Editorial -Presupuestos Generales del Estado para 2006

Editorial

Presupuestos Generales del Estado para 2006

Continuidad con pocos matices

Los Presupuestos Generales son el reflejo de los ingresos y gastos del Estado y representan la política económica y social de un gobierno. Estar de acuerdo con ellos significa estar de acuerdo con la política del Gobierno, en sus líneas generales.

Para justificar el continuismo de los Presupuestos de 2005 se dijo que el PSOE se los había encontrado prácticamente hechos cuando llegó al Gobierno. Entonces de dijo que para los de 2006 se notaría el cambio y el giro social con unos Presupuestos que no tuvieran nada que ver con los que hacía el PP. ¿Qué ha cambiado realmente con los que se han presentado el pasado mes de septiembre?
Un dato inicial nos puede poner en la pista de hasta qué punto ha cambiado algo o no. El peso de las rentas del trabajo sigue siendo totalmente desproporcionado pues representan el 78,4% de los ingresos totales del Estado(1). Somos los trabajadores los que financiamos 8 de cada 10 pesetas que ingresa el Estado. Pero, además, el presupuesto de Solbes basa sus previsiones de aumento de los ingresos, básicamente, en el aumento de la recaudación del IRPF, un 9,5%, coincidiendo casi exactamente con el aumento general de los ingresos en un 9,4%.
El Gobierno del PSOE ha aceptado totalmente la política fiscal de la derecha presentando un marco fiscal que es prácticamente idéntico al del año anterior, y al de los años precedentes. A pesar de que los beneficios empresariales se han disparado en los últimos años no sólo no se le exige un esfuerzo mayor al capital, sino que el propio Zapatero ya ha anunciado una rebaja en el impuesto de sociedades. Se mantiene la idea, que se ha demostrado equivocada en la realidad, de que si los empresarios ganan más lo reinvertirán para crear empleo y mejorar las condiciones laborales de los trabajadores. Seguimos siendo un país con más de dos millones de parados y con la más alta tasa de temporalidad de Europa. En definitiva, respecto a la política de ingresos no se ha dado el más mínimo giro. Si algo hay es apretar más las tuercas a los de siempre.
En cuanto a la política de gastos, algunos medios de comunicación han hablado de «reparto del crecimiento», de «más gasto social»…; el Gobierno habla incluso de «giro social», pero las cifras demuestran más bien lo contrario. Los nuevos presupuestos no van más allá del mero mantenimiento del gasto social.
– Las pensiones suben un 2% ajustándose a la engañosa previsión de la inflación para el próximo año. De esta forma, una vez más, la mayoría de las pensiones perderán capacidad adquisitiva. Pero a lo que le dan todo el bombo y platillo posible es a la subida entre el 5 y el 6,5% a las prestaciones mínimas, pero no hay que perder de vista la miseria que eso supone para esas pensiones, como por ejemplo, para los 132 euros que se cobra por orfandad.
– La subida de las retribuciones de los funcionarios es calificada como la «mejor» de los últimos 12 años. Parece olvidarse la pérdida de poder adquisitivo durante todo ese tiempo. Pero incluso esta subida, del 3,1%, es totalmente desigual privilegiando al personal del ministerio de Justicia e Interior que crecen el 12% y a los de Defensa que subirán el 7,8%.
– En Sanidad se contempla una cantidad de 1.677 millones de euros para paliar el déficit anual que soportan las comunidades autónomas en esta materia. Pero esto es un parchecito en una situación en la que el déficit reconocido es de más de 7.000 millones de euros al haber aprovechado el proceso de transferencias de competencias para recortar drásticamente los recursos de la sanidad pública.

¿ Dónde está el «giro social»?

Lo cierto es que mientras el gasto social aumenta un 8,1% en los presupuestos del 06, las actuaciones de carácter económico (Infraestructuras, subvenciones empresariales, investigación civil y militar…) crecen un 12,7%. Estos presupuestos no sirven para acortar la enorme diferencia que hay entre el porcentaje del PIB que se destina en nuestro país y al gasto social y en nuestro entorno europeo.
El apartado inversiones las infraestructuras son la verdadera estrella del presupuesto con un crecimiento del 42,4%, del que casi la mitad se lo lleva el ferrocarril. No son inversiones que brillen por su carácter social ya que parecen más destinadas a preparar el terreno a la iniciativa privada, como en el caso del ferrocarril donde se acaba de romper el monopolio de Renfe en el transporte de mercancías dando licencias de operación a empresas privadas.
Según el propio texto de la Ley de Presupuestos su objetivo es el superávit (ya no es sólo reducir el déficit) y reducir la deuda pública, sin por ello sacrificar el crecimiento económico y el empleo. Reconoce abiertamente que la Ley persigue «una nueva disminución de la participación del Estado en la economía».
El PSOE renuncia con estos presupuestos a utilizarlos como instrumento de cambio, por modesto que sea. El objetivo obsesivo es, como siempre, «reducir el déficit», confiando el funcionamiento de la economía, y del empleo, al mercado, a los empresarios.
Significativo es el caso de RTVE que se aprueba una partida «excepcional» de 575 millones de euros para cubrir su déficit pero a condición de la elaboración de un duro plan de ajuste que conlleve una severa reducción de plantilla (entre 3.000 y 5.000 de los 9.369 trabajadores con que cuenta RTVE). Una vez más, lucha contra el déficit (que ha generado la gestión partidista de los distintos gobiernos de turno) a costa de los trabajadores y el empleo.
Aunque es cierto que debido al traspaso de competencias hablar de los Presupuestos generales del Estado ya no es hablar de todo el gasto público (descontando el gasto de las comunidades autónomas y de la Seguridad Social, los presupuestos suponen una cuarta parte del gasto público total) pero es también muy significativo que sólo el ministerio de Defensa se lleve más que los ministerios de Educación y Ciencia, Medio Ambiente, Cultura y Sanidad y Consumo, y Vivienda, juntos. Entre otras cosas el Ejército necesita ese volumen de financiación para pagar la intervención militar en Afganistán.
Si con lo que los trabajadores pagamos se financia el 80% del presupuesto del Estado, y el PSOE está en el gobierno gracias, fundamentalmente, a los votos de los trabajadores debemos exigir desde la izquierda que el programa que lleve adelante ese ejecutivo sea en beneficio de los trabajadores. Si Izquierda Unida pretende liderar esta demanda y levantar una alternativa a la política liberal no lo va a hacer apoyando leyes como la de Defensa. Lo que tendríanque hacer es promover leyes que propongan al menos los siguientes puntos:
– Un salario mínimo digno, para empezar, lo que recomienda la Carta Social Europea; el 68% del salario medio nacional, lo que supondría establecerlo en 900 euros mensuales netos. Esta medida tiene una importancia capital pues determina no sólo los salarios de los trabajadores sino todas las demás prestaciones (desempleo, pensiones,…).
– Una ley limitando la jornada laboral a las 35 horas semanales sin reducción salarial, con el fin de repartir el trabajo existente y reducir el índice de explotación. Si lo exigimos bajo el Gobierno del PP presentando más de medio millón de firmas con más razón hay que hacerlo ahora.
– Una ley que ponga fin a la precariedad, poniendo fin a las normas de contratación que permiten el empleo «basura» y suprimiendo las Empresas de Trabajo Temporal.
– Una ley que declare de carácter público todo el suelo urbanizable, con indemnización sólo a los pequeños propietarios, con el fin de poner coto a la especulación con la vivienda que está obligando a endeudarse a las familias trabajadoras para toda su vida.
Que IU haya conseguido en las negociaciones sobre el Presupuesto algunas partidas aisladas para paliar alguno de los puntos más negros de la realidad (por ejemplo, el aumento de las pensiones mínimas) no significa que podamos calificar, bajo ningún concepto, estos presupuestos como los del «giro social, ecológico y municipal».
Una política consecuente con los intereses de los trabajadores es la forma de impedir que la derecha vuelva a ganar en un futuro próximo. Tanto el PSOE como IU ganarían apoyo actuando así. En todo caso, le corresponde a esta última ser la más firme defensora de una política de izquierdas y consolidar la base para construir una alternativa de transformación social.


1.- El País, 28/09/05