Los sueños imperiales de la derecha española

La política exterior del PP

Los sueños imperiales de la derecha española

Domingo Echevarría

Confirmando ese viejo adagio de que la política exterior no es sino la continuación de la interior allende las fronteras nacionales, el Gobierno del PP se ha embarcado en una política exterior plenamente coherente con el revival del nacionalismo español más reaccionario con que nos instruye un día sí y otro también y con el mimo que dedica al puñado de multinacionales españolas.

Alineándose "sin complejos" tras la superpotencia mundial que son los Estados Unidos ha pretendido hacer irrumpir al Estado español en el escenario internacional como una nueva potencia en ascenso. A cambio de su entusiasmo de converso, Aznar espera por un lado ser retribuido por los USA con una relación "especial" que se traduzca en beneficios económicos (ejemplo: reconstrucción de lo destruido por Washington en Irak) para las grandes empresas españolas, que tanto le quieren y tanto le deben. Por otro, que en una nueva reordenación de la Unión Europea, junto al nominalmente laborista Blair y al confeso ultrarreaccionario Berlusconi, se cree un cierto contrapeso al eje del imperialismo franco-alemán, que sería en principio el principal beneficiario de la ampliación al Este de la UE.

Ufano, Aznar describía así la situación en una entrevista en The Washington Post: "La toma de decisiones en España en materia de política exterior ha estado subordinada a Francia desde 1800. Ya no es así, y me siento muy feliz. Estamos en la vanguardia". ¿De qué?

AÑORANDO TIEMPOS PASADOS

No es gratuita la fijación del Partido Popular con las monarquías de los Austrias en la Edad Media. A fin de cuentas, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón fueron los reyes que a finales del siglo XV (1492, Granada; 1512, Navarra) lograron la unidad de España, más bien de los poderes feudales, aunque no el surgimiento de una nación española como propaga la mitología al uso.

Que los avances técnicos aportados por la cultura árabe y la judía fueran en gran parte desperdiciados y tanto los ya entonces despectivamente llamados "moros" como los judíos fueran perseguidos y expulsados, son pequeños detalles para quienes añoran los tiempos en que en el "Imperio español nunca se ponía el Sol". Tras el Descubrimiento de las Américas, en pocas décadas, las rutas comerciales hacia el nuevo Continente se apartaron de la Península, cayendo en manos de la entonces potente Holanda y más tarde de Inglaterra. Ya a finales del siglo XVI se iniciaría el declive del efímero Imperio que culminaría en los siglos siguientes.

Abandonada la iniciativa de santificar a Isabel, conocida como "La Católica", Felipe II ha sido objeto de innumerables exposiciones y sesudos trabajos supuestamente científicos que civilizaban la violencia extrema, con la espada en una mano y la cruz en la otra, con que se empleó tanto en América (exterminio de poblaciones indígenas, destrucción de sus culturas, expolio de sus riquezas) como en Europa (en Flandes, para asustar a los niños aún se les dice "que viene el Duque de Alba..." enviado al frente de tropas mercenarias por Carlos I, padre de Felipe). El gran avance social y cultural que supuso ese invento tan imperial y católico que fue la Inquisición, les faltará por decir, tampoco fue nunca suficientemente valorado.

En nuestro tiempo, Latinoamérica es vista de nuevo por el PP y el gran capital del Estado (sea cual sea su matrícula provincial) como un terreno apetecible para obtener pingües beneficios. Un puñado de grandes empresas españolas, tras haberse apoderado a precio de ganga de las empresas estatales privatizadas, se ha embarcado en estos últimos años en el saqueo que han supuesto las privatizaciones de sectores claves de esas economías (telefonía, banca, energía,...). De acuerdo con los gobernantes locales, califican sus inversiones de estratégicas, reciben todo tipo de blindajes para protegerlas en medio de las crisis que sacuden al subcontinente, mientras los trabajadores y campesinos ven deteriorar sus magras condiciones de vida y trabajo. ¡Ésa es su auténtica celebración de 1492!

SU PECULIAR LUCHA POR LA LIBERTAD EN ÁFRICA

En el verano de 2002 tuvimos ocasión de comprobar ese patético nacionalismo español entorno al conocido como "incidente del islote Perejil". El nuevo rey marroquí, bien enseñado por ese tirano que fue su padre Hassan II, ocupó por sorpresa un islote próximo a la costa africana, que ni siquiera los propios mapas cartográficos del ejército español consideraban territorio "nacional".

Una burda artimaña para desviar la atención del creciente malestar creado por la frustración de las expectativas de cambio y libertades que despertó el acceso del nuevo monarca al trono. ¡Qué santa indignación recorrió La Moncloa y las redacciones de los medios de comunicación! En cuestión de días, una brillante intervención de la Benemérita contra un puñado de gendarmes marroquíes apenas armados. La foto de la bandera rojigualda ondeando sobre un minúsculo trozo de tierra, remake de otra norteamericana tras la toma de Iwo Jima por los marines en la segunda guerra mundial, ocupó los noticiarios. La integridad territorial estaba salvada.

Rotas las relaciones diplomáticas con Rabat, las aguas han vuelto ya a su cauce. Los intereses económicos de muchas empresas (entre otras, ese arquetipo "social" que es el Grupo Mondragón) estaban en juego: sus inversiones para mejor explotar a una mano de obra con salarios ínfimos y sin derechos democráticos ni sociales. Además, casualidades, la corrupta monarquía marroquí es una pieza importante para los USA en el norte de África... De hecho, al gobierno del PP le cuesta cada vez más ocultar que comparte la aspiración de Rabat de hacerse formalmente dueño, ya lo es en la práctica tras la Marcha Verde de 1975, de la antigua colonia española del Sáhara. Además, el ciudadano Felipe de Borbón mantiene óptimas relaciones con el rey alauí, como las que tuvo su padre con Hassan II.

En el África ecuatorial y hace pocas fechas, el gobierno del PP sólo a última hora hizo volver a dos buques de guerra españoles con una tropa de 500 soldados que se dirigía hacia Guinea Ecuatorial ante los rumores de golpe de Estado contra Teodoro Obiang, llegado al poder en 1979 tras otro golpe de Estado que contó con el apoyo de Adolfo Suárez. Un dato: ese campeón de la libertad que es Aznar se ha reunido en su mandato siete veces con Obiang.

La hipocresía de la preocupación por la democracia y la libertad de quienes detentan el poder económico y político en esta sociedad queda de manifiesto en su actitud ante este sangriento dictador. El hallazgo de importantes reservas de petróleo ha atraído a las petroleras norteamericanas Exxon Mobile, Triton y Vanco, que en 2001 ya extraían más de 181.000 barriles diarios. Repsol y Cía. lo observan con codicia. El oro negro ha blanqueado la dictadura. Si Obiang les garantiza estabilidad, aunque siga reprimiendo sin piedad; si expolia personalmente y con su entorno los millonarios ingresos por esa riqueza natural, aunque la población se muera de hambre y enfermedades, tanto les da.

¿UN SOCIO ESPECIAL DE WASHINGTON?

Al socaire del 11-S el Gobierno del PP ha apostado sin reservas por un alineamiento con Bush, que no es sino el representante de las grandes multinacionales americanas y en especial de las petroleras. No hay alternativa, nos alecciona. Es lo que conviene, añade, "a los intereses de España y a la seguridad mundial". ¡Ni más ni menos! Sin duda que conviene al gran capital y a su proyección internacional, pero en modo alguno los trabajadores, los jóvenes, los pensionistas,... del Estado español tenemos interés alguno en esta política de hegemonía internacional de los USA y sus "aliados", de pillaje, de recorte generalizado de derechos democráticos. Además, ya estamos comprobando cómo esta "guerra sin cuartel contra el terrorismo internacional" está siendo un fracaso sin paliativos. Hoy, el mundo no es más seguro ni hay más libertad que antes del 11-S.

Un goteo sostenido de noticias confirman lo que ya era obvio para los millones de personas que tomamos las calles de las principales ciudades del mundo hace ahora un año. La "gran amenaza real" que era el régimen del dictador Sadam Hussein era un burdo montaje para justificar una guerra de agresión librada por motivos geoestratégicos y económicos. Al bloqueo criminal que castigó durante más de una década a la población irakí tras la Guerra del Golfo se le añadió los del ataque de 2003, destruyendo sus ya mermadas infraestructuras básicas. El derrocamiento del régimen, odiado por gran parte de la población, no ha ido acompañado por entusiasmo hacia las fuerzas "liberadoras", que se enfrentan con una resistencia nada desdeñable.

A diferencia de los otros dos del trío de Las Azores (Bush y Blair), que han aceptado que se investigue las informaciones que sirvieron de excusa para la guerra convencidos que tales investigaciones no conducirán a nada práctico, Aznar se niega siquiera a dar explicaciones. Huye como el gato del agua fría de entrar en una polémica que podría avivar los rescoldos del masivo movimiento contra la guerra y fpotenciar un clamor popular exigiendo el retorno de las fuerzas desplegadas en Irak y el fin de la ocupación.

La recompensa de esa "relación especial" con Bush, hasta el momento, está siendo bastante escasa. Algunos permisos de explotación petrolífera, en ocasiones renovando situaciones anteriores, algunos pequeños contratos en una reconstrucción que se demora entre otras cosas porque nunca hubo una voluntad seria de sacar a Irak de su prostración. Pero los grandes negocios, para las firmas norteamericanas ligadas a la Administración republicana.

Mientras la mayor parte de la población en el mundo sobreviva en la miseria a la que le condena el capitalismo que lo domina, la rebelión contra la misma pervivirá, adquiriendo en ocasiones formas brutales como el terrorismo, expresión de ese callejón sin salida. En esa zona del Globo se añade un factor adicional, la brutal represión del pueblo palestino, incrementada tras el 11-S, a manos del gobierno israelí que cuenta con el beneplácito de la Casa Blanca y, se diga lo que se diga, de sus "aliados" como Aznar.

CRISIS EN LA UNIÓN EUROPEA

La última Cumbre europea celebrada a finales de 2003 para aprobar el reparto de poder tras la ampliación a 25 miembros y discutir el borrador de Constitución europea culminó en un rotundo fracaso, que ni siquiera la jerga diplomática logró enmascarar.

¿Por la ausencia de derechos para los trabajadores? ¿Por la omisión de una Carta Social que merezca tal nombre? No. Por el reparto de las cuotas de poder en la Europa del capital. Mientras las potencias económicas y políticas dominantes (Alemania y Francia) quieren seguir siéndolo con el apoyo de sus socios del Este europeo, Aznar y el gobierno polaco (también con "relación especial" con Washington), con el apoyo matizado de Blair, trataban de defender el peso de sus poblaciones. En juego están también la continuidad y cuantía de los fondos europeos, que han tenido un peso muy importante desde 1986 en la economía española.

En la resistencia de Alemania y Francia a transigir no hay un ápice de progresismo de la pretendida "vieja Europa". Se trata simplemente de defender sus intereses económicos y políticos en sus zonas de influencia y concebir a Europa como una fortaleza presta a batirse con sus rivales en el mercado mundial (USA y Japón). Sus clases dominantes no son precisamente las más indicadas para presentarse como los adalides de los derechos democráticos, de la paz ó del progreso social, ni en sus países ni en sus antiguas colonias. El interés de las multinacionales francesas y alemanas en meter baza en Irak, por muchas que fueran las palabras contrarias a la intervención de sus Gobiernos, es un ejemplo más de los motivos crematísticos que les mueven hoy, como ayer.

En la supuesta "nueva Europa", el aliado tradicional de los USA (Gran Bretaña), con el apoyo de Berlusconi y Aznar quieren quebrar el eje franco-alemán no por ninguna razón virtuosa, sino para aumentar su parte del pastel. Paralelamente, serían como una especie de Quinta Columna de Washington en el viejo continente. Pero incluso en ese grupito hay diferencias y la presuntuosa pose de Aznar no hará que el Estado español ocupe su cabeza.

Es un patrón común en el conjunto de la Unión Europea, en la "vieja" y en la "nueva", que los gobiernos, sean de derechas o socialdemócratas, están aplicando políticas de recortes de prestaciones públicas, de privatizaciones, de liberalización económica,... que atacan directamente las conquistas sociales arrancadas por la lucha del movimiento obrero durante generaciones. En la actual polémica europea, que a última hora podría zanjarse con un acuerdo, los trabajadores europeos nada ganamos apoyando a unos u otros en defensa de unos abstractos intereses nacionales que no existen, pues son los de las burguesías los que están en disputa. Por eso hemos decir un NO rotundo a una Constitución europea hecha a medida de los poderosos.

Las movilizaciones europeas por los salarios, por las 35 horas, contra las privatizaciones, contra los recortes de protección social, contra la flexibilidad y la desregulación laboral, por los derechos de los inmigrantes demandan una mayor coordinación política y sindical internacional.

Otra Europa es posible e interesa a la gran mayoría de la población. Una Europa socialista en la que la expropiación de los sectores decisivos de la economía permita su planificación democrática para las necesidades sociales, algo totalmente posible con los recursos económicos, técnicos y humanos existentes. Ésa es la Europa, la de la civilización y el progreso, que queremos y necesitamos.