Reunión de pastores…

Reunión del G-7

Reunión de pastores…

Luis Miguel Busto Mauleón

Todos sabemos qué pasa cuando se reúnen los pastores, y el fin de semana del 7 y 8 de febrero tocaba asado en Boca Ratón, Florida. Allí acudieron hambrientos los Ministros de Finanzas de Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Italia y Japón, con la cara descompuesta y dispuestos a poner orden en el rebaño. Fechas atrás algunos de ellos se habían quejado y estaban descontentos en el reparto de los beneficios.

Y salieron del banquete contentos, o así lo parecía, porque se habían aclarado los problemas. Y ya de paso volvieron a dar un toque de atención a la oveja negra, Argentina, que de puro flaca se ha plantado y ha dicho que a ella no le exprimen más. O más bien, que a ella le seguirán exprimiendo al ritmo que produzca.

El G7 o Grupo de los 7 países más ricos del mundo volvían a reunirse para aclarar temas, sobre todo, financieros. Los países europeos se quejaban amargamente de la caída del dólar en los mercados que hacían menos competitivas sus exportaciones; Estados Unidos lo hacía de Japón y China porque no dejaban fluctuar libremente sus monedas manteniendo una paridad con el dólar que impedía a los americanos acceder a los mercados asiáticos.

La política americana de los últimos meses se había caracterizado por una bajada de sus tipos de interés hasta el 1%. Y el primer efecto fue la caída del dólar con respecto a otras monedas. Un dólar en horas bajas supone la revalorización del euro y esto estaba afectando a los países europeos, sobre todo a Alemania, pues sus productos tenían más dificultades para ser exportados a USA y los productos americanos estaban entrando con más facilidad a la zona europea. Además estaba obligando a los europeos a comprar dólares no permitiendo su caída libre con la paradoja de que de esa manera estaban financiando el déficit americano. Y tampoco hay que olvidar que en noviembre hay elecciones donde Bush se juega su reelección.

Detrás de esta política económica simple también se estaba intuyendo otra idea más retorcida: los países europeos, con su divisa sobrevalorada y con dificultades para exportar y vender sus productos en el mercado interior, se podían ver forzados a medio plazo a dar marcha atrás en su legislación social, sobre todo en las regulaciones laborales y en sus sistemas de pensiones. Parecía la única manera de reducir costes y hacer competitivas sus empresas, trasladando parte de las ganancias de los asalariados al ámbito financiero, tal y como ocurre en USA. Eso supondría una fractura política y económica de las democracias europeas forzándolas a seguir la reestructuración financiera estadounidense.

Por otro lado estaban China y Japón y su política monetaria. Tanto el yen como el yuan están artificialmente devaluadas y los Bancos Centrales de estos países están interviniendo continuamente en los mercados para mantener una cotización fija respecto al dólar. Está provocando que los productos asiáticos entren con mucha facilidad a Estados Unidos y los productos americanos encuentren muchas dificultades para acceder al mercado asiático. Aunque de esa manera también están financiando la enorme deuda americana.

Básicamente esos eran los problemas, que se solventaron con una declaración conjunta haciendo un llamado especial por una mayor flexibilidad de las tasas de cambio porque 'el exceso de volatilidad y movimientos desordenados en las tasas de cambio son indeseables para el crecimiento económico'. O sea, que vamos a respetar las reglas de reparto entre los pastores porque puede repercutir en la producción del rebaño, no sea que se nos muera de hambre. Curiosa deducción dedicada a la galería y que eximía de cualquier responsabilidad a los americanos.

La historia del dinero

Para entender toda esta ingeniería financiera hay que ser, por lo menos, doctor en Economía por una prestigiosa universidad y tener en el currículo un par de master al respecto. Sobretodo porque rodean el mundo financiero de una palabrería incomprensible. Pero recordemos un poco la historia del dinero.

Cuando el hombre se dio cuenta de la dificultad del trueque con bienes inventó el dinero, un 'soporte' que era aceptado en la medida que el fabricante lo respaldaba con sus bienes. Significaba que si un banquero fabricaba dinero se comprometía a retirarlo todo a cambio de sus bienes. Pero con el tiempo se empezó a utilizar el oro como ese respaldo del dinero.

Con el tiempo se dieron cuenta de que tampoco era necesario tener oro para respaldar el dinero, que era suficiente con la confianza de que con ese dinero era posible cambiarlo por cualquier cosa que corresponda a la cantidad que dice valer. Más tarde el dinero se nacionalizó, es decir, el dinero de un país era solo aceptado en ese país. En la práctica, con todo el dinero que emite un país se podría comprar todo ese país. Y si fabricamos más dinero las cosas suben de precio, o lo que es lo mismo, el dinero baja de valor. Es la inflación.

La inflación se produce porque no es posible que dos personas puedan adquirir a la vez el mismo bien. Para comprenderlo mejor imaginemos que solo hay una cosa en el mundo y que esa cosa vale una moneda. En ese mundo que estamos imaginando hay solo dos seres y cada uno tiene una moneda. Cualquiera de los dos puede comprar esa cosa con su moneda, pero es imposible que la compren los dos. El resultado es que esa cosa subirá su precio hasta valer dos y la moneda bajará a la mitad de su valor. Y eso es exactamente lo que ocurre cuando un Gobierno fabrica dinero. Los precios suben y se produce la inflación. Hasta aquí todo está claro, pero hay una excepción: Estados Unidos.

El dólar de los Estados Unidos es la más fuerte de todas las divisas porque se recibe en cualquier lugar del mundo y en muchos países es posible comprar directamente en dólares o es fácil cambiar dólares por dinero local. ¿Y por qué es fuerte el dólar? Muy simple, porque con todos los dólares que existen en el mundo es posible comprar todo lo que hay, no sólo en los Estados Unidos, sino en todo el planeta. Ninguna otra divisa tiene tan amplia aceptación. Por eso, porque se acepta en todas partes y los Gobiernos guardan sus reservas en dólares. Pero los Estados Unidos han emitido más dólares de los que serían necesarios para comprar todo el planeta. ¿Por qué no cae el dólar hasta hacer quebrar el país? Porque el resto de gobiernos siguen guardando sus reservas en dólares, aún en contra de los intereses de sus propios países.

La realidad es que los dólares que circulan por el mundo no sirven para comprar todo lo que hay en el mundo. Es más, hay 10 veces más dólares que lo que podría respaldar el gobierno que los emite. Y ese es básicamente el problema del mundo financiero del actual sistema: la irresponsabilidad de un gobierno con su moneda que trata, primero, de financiar su deuda provocada por sus aventuras bélicas y, segundo, de solventar su crisis interna de confianza ante los electores cara a las próximas elecciones. Una vez solucionados estos problemas cualquiera sabe cuál será su próxima estrategia.

Una explicación teórica

Cuenta el profesor brasileño Theotonio Dos Santos en el artículo "La Academia y la política económica" publicado en la revista 'América Latina en Movimiento' el origen de este grupo de economistas que tanto están influyendo en la economía mundial. Tras la Guerra Mundial fueron apartados de la política una serie de economistas de la Universidad de Chicago por sus atrasadas ideas, su falta de realismo y la imposibilidad de transformar en políticas efectivas sus tesis económicas basadas en la filosofía económica del siglo XVIII. Pero el FMI se apuntó a estas ideas monetaristas y ahora son defendidas como tesis por los propios jefes de gobierno transformándolas en doctrinas de Estado tras el fracaso del keynesinismo y la crisis del estalinismo. Esas doctrinas se convirtieron en pensamiento único al cual nadie podía contradecir.

Con el tiempo estas ideas se expanden por Universidades y son respaldadas por Bancos Centrales hasta parecerse a los escolásticos de la Edad Media, identificados con la burocracia eclesiástica, y que impedían toda revolución científica y tecnológica. Aquellos medievales conseguían probar que el sol giraba alrededor de la tierra, que la tierra era plana y otras barbaridades que impedían el avance de la humanidad. Hoy en día han conseguido convencer a políticos temerosos de romper las estructuras burocráticas de que el rigor monetario es más importante que el crecimiento económico, que la inflación es el principal enemigo de la economía o que, a pesar del crecimiento económico no se puede aumentar el tiempo libre de los trabajadores o las políticas sociales.

Pero también han sabido sacrificar sus tesis cuando chocan con los intereses del sector financiero y logran justificar el aumento de las tasas de interés, la expansión de las deudas públicas sustituyendo a la emisión de moneda, el libre comercio moderado con los subsidios a ciertos sectores o las políticas laborales que debilitan al movimiento obrero.

Los textos más ortodoxos del sistema decían que, con la liberalización financiera, el capital se trasladaría de los lugares en los que abunda a los lugares en los que escasea. Pero la realidad es diferente ya que los países pobres están obligados, por arte de la ingeniería financiera, a comprar dólares para mantener artificialmente sus monedas financiando de esta manera el consumo de USA. De tal manera que, en la actualidad, los países pobres están siendo los prestamistas de los ricos.

La declaración final del G7 eludía la crítica a los americanos por sus prácticas tramposas. Pero, claro, los 7 forman parte del grupo que se reparte el pastel y los 7 intervienen en los mercados de manera parecida. Y de nada cabe esperar una autocrítica. Las conclusiones debemos sacarlas desde fuera, muy lejanas a las que sacaron ellos y son contundentes: cuanto mayor es la libertad de los mercados, mayor es la esclavitud de los pueblos y la pobreza de las naciones; cuanto mayor es la libertad financiera, mayor es el provecho de los especuladores; y cuanto mayor es la libertad del dinero, mayor es la humillación de los que no lo tienen.

Cualquier otra resolución es insistir en que el cordero es el culpable de los males del rebaño.

Fuentes:

-Theotonio Dos Santos. La Academia y la política económica
-Richard Benson. La guerra del dinero
-Máximo Kinast. La caída del imperio
-Luis Ferreira. Libertad del dinero y esclavitud de la persona
-Michal Hudson. La próxima realidad financiera
-Declaración final del G7 tras la reunión del 7 y 8 de agosto en Florida