La pelota vasca choca con la intolerancia del PP

La pelota vasca choca con la intolerancia del PP

Alberto Arregui

La violenta reacción del PP frente al ejercicio del derecho de libertad de expresión, está más que justificada, desde su punto de vista, en el caso de la película de Julio Medem La Pelota Vasca: la piel contra la piedra. Y ello no es debido a que el gobierno del partido heredero del franquismo tenga razón en ninguna de sus acusaciones contra este excepcional documento cinematográfico, sino a que toda la táctica del PP en este terreno se basa en la información sesgada, unilateral y represora del adversario político. Y esa unilateralidad es precisamente la que se rompe en La Pelota Vasca.

No han visto siquiera la película, salvo que como hacían los aristócratas con las películas porno hechas de encargo, la hayan visto en vergonzantes pases privados, y se permiten anatematizarla, y someten al director de cine a una violenta presión mediática y de actos de fanatismo, como el presenciado en la gala de los premios Goya.

Y no es, por supuesto, que la película tenga la más mínima concesión frente al terrorismo de ETA, al contrario, las víctimas del terrorismo de esta organización juegan un papel relevante, yo diría central, en el documental, y si no ha habido más ha sido porque se han negado a comparecer, no porque se les haya negado un espacio. Es más, el abanico ideológico alcanza todo el espectro de las fuerzas políticas, desde HB, pasando por el PNV, IU, Aralar, y el PSOE, a la derecha equivalente al PP, es decir Unidad Alavesa y Unión del Pueblo Navarro.

Tampoco se defiende una alternativa concreta, pues se defienden muchas, y la película, aunque impregnada de una espíritu de abordarlo todo y dialogar ( de no ser así no se podría haber realizado), no parece que ni siquiera pretenda eso, sino simplemente mostrar una realidad compleja y poliédrica. Y eso es lo que hace daño al PP.

Quizá si algo se puede echar en falta es una alternativa de clase, una voz que defienda la lucha de los derechos democráticos vinculada a la transformación socialista de la sociedad, pero, incluso esto, no deja de ser una expresión de la propia realidad del conflicto en torno a la cuestión nacional; una realidad de nacionalismos enfrentados, el vasco reivindicando sus derechos, y el español negándolos, con cada vez más gente que busca una alternativa a este callejón sin salida. Mientras, la izquierda es incapaz de plantear una alternativa propia y se reparte; el PSOE apoyando el nacionalismo español, e IU gobernando con el nacionalismo vasco.

La película resulta interesante, educativa, y supone un acercamiento a la realidad, más aún para aquellos que carecen de una información de primera mano, pero también para quienes conociendo el problema de cerca necesitan, de vez en cuando, una visión de conjunto. Además desde un punto de vista técnico es impecable, con una fotografía, y una música, de Mikel Laboa, que llega hasta los tuétanos.

Es un punto de partida ideal para profundizar acerca del conflicto vasco, y más aún si se dispone del libro, que, al reproducir íntegras las entrevistas, es más que interesante.