trafalgar - historia marina española

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Una autoridad sobre Trafalgar

Agustín R. Rodríguez González es uno de los autores que más tiempo ha dedicado a Trafalgar. Sólo entre 2002 y 2004, don Agustín ha dedicado su atención a ese famoso combate, en el marco de trabajos colectivos como los siguientes:


“Los españoles en Trafalgar: navíos y cañones para una alianza no deseada” en La Bahía de Cádiz y la Europa Atlántica en tiempos de Trafalgar, Universidad de Cádiz, noviembre de 2002.



“Los españoles en Trafalgar: navíos, cañones y hombres  para una alianza problemática”,  en la obra colectiva  Trafalgar y el mundo atlántico , coordinado por Agustín Guimerá, Alberto Ramos y  Gonzalo Butrón,  Marcial Pons, Madrid, 2004, págs. 195-213. (Artículo publicado en inglés en el Journal for Maritime Research. Puede leerse aquí).


También ha pronunciado las siguientes conferencias en el marco de Trafalgar:


“Estrategia y Táctica naval en el siglo XVIII”, en Ciclo de conferencias: La Historia que lleva a Trafalgar,  Ateneo de Santander, 22-X-2004.


“Doscientos años de la batalla de Trafalgar”, en Facultad de Humanidades y Ciencias de la Comunicación, Universidad San Pablo-CEU, 25-XI-2004.


“Barcos y cañones en Trafalgar”, Ateneo de Cádiz, 14-VI-2005-10-24


y ha participado en mesas redondas como:


“Impactos y trascendencia de Trafalgar”, Ateneo de Madrid, 2-XI-2005

Culminación de ese trabajo ha sido la publicación de su libro Trafalgar y el conflicto naval angloespañol del siglo XVIII, San Sebastián de los Reyes, Actas, 2005, 484 pp. ISBN 8497390520
Críticas y recensiones de "Trafalgar y el conflicto naval angloespañol del siglo XVIII" 
Ricardo García Cárcel, en ABC

El 21 de octubre de 1805 tuvo lugar la batalla de Trafalgar, en la que la flota combinada hispano-francesa fue derrotada por la británica, liderada por Nelson. Hace, de ello, ahora doscientos años. Y el bicentenario de tal batalla ha desatado la memoria histórica con varios libros que tienen a Trafalgar como protagonista. Abrieron el fuego de la evocación de aquella batalla el libro que coordinaron Guimerá, Ramos y Butrón (Marcial Pons) y el de Cayuela y Pozuelo (Ariel), ambos publicados en el año 2004. Ahora emergen cuatro nuevos libros a la sombra del Centenario y del éxito extraordinario de la novela de Pérez-Reverte Cabo Trafalgar.


Historia militar. Se trata de libros, ante todo, de historia militar, que no inciden apenas en la problemática del contexto político (significación de la alternativa godoyista y fracaso de la misma) y en la incidencia ulterior. Los tres historiadores españoles, Julio Albi, Hugo O?Donnell y Agustín Rodríguez, se interesan mucho más por el proceso gestatorio de la batalla que por la batalla en sí misma. Albi, un embajador historiador, recorre la larga historia de las confrontaciones hispano-británicas desde la presunta Invencible en 1588, la serie de encontronazos marítimos en el escenario atlántico europeo y americano hasta la colisión de Trafalgar. O?Donnell, académico de la Historia y una de las grandes autoridades españolas en historia militar, focaliza su atención sobre el conflicto bélico a tres bandas entre Francia, España e Inglaterra desde fines del siglo XVIII, y se detiene minuciosamente en el análisis de la planificación de la guerra, la política defensiva española, el papel de los líderes Nelson, Villeneuve y la alternativa Gravina-Grandallana, la significación de la oficialidad, las dotaciones, las condiciones de vida a bordo, los medios y la táctica, los preparativos para la acción conjunta, la campaña de diversión con el combate de Finisterre del 22 de julio y el «acto de desesperación» de Villeneuve, que decidió, contra la opinión de asesores españoles y franceses, salir del puerto de Cádiz y enfrentarse, sin valorar sus limitaciones, frontalmente a la Armada inglesa. «Podía haber permanecido en puerto sin arriesgar absolutamente nada, pero eso hubiese conllevado su relevo. No sólo quería defender su honor, sino también permanecer en el mando, muriendo en su ejercicio, si fuese necesario, pues valor no le faltaba» (O?Donnell, pág. 569).


Excelente preparación. Agustín Rodríguez, profesor de Historia en la Universidad San Pablo CEU, se esfuerza en su libro por subrayar no sólo las cualidades de los marinos españoles en la batalla (tesis que a partir de los escarnios contra la Armada española que escribió Thiers ha sido una constante de la historiografía española, desde Marliani a los actuales historiadores de Trafalgar), sino que cuestiona la vieja visión tópica negativa sobre la trayectoria de la marina española.


Demuestra el excelente nivel de preparación de los marinos españoles en el siglo XVIII y la capacidad defensiva demostrada frente a los ingleses en las diversas contiendas atlánticas e incluso su superioridad en determinadas situaciones (Guerra de la Independencia en Estados Unidos en 1776 o recuperación de Menorca en 1781). Fue según este historiador la presión de las victorias españolas lo que propiciaría las innovaciones técnicas y tácticas inglesas que harán posible sus victorias de San Vicente o Trinidad en el marco de la guerra abierta en 1796 entre Inglaterra y la alianza hispano-francesa. Las connotaciones catastrofistas que se le han dado a la batalla de Trafalgar son devaluadas y relativizadas. Ni significó el fin de la marina española, ni la pérdida automática del imperio americano, ni el entierro de los planes de invasión de Gran Bretaña, que ya había abandonado Napoleón. La auténtica catástrofe, para Rodríguez, fue la Guerra de la Independencia.


El mito Nelson. El inglés Roy Adkins representa bien el punto de vista de la historiografía inglesa más reciente sobre Trafalgar (los Duffy, White, Rodger o Marshall), que tiende a matizar el mito Nelson en beneficio de aquellos miles de británicos que le acompañaron en Trafalgar y que sirvieron de carne de cañón en la marina (la glosa final de Adkins de los marinos británicos me recuerda la referencia de Pérez-Reverte a los marinos españoles, sacrificados por la Corte de Carlos IV), a justificar la victoria británica sin minimizar las cualidades de los marinos españoles y franceses (este revisionismo sería homologable al de Parker respecto a la Invencible) y a aportar un naturalismo descriptivo que pone los pelos de punta a los lectores.


En conclusión, no vemos grandes novedades en estos libros respecto a lo que ya se sabe de las cifras de hombres participantes, los movimientos tácticos, el número de barcos destruidos, los muertos y heridos, las razones tácticas del fracaso, así como el juicio que suscitan los distintos líderes: el demasiado dócil Gravina, el inseguro Villeneuve, que se acabó suicidando al año siguiente (Adkinson cree que fue asesinado); los heroicos Churruca o Alcalá Galiano, o los heridos en cuerpo y alma como Escaño, Hidalgo de Cisneros o Álava. Los historiadores de la guerra han intentado ante todo contribuir a desdramatizar la mitología romántica que de Mor de Fuentes a Galdós rodeó a esta batalla: el último escalón de una pendiente que había empezado con la Invencible, la última lección de heroísmo y de honor, el último engaño de Francia...
Su trascendencia como tal batalla queda relativizada en el marco de la historia militar. Más allá de la historia de la guerra, en cualquier caso, nadie puede negar el enorme simbolismo de Trafalgar. El patriotismo sentimental del 2 de mayo de 1808 o el nacionalismo constitucionalista de 1812 deben mucho a la memoria cercana de aquella derrota cargada de dignidad que fue Trafalgar para los españoles que la vivieron y que hoy, a la luz de los libros que suscita, sigue apasionando a los españoles que la contemplamos doscientos años después.


Puedes leer el artículo original aquí.

ABC libros

El año pasado aparecieron «Cabo Trafalgar» (Alfaguara), una espléndida novela de Arturo Pérez-Reverte; el estudio monográfico de José Cayuela Fernández y Ángel Pozuelo Reina «Trafalgar. Hombres y naves entre dos épocas» (Ariel); y «La campaña de Trafalgar 1804-1805. Corpus documental conservado en los Archivos españoles» (Ministerio de Defensa), de José Ignacio González-Aller Hierro.


Ahora, la fecha redonda también ha sido pródiga en publicaciones. Al libro de Hugo O?Donnell, se suman otros tres. «Trafalgar y el conflicto naval Anglo-Español del siglo XVIII» (Actas), del historiador Agustín Ramón Rodríguez González, es un análisis geopolítico que aclara la complejísima escena política en la que se desarrollaron las campañas napoleónicas, la determinación británica no sólo de vencer a Francia, sino también de poner fuera de juego al imperio español, neutralizando el poderío naval que garantizaba el comercio de Indias y la seguridad misma de las colonias.


El escritor inglés Roy Adkins, que hasta ahora había frecuentado temas arqueológicos e históricos con su esposa Lesley, nos ofrece en solitario «Trafalgar. Biografía de una batalla» (Planeta), una obra entretenida y bien documentada más próxima al género histórico que a la literatura y que aporta el «toque británico» sin perder nunca de vista a la flota combinada franco-española; como es natural, dedica amplio espacio a Nelson, aunque también desarrolla las motivaciones del almirante Villeneuve, que le llevaron a la derrota naval más importante de la historia europea contemporánea.


Por último, también hay que citar «El día de Trafalgar» (Seix Barral), de Julio Albi, autor de otras obras históricas como «La defensa de Indias», «Banderas olvidadas», «De Pavía a Rocroi» y «La Guardia Real en su historia». Su libro es una aproximación narrativa a la batalla que supuso la antesala de la Guerra de la Independencia y la posterior pérdida de nuestro imperio colonial.

ESTRELLA DIGITAL 3.10.2005

Trafalgar y el conflicto naval anglo-español del siglo XVIII


Agustín Ramón Rodríguez analiza lo que supuso Trafalgar para la Marina y para la Monarquía españolas, prólogo de la enorme crisis que significó la Guerra de la Independencia y las de emancipación americanas.


España y Francia por una parte e Inglaterra por otra conmemoran este año un acontecimiento lamentable para los dos primeros países y dichoso para el tercero como es la batalla de Trafalagar, sucedida hace doscientos años en aguas gaditanas. Españoles y franceses, aliados en aquella ocasión, fueron derrotados por la Armada británica, en la que perdieron al almirante Nelson. Han sido muchos los errores históricos cometidos por una parte de quienes nos han transmitido lo ocurrido en aquella batalla, Pérez Galdós entre ellos, o más recientemente la obra de Pérez Reverte. Agustín Ramón Rodríguez González, uno de los prestigiosos especialistas de la historia naval española, revisa toda una serie de tópicos escritos sobre Trafalgar. En la obra, de quinientas páginas y publicada por la Editorial Actas, da a conocer los antecedentes y sus consecuencias, tan decisivas para la futura configuración de la Europa napoleónica.


La obra del historiador Agustín Ramón Rodríguez González analiza lo que supuso la batalla para la Marina española y para el devenir de la Monarquía española, como prólogo de la enorme crisis que significó para una y otra la Guerra de la Independencia y las de emancipación americanas.


Las campanas de la iglesia londinense de Saint Martin-in-the-Fields fueron las primeras, hace doscientos años, en anunciar la victoria de la flota británica sobre la franco-española en el cabo gaditano de Trafalgar. Hoy, la plaza donde se encuentra la iglesia lleva el nombre de Trafalgar. El próximo 21 de octubre miles de campanas redoblarán en los países que integran la Commonwealth para conmemorar el bicentenario de la victoria de Trafalgar.


Una experiencia similar la vivieron los británicos en 1805 cuando los campanarios de toda Inglaterra anunciaron la victoria de sus tropas en aguas de Cádiz, aunque en aquella ocasión el júbilo por la victoria estuvo empañado por la muerte en combate, por herida de bala, del almirante Horacio Nelson, considerado, desde entonces, héroe nacional. De igual forma los marinos españoles tan destacados como Alcalá Galiano y Churruca, que también perdieron la vida en la misma batalla o Gravina que falleció un año después como consecuencia de las heridas recibidas en ella. La pérdida de tan insignes marinos, en los dos bandos, ha creado su propia leyenda y ha contribuido, junto a otras causas de carácter político, a crear el mito de Trafalgar y a concebir infinidad de páginas literarias.


Desde hace dos siglos, tanto en España como en el Reino Unido, e incluso en Francia, ha proliferado la bibliografía relacionada con el tema de la batalla naval, aportando casi siempre datos inéditos acerca de sus orígenes, su desarrollo y sus consecuencias.


Es el caso del nuevo libro editado por ACTAS, Trafalgar y el conflicto naval Anglo-Español del siglo XVIII. Este libro se debe a una profunda investigación del historiador Agustín Ramón Rodríguez González, un reconocido especialista en la historia naval española sobre la que tiene veinte títulos publicados, además de numerosas colaboraciones en publicaciones, congresos, conferencias, etc., que le han valido ser reconocido con significativos y abundantes reconocimientos nacionales e internacionales.


Los dos países derrotados en Trafalgar hace doscientos años, España y Francia, son hoy aliados de Gran Bretaña como consecuencia de la actual configuración del mapa político europeo; sin embargo, el trágico episodio de 1805 frente al cabo de Trafalgar fue decisivo en el desarrollo de las guerras Napoleónicas y el corolario que frustró los planes de Napoleón para invadir Inglaterra y sus pretensiones de desafiar el poderío británico.


En cuanto a España, la derrota truncó el renacimiento que la marina de guerra había experimentado a lo largo del siglo XVII y el fin de un gran esfuerzo para crear y sostener una poderosa flota que asegurase la continuidad del imperio ultramarino. Trafalagar, por lo tanto, representa un giro en la historia de España, ya que la destrucción de nuestra flota contribuyó en gran medida a la vertiginosa liquidación del imperio español que mantuvo las colonias muy poco tiempo más.


Fue, por otra parte, un presagio de futuras desavenencias con los franceses, que acabaron por invadir la península. No obstante, en la batalla dirigida por el almirante Villeneuve y sobre cuyos riesgos advirtió el mando español, franceses y españoles lucharon codo con codo frente a los británicos, elevándose las víctimas a más de siete mil muertos en combate y ocho mil los prisioneros.


En esta obra, el autor llega a analizar las características de cada nave y las innovaciones artilleras a que fueron sometidas previamente a la batalla; e incluso las características de las mangas para ser utilizadas en los abordajes. Todo un informe documental y documentado que el lector agradece por lo que supone de información sobre la guerra naval y sus características, estimulado, por otra parte, con un lenguaje que hace amena la lectura hasta lograr que el lector se introduzca en la obra y continúe enfrascado en ella queriendo conocer el siguiente y el siguiente detalle.


Rodríguez González pormenoriza en este libro tanto con datos conocidos sobre tripulaciones, embarcaciones, dotación, disposiciones, etc., como con otros inéditos y siempre bajo el aspecto científico de la investigación, en contraposición a la novedad de tratar los temas históricos bajo el carácter novelístico.


No obstante, doscientos años después de la batalla de Trafalgar, aún continúan las dudas sobre el desarrollo de la misma ya que unas versiones se contradicen con otras respecto a las tácticas empleadas, la disposición de los buques, el viraje con que la flota española inició el combate, origen del caos producido a continuación. Los datos procedentes de uno y otro bando son confusos y contradictorios debido a la gran debacle reinante durante las horas del enfrentamiento. Incluso, datos coincidentes difieren en cuanto a la hora de producirse, como se demuestra en infinidad de ejemplos que salpican las páginas de este libro referidas propiamente a la batalla.


El desastre de Trafalgar era algo poco menos que anunciado, según se deduce de todas las aportaciones hechas por especialistas, coincidentes al referirse a la supremacía de los británicos. No obstante, además del propio Napoleón y el rey español Carlos IV que intentaron propagandísticamente aumentar las pérdidas británicas para que pareciera un triunfo pírrico, las conclusiones del autor de esta obra basadas en informes salidos en Gibraltar, apuntan a que las pérdidas británicas en hombres y buques fueron más elevadas de las admitidas por Inglaterra. Por parte de los aliados llegaron a siete mil bajas de los que más de cuatro mil eran franceses.


Entre ellos puede considerarse como baja, aunque con posterioridad, el propio Villeneuve que con su lamentable forma de mandar condujo al fracaso la operación. El almirante francés, tras ser liberado al poco tiempo de la batalla por los ingleses que le hicieron prisionero, en su traslado a París para ser juzgado en un consejo de Guerra por su penosa actuación en la campaña, apareció muerto con cinco puñaladas en Rennes.


Napoleón dio por hecho que se había suicidado, abrumado por su responsabilidad. Él fue, en efecto, el verdadero artífice de la derrota de Trafalgar. Si en el fracaso estuvo el origen de la decadencia española, de importantes y decisivos cambios, es algo que queda al juicio de los historiadores y las conclusiones que el lector pueda sacar de esta obra donde se expone este planteamiento como constatación de un síntoma más de males mucho más profundos y complejos.


 


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Diego Gálvez en Minuto Digital

Trafalgar y el conflicto naval Anglo Español del siglo XVIII, de Agustín Ramón Rodríguez González


Desafortunadamente, la historia naval no ha sido objeto de la consideración que le es propia, si bien en los últimos años parece haber tomado cierto auge. El bicentenario de la batalla de Trafalgar ha puesto, al menos en España, un foco de atención en los acontecimientos históricos desarrollados en el mar. No es para menos. No se concibe el Imperio español sin la importante contribución de nuestras Marinas de Guerra y Mercante. El público en general, además, está ávido de conocer la vida de la Marina; quiénes eran sus hombres, sus batallas, sus duras experiencias en unos barcos que no son nada comparados con la furia del mar. A este fin creemos va dirigido el interesante libro que ahora comentamos. Sus miras son amplias, pues recoge todo el acontecer naval del siglo XVIII español haciendo hincapié, por supuesto, en la batalla de Trafalgar.


El autor pone de relieve muy acertadamente que a España, frente a su enemiga Inglaterra, sólo le era dable una estrategia defensiva, si es que quería conservar su flota para proteger sus costas y las de América, así como el tráfico atlántico. Y esto por la simple razón de que a lo largo de todo el siglo XVIII la flota española era la cuarta parte de la inglesa. Si nos fijamos en fechas muy próximas a Trafalgar, la armada británica tenía 199 navíos y 222 fragatas, frente a los 49 navíos y 25 fragatas de España. También apunta cómo Inglaterra ha sabido magnificar sus victorias y ocultar sus derrotas por medio de una historiografía que ha tenido amplia repercusión, como la derrota en 1741 por Blas de Lezo de la flota del almirante Vernon en Cartegena de Indias. Cita casos de ello, pero la lista es interminable. Ya más técnicamente, hace consideraciones muy importantes sobre la pretendida superioridad en velocidad de tiro de los ingleses, que estima imposible desde una visión técnica: tres andanadas cada dos minutos.


Este nuevo libro editado por Actas, se debe a la profunda investigación del profesor de la Universidad San Pablo-CEU Agustín Rodríguez González, reconocido especialista en la historia naval española, sobre la que tiene varios títulos publicados, además de numerosas colaboraciones en publicaciones, congresos y conferencias que le han valido significativos y abundantes reconocimientos nacionales e internacionales.


Rodríguez González tiene el don de una prosa llana y familiar, que hace que el lector se desenvuelva en ella cómodamente, y vence ampliamente las dificultades que puede ofrecer la terminología naval. Además, el libro dedica los primeros capítulos a introducir al lector en el complejo mundo de la Marina, proveyéndole de los instrumentos conceptuales necesarios para una mayor comprensión de los acontecimientos históricos navales que luego desarrolla en extensión.


Por último, sólo nos resta alabar la gran honradez intelectual del autor, al declarar que lo que ocurrió en Trafalgar todavía está por discernir, llegando a manifestar que ignora lo que pasó en alguna circunstancia de la batalla, aunque subraya con evidencia la inutilidad de esta contienda para los intereses España. Y en ello convenimos. En resumen, un libro que a todos conviene leer.

Arturo Pérez Reverte en EL SEMANAL de El País (4.9.2005)

La Historia, la sangría y el jabugo.


Hay que ver. En cuanto se toma dos vasos de sangría en los cursos de verano, cierto historiador inglés se pone a cantar por bulerías sin sentido del ridículo. Me refiero a mister Kamen, don Henry, quien cree que vivir en Cataluña, como vive, y que allí algunos le aplaudan las gracias mientras trinca una pasta de subvenciones, cursos y conferencias, lo convierte en árbitro del putiferio hispano. Así que, tras contar nuestra Historia a su manera, ahora critica cómo la cuentan otros, lamentando que España –a excepción de Cataluña, donde, insisto, mora y nunca escupe– no tenga tan buenos historiadores como él.


Uno, que modestamente tiene sus lecturas, le sigue la pista a mister Kamen y está familiarizado con sus dogmas hechos de frases despectivas sobre este o aquel punto de la historia de España; con sus afirmaciones sin más fundamento que el ambiguo terreno de las notas a pie de página; con su acumulación de citas ajenas; con sus habituales «fuentes manuscritas completamente nuevas» descubiertas en archivos nunca visitados por español alguno, que tanto recuerdan las falsas exclusivas de los diarios sensacionalistas ingleses. Etcétera. En su último libro, Imperio, donde las palabras «nación española» aparecen entre comillas, dedica setecientas once páginas a afirmar que eso de que España conquistó el mundo es un cuento chino, que quienes hicieron el trabajo fueron subcontratas de italianos, belgas, holandeses, alemanes, negros e indios, y que los españoles –«los castellanos», matiza– se limitaron a poner el cazo. En materia cultural, quienes animaron América fueron los holandeses, y a la literatura del Siglo de Oro, cerrada e indolente, no la afectó para nada el humanismo italiano. También afirma que es dudoso que el español fuese la primera lengua de todo el imperio, que Nordlingen la ganaron los alemanes, San Quintín los valones, Lepanto los genoveses, y Tenochtitlán y Otumba los tlaxcaltecas. De postre, las relaciones históricas de los siglos XV, XVI y XVII son propaganda escrita por castellanos a sueldo, Nebrija compuso su gramática española para hacerle la pelota a Isabel la Católica, y Quevedo era, como todo el mundo sabe, un ultranacionalista y un facha.


La última del caballero me honra personalmente. En un reciente artículo de prensa, sostiene que en España nadie, excepto un novelista llamado Benito Pérez Galdós y otro llamado Pérez-Reverte, ha escrito nada sobre la batalla de Trafalgar. Sólo esas dos novelas, dice Kamen, y ningún libro de Historia. «Habrá este año un buen libro académico sobre Trafalgar –dice–, pero se publicará fuera de España». Debería consultar el hispanista los clásicos de Ferrer de Couto, Marliani, Pelayo Alcalá Galiano, Conte Lacave y Lon Romero, por ejemplo. Y si los encuentra desfasados, puede completarlos con el Trafalgar de Cayuela y Pozuelo, Trafalgar y el mundo atlántico de Guimerá, Ramos y Butrón, Trafalgar de Víctor San Juan, Trafalgar de Agustín Rodríguez González, Los navíos de Trafalgar de Mejías Tavero, o la obra monumental, definitiva, La campaña de Trafalgar, del almirante González-Aller. Aparecidos todos antes de la publicación del artículo de Kamen. Mas lo que caiga.


Para el notorio hispanista anglosajón, todo eso no existe. Y además le parece mal que unos aficionados como Pérez Galdós y el arriba firmante –marcando humildemente las distancias con don Benito, matizo yo– hayamos tocado el asunto. Trafalgar es cosa de historiadores, dice, y no de novelistas. De novelistas españoles, ojo. Pues no pone pegas a novelistas anglosajones como O’Brian, Forester, Alexander Kent o Dudley Pope, que –ellos sí–, rigurosos, veraces, pueden escribir cuanto quieran sobre heroicos marinos ingleses que luchan por su nación –esa la escribe Kamen sin comillas– y por la libertad del mundo frente a españoles cobardes, sucios y crueles a los que, encima, durante los abordajes, siempre les huele el aliento a ajo. A diferencia de las inglesas, tan objetivas siempre, Kamen apunta que en las novelas españolas «los buenos son españoles y malos todos los demás», lo que prueba que no se ha enterado de nada, ni con Galdós ni conmigo. De Cabo Trafalgar critica además «el insólito lenguaje», pero eso es lógico: hasta para un hispanista de campanillas, traducir «inglezehihoslagranputa» tiene su intríngulis.


Así que una sugerencia: siga trincando, disfrute de la sangría y el jabugo, y no me toque los cojones. Don Henry.


 


Tomado de capitanalatriste.com


En capitanalatriste.com reproducimos las columnas publicadas por Arturo Pérez-Reverte en "El Semanal". En el nuevo número de la revista comenta: "Algún hispanista inglés se pone a cantar por bulerías sin sentido del ridículo".