Grandes himnos del pop patrio |
||
Iniciamos aquí esta sección, cuya única y humilde pretensión es valorar en su justa medida aquellos productos sonoros que llegan, bien sea azarosamente, bien con ánimo crítico a nuestros oídos. Es por ello que nos gustaría erigirnos (y lo haremos, para eso es nuestra página) en motor de corrientes y adalides del buen gusto y mesura de las ondas musicales que son, fueron y serán.
Pero como dicen los “enteraos” del tema musical (ya hablaremos de ellos en otra ocasión), la música bebe de muchas fuentes, esto es, lo que ahora es, ya fue en cierta medida tiempos ha, y por ello es nuestra intención empezar la ardua empresa de una retrospectiva musical, limitando tal menester a un ámbito tan prolijo como la música española, en tres de sus ejemplos más significativos. Y dada nuestra evidente intención pedagógica, y con rígida metodología de autoescuela, comenzaremos tal “revival” denunciando, exponiendo y analizando lo que “no se debe hacer cuando se intenta crear una letra musical”. Son ingentes las cantidades de letras que hemos sufrido en este país, cuales denostados trabajadores de las minas de cinc de la Baja Sajonia. Y, como no podía ser de otro modo, son bastas las consecuencias psicológicas, culturales y familiares que tales signos escritos y pseudoaleatoriamente colocados han provocado. He aquí los ejemplos prometidos:
Alex y Cristina: no intenten entenderlo, solamente tarareen. Este dúo abandonó el anonimato de forma masiva en 1988 con un single conocido como “chas! y aparezco a tu lado”. Los temores que infundían tanto el título como la vestimenta de los intérpretes de dicha pieza, se tornaron en sufrimiento cuasi físico cuando escuchamos lo que disimuladamente se escondía detrás: No soy mas que tu, tus fantasías Cuando crees que me ves, cruzo la pared Y yo soy capaz de entrar en tus sueños Si tal vez tú traes alguna invitada papa pam, papapam... papapam... Evitamos en este caso un análisis pormenorizado del texto, a fin de no socavar nuestra ya maltrecha salud mental. Sí destacamos las características definitorias de este tipo de género: 1.- Rimas elementales; 2.- Repetición compulsiva del estribillo (el cual dista mucho de ser la mejor parte de la letra); 3.- Inclusión obligatoria, bajo pena de castración, de las onomatopeyas de rigor encaminadas, claramente, a un tipo de público sobre cuyas capacidades cognitivas no vamos a discutir aquí.
Modestia aparte: consecuencias de una maduración hormonal incompleta. Estos muchachotes, siguiendo la senda (cavada por nuestros oídos) de Hombres G, con sus atuendos pijos y sonrisa perpetua, no sabemos debida a qué, también surgieron en el fatídico 1988, aunque cualquier sujeto en el límite de los 30 los recordará por un tema vomitado en 1991 y que pasamos a analizar: “Cosas de la edad”. Revisando el álbum homónimo que lo contenía, podemos encontrar títulos como “Melancólico total”, el cual nos ofrece inequívocas pistas del talante y el nihilismo que inundaban a estos jóvenes. Pero volviendo a nuestro objeto de estudio, es este un texto paradigmático en la música ochentera de la piel de toro, que conserva las mismas carencias y gilipolleces que sus contemporáneos: Eras un niño cuando Es menester subrayar aquí rasgos exclusivos: 1.- Incoherencia rayana en el absurdo; 2.- Uso de palabras y expresiones que, suponemos, para los autores implicaban cierta superioridad. Véase: siglo veinte, medieval… 3.- El minimalismo de su estribillo de ¡¡¡dos frases!!! (que no versos) lo achacamos a la omisión del recurso onomatopéyico dominante. Finalmente, una reflexión: que estos individuos sigan haciendo ruido en pleno siglo XXI, tiene unas claras implicaciones políticas: nuestra democracia está plenamente asentada, al permitir que sigan saliendo en medios de comunicación de masas.
Seguridad Social: músico por despecho. Efectivamente, creemos fehacientemente que el cantante de esta formación del levante español, acabó como eso por despecho: no consiguió el papel que, posteriormente, interpretaría Javier Bardem en “Jamón, Jamón”. Y es que, aún a riesgo de parecer prejuicioso, a este pollo se le cala al primer vistazo. Solamente observando sus patillas (es un eufemismo en este caso) podemos detectar cierto grado de inadaptación, no sabemos de qué tipo. Es la música de este cuarteto, una mezcla extraña, que bebe de muchas fuentes (de tintorro, o cerveza en su defecto) y que gozó, ¡¡¡y goza!!! de bastante éxito entre los antaño jóvenes por su tema “Chiquilla”. Si le preguntan a cualquier amiguete cercano a la treintena sobre alguna otra canción de este grupo, aparte de la que nos ocupa, apostamos a que no tiene ni idea. Y ni falta que hace, apostillamos nosotros. Adolecen los valencianos entonces del síndrome que fue tan común en la época: Falta de constancia (la ausencia de calidad suele ser la causa). ¡¡¡Chiquilla!!! Por la mañana yo me levanto Porque yo llevo tó el día sufriendo, Tengo una cosa que me arde dentro, Y yo la miro... Pero sus dos ojos negros ¡¡¡Ay chiquilla!!! Ese silencio que me desvive Y yo le tengo que decir pronto Que las palabras se quedan cortas Y yo la miro... Pero sus dos ojos negros Y yo la quiero... Como los rayos de luz Abanderados de la corriente “rock español”, solo cabe mencionar, a modo de conclusión, ciertas cuestiones que nos asaltan: 1.- ¿Ser español supone ser peludo y tener pinta de guarro?; 2.- Asimismo ¿ser español implica vestir con camisas estampadas indiscutiblemente horrendas?; 3.- ¿Por qué no nos resulta sorprenderte imaginarnos al cantante rascándose la entrepierna o comiéndose los mocos en el backstage? |
Más críticas hertzianas |
|
Grandes himnos del pop patrio |
||
Con limón, Sin hielo |