Con el agua al cuello: El PP va a la guerra

Con el agua al cuello:

El PP va a la guerra

"El caso del Prestige, junto al clamor contra la guerra de Irak, han dado un vuelco a la situación política y social"

Las guerras, en sus primeros momentos, suelen desatar el ardor patriotero. Antes de que los cadáveres lleguen de vuelta, las promesas de progreso y libertad, y de que la guerra se hace para evitar males mayores (¡argumento de todas las guerras!), arrastran a un sector de la población tras los toques de clarín de quienes no hacen sino lanzarse a la rapiña, a recoger los beneficios económicos de sus guerras, de entre los cadáveres, la sangre y el sufrimiento ajenos. Los Bush, los Aznar, los Putin, los Blair... del mundo se unen para rapiñar pero no entran en el campo de batalla donde se destrozan los cuerpos que son carne de cañón de los poderosos.

Pero hoy los ingenuos, los engañados, son menos, y estamos de enhorabuena. Aunque no sirve, por sí solo para impedir la guerra de Irak, sí sirve, si la izquierda está a la altura de las circunstancias, para que los "guerreros" paguen por sus crímenes.
En poco tiempo se amontonan los argumentos para proclamar que es urgente acabar con el gobierno del PP. En todos los terrenos de nuestras vidas estamos sufriendo las consecuencias del gobierno de la burguesía española: recorte de los derechos democráticos con nuevas leyes represivas, amenaza de reducción de las pensiones, precarización del empleo, desboque de los precios de algo tan básico como la vivienda, reformas regresivas en la educación y en al sanidad tendentes a su progresiva privatización...Todos estos factores han contribuido a generar un estado de opinión cada vez más desfavorable frente al gobierno. Sin duda, un factor de primer orden es el cambio de signo de la evolución de la economía; el crecimiento del PIB (Producto Interior Bruto), en 2002 ha sido el menor en los últimos 9 años (2%). A pesar de las "estadísticas creativas" del PP, que sitúan la inflación oficial en el 4%, los precios han subido hasta el escándalo; uno de cada tres productos básicos cuesta entre un 8% y un 30% más que en 2001. La parte de los ingresos familiares destinados a la compra de un piso se ha incrementado un 10%, alcanzando el 51%. ¡Más de 1.000 trabajadores fallecieron por accidente laboral! Muchos más que las víctimas de ETA o de la delincuencia común, pero sin ocupar las primeras páginas de la prensa ni ver a ningún ministro derramar lágrimas de cocodrilo.
Mientras la coyuntura económica internacional les ha sido propicia, el PP ha podido presentarlo como si se tratase de un éxito de su cosecha, pero los vientos han cambiado; las inversiones internacionales han sufrido el mayor declive de los últimos 30 años, cayendo un 51%.
Los beneficios de las empresas caen y el desempleo ha crecido el año pasado por segundo año consecutivo, hasta colocarse, oficialmente en el 10%.
Todo este panorama muestra cómo la tierra empieza a moverse bajo los pies del PP, pero, qué duda cabe el efecto social de todo ello aún podría aplazarse un tiempo, por la inercia del período pasado y la escasa capacidad de los dirigentes políticos y sindicales de la izquierda para movilizar a la sociedad frente al gobierno.
Lo que realmente ha puesto al PP contra las cuerdas ha sido la irrupción de las familias obreras, de los jóvenes, de la gente normal de la calle, en la escena política al quedar en evidencia la incapacidad, la desfachatez y los intereses burgueses del gobierno de Aznar.
El caso del Prestige, ha dado un vuelco a la situación política y social, junto al clamor social contra la guerra de Irak.
No se nos debe escapar que si esto sucede es porque se había ido produciendo una acumulación de cabreo, de frustración, por la experiencia del gobierno de la derecha. Sin duda la Huelga General del 20 de junio pasado, supuso un hito importante en este camino, a pesar de que, como siempre, el PP recurrió al tema de Euskadi y del terrorismo y la delincuencia para intentar que la población mirase hacia otro lado, pero les ha fallado.
Pero lo más llamativo, lo más significativo de cara la futuro, es que no han sido los dirigentes políticos o sindicales quienes han hecho con su labor que el gobierno del PP esté hoy con el agua al cuello. (No olvidemos que los dirigentes de UGT y CCOO se han apresurado a firmar un pacto impresentable de aumento salarial del 2% para 2003, y que el PSOE ha apoyado todas las medidas de recorte de las libertades democráticas lanzadas por Aznar).
Ha sido la reacción popular frente a los acontecimientos la que ha puesto en jaque al gobierno. La evolución de los acontecimientos en Galicia, con el apoyo gigantesco a la plataforma Nunca Mais, en el feudo tradicional del franquista Fraga, es una experiencia magnífica de como las situaciones se transforman cuando se da una participación activa de la gente.
Lo que ha permitido los largos años de política errática y escándalos de corrupción en la izquierda, y el triunfo repetido de la derecha, ha sido precisamente un proceso que llevó a una escasísima participación de la gente en la política activa. Hasta tal punto que la propia palabra "política" sólo tiene connotaciones negativas, y que los partidos y sindicatos son las instituciones sociales peor valoradas. Pero es la pescadilla que se muerde la cola; la poca participación ha permitido que las organizaciones de la izquierda se alejasen de los verdaderos sentimientos e intereses de la gente en una primera fase, y, después, el triunfo de la derecha.
Pero el movimiento desatado en Galicia, las expresiones sociales contra la guerra, son política de la más genuina. Y la entrada de cada vez más gente en la escena de la acción, es el mejor presagio de que las cosas han tomado ya otro otro rumbo. La cuenta atrás para el gobierno del PP ha comenzado.
Se abre una gran oportunidad para la izquierda, pero los propios acontecimientos demuestran su debilidad. No han sido capaces de tomar la iniciativa ni en el caso del Prestige, ni en de la guerra, ni en la coyuntura laboral, ni frente a las reformas reaccionarias de las leyes, simplemente se han sumado al carro de un proceso que ha estallado en la calle.
Hoy el PSOE se opone a la guerra, y es motivo de enhorabuena, pero no olvidemos que sus dirigentes apoyaron la guerra de Golfo. No es excusa para ello que aquella guerra la apoyó la ONU. Esta organización internacional, como no puede ser de otra manera, representa los intereses de los gobiernos del mundo, y estos gobiernos los de la clase dominante de su propio país, como tampoco podía ser de otro modo. Lo más que hace la ONU es cuidar de un cierto equilibrio entre los imperialistas (otro tema, que no analizaremos hoy es el papel que jugaba con la existencia de la desaparecida URSS), pero en definitiva, desde la fundación de la ONU, como demostró su apoyo a la intervención imperialista de EEUU en Corea, este organismo las más de la veces se ha plegado a los intereses imperialistas, como en la guerra del Golfo, y cuando no ha sido así el imperialismo Norteamericano ha hecho lo que ha querido. Suena patética la exigencia de que se cumplan las resoluciones de la ONU con el sangrante ejemplo del gobiermo sionista de Israel.
Tan importante o más que generar un movimiento que acabe con el dominio político del PP, es ofrecer una alternativa polítca que lo reemplace. Esta es la tarea de la izquierda, porque para repetir la experiencia de los gobiernos de Felipe González no hacían falta alforjas. IU tiene ante sí una gran responsabilidad, la de colaborar en primera línea a la derrota del PP, pero para que la alternativa sea realmente de izquierdas, para empujar la situación hacia un programa de transformación de la sociedad, evitando a toda costa que IU se sume también a un gobierno, sea en los Municipios o Comunidades Autónomas, o mañana en la Moncloa, que repita la nefasta experiencia de gestión del capitalismo que llevó a cabo Felipe González.
Es hora ya de defender sin complejos una política de transformación socialista de la sociedad.