UNA HUELGA "JUST IN TIME"

SAS-Navarra

UNA HUELGA "JUST IN TIME"

Los trabajadores paralizan la Volkswagen y hacen retroceder a la patronal

Para exigir el cumplimiento de un acuerdo sobre flexibilidad y mejoras salariales firmado en abril de 2003 y del que se desdecía la empresa, la plantilla de SAS (filial del grupo franco-alemán Sommer Allibert-Siemens; Orkoien-Arazuri, Navarra) se vio obligada a convocar una huelga, inicialmente prevista para cuatro días a partir del lunes 2 de febrero. Secundada por los 185 trabajadores de mano de obra directa, la Dirección de SAS dio marcha atrás a primeras horas de la tarde del día siguiente.

Esta empresa, con una plantilla total de 245 trabajadores, es la proveedora de salpicaderos para Volkswagen Navarra (4.500 trabajadores, 3.600 de mano de obra directa), una de las piezas de mayor volumen que llega a la línea ya premontada con su cableado correspondiente. VW-Navarra es el destino del 100% de su producción "Just in Time": entra en la cadena del Polo directamente, como muchos otros elementos del coche, sin permanecer almacenada en momento alguno.

SAS es una de entre muchas auxiliares de las grandes firmas automovilísticas que se crean para ahorrar costes de la empresa principal, a la que ligan su suerte al tiempo que mantienen a sus plantillas en unas condiciones laborales y salariales francamente inferiores a las del sector. Para VW, tiene grandes ventajas, mientras no haya conflictividad. Si la hay, la cosa cambia. Como reconoció Zubillaga, portavoz de VW, "para las 7,15 de la mañana del lunes, el paro de la producción era generalizado y afectaba al 70% de la plantilla directa de la factoría". 800 trabajadores de otros 15 proveedores también estuvieron mano sobre mano: sus piezas en la cadena VW no hubieran servido para nada.

En realidad, el detonante del conflicto, la flexibilidad y su abono, tiene su origen en la decisión de la multinacional alemana de reducir en los años 2003 y 2004 la producción de su planta de Landaben, los días de fábrica abierta y los salarios. Para salvaguardar los beneficios del "Just in time" para la cuenta de resultados de unos y otros, el parque auxiliar de empresas hubo de ajustar a los planteamientos de VW sus jornadas y días de fábrica abierta. Los trabajadores, a tragar flexibilidad y reducciones salariales con el argumento de que su pan de hoy y su futuro de mañana dependen de someterse a los dictados de VW y que si son demasiado pedigüeños VW se buscará otro proveedor. Desgraciadamente, los dirigentes de las centrales sindicales están aceptando este razonamiento, limitándose a negociar los aspectos más extremos de las exigencias patronales.

Si bien la dirección de VW y las de bastantes empresas auxiliares estuvieron tentadas de dictar el cierre patronal, al final no lo hicieron ante la previsión de que el conflicto no duraría mucho y que hacerlo podría provocar una reacción dura de sectores importantes de los trabajadores que simpatizaban con las reivindicaciones de la plantilla de SAS, algunos porque su situación laboral es calcada a la suya.

VW anunció que impondría sanciones económicas a SAS por los "daños" de la huelga e incluso que se buscaría otro proveedor, en el que sin duda los trabajadores tendrían peores condiciones laborales. La propia SAS es un ejemplo de esta dinámica empresarial: en 1999, sustituyó a otro proveedor (UNICABLE), que despidió a parte de su plantilla. Un operario de SAS empezó cobrando 13.500 euros brutos anuales, mientras que los de UNICABLE salían por 18.000 euros. Tras esta huelga, ¡cinco años después!, los trabajadores llegarán a esos 18.000 euros.

Está por ver si llevarán a cabo sus chantajes. SAS Automotive Systems tampoco es cualquier empresa: es líder mundial en la fabricación de salpicaderos (más de 2 millones en el año 2003) y trabaja para las principales marcas automovilísticas. Pero si de verdad trataran de hacerlo, los sindicatos tienen la obligación de acabar de una vez por todas con una práctica de beneplácito ante las peticiones de flexibilidad por parte de VW y sus auxiliares, que se justifican con el ardid de la "deslocalización" hacia Bratislava (Eslovaquia), cualquier otro país o dentro del propio Estado con salarios menores y flexibilidad a la carta.

Esta huelga ha sido un ejemplo de cómo la lucha puede hacer retroceder a la patronal y de cómo existen ya las condiciones para acabar con la precariedad laboral en el sector y conseguir un Convenio marco que contemple la estabilidad en el empleo, la subrogación en derechos si hay sustitución de proveedores y unas condiciones laborales y salariales similares a las de VW-Navarra.