Editorial

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La batalla será dura

Parece que, al menos, en algo estamos todos de acuerdo: si queremos derrotar al PP en las próximas elecciones generales, la batalla que tenemos que dar es muy dura.

Las últimas elecciones municipales y autonómicas han sido planteadas con la vista puesta en las  generales, que deben celebrarse en marzo de 2004.

Los resultados del 25 de mayo han sido muy irregulares, como se analiza en estas mismas páginas, pero lo que ha terminado de poner a la izquierda en una situación frágil ha sido lo sucedido en la Comunidad de Madrid, al revelar el papel de algunos de los diputados burgueses en las filas del PSOE.

Sin duda, el propósito de la izquierda, tanto de IU como del PSOE, en las elecciones era dejar el terreno preparado para desalojar al PP de la Moncloa. Desde ese punto de vista se puede hablar de un fracaso, la suerte no está decidida. Si bien es cierto que en todos los cambios de ciclo político ha habido una resistencia, una caída en dos escalones, no esperábamos esta reacción de apoyo al PP tras el ambiente social que se había generado, con la crisis del Prestige y la guerra de Irak.

En el año 1979, una UCD maltrecha, aguantó el tipo, sólo para desmoronarse en el 82. El PSOE, al que todo el mundo daba por derrotado, tras los escándalos de corrupción, ganó las elecciones en el año 93, y tres años más tarde era derrotado, ganando el PP por una mayoría que consolidó más tarde. Desde luego, nada impide pensar que el proceso va a ser el mismo; no hay duda, el ciclo del PP se acaba, pero si no se da un cambio muy serio de la izquierda, puede volver a superar la prueba en marzo de 2004.

Los puntos débiles de la izquierda han quedado en evidencia, no sólo es necesario detectarlos, es urgente dar un cambio profundo en algunos aspectos.

Los resultados del PP se han apoyado en dos factores decisivos y complementarios, queremos decir que el uno sin el otro no sería suficiente para explicar lo que podríamos definir como "resistencia a la caída", casi vulneración de la ley de la gravedad. Por un lado la situación económica, que objetivamente le ha sido muy favorable, y por otra la profunda crisis de la izquierda, con una falta de identidad y de alternativas que ha permitido al PP tomar la iniciativa en todos los terrenos decisivos; laboral y sindical, cuestión nacional y terrorismo, e incluso política internacional.

Y nos referimos fundamentalmente al PSOE, pero también a IU, organización en la que la mayoría de sus dirigentes, tan sólo hace unos meses, ponían en duda su capacidad de alcanzar el 5% mínimo necesario en unas elecciones, para tener presencia parlamentaria.

Por supuesto que IU ha sabido beneficiarse del cambio del ambiente político en la sociedad, pero no ha sido suficiente para recuperar a un electorado que necesitamos. Y, desde luego, el PSOE no ha sido capaz de hacer una oposición creíble al PP.

La burguesía está unida como una piña en torno al PP, por muy moderado que sea el PSOE (y lo es), tienen miedo a que la derrota del PP anime a los trabajadores a reivindicar sus derechos después de años de sacrificios y de enormes beneficios empresariales, y, sobre todo, de una auténtica orgía especulativa.

La tendencia obsesiva de Zapatero por "pegarse" al PP en todos los terrenos, le ha llevado a carecer de alternativa y de identidad, y si ahora no depura el partido, tras la crisis de Madrid, para muchos carecerá de credibilidad. Lo sucedido en los últimos años demuestra que el PSOE no tiene una tradición de autocrítica, ni de exigencia de responsabilidades internas, salvo cuando se dedicó a depurar al ala izquierda del partido y de la UGT. Ni siquiera con los GAL hubo una limpieza, o fueron capaces de pasar de estar en el gobierno con el PNV, a gobernar con el PP en el País Vasco.

En el colmo de la incapacidad, mientras el PP les "hace la cama" en Madrid, los dirigentes del PSOE expedientan a sus propios compañeros que en Navarra han obtenido alcaldías desplazando al PP (UPN), mientras servilmente dan la Diputación de Álava y el Ayuntamiento de Vitoria al PP.

Ahora la bochornosa crisis de Madrid por supuesto que se debe achacar a las presiones del capital, y del PP, pero eso existirá siempre, y la primera forma de evitarlo es no tener un partido que presenta en sus listas a personas que se identifican con la filosofía y la política capitalista, en realidad que son, ellos mismos, burgueses, que a la hora de la verdad se pasan con armas y bagages al campo de la derecha.

El complejo de inferioridad de la izquierda se refleja también en la actitud de la mayor parte de los líderes, que se han convertido en adalides de la democracia burguesa y de sus instituciones, en lugar de aprovechar esta crisis para poner en evidencia los trucos y limitaciones de la democracia burguesa, que demuestra que las libertades siguen siendo "formales", tal como explicó siempre el ideario socialista, mientras el poder económico esté en manos de la burguesía, pues son ellos quienes mandan, quienes deciden y quienes compran voluntades.

Por ello, es doblemente importante la urgencia de IU por dotarse de un programa claro en la defensa de los intereses de las familias obreras y de la juventud, y exigir el cumplimiento de ese programa para forjar alianzas con el PSOE de cara a compartir gobiernos y, más aún ante un hipotético pacto para el gobierno central.

IU puede jugar un papel decisivo, pero si se deja absorber por una repetición de las políticas que en otras épocas practicó el PSOE, tendremos una repetición de lo sucedido en Francia, donde el PCF se ha hundido como consecuencia de su implicación en un gobierno del PSF que fue incapaz de dar solución a los problemas que les planteaba la sociedad.

La primera tarea es luchar con uñas y dientes por ganar en Madrid, que se ha convertido en un símbolo, y en consecuencia, demostrar allí donde gobierne la izquierda que no sólo hay que acabar con los gobiernos del PP, sino, sobre todo, que hay una alternativa por la que merece la pena luchar.