Balance de las movilizaciones estudiantiles

Balance de las movilizaciones estudiantiles

Aprobada la Ley de Calidad, un año después de la LOU

Sergio Sánchez Romero

Las luchas estudiantiles del curso pasado fueron un ejemplo de cómo el movimiento, cuando tiene razones acuciantes para luchar, busca cauces y organización para ello. Y es así pues cualquier movimiento necesita expresarse, independientemente de si tiene o no quien represente su voz y sus necesidades reales. En Sevilla, Valencia, Granada y Compostela, por ejemplo, el curso pasado, durante las luchas contra la LOU se crearon diversos comités, más o menos organizados desde abajo, debido a la ausencia de una fuerza aglutinadora que expresara verdaderamente los intereses de la juventud. Ante la aprobación de la Ley de Calidad, es menester mirar atrás, para hacer balance de la lucha contra la LOU.

La experiencia contra la LOU

Es verdaderamente interesante el caso del Curso 2001/02, si bien el espacio de que se dispone en un artículo sólo permite un análisis por encima. No debemos subestimar las experiencias que vivimos en las distintas luchas. De ellas podemos aprender verdaderas Leyes del movimiento estudiantil o juvenil. De la misma manera no podemos sobrestimarlas, so pena de alejarnos de la realidad. Pero las luchas contra la LOU fueron muy ilustrativas en ese sentido. Por un lado, a pesar de la existencia de diversas organizaciones juveniles y estudiantiles, el movimiento no siguió a ninguna de ellas. Y esto es cierto. Por ejemplo, el Sindicato de Estudiantes, bien es cierto, tuvo la iniciativa de convocar, y ese fue su papel, o mejor dicho, parte de su papel. Pero no se puede decir que el SE movilizó a los cientos de miles de estudiantes que acudieron, en Madrid y otras ciudades, tras la pancarta de cabecera del SE. Esto sería un error. El ambiente estaba caldeado, y lo único que hacía falta para que la gente participara en las manifestaciones era una fecha y una hora. Y esto es más cierto si tomamos en cuenta el hecho innegable de que, tanto en Sevilla, Granada, Almería, Valencia, Alicante, Compostela y otras capitales del Estado se estuvo discutiendo en las facultades, hasta el último momento, si participar o no de la convocatoria del SE. Y se discutía entre los estudiantes, por dos motivos: uno que el SE había convocado por separado, sin contar con el movimiento. Y es que el SE quería ir por delante de todos y de todo. En ocasiones esto es una táctica muy sectaria, máxime cuando la aplastante mayoría del movimiento estaba participando de forma consciente. Y esta es la segunda cuestión por la que se debatía la participación en manifestaciones convocadas de forma sectaria. La decisión de participar y olvidar, de momento, esos métodos se debía, por una parte, a la indeterminación de la gran mayoría de las organizaciones, que zigzagueaban entre el sectarismo y el oportunismo. Y por otra, a la necesidad acuciante de luchar contra la condena del PP a la Universidad pública.
Otra lección de las luchas contra la LOU es la sacada en Sevilla (ver números anteriores de Nuevo Claridad), con el Comité General de Huelga (CGH): los activistas, los líderes del movimiento, han de pertenecer al propio movimiento. En el momento en que se sale del mismo, en el momento en que se separa de los estudiantes, se pierde el rumbo, se pierde la perspectiva, no se ve qué pasa en la conciencia de los jóvenes estudiantes. Esto es especialmente corroborado por la acampada de Sevilla frente al Ayuntamiento, que tras el regreso a clase de las vacaciones de Navidad, en vez de volver los estudiantes más activos, que estaban acampados, a las facultades y escuelas, se quedaron en la acampada, aislados del movimiento estudiantil, creyendo seguir teniendo un apoyo entre los estudiantes que, en la medida en que pasaban los días, iban perdiendo. Y también fue el caso de algunas organizaciones que, si bien en un principio, por su participación activa en las luchas, tenían mucho eco en el CGH, tras abandonar el movimiento perdieron el prestigio ganado, que se transformó en hostilidad hacia ellas. Pudimos aprender también en todo el Estado que las reivindicaciones estudiantiles y los problemas de la educación no se pueden mirar desde un prisma simplista, es decir, independientes del resto de problemas sociales: verlos, como pretendían algunos sectores, de forma apolítica. La mayoría de los estudiantes comprendieron la necesidad de darle a los problemas de la universidad una dimensión mayor, y verlos como parte de un conjunto de medidas contra los trabajadores y los sectores desfavorecidos de la sociedad. Y comprendieron la necesidad de darles una explicación política. De esta forma todo un sector estudiantil tomó conciencia política de los problemas de la sociedad.
Se puede, y se debe, extraer más enseñanzas de estas magníficas luchas, pero lo comentado puede servir para nuestro propósito: colaborar en abrir una senda que permita ganar la lucha contra la Ley de Calidad (LCE).

Y ahora... ¡Contra la LCE!

Este artículo fue escrito antes del día 29 de noviembre, día de la esperadísima Huelga General de toda la enseñanza. La entonces reciente victoria de los trabajadores en su lucha contra el decretazo, si bien el PER no había sido restablecido, hacía pensar en la posibilidad de que una lucha fuerte y extendida pudiera cambiar los planes de la Ministra Del Castillo. Era una posibilidad, siempre contando con que los diversos sectores estudiantiles confluyeran en una lucha unitaria, y arrastrasen, en aquel clima de lucha aún reciente, a los padres y profesores. Por desgracia aquello no ocurrió. Ni las organizaciones estudiantiles importantes hicieron por golpear juntos, ni los sindicatos han mostrado a la hora de la verdad un interés en la lucha. El resultado es que una Ley que condena a aquellos cuyas condiciones de estudio son más desfavorables, a aquellos que estudian en centros públicos, a seguir soportando las lamentables condiciones que se derivan de la falta de presupuesto, como digo, esa Ley ha sido aprobada sin que se levante una sola voz, amén de las tenues críticas de IU.
Aun así, yo creo que la lucha contra la LCE debe seguir, aunque es evidente que con otros objetivos y otras formas. Los objetivos inmediatos no deben ser ya, pues nadie se lo plantea, echar atrás la LCE. Pero sí se puede y se debe contestar, animando un movimiento contra la política de la derecha en materia de enseñanza. Un movimiento que una vez maduro sí eche atrás la LCE. De esta forma habrá un movimiento que, en caso de ganar el PSOE las elecciones, exigirá políticas más sociales y de izquierdas. Y se habrá creado, si se lleva a cabo, la base de un movimiento estudiantil y en toda la enseñanza, que tendrá un precedente continuo de lucha. Por ello es necesario empezar a trabajar. No es nada positivo que sólo cuando haya luchas fuertes aparezcan convocatorias, charlas, etc. Ello crea la aguda idea en los estudiantes de que quien así actúa es un sectario.
Desde mi punto de vista, habría que convocarse a las organizaciones juveniles y estudiantiles que estén dispuestas a trabajar contra la Ley de Calidad, a una reunión, o una serie de reuniones donde se discuta:
1. Fundamentos y consecuencias de la LCE.
2. Alternativa a la LCE.
3. Actuaciones a llevar a cabo y calendario, de común acuerdo con todos los sindicatos y asociaciones de padres de izquierdas.
Seguro que algunas organizaciones se presentan y alargan los encuentros, divagan, se apartan... Habrá, evidentemente, de todo. Pero ello no es excusa para no realizar la convocatoria, y tener claro que se pretende poner en marcha un movimiento contra el desmantelamiento de la enseñanza pública, que desde primera hora se proponga como objetivo organizativo la agilidad y la democracia más completa. Con unos principios básicos: Toda organización tendrá derecho a participar; toda organización se comprometerá a hacer difundir los acuerdos de la forma más extensa, etc.
Los estudiantes son capaces de razonar por su propia cuenta, son inteligentes, y son los que mejor conocen su situación y sus necesidades. Hay que contar con ellos. Y toda acción que se lleve a cabo ha de estar enfocada en este sentido. Muchas organizaciones y personas se conforman con representar a esos mismos estudiantes con el objetivo de parasitar órganos universitarios, consejos de alumnos, de ganarse un respeto en los institutos, para llegar alto en las instituciones, o recibir pomposas subvenciones... Y otras, por el contrario, pretenden tener la verdad guardada en el bolsillo. Se piensan que la gente les admira, que son quienes llevan la razón. Se animan en aparecer por los centros sólo cuando vienen las corrientes, y se afanan en hacer ver que las demás organizaciones son todas malas.
Entre el sectarismo de unas y el oportunismo de las otras media, por la derecha, un solo paso, y por la izquierda, un enorme abismo. Por un lado, las posturas ultraizquierdistas y sectarias vienen de quienes no tienen la fuerza necesaria en el movimiento estudiantil. Y no la tienen por esa misma razón, es decir, que es causa de sus mismas consecuencias. El peligro de esta táctica, aunque en algunas cuestiones se lleve la razón, es que, al aislarse, se deja a los estudiantes huérfanos de dirección: se los deja en manos de organizaciones de un oportunismo sin límites, que engañan a los estudiantes para sacar rentabilidad, puestos, cargos... O que simplemente aspiran, como la CAI en Andalucía, a tomar las riendas del movimiento para amansarlo y que no gane la lucha. Un ejemplo: el 19 de octubre de este curso, una famosa organización estudiantil, en Sevilla, en un conflicto de los estudiantes de la Universidad Pablo de Olavide (UPO), intentó movilizar al estudiantado, convocando asambleas y movilizaciones, sin contar con la Delegación de Estudiantes, que es cierto que presenta una actitud pasiva, pero que estaba dispuesta a movilizar. El resultado es que la oportunista delegación de alumnos se ha valido de esta prueba de sectarismo para desprestigiar ante los estudiantes a la organización estudiantil más grande de todo el Estado.
La lucha contra la Ley de Calidad de la Enseñanza no ha terminado, sólo ha cambiado de forma. O al menos, eso debería ser. La necesidad de hacer frente a las Leyes que son aprobadas, se manifiesta claramente en Zaragoza, donde el Sindicato de Estudiantes de Izquierdas, junto con otras organizaciones, está llevando una lucha contra Rectores, profesores y periódicos, contra la aplicación de la LOU. Con manifestaciones de varios centenares de estudiantes, protestando contra la eliminación de la tercera convocatoria, contra los nuevos estatutos, etc.
Está claro que hoy el gobierno campa a sus anchas en materia educativa, y en otras también. Y se debe, fundamentalmente, a lo fragmentado que está el movimiento estudiantil. Por un lado, muchas organizaciones estudiantiles, por otro, los estudiantes, que en la mayoría del Estado, si bien tienen, y es cierto, el referente del SE, no se agrupan en ningún núcleo, ni se sienten representados por nadie.
Y está claro que la única forma de hacer frente al gobierno y la derecha, a los que ponen en marcha las políticas que le beneficia a los empresarios, es unidos en la lucha, golpeando juntos, respetando y permitiendo la diversidad, y reconociendo que son muchas las organizaciones. Los trabajadores lo mostraron así en la Huelga General. Y la lucha contra la LOU también mostró que sólo la unidad es más fuerte que la división.