Elecciones en la Comunidad Autónoma de Madrid

Elecciones en la Comunidad Autónoma de Madrid

La derecha política y económica no acepta los resultados

Jordi Escuer
Coordinador de IU Latina (Madrid)

Las elecciones en la Comunidad de Madrid habían abierto la puerta a la constitución de un gobierno de la izquierda. La feroz resistencia de la derecha a la posibilidad de un gobierno de "socialistas y comunistas" durante la campaña electoral, ha dado paso después de las elecciones al insólito espectáculo de ver como dos diputados socialistas, relacionados con empresas inmobiliarias, se negaban a apoyar al nuevo gobierno presidido por Rafael Simancas y que se estaba negociando con IU, por que, según ellos, traicionaba al electorado "moderado" del PSOE. Aprovechando el regalo de estos dos diputados, el PP se apresta a exigir unas elecciones anticipadas que presiente ganadas ante el desastre de la candidatura socialista. Esta situación conviene analizarla en el contexto de unos resultados electorales que contienen sus luces y sus sombras.

El desenlace electoral fue desde un principio ajustado y, la derecha, alentada por la victoria en el Ayuntamiento de Madrid, se resistió a admitir que había perdido en la Comunidad hasta que fue recontado el último voto, varios días después de celebrados los comicios, incluso cuando se sabía que matemáticamente no podían ganar. La noche electoral ya empezó el espectáculo mediático en el que sólo se resaltaba la victoria del PP en el Ayuntamiento y se trataba de transmitir, a toda costa, la sensación de que posiblemente también sucedería lo mismo en la Comunidad. No había que dar tregua a la izquierda.
La última vez que el conjunto de los partidos de izquierdas aventajaron en votos a la derecha fue en el año 91. Doce años después, el PSOE e IU, en su conjunto, han alcanzado el mejor resultado de la izquierda en número de votos de todas las elecciones autonómicas celebradas en nuestra comunidad, con 310.000 votos más que en 1999, un crecimiento de casi el 30% en número de votos. IU ha crecido en unos 30.000 votos y el PSOE en 280.000 que es el partido que experimenta el mayor incremento en votos.

En la elección del nuevo parlamento autonómico la movilización de buena parte del electorado de la izquierda es clara y eso ha permitido su victoria en las urnas de la Comunidad.

Sin embargo, la recuperación del voto del PP, con un crecimiento cercano a los 100.000 votos, evitó el descalabro de la derecha y una victoria holgada de la izquierda. En esas condiciones, como se ha visto después, uno o dos diputados se convierten en decisivos a la hora de formar gobierno.
Los resultados de la ciudad de Madrid suman a esa movilización general del electorado del PP el plus del candidato, el llamado "efecto Gallardón", pues la recuperación de votos del PP es mayor en el municipio que en la Comunidad -tanto en términos relativos como absolutos-, con 140.000 más que en 1999. El PP ha conseguido una mayoría absoluta holgada en la ciudad de Madrid. Mientras, la izquierda sólo es capaz de aumentar unos 85.000 votos, una proporción sensiblemente inferior a la que hemos visto en la Comunidad. De hecho, en este ámbito, IU ve caer en unos 5.000 votos sus resultados.

El resultado electoral detenía el proceso de caída libre de IU y daba una oportunidad a la izquierda, en el caso de la Comunidad. Pero como la dura realidad ha demostrado, no se puede hacer un análisis superficial de los resultados, ni limitarse a esperar que de ahora en adelante sólo cabe ir mejorando, pues para que eso sea así hay que ser capaces de aprovechar las oportunidades que se brindan.

El voto a la derecha

Sin duda cabía esperar una recuperación del voto de la izquierda, después de un año salpicado de enfrentamientos y, en particular, tras la impresionante movilización contra la guerra, que el 15 de febrero inundó con una riada humana las calles de la capital. Pero lo que no esperábamos muchos era que, además, se produjera una movilización del electorado en apoyo del PP, un electorado que parecía noqueado por el apoyo gubernamental a la guerra en Irak, el autoritarismo y la represión empleada por el ejecutivo de Aznar.
El PP había alcanzado sus mejores resultados en 1995, mientras en 1999 sufrió un importante desgaste del que salió airoso por el mal estado de la izquierda. En esta ocasión ha conseguido recuperar parte del apoyo de entonces, sin llegar a repetir el resultado, ni en el Ayuntamiento ni en la Comunidad.

En los 90 la derecha ha conseguido recuperarse después de la crisis de los años anteriores y consolidar una base social, apoyándose en el auge económico y en la maltrecha situación de la izquierda en general. Ese factor ha pesado más de lo que pensábamos para una parte de la sociedad.

Un sector importante de la población identifica al PP con la buena situación económica de estos años y lo ha puesto de relieve en las urnas. A eso hay que unir su discurso del miedo a la delincuencia, a los inmigrantes "ilegales", al paro que vendrá si gobiernan los "rojos", que tiene un efecto en una parte de la población que confía en que todo seguirá marchando bien para ellos o irá mejor en el futuro si la derecha sigue gobernando.

Desde el año 95, la producción de la Comunidad de Madrid ha pasado de 111.948 millones de euros (más de 18 billones de pesetas) a 170.950 millones de euros (más de 28 billones de pesetas), con un crecimiento de más del 50%. En ese periodo el excedente bruto de explotación (los beneficios empresariales) han crecido año tras año, sin excepción. El número de afiliados a la seguridad social crece en más de 500.000 afiliados, un 20% más… El endeudamiento galopante, la precariedad laboral, la insuficiencia de servicios sociales, constituyen una bomba social de relojería para el momento en que el ciclo económico cambie pero quedan atenuadas, para una parte de la población, en la época de bonanza.

¿A quién beneficia la "moderación"?

Ahora hay quien, como José Bono, cree que la izquierda debe moderar más su discurso para "pescar en los caladeros de la derecha". Si eso fuera cierto, en el Ayuntamiento de Madrid cabría haber esperado unos mejores resultados, pues Trinidad Jiménez representa al sector más moderado del PSOE, y sin embargo es derrotada en toda línea.

Era la candidata de Rodríguez Zapatero, designada por la Ejecutiva Federal del PSOE y se percibía en la militancia socialista que no era precisamente alguien que cosechara entusiasmo por su parte. Jiménez era "transplantada" del Área internacional del PSOE al Ayuntamiento de Madrid ¿no hubiera sido más lógico que la candidata fuera alguien con experiencia de años en la labor municipal como Cristina Narbona o Matilde Fernández, o el propio Simancas que hasta ahora era concejal de este Ayuntamiento? Esas operaciones pasan factura como se ha podido comprobar.

La "moderación" de Jiménez quedó acreditada en un reunión con los principales empresarios madrileños: Fernández Tapias (presidente de la Cámara de Comercio de Madrid), Florentino Pérez (ACS), Elena Gil (Caja de Madrid), Juan Hermoso (el Corte Inglés), etc. Sus empresas se llevan el grueso de las contratas públicas y gestionan la mayor parte del suelo de Madrid. El objetivo de la reunión era propiciar "un clima de confianza" con el mundo empresarial y Jiménez afirmó que hubo un diálogo "muy franco y muy intenso", manifestándoles la candidata su intención de tener una "estrecha relación" entre el sector público y las empresas privadas (El País, 4/4/2003).

Parece que a pesar del buen rollito de la aspirante a alcaldesa, a la patronal de la construcción no le hace gracia el empeño mostrado por su compañero de elecciones Rafael Simancas cuando insistía que iba a combatir la especulación inmobiliaria. El mes de abril, en el Club Siglo XXI afirmó: "seremos beligerantes en la lucha contra la especulación, en reactivar la oferta de viviendas sociales y en la promoción de suelo para viviendas protegidas. Y si esto no es suficiente, imaginaremos más medidas hasta frenar esta desbocada cabalgada de los precios. Y si nos llaman intervencionistas, que nos lo llamen".

Quizás no tengamos ocasión de saber si hubiera cumplido o no sus propuestas, pues Simancas corrió a manifestar pocos días después de las elecciones que se había puesto "la corbata de presidente y hay que ser más moderado" (El País 2/6/2003), y que no aprobaría ninguna ley sin antes haber "dialogado, negociado y acordado con todos los representantes de la ciudadanía, políticos e institucionales, también con el PP".

Sin embargo, su predisposición a la moderación, parece que alentada desde la sede Federal del PSOE, no iba a ser convincente, al menos para una parte del sector del "ladrillo" no quiso arriesgarse a comprobarlo. El pacto que se negociaba con IU y que de momento daba a ésta la Consejería de Vivienda, además de Medio Ambiente y Servicios Sociales o Juventud y Deportes, no debió gustarles nada.

No es casualidad que la trama que, según ha denunciado la Cadena Ser, se levanta detrás de los dos diputados "traidores" del PSOE esté formada por empresarios dedicados al negocio inmobiliario. Para éstos la mejor opción era que ganara la derecha, pues bajo su mandato se han hecho de oro en la vorágine especulativa madrileña, con Manzano o con Gallardón. Cualquier proyecto, por moderado que fuese, que pretendiese regular el uso del suelo y detener la crecida de los precios de la vivienda chocaba directamente con un sector que vivía precisamente del alza de los mismos.

Poco sabemos del acuerdo en negociación, pero al parecer, el proyecto de promover cerca de 100.000 viviendas de protección oficial sí estaba entre ellos, algo que con seguridad no es ajeno a la reacción de los diputados Tamayo y Sáez.

El gobierno de la izquierda

Todo el mundo en estas elecciones esperaba un acuerdo de gobierno entre el PSOE e IU. La derecha no perdió ocasión de insistir en el acuerdo de "comunistas y socialistas", también en Madrid. Juan José Güemes, número tres de la candidatura del PP a la Comunidad de Madrid, denunció los pocos escrúpulos democráticos de Simancas al tratar de formar gobierno con IU "una formación política que bordea los límites de la Constitución, en gran parte de sus posturas en el País Vasco y fuera de él" (El País, 2/6/2003). No hace falta mucha imaginación para ver hasta dónde pueden llegar las consecuencias prácticas de las palabras de Güemes el día de mañana.

La posibilidad de que se formara un gobierno de la izquierda en la Comunidad de Madrid, despertó no sólo las iras de la derecha, sino expectativas entre buena parte de los trabajadores y de la juventud. La mayoría lo veían como una oportunidad de cambiar multitud de cosas que les preocupan en la educación, la sanidad… Y sólo hacía falta rascar un poco para ver que no se trataba de una confianza ciega pues era habitual que también te dijeran que se trataba de hacer otra política radicalmente distinta de la derecha, que para hacer lo mismo con matices no hacía falta ningún cambio. El "golpe de estado" vivido en los días pasados ha generado sentimientos de rabia frente a la derecha y la patronal, pero también una profunda decepción respecto a sus organizaciones, y es difícil saber qué predominará en unas posibles nuevas elecciones.

El apoyo de IU al candidato socialista en la investidura ya había sido anunciado en cualquier caso, lo que estaba en discusión era la posibilidad de entrar a formar parte del gobierno. Esta postura dejaba claro que ni por acción ni omisión un voto de IU serviría para que gobernase el PP y eso era vital. Pero además, hay que demostrar que un voto a IU no es, al final, un voto para el PSOE sin más consecuencias.

De hecho, no debemos pasar por alto que IU no ha sido capaz de movilizar todo su electorado potencial por que hay una parte del mismo que no se fía de que esa política de acuerdos con el PSOE no acabe siendo una renuncia a aplicar una política de izquierdas, pues no en vano han gobernado durante años aplicando políticas que no eran precisamente de izquierdas. Por eso es particularmente importante que quede claro que IU quiere entrar en un gobierno para aplicar un programa de izquierdas, con compromisos concretos.
No se trata de condicionar la entrada a que se prohiban las bases de la OTAN en Madrid, algo que la mayoría vería como una excusa para no entrar, sino un plan concreto para hacer viviendas de protección oficial acordes con las necesidades y a precios accesibles, impedir con todos los recursos legales a su alcance la especulación con los suelos públicos mediante una nueva Ley del Suelo, transformar la Sanidad pública madrileña incrementando tanto las plantillas como el número de hospitales y centros de salud en consonancia con el número de habitantes de los barrios y localidades madrileñas, creando una red de escuelas infantiles pública que dé cobertura a las necesidades reales, poniendo fin a las privatizaciones y a los contratos basura aplicados por las propias administraciones, abriendo un proceso que termine con la subvención de los centros educativos y sanitarios privados, abanderando la defensa de los derechos de los trabajadores y democratizando la administración autonómica y propiciando lo mismo en las municipales. En todo eso hay que ser "radicales", tanto como lo ha sido la patronal madrileña en la especulación y el enriquecimiento a lo largo de estos años.

De hecho, Simancas ya había manifestado su intención de ir en esa dirección y la obligación de IU es tomarle la palabra e impulsarle hacia la izquierda. Por eso sólo cabía entrar en un gobierno en función de un programa claro y público o no entrar si éste programa no estaba sobre la mesa. Explicado en esos términos nadie vería mal tanto una decisión como la otra.

Así mismo había que tener presente que si ese programa no se llevaba a cabo IU abandonaría inmediatamente el gobierno, pero ¿quién decidía eso? Pues el mismo que debería decidir si se entra o no, el conjunto de la militancia de IU. Ahí está la cuestión: primero un debate del acuerdo de gobierno y después decidir. Y a partir de ahí, si se decide entrar, un seguimiento periódico de la participación en el mismo. En un plazo no superior a seis meses debería convocarse una asamblea o convención de balance y hacerlo, además, de manera habitual en todos los ámbitos de IU-CM.

Ideas socialistas y democracia

El caso es que lo acontecido con los diputados socialistas ha puesto de relieve, como el propio resultado electoral, las carencias de la izquierda. En la Comunidad gana ésta y no se puede aprovechar la victoria por la crisis desatada en el PSOE.

La pregunta es inevitable: ¿Cómo estos dos individuos, o su líder -el empresario Balbás-, su mujer… eran dirigentes del PSOE? Una de las claves, está en la aceptación del punto de vista de los empresarios en los temas más importantes y no poner en cuestión el capitalismo, lo que conduce no sólo a una influencia decisiva de las ideas de la burguesía en la organización, sino a que ésta llega a formar parte física de la propia organización. Como dice el refrán, aquellos polvos trajeron estos lodos. Por tanto, hay un problema ideológico, la falta de una alternativa consecuente frente a la del capitalismo y una burgesía que, como siempre, no repara en medios a la hora de defender sus intereses.

Pero además hay otro, que no deja de estar relacionado con el anterior, la escasa vinculación entre las organizaciones de izquierdas y su base social, los trabajadores y la juventud, y la de la base de estas organizaciones y sus direcciones. En ambos casos hay una profunda desconexión. Las asambleas están vacías y los líderes se dedican a pactar entre los lobbies de poder -que no corrientes políticas, completamente necesarias e inevitables- el reparto de los puestos que les dan los electores con sus votos cada cuatro años, cuya función también se reduce a depositar una papeleta en la urna… y, como hemos visto en Madrid, a veces ni eso nos vale.

Esos problemas aunque son más agudos en el Partidos Socialista, no son exclusivos de él, sino que en mayor o menor grado existen en todas las organizaciones de la izquierda sindical y política.
Los acontecimientos vividos en Madrid ponen de relieve que un gobierno de izquierdas que pretenda aplicar una política de izquierdas contará con la oposición activa de la burguesía y de sus representantes políticos, y que tendrá que apoyarse en el movimiento vecinal y los trabajadores.
Y para ganarse su confianza, no basta con esperar el desgaste natural de la derecha, las organizaciones de la izquierda deben poner su casa en orden tanto en el terreno de las ideas como en sus métodos de funcionamiento.