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| http://www.alonsocano.tk ISSN: 1697-2899 D.L:GR2134/2004 | |||||||||
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OTRAS ESTAMPAS DE CARÁCTER RELIGIOSO EN LA ESPAÑA DEL SIGLO XIX Jorge Jesús Cabrerizo
Hurtado Para finalizar este estudio, cabe citar otras suertes
de estampas variadas en planteamiento pero con el denominador común
del filtro de lo sacro. Gran cantidad de tarjetas de visita de obispos y autoridades eclesiásticas tiene definidas características sacras, más o menos concretas, en numerosas ocasiones de manera clara y concisa y en otras muchas mediante alegorías elegantes de carácter religioso. Este es el caso de la tarjeta de visita de “El Arzobispo Obispo de Cádiz” (L.14) de José María Martín, en el que una dama velata reflexiona, apoyada en el pilar de Dios –triángulo equilátero definitorio- sobre escrituras piadosas acerca de la Pasión –Cruz- de Cristo. Se trata de la Sabiduría iluminada por el candil de la Fe. Abajo, ángeles con atributos obispales. Este es un ejemplo de los muchos que existen a este respecto, en una curiosa función del grabado de tema sacro digna de reseñarse. Al igual que existen tarjetas de visita, se desarrolla otro producto dentro de la industria del grabado religioso que tendrá gran aceptación hasta nuestros días. Se trata de las tarjetas que rubrican de manera especial un hito vital de un cristiano particular. De enorme popularidad durante la segunda mitad del siglo XIX y primera del XX, los recordatorios de Primera Comunión y los de defunción vivirán un apogeo notable en el periodo de mecanización moderna y producción realmente masiva de este producto, pero ya existían en el periodo más artesanal del grabado. Tomás Blasco Soler graba en 1840 un curioso recordatorio de Primera Comunión para los niños que la hicieran en la iglesia parroquial de San Salvador de Valencia (L.15), con la precaución de dejar espacio al final de la fecha (“184…”) para que los particulares se cuidaran de rellenarlo correctamente. Los Gozos -que continúan con salud y aceptación popular inalterable en el XIX, viniendo desde la Edad Media- son engalanados con grabados no solo de motivos decorativos florales y diversos moldes de letras: también suelen abrirse encabezados por una pequeña viñeta que representa a Cristo, Virgen o santo al que se dedicaba esta composición poética de loor en coplas y estribillos que los fieles solían cantar en su fiesta concreta. Suelen tratarse, en su mayoría, de grabados anónimos más o menos pueriles -muchos de ellos en xilografía o calcografía muy básica estéticamente- que se estampaban sobre un papel estandarizado ya con el motivo de orla que lo decoraba y en el que se cambiaba el texto y la viñeta –la cual también solía grabarse a parte como estampa devocional exenta-. Un ejemplo es el valenciano “Gozos al Niño Jesús recién nacido venerado en la Huerta del Camino del Grao” (L.16), obra anónima valenciana impresa y vendida en los establecimientos de J. Martí, o los “Gozos al santísimo Cristo de Mazalaves”, también de estética similar. Las Aleluyas constituyen un tipo de estampa de función similar a la del gozo, solo que carente de texto y con un mejor acabado a nivel de originalidad artística. De menor tamaño que el anterior, su función es la de festejar un día concreto del calendario litúrgico. Ese día especialmente festivo se lanzaban, regalaban o vendían estas estampas como recuerdo y reliquia de aquella jornada sacralizada por la celebración religiosa. “Las aleluyas estuvieron muy en boga desde el siglo XVII. Pertenecen a un género de corta producción y lo trabajaron buenos grabadores, entre estos, Carmona. (…) eran hojitas volanderas, destinadas a lanzarse por cientos en las grandes solemnidades catedralicias en el momento de la entonación del Aleluya; posteriormente se utilizaron en las fiestas del Corpus y de la Concepción. Hacia finales del XVIII aparecen las aleluyas de “promesas” sufragadas por el donante de la impresión y que incorporan al motivo central de la estampa la figura del orante” . En el Ochocientos se pierde en algo la presencia de estos pasquines a lo sacro, dada la búsqueda –por ley canónica- de mayor solemnidad en las celebraciones religiosas, eliminándose efectismos muy del gusto barroco como este de las aleluyas lanzadas en plena celebración, los autómatas en algunos órganos catedralicios o las diversas escenografías sensacionalistas de agrado popular y a veces chabacano. M. Texada, en la Sevilla de pleno siglo XIX, graba la hermosa “Nuestra Señora de la Antigua” –estampa aleluya- diseñada por Paret. Los Convites de Hermandad, otro tipo singular de estampa
religiosa, son citaciones o avisos previos a las celebraciones de cultos
anuales de hermandades y cofradías. Generalmente muestran dibujos
de exagerado virtuosismo decorativo, a finales del XVIII, con rúbricas
refinadas en cursiva que venían a configurar los vestidos de los
santos y las Vírgenes ahí representados. Un juego elegante
de engaño óptico –trazo de línea de texto confundida
con volúmenes de los cuerpos representados- propio de lo rococó.
En el siglo XIX estas piezas ya constituirán temas religiosos más
serios afines a la cofradía de turno. Es el caso de la magnífica
estampa de Francisco Jordán para la “Cofradía del
Buen Pastor de Valencia” (1800) (L.17), sobre original de Vicente
López, que inventa y dibuja esta hermosa figura del Redentor, tal
y como reza la firma al pie de la imagen. Pero, sin duda, parcela destacada dentro de este grupo
heterogéneo de grabados de tema religioso será el grabado
religioso-político. La Monarquía, de preclaro origen divino
en las sociedades del Antiguo Régimen, muestra su adhesión
a la Iglesia –o viceversa- de diversas y conocidas maneras. Una
de ellas, la que nos concierne, será la estampa de propaganda político-religiosa,
en la que se recrea el halo de divinidad de la realeza y su gobierno. “Hasta el siglo XIX la noción de poder político es equivalente a monarquía y nobleza, y este poder utiliza las estampas como medio de mantener y propagar la ideología en que se sustenta, es decir, el poder personal de origen divino,…” . Para ello, por lógica, la imagen religiosa se une con el retrato real de manera ficticia. Dos mundos teóricamente enlazados en la testa coronada. Las devociones populares, si se comprueban compartidas por el rey, acercan el monarca a su pueblo. Así, Iglesia –representada por devociones patronales- une pueblo y monarca en torno a una misma fe que es la que, al tiempo, justifica que dicho pueblo se someta al monarca absoluto, bendecido por la divinidad. “También existen estampas en las que el retrato del rey se encuentra íntimamente asociado a la estampa religiosa, pues el monarca aparece junto a las imágenes de la Virgen o los santos: (…) Carlos IV ofrece la Biblia a la Iglesia y (…) Fernando VII figura en estampas en las que lo religioso y lo político se amalgaman en su totalidad” . Ejemplo será la estampa anónima de “Nuestro
amado Rey Fernando VII…” (1808) (L.18), que deja su banda
a la Virgen de Atocha, fiándole su dicha y la de la Nación
antes de partir para Bayona. El monarca arrodillado frente a la venerada
imagen entra en el plano de lo trascendente histórico al estar
acompañado de un pequeño ángel que revolotea entorno
a su cabeza. El ángel sostiene una corona -que viene a colocar
sobre Fernando VII- y una palma, símbolo del martirio que sufre
el monarca a manos de las tropas napoleónicas al tener que abandonar
a su pueblo y partir para el exilio y prisión forzosos. El patetismo
del tema -exagerado en cuanto al atributo de mártir para el nefasto
monarca- sacraliza las decisiones del rey. Diviniza la Historia valiéndose
para ello del instrumento por antonomasia de la divinidad en la tierra:
la Monarquía. Se cierra el ciclo propagandista. La ilustración de libros de tema sacro merecería
de por sí un extenso estudio, más allá de la reducidísima
referencia que se hace en estas líneas. Variado campo en el que
una cierta libertad creativa –aunque afecta a prototipos estereotipados
en demasiados casos- hace que una ingente cantidad de dibujos destinados
al acompañamiento de numerosos textos religiosos plantee un panorama
interesante y desconocido dentro del arte español del momento.
El siglo XIX, con su eclosión de la actividad editorial, tiene
en la catolicísima España terreno fecundo para la ilustración
sacra.
Desde la perspectiva con la que se ha configurado este trabajo –la de proporcionar una pequeña introducción al panorama del grabado decimonónico español de tema religioso, inexistente aún dentro de los manuales de arte- podemos afirmar que la puesta en valor desde un foco multidisciplinar –estético, artístico, histórico, antropológico, religioso e incluso político- del grabado español de tema religioso durante el siglo XIX , tiene en este pequeño ensayo un breve manual que puede guiar a los interesados por el desconocido sendero de lo inexplorado. Una ingente cantidad de grabados religiosos que, desde su humilde posición de objeto minúsculo y efímero, aglutinaron y aún hoy lo siguen haciendo la fe de miles de seres humanos. La fe en la Iglesia, en Cristo y sus santos… como la fe en un monarca, o en la estética. Todo ello desde el fruto riquísimo de los grabadores: desde la óptica de los artistas. • BALLESTERO, Manuel. El principio romántico.
Barcelona: Anthropos, 1990. Principales fuentes utilizadas: Los ricos fondos de estampas y libros de la época
conservados en la Biblioteca del Hospital Real de Granada, la de Teología
y Archivo y Museo Casa de los Tiros (Granada), instituciones a las que
agradezco su inestimable colaboración. |
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