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Resumen del tema
Los seres humanos somos, desde el punto de vista de la clasificación biológica, Primates, un Orden de mamíferos que conocemos más familiarmente con el nombre de monos. Desde esta perspectiva, la discusión sobre si venimos o no del mono es estéril; porque eso es precisamente lo que somos nosotros: monos. Sin duda somos unos primates especiales, que nos distinguimos de los demás por una serie de rasgos únicos. Pero ¿cuáles son dichos rasgos? y ¿cuáles de nuestras características son comunes al resto de nuestros parientes, los demás monos?. Para saberlo, es conveniente conocer que tipo de primate somos, cuáles de entre los demás primates se parecen más a nosotros y en qué estriba dicho parecido.   

Los primates son un tipo de mamífero adaptado a la vida en el bosque tropical. En la actualidad, se conocen cerca de 175 especies distribuidas por las zonas tropicales de América, Asia y África. Los seres humanos son los únicos primates que han conseguido colonizar con éxito los ecosistemas estacionales de las regiones templadas del globo. En general, los primates son vegetarianos, frugívoros y folívoros, aunque sus dietas suelen ser variadas, incluyendo invertebrados y, a veces, mamíferos. Los primates conjugan la presencia de un esqueleto básicamente primitivo, especialmente en la dentición, junto a otras características propias muy evolucionadas. Estas características están relacionadas con dos aspectos que han marcado la historia evolutiva del grupo: la vida en los árboles, y la sociabilidad.  

En la actualidad, se distinguen dos subórdenes dentro del Orden Primates: Estrepsirrinos y Haplorrinos. Los primeros son menos variados y tienen una distribución geográfica más limitada. También son los Estrepsirrinos los primates de características más primitivas, por lo que también se les conoce como Prosimios (simios primitivos), en contraposición a los Simios o Estrepsirrinos. En este últimos suborden se encuadran los primates sudamericanos (o Platirrinos), el grupo de los cercopitécidos (papiones, mandriles, macacos y similares) y el de los hominoideos (gibones, orangutanes, chimpancés, gorilas y humanos). El conjunto de los hominoideos se distingue, ademas de por la pérdida de la cola, por una serie de adaptaciones a su peculiar forma de desplazarse por los árboles: la braquiación. Esto es, colgando de los brazos.  

Los actuales Prosimios son los representantes del grupo ancestral de los Simios. Dentro de estos, los Platirrinos fueron los primeros en desgajarse del tronco común. Con posterioridad, se separaron las estirpes evolutivas de cercopitécidos y hominoideos, que se diversificaron independientemente. Entre los hominoideos, se produjo pronto la separación de las líneas que darían lugar a los actuales hominoideos asiáticos. Así, el grupo de los gibones fue el primero en diverger, seguido de la línea conducente al orangután. Dentro del grupo de especies africanas, el linaje del gorila apareció en primer lugar, mientras que las líneas evolutivas de los chimpancés y de los homínidos (el conjunto en el que estamos encuadrados los seres humanos) fueron las últimas en separarse, hace algo más cinco millones de años.  

De este modo, los seres humanos presentamos características propias de los Primates, junto a otras que son exclusivas de los Haplorrinos, Hominoideos y Homínidos, respectivamente.
 
Distribución geográfica de los primates
 Las aproximadamente 175 especies del Orden Primates forman, en cuanto a sus requerimientos ecológicos, un conjunto muy homogéneo. Se puede generalizar diciendo que los primates son unos mamíferos que viven en bosques tropicales húmedos (pluvisilvas) o subtropicales de tipo monzónico, con lluvias estacionales y épocas secas en las que algunos árboles pierden las hojas. En ese medio forestal cálido y lluvioso es donde se ha desarrollado su evolución, y por lo tanto todos los primates presentan numerosas adaptaciones a la vida en los árboles.  

Hay, no obstante, unas pocas excepciones a esta definición ecológica de los primates: la de habitantes del bosque tropical. Los humanos somos una de ellas aunque, en realidad, sólo desde hace unos 2,5 millones de años, cuando dejamos de vivir en los bosques tropicales y empezamos a ocupar medios no tan densamente arbolados. También los papiones desarrollan su existencia en las sabanas más o menos despejadas de África, aunque siempre acuden a la protección de los roquedos o de los árboles para pasar la noche. También hay algunos macacos que se han adaptado a regiones más frías, tales como el norte de África, el sur de Europa, las faldas del Himalaya y el Japón.  

La Biogeografía Vegetal distingue seis reinos florísticos en el mundo. La distribución de los primates coincide prácticamente con los reinos Paleotropical y Neotropical. El primero abarca Madagascar y casi toda el África subsahariana, salvo la punta más meridional del continente, que es otro reino, llamado Capense, en el que también viven los primates. El reino Paleotropical se extiende en Asia por la península del Indostán (Pakistán, India y Bangladesh), Birmania, el sudeste asiático continental (Tailandia, Laos, Camboya y Vietnam) y el insular (Indonesia), y también incluye Filipinas.  

El reino Neotropical abarca toda Centroamérica y Sudamérica, excepto el cono sur (que pertenece al reino Antártico). Todas las tierras de los reinos Paleotropical y Neotropical son cálidas, y están comprendidas en su mayoría entre los trópicos de Cáncer, al norte, y de Capricornio, al sur. La causa principal de la casi ausencia de monos más allá de los trópicos es la estacionalidad, que se hace más marcada conforme nos apartamos del Ecuador.  

Los primates son bastante variados en cuanto a tipos de dieta, con especies completamente vegetarianas mientras otras son omnívoras e incorporan a su dieta pequeños vertebrados e invertebrados como los insectos, en los que algunos primates se han especializado. Incluso los papiones y chimpancés a veces cazan y consumen otros mamíferos, pese a ser su dieta vegetariana.  

A pesar de lo variado de su dieta, los primates presentan una limitación ecológica: no pueden soportar los largos periodos, propios de los climas estacionales, en los que no hay frutas, hojas verdes, tallos y brotes tiernos, o insectos de los que alimentarse. Las estaciones dependen de la inclinación del eje de la Tierra, que, con pequeñas fluctuaciones, ha existido siempre. Pero además, el enfriamiento del planeta en los últimos millones de años es otra causa importante a la hora de explicar la distribución geográfica actual de los primates, porque la estacionalidad se ve exagerada por el cambio climático. Las tierras alejadas del Ecuador son ahora más frías en invierno que en el pasado.   

Al norte de los reinos Paleotropical y Neotropical se encuentra el reino Holártico, que incluye Norteamérica, África del norte, toda Europa y casi toda Asia (la que no pertenece al reino Paleotropical). En el reino Holártico los primates sólo viven en la región Esteasiática, que abarca parte de China, Corea y Japón. También hay, como se ha dicho, macacos de Berbería en el Norte de África (ver figura). En el resto del reino Holártico no se ven monos en ninguno de sus paisajes, sean de tundra ártica, taiga boreal, bosque templado, bosque mediterráneo, estepa o desierto. 
                                               
El macaco de Berbería (Macaca sylvanus) es unos de los escasos primates que habita en el reino Holártico (según la biogeografía vegetal). El macaco que se observa en la foto procede del norte de África, concretamente de la cordillera del Atlas (Marruecos).
 
Por último, el reino Australiano está formado por Australia y Tasmania, y a él jamás llegaron los primates.  

También la Biogeografía Animal divide el mundo emergido en reinos y regiones atendiendo a la repartición geográfica de las especies de vertebrados terrestres. En términos generales las divisiones biogeográficas de zoólogos y botánicos coinciden, ya que en realidad reflejan las historias de los animales y de las plantas, que no son muy diferentes entre sí.  

Los reinos biogeográficos de los zoólogos son tres. Uno es la Neogea, que corresponde a Sudamérica y Centroamérica. Otro reino zoogeográfico es la Arctogea, que incluye toda Eurasia, África y Norteamérica. A su vez se divide en la región Neártica (Norteamérica), la región Paleártica (Europa, el norte de África y casi toda Asia), la región Etiópica (toda África salvo la franja mediterránea, más la Península Arábica y Madagascar), y la región Oriental (la parte tropical del sur y este del Asia continental, Indonesia y Filipinas). Los primates habitan las regiones Etiópica y Oriental, y faltan en la Neártica y en la Paleártica, con las excepciones del macaco de Berbería y del macaco japonés.  

Australia, Nueva Guinea, Tasmania y un puñado de islas de Indonesia forman el reino de Notogea, con una fauna muy original que da cuenta de su pasado de prolongado aislamiento. Sólo unas pocas especies de primates (aparte del hombre) se encuentran en el reino de Notogea. En el mapa de abajo se representa la distribución de los primates en los seis reinos atendiendo a la biogeografía vegetal y en los tres reinos biogeográficos de los zoólogos.
                                     
Los reinos biogeográficos de los zoólogos son tres: la Neogea, la Notogea y la Arctogea (a su vez subdividido en las regiones Etiópica, Paleártica, Oriental y Neártica). Los primates habitan las regiones Etiópica y Oriental, y faltan en la Neártica y Paleártica (con la excepción del macaco de Berbería y el macaco japonés).
 
Unos mamíferos poco originales
Anatómicamente hablando, los primates no son un grupo que destaque por su originalidad entre los mamíferos placentados, sino más bien todo lo contrario. En general, nuestro esqueleto ha cambiado poco desde los antepasados comunes al resto de los placentados. Por ejemplo, seguimos teniendo cinco dedos en manos y pies, y clavículas en la cintura torácica, rasgos éstos que la mayor parte de los demás mamíferos han modificado enormemente, o incluso perdido. Tampoco nuestra dentadura se ha visto muy modificada, ni en el número ni en la morfología de nuestros dientes, especialmente de los molares.  

Los mamíferos tenemos cuatro tipo de dientes en la boca. En la parte anterior están los incisivos, que pueden ser cónicos (como en los carnívoros) o espatulados (ese es el caso de, por ejemplo, los roedores o los primates), por detrás de éstos se encuentran los caninos, de forma cónica y más desarrollados que los demás dientes, luego están los premolares y, finalmente, los molares. Tanto el número de piezas como su forma han experimentado cambios en los distintos grupos de mamíferos, desde el antepasado común a todos ellos. Para describir la dentición de un mamífero, los zoólogos emplean la llamada fórmula dental. Puesto que tanto los dientes del maxilar como los de la mandíbula presentan simetría bilateral, basta con describir la dentición de un lado del maxilar y de la mandíbula siguiendo el orden incisivos, caninos, premolares y molares. Por ejemplo, las personas tenemos la siguiente fórmula dental: 2123/2123; o sea, 2 incisivos, 1 canino, 2 premolares y 3 molares, en cada lado de la boca, y tanto arriba como abajo.  

Pues bien, la fórmula dental del antepasado común de todos los primates es 2133/2133, que no es muy diferente de la del mamífero ancestral: 3143/3143. Los primates hemos perdido un incisivo en cada lado de la boca (arriba y abajo) y uno (o dos) premolares. Esta diferencia es muy pequeña si pensamos que la mayoría de los demás ordenes de mamíferos han sufrido modificaciones más drásticas en el número de piezas. En la figura se muestran ejemplos de varias fórmulas dentarias en primates
                                   
Los primates hemos perdido un incisivo en cada lado de la boca (arriba y abajo) y uno (o dos según el grupo) premolares. Fila superior, de izquierda a derecha: Ptilocercus, Lemur, Tarsius. Fila inferior, de izquierda a derecha: Cebus, Macaca, Pan.
 
Además, los molares de muchos grupos de mamíferos cuya dieta está muy especializada han sufrido una intensa evolución que ha cambiado la forma original de la superficie masticatoria de la corona, desde una morfología con cúspides redondeadas y aisladas, hasta formas con cúspides alargadas y unidas por puentes de esmalte (los herbívoros), u otras con cúspides planas y alineadas (los carnívoros). Como la mayor parte de las 175 especies de primates vivos tienen un tipo de alimentación poco especializada, aunque predominantemente vegetariana, la morfología de sus molares no ha cambiado apenas desde la del antepasado común al resto de mamíferos.  

En lo que si hemos cambiado los primates ha sido en una serie de características esqueléticas, fisiológicas y etológicas que nos hablan del nicho ecológico original de nuestro grupo: los primates somos, básicamente, animales arborícolas, sociales e inteligentes. Supliendo con una gran flexibilidad de comportamiento la falta de adaptaciones esqueléticas, hemos podido adaptarnos a ambientes y formas de vida dispares, pero todos seguimos llevando en nosotros la herencia de la vida en los árboles. 

De rama en rama 
Hay una serie de rasgos que compartimos todos los primates y que nos son exclusivos, que constituyen adaptaciones para un tipo especial de vida en los árboles. Así, nuestro dedo pulgar (al menos en la manos) es oponible lo que permite cerrar el puño y así poder coger las ramas, bien para colgarnos, para trepar o, simplemente, para sostenernos en ellas. Esta disposición del pulgar, está en la base de la capacidad de unir las pulpas de los cincos dedos, que faculta la prensión de precisión y la manipulación de objetos.   

Por otra parte, el grupo de los simios tenemos los ojos frontalizados, es decir, ambos en la parte anterior de la cara. Como resultado, a nuestro cerebro llegan dos imágenes muy similares desde cada ojo. Aunque parezca que esta situación es desventajosa, ya que limita el campo total de visión, que es mayor en animales que tienen los ojos a los lados de la cara, lo cierto es que esta característica es la base de nuestra vista estereoscópica, en tres dimensiones, que nos permite estimar con gran precisión distancias. Debido al quiasma óptico, en el que parte de las fibras de cada nervio óptico van a parar al hemisferio cerebral del lado contrario, a cada hemisferio cerebral le llegan a la vez imágenes de cada ojo. Como las imágenes procedentes de cada ojo son más o menos diferentes en función de lo lejano que esté el objeto visualizado (a mayor lejanía, más diferencia), el cerebro puede comparar ambas imágenes y deducir la distancia del objeto. Habilidad ésta que resulta fundamental para poder saltar de una rama a otra.   

Pero saltar con acierto no es la única capacidad de los simios ligada a la visión estereoscópica: la capacidad de manipular objetos está favorecida por nuestra visión en tres dimensiones, lo que permite que el cerebro pueda guiar eficazmente a las manos.   

Siguiendo con los dedos, y aunque este rasgo no está claramente asociado a la vida en los árboles, los primates tenemos uñas planas (al menos en los pulgares de los pies), como una lámina, en vez de garras.  

Por último, cuando las crías vienen al mundo, deben ser capaces de viajar con su madre en su acrobática vida en los árboles. Como resultado, los primates nacen con un determinadas habilidades psicomotrices bien desarrolladas: aquellas que les permiten agarrarse del pelaje materno y no caer cuando la madre se desplaza. Así los primates presentan, al nacimiento, un estado precoz de maduración nerviosa.  
      
Los gibones (géneros Hylobates y Symphalangus) son los hominoideos más especializados en la braquiación. Las crías al nacer ya poseen grandes habilidades psicomotrices que les permitan agarrarse al pelaje materno para no caer cuando la madre realiza sus desplazamientos.
 
Sociales e inteligentes 
Con muy pocas excepciones, la mayor parte de las especies de primates viven en grupos sociales de gran complejidad. Esta es una de las claves de su supervivencia, ya que la vida en grupo aumenta la eficacia en la localización de la comida y la defensa ante los depredadores. La compleja vida social de los primates está asociada a un notable desarrollo de su inteligencia, entendida como flexibilidad en su comportamiento a la hora de tomar decisiones.   

En relación con ello, los primates son, junto con lo cetáceos, el grupo de mamíferos más encefalizado. Es decir, que los primates poseen cerebros más grandes de lo esperado para un mamífero "típico" con su tamaño corporal. Dentro del Orden, los Haplorrinos están, en general, más encefalizados que los Estrepsirrinos. Y entre los Haplorrinos destacan los hominoideos por el tamaño de su cerebro, siendo los humanos y chimpancés, por este orden, los campeones de la encefalización entre los primates.   

Por otra parte, la reunión de vida social compleja y comportamiento flexible, es decir no determinado instintivamente, determina que los primates requieran periodos de aprendizaje más largos que los del resto de mamíferos. De este modo, se hacen necesarias infancias más largas, en las que aprenden todo lo necesario para sobrevivir y comportarse correctamente dentro del grupo. La prolongación de la infancia comporta un beneficio añadido: puesto que las crías crecen lentamente, la leche materna no necesita ser de alta calidad (de hecho la leche de los primates no se distingue por su riqueza en nutrientes), lo que evita a la madre el estrés alimentario que es frecuente en grupos con crecimiento rápido (como los felinos, por ejemplo). Como consecuencia, la mortalidad infantil por desnutrición es menor.
 
Clasificación de los primates
Dentro de los primates actuales se aceptan dos grupos con categoría de Suborden: los Estrepsirrinos (o Prosimios) y los Haplorrinos. La característica más notable que distingue a unos y a otros es la forma de la nariz y del labio superior (además de otras más complejas, tales como la estructura de los vasos que irrigan del oído medio, o el tipo de placenta). Los estrepsirrinos presentan el modelo primitivo, y común a muchos placentados, en el que los orificios nasales se encuentran rodeados de una superficie desnuda y húmeda (como es el caso de un perro, por ejemplo)llamada rinario; además, su labio superior está fusionado a las encías. Por el contrario, los Haplorrinos presentan la nariz cubierta de piel seca y el labio superior no está fusionado a las encías y es móvil  
                            
Los estresirrinos, representados aquí por el lemur de cola anillada (Lemur catta) (izquierda) tienen la piel desnuda y húmeda alrededor de las aberturas nasales y el labio inferior partido y fijado a las encías por la línea media. Los haplorrinos, aquí representados por un gorila (Gorilla gorilla) (derecha) tienen la piel que rodea los orificios nasales del mismo tipo que la del resto de la cara y el labio superior está fusionado y es móvil.

En el grupo de los estrepsirrinos se encuadran los lémures, los indris y el aye-aye (o lémures en sentido amplio), que evolucionaron y se diversificaron en condiciones de aislamiento en la isla de Magadascar (frente a la costa oriental de África). Algunas especies son nocturnas y otras diurnas. Desgraciadamente, la llegada reciente de los humanos supuso la degradación de su paraíso forestal y la desaparición de numerosas especies  
                           
El Aye-aye (Daubentonia madagascariensis) es un estrepsirrinos que junto a los lemures y los indris, evolucionó en condiciones de aislamiento en la isla de Madagascar. 
 
Además de los lémures e indris de Madagascar, los estrepsirrinos están representados, hoy día por los gálagos y potos, en África, y los loris en Asia.  

Los haplorrinos actuales, tienen una distribución y diversidad mucho mayor, y entre ellos nos encontramos los humanos. Los haplorrinos se dividen en tres grupos. Uno de ellos es el de los tarseros (Tarsiiformes); son éstos unos pequeños primates nocturnos de Filipinas, Borneo, Sumatra y otras islas del sudeste asiático, con ojos enormes, cola larguísima y tarsos muy largos en los pies para saltar. Antiguamente se agrupaban los tarseros junto con los estrepsirrinos en el suborden de los prosimios. Los otros dos grupos de haplorrinos son los catarrinos (Catarrhini), entre los que se encuentra nuestra especie, y los monos americanos, llamados platirrinos (Platyrrhini).  

Catarrinos y platirrinos suelen agruparse bajo una denominación común que se usa más o menos informalmente, la de simios o antropoideos (técnicamente Anthropoidea), a la que en el pasado se le daba la categoría de suborden. La distinción entre platirrinos y catarrinos se hace, entre otras características, de nuevo, por la forma de la nariz. Los platirrinos (que componen la Superfamilia Ceboidea) presentan los orificios nasales dispuestos en los lados de la nariz, mientras que en los catarrinos (formados por la Superfamilia Cercopitecoidea y la Superfamilia Hominoidea), estos orificios están en la región anterior (ver figura). Además, mientras que los platirrinos tienen la fórmula primitiva de los primates (excepto en el caso de los titíes y tamarinos que han perdido el último molar tanto arriba como abajo), los catarrinos hemos perdido 1 premolar respecto de la fórmula dentaria del primate antepasado.
                                                     
Los mandriles (Papio sphinx) son cercopitecidos, incluidos dentro de la familia de los catarrinos y presentan orificios nasales en la región anterior.
  
 Los platirrinos son exclusivamente sudamericanos, y constituye un misterio el saber como llegaron a Sudamérica desde África, en un momento en que ambos continentes estaban ya separados por el Océano Atlántico (aunque menos extenso que en la actualidad). Dentro de los platirrinos se encuadran, entre otros, los famosos titíes, los monos aulladores, los saimiris o monos ardilla, y los monos araña
                             
Dentro de los platirrinos se incluyen, entre otros, los monos aulladores (género Alouatta), que presentan una desproporcionada mandíbula (especialmente los machos) debido al singular superdesarrollo del aparato hiobranquial.
 
Los catarrinos están confinados al Viejo Mundo, casi exclusivamente a África y Asia, y pueden, a su vez, distinguirse dos grandes grupos dentro de ellos: la Superfamilia Cercopitecoidea y la Superfamilia Hominoidea, siendo estos últimos los más evolucionados; o sea, los más diferentes del antepasado común a ambos grupos.   

Los cercopitecoideos se distinguen con facilidad de los hominoideos por que, a diferencia de éstos, conservan la cola (con la única excepción de la mona de berbería: Macaca sylvanus). Otro carácter específico de los cercopitecoideos lo encontramos en la morfología de sus molares, cuyas cúspides están pareadas. Además, presentan caras más prominentes, y su locomoción es básicamente cuadrúpeda. Los cercopitecoideos se dividen en dos familias: Familia Cercopithecidae y Familia Colobidae.  

Los primeros son omnívoros y africanos, sus cuatro extremidades son prácticamente de la misma longitud, las colas son más cortas y las caras más prominentes. En este grupo se encuentran, entre otros, las doce especies de macacos, los geladas, las dos especies de mandriles, y las cuatro de papiones (también llamados babuinos). Los Colobidae son filófagos y mayoritariamente asiáticos (con la excepción de los colobos, que son africanos), de hábitos más arborícolas y estructura corporal más estilizadas. Además de los colobos, dentro de este grupo pude destacarse a los langures, que viven en los contrafuertes del Himalaya.  

Los hominoideos conforman un grupo muy homogéneo, en el que se encuentran los primates vivos de mayor talla: los gorilas, las personas, los orangutanes, los chimpancés, y los gibones. Todos los hominoideos presentamos hocico retraído y una serie de adaptaciones esqueléticas a un insólito tipo de locomoción arborícola: la braquiación.
 
La braquiación consiste en desplazarse por las ramas colgados de los brazos, balanceando el cuerpo como si de un péndulo se tratara. Para ello, los hominoideos tenemos el tórax aplanado del pecho a la espalda, en lugar de estar comprimido lateralmente como en el resto de los primates y en general en los mamíferos cuadrúpedos. Como consecuencia, nuestros omóplatos se sitúan en la espalda, en lugar de a los lados del cuerpo. El ensanchamiento lateral del tórax también hace que la clavícula sea más larga. Todas estas modificaciones permiten una gran capacidad de movimientos del brazo por encima del nivel de los hombros, que unida a la de extender completamente los brazos y la movilidad de la muñeca hacen posible la braquiación.  

Por otro lado, las manos se alargan mientras se reduce el primer dedo (el pulgar), para formar un auténtico gancho del que suspenderse. Esta modificación de la mano hace difícil a los hominoideos juntar las puntas de los dedos índice y pulgar. Los hominoideos tenemos además el tronco acortado en la región lumbar, con reducción del número de vértebras, lo que no nos permite arquearlo tanto como a los demás primates, pero le confiere una estructura más solida y nos facilita el mantener el tronco erguido.  

También como consecuencia de la braquiación los brazos están más desarrollados que las piernas. La proporción entre la longitud de los brazos y la de las piernas varía en los antropomorfos entre 147% en el siamang (una especie de gibón) y el 102% en el bonobo (o chimpancé pigmeo). Por otro lado, las manos se alargan mientras se reduce el primer dedo (el pulgar), para formar un auténtico gancho del que suspenderse. Esta modificación de la mano hace difícil a los antropomorfos juntar las puntas de los dedos índice y pulgar
             
La proporción entre la longitud de los brazos y la de las piernas en el Siamang (Symphalangus syndactylus) que es una especie de gibón altamente braquiador, es del 147%. Además las manos se alargan y se reduce el primer dedo.

Por supuesto que la adaptación posterior de nuestros antepasados a la marcha bípeda hizo cambiar algunas de las características que presentan los antropomorfos. En particular la pelvis y las piernas se han modificado drásticamente, la proporción entre los miembros en los humanos modernos es sólo del 72%, y el dedo gordo del pie ya no es oponible, y está alineado con el resto de los dedos. Por otro lado, en las manos se ha alargado el dedo pulgar y se ha acortado el resto de la mano, recuperándose así la habilidad para manipular objetos pequeños que los demás hominoideos han perdido en parte.  

Junto a estas características, los hominoideos son los primates con desarrollos más lentos e infancias más prolongadas, y los de comportamientos más complejos; o dicho de otro modo, los más inteligentes.

Los gibones (géneros Hylobates y Symphalangus, respectivamente), son los hominoideos más pequeños (pesan menos de 15 Kg), viven en el extremo sudeste de Asia y son el grupo más diversificado con, al menos, cinco especies. Viven en parejas que permanecen juntas durante toda la vida, participando por igual ambos sexos en el cuidado de la prole y en la defensa del territorio. No existen diferencias apreciables de tamaño entre los machos y las hembras. Son los hominoideos más especializados en la braquiación, hasta el punto de que la mayor parte de su vida transcurre en las ramas y rara vez bajan al suelo.  

También del sudeste asiático, los orangutanes (Pongo pygmaeus) presentan las diferencias más acusadas de tamaño entre los sexos de todos los hominoideos: los machos pesan el doble que las hembras (alrededor de 80 kg y 40 kg, respectivamente). Los machos viven solos en un territorio que defienden frente a otros machos. Las hembras también son territoriales y conviven con sus crías no adultas. Los territorios de varias hembras se solapan con los de un macho, pero solo se encuentran para la reproducción 
                                     
Cráneo de orangután (Pongo pigmaeus). Las diferencias de tamaño entre machos y hembras son muy acusadas en esta especie. 
  
 Los gorilas (Gorilla gorilla) son los hominoideos más grandes. Los machos pueden llegar a los 150 kg, mientras que las hembras no sobrepasan los 100 kg; es decir una diferencia entre los sexos algo menos acusada que en el caso de los orangutanes. Los gorilas viven en grupos formados por un macho adulto y varias hembras con sus crías. Dado su tamaño corporal, la mayor parte de su vida transcurre en el suelo, en donde se desplazan de manera cuadrúpeda apoyando en el piso las plantas de los pies y las segundas falanges de las manos. Son exclusivamente africanos.
                            
 Los Gorilas (Gorilla gorilla) son los hominoideos más grandes. La diferencia de tamaño entre los sexos es muy acusada aunque algo menor que en los orangutanes.
 
Se conocen dos especies de chimpancé, el chimpancé común (Pan troglodites) y el chimpancé enano o bonobo (Pan paniscus). Ambos viven en el África occidental, estando separadas sus áreas de distribución por el curso del río Congo. Los chimpancés viven en grupos numerosos formados por varios machos adultos emparentados junto con varias hembras y sus crías. Los chimpancés son promiscuos y hay poca diferencia de tamaño entre los sexos (alrededor de 45 kg los machos y unos 35 kg las hembras). Los chimpancés suben a los árboles para acceder a los frutos, que son la base de su alimentación, y para pasar la noche. Como en el caso de los orangutanes y gorilas, los machos de los chimpancés no colaboran en el cuidado y alimentación de las crías.  

Finalmente, las personas somos un tipo de hominoideo muy original. Nuestro tipo de locomoción bípeda es única y ha requerido una serie de adaptaciones esqueléticas que nos singularizan. También somos peculiares por la extraordinaria duración de nuestra infancia, por la extrema inmadurez de nuestros recién nacidos, nuestro gran cerebro y nuestro complejo comportamiento, que incluye una peculiaridad tan notable como es el lenguaje.
 
Relaciones evolutivas de los hominoideos  
Tanto los datos procedentes de la Paleontología, como los estudios de biología molecular, son coincidentes en señalar que todos los hominoideos compartimos un antepasado común exclusivo que vivió hace alrededor de 24 millones de años. La línea de los gibones fue la primera en desgajarse del tronco común, hace cerca de 20 millones de años. Posteriormente se separó la estirpe del orangután, hace alrededor de 14 millones de años. El último antepasado común exclusivo de los hominoideos africanos (gorilas, chimpancés y personas) vivió hace unos 7 millones de años, momento en que se originó el linaje del gorila. Finalmente las líneas evolutivas de chimpancés y humanos se separaron hace poco más de 5 millones de años.  

Es decir, que el chimpancé es nuestro pariente más próximo, nuestro hermano, pero no nuestro antepasado. También merece la pena subrayar que las personas y los chimpancés estamos más estrechamente emparentados de lo que lo están el chimpancé y el gorila. Del mismo modo, chimpancé, gorilas y humanos, están más próximos evolutivamente entre sí, que cualquiera de ellos con el orangután. Los gibones son los parientes más lejanos del resto de los hominoideos. Para expresarlo en términos familiares: chimpancés y personas somos "hermanos", los gorilas son "primos hermanos", los orangutanes "primos segundos" y los gibones "primos terceros".
                                    
Relaciones evolutivas de los hominoideos. Las líneas evolutivas de chimpancés y humanos se separaron hace poco más de 5 millones de años.
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