VII Asamblea Federal de Izquierda Unida

VII Asamblea Federal de Izquierda Unida

Una oportunidad que debemos aprovechar

Hay que volver a demostrar la vitalidad del socialismo, defender un punto de vista de clase y la democracia interna en la organización

Jordi Escuer (Coordinador de IU-Latina/Madrid)

Izquierda Unida inaugura una nueva Asamblea Federal, la séptima desde su constitución. Los resultados electorales de los últimos comicios, en Madrid y en Catalunya, ponen de relieve que IU es necesaria y tiene potencial de desarrollo. Pero seguimos lejos de alcanzar los resultados del pasado y nada garantiza que de ahora en adelante sólo quepa ir mejorando. Por eso, la Asamblea

Federal debería ser una buena ocasión para profundizar en todos los aspectos, empezando por cuál es nuestra alternativa a esta sociedad y respondiendo a la pregunta de si otro mundo es posible con argumentos, con un programa que sea capaz de ilusionar a quienes nos apoyan y, con el tiempo y la experiencia a la mayoría de los trabajadores. Un debate a fondo, sin medias tintas sobre nuestra política es la mejor ayuda que podemos darle a nuestra organización y no otro tipo de pugnas.

En los últimos tiempos estamos contemplando una reactivación de las movilizaciones que da motivos para el optimismo, ya no vale el argumento de que "la gente no quiere luchar". Sin embargo, todos podemos ver que esas movilizaciones no están encontrando expresión electoral, por lo menos en el grado que cabría esperar. Es significativo el hecho de que la abstención se concentre en las localidades y barrios con mayor peso social de los trabajadores. Si queremos que eso cambie, tenemos que demostrar en todos los ámbitos que IU no es "igual a todos".

No lo conseguiremos si seguimos con políticas como la que nos lleva a participar con el PP en la dirección de Caja de Madrid, una de las principales entidades financieras de este país, si seguimos votando a favor de aumentos salariales de los cargos electos en los ámbitos donde estamos, si acordamos pactos de gobierno como el de Frutos-Almunia que aceptaba el Pacto de Estabilidad de la UE y los compromisos con la OTAN. Tampoco lo lograremos participando en pactos con el PP como el de Toledo, que lejos de ser un foro para la defensa de las pensiones públicas lo es para su desmantelamiento paulatino.

Las tesis políticas han sido acomodadas a la política que ha practicado nuestra dirección estos últimos años, al tiempo que lanza guiños a todo el mundo -movimiento antiglobalización, ecologismo, feminismo…- en un afán de contentar a cuantos más mejor. Con ellas en la mano se puede justificar continuar con la política que señalábamos anteriormente

Un punto de vista de clase

El primer defecto del documento es que carece de un punto de vista de clase. Para sus autores, las palabras con que arranca el Manifiesto del Partido Comunista "la historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases", no es algo de aplicación en la política contemporánea.

De hecho, si algo está poniendo de manifiesto la "globalización" capitalista es el carácter irreconciliable de los intereses de los trabajadores y el capital, pues toda la política que hoy se aplica -desde Bush a Schroeder, de Blair a Chirac, pasando por Aznar- sólo persigue continuar aumentando la explotación de los trabajadores, la entrega a manos del capital de nuevos trozos de la tarta del Estado del Bienestar (sanidad, pensiones, servicios sociales…).

El documento habla "nuevos sujetos sociales" en numerosas ocasiones y no queda claro a qué ser refiere: ¿son los jóvenes nuevos sujetos sociales? ¿los campesinos pobres? ¿los pequeños propietarios?… ¿Es el movimiento antiglobalización un nuevo sujeto social? La sociedad se divide en clases sociales, ¿ha aparecido alguna nueva durante los últimos veinte años? Desconocemos que así haya sido.

Lo que sí ha sucedido es que hoy existe la clase obrera más numerosa de la historia humana, fruto del desarrollo económico acaecido. El proletariado es el producto más genuino del capital. No pretendemos idealizar a los trabajadores, pues tampoco Marx ni otros destacados marxistas lo hacían. Si es cierto que la ideología dominante en una sociedad es la de la clase dominante, eso incluye ahora o en el siglo XIX a la clase obrera. Engels, cuando le preguntaban qué pensaba la clase obrera británica, contestaba que lo mismo que el burgués británico.

El marxismo nunca ha idealizado a la clase obrera, pero la ha considerado el sujeto revolucionario central para el socialismo, pues tiende a ser la mayoría de la sociedad -así sucede en los países desarrollados- y el sistema cada vez trata de explotarla con más intensidad, haciendo su vida cada vez más precaria y sometida a la incertidumbre… Todo ello va alimentando los conflictos entre la patronal y los trabajadores y, la experiencia es la principal escuela de la clase obrera. Desde luego que lo dicho no agota la cuestión, pero es el principio.

Se insiste en las dificultades para el sindicalismo de clase fruto de la fragmentación de la clase obrera, la externalización… ¿Si la patronal y el Estado están desmantelando los derechos laborales no demuestran la necesidad de que existan sindicatos de clase? ¿No era extremadamente precaria la situación de los trabajadores en los inicios del sindicalismo de clase, mucho más que ahora?

En realidad, lo que pone en evidencia es la necesidad de un cambio de política drástico por parte de las direcciones sindicales actuales, que no están a la altura de las circunstancias. ¿Cómo se puede combatir la política de privatización de las pensiones del PP y firmar un plan privado de pensiones para 500.000 funcionarios, como hizo hace poco Fidalgo? ¿Cómo vamos a organizar a los trabajadores si no tenemos una alternativa a la política de la patronal, si apoyamos la misma política pero con matices? Por cierto, en el documento no hay ni una sola crítica a las direcciones sindicales ¿por qué?

La globalización, caracterización y alternativa

El documento insiste vehementemente en que IU debe convertirse en el representante político del movimiento antiglobalización, al que elogia con desmedido entusiasmo. Siendo cierto que IU debe aspirar a cosechar el apoyo del movimiento antiglobalización y, a su vez, a impulsarlo, para poder hacer eso primero hace falta tener las ideas claras y ser capaces de ofrecer un programa al movimiento que pueda despertar ese apoyo. No se trata de aceptar sin más cuantas propuestas vengan de ese movimiento, tampoco de tratar de imponer nada si no simplemente de participar en él con nuestras ideas, trabajando y tratando de convencer de nuestros planteamientos.

¿Qué es la globalización? El documento abunda en datos que reflejan las consecuencias de lo que se ha dado en llamar la globalización pero a la hora de definir qué es este fenómeno y qué denota, se dice: "La globalización es… un proyecto que intenta configurar un mundo a imagen y semejanza del neoliberalismo global. Su sustancia es conocida: mercantilizar el conjunto de la vida" (p. 13). Presenta la globalización como las consecuencias de la voluntad de alguien, la imposición arbitraria de los "neoliberales" al mundo.

¿Por qué la política "neoliberal" se ha generalizado en todo el mundo los últimos 15 años? Por que ha sido la que mejor respondía a los intereses del capitalismo a escala internacional. En esencia la política neoliberal ha consistido en explotar con más intensidad a los trabajadores de todo el mundo, -de los países desarrollados y del llamado tercer mundo, a los dos, algo que en el documento a veces parece que se olvida, y basta ver la situación de los trabajadores norteamericanos…-, así como que los países ricos intensificaran el expolio de los más pobres, del medioambiente… para aumentar las ganancias, en porcentaje y en cuantía.

Y eso lo han podido hacer precisamente por que la izquierda ha pasado unos años de crisis tremenda, -restauración capitalista en el Este, incapacidad de aplicar una política diferenciada de la que proponía la derecha-, que ha dado la iniciativa a la burguesía, y ha marcado una época muy distinta de la que se vivió desde finales de los 60 a mediados de los 80, años de crisis económica y política que llegaron a amenazar al sistema.

Que las fuerzas productivas hayan adquirido un desarrollo mayor y una integración mundial tan grandes expresan la tendencia natural del capitalismo a desarrollar el mercado mundial. El problema es que el capitalismo no desarrolla las fuerzas productivas para atender las necesidades de la sociedad sino para aumentar sus ganancias, y éstas provienen de explotar a los trabajadores de todo el mundo y su forma de funcionar la explicó muy bien Marx: cuanto más se desarrolla la economía bajo el capitalismo, mayor es la miseria que se acumula en un extremo de la sociedad y mayor la opulencia que se acumula en el otro. Eso es lo que está pasando con el capitalismo contemporáneo, eso es la globalización capitalista y le da la razón a Marx.

El documento no dice nada de algo que es un hecho: la confirmación del análisis básico del marxismo y la necesidad de reivindicarlo no como dogma, sino como método de análisis y programa para nuestra organización.

El socialismo

Frente a la globalización capitalista debemos plantear una alternativa. ¿Cuál es? El texto oficial habla de "un nuevo tipo de socialismo" y de "una apuesta inequívoca por un nuevo orden social que ponga fin a la prehistoria de la humanidad y que sitúe a las personas, a los hombres y mujeres concretos, como sujetos activos de la historia, como portadores del sentido y de búsqueda de una vida digna en armoniosa relación con nuestro finito planeta" (página 11), del socialismo como "una expectativa de cambio que hará nuestro mundo mejor y más habitable" (35). ¿Quién puede estar en contra de que el hombre o la mujer "concretos" vivan en armonía con el planeta y sean sujetos activos de la historia, o de un mundo mejor y más habitable?

Y es ahora donde esto enlaza con lo anterior. Si el capitalismo sólo alimenta la desigualdad, la miseria, el recorte de los derechos sociales, laborales, democráticos y los conflictos militares: entonces no hay duda hay que ponerle fin. Ahora bien, si es el "neoliberalismo" o la "globalización", en abstracto, quizás quepa otra forma de gestionar el sistema que lo haga más humano, más llevadero. Es importante dejar claro que se piensa respecto a esto. El texto dice que "El neoliberalismo ha introducido, no obstante, algunos cambios radicales que hacen muy difícil pensar que este modelo puede ser reconducido hacia una globalización de rostro humano más amable para las mayorías hoy excluidas" (p. 13). "Difícil", no imposible.
Las consecuencias de la globalización que se denuncian -recorte del gasto social, de los derechos laborales, privatizaciones, concentración del poder económico y político, retroceso de los derechos democráticos, militarización, utilización de los medios de comunicación, inestabilidad social…- son el resultado del capitalismo tal cual es, y lo que reivindicamos es precisamente el fin del capitalismo. Y el capitalismo, como tal, se sustenta en unas relaciones de propiedad.

El socialismo es impensable si no se cambian dichas relaciones de propiedad. Es curioso que en el propio texto se afirme que el socialismo "es algo más que la socialización de los medios de producción" (37)… desde luego, pero en primer lugar y antes que nada, es la socialización de las fuerzas productivas, algo que no se dice en ninguna de las numerosas páginas del documento. La abolición de la propiedad privada de las grandes fuerzas productivas y su socialización es una condición indispensable para que el socialismo sea posible. No tengamos ninguna duda de que mientras las grandes multinacionales sean las dueñas de los principales medios económicos no tolerarán ninguna dosis de socialismo, por pequeñita que sea. Que todo no se acaba aquí ya lo sabemos, pero sin esto de nada más cabe hablar.

Si el socialismo de "nuevo tipo" consiste en que no hay que pedir eso, entonces ya no estamos hablando de socialismo, sino, en el mejor de los casos, de lo que planteó Bernstein, que gradualmente el capitalismo iría transformándose en socialismo por acción de la socialdemocracia. Un siglo después, los hechos tercos nos demuestran que no, que quien se ha transformado es la socialdemocracia que ahora desmantela las reformas que ayer conquistó el movimiento obrero.

Una de las conclusiones que debería explicarse en el documento es que las reformas que logre el movimiento obrero con su lucha nunca serán definitivas bajo el capitalismo, o dicho de otra manera, sólo pueden consolidarse si terminan en una transformación socialista de la sociedad. La experiencia del movimiento obrero es fiel testimonio, pues los logros de la generación anterior ya no están garantizados para la nueva generación de trabajadores, que se enfrenta a la más absoluta precariedad ahora y de cara al futuro.

La Unión Europea

Tampoco en este apartado queda una postura clara. Y las consecuencias se notan, pues no el texto no es capaz de posicionarse frente a la cuestión de la Constitución europea, de la que dice: "El debate sobre la actual propuesta de Tratado constitucional no puede desligarse del debate social"… -para añadir- "el riesgo que se corre es que las loas a una Constitución todavía mal definida (…) coincida con recortes sociales (…). La conclusión de todo esto sería una separación aún mayor entre lo social y lo político, entre la clase política y la ciudadanía y una agravamiento de la crisis política ya existente en nuestras sociedades" (p.21). ¿En que quedamos? Si una cosa no puede separarse de la otra ¿cómo evitar que coincidan?

Y es que la constitución europea sí está bien definida en lo que respecta a los temas sociales y que afectan a los trabajadores, así como en otras cuestiones de primer orden para las distintas burguesías europeas. Está hecha a su medida, como todo el proyecto de la UE, y su ampliación, que es el marco para seguir intensificando la explotación de los trabajadores al servicio de las grandes empresas europeas. Por eso no hay ninguna duda de que no podemos apoyar la constitución europea, ni críticamente, que no es ningún paso adelante como defiende algunos de nuestros dirigentes europeos.
Pero luego, el texto afirma que la izquierda "que explícitamente sigue defendiendo un proyecto de transformación socialista de la sociedad, aparece dividida en estos temas entre opciones de integración crítica en el proyecto europeo y de repliegue sobre el escenario estatal-nacional" (p.23). Eso no es inevitablemente así, nosotros no podemos tener nada que ver ni con el proyecto de las burguesías europeas ni con el nacionalismo. Somos partidarios de una Unión Europea sí, pero no la de las multinacionales, sino de los trabajadores, de los pueblos, una Unión Europea Socialista.

En este tema debemos ser más claros y rotundos que nunca. Una planificación democrática de la economía a escala europea, unos derechos sociales reales para todos los pueblos del continente, un gobierno europeo democrático, en una Europa Federal, donde la unión fuese voluntaria y respetuosa con el derecho de autodeterminación, sí sería una alternativa impresionante al imperialismo norteamericano, o a cualquier otro.

La evidente necesidad de una alternativa europea se ve si pensamos en cuánto podría durar un gobierno de izquierdas aislado que, por ejemplo, devolviera al sector público todo lo privatizado por la derecha -es decir, nacionalizara-, o que aplicara una fiscalidad progresiva. También se hace evidente frente a empresas multinacionales con factorías en distintos países y con la posibilidad de trasladarse a unos u otros según les convenga.

Mientras abogamos por esa Europa, somos los más firmes defensores de la unión del movimiento obrero a escala continental, pues esa es la fuerza que puede para los pies a la Europa de los mercaderes. De hecho, es la política actual de la UE, que alimenta las desigualdades y fomenta los enfrentamientos, la xenofobia, la mayor amenaza para el futuro de la UE.
El documento, en distintos momentos, marca diferencias entre Blair, Berlusconi y Aznar, por un lado, y Chirac, Schroeder por otro. Sin duda las tiene, pues todos quieren el máximo poder. Pero presentar a unos como más "demócratas", más partidarios del consenso, o de la solución negociada de conflictos es engañar a la gente. Pues todos ellos coinciden en la misma política de agresiones a los derechos de los trabajadores, sin excepción, y sus diferencias surgen de cómo se reparten el pastel de la UE. (ver páginas 31, 21, etc)

La guerra y la paz

La afirmación de la página 17: "no resulta extraño que la guerra reaparezca como mecanismo de regulación de las relaciones internacionales", lleva a uno a preguntarse cuándo ha desaparecido tal mecanismo. El propio párrafo anterior dice "En el 2000 permanecían activos 24 conflictos armados de los que 15 duran ya más de 8 años…". En fin, las relaciones internacionales han sido y son relaciones de fuerza y la guerra, como se sabe desde hace mucho tiempo, es "la continuación de la política por otros medios".

En la misma página: "La militarización de la seguridad es un obstáculo para la democratización del gobierno del mundo y una seria dificultada para imponer un sistema de seguridad humana basado en la cooperación, la prevención y solución diplomática de los conflictos y en la desmilitariazación de la seguridad". Pues sí, la militarización es un serio problema para la desmilitarización…

El caso es que el documento debería explicar que los Estados son los que defienden los intereses de la clase dominante -y el norteamericano más nítidamente que nunca-, que las guerras son por el reparto del mundo y que, mientras haya capitalismo, con seguridad habrá guerras. ¿O piensan que no? ¿qué el capitalismo puede resolver diplomáticamente sus desavenencias siempre, si hay voluntad?

En realidad habría que denunciar la hipocresía de la ONU que estaba dispuesta a sancionar la invasión de Irak si se la ponía formalmente al mando. Una ONU democrática, entre las actuales potencias es sencillamente imposible.

De hecho, en la página 33 dice "la guerra de Irak ha puesto de relieve que los poderes dominantes no tendrán ningún rubor en hacer uso de las fuerza par imponer o reponer su orden", una opinión que compartimos plenamente, pero con la que el resto del documento no es muy consecuente.

Cuando se habla de la alternativa 1) rechazo a la guerra algo con lo que estamos de acuerdo, sin embargo se habla de "desmilitarizar la seguridad", de una política exterior fundamentada en el respeto al derecho internacional y el rediseño de NNUU como gobierno democrático del mundo", de crear "ejércitos transarmados" (¡qué es eso!) y de un "sistema de defensa alternativo y no violento" (¿cómo puede ser no violenta una defensa en caso de tener que ejercerla?). Si hay un nuevo golpe de estado en Venezuela ¿les aconsejamos la "defensa no violenta"?

Debemos rechazar las guerras de las potencias imperialistas, denunciando sus objetivos que no son otros que el expolio y la dominación del mundo. Pero no debemos alimentar falsas ilusiones en un mundo en paz bajo este sistema social, sino abogar por cambiarlo y entonces podremos tener un mundo en paz, como realmente queremos. Antes habrá que desarmar a la burguesía. Después de lo que el documento dice de la guerra en Irak alguien puede creerse que es posible un mundo no violento mientras la burguesía y sus representantes lo domine, y que estos abandonarán por la buenas el poder.

El gobierno del PP

El documento le reprocha al PP que se comporte como un gobierno de derechas, que defiende los intereses de los grandes empresarios: pues de eso se trataba y eso hay que explicar. Controlar el poder judicial, los medios de comunicación, las empresas privatizadas, las concesiones de contratas, las leyes, la unidad de la patria. Lo sorprendente hubiera sido que hicieran otra cosa.

Se queja de que reediten los modos y el lenguaje del franquismo y dice que la UCD no se hubiera atrevido a tanto. Pues claro, la política es una cuestión de correlación de fuerzas entre las clases, hace 20 años la UCD tenían delante un movimiento obrero al que temía ¿por qué si no cayó la dictadura? Desde luego no la trajo el rey. Si ahora actúan así es precisamente por que se sienten más fuertes que Suárez y cia, y lo son, por la debilidad del movimiento.

Sin embargo, el documento dicen que los del PP no son los continuadores del franquismo. Seguro que los ponentes conocen el chiste de Pedro J. y Franco. En fin, si no lo son ¿qué son? Todavía estamos esperando que condenen el "glorioso alzamiento nacional".

Sorprende leer que: "las prácticas del PP subvierten la confianza imprescindible que debe presidir los conflictos en un sistema democrático". Vamos, que la burguesía se olvida de la democracia cuando le conviene ¡qué novedad! Siempre suponiendo que en eso consistía la democracia para la burguesía, que por eso debíamos hablar de "democracia burguesa", y que por ese motivo defendemos que es en el socialismo donde la democracia puede adquirir su pleno desarrollo y sentido. Eso es lo que tendríamos que explicar, que al PP le importan mucho más los intereses de los grandes empresarios que los de los trabajadores. Que se acuerda de la Constitución sólo cuando se trata de la patria, pero que la mete en un cajón cuando se trata de los beneficios empresariales (vivienda, empleo…). Que, al final, las leyes pesan menos que el poder económico real y que por eso hay que cambiar las relaciones de propiedad…

Y, si nuestra capacidad de asombro es inagotable, el ponente nos recrea con "Detrás de la especulación ubanística y de los desorbitados precios de la vivienda está la mafia inmobiliaria que ha agradecido que las administraciones gestionadas por el PP les hayan dado vía libre para dedicarse al negocio y abandonar su responsabilidad social". ¿Cuál es la responsabilidad social de las inmobiliarias? Otra vez se le olvida al ponente que los empresarios sólo tienen una finalidad: las ganancias. Y eso es así tanto si hacen pisos, lavadoras, lápices de colores o bombas de fragmentación. Justamente por eso queremos cambiar el sistema.

De hecho, el problema de la vivienda, con el PSOE no alcanzó las cotas del PP, pero manifestó los mismos problemas: subida de precios, caída de construcción de VPO… ¿por qué será?

Si el PP se ha mantenido ha sido por las razones expuesta en el documento -auge y una oposición, política y sindical, que no estaba a la altura de las circunstancias. Esos factores aún pesan, pero la situación económica está cambiando y también se está recuperando el movimiento. Lo que necesitamos es una oposición consecuente.

Unidad de la izquierda

Aquí entra en juego el papel de la unidad de la izquierda, pues en este país es un tema central, pues hay dos organizaciones políticas principales -más algunas de ámbito autonómico- y sin una política correcta estamos perdidos.

Si la política del PSOE y PP son lo mismo era un desastre, la de entrar en los gobiernos a toda costa también lo es. Hay que recordar Francia. Basta ver lo que pasó en las anteriores generales, donde la dirección de IU -con Frutos al frente- firmó un pacto de gobierno conjunto en el que se respetaba la OTAN y los compromisos adquiridos. ¿Qué hubiésemos hecho con la intervención en Afganistán o en Irak? Es necesario demostrar que somos capaces de prever los acontecimientos y ser consecuentes con nuestras ideas: no se puede entrar en un gobierno del país que acepte la OTAN y mantenga las bases, por ejemplo.

Este ejemplo también demuestra lo que se podría ganar de apoyo si somos capaces de mantenernos firmes en nuestra política y ser consecuentes. Queremos un gobierno de izquierdas, más que nadie, pero con un programa: se discute públicamente y si no hay acuerdo, voto en la investidura y a la oposición. Los puestos ganados a costa de nuestro programa son, políticamente hablando, pan para hoy y hambre para mañana.

El documento deja todo abierto en la política de alianzas con "acuerdos de geometría variable", "frente a un enemigo tan poderoso como es la derecha gobernante y sus alianzas internacionales lo que corresponde es sumar tantos sectores sociales y políticos como sea posible". Así pues, gobernar con el PNV encaja perfectamente o una reedición del acuerdo Frutos-Almunia. Eso acabaría pasando factura a nuestra organización.

Democracia interna

Por último, nuestra organización necesita predicar con el ejemplo también en el terreno de la democracia interna. No lo hacemos muy bien en esta Asamblea Federal cuando apenas se ha dado tiempo para debatir los documentos y, en el transcurso de la propia asamblea, el orden del día sólo prevé emplear una hora y media para discutirlos en comisiones. ¿Hay verdadero interés en ese debate?

En materia de democracia interna, no vamos a descubrir la pólvora, se trata de que las asambleas tenga su capacidad real de debate, la información y el derecho a decidir. Es insostenible que se den casos como el de la Asamblea de Madrid-Ciudad que no puede elegir la candidatura a su propio Ayuntamiento. Es necesario que las candidaturas a las instituciones se elijan mediante primarias, que se limiten los mandatos, así como que se establezca un límite en los salarios de nuestros cargos. Debe ser obligatorio que antes de tomar decisiones de gran importancia como es la entrada en un gobierno se dé un margen para discutir las condiciones concretas y que el conjunto de la militancia tenga la última palabra mediante un referéndum o el pronunciamiento de las asambleas.

Cualquier afiliado o afiliada de IU tiene que sentir que realmente es parte de la organización, que no cuenta sólo cuando hay que salir a pegar carteles, sino para todo. Esa es la manera de incentivar la participación. Si todos los compañeros comprueban que eso es así y desde fuera, también lo puede percibir todo el mundo, será un poderoso acicate para incorporarse a nuestra labor. Por tanto, es una cuestión crucial para el futuro de Izquierda Unida.