Salvador Lou Cuartero y Susana Pena Barrasco (Miembros del SEI)
Para comprender
los últimos acontecimientos acaedidos en Bolivia es necesario comprender su
historia y la de su heroico pueblo. La lucha de clases a lo largo
del sigloXX ha sido casi una constante.
En 1952 los oprimidos del país, encabezados por los mineros, protagonizaron
la primera experiencia revolucionaria de importancia. La consecuencia más
destacada fue la creación de la Central Obrera Boliviana (COB), única
central sindical del país.
En 1970, en medio de un ciclo de luchas revolucionarias en todo el mundo, el
pueblo boliviano vuelve a la batalla, construyendo un embrión de órgano
de doble poder, que puso en jaque a su oligarquía nacional y al imperialismo.
Se trataba de la Asamblea Popular, que tuvo que ser masacrada para derrotarla.
También en este caso, los mineros a jugaron nuevamente el papel de vanguardia.
Durante los 80 hubo también importantes luchas, que se resistían
a las políticas neoliberales. La debilidad del movimiento obrero internacional
tras la derrota de los 70 fue un factor clave, como en otros muchos puntos
del planeta, para evitar una victoria.
Con la entrada en el nuevo siglo el ciclo de luchas se volvió a reactivar,
y se ha ido agudizando a lo largo de estos años. Todavía el proceso
sigue vivo.
La guerra del agua de Cochabamba en 2000 fue el pistoletazo de salida. Mientras
en todo el mundo aparecía el movimiento antiglobalización como
una expresión inicial contra el imperialismo y las políticas
neoliberales, los campesinos bolivianos protagonizaban la movilización
más enérgica contra todo esto. Indígenas y campesinos
de Cochabamba lograban evitar la privatización del agua en su provincia
después de unas intensas movilizaciones.
De aquí al 2003 la conflictividad sectorial y las reivindicaciones de
indígenas, campesinos, pobres urbanos y trabajadores fueron en aumento.
Hasta que en Febrero de 2003 el gobierno de Sánchez de Lozada anuncia
un impuesto entre el 4,2 y el 12,5 sobre los salarios. La explosión
social logró paralizar el denominado por el movimiento «impuestazo»,
aunque con un saldo de 33 muertos y 210 heridos. Pero los sectores en lucha
ya anunciaron que si se pretendía vender el gas del país la huelga
general sería inevitable y necesaria. Así se anunciaría
en Septiembre de 2003, dando origen a las jornadas revolucionarias de Octubre.
El nuevo ataque contra los pobres es respondido con bloqueos de caminos y marchas
por todo el país. La Huelga General Indefinida dio el golpe de gracia
al presidente, que dimitiría, no sin antes haber puesto toda la resistencia
posible causando 73 muertos y 520 heridos. Todos los crímenes de Sánchez
de Lozada siguen impunes.
La ausencia de órganos de poder de los trabajadores, campesinos e indígenas,
hizo posible un recambio burgués. Además en ese momento la burguesía
boliviana aún tenía un margen de maniobra para vender otro presidente
que solucionaría los problemas que habían llevado a Octubre.
El elegido fue Carlos Mesa, que gobernará los siguientes 18 meses tratando
de contener el descontento popular. Todo esto con el apoyo de Evo Morales (dirigente
del Movimiento al Socialismo) y Felipe Quispé (máximo dirigente
indígena).
Sin embargo los problemas que padece el pueblo boliviano no se han solucionado
ni mucho menos. Mesa ha seguido aplicando los dictados del FMI y el BM, y
ha respetado todos los contratos con las multinacionales del gas. Además
los acuerdos firmados con los dirigentes sociales que apoyaban el gobierno,
englobados en la llamada «Agenda de Octubre», no se cumplieron.
El carácter comisionista de la burguesía boliviana, atada por
numerosos vínculos con el imperialismo, les podía permitir retrasar
la venta de los recursos del país por un tiempo, para contener a las
masas, pero no hacerlo indefinidamente. De hecho, la actitud de los empresarios
más ricos del país, situados en el Oriente (con centro en Santa
Cruz), fue de acoso a Mesa, presionándole para que pusiera fin a esa «tregua».
Al mismo tiempo los estallidos sociales, han sido periódicos en el país,
con numerosas luchas sectoriales, que llegaron a su punto más álgido
en Marzo de 2004. Otra vez la privatización del agua, esta vez en El
Alto (ciudad pobre anexa a La Paz) fue el motivo para desatar el movimiento.
Un Mesa acosado por ambos lados llegó a anunciar su dimisión,
y de nuevo el MAS jugó el papel de pata izquierda del régimen,
desconvocando las protestas.
Sin embargo la venta del gas como necesidad inminente debía llevarse
a cabo. Así en Mayo Mesa sacaba su Ley de Hidrocarburos, idéntica
al plan de Sánchez de Lozada. La salida de las masas a la calle estaba
anunciada, poniéndose fin a la contención relativa obtenida por
Mesa durante 18 meses.
Desde el 16 de Mayo comenzaron los bloqueos de caminos, marchas, piquetes...
por todo el país, extendiéndose paulatinamente. A comienzos de
Junio Bolivia estaba completamente bloqueada. Campesinos, trabajadores, pobres
urbanos e indígenas eran los protagonistas en la calle. Además
9 plantas de multinacionales del gas fueron ocupadas, y el resto militarizadas
para defenderlas del pueblo.
El 6 de Junio se celebró en La Paz un Cabildo con la asistencia de decenas
de miles de personas. Allí la Federación de Mineros propuso la
creación de una Asamblea Popular, retomando la tradición del
70. Era la única vía para construir un instrumento capaz de sustituir
al decrépito sistema de instituciones burguesas. Además era una
necesidad del propio pueblo para poder abastecerse de alimentos y otros bienes,
dado que la lucha estaba empezando a afectarles a ellos mismos. Tras el Cabildo
Mesa dimitió, y el Parlamento comenzó a sesionar en Sucre.
El 8 de Junio en El Alto, se realizó la primera sesión de dicha
asamblea. Allí se acordó formar comisiones de abastecimiento
y autodefensa entre otras. Algunos activistas defendían la creación
de asambleas en todos los distritos, centros de trabajo, comunidades indígenas
y campesinas. El proceso se quedó en sus inicios, en gran parte por
la actitud de los dirigentes de la FEJUVE (Federación de Juntas Vecinales
de El Alto), el POR (Partido Obrero Revolucionario) y la COB, que usaron la
consigna de Asamblea Popular como medida de presión contra el Parlamento,
para evitar que se nombrara como sucesor de Mesa al ultraderechista Vaca Díez.
No realizaron ninguna acción concreta para facilitar la creación
de asambleas en otras zonas.
El 10 de Junio los mineros marcharon sobre Sucre para cerrar el Parlamento.
La muerte de un minero, asesinado por la policía, podía provocar,
como ya ocurriese en 2003, un levantamiento mucho más masivo y violento
imposible de contener. Ante esta situación la burguesía boliviana
renunció a imponer al más fiel representante suyo y de las multinacionales,
Vaca Díez, y se conformó con anunciar la presidencia interina
de Rodríguez y la convocatoria de elecciones anticipadas.
A partir de aquí se abre un nuevo periodo de «tregua». La
burguesía boliviana y las transnacionales no pudieron llevar a cabo
en su totalidad sus planes, y el pueblo boliviano no consiguió derribar
el régimen capitalista. Igual que en 2003 no estaban desarrollados órganos
de doble poder, aunque una parte importante de la vanguardia estudiantil, vecinal,
campesina, indígena y obrera se había implicado en los primeros
pasos para construirlos. Además Rodríguez no despertó las
esperanzas que inspiró Mesa, los bolivianos ya habían pasado
por un gobierno de recambio y se sabían la lección. Asimismo
el descrédito de todas las instituciones hace que se vea con desconfianza
por una parte mayor que en 2003 toda salida constitucional.
Para la elecciones del 2005 las opciones mayoritarias son todas del régimen.
Desde los partidos tradicionales, hasta el MAS, que se presenta como favorito
con un programa totalmente respetuoso con los intereses de las transnacionales.
Desde el interior de la COB, sectores marxistas integrados en la Liga Obrera
Revolucionaria por la Cuarta Internacional (LOR-CI) y miembros del Movimiento
por la Construcción de la Juventud de la COB, han lanzado la propuesta
de levantar un Instrumento Político de los Trabajadores. Es un mecanismo
necesario para dotar a la clase obrera de una voz con independencia de clase,
y se está peleando contra la dirección de la COB para que se
impulse desde las bases y se evite un simple acuerdo electoral entre las diferentes
direcciones del movimiento. Al igual que pasara con la Asamblea Popular la
burocracia de la COB se niega ha realizar un proceso democrático que
permitiría llevar al Parlamento la voz de los protagonistas de las jornadas
revolucionarias.
Los revolucionarios europeos podemos sacar lecciones muy valiosas de la experiencia
de nuestros compañeros bolivianos.
La más evidente es la evolución de la conciencia de las masas
a través de su propia experiencia. La lucha de estos últimos
años ha permitido que un amplio sector de la sociedad desconfíe
del régimen burgués y sus instituciones, dándole finalmente
una muy escasa confianza al gobierno de Rodríguez. Una lucha que se
extiende en el tiempo lleva a la necesidad de autoorganización del pueblo
para satisfacer sus necesidades básicas y autodefenderse. Para los sectores
más implicados es además la herramienta necesaria para evitar
un recambio burgués e ir construyendo el poder de los obreros, campesinos
e indígenas.
Los paso iniciales de la Asamblea Popular no son desdeñables. Una parte
importante de la vanguardia en lucha se ha educado con su experiencia en la
necesidad de crear órganos de doble poder. En un siguiente embate la
dependencia de las direcciones para esta tarea será menor, y por lo
tanto también la de su capacidad para inutilizar este proceso y usarlo
meramente como instrumento de presión contra el sistema burgués
en decadencia. La actitud de la FEJUVE, la COB y el POR fue esa. La FEJUVE
no usó sus juntas vecinales para crear asambleas de distrito, la COB
no lo hizo en los centros de trabajo donde tenían presencia y el POR,
pese a controlar el Magisterio, no creó asambleas de barrio impulsadas
por sus células.
La actitud de los revolucionarios con las Fuerzas Armadas es clave en momentos
de polarización social como éstos. Un poder o embrión
del mismo es necesario para que actúe de referente para la tropa, y
que vuelvan sus fusiles hacia sus superiores o permanezcan neutrales. El negarse
en la práctica a construirlo y limitarse a hacer llamamientos a los
oficiales para que den un golpe militar patriótico, como hiciera Jaime
Solares (dirigente de la COB), no sirve más que para provocar una salida
a la crisis, encabezada por un representante en la sombra de la burguesía.
A la vez se siembra una confianza en los mandos medios del ejército
entre las masas, que puede ponerlas en peores condiciones para hacer frente
a un golpe reaccionario.
El papel del MAS nos sirve para entender el papel de este tipo de formaciones
políticas. Son la última carta de la burguesía para no
perder la partida. Así lo ha demostrado en todas las crisis de los últimos
años, jugando el papel de desmovilizar y contener las ansias del pueblo
por mejorar su situación. En momentos de crisis, pueden radicalizar
su discurso (el MAS llegó incluso a defender la nacionalización
de los hidrocarburos y el resto de recursos naturales), para mantener el apoyo
de la base. Pero en última instancia son defensores del régimen
y actúan como tales. El apoyo a Mesa y a la salida a través del
gobierno Rodríguez de las jornadas de Mayo-Junio, son claros ejemplos
de esto. Calmada la situación el MAS se centra en las elecciones presidenciales,
y sin la presión de la calle ya ha mantenido reuniones con el BM y el
FMI, garantizando el respeto a los intereses de las transnacionales. Los revolucionarios
deben explicar pacientemente el carácter del MAS, como pata izquierda
del régimen, y educar en la desconfianza hacia sus dirigentes.
Por último el estudio del proceso boliviano ayuda a entender el carácter
de los diferentes estados. Países como Bolivia son semicolonias de los
países centrales, como el estado español. La débil burguesía
boliviana depende por completo de las transnacionales y sus gobiernos, y ello
la convierte en mera intermediaria en el expolio de su país. Esto imposibilita
que pueda ofrecer una solución a los problemas del pueblo boliviano,
sólo derribando el régimen burgués y en una batalla constante
contra el imperialismo se podrá lograr este objetivo. Los revolucionarios
europeos debemos apoyar la lucha de nuestros hermanos estén donde estén,
y en el caso de Bolivia el apoyo no debe ser solo testimonial, pues nuestro
enemigo más cercano, la burguesía española, es uno de
sus principales verdugos. Además el gobierno del estado español,
esté el PP o el PSOE, se quita la careta definitivamente en política
exterior. Las declaraciones de Moratinos en defensa de los intereses de Repsol
ante la ocupación de algunas de sus plantas, muestran que son el gobierno
de las multinacionales españolas. Hace evidente el expolio que un país
sin petróleo posea una de las mayores compañías petrolíferas
del mundo.
Por ello desde el estado español la mejor manera de apoyar al pueblo
boliviano es la lucha constante contra nuestras empresas y nuestro gobierno,
y en el caso concreto de Repsol, que también ataca a la clase obrera
de nuestro país (recordemos Puertollano), debemos luchar por su re-nacionalización
bajo control de los trabajadores y la entrega de las plantas petrolíferas
de las semicolonias a los trabajadores de las mismas y la comunidad.