Reflexión sobre materias del programa o sobre bibliografía

 

 

 

 

 

http://www.alonsocano.tk        ISSN: 1697-2899                   D.L:GR2134/2004

REFLEXIÓN SOBRE MATERIAS DEL PROGRAMA O SOBRE LA BIBLIOGRAFÍA. RESPUESTAS

Mª del Carmen González Parra
Diplomada en Arquitecta Técnica

El conocimiento de la primitiva sociedad cristiana, derivado de los estudios sobre los monumentos cristianos más antiguos, ha arrojado luz sobre muchos aspectos oscuros de la historia de la Iglesia primitiva, que eran conocidos a través de la literatura que ha legado hasta nosotros desde los primeros tiempos del cristianismo. Es igualmente cierto que el estudio de los monumentos cristianos es imposible hacerlo sin el estudio de las diversas fuentes literarias de la antigüedad cristiana. La literatura y los monumentos se suplementan los unos a los otros. Entre las primeras fuentes iniciales, indispensables para el estudio de los monumentos, es el arte cristiano del primer siglo, inspirado por las Sagradas Escrituras; después de éste siguen, el Martirologio, las liturgias cristianas, ciertas oraciones litúrgicas, en particular aquellas relacionadas con la muerte, los calendarios de la Iglesia, los llamados Libros Pontificales, especialmente el "LIBER PONTIFICALIS", los antiguos misales y ritos sacramentales, en general toda la literatura cristiana hasta bien entrados los tiempos medievales; especialmente útiles fueron los itinerarios de los peregrinos a causa de las indicaciones que contenían referentes a la
topografía de los antiguos cementerios subterráneos de la Roma cristiana.

Carácter de los monumentos primitivos y resultados principales de las investigaciones arqueológicas cristianas.
Los principales monumentos de los primitivos cristianos se han encontrado en las catacumbas de Roma; las partes más antiguas datan del primer siglo de la era cristiana, así que, cualquier información que proporcionen nos dan una estampa del período apostólico debe tenerse presente que todos esos monumentos son de carácter fúnebre; nadie puede esperar encontrar en las inscripciones de los modernos cementerios católicos una exposición completa de teología católica, ni tampoco pueden verse exposiciones de dogmas en los frescos e inscripciones de las catacumbas. Cualquier información que razonablemente pueda esperarse de dichos monumentos, debe tener relación con las ideas sobre la muerte que estaban en las mentes de quienes los erigían; dentro de ese alcance y un poco mas allá, los monumentos son perfectamente claros. Las inscripciones y pinturas de las catacumbas, lo mismo que los sarcófagos tallados del siglo cuarto y posteriores, exhiben, de manera inequívoca, las creencias de sus autores acerca de la existencia más allá de la tumba.

Inscripciones
Las inscripciones cristianas son en extremo simples, apenas si mencionan el nombre del difunto, acompañado de una breve oración por su alma: "Reina, puedes vivir en el Señor Jesús", "La paz esté contigo", "En paz", "En Dios"; hacia el siglo tercero, estas fórmulas se habían ampliado hasta incluir la Trinidad y la Comunión de los Santos.
Aún más interesante, tal vez, son las deducciones que legítimamente se pueden extraer de ciertas peculiaridades de estos primitivos monumentos cristianos; la igualdad de todos ante Dios, por ejemplo, es enseñada a través del silencio elocuente de los epitafios, sobre los rangos o títulos mundanos de los difuntos; las alusiones a esclavos y hombres libres, tan comunes en las inscripciones contemporáneas paganas, se encuentran en unos pocos epitafios cristianos, y eso, de manera muy bondadosa. Aún más notable, es el silencio de las inscripciones cristianas sobre las persecuciones, en un momento donde eran inminentes; ningún pensamiento sobre sus perseguidores fue dado, ya que el pensamiento de los seguidores de Cristo estaba absorbido por el mundo más allá de la tumba; y con referencia a este mundo mejor, habían recreado una confianza perfecta; el nombre dado a su último lugar de descanso, "cementerio" (KOIMETERIUM, DORMITORIUM, lugar de descanso), revela su confianza en las promesas del Salvador. Las inscripciones métricas, erigidas en la cuarta centuria por el Papa Dámaso (366-384), manifiestan la gran veneración en que se tenían los mártires, y al mismo tiempo, proporcionan datos invaluables su historia.

Pintura
Siguiendo la costumbre de decorar las tumbas de los amigos muertos, los cristianos de Roma, desde el primer siglo, empezaron a adornar con frescos las cámaras sepulcrales de las catacumbas; de esta forma ellas fueron la "cuna del arte cristiano"; aunque algunos de los escritores cristianos de los primeros siglos miraron esta producción artística con sospecha, la Iglesia de Roma nunca pareció tener dudas sobre esta materia: el arte es sí mismo es indiferente, ¿por qué no adoptarlo y purificarlo? Esto fue precisamente lo que
e hizo; de esta forma el proceso de purificación se inició, aún en las pinturas más antiguas de las catacumbas, con fechas de finales del primer siglo. La ornamentación pictórica de las tumbas de las familias Afiliana y Flaviana, que pertenecen a este periodo, aunque principalmente decorativas con caracteres como las de las tumbas paganas, están libres de motivos indelicados o idolátricos. Los cimientos del arte específicamente cristiano yacen
en el primer siglo, tal como se puede ver en unos pocos frescos que representan a Daniel en el foso de los leones, Noé en el arca, y el Buen Pastor. En numerosos frescos se manifiesta la creencia en la divinidad de Cristo, y la virgen María ocupa un lugar prominente en el pensamiento de los cristianos de los primeros tres siglos; lo que es aparente por las diversas representaciones de María (la más antigua de la primera mitad del siglo segundo), con el Niño Salvador en sus brazos. El desarrollo gradual de la idea de la importancia del lugar de María en el esquema de la redención, es deducido por comparación de los frescos más tempranos con los últimos de la Madre y el Niño; una pintura de la última mitad del siglo tercero, en la catacumba de Santa Priscila, la representa como modelo para una virgen que toma el velo; mientras que un fresco, hacia la mitad de la cuarta centuria, en el Cementerio Mayor, María es vista en actitud de oración, intercediendo, de acuerdo a la interpretación de Wilpert, con su Hijo Divino, por los amigos sobrevivientes de la persona difunta, en donde esta representación aparece.

Escultura
Durante los primeros tiempos de la Iglesia la escultura cristiana fue casi desconocida; muchas razones se han dado para esta circunstancia, la principal de ellas, además de su costo, estriba en la dificultad práctica de producir trabajos, indistintamente cristianos, sin conocimiento de los gobernantes y de un público hostil. Sólo sobreviven algunas estatuas y sarcófagos con representaciones de las Sagradas Escrituras, pertenecientes a los tres primeros siglos; la escultura cristiana empezó su verdadero desarrollo en el siglo cuarto, durante el tiempo de paz decretado por Constantino. Las principales esculturas de este período se encuentran en los numerosos sarcófagos que se encuentran principalmente en Roma, Rávena y en varios lugares de Francia, donde fueron enterrados los cristianos de la época de Constantino y posteriormente. Siendo monumentos fúnebres, los temas simbólicos de los frescos fueron también apropiados para los sarcófagos. Pero los escultores cristianos rápidamente cayeron bajo la influencia del nuevo desarrollo del arte cristiano, visto por primera vez en las basílicas erigidas por Constantino; sus símbolos de triunfo, junto con las escenas históricas delineadas en sus paredes, también se encuentran en los sarcófagos cristianos, al lado de algunos de los símbolos más primitivos y sagrados de las catacumbas. La transición del arte simbólico al histórico es, consecuentemente, mejor representado en los sarcófagos tallados del siglo cuarto y posteriores.

Basílicas
De acuerdo a los Hechos de los Apóstoles, los primeros cristianos acostumbraban a reunirse en casas privadas para la celebración de la liturgia: "fraccionando el pan de casa en casa" (Hch 2.46). Los primeros locales independientes para el culto cristiano, fueron las casas de aquellos de entre ellos, que poseían edificios lo suficientemente grandes para acomodar un gran número de personas. Bajo el reinado de Constantino, la costumbre establecida en la Iglesia de Jerusalén de reunirse en residencias privadas para la celebración de la liturgia, parece que se siguió en forma general; parece muy probable, que fuesen iglesias del tipo basílica que se encuentra en Asia Menor antes de Constantino. La iglesia de Nicomedia, destruida en la persecución de Diocleciano, se construyó en el siglo tercero; de acuerdo a una antigua tradición, la casa del Senador Pudens en Roma, también como la de Santa Cecilia, fueron usadas para tal propósito. El romance conocido como "El Reconocimiento de Clementina" tiene dos referencias interesantes sobre esta materia: el autor habla de un cierto Maro quien invitó a San Pedro a predicar en un salón de su mansión, capaz de albergar a quinientas personas; y en otra lugar, habla de un nombre llamado Teófilo, quién tenía un salón en su casa consagrado como iglesia. Las iglesias cristianas del siglo cuarto, conocidas como basílicas, derivan su nombre y algunas de sus principales características, ya de las basílicas públicas, como las del foro romano, o de las basílicas privadas de las grandes mansiones, tales como los salones de Maro y Teófilo. Estaban conformadas por un gran salón de forma oval, divididas por columnas entre una nave central y dos o cuatro pasillos; el ábside, en el extremo opuesto a la entrada al salón, hereda, de acuerdo con Kraus y otros, de las iglesias primitivas en los cementerios, estructuras con tres ábsides, dos de ellas pueden aún verse en el cementerio de San Calixto; el ábside, sin embargo, es una característica que se encuentra en las dos basílicas de Trajano y Majencio. El atrio en frente de la entrada, es una característica de la basílica cristiana, no vista en las basílicas civiles, y evidentemente es una reminiscencia de la iglesia doméstica de los primeros tres siglos.
El baptisterio erigido en forma adyacente a las basílicas, fue, como regla general, de forma circular o poligonal. Los edificios circulares también se erigieron como mausoleos; dos de los mejores ejemplos son la iglesia de Santa Constanza en Roma y el mausoleo del Rey Teodorico en Rávena. Siguiendo los precedentes de la iglesia del Santa Sepulcro en Jerusalén, en algunas ocasiones se erigían iglesias circulares u octagonales; la iglesia de San Vital en Rávena es la estructura occidental de este tipo mejor conocida. La decoración inferior de las basílicas cristianas exhibió el nuevo desarrollo del arte cristiano; los símbolos bosquejados en las catacumbas eran perfectamente apropiados para el propósito para el cual se hicieron, pero un diferente estilo de adorno fue exigido en los edificios cuyo objeto no estaba asociado inmediatamente con la muerte. Sin embargo, la iglesia de Cristo había tenido un gran triunfo sobre el paganismo, lo que sugirió a los artistas cristianos del tiempo de Constantino la idea de conmemorar la victoria en las basílicas; de esta forma vino en existencia un nuevo simbolismo representando a Cristo triunfante en su trono: en los frescos y mosaicos de las basílicas fueron representadas frecuentemente escenas de la vida de Cristo o del Antiguo Testamento, que sirvieron no sólo como adornos, sino como excelentes ilustraciones de las Sagradas Escrituras.

Reflexiones en WORD
Artículo Formato WORD