Bush va la guerra con coartada o sin ella

Irak

Bush va la guerra con coartada o sin ella

Domingo Echevarría/Izquierda Unida de Navarra (IUN/NEB)

Érase una vez, no hace tanto, cuando el joven imperialismo americano iba expandiendo su influencia por el mundo desbancando la supremacía del Imperio Británico, tenía por costumbre justificar sus intervenciones armadas en el extranjero. Siguiendo una práctica habitual de las grandes potencias, recurría a hechos o circunstancias que sirvieran para ganarse a las masas y desatar olas patrioteras, que encubrían los auténticos móviles de sus agresiones. Si no había alibí claro para la guerra, tradicionalmente librada en aras de la defensa de la "paz", la "libertad" y los "valores democráticos", se creaba o se fabulaba.

Tres ejemplos. La explosión del acorazado norteamericano Maine en el puerto de La Habana (Cuba), achacada a España o a agentes suyos, sirvió como oportuno detonante de una guerra que marcó el desmoronamiento de los últimos vestigios del imperio colonial español. Hoy, sigue siendo desconocida la autoría material de las explosiones, aunque cuesta no ver tras ella la largo mano del Tío Sam. Más tarde, la entrada en la II Guerra Mundial en el frente del Pacífico siguió al ataque de la aviación japonesa contra Pearl Harbour el día 7 de diciembre de 1941. La Administración USA conocía de antemano que se iba a producir, por lo que sacó convenientemente a alta mar sus portaviones y barcos más importantes, asumiendo los miles de víctimas civiles y los daños materiales como un pequeño precio en comparación con la justificación belicista que le proporcionaba. Por último, a finales de julio de 1964, el llamado "incidente del Golfo de Tonkin", cuando supuestamente fuerzas norvietnamitas atacaron dos barcos americanos, sirvió de excusa para la entrada formal de los USA en la guerra de Vietnam, en la que ya estaban implicados respaldando a sus aliados reaccionarios de Vietnam del Sur.
Pero los tiempos cambian que es una barbaridad y todo parece indicar que estamos en puertas de una agresión militar norteamericana, con coartada (existencia de armas de destrucción masiva) o sin ella (inexistencia de pruebas), con aliados (Blair, Berlusconi y Aznar se pelean por salir en la foto junto a Bush) o sin ellos (Francia y Alemania, por consideración de sus propios intereses domésticos e internacionales, parecen reticentes a embarcarse en esta guerra, aunque es precipitado asegurar que no acaben haciéndolo).
Que el régimen de Saddam Hussein, ahora odioso y tiránico y antaño valioso aliado de los USA en la guerra que libró contra Irán hace dos décadas, tenga o no "armas de destrucción masiva" y que las mismas sean descubiertas por los "Inspectores" (más bien espías especializados) de la ONU, tanto le da al sector dominante del imperialismo norteamericano que representa Bush jr. Su decisión de atacar a Irak ya está tomada, sea cual sea resultado de la farsa inspectora. Su jefe Blix informó ante la ONU el día 27 de enero que no había pruebas de que Bagdad tuviera esas armas...¡pero tampoco de que no las tuviera! Mientras, pedían más tiempo para su labor. Si se les concede será sólo, y ni un día más, hasta que se alcance la masa crítica a partir de la cual el Juggernaut militar ha de entrar en acción.
Junto a una cuarta parte del ejército británico que ya ha enviado su correveidile Tony Blair, los USA tendrán a finales de enero más de 120.000 soldados y una potencia bélica enorme desplegados en la zona prestos a, utilizando "bombas inteligentes" y lamentando de antemano los "desgraciados daños colaterales" (más de 200.000 civiles hace una década), emplearse a fondo para derrocar el régimen, ocupar el país e implantar una Administración títere, es decir, un Protectorado sin usar el nombre Han llegado a anunciar que la misma será dirigida por algún general norteamericano, pues la oposición fantasma iraquí en el exilio no es de confianza. El ataque, según especialistas militares, está previsto para finales de febrero, con unas fuerzas que pueden superar los 200.000 soldados y un potencial armamentístico sin precedentes.

UNA GUERRA POR EL PETRÓLEO...

En un artículo titulado " Estados Unidos compra petróleo iraquí para contener la crisis", en el que se dan datos de cómo, ante las incertidumbres del suministro venezolano, las grandes multinacionales petroleras han llegado a comprar más de medio millón de barriles de ese origen, el semanal británico The Observer (26.01.2003) pone el dedo en la llaga: "para los oponentes a la guerra, esta actuación muestra el propósito no declarado de la acción militar en Irak, que tiene las segundas reservas conocidas del mundo (unos 112.000 millones de barriles, el 10,8% mundial, y al menos otros 100.000 millones de reservas no probadas), según el Departamento de Energía USA. Además, el petróleo iraquí es comparativamente más fácil de extraer, menos de 1 dólar por barril frente a los 6 dólares en Rusia".
Por eso, continúa, "las fuerzas británicas y estadounidenses tratarían el fluir de ese petróleo como una prioridad en la estrategia bélica. Los campos iraquís al sur de Basora producen un "petróleo dulce" muy reputado que son más fáciles de refinar. Fuentes del Pentágono dicen que sus planificadores militares "han elaborado estrategias que nos permitirán asegurar y proteger esos campos petrolíferos tan pronto como sea posible para preservarlos antes de que sean destruidos". En poco tiempo se verá si esos planes pasan tan fácilmente del papel a la realidad.

¡Y POR ALGO MÁS!

Si bien es cierto que el control del oro negro iraquí es uno de los objetivos más importantes, juegan también su papel consideraciones geoestratégicas ligadas a las esferas de influencia, mercados, materias primas y vías comerciales que juegan su papel.
Según estudios técnicos, la demanda del recurso estratégico clave que es el petróleo va acrecer entre un 40% y un 50% de aquí al año 2025. Hasta ahora, el suministro de Oriente Medio parecía asegurado gracias principalmente a Arabia Saudita. La inestabilidad económica, social y política que sacude la zona, y también a ese país, siembran dudas más que razonables de que pueda seguir jugando ese papel.
Los niveles de vida de la población vienen reduciéndose desde hace 20 años, el desempleo bordea el 15%, y el resentimiento contra la monarquía y la oligarquía corruptas, grandes beneficiarios durante décadas de los colosales ingresos petroleros, han provocado protestas, algunas muy virulentas, que a su vez han generado divisiones en los círculos dirigentes. Esa crisis social se manifiesta también en el auge del fundamentalismo islámico Wahabita, que en su día fue potenciado, como lo fue Bin Laden en sus acciones contra las tropas de la URSS en Afganistán, por los jeques y por los USA para cortar el paso a las alternativas progresistas y socialistas. No es Saturno quien se come a sus hijos, sino que puede ser al revés.
Desde un Irak sometido el imperialismo norteamericano tendría una nueva base de operaciones para intervenir sobre las zonas petrolíferas de la costa de la Península arábiga si finalmente se produjeran cambios de regímenes que no le fueran favorable. Al mismo tiempo, combinado con el poder militar que ha construido en la zona en los últimos tiempos, añadiendo innumerables bases en Afganistán y antiguas repúblicas de la URSS a las que ya tenía (ya las tiene en 100 de los 187 países de la ONU), continúa con el "Gran Juego del Siglo XXI", su aspiración de controlar la zona y sus riquezas, repartiendo las migajas entre quienes le rindan sumisión y anunciando a navegantes que cualquier posición díscola se arriesga al mismo tratamiento ejemplarizante.
Una década de bloqueo, con un saldo de cerca de un millón de personas muertas de penurias y hambruna, sobre todo niños y enfermos, eso sí, sin utilización de "armas de destrucción masiva"; de destrucción de las infraestructuras básicas por la "Tormenta del Desierto" de la alianza internacional encabezada por Bush padre, no han servido para debilitar la posición interna de Saddam y de su aborrecible régimen ni para provocar una revuelta interna. Ha llegado el momento, para Bush y el complejo militar industrial en cuya mano come, de exhibir su condición de potencia mundial, consagrándose como la Roma del tercer milenio.
Como propina, la atención se desvía de la crisis que atraviesa la economía, trata de impulsarla con el presupuesto de Defensa (mayor que el conjunto de Rusia, China, Alemania, India y Francia juntos) a mayor gloria de las grandes compañías armamentísticas, y el presidente electo con trampas en las urnas trata de ir preparando su reelección con muerte y destrucción.

LAS DESAVENENCIAS CON FRANCIA Y ALEMANIA

Cuando el Secretario de Defensa Rumsfeld declaraba hace unos días que quien (Francia y Alemania) vacilaba sobre la conveniencia de la guerra era la "vieja Europa", mandaba un doble mensaje: por un lado, que en el Este de Europa, en los antiguos países estalinistas, recibe una acogida sin reservas a sus iniciativas; por otro, que esas antiguas potencias pueden quedarse al margen del reparto del botín si persisten en dar la espalda a su Padrino de ultramar.
Está por ver si finalmente París y Bonn acabarán negándose a colaborar en la guerra u optarán por limitar su participación, tal vez sin implicar tropas de tierra. La oposición interna es masiva, pero no es ese el motivo de sus reservas. Sus intereses no coinciden exactamente con los de Washington.
Las multinacionales francesas tienen jugosos contratos e intereses en Irak que se irían al garete de estallar la guerra (ya lo ha avisado Bush jr.), como le pasa también a los oligopolios de la Rusia de Putin, y ambos están perdiendo terreno en zonas tradicionales de su influencia a costa de los USA (Francia, en África y algo de Asia; Rusia en las ex - repúblicas de la URSS y Asia Central).
Por su parte, en la Alemania actualmente en recesión, se recuerda con aprensión cómo diez años atrás se añadieron problemas adicionales a su economía como resultas de la guerra contra Irak. Pero, son tan fuertes las presiones USA, y entre ellas no son las más desdeñables los guiños sobre el reparto posbélico del pastel (petróleo, reconstrucción, acceso al mercado), que los "disidentes" bien pueden acabar hincando la rodilla ante la megapotencia.
Todo ello a pesar de que Schröeder y Chirac parecen más conscientes de que, en un contexto en que el gobierno de Israel exhibe su terror día y noche contra la población palestina, en premonitorias palabras de Moratinos, embajador de la Unión Europea en Oriente Medio, "si hay ataque contra Irak, la calle árabe sufrirá una explosión total, sin precedentes" (El País, 10.09.2002).
MÁS INESTABILIDAD INTERNACIONAL
Es esta reacción temida la que más preocupa a los regímenes árabes, más cuanto más estrechos son sus vínculos con Washington (Egipto y Jordania); en Turquía, dirigida ahora por el "islamismo moderado" que mucho habrá de cavilar para excusarse ante la población por brindar el uso de las bases aéreas para la nueva carnicería o en el Pakistán del dictador Musharaff. Aunque éste es de la variante de los dictadores buenos por ser partidario de los "buenos" en su cruzada contra los "malos".
La aplastante superioridad USA, en esta ocasión, no pretende sólo destruir desde el aire sino desplegar tropas terrestres y ocupar las ciudades. La resistencia en campo abierto, no tanto en defensa del indefendible Hussein sino contra las fuerzas extranjeras, está condenada al fracaso. Harina de otro costal es qué puede pasar en Bagdad y otras ciudades importantes. No cabe descartar una explosión contra Saddam, alentada por algún traidor de su entorno con promesas de impunidad de Washington, pero en una situación de ataques inmisedicordes desde el aire puede que cualquier resistencia se desplome o, por el contrario, se azuce. Pero cuando se disipe el polvo del Argameddon, aunque acaben matando a Saddam y su régimen se desmorone, no surgirá un país estable ni una población ansiosa de congraciarse con el ocupante extranjero y sus siervos locales. El odio y el resentimiento germinarán en las conciencias.
La propia evolución del precio del petróleo está en entredicho. En entrevista concedida a El País (26.01.2003) el jeque Jamani (Ministro del Petróleo de Arabia Saudí entre 1962 y 1986 y figura dominante de la OPEP) conocido también como el "Kissinger árabe" (¡!) decía cínicamente que, si la guerra se complica, el barril podría alcanzar los 100 dólares frente a los 30 actuales lo que llevaría a " una crisis mundial de la economía" . Si, por contra, si fuera un paseo, caería hasta los 15 dólares, lo que a su vez sería "una catástrofe para los países productores". Aun sin tras drásticos vaivenes, es más que dudoso que fruto de esta guerra reverdezca una economía en aprietos en muchos lugares del mundo.
Si hay alguna posibilidad de que esta guerra no se produzca o que, de iniciarse, se pare es construyendo un amplio movimiento de masas contra la misma, en las calles, en las fábricas, en las universidades y centros de estudio, un movimiento por fuerza sin confianza alguna ni en la patética ONU ni en los gobiernos vacilantes que mañana pueden girar 180º para alinearse más o menos vergonzosamente tras el Pentágono. El punto de partida no es desdeñable: todas las encuestas en Europa, y en menor medida pero también significativamente en los propios Estados Unidos, revelan que la aplastante mayoría de la población la rechaza. Hemos de denunciar que se haga en nuestro nombre, en el de la "paz y la seguridad internacional", cuando no es otra cosa que una nueva versión de una canción ya muy oída: la de los poderosos defendiendo sus privilegios e intereses.
Nuestros intereses, los de los trabajadores y jóvenes del mundo, los de la mayoría de la población, los de la convivencia en pie de igualdad de pueblos y naciones, de desarrollo equilibrado, de planificación democrática de los recursos y sectores básicos de la economía poniéndolos al servicio de la mayoría para conseguir una vida digna, es decir, los del socialismo, son los únicos que pueden conseguir la estabilidad y la paz internacionalmente. Ese es el otro mundo posible por el que tenemos que luchar.