forzadas con una inflación oficial anual del 11% (tanto en 2002 como en la previsión para 2003).
Y una prueba de que la tendencia no es hacia la superación de las desigualdades, sino que por el contrario va a más, la tenemos en que en la región de Sao Paulo la proporción de pobres se incrementó del 26,9% en 1995 al 39% en 1999, lo que representa un aumento del 45% en cuatro años.
En definitiva, es la crisis del sistema burgués en Brasil lo que constituye la base objetiva de su crisis política y lo que le ha llevado a perder las últimas elecciones.
Lo que está sembrando preocupación entre la burguesía es que en este caso no se ha roto la cadena capitalista por su eslabón más débil, que podría ser cualquier país de África, sino que se ha roto en Latinoamérica (Argentina, Venezuela, Ecuador, Brasil) donde hay una importante clase trabajadora y potentes organizaciones obreras, sobre todo en el caso de Brasil.

El Gobierno de Lula

Es en ese contexto en el que los trabajadores y otros sectores sociales, tras haber protagonizado muchas luchas en las que sólo han conseguido mejoras muy parciales, se han planteado intentar transformar la sociedad a través de su participación política. Y cuando se llega a esa conclusión el primer paso es el voto. A través del voto masivo a Lula han entrado en la vida política no una minoría consciente y organizada, sino millones de personas que esperan grandes cambios. Es en este contexto en el que se da la victoria de Lula.
Pero, ¿va a responder su gobierno a esas expectativas? Ellos seguro que quieren pero lo que consigan no depende de sus intenciones sino de sus actos.
Para tratar de ver qué es lo que puede hacer el nuevo gobierno podemos empezar por ver su composición.
Es un gobierno heterogéneo en el que participan desde cantantes famosos como Gilberto Gil hasta un presidente de un gran banco. Se podría dividir a los 28 ministerios en cuatro sectores.
-El primero es el de los empresarios, a lo que se les ha encargado totalmente de la economía. Por ejemplo, el Ministro de Desarrollo, Industria y Comercio es Luiz Fernando Furlán. Este hombre es el Vicepresidente de la patronal de Sao Paulo, el Presidente del gigante alimentario Sadia, Consejero de Telefónica hasta que ha sido nombrado ministro y amigo personal del anterior Presidente de Brasil, Cardoso. Otro ejemplo: la presidencia del Banco Central que, aunque no es un ministerio, es un cargo clave para la economía, la ocupa Henrique Meirelles. Entre 1974 y 1996 fue el presidente de la multinacional financiera BankBoston en Brasil, y desde 1996 al 2001 fue el presidente mundial de la institución. Para el Ministerio de Agricultura ha sido nombrado Roberto Rodríguez, representante del sector de grandes propietarios del campo que tienen entre 500 y 1.000 hectáreas, el sector productivo ligado a la industria agropecuaria y al sector de la exportación.
-El segundo sector es el llamado de los "profesionales". Altos cargos burgueses que se encargan de tres carteras claves para el mantenimiento del aparato del Estado burgués: Defensa, Asuntos Exteriores y Justicia.
-En tercer lugar los dirigentes del PT que apechugan con todo el apartado social.
-Y en cuarto lugar, los aliados del PT en la liza electoral que reciben cargos menores excepto el Ministerio de Transportes.
Tras analizar su composición no se puede decir con propiedad que el Gobierno de Lula sea un gobierno del PT. Parece más bien una alianza con un sector nacionalista de la burguesía brasileña que quiere un Brasil fuerte. Una alianza a través de la cual se reservan lo fundamental para ellos, como siempre; el control directo de los recursos y del aparato del Estado. ¿Esos ministros empresarios o banqueros van a defender los intereses de los trabajadores? ¿Van a acabar con el paro o el trabajo precario que afecta a 13 millones de personas? ¿El gran propietario agrícola va a llevar a cabo la Reforma Agraria y dar tierras a los 20 millones de campesinos sin ellas? ¿El ministro de Justicia va a acabar con la corrupción o va a asegurarse de que no se utiliza esa estructura para pedir cuentas a los empresarios y altos cargos que han campado a sus anchas hasta la fecha?
La burguesía brasileña parece que se ha dado cuenta de que no podía seguir enfrentándose al PT, a su avance y a la oleada que lo empujaba. Que si mantenía su posición de mantener el control directo del gobierno y del Estado podían ser sobrepasados por el oleaje. Han comprendido el cambio que se ha producido en la correlación de fuerzas entre las clases y han cambiado de táctica. El sector más hábil e inteligente se ha subido al carro vencedor pues ven que sólo pueden mantener el sistema y su dominio de forma indirecta, a través de los dirigentes obreros como Lula. La burguesía brasileña, empujada por las circunstancias, aspira a convertirse en el líder de Latinoamérica. Lo primero que hizo el nuevo ministro de Asuntos Exteriores fue nombrar como segundo de a bordo a Samuel Pinheiro, que fue destituido en abril de 2001 de la dirección del Instituto de Investigaciones de Relaciones Internacionales por el anterior ministro, por sus críticas al Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA- a la que pertenecen todos los países del continente americano excepto Cuba y a través de la cual EEUU pretende controlar el mercado de todo el continente americano). Frente a esa iniciativa para liberalizar todo el comercio entre los países americanos, abriendo todos sus mercados para las empresas estadounidenses, y puesta en marcha en 1994, el nuevo Gobierno de Lula pretende potenciar el Mercosur (Acuerdo entre Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay) teniendo como modelo para toda Latinoamérica el proceso que ha experimentado la Unión Europea. Lula ya ha planteado la necesidad de un parlamento y una moneda comunes.
Por otra parte es evidente que Lula y los dirigentes del PT han experimentado la misma evolución que la mayoría de los dirigentes obreros en todo el mundo: ante la pérdida de la perspectiva de la transformación social internacional se han arrimado a su burguesía nacional.
El programa del Gobierno del PT es democrático-burgués con un gran componente nacionalista. Uno de los dirigentes históricos de la izquierda brasileña, y que sufrió el exilio durante la dictadura, lo definía perfectamente:
"Lula no va a implantar el socialismo por decreto. Va a modernizar el capitalismo, aumentando la capacidad productiva del país y reduciendo el desempleo y el hambre. No hará lo deseable, sino lo posible. No inventará la rueda, pero le imprimirá la suficiente velocidad para atenuar la deuda social" . Frei Betto admite que el programa del Gobierno del PT no es de transformación social sino de "modernización del capitalismo". En el mismo artículo tras afirmar que Lula "será el presidente de todos los brasileños", de dudar de que "en la coyuntura actual sean viables las revoluciones" y de decir que la "música ortodoxa asustaría al pueblo" Betto plantea cual es su aspiración política: "Quizás el efecto Lula venga a demostrar que mediante la acumulación progresiva de los movimientos sociales es posible conquistar parcelas de poder e introducir nuevos cuadros en la esfera del gobierno. Si eso significa la superación paulatina de las políticas neoliberales y la mejora de la calidad de vida de la mayoría de la población, lo aplaudiré como un gran salto adelante".
¿Qué significa la superación paulatina de las políticas neoliberales? Estas políticas se defienden o se combaten pero es inútil esperar su "superación paulatina".
Desgraciadamente este lenguaje y estas ideas con las que se trata de justificar una política reformista ni son nuevos ni originales. Ni Betto ni Lula han inventado la rueda. Aquí en España oímos lo mismo, de una forma casi textual, en boca de los dirigentes del PSOE tras el triunfo electoral de 1982: "la revolución es inviable", "no hay que asustar a la gente", "Felipe es el presidente de todos los españoles", "conquistar poco a poco parcelas de poder"...
La clave de un Gobierno reformista es que consiga las mejoras que promete. Pero los ministros del PT encargados de los asuntos sociales tendrán que pedir los recursos a los ministros burgueses para llevar a cabo sus proyectos. Dicho de otra forma, los ministros del PT llevarán a cabo aquello que les permitan los empresarios del gobierno.
Si los ministros burgueses se oponen a proyectos de reforma, cosa que es inevitable si creen que dañan sus intereses, porque va a recortar sus beneficios, los trabajadores, los sindicatos, los campesinos sin tierra..., se verán obligados a pedir la salida de estos empresarios del gobierno.
Una de las primeras cosas que hizo Lula tras la victoria electoral, antes incluso de formar gobierno, fue reunirse con 500 representantes de los grandes sindicatos para exigirles "menos bravatas", pedirles que "se dejen de protestas" y recomendarles hacer un "sindicalismo moderno y responsable".
"No voy a permitiros que estéis a la puerta de las fábricas, encima de un camión, hablando mal de mí. Vais a tener que dividir con el Gobierno responsabilidades y entender que el sindicalismo moderno no es sólo pedir aumentos de sueldo o interesarse sólo por las categorías de base (sectores productivos)".
Por si el mensaje no estaba suficientemente claro Lula les llegó a decir que deberían invitar a sus debates sindicales al elegido vicepresidente de la República, el famoso industrial José Alencar, de quien les dijo: "Es más de izquierdas que la media de vosotros, y, además, es un verdadero nacionalista". Parece que el modelo de Lula es uno de los hombres más ricos de Brasil que tiene en nómina a más de 300.000 trabajadores.

Proyecto Hambre Cero

¿Cuáles son las principales reformas a las que debería hacer frente este gobierno? ¿Tiene un verdadero programa de reformas o más que cambiar nada se plantean "hacer una buena gestión" del sistema?
En primer lugar, y como centro de la campaña de Lula, ha estado el Proyecto Hambre Cero. Lula ha prometido que todo brasileño tendrá en su mesa, todos los días, desayuno, comida y cena. Quizás visto desde un país occidental desarrollado ésto parezca demasiado elemental. Pero si realmente se garantizase sería un enorme logro al que, hasta la fecha, la burguesía ha sido incapaz ni siquiera de acercarse.
El primer problema surge a la hora de calcular el coste de este proyecto. Para Furlán, ministro de Industria, "acabar con el hambre puede costar un 1% del PIB, o un 3% del Presupuesto estatal", lo que según el ministro "no es mucho".
El ministro de Hacienda, Antonio Palocci, no lo ve tan fácil como su colega. Afirmó en su toma de posesión que "reducir la pobreza extrema requiere un crecimiento de la renta per capita del 3% anual durante 25 años".
Si es como dice Furlán, que acabar con el hambre puede costar un 1% del PIB, y como él mismo reconoce, "no es mucho" para acabar con esa lacra social, ¿por qué no se ha hecho antes? Si esos datos son ciertos demostrarían el profundo grado de cinismo de la clase dominante que prefiere que 60 millones de personas pasen hambre a gastar el 1% del PIB en garantizar un derecho elemental para vivir.
Pero Palocci plantea algo totalmente diferente. Reducir, que no erradicar, la pobreza extrema en un plazo de 25 años, y siempre que la economía crezca a un ritmo que permita el aumento de la renta per capita un 3% anual. Esto es algo que con un crecimiento del PIB de poco más del 1% que experimenta la economía brasileña en estos momentos no es posible. Y siguiendo el razonamiento: entonces, en un contexto económico internacional recesivo, ¿la miseria y el hambre disminuirá o aumentará?
Es evidente que el Gobierno va a lanzar programas de ayuda a los más necesitados. El aplazamiento, por un año, de la compra de aviones para el ejército por valor de 700 millones de dólares para destinarlo a este fin supondrá un alivio para algunos sectores. Pero meros programas de ayuda caritativa no eliminan el problema que hunde sus raíces en que unos no tienen nada, ni siquiera un empleo o un trozo de tierra que cultivar, y otros lo acaparan todo.

Reforma Agraria y empleo

Este va a ser un tema decisivo para el Gobierno Lula. La situación en el campo es tan grave e insostenible para los campesinos sin tierras que la población rural ha disminuido en 5 millones de personas en tres años, de 1999 a 2001, viendose obligados a formar parte de los cinturones de miseria de las grandes ciudades.
Según Joao Pedro Stedile, dirigente del Moviento de los Sin Tierra (MST), "aplicando la Constitución y la Ley Agraria (vigentes), con coraje y sin burocracia, el Estado brasileño podría expropiar más de 100 millones de hectáreas. Eso es mucha tierra".
Lo cierto es que no sería difícil que el Gobierno de Lula hiciese más que los anteriores en este ámbito, pero, ¿va a encabezar un gran propietario un proceso de auténtica Reforma Agraria? ¿Va a expropiar el ministro a alguno de sus colegas? ¿Va a defender los intereses de su clase o los de los campesinos sin tierra?
Stedile tiene claro que no pueden esperar sentados a ver qué hace el Gobierno sino que todo depende de la presión que se ejerza desde abajo. "Sin la participación popular, sin el pueblo organizado en la base, sin una sociedad que como un todo se movilice, no tendremos las transformaciones que el pueblo espera". Añada el dirigente campesino: "Nuestro papel es siempre organizar a los pobres del campo, para que se concienticen de sus derecho, se movilicen y luchen. Eso haremos siempre, manteniendo nuestra autonomía en relación al gobierno. Nuestra fuerza será dada por el número de trabajadores que consigamos organizar en el rumbo de esos objetivos". E insiste en la necesidad de la movilización: " En cualquier proceso social no existen fórmulas o modelos. Lo que existe son condiciones, correlaciones de fuerzas. En todo el mundo las reformas agrarias siempre se realizaron cuando coincidían las circunstancias. De un lado un gobierno popular que quería hacer la reforma agraria, o sea que quería eliminar el latifundio de la sociedad. Del otro, un movimiento campesino organizado, con conciencia política y capacidad de movilización. Ni lo uno ni lo otro puede realizar solo la reforma agraria".
En tercer lugar el gobierno de Lula debería crear millones de puestos de trabajo si pretende combatir el desempleo creciente y la extensa pobreza. Pero el camino que han elegido para fomentar el empleo es el de crear un mercado interno más amplio y tratar de jugar un papel preponderante en el mercado latinoamericano a través de Mercosur.
Medidas como la de dar títulos de propiedad por las favelas, que persigue el objetivo de crear mercado, puede convertirse en una trampa. En un ambiente de miseria muchos serán los que venderán la favela para sobrevivir fomentando un proceso de acaparación de unos cuantos usureros que se harán con el suelo de barrios enteros por cuatro perras.

Apoyo para Medidas socialistas

La burguesía se resistirá a poner en práctica reformas importantes para evitar el efecto revulsivo que tendría sobre las masas que apoyan al nuevo Gobierno que le pedirían ir más allá.
Si el gobierno de Lula prescindiese de los ministros burgueses y se plantease la necesidad de atacar las causas reales de los problemas adoptando medidas de carácter socialista (nacionalizar la gran banca, expropiar los latifundios, no pagar la deuda externa,...) no sólo estaría combatiendo las limitaciones que impiden solucionar los problemas de fondo, sino que contaría con el apoyo masivo de la sociedad, incluyendo a sectores importantes del ejército. Evidente no de los altos mandos que están ligados a la oligarquía económica, pero sí en el resto dada la penosa situación del ejército. "Muchos cuarteles han tenido que cerrar por no poder alimentar a los reclutas". Juan Arias, corresponsal de El País informaba de que "contrariamente a lo que se hubiera podido esperar, los militares apoyaron a Lula en las elecciones, probablemente a la espera también ellos de una época de cambios".
La burguesía no sólo va a oponer resistencia desde los ministerios que controla, sino también desde otras palancas que sigue controlando como es el caso del Parlamento, gracias a una poco democrática Ley Electoral. Si el gobierno plantease toda una batería de propuestas de cambio social y los ministros burgueses y el Parlamento se opusiesen, convocando unas nuevas elecciones podrían no sólo mantener, sino incrementar su respaldo en la sociedad entre todos aquellos sectores que dudan de su capacidad y su decisión para cambiar las cosas.
La incapacidad de los regímenes capitalistas nacionales y del imperialismo en Latinoamérica para desarrollar las condiciones de vida de la población en el subcontinente están creando una situación de crisis generalizada del sistema (Argentina, Venezuela, Ecuador, Brasil...). Si la presión de la burguesía impide que haya reformas significativas en Brasil crecerá el descontento y se extenderán las movilizaciones exigiendo a "su" gobierno que cambie de política. El proceso puede ser relativamente largo, comparado con otros que se han dado en el pasado en la zona, debido a la debilidad del sistema y a los movimientos reivindicativos en auge. Si no hay reformas el Gobierno del PT no contentará a nadie, ni al Imperialismo que preferirá tener un gobierno lacayo, ni a la burguesía nacional que preferirá tener en sus manos las riendas del gobierno, ni a los trabajadores. Irá creciendo la oposición interna en el seno del PT alimentada por las voces críticas que se levantarán desde los sindicatos (CUT), los movimientos campesinos (MST)... Pero la dirección del PT, en ese caso, estaría sembrando el desánimo entre amplios sectores de las masas lo que prepararía el terreno a un posible derrota electoral, o incluso a un golpe militar, a medio plazo, si la burguesía cree que las movilizaciones ponen en peligro la permanencia del sistema.
No es cuestión de ser desconfiados ni pesimistas, sino de estudiar cuál ha sido la experiencia de todos los gobiernos reformistas en latinoamérica, que han terminado en sonoros, y la mayoría de las veces, en sangrientos fracasos. Que la clase trabajadora haya levantado la voz por primera vez en mucho tiempo en esta zona del mundo poniendo a un partido suyo en el gobierno del país más importante del Cono Sur ya está teniendo una influencia externa grande. En Argentina se da un movimiento para crear un partido similar al PT a partir de algunos sindicatos obreros. Pero es un proceso que no ha hecho más que empezar y extenderá su influencia a otros países como Chile, México... incluso a otros continentes.