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Editorial

Elecciones en Catalunya La derecha no da tregua

El PP ha redoblado el paso en su política de ataques a los derechos sociales y democráticos. El gobierno aprueba un proyecto de ley que permitirá meter en la cárcel al propio Lehendakari si se le ocurre consultar al pueblo vasco su opinión sobre la relación con el Estado español. También prohiben que las comunidades autónomas complementen las míseras pensiones no contributivas -unos complementos, por cierto, no menos míseros-. Se endurecen las leyes contra los trabajadores inmigrantes y se reafirman en la ocupación militar de Irak. Y, por si hay alguna duda, si ganan las elecciones, Rajoy anuncia nuevas reformas laborales en beneficio de los empresarios. A la sazón, se niegan a participar en un homenaje a las víctimas de la guerra civil y de la dictadura franquista en el Parlamento. No debería sorprender a nadie que la derecha actúe así, es consecuente con los intereses de clase que defiende, la cuestión es ¿quién se le va a oponer?

Zapatero declara el fin de la "oposición responsable" y el inicio del "cambio responsable". Tan responsable que, a partir de ahora se oponen a pedir el regreso de las tropas enviadas a la ocupación militar de Irak. Con el tema vasco se coloca a remolque del PP y su rancio nacionalismo español. Para colmo el presidente extremeño Ibarra declaró que si el PP hubiera empleado métodos como los de ETA para acabar con el grupo terrorista, "nosotros no hubiéramos metido a nadie en la cárcel, incluso hubiéramos mirado para otro lado" (El País 27/11/03).

En el Pacto de Toledo dan un nuevo espaldarazo a la política del PP en el terreno de las pensiones, ¿cómo se puede participar en un pacto con el PP para defender las pensiones públicas cuando la derecha sólo pretende ir dejándolas en una mera beneficiencia y pasando el grueso de la tarta a las aseguradoras privadas?

Semejante oposición explica muy bien que el PSOE esté retrocediendo ante el PP en todas las encuestas, amenazando seriamente la posibilidad de derrotar a la derecha en el 2004.

Tampoco las direcciones sindicales ayudan mucho a combatir a la derecha cuando le piden todos los días a Aznar que vuelva a la época de consenso que practicó en la primera legislatura. Pretender consensuar con el PP una política favorable para los trabajadores, siempre ha sido como poner a la zorra a cargo del gallinero y, a estas alturas, no debería ofrecer dudas. El PP ha declarado un enfrentamiento sin cuartel con el movimiento obrero y los derechos democráticos, y es un disparate contemporizar con ellos.

Las elecciones catalanas

El resultado del PSC en las elecciones catalanas es un nuevo aviso, después del obtenido en Madrid, de que a la dirección socialista le pesa demasiado el pasado. El no haber sido capaces de hacer un análisis crítico de sus 14 años de gobierno, donde abrieron las puertas a la precarización laboral, a las privatizaciones y al recorte de los derechos democráticos, les deja inhabilitados para hacer una oposición seria y creíble al PP. En plena campaña electoral, pudimos ver a Maragall en la televisión defendiendo la necesidad de la flexibilidad laboral.

El retroceso de CiU es innegable, aunque menor del que temían ellos mismos después de 23 años de gobierno. El PSC ha sido partido de gobierno municipal durante ese tiempo en la mayoría de las grandes ciudades de Catalunya. En la práctica totalidad de ellas los socialistas experimentan un retroceso claro, en beneficio de Esquerra Republicana de Catalunya y de Iniciativa/ Els Verds/EUiA.

Por su parte, el PP, ha puesto en evidencia que tiene poco que hacer en Catalunya. A pesar de su significativa subida en votos, queda convertido en la cuarta fuerza política y deja de ser decisiva para la formación de un gobierno.
ERC, con un crecimiento prácticamente explosivo, ha atraído buena parte del voto que pierde CiU, parte del voto socialista y nuevos votantes, sobre todo jóvenes. La mayoría ha visto al partido de Carod Rovira, con su defensa de avanzar hacia una Catalunya independiente y propuestas sociales de izquierdas, como la fuerza más enfrentada al PP. De eso se han encargado tanto Zapatero como Maragall con su política, como la propia derecha con sus ataques continuos. No es casual que, tras el resultado electoral, el PP proponga un gobierno CiU-PSC.

Además, este resultado electoral denota que el conflicto entre el nacionalismo español y el nacionalismo vasco, que alienta el PP para obtener réditos políticos, se amplia al nacionalismo catalán para la próxima etapa política.

El voto de izquierdas

Del resultado de las elecciones en Catalunya, también podemos ver un proceso de giro a la izquierda, con el incremento de votos de ERC y de Iniciativa/EuiA. Mientras el bloque CiU+PP ha ido perdiendo apoyos en conjunto en las tres últimas elecciones autonómicas, el que representan PSC+ERC+Iniciativa/EUiA ha ido creciendo y supera en 400.000 votos a los primeros.

Ahora bien, en estas elecciones también se da un fenómeno que hemos visto en otras: la abstención mayor se da en las localidades y zonas de mayor componente obrero. Ahí se ve a las claras donde está tanto el terreno de desarrollo de la izquierda como sus tareas pendientes.

Salta a la vista que el resultado de Iniciativa/EUiA evidencia que tiene potencial para desarrollarse, pero también avisa de que hay que demostrar que se es capaz de aprovechar la oportunidad. Desde estas páginas nos opusimos a la ruptura de Iniciativa y EUiA, a pesar de que no compartíamos los planteamientos de Ribó y la dirección de Iniciativa, y hoy es meridianamente claro que la ruptura fue un error. Pero la reunificación no basta, pues al final es decisivo la política que se aplica y cómo se percibe.

Es muy correcto que aboguemos por un gobierno de la izquierda, pero también hemos de ser prudentes y dejar claro que sólo participaremos en él si hay un programa de izquierdas sobre la mesa. No podemos perder de vista lo que puede suponer gobernar con Maragall, alguien que se identifica abiertamente con Blair.

Además, ERC alberga en su seno una contradicción irresoluble, que se expresaba muy bien en su propuesta de un gobierno de concentración nacional catalán. ¡Están dispuestos a gobernar con CiU! No se puede contentar a los empresarios y a los trabajadores al mismo tiempo, por muy catalanes que pudieran ser todos. Desde el respeto a los derechos democráticos como es el de la autodeterminación, el derecho a hacer cualquier propuesta en relación con el Estatuto… es decir, combatiendo el nacionalismo español, también hemos de desmarcarnos de las propuestas de ERC, manteniendo una propuesta de clase, defendiendo un modelo federalista como la alternativa a la independencia, y la unión de los trabajadores contra el adversario de clase, español o catalán.

Una oportunidad y una responsabilidad

Igual que en Catalunya, IU tiene una nueva oportunidad y una responsabilidad en todo el Estado. Frente a la bancarrota de la dirección socialista y los ataques cada vez más salvajes del PP en todos los terrenos, tiene que ser capaz de levantar una alternativa que ilusione a los trabajadores y a la juventud.

Si somos los más consecuentes en oponernos al mantenimiento de tropas en Irak, en los recortes de los derechos sociales y democráticos, podemos lograrlo, recuperar el voto que alcanzamos en 1995 e incluso arrebatar una parte de los votos que el PSOE está perdiendo con su nefasta política.

No lo lograremos, sin embargo, si profundizamos en la política de participar en el Pacto de Toledo -absteniéndonos "positivamente" frente a sus propuestas-, ni respaldando las subidas salariales de los concejales como en el caso del Ayuntamiento de Madrid, o proponiendo la constitución de gobiernos de gestión PP-PSOE-IU como se hizo en la Comunidad de Madrid tras el affair Tamayo-Saez. Tampoco nos permitirá ganar ese apoyo si, finalmente, en la VII Asamblea se imponen las posturas partidarias de un "sí crítico" a la Constitución europea.

Al mismo tiempo, hemos de dejar claro que no participaremos en un gobierno con Zapatero, si este no retira las tropas de Irak, cierra las bases norteamericanas en España, abandona la OTAN, rechaza la Constitución europea, respeta el derecho a la autodeterminación de los pueblos y emprende una firme política de defensa de los derechos sociales: jornada de 35 horas sin reducción salarial, eliminación del empleo precario con la supresión de las ETTs entre otras medidas, drástico aumento del gasto en sanidad, educación y servicios sociales públicos. Además de la derogación de la actual ley de extranjería, la ley de partidos y todo el arsenal de contrarreformas democráticas aprobadas por el PP.

Hay que diferenciar entre la colaboración en ayuntamientos y comunidades, en el que el acuerdo puede basarse en un programa de actuación local, y la participación en un gobierno central. Hemos de ser conscientes y explicar que si IU se implica en un gobierno estatal que no respalde la política que defendemos será incapaz de abordar los problemas de nuestra sociedad y únicamente será una mera continuación de los gobiernos de Felipe González. Participar en eso sería desastroso para IU y para el conjunto del movimiento obrero.

La obligación de IU sería votar en la investidura al candidato socialista, para impedir un gobierno de la derecha y pasar a la oposición inmediatamente.

Ser capaces de mostrar coherencia en la defensa de un programa de izquierdas es la mejor garantía de futuro de IU. Hay que aspirar a ganar el apoyo de la mayoría de los trabajadores, que hoy votan PSOE, para un programa de transformación social. De hecho, si IU es capaz de lograr un fuerte crecimiento en votos, es la mejor garantía de que el conjunto de la izquierda alcanza a impedir un gobierno del PP en próximas elecciones. La oportunidad está ahí, ahora hay que ganársela.