REFLEXIÓN SOBRE MATERIAS
DEL PROGRAMA O SOBRE LA BIBLIOGRAFÍA. RESPUESTAS
Mª del Carmen
González Parra
Diplomada en Arquitecta Técnica
El conocimiento de la primitiva sociedad cristiana,
derivado de los estudios sobre los monumentos cristianos más
antiguos, ha arrojado luz sobre muchos aspectos oscuros de la historia
de la Iglesia primitiva, que eran conocidos a través de la literatura
que ha legado hasta nosotros desde los primeros tiempos del cristianismo.
Es igualmente cierto que el estudio de los monumentos cristianos es
imposible hacerlo sin el estudio de las diversas fuentes literarias
de la antigüedad cristiana. La literatura y los monumentos se suplementan
los unos a los otros. Entre las primeras fuentes iniciales, indispensables
para el estudio de los monumentos, es el arte cristiano del primer siglo,
inspirado por las Sagradas Escrituras; después de éste
siguen, el Martirologio, las liturgias cristianas, ciertas oraciones
litúrgicas, en particular aquellas relacionadas con la muerte,
los calendarios de la Iglesia, los llamados Libros Pontificales, especialmente
el "LIBER PONTIFICALIS", los antiguos misales y ritos sacramentales,
en general toda la literatura cristiana hasta bien entrados los tiempos
medievales; especialmente útiles fueron los itinerarios de los
peregrinos a causa de las indicaciones que contenían referentes
a la
topografía de los antiguos cementerios subterráneos de
la Roma cristiana.
Carácter de los monumentos primitivos y resultados
principales de las investigaciones arqueológicas cristianas.
Los principales monumentos de los primitivos cristianos se han encontrado
en las catacumbas de Roma; las partes más antiguas datan del
primer siglo de la era cristiana, así que, cualquier información
que proporcionen nos dan una estampa del período apostólico
debe tenerse presente que todos esos monumentos son de carácter
fúnebre; nadie puede esperar encontrar en las inscripciones de
los modernos cementerios católicos una exposición completa
de teología católica, ni tampoco pueden verse exposiciones
de dogmas en los frescos e inscripciones de las catacumbas. Cualquier
información que razonablemente pueda esperarse de dichos monumentos,
debe tener relación con las ideas sobre la muerte que estaban
en las mentes de quienes los erigían; dentro de ese alcance y
un poco mas allá, los monumentos son perfectamente claros. Las
inscripciones y pinturas de las catacumbas, lo mismo que los sarcófagos
tallados del siglo cuarto y posteriores, exhiben, de manera inequívoca,
las creencias de sus autores acerca de la existencia más allá
de la tumba.
Inscripciones
Las inscripciones cristianas son en extremo simples, apenas si mencionan
el nombre del difunto, acompañado de una breve oración
por su alma: "Reina, puedes vivir en el Señor Jesús",
"La paz esté contigo", "En paz", "En
Dios"; hacia el siglo tercero, estas fórmulas se habían
ampliado hasta incluir la Trinidad y la Comunión de los Santos.
Aún más interesante, tal vez, son las deducciones que
legítimamente se pueden extraer de ciertas peculiaridades de
estos primitivos monumentos cristianos; la igualdad de todos ante Dios,
por ejemplo, es enseñada a través del silencio elocuente
de los epitafios, sobre los rangos o títulos mundanos de los
difuntos; las alusiones a esclavos y hombres libres, tan comunes en
las inscripciones contemporáneas paganas, se encuentran en unos
pocos epitafios cristianos, y eso, de manera muy bondadosa. Aún
más notable, es el silencio de las inscripciones cristianas sobre
las persecuciones, en un momento donde eran inminentes; ningún
pensamiento sobre sus perseguidores fue dado, ya que el pensamiento
de los seguidores de Cristo estaba absorbido por el mundo más
allá de la tumba; y con referencia a este mundo mejor, habían
recreado una confianza perfecta; el nombre dado a su último lugar
de descanso, "cementerio" (KOIMETERIUM, DORMITORIUM, lugar
de descanso), revela su confianza en las promesas del Salvador. Las
inscripciones métricas, erigidas en la cuarta centuria por el
Papa Dámaso (366-384), manifiestan la gran veneración
en que se tenían los mártires, y al mismo tiempo, proporcionan
datos invaluables su historia.
Pintura
Siguiendo la costumbre de decorar las tumbas de los amigos muertos,
los cristianos de Roma, desde el primer siglo, empezaron a adornar con
frescos las cámaras sepulcrales de las catacumbas; de esta forma
ellas fueron la "cuna del arte cristiano"; aunque algunos
de los escritores cristianos de los primeros siglos miraron esta producción
artística con sospecha, la Iglesia de Roma nunca pareció
tener dudas sobre esta materia: el arte es sí mismo es indiferente,
¿por qué no adoptarlo y purificarlo? Esto fue precisamente
lo que
e hizo; de esta forma el proceso de purificación se inició,
aún en las pinturas más antiguas de las catacumbas, con
fechas de finales del primer siglo. La ornamentación pictórica
de las tumbas de las familias Afiliana y Flaviana, que pertenecen a
este periodo, aunque principalmente decorativas con caracteres como
las de las tumbas paganas, están libres de motivos indelicados
o idolátricos. Los cimientos del arte específicamente
cristiano yacen
en el primer siglo, tal como se puede ver en unos pocos frescos que
representan a Daniel en el foso de los leones, Noé en el arca,
y el Buen Pastor. En numerosos frescos se manifiesta la creencia en
la divinidad de Cristo, y la virgen María ocupa un lugar prominente
en el pensamiento de los cristianos de los primeros tres siglos; lo
que es aparente por las diversas representaciones de María (la
más antigua de la primera mitad del siglo segundo), con el Niño
Salvador en sus brazos. El desarrollo gradual de la idea de la importancia
del lugar de María en el esquema de la redención, es deducido
por comparación de los frescos más tempranos con los últimos
de la Madre y el Niño; una pintura de la última mitad
del siglo tercero, en la catacumba de Santa Priscila, la representa
como modelo para una virgen que toma el velo; mientras que un fresco,
hacia la mitad de la cuarta centuria, en el Cementerio Mayor, María
es vista en actitud de oración, intercediendo, de acuerdo a la
interpretación de Wilpert, con su Hijo Divino, por los amigos
sobrevivientes de la persona difunta, en donde esta representación
aparece.
Escultura
Durante los primeros tiempos de la Iglesia la escultura cristiana fue
casi desconocida; muchas razones se han dado para esta circunstancia,
la principal de ellas, además de su costo, estriba en la dificultad
práctica de producir trabajos, indistintamente cristianos, sin
conocimiento de los gobernantes y de un público hostil. Sólo
sobreviven algunas estatuas y sarcófagos con representaciones
de las Sagradas Escrituras, pertenecientes a los tres primeros siglos;
la escultura cristiana empezó su verdadero desarrollo en el siglo
cuarto, durante el tiempo de paz decretado por Constantino. Las principales
esculturas de este período se encuentran en los numerosos sarcófagos
que se encuentran principalmente en Roma, Rávena y en varios
lugares de Francia, donde fueron enterrados los cristianos de la época
de Constantino y posteriormente. Siendo monumentos fúnebres,
los temas simbólicos de los frescos fueron también apropiados
para los sarcófagos. Pero los escultores cristianos rápidamente
cayeron bajo la influencia del nuevo desarrollo del arte cristiano,
visto por primera vez en las basílicas erigidas por Constantino;
sus símbolos de triunfo, junto con las escenas históricas
delineadas en sus paredes, también se encuentran en los sarcófagos
cristianos, al lado de algunos de los símbolos más primitivos
y sagrados de las catacumbas. La transición del arte simbólico
al histórico es, consecuentemente, mejor representado en los
sarcófagos tallados del siglo cuarto y posteriores.
Basílicas
De acuerdo a los Hechos de los Apóstoles, los primeros cristianos
acostumbraban a reunirse en casas privadas para la celebración
de la liturgia: "fraccionando el pan de casa en casa" (Hch
2.46). Los primeros locales independientes para el culto cristiano,
fueron las casas de aquellos de entre ellos, que poseían edificios
lo suficientemente grandes para acomodar un gran número de personas.
Bajo el reinado de Constantino, la costumbre establecida en la Iglesia
de Jerusalén de reunirse en residencias privadas para la celebración
de la liturgia, parece que se siguió en forma general; parece
muy probable, que fuesen iglesias del tipo basílica que se encuentra
en Asia Menor antes de Constantino. La iglesia de Nicomedia, destruida
en la persecución de Diocleciano, se construyó en el siglo
tercero; de acuerdo a una antigua tradición, la casa del Senador
Pudens en Roma, también como la de Santa Cecilia, fueron usadas
para tal propósito. El romance conocido como "El Reconocimiento
de Clementina" tiene dos referencias interesantes sobre esta materia:
el autor habla de un cierto Maro quien invitó a San Pedro a predicar
en un salón de su mansión, capaz de albergar a quinientas
personas; y en otra lugar, habla de un nombre llamado Teófilo,
quién tenía un salón en su casa consagrado como
iglesia. Las iglesias cristianas del siglo cuarto, conocidas como basílicas,
derivan su nombre y algunas de sus principales características,
ya de las basílicas públicas, como las del foro romano,
o de las basílicas privadas de las grandes mansiones, tales como
los salones de Maro y Teófilo. Estaban conformadas por un gran
salón de forma oval, divididas por columnas entre una nave central
y dos o cuatro pasillos; el ábside, en el extremo opuesto a la
entrada al salón, hereda, de acuerdo con Kraus y otros, de las
iglesias primitivas en los cementerios, estructuras con tres ábsides,
dos de ellas pueden aún verse en el cementerio de San Calixto;
el ábside, sin embargo, es una característica que se encuentra
en las dos basílicas de Trajano y Majencio. El atrio en frente
de la entrada, es una característica de la basílica cristiana,
no vista en las basílicas civiles, y evidentemente es una reminiscencia
de la iglesia doméstica de los primeros tres siglos.
El baptisterio erigido en forma adyacente a las basílicas, fue,
como regla general, de forma circular o poligonal. Los edificios circulares
también se erigieron como mausoleos; dos de los mejores ejemplos
son la iglesia de Santa Constanza en Roma y el mausoleo del Rey Teodorico
en Rávena. Siguiendo los precedentes de la iglesia del Santa
Sepulcro en Jerusalén, en algunas ocasiones se erigían
iglesias circulares u octagonales; la iglesia de San Vital en Rávena
es la estructura occidental de este tipo mejor conocida. La decoración
inferior de las basílicas cristianas exhibió el nuevo
desarrollo del arte cristiano; los símbolos bosquejados en las
catacumbas eran perfectamente apropiados para el propósito para
el cual se hicieron, pero un diferente estilo de adorno fue exigido
en los edificios cuyo objeto no estaba asociado inmediatamente con la
muerte. Sin embargo, la iglesia de Cristo había tenido un gran
triunfo sobre el paganismo, lo que sugirió a los artistas cristianos
del tiempo de Constantino la idea de conmemorar la victoria en las basílicas;
de esta forma vino en existencia un nuevo simbolismo representando a
Cristo triunfante en su trono: en los frescos y mosaicos de las basílicas
fueron representadas frecuentemente escenas de la vida de Cristo o del
Antiguo Testamento, que sirvieron no sólo como adornos, sino
como excelentes ilustraciones de las Sagradas Escrituras.

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