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| http://www.alonsocano.tk ISSN: 1697-2899 D.L:GR2134/2004 | |||||||||
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ICONOGRAFÍA DE PERSONAJES EN LOS CARTELES VALENCIANOS DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA. Dr.
J. Enrique Peláez Malagón Introducción: El cartelismo encontró una gran difusión en los años de la República y de la Guerra Civil en España, las razones de este hecho hemos de buscarlas en el impacto de las imágenes, que de una manera sencilla, gráfica y directa son capaces de poder trasmitir ideas. Ideas desde luego simples e incluso simplistas que no aguantan un mínimo análisis riguroso, pero que sin embargo y gracias a esta simplicidad, se convierten en los mejores instrumentos para propaganda de una ideología. En el presente trabajo nos vamos a centrar en la imagen icónica de masas producida durante la Guerra Civil en Valencia, no como producto estético o histórico sino como lenguaje de imágenes capaz de trasmitir ideas. Un lenguaje que no es nuevo ni el panorama artístico ni en el literario occidental, pero que sí es original en cuanto que muta su significación al servicio de unas creencias propias. En esta línea de investigación trataremos de alejarnos de un comentario artístico de la obra que nos hable de un estilo y de unos razonamientos históricos que justifiquen, interpreten o contextualicen esa imagen. Nuestro objetivo es tomarla como “icono” (eikon) y tratar de rastrear en ella unos significantes utilizados con anterioridad tanto en la tradición clásica como religiosa, pero a los que se les va a dotar de unos nuevos significados. Los tipos: Dentro de este lenguaje cartelístico podemos encontrar dos grandes vías de creación: por un lado la simbólica que organizará una serie de símbolos de acuerdo con ciertas opciones retóricas que se quieren reflejar; por otro lado, y objeto del presente estudio, los “tipos” o modelos humanos característicos, que esquematizan un sistema de valores de una sociedad determinada. Son modelos, en palabras de Facundo Tomás (1), sin excesivas aspiraciones de complejidad, reduciendo las ideas a sus rasgos más sobresalientes y eliminando todos los demás. Los carteles de la guerra nos muestran sin ambages, con la crudeza de lo ingenuo, el esqueleto de la ideología de los años en los que fueron producidos. Seguidamente proponemos un análisis individualizado de estos tipos, buscando sus orígenes icónicos y aproximándonos a los significados adquiridos durante la contienda civil en Valencia. De entre las muchas estructuras en la que se pueden organizar los personajes tratados, hemos optado por una, que si bien puede parecer excesivamente simplificadora, creemos que está más en consonancia con la buscada simplicidad de ideas de este tipo de arte. De este modo tendríamos en primer lugar al héroe, arquetipo de un ideal y representado como un super-hombre; por otro al hombre propiamente dicho, dividido a su vez en género (masculino y femenino) cuyos roles normalmente coinciden con la división tradicional sexista entre lo “activo” y lo “pasivo” y finalmente, dentro de esta división sexual, unas subdivisiones conforme a unos criterios morales diferenciados en este tipo de arte (buenos y malos); para terminar señalaremos los tipos netamente pasivos como los niños y los ancianos. El héroe: Una definición psicoanalítica de “héroe” nos hablaría de una encarnación de las fuerzas triunfales del yo. En estos momentos, si así se quiere, un de “yo colectivo”, pero que en cualquier caso encarnaría todo el espíritu de un pueblo. Por lo tanto el héroe pasará a ser la expresión, en sus más altas cotas, de todas las virtudes, personalizadas en él como ejemplo y guía de la sociedad que contempla su imagen. El cartelista ha de plasmar gráficamente esta idea y para ello no duda en recurrir a los símbolos, símbolos que más que fruto de un inconsciente colectivo son en la mayoría de los casos pervivencias e imágenes de una tradición cultural ineludible que empapa buena parte de la producción artística.
En conjunto la obra va más allá de la representación de un símbolo y llega hasta el mito. En este caso no podemos obviar el mito clásico de Ícaro que tratando de llegar al sol, cae en su empeño. No obstante aquí esta leyenda se transforma, el “Ícaro republicano” será un ser alado que desafía a los dioses, que se atreve a mirar al poder (sol) cara a cara como la manifestación más alta del valor revolucionario y en donde la derrota (si es que se da) no será fruto de la imprudencia o del castigo de los dioses, como en la historia clásica sino el resultado de la lucha del héroe, el precio que ha de pagar por su libertad.
El defensor: Similar a la figura del héroe y dentro del mismo grupo encontramos la imagen del Defensor. Si al anterior se le reservaban actuaciones y hechos heroicos de toda índole, a este se le reserva el papel de proteger a los ciudadanos, especialmente a los más desvalidos. Podemos observar en este tipo de figuras muchas variantes en relación con el objeto de su defensa (ya sea una ciudad, una idea, unos compatriotas, la misma República…), pero la característica general de este modelo es su desproporción, sus colosales dimensiones que trasmite una sensación de seguridad y amparo a quien contempla la imagen. La interpretación y la idea sugerida es clara y directa, entre otras cosas, por nacer directamente de la tradición cultural española y occidental. De tal manera que si no fuese por al cambio de roles en los personajes, estaríamos ante una de tantas representaciones de la imaginería popular religiosa al uso. Imagen religiosa que a su vez tiene su parangón en la tradición clásica, en este sentido baste recordar las leyendas referidas a Perseo y Andrómana (15) y la lucha de éste contra el dragón, historias a su vez que enlazan directamente con los mitos egipcios que nos presentan a un Horus luchando con una fiera (un cocodrilo en la mayoría de los casos) (16). En definitiva todas estas reminiscencias nos están remitiendo a la idea del inconsciente colectivo propuesta por K. Jung, por la que todo símbolo se convierte en la forma de plasmar una realidad del subconsciente común a todo hombre y a toda época (17). Oto ejemplo en la cartelística valenciana serán obras como Los trece puntos de Negrín de Josep Renau en donde un monumental soldado republicano transforma su cuerpo en una especie de castillo donde resguardar al pueblo. En este caso la idea de castillo como “fortaleza” frente a los peligros no es nueva, siendo el castillo en sí un símbolo claro de defensa. Reminiscencias culturales religiosas del mismo modo podemos encontrar en antiguas representaciones marianas en donde la Virgen construye con su manto una fortaleza donde poder resguardar a los que se acercan a ella (18). De la misma manera obras como Valencia no puede caer en las garras del fascismo, de Wila o la Aviación te ampara y te protege, de Arturo Ballester, o bien Por una patria libre e independiente, de Manolo Prieto, o incluso Por la independencia de España, también de Josep Renau ahondan en esta idea y tipología del “defensor”. El Hombre: Por debajo del arquetipo del héroe nos encontramos con el Hombre, es decir con la persona con la que cualquier observador se puede identificar y que también es objeto de las tipologías de los carteles. Esta persona no es homogénea como en el anterior grupo, pudiendo observarse diversas formas. De este modo dividiremos a la persona en género, pudiendo observar diversos tipos de hombres y de mujeres. 1) El hombre: Es decir, el elemento masculino. Lo tomamos como independiente de la mujer desde el momento en el que así era concebido por los artistas contemporáneos, siendo la parte activa de la guerra, de la revolución, de la producción e incluso del enemigo. Es difícil achacar al cartelista todo el peso del sexismo excluyente que aparece en la obra estudiada, habiendo de buscar en la sociedad estos posicionamientos, de los que el artista, en todo caso, sería sólo su “testigo” o como mucho su “simplificador” de cara a un programa maniqueo de roles de las personas muy propio de una sociedad en guerra. Simplificación por otro lado constante en la doctrina de la Iglesia. Dentro de la manera simplista a la que acabamos de aludir nos encontraríamos una serie de tipos que a su vez se podrían subdividir en “buenos” y “malos” conforme a unos criterios morales determinados por la sociedad republicana del momento y que salvo por los protagonistas de este binomio moral, nos seguiría recordando a divisiones teológicas. 1.2.) El hombre bueno: Esto es, el que aporta algo activamente a sociedad republicana y a la postre el verdadero motor del buen funcionamiento de la sociedad. Se opone directamente al hombre “malo” sirviendo como ejemplo de comportamiento y aliento para el espectador de la imagen. Dentro de este grupo podemos distinguir diversos subgrupos a tenor de las actividades más sobresalientes que el régimen propugna, de tal modo que estos tipos se constituirán en modelos a seguir convirtiéndose de este modo en héroes parciales, en la medida en la que participan de alguna de las muchas características de aquel. a) El líder Por debajo del héroe o del defensor, casi siempre anónimos, estaría el líder o jefe. Éste participa de los símbolos de aquel en la medida en que su imagen trata de acercarse a la del héroe, sin embargo su proximidad física al espectador (el líder siempre será el comisario político o el mando militar de turno), lo convierten en un personaje más real cuyo último fin será el de señalar el camino. En esta línea de “guía” de una comunidad no será extraño verlo representado como alguien que señala el camino físicamente. Ejemplo de esta tipología lo podemos encontrar en El comisario de Josep Renau, en donde a modo de “condotiero” renacentista (19) señala con un brazo alzado la línea a seguir. b) El soldado Junto al líder o al trabajador es otro de los tipos de hombres que aparece en la iconografía de los carteles. Generalmente el tipo viene dado por la imagen de un soldado o un marino, esto es, un combatiente directo en la guerra. Las diferencias con el héroe se establecen por los símbolos de los que se rodea: el combatiente lleva casco o gorra militar indicando su obediencia, frente a la cabeza desnuda del héroe solo cubierta en ocasiones por el laurel. El soldado además necesita de un arma que lo identifica y ayuda, frente al héroe que se basta por sí solo. De la misma manera el combatiente es representado en la mayoría de las ocasiones en lucha frente a un enemigo, mientras que el héroe sólo goza de la tranquilidad de la victoria.
Adscrita a esta tipología se enconarían los carteles de “consejos a soldados” en donde se les recomiendan cuestiones como la lectura para elevar su nivel cultural, la higiene como profiláctico de la salud, el silencio como forma de evitar el chismorreo, etc. Ejemplos significativos pueden ser las obras de Ballester, Soldado, sé limpio y El libro, el mejor amigo del convaleciente. c) El trabajador: Es el último de los tipos “buenos” que aparecen en la iconografía de los carteles valencianos. Normalmente aparece representado como obrero o como campesino, raras veces dedicado a una ocupación relacionada con el sector terciario. El obrero aparecerá en su fábrica o con algunas de sus herramientas de trabajo, (Construyendo fortificaciones y refugios, de Gallur o Hagamos una fuerte producción de guerra, de Sanz Miralles serían claros ejemplos) igual que el campesino situado en el campo y al lado de sus útiles (La revolución ha puesto la tierra en vuestras manos, de Gallo o Campesinos, de Pedraza Blanco, son también carteles relevantes). En ambos casos, cuando se representan conjuntamente, se establecerá un juego de imágenes y significados al ser las herramientas de trabajo símbolos ideológicos del partido comunista como la hoz y el martillo. Josep Renau en su cartel Reforzad las filas del partido comunista, introducirá conjuntamente a todos los trabajadores (obreros, campesinos e intelectuales) fijando una serie de características diferenciadoras que creará un tipo que se repetirá constantemente, de este modo el obrero se representará como un hombre joven ataviado una camiseta de tirantes o a pecho descubierto (la desnudez del proletariado), el campesino como hombre maduro o viejo con sombrero de paja y el intelectual con gafas y normalmente bien vestido. Otra manera recurrente de representar al trabajador será al lado de otros símbolos que indiquen su liberación tales como las cadenas rotas, (Campesino, trabaja para el pueblo que te ha liberado, de Arturo Ballester) las perspectivas de futuro frente a un sol naciente en alusión a las nuevas esperanzas de la revolución o simplemente pisoteando o matando a las “clases opresoras”. 1.2.) El hombre “malo”: En este esquema de personajes simplista pero muy efectivo, nos encontramos con la figura del “malo”, esto es, de aquel opositor a la republica y a todo lo que ésta significa. Dentro de este tipo de enemigo podemos encontrar tres subgrupos bastante bien delimitados. El primero de ellos es el enemigo externo, ejemplificado por el combatiente del otro bando que está atacando con las armas al sistema republicano; el segundo de los subgrupos es también externo, pero menos definido, representa en general a los tópicos enemigos de la republica que en innumerables ocasiones han tratado de ser “exorcizados” por el sistema, hablamos del fascismo, de la iglesia, del extranjero (alemán o italiano), de las clases privilegiadas… personajes satirizados en los carteles. Finalmente el tercer grupo viene dado por el enemigo interno, tal es el caso del vago, del borracho, del chismoso, del acaparador, del revisionista… que en innumerables ocasiones se convierten en un importante problema dentro de las filas republicanas. Ejemplos de enemigos externos los podemos encontrar en los carteles de Cañabate con su obra S.E. El generalísimo, Pedrero con El generalísimo, ambos referidos a Franco como enemigo concreto. O los carteles Las hordas fascistas, de Toledo, o Cómo ha sembrado la Iglesia la religión en España, de Raga; referidos a entes más generales y abstractos. En todas ellas se trata de ridiculizar o caricaturizar al enemigo presentándonoslo como un ser repulsivo en donde aparecen todos los defectos posibles, esta concepción de repulsa llega a sus más altas cotas con la obra de Ramón Puyol (21) en donde el enemigo se va a convertir en un ser mutante más propio de una novela de ciencia ficción.
En esta misma línea se encontrarían las alusiones al alcohólico o al holgazán representados por las obras de Artel, El borracho es un parásito, eliminémosle o la anónima El vago es un facioso. Obras, por demás, que merecen un estudio aparte ya que muchas de ellas son caricaturas de personajes (reconocibles o no) con características y evolución propias, entrando por este motivo en otro gran tema a desarrollar. Referentes anteriores a esta galería de monstruos
es difícil encontrar, entre otras cosas por su anticlasicismo,
no obstante la imaginería popular medieval cristiana fue rica
en representaciones de vicios y pecados en forma de seres infernales
que atacaban al hombre desprevenido, planteamiento que, dejando al margen
la ideología, se hace patente en este tipo de carteles (22).
Si al hombre se le reserva un papel de héroe o en todo caso como parte activa de la sociedad (líder, soldado, trabajador), la mujer por el contrario, siguiendo los roles tradicionales mantendrá un papel pasivo roto sólo en excepciones cuando ha de suplir al varón a ayudarle en su labor. No es este el momento de valorar el significado de esta concepción de género, dentro de la ideología del bando republicano, sólo señalar lo alejado de estos postulados (y estamos hablando de finales de la década de los treinta) de los propugnados por escritoras como la americana Gertrude Stein (23) o la inglesa Virginia Wolf (24) tan sólo una década antes. Pero sí hacernos eco de cómo la cosmovisión tradicional de género se mantiene en el cartelismo, encontrando grandes dificultades, tal vez por el peso cultural de la tradición española, de romper los esquemas preestablecidos. 2.1.) La mujer “buena”: Excepcionalmente la buena mujer puede pasar a la actividad, siempre y cuando el puesto de trabajo haya quedado vacante por encontrarse el hombre en el frente, ejemplo es la obra de Ramón Tona, Camarada tu al front y jo al treball, en donde una mujer se yergue como compañera y camarada del hombre en igualdad de condiciones 2.2.) La mujer “mala”: Rompiendo los esquemas sexistas de pasividad, aparece
la mala mujer que por esta misma lógica de roles ocupa un papel
activo y por tal motivo encarnará los papeles de la prostituta
o la espía. Ambas mujeres que normalmente encarnan la belleza,
llegan a convertirse en una verdadera “Femme terrible” capaz
de arrastrar al hombre a las mayores degeneraciones o peligros. Este
modelo de mujer devoradora de hombres ha sido una constante en el arte
occidental, bien sea religioso o no (26). En este sentido baste recordar
ejemplos como el film La mujer pantera (27), basado en la homónima
novela de Dewitt Bodeen. Desde esta perspectiva, la belleza de la mujer
se convierte en un arma que ella misma sabe utilizar para conseguir
sus fines. 3) Los tipos pasivos: Aparecen siempre en los carteles como sujetos pacientes de los acontecimientos que se están desarrollando. En general se centran en el niño y el anciano. Los carteles referidos a los niños giran normalmente a la desprotección de esta parte de la sociedad intentando conmover al espectador o como ejemplo de la nueva sociedad que se está creando por parte de la república. En esta línea es de destacar el trabajo de Arturo Ballester Caridad. Solidaridad en donde se comparan dos imágenes distintas: Un niño pidiendo limosna (antes del 19 de julio de 1936, alusivo a la caridad) y por otro varios niños bien vestidos felices jugando y estudiando (después del 19 de julio de 1936, alusivo a la solidaridad) Los carteles referidos a los ancianos, generalmente femeninos nos muestran las victimas de la guerra y están dirigidos única y exclusivamente a provocar la compasión del espectador. Tal es el caso del cartel de García Escribá Cuidar de la infancia y la vejez es obra revolucionaria. Índice de ilustraciones: 1) Arturo Ballester; ¡Loor a los héroes!,
CNT, imp. Ortega (intervenida por CNT); Valencia, 140x100cm., 1937.
1) Cfr.: TOMÁS, FACUNDO. Los carteles valencianos
en la guerra civil española. Valencia: Ayuntamiento; 1986, p.
71. |
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