El PSOE pierde las elecciones en la Comunidad de Madrid

Balance de las elecciones de la CAM del 26 de octubre

El PSOE pierde las elecciones en la Comunidad de Madrid

Jesús María Pérez

Las elecciones autonómicas en Madrid se tuvieron que repetir en menos de seis meses porque los constructores y los especuladores del suelo no aceptaron que se formase un gobierno de izquierdas entre el PSOE e IU. Por si había alguna duda de las motivaciones de quienes habían movido los hilos del esperpento político que hemos vivido en esta comunidad en los últimos meses, el presidente de los constructores las disipó al día siguiente de la repetición de las elecciones.

El presidente de la Asociación de Promotores y Constructores de la Comunidad de Madrid, Manuel Martí, recomendó el 27 de octubre a la presidenta electa de la Comunidad, Esperanza Aguirre, que cambie la Ley del Suelo de la región a fin de suprimir la reserva de terreno para la construcción de viviendas de protección oficial. Según Martí, Aguirre debería pensar en "cambiar la Ley del Suelo de la Comunidad de Madrid, ésa que exige esa cosa tan demagógica de reservar suelo para viviendas protegidas, que es una verdadera monstruosidad económica" ya que el suelo para este tipo de viviendas podría salir "de la liberalización". Martí insistió en que el PP debería emprender una "acción de choque" para liberar suelo y dedicarlo a hacer frente a la "tremenda" demanda de vivienda existente, causa, en su opinión, del imparable ascenso de los precios. Pocos días después Esperanza Aguirre, demostrando que defiende los intereses de este sector, declaró que iba a eliminar la vivienda protegida. El pasado 26 de octubre el PP consiguió la mayoría absoluta por 27.000 votos y un margen de dos escaños, alcanzando los 57 (aunque el último se lo arrebató a IU por 230 votos). La candidatura de la derecha obtuvo un 48,45% de los votos, un 1,8% más que en mayo, pero con 96.000 votos menos que entonces. El porcentaje del PP se mantiene por debajo del obtenido por esta formación en las elecciones autonómicas de 1995 y 1999 en las que superó el listón del 50%. El gran perdedor es el PSOE que no sólo pierde los dos escaños que le permiten tener la mayoría al PP, sino que obtiene 153.000 votos menos que en mayo y reduce un punto su porcentaje, quedándose en el 38,96%. El PSOE es sin duda el partido más afectado por la caída de la participación que pasó del 69,3% en mayo al 64% en octubre. Para el PSOE, y para la izquierda en su conjunto, la diferencia entre los resultados de mayo y los de octubre no se reducen a pequeños cambios cuantitativos sino que es la diferencia entre la victoria y la derrota, entre estar en el gobierno y seguir en la oposición cuatro años más con lo que al final de esta legislatura serán 12 años de mayoría absoluta del PP en la Comunidad de Madrid (en el Ayuntamiento serán 16). Sin embargo los dirigentes del PSOE respiraron aliviados pues "sólo" retrocedieron un punto en su porcentaje cuando temían sufrir un auténtico desplome que descartase totalmente cualquier posibilidad de luchar por la victoria en las elecciones generales de 2004. Izquierda Unida logra mantener su voto, perdiendo solamente 1.400, lo que le permite subir su porcentaje casi un punto alcanzando el 8,5%. Pero estos datos no pueden dejar satisfecha a la dirección de IU. No solo no se ganan prácticamente ninguno de los votos que pierde el PSOE, lo que podría haber sido clave para evitar la derrota de la izquierda, sino que IU, a pesar de la crisis del PSOE, queda a años luz de sus mejores resultados en la CAM en 1995 cuando alcanzó el 16% y obtuvo 17 diputados.

Factores que determinan esta situación

Es indudable que el primer factor que explica el triunfo del PP es el económico. Lo cierto es que el PP se ha beneficiado del auge de la economía internacional pudiendo presentar como consecuencia de su política económica una etapa de 10 años de crecimiento ininterrumpido del Producto Interior Bruto. Esta etapa entre 1994 y 2003 no ha beneficiado a todo el mundo por igual, pero el PP puede presentarse ante su electorado demagógicamente como el "partido del empleo", "el partido del bienestar social"…Lo más llamativo de las últimas citas electorales, en mayo y octubre, es que el sector de la sociedad que más se ha beneficiado de esa etapa de auge económico, ha acudido a las urnas a defender a su partido a pesar del desgaste político que ha sufrido en la última etapa. Por encima del escándalo del Pretige, de la posición del Gobierno del PP respecto a la guerra de Irak, los vínculos de los dirigentes del PP con la trama inmobiliaria que desató la crisis en la Asamblea de Madrid…, los sectores más acomodados han decidido defender a su partido y a su Gobierno para conservar lo que más les importa; sus privilegios y sus ingresos. Como para corroborar este posicionamiento de clase en octubre hemos visto un proceso de consolidación del voto del PP en los barrios y poblaciones en las que suele tener más apoyo electoral, y por el contrario, una perdida de votos a la abstención mayor en aquellas zonas que apoyan tradicionalmente al PSOE. El PP ha perdido más votos a la abstención que el PSOE en la zonas más obreras del Sur y en el Corredor del Henares. Mientras, el PSOE ha perdido más votos a la abstención en las zonas de apoyo tradicional al PP. En distritos como Chamartín o Retiro el 82% y el 86% respectivamente, del voto perdido en relación con el aumento de la abstención ha sido del PSOE. Pero el factor económico por sí solo tampoco puede explicar toda la situación porque hay sectores importantes de la clase trabajadora a los que el auge de la economía no ha beneficiado directamente y sin embargo no se ha creado un ambiente de participación masiva en las elecciones en las zonas más obreras. En mayo ganó la izquierda porque la participación global en la CAM se acercó al 70%. Sin embargo en la medida en que en octubre la participación cayó al 64%, retrocediendo más en las zonas más obreras, eso facilitó el triunfo de la derecha. Por tanto, el segundo factor a tener en cuenta para entender los resultados electorales de la CAM, y no necesariamente por citarlo en segundo lugar es el menos importante, es la crisis de la izquierda. La crisis de la izquierda en el Estado español no surge en esta reciente cita electoral sino que hunde sus raíces en acontecimientos anteriores que han afectado directamente a las organizaciones de la izquierda pero de los que sus direcciones han sido incapaces de extraer lecciones que infundan confianza en su electorado potencial. Nos referimos en primer lugar al desalentador resultado de los Gobiernos de Felipe González para muchos de sus propios electores. Sin embargo la dirección del PSOE sigue reivindicando la política que llevaron adelante los gobiernos socialistas entre 1982 y 1996 (Reconversión industrial, reformas laborales, privatizaciones,… todo ello aderezado con los casos de corrupción y el terrorismo de Estado). La dirección actual del PSOE no sólo no se ha distanciado de esa política sino que su deriva hace sospechar que si llega al Gobierno su actuación sea la continuación "suave" de la política del PP. De hecho los modelos de Zapatero hoy son T. Blair y Schröder, cuyas acciones principales últimamente son el respaldo incondicional a la guerra de Bush en Irak, por parte del primero, y un proyecto de recorte brutal de las pensiones de los trabajadores alemanes, en el caso del segundo. Una gran parte del electorado del PSOE es muy fiel, pero no son tontos. Muchos de ellos se dan cuenta de esto mismo y unos, la mayoría, optan por votar a pesar de todo al que siguen considerando su partido; mientras otros, optan por abstenerse, porque sin verse representados por otras candidaturas, les repugna la integración y defensa del sistema por parte de algunos de sus dirigentes.
En segundo lugar, la mayor parte de los trabajadores o votan a la izquierda o se abstienen. Es en los barrios obreros donde estos dos factores, el voto de izquierdas y la abstención, destacan sobre otros distritos electorales. Y ahí está parte del problema de por qué la izquierda no es capaz de levantar el vuelo. Es necesario plantearse cómo llegar a esos sectores que no están motivados para ir a votar. ¿IU está haciendo todo lo humanamente posible y no se puede hacer más? La cuestión es que IU no está rompiendo con esa idea que ronda cualquier conversación sobre política: "Todos son iguales". Y no rompe porque mientras por un lado se trata de explicar la idea de que la política del PP defiende los intereses de los ricos, por otro se plantea como alternativa tras la crisis de Tamayo formar un Gobierno Tripartido, con el PP y el PSOE. O se apoya que la primera medida del nuevo Ayuntamiento presidido por Gallardón sea un aumento del sueldo de los concejales muy por encima del que tienen los trabajadores. O en Caja Madrid IU acaba apoyando el Plan presentado por el representante del PP, el Sr. Blesa.
Muchos trabajadores lo que ven es que el PP ha declarado la guerra al movimiento obrero en todos los frentes. La gente obrera está cada día más harta del PP. Pero las organizaciones de la izquierda (partidos, sindicatos, asociaciones…) en vez de basarse en esa percepción y en ese cabreo creciente en la sociedad para organizar una respuesta y una oposición a partir de la participación y la movilización, parece que todos sus esfuerzos se encaminan a tratar de hacer volver al redil de la negociación y del consenso al PP.
Pero el PP no quiere ningún consenso. Como ya ha anunciado Esperanza Aguirre su Gobierno de la CAM se basará en nuevas privatizaciones de empresas públicas, reducción de los impuestos (que beneficiará a los más ricos), liberalización total del suelo y eliminar de un plumazo la vivienda protegida. No quieren consenso, quieren sacar adelante su programa. Como también ha declarado Rajoy: Si gana las elecciones generales la primera tarea que se ha marcado es una nueva reforma laboral para dar una vuelta de tuerca más en las condiciones que soporta la clase trabajadora.

La izquierda sindical y política debe cambiar decididamente de política, pues no hay nada que consensuar con la derecha. Hay que levantar un programa que recoja la defensa intransigente de los derechos de los trabajadores y de los sectores más desfavorecidos de la sociedad, que explique cómo se podrían atender, que ilusione y que convenza de la necesidad de pelear por él, tanto en las urnas como mediante la movilización. Un programa que acabe con los privilegios... Izquierda Unida tiene tanto la posiblidad como la obligación de ser la fuerza política que predique con el ejemplo y muestre que existe una alternativa a la derecha y a su sistema social: el capitalismo.