Joaquín Sainz
El 8 de mayo de 1945, con el derrumbe del Tercer Reich, terminaba en
Europa la 2ª Guerra Mundial. Pocos meses después, el 2 de septiembre,
sobre el acorazado Missouri, Japón capitulaba frente a la primera potencia
nuclear de la historia. los Estados Unidos, con el pretexto de salvar cientos
de miles de vidas americanas, habían lanzado sobre Hiroshima el 6 de
agosto y Nagasaki el 9 de agosto las dos primeras bombas atómicas. Si
es cierto que en la guerra la primera víctima es siempre la verdad,
la Segunda Guerra Mundial no podía terminar con una mentira más
monstruosa. Las bombas atómicas sobre estas dos ciudades japonesas fueron
absolutamente innecesarias. Se trató de una demostración criminal
de fuerza por el gobierno de los EEUU, como trataremos de demostrar. Y lo más
cruel todavía, el verdadero destinatario de esas bombas no era el Japón,
ya derrotado, que hacía meses buscaba un modo de rendirse, sino la Unión
Soviética, que tras una defensa heroica de sus soldados y su población
contra la ocupación nazi se presentó en cuestión de semanas
en Berlín ante el estupor de los gobiernos aliados. La Segunda Guerra
Mundial Tuvo en Europa un final absolutamente imprevisto por todos los contendientes,
incluido el propio Stalin, quien jamás imaginó que iba a salir
fortalecido políticamente de este conflicto.
La Segunda Guerra es hija directa de la Primera Guerra, de la cual, dijeron
sus impulsores, era una guerra para acabar con todas las guerras. Ni comentaremos
esta falacia. La Segunda Guerra es iniciada por Hitler al frente de una Alemania
que había quedado sometida y humillada por el bando vencedor de la Primera
Guerra y expulsada del banquete en el que Francia, Gran Bretaña y ahora
EEUU se repartían el mundo. Hitler preparó un ejército
y a una gran parte de la sociedad alemana, para conquistar Europa y ser la
potencia dominante en el mundo. El hecho de que Alemania, Italia y Japón,
fuesen regímenes totalitarios y Gran Bretaña, Francia o EEUU
fuesen formalmente regímenes democráticos no hace distintos los
objetivos imperialistas de los dos bandos. Por supuesto que sabemos distinguir
entre el fascismo y la democracia, no somos tan necios. Cualquier obrero sabe
apreciar esta diferencia. Pero si el objetivo de estos países era defender
la democracia, ¿por qué no lo hacían en sus propias colonias
a las que sometían del modo más tirano? ¿Qué le
impedía a Gran Bretaña democratizar la India? Naturalmente cualquier
indio hubieses sabido responder a esta cuestión. Solamente bajo formas
dictatoriales se puede explotar a las colonias. La defensa de la democracia
frente al fascismo no fue más que un discurso hueco de las potencias
aliadas frente al Eje para ocultar sus verdaderos objetivos imperiales a sus
propias poblaciones. A estos señores no les importó nada, y nada
hicieron, por la democracia española cuando Franco se levantó contra
el gobierno de la República. ¿Alguien puede imaginarse hoy a
Bush y sus aliados declarando abiertamente su propósito de dominar Irak
y sus riquezas petrolíferas? Esconden sus vergüenzas bajo un ropaje
falsamente democrático para evitar la oposición de sus poblaciones.
Siempre ha sido igual.
La Segunda Guerra dividió la historia de toda la humanidad en un antes
y un después como nunca lo había hecho una guerra y es demasiado
tema para intentar abordarlo en unas líneas. Pero nos es imprescincible
refrescar las lecciones de aquella guerra. Ya no sólo a los socialistas,
sino a cualquier persona honrada que se oponga a los horrores de la guerra,
a los campos de exterminio, a los bombardeos de ciudades, a un sinfín
de horrores que se sintetizan en los mas de 50 millones de personas muertas,
de las cuales la mitad por lo menos cayeron en la Unión Soviética,
verdadero escenario de la guerra.
Pero hay algunos que cuanto más la «recuerdan» más
la quieren olvidar o falsear. Los historiadores oficiales han construido una
guerra a medida de los intereses del presente. A medida que el tiempo nos aleja
de los hechos y van desapareciendo los testigos directos los acontecimientos
se van, y los van, difuminando. Pero la tinta de estos monaguillos del imperio
no alcanza para tapar tanto horror.
Sin duda, la falsificación de la historia de la Segunda Guerra alcanza su punto más alto en los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki. La propaganda oficial hizo creer desde el principio que las bombas arrojadas sobre estas ciudades salvarían cientos de miles de vidas de combatientes norteamericanos. En su primer discurso tras el bombardeo Harry Truman, presidente de los EEUU dijo «El mundo se enterará de que se soltó la primera bomba atómica del mundo sobre una base militar en Hiroshima», y para seguir con su bastardeo de la verdad añadió, «Esto se hizo para evitar hasta donde fuera posible la muerte de civiles». Hasta medio millón de soldados norteamericanos decía Truman se habrían salvado con la bomba. Pero Winston Churchill no se quedaba atrás y elevaba el milagro salvador a un millón doscientos mil aliados.
Que el presidente Rooswelt dijese que Hiroshima albergaba una importante
base militar es una mentira que solo se puede entender dicha por quienes quisieran
ocultar las razones del bombardeo en aquel momento. Pero que 60 años
después, revistas como la española «La aventura de la historia» diga
en su dossier central del nº 25 de julio de 2005 que «Hiroshima
era un importante enclave militar que albergaba depósitos de armamento
y una planta de investigación del ultrasecreto caza a reacción
japonés» es opositar a mamporrero mayor de los EEUU. ¿Cómo
se conjuga esto con las declaraciones de los habitantes de Hiroshima que dijeron
que no se asustaron cuando oyeron el ruido del Enola Gay cuando llegaba con
su carga mortal, ya que los aviones siempre pasaban de largo? ¿Por qué no
se había bombardeado antes Hiroshima, cuando la fuerza aérea
norteamericana había bombardeado sistemáticamente todos los objetivos
militares y las ciudades japonesas?
En junio de 1945, el general Curtis LeMay, a cargo de los ataques aéreos
a Japón, se quejaba de que después de meses de los bombardeos
con NAPALM no había ya nada en las ciudades japonesas mas que blancos
de chatarra y basura. Ya en julio los aviones norteamericanos podían
sobrevolar Japón sin encontrar resistencia y bombardear lo que quisieran
ya que Japón no podía defenderse.
Los llamados bombardeos alfombra habían arrasado no sólo las
5 ciudades más importantes, sino también otras 64 ciudades (23
entre 100.000 y 400.000 habitantes y otras 41 ciudades de unos 100.000 habitantes,
destruyendo toda capacidad industrial japonesa, como reconoce la citada revista.
Los bombardeos sobre ciudades ya habían sido puestos en práctica
mucho antes. En octubre de 1922 ocho escuadrones de la RAF británica
iniciaron bombardeos a gran escala sobre Irak con diversos tipos de bombas,
incluyendo incendiarias, de acción retardada, y petróleo, sobre
viviendas civiles. Esta táctica fue aplicada por los británicos
en la Segunda Guerra y la llamaron «bombardeos estratégicos».
El general británico Trenchard decía que «el efecto moral
de los bombardeos supera a sus efectos materiales en una proporción
de 20 a 1, y que por tanto era preciso crear el mayor efecto moral posible.
Por lo tanto la mejor manera de derrotar al enemigo era llevar a cabo «bombardeos
estratégicos» contra viviendas de civiles, especialmente de obreros
industriales. Así británicos y norteamericanos compartiendo esta
táctica desarrollaron campañas de bombardeos sobre objetivos
civiles como por ejemplo sobre la ciudad de Dresde, la que durante 14 horas
sufrió un bombardeo con bombas incendiarias sin tener ninguna instalación
militar. Hubo mas de 200.000 víctimas en solo dos días.
Los norteamericanos siguieron la misma táctica en el Pacífico.
Solo el bombardeo de Tokio el 9 de marzo de 1945 con bombas de fósforo
y con 8.250 bombas de 250 kgs. que a 150 metros antes de tocar suelo se fragmentaban
cada una en 50 bombas de napalm, asesinó a 120.000 personas e hirió a
40.000. Después, en las declaraciones de Nuremberg y Ginebra declararían
que matar civiles deliberadamente son crímenes de guerra.
El cálculo de muerte que iban a evitar las bombas atómicas
ha ido sufriendo variaciones sorprendentes. Igual que los milagros narrados
por los evangelistas iban aumentando su poder según pasaba el tiempo.
El 18 de junio en una reunion de los jefes militares americanos se estima que
las vidas que se perderían en un desembarco en Japón no superaría
a los 50.000 hombres. Pero Truman hablaba usualmente de 250.000 hombres. Pero
el mismo Truman en 1955 daría una cifra de medio millon de norteamericanos
salvados. Claro que, en el más difícil todavía, Winston
Churchill dijo que las bombas habían salvado a millón y medio
de aliados. Todo esto no eran más que burdas mentiras para justificar
las bombas. Basta recordar que la terrible batalla de Okinawa costó la
muerte a 12.500 soldados norteamericanos y 37.000 heridos. En agosto Japón
estaba en muy peores condiciones para resistir un desembarco. Pero no sólo
eso, sino que un informe de The United States Strategic Bombing Survey afirmó que «antes
del 1 de noviembre de 1945 Japón se habría entregado incluso
in no se hubiese planteado ninguna invasión.
Desde mayo de 1942 se trabajaba en el proyecto Manhatan para fabricar la
bomba atómica y disuadir a los alemanes de su proyecto secreto de utilizar
una bomba atómica que nunca terminaron de fabricar.
En cuanto a la capacidad militar de Japón, ésta ya había
sido destruida totalmente y el gobierno japonés había enviado
comunicados y personas para negociar la paz con EEUU, iniciativas que Washington
ignoró por completo. Los archivos nacionales en Washington contienen
documentos del gobierno de los EEUU con las pruebas de la intención
japonesa de acordar la paz desde una fecha tan temprana como 1943 (Los Angeles
Times, 9 de enero de 1995, p.5) Un cable del 5 de mayo de 1945 enviado a Berlín
por el embajador alemán en Tokio decía que oficiales de la marina
japonesa reconocían que la situación claramente era desesperada
y que las fuerzas armadas japonesas aceptarían la capitulación
incluso si los términos eran duros. Este cable fue interceptado y descifrado
por EEUU (New York Times, 11 de agosto de 1993, p.9). Ese mismo mes el Secretario
de la Guerra L. Stimson rechazó tres recomendaciones de alto nivel de
la administración para iniciar negociaciones de paz, en las que se proponía
informar a Japón que los EEUU estaban dispuestos a considerar el mantenimiento
del sistema imperial, tal y como se hizo al final, y no insistir sobre la rendición
incondicional..
Si Alemania ya había sido derrotada meses antes sobre todo por la Unión
Soviética, ¿qué razones había para seguir la guerra
con Japón?
El 16 de abril, el general Arnold, jefe de las Fuerzas Aéreas y el general
Groves, jefe del proyecto Manhatan, escogen las cuatro ciudades objetivo para
el futuro bombardeo atómico: Hiroshima, Nigata, Kokura y Nagasaki..
el 26 de abril Truman es informado de que el proyecto Manhatan va retrasado.
El uranio 235 no estará listo antes del 1º de agosto. Truman retrasa
la conferencia de Postdam (donde se va a definir el nuevo mapa de Europa y
las zonas de ocupación de Alemania así como la declaración
de guerra de la URSS Japón) hasta julio para poder utilizar la bomba
en el plano diplomático frente a la URSS que también asistiría,
pues quería estar seguro de disponer de «su» bomba. Esta
conferencia de los Aliados se realizó entre el 17 de julio y el 2 de
agosto.
Ya el 6 de junio el ministro de la guerra, Henry L. Stimson, le dijo al presidente
Truman que «temía que antes de que las bombas atómicas
estuviesen listas Japón se rindiese impidiendo demostrar su fuerza».
El 21 de junio, al día siguiente de la caída de Okinawa, el emperador
japonés rachaza las posturas extremistas que los militares le plantean
opuestas a la rendición. En julio, el ministro de asuntos exteriores
japonés, Togo, pedirá al embajador sovietico, J. Malik, que facilite
la mediación entre Japón y los EEUU. Esta acción diplomática
no tendrá ningún efecto.
El 16 de julio tiene lugar en Nuevo México la primera explosión
experimental de la bomba de plutonio, que era la más conflictiva. Churchill
ya había dado su aprobación a la utilización de la bomba
el 4 de julio. El 21 de julio, durante la conferencia de Postdam, Truman en
una reunión aparte, anuncia a Stalin que tiene un arma secreta revolucionaria.
Stalin le invita a «utilizarla bien». (!?)
El 26 de julio Gran Bretaña, EEUU y China realizan una declaración
pidiendo la rendición incondicional del Japón bajo la amenaza
de una destrucción total. Stalin no es consultado. El presidente Truman
y su secretario de estado, James Byrnes, incluyeron el término de rendición
incondicional a esta declaración sabiendo que era inaceptable para Japón
aunque de todas formas estaban dispuestos a mantener un emperador títere,
que era lo único que Japón pedía.
Los altos mandos militares del ejército norteamericano estaban en contra
de esto. El general Douglas Mac Arthur estaba convencido de que la retención
del emperador era vital para una transición ordenada a la paz. De todos
modos, los términos de la rendición incondicional era una farsa.
El día anterior a que fuese publicada H. Truman ya había aprobado
la orden para lanzar la bomba atómica.
El 3 de agosto los tres aviones están listos para la misión de
bombardear y fotografiar. El día 6 la bomba sobre Hiroshima es lanzada.
Muchos altos funcionarios, militares de alto grado cuestionaban la necesidad
de usarla. El general Dwight Eisenhower en una conversación con Stimson
le dijo al secretario de guerra lo siguiente: «Japón está derrotado
ya y tirar la bomba es totalmente innecesario (…) Pensé que nuestro
país debe evitar la opinión impactante del mundo por el uso de
un arma innecesariamente como medida de ahorrar vidas americanas. Era mi creencia
que Japón, en ese mismo momento, buscaba una cierta manera de rendirse
salvando mínimamente su honor. Mi actitud perturbó al secretario
profundamente, refutando casi airadamente las razones que le dí».
En sus memorias el secretario de defensa Henry L. Stimson reconoce que no se
hizo ningún esfuerzo, y no se consideraba hacer ninguno seriamente para
que Japón se rindiese, simplemente para poder utilizar la bomba. Este
criminal loco de poder llamaba a la bomba atómica «mi bomba, mi
secreto» en su diario citado en sus memorias.
El crimen estaba consumado y todos los consejos en contrario chocaron con la
delirante ambición de poder y de controlar el mundo de la élite
gobernante norteamericana. El propio Truman reconoció en una reunión
tres días antes de que la bomba fuese lanzada sobre Hiroshima que «Japón
estaba buscando la paz». Pero de todos modos las bombas se tiraron. Y
no solo una, que hubiese sido suficiente para el propósito buscado,
sino dos. Además la segunda, sobre Nagasaki, se tiró solo dos
días después, sin tiempo para analizar resultados y consecuencias.
La obra de terror y muerte que fue la Segunda Guerra Mundial terminó con
un aquelarre atómico. De hecho, la segunda bomba arrasó Nagasaki
poco después de que los japoneses se rindiesen. A las 11 de la mañana
del 9 de agosto, el primer ministro kintaro Suziki declaró ante el gobierno
de Japón: «bajo las actuales circunstancias he concluído
que nuestra única alternativa es aceptar la proclamación de Postdam
y terminar la guerra.» A las 11:02 Nagasaki ya era un infierno nuclear.
Cuando el 16 de julio de 1945 estallaba la primera bomba de plutonio en Nuevo
México, Oppenheimer, director de la construcción de la bomba,
contemplando estático citó un fragmento del texto hindú milenario
el Bhagavad Gita: «Soy la muerte, el destructor de mundos.» Ken
Bainbridge, director de las pruebas, añadió algo menos poético: «Todos
somos ahora unos hijos de puta.»
¿ Semejante crimen para ganar una guerra que ya tenían ganado?
Tenía que haber otro, u otros motivos para semejante crimen. El primero
nos lo confiesa el mismísimo Truman dirigiéndose a los Rusos: «Si
la bomba explota, en lo que confío, tendré, sin lugar a dudas
un garrote para esos muchachos.»
El ejercito soviético se había presentado en Berlín y
ahora se disponía a entrar en guerra contra Japón en Manchuria.
La URSS declaró la guerra a Japón el 8 de agosto, según
lo acordado, y el día 10 atacó, justo al día siguiente
de la bomba de Nagasaki.
Infinidad de testimonios de la época indican que el verdadero objetivo
de las bombas atómicas no fue Japón sino la URSS. El científico
británico Blackett, por ejemplo, afirmó que los bombardeos atómicos «en última
instancia eran un acto apuntado contra la URSS.» Según el científico
del proyecto Manhatan Leo Szilard, el secretario de estado Byrnes habia dicho
que la ventaja mas grande de la bomba no era su efecto sobre Japón sino
su energía de hacer que Rusia fuera mas manejable en Europa. Churchill
ratifica este punto de vista cuando dijo: «Ahora tenemos algo en nuestras
manos que reenderezará el equilibrio con los rusos.»
Una nueva época se iniciaba. Más que el final de la Segunda Guerra
en Hiroshima y Nagasaki se inicia la Guerra Fría. Sin perder ni un momento,
el complejo militar empezaría a rentabilizar el proyecto Manhatan, en
el que habían invertido más de 2000 millones de dólares
y movilizado a 150.000 hombres. La carrera armamentística se disparará a
niveles delirantes.
Comprender a fondo qué fue y cómo se desarrolló la Segunda
Guerra Mundial es una tarea ineludible para comprender la situación
actual. Hay muy poco de original en las políticas de Bush, Blair y compañía.
Si las nuevas generaciones extraen las lecciones de la historia del siglo veinte
podremos comprender mucho mejor el presente y preparar el futuro. Vendrá bien
traer aquí las palabras de Tadatoshi Akiba, alcalde de Hiroshima: «Nos
negamos a vivir en un mundo de miedo y de odio continuamente reciclados. Nos
negamos a vernos unos a otros como enemigos. Nos negamos a cooperar en nuestra
propia aniquilación.»
La humanidad pagó un altísimo precio. Bush, Putin y una larga
lista nos recuerdan que ellos, los señores de la guerra, no han cambiado.
El único optimismo puede venir de la conciencia de las clases trabajadoras
de todo el mundo. No dejarse engañar es defender la verdad. Y la verdad,
ya lo dijo alguien antes, es revolucionaria.