La Democracia participativa, una ilusión de cambio

La Democracia participativa, una ilusión de cambio

Rogelio Poveda - Presidente de Asociación de Vecinos de Aluche (Madrid)

A pesar de la exclusión de las mujeres, de los esclavos y de los metecos, los criterios y los métodos de la Democracia griega, contenían elementos utilizables para un proyecto democrático popular en la actualidad. Dos mil quinientos años después de la creación de la democracia griega, seguimos pensando si la Democracia que tenemos es la más correcta. Si recordamos su contenido, en lo fundamental es la concepción de Aristóteles sobre la "Democracia como el gobierno de los pobres". Deberemos recordar que los cargos políticos eran considerados una molestia que se trataba de evitar, y que para ello muchos de estos cargos eran elegidos por sorteo o eran ejercidos rotativamente. Cabe recordar también, la prevención de la ciudadanía griega contra el liderazgo carismático que se plasmó en la institución del ostracismo.

La tradición de la Democracia griega o del republicanismo romano, encarna, tras un largo periodo histórico, la democracia jacobina, que debe ser entendida como un proceso que va desde abajo hacia arriba y no al revés, como se ha querido deformar por parte de los historiadores bonapartistas y burgueses. La centralización y el flujo de arriba hacia abajo es obra de la reacción antidemocrática de Bonaparte y posteriormente del liberalismo.

Por otra parte, los liberales consideran que la complejidad del estado actual imposibilita la democracia directa. Bobbio ha criticado el referéndum y ha señalado la imposibilidad de que las Asambleas Populares puedan regir los intereses de naciones. Ha criticado la facilidad con que estas asambleas pueden ser presa de la demagogia y de las personalidades carismáticas. Critica también la revocabilidad de los mandatos, porque dice, es un instrumento fácil en las manos de los déspotas. También critica el mandato imperativo, con el argumento de que los parlamentarios son representantes de intereses generales y no de intereses sectoriales. Tanto Rousseau como Robespierre y Jefferson habían ya propuesto soluciones que permitían conjugar ambas formas de Democracia. Claro que los tres autores (demócratas convencidos) estaban a favor de los intereses de los de abajo, lejos del despotismo ilustrado ("Todo para el pueblo, pero sin el pueblo"), y estaban por la participación directa del pueblo en la gestión de sus intereses. Por el contrario, tanto Siéyes, como Benjamín Constrant, apadrinadores de la Democracia representativa, estaban a favor de los de arriba y, lógicamente, defendían formas recortadas de Democracia, con el fin de que los de abajo, o bien no pudieran participar en la formación de la opinión pública (sufragio censitario), o bien sólo pudieran hacerlo en el momento de las elecciones.

¿Cómo surgió la idea de la Democracia participativa?

Esta surgió de los trabajadores brasileños en su forma de organización en las luchas de los años 70 y 80, es una experiencia de organización, que cada vez iban perfeccionando según su experiencia y resultados, concluyendo en un proyecto político y la creación del Partido de los Trabajadores (PT) en el año 1979, la Central Única de los Trabajadores (CUT), en 1983 y el Movimiento de los trabajadores sin Tierra, (MST) en 1985. De esa experiencia y de la necesidad de cubrir las necesidades más elementales dieron lugar a numerosas organizaciones sociales en defensa de viviendas, centros de salud, educación, mejora del transporte, de los derechos de la mujer, la infancia, derechos de los negros, indios, homosexuales... así es como se crearon estas Organizaciones en Brasil, llegando ahora uno de los fundadores del PT (Lula, un metalúrgico), a ser el actual presidente.

Pero ¿qué es la Democracia Participativa?

Esta basada en la tradición de la Democracia directa. Es una propuesta que se basa en la propia experiencia de construcción del partido; previamente basado en un movimiento asambleario y participativo en los sindicatos, barrios y otras organizaciones de base. Se basa también en el respeto a la autoorganización de los trabajadores explotados, incluido el respeto a la democracia del partido. Incluso aquí, en la transición, surgieron organizaciones similares de la propia experiencia de autoorganización de las capas populares. Se llamaban Consejos Obreros y Populares o Comisiones de Fabrica. Era en definitiva un poder de base, que en el Estado español no cuajó, pero en Brasil están dando unos resultados espectaculares.

La experiencia de la democracia participativa floreció con el acceso del PT a la alcaldía de Porto Alegre en 1989. Desde ese año, el PT no ha perdido la alcaldía en dicha ciudad y desde hace tres años se está aplicando más allá de la gestión municipal, a nivel del Estado de Rio Grande do Sul, con una extensión aproximada a la mitad del estado español, y cuya población puede ser comparada en número a la de Andalucía.

El planteamiento chocó, en principio, con muchos inconvenientes. Los ciudadanos no participaban en gran numero, sin embargo, según iban viendo que las decisiones de los vecinos eran respetadas y aplicadas por la alcaldía, hizo creer paulatinamente la participación vecinal y comenzó a romperse la apatía de la gente, en lo que respecta a su participación en la vida política. Por ejemplo en el año 1989 los participantes fueron 403, en el año 1993 ya fueron 10.735 y en el año 1998 se alcanzaron los 20.000. Se podría decir que la participación no es mucha si se toma la población de Porto Alegre con sus 1,2 millones de habitantes; pero se tiene que tener en cuenta que las asambleas de Democracia participativa, se articulan a partir de las asambleas y reuniones de las asociaciones de vecinos, sindicatos y organizaciones sociales de diverso tipo donde participan miles de personas.

Otro elemento a tener en cuenta es que el proceso de participación no se consume en las asambleas de Democracia participativa. Existen otros mecanismos de partición activa y directa que la alimentan. A destacar, el Congreso de la Ciudad, asambleas para definir los rumbos estratégicos para la construcción de la ciudad que cuenta con la participación de todos los sectores de las clases sociales. Y también los Consejos municipales, sectoriales con carácter principalmente consultivo, aunque también con poder de intervención en sus respectivas áreas.

Otra realidad que la experiencia de la Democracia participativa ha puesto nítidamente en evidencia, es que con la participación directa y protagonista de los ciudadanos en la definición y orientación del presupuesto y las políticas municipales, en definitiva, se gana, evidentemente, en calidad democrática de los procesos, transparencia informativa, y que, además, la gestión es notablemente más económica, efectiva y los resultados sensiblemente mayores.

La Democracia participativa tiene un primo hermano que es el presupuesto participativo. ¿Para que sirve el presupuesto participativo? para llevar las decisiones políticas al terreno de lo práctico, al lenguaje del hormigón y el ladrillo, para poder hacer más útil el presupuesto del Ayuntamiento, o de los organismo del Estado, para controlar dónde se invierte y cuánto dinero cuesta hacer un equipamiento para que se gestione el dinero sin que ningún desaprensivo lo mal invierta y que todo el presupuesto se gaste más racionalmente y sin mediar intermediarios.

Una forma de invertir y gestionar el heraldo público, sería dando prioridades a los acuerdos que se tomen democráticamente en los Consejo de la ciudad. Una forma de ilusionar a los vecinos en la política, es que la izquierda recoja estos postulados y dar vida la los Consejos de participación ciudadana de los Ayuntamientos y que los vecinos vean en la práctica que son escuchados y se toma en consideración todos los acuerdos que se tomen y se voten.

Poco a poco esta idea va abriéndose camino en las mentes de los miembros de las distintas organizaciones de base. De hecho se está aplicando y desarrollando en municipios del Estado español. Existe un comité coordinador compuesto por organismos municipales y autonómicos de nueve países, incluida España y Ayuntamientos como el de Barcelona, San Sebastián, Granada... entre otros. Pero donde mejor es conocido es en Porto Alegre Brasil.

¿Por qué la izquierda en Madrid no lo asume completamente?

La izquierda tiene que renovar y cambiar el mensaje. Creo que debe asumir el discurso de la democracia participativa, recoger la idea y hacerla suya. Esta claro que hoy en día un medio de difusión muy importante para la izquierda es crear un foro donde tengan cabida todos los ciudadanos y organizaciones sociales y culturales que son los que dan vida a Madrid, la misma experiencia que se lleva realizando en Porto Alegre.
Esta idea de Democracia participativa, se trata de ir haciendo más partícipes de las decisiones que tomen para mejorar la ciudad a los vecinos y organizaciones sociales. Dentro de unos meses volveremos a tener de nuevo elecciones municipales y autonómicas, en las que de nuevo va a estar en pugna el control de las Alcaldías y Comunidades del Estado español. En definitiva ¿quién va ha gobernar?

Está muy bien que los candidatos conozcan los problemas de cada barrio de Madrid, pero creo que tiene que recoger las demandas de los vecinos y hacerles llegar la idea de que va a contar con ellos para desarrollar su programa. Desarrollar la democracia participativa en la ciudad de Madrid y en la Comunidad podría animar a los vecinos a participar en las elecciones primero y posteriormente participar en la gestión de la ciudad.

El movimiento político de la izquierda tiene que diferenciarse de los postulados de la derecha, no sólo en las palabras sino también en los hechos.

Lo que la izquierda tendría que defender con ilusión y confianza es potenciar el asociacionismo en los barrios y ciudades. La Democracia participativa está demostrando que garantiza una mayor eficacia del gobierno y mejores índices de la calidad de vida en la gente (mejor vivienda, salud, alfabetización, etc).
No hay Democracia práctica, si no hay democratización del conocimiento. Son necesarias las más amplias formas de educación popular para conquistar una justicia colectiva. Se requiere de una acción de capacitación sistemática e intensiva con diversos actores involucrados.

La participación sólo es posible tomando parte en las decisiones publicas. Las experiencias de economía requieren también de la democracia: no basta producir una política sino también definir las mejoras que se van ha realizar con dicho ejercicio de la política.

La democracia participativa es una forma de no resignarse y de participar y hacer útil el Estado para conseguir mejoras sociales.