UN PASEO POR LOS MUSEOS DE MADRID.
REFLEXIONES DE UN GUÍA EN TORNO A LOS GENIOS DE LA PINTURA ESPAÑOLA.
(2 ª PARTE)
Alejandro López
Delgado
Doctorado en Historia del Arte
Pablo Picasso
Pablo Picasso (1881-1973) es quizás el paradigma más genuino
en este sentido, tuvo grandes dotes comerciales y actorales que le beneficiarán
a lo largo de toda su vida. Aprovechando ese “don de gentes”
con que la naturaleza le dispuso, al igual que Rubens, hará publicidad
y propaganda de si mismo y de su Arte con objeto de estar siempre en
el candil de los massmedia.
Fue una relación recíproca, a Picasso le gustaba la TV.
,el cine, etcétera y a los medios les interesaba ofrecer noticias
de la vida y obra del genio andaluz. Los massmedia de su tiempo supieron
aprovechar muy bien el fenómeno Picasso en pro de España
y de su fama, a pesar del “exilio” del artista malagueño
en tierras francesas, durante bastantes años. Servirá
así a España como adalid del arte nacional no sólo
en el País sino, esencialmente, en el Extranjero.
¿Que decir de Pablo Picasso que no se haya dicho ya?
Su padre Jose Ruíz, pintor y profesor de dibujo , lo educa desde
bien joven como pintor pues quería que su único hijo fuese
también artista. Aún antes de la época azul y rosa
ya podemos ver una serie de retratos familiares, intimistas, de tendencia
realista y social con gran calidad pictórica que nos confirman
las dotes del joven genio en obras emblemáticas como Ciencia
y Caridad (1897).
Inicia su época azul en 1901, mientras que la época rosa
abarca los años 1904-5, tras conocer a su primer amor estable
Fernande Olivier, dominando los temas más alegres con saltimbanquis
,payasos…que lo alejarán de la melancolía de la
1ª época.
El mundo bohemio queda así fehacientemente plasmado durante estos
años. Picasso abarca temas circenses, retratos de personajes
del mundo de la farándula, guitarristas y, en fin, un largo abanico
de gentes procedentes del mundo del Arte que expondrán no sólo
el trabajo de aquellos sino, en ciertos casos y con un tinte realista,
plasma las penurias económicas y materiales a las cuales éstos
se ven sometidos.
El cubismo iniciado por Picasso en 1906-7 con su obra las “Demoiselles
d´Avignon”, mostrará por una parte el rompimiento
con la tradición, tanto temática como pictóricamente.
Este movimiento se dividirá posteriormente en dos fases: el cubismo
analítico (1909-11) y el sintético ( del 11 al 14 ), ambos
dejarán sentir su influencia en otros movimientos, esencialmente,
durante esta primera mitad de siglo.

1907. óleo sobre lienzo ,243,9 x 233,7 cm.
MOMA de Nueva York.
Al analizar “Las señoritas de Avignon” nos damos
cuenta, en primer lugar, de que es un cuadro que modifica las reglas
iconográficas tradicionales que, no obstante, hereda.
En esta obra podemos constatar varios fenómenos interesantes,
la postura de la figura femenina central con ambos brazos levantados
recuerda en parte a la postura de las majas de Goya, así mismo
la concepción espacial del cuadro a base de prismas nos expone
la concepción pictórica moderna del artista. En cierta
medida ,las 5 figuras centrales en el espacio prismático, nos
hacen comprender la opinión de Daniel-Henry Kahnweiler, marchante
del autor, en su sorpresa inicial al afirmar que eran como cubos.
Las mismas figuras, si el espectador las observa bien, conllevan esa
impresión de estar pintadas a base de esquemas geométricos
y prismas. La influencia africana en los rostros deformes violando la
iconografía vigente y la búsqueda del ideal de Belleza,
son además corroborados por la impresión que deja Picasso
en la obra: mantiene en jaque a la tradición , incluso desde
un punto de vista formal, al exponer a cinco mujeres de alterne o prostitutas
como motivo central de un cuadro de notables dimensiones, en sendos
desnudos provocativos y agresivos donde la deformación de las
proporciones anatómicas de los personajes es obvia.
Valga como ejemplo la mujer que aparece abierta de piernas en el lado
derecho de la composición ; muestra un tema y estética
poco común por su dosis de sexualidad explícita. En la
historia de la pintura las prostitutas habían sido poco representadas
y sólo Manet en la modernidad formará un escándalo
similar en la época con su famosa Olimpia defendida a ultranza
por su gran amigo y escritor Emile Zolá.
Esta pintura es, a su vez, se quiera o no, una defensa y exposición
de las lacras sociales de la época, tergiversando el papel tradicional
dado a la pintura clásica y a los pintores. La falta de imitación
de la realidad figurativa como tal es, como bien sabemos, algo propio
de las vanguardias , al romper con los presupuestos de la pintura clásica.
Va a producirse por parte del pintor un ataque contra
la moral burguesa tradicional, las buenas maneras y lo que se debe o
no pintar. Es pues, un manifiesto contra esa moral burquesa que disimula
la realidad escondiéndola ; haciendo y creando temas que provoquen
impresiones agradables a los sentidos, como había ocurrido durante
todo el Impresionismo. Picasso y las vanguardias rompen las reglas exponiendo,
como harán otros autores, esa conciencia del mal que rodea a
la sociedad de un modo nuevo, directo y agresivo que escandaliza pero
que ,por otra parte ,no es más que otro paso más en la
toma y cambio de conciencia por parte de los nuevos artistas, que ya
no se sienten sometidos a pensar simplemente en agradar a la sociedad
del momento.
La Vanguardia da sus primeros pasos ,el cubismo ha nacido.
Ha sido una pena no traer este cuadro a Madrid , durante la reciente
y exitosa exposición conjunta dedicada a Pablo Picasso bajo el
lema de “Tradición y Vanguardia”.Con el patrocinio
de la fundación Wintherthur ,su obra ha sido expuesta , no obstante
tanto en el Museo del Prado como en el Reina Sofía. No obstante,
hoy día, estos dos emblemáticos museos albergan cuadros
de diversos períodos de la trayectoria del Genio andaluz. Son
destacables en el Prado los cuadros en los que Picasso reinterpreta
a las Meninas, el almuerzo de Manet, la planchadora, etc... y ,como
no, en el Reina Sofía debemos citar la inevitable presencia del
“Guernica”, que este año ha cumplido su 25 aniversario,
para deleite del público y reflexión de los eruditos.

Guernica,1937.Óleo sobre lienzo. Medidas:349,3 x 776,6 cm
Su fuerza es y seguirá siendo el golpe de efecto. La influencia
y el calado que esta obra tiene, no sólo plástica, sino
ideológicamente , sobre la sociedad actual y, aún durante
la misma época de su concepción por el Picasso, no nos
deja lugar a dudas acerca de la importancia sociológica que este
cuadro tiene en el presente y aún en el futuro para las siguientes
generaciones.
La capacidad dibujística de Picasso se acentúa en esta
obra de un modo paroxístico, así la deformación
de las manos, la expresión y aptitudes dramáticas, como
sugiere Rudolf Arheim, nos conducen a esa impresión semifantasmagórica
en la que vida y muerte se alían, en una composición extraña,
casi claustrofóbica que traslada al espectador al drama vital
de aquellos momentos en la ciudad de Guernica, con motivo del bombardeo
alemán sobre aquella.
A nivel técnico es un excelente estudio de claroscuro en la que
dibujo y pintura se entremezclan en busca de un solo fin: eternizar
la grandeza del drama humano.
El gran formato del cuadro, sin duda ayuda. Los aspectos simbólicos
del cuadro se resaltan por la simplicidad lineal en las figuras ,son
arquetipos, la madre con su hijo muerto en brazos ,el toro o el caballo
herido con el jinete muerto y destrozado a sus pies. En el caballo también
podemos ver la lección cubista aprendida por Picasso ; los diferentes
planos formales figurativos en una misma figura. El juego compositivo
es acentuado en la pintura por el artista, baste mirar aquella flecha
en el ángulo inferior para darse cuenta de la comprensión
compositiva, matemática, de Picasso sobre el espacio y ,como
no, la función que ejerce la colocación de esas líneas
hacía el efecto final de la obra.
El genio, como bien sabemos, se mide por su capacidad de influencia
en la sociedad , sea esta reconocida en vida o postmortem. Picasso será
similar a Velásquez en este sentido, es particularmente reconocido
en vida, si bien puede pensarse, lógicamente, que sus temperamentos
hubieran chocado de haberse conocido personalmente.
Picasso nos expone esa tendencia hacía la absorción de
todo lo que le rodea ,sus experimentaciones y búsquedas desde
la escultura africana ,al nacimiento del cubismo o los temas sociales,
sexuales y políticos expresan, en conjunto, a un hombre que dejará
huella con su pensamiento, aptitud y obras en el resto de sus congéneres,
para bien o para mal.
A Picasso se le ama o se le odia , pues es el espíritu de la
contradicción, la violación de la lógica o, esa
misma lógica , llevada hasta el extremo. Si lo comparáramos
con los genios precedentemente estudiados su fama y carácter
serían ,en parte, la fusión de algunas cualidades de Goya
con otras de Velázquez.
De Goya,la misma inquietud y espíritu de rebeldía contra
los cánones sociales vigentes o ,aquel ansia de buscar su propio
camino. De Velázquez : la adaptación a la época
,el espíritu práctico así como la gran aceptación
social que tiene su trabajo, quizás con la diferencia de que
si Velázquez representaba en cierto modo un espíritu aristocrático
de la pintura, Picasso será, por así decirlo, el Goya
vanguardista del pueblo, aceptado plenamente por aquel, como representación
del mismo, a pesar de su modernidad y extravagancias. Picasso logra
contactar y comprometerse con el espíritu Español, aún
a pesar de la distancia o de su propia manera de pintar. En 1936, con
la guerra civil es nombrado director del Museo del Prado, cargo provisional
, durante el cual donará el Guernica al propio Museo.
En sus últimos años nos mostrará ese deseo de comparación
y tributo a maestros de la pintura versionando obras del mismo Velázquez
( Las Meninas ,1957, del Museu Picasso de Barcelona) , J.L. David (el
rapto de las Sabinas, Boston Museum of Fine Arts, en 1963), Delacroix
( Las mujeres de Argel, 1955, Colección particular) o Manet (El
almuerzo campestre, 1960, Colección particular ) dando su propia
versión de aquellos, auto-consciente de su propia importancia
y trascendencia histórica al rendir homenaje a los que consideró
como sus maestros.
Picasso es la máxima expresión de ese
nuevo genio del s. XX, vital, comprometido, contradictorio, pasional,
la energía pura en movimiento que busca el contacto o conflicto
sociales, transgrediendo con la creación de sus imágenes
a la sociedad que le rodea y así mismo, exponiendo, de este modo,
sintomáticamente, la vida y pulsiones múltiples del Hombre
contemporáneo.
Salvador Dalí
Nacido en una familia burguesa del Ampurdán, su padre, Salvador
Dalí Cusí, era notario de profesión pero siempre
manifestó enorme interés por el cultivo de las artes,
lo que acabaría beneficiando a Salvador Dalí. En principio
acude a la Escuela Municipal de Figueres y cursa estudios secundarios
en el Colegio La Salle de la misma localidad. A los diez años
ya dibuja y pinta con mucha regularidad, sobre todo retratos de miembros
de su familia y paisajes. Parece que ya en 1916 había conocido
el Impresionismo y el Divisionismo a través de la colección
que poesía el pintor Ramón Pichot (ambas familias, los
Dalí y los Pichot, mantenían fuertes lazos de amistad).
Con 12 años ingresa en tres centros de enseñanzas, el
colegio de los Hermanos Maristas, el Instituto de Figueres y la Escuela
Municipal de Dibujo, cuyo director era Juan Núñez Fernández,
que descubriría su potencial. Creador muy precoz, ya en 1919-1920
trabajaba en clave impresionista (Autorretrato,Chicas haciendo encaje).
Del mismo modo que en su pintura, también sería un prolífico
escritor buscando explicar en primera persona los fundamentos de su
vida y de su obra. Sus primeros artículos aparecen en 1919 en
la revista local “Studium”; redactaba la sección
“Los grandes maestros de la pintura” y allí reflejó
cuáles eran sus modelos de referencia: Velázquez, Goya,
El Greco, Durero, Leonardo da Vinci y Miguel Ángel.
En 1919 expone en una colectiva de jóvenes artistas locales (
Josep Bonaterra y Josep Montoriol) en la Sociedad de Conciertos de Figueres
y, poco después, se le encarga el cartel anunciador de las fiestas
de la Santa Creu en Figueres. En 1922 ingresa en la Escuela de Bellas
Artes de San Fernando, en Madrid, donde estudiaría hasta 1926,
cuando es expulsado de forma definitiva. También se instala en
esos años en la Residencia de Estudiantes, donde hace amistad
con futuras personalidades como Luis Buñuel, Federico García
Lorca, José Bello, José Moreno Villa, etc. Ese grupo era,
en palabras de Dalí, “estridente y revolucionario”,
y había asumido algunas actitudes provocativas del recién
concluido Ultraísmo, el primer ismo literario y artístico
español. De forma paralela, asiste a las clases de pintura que
ofrecía Julio Moisés en su llamada Academia Libre; allí
conocería a Benjamín Palencia, Francisco Bores o Maruja
Mallo, nombres punteros del arte español de vanguardia en el
primer tercio del s. XX.
En 1925 participa en la primera Exposición de la Sociedad de
Artistas Ibéricos, celebrada en Madrid. Allí demostró
que era el joven artista que mejor entendía las diversas corrientes
que dominaban el arte europeo: el post-cubismo, el purismo y las nuevas
figuraciones. Esa maestría se debía tanto a su capacidad
de asimilación como al acceso que tenía a las principales
revistas culturales del momento, como “L’Esprit Nouveau”
(1920-1925) o Valori Plastici (1918-1921). A finales de ese mismo año
celebra su primera exposición individual, que tiene lugar en
las Galerías Dalmau de Barcelona, en diciembre. En el catálogo
de dicha muestra, que tuvo una excelente acogida, el artista intercala
citas del pensamiento del pintor francés del s. XIX J.A.D. Ingres
sobre la importancia del dibujo en el arte. En febrero de 1926, en una
importante muestra aún poco conocida para el gran público,
titulada “Arte Catalán Moderno”, presenta en Madrid
dos de sus obras capitales de esos primeros años, Muchacha en
la ventana y Venus y marinero (Homenaje a Salvat-Papasseit). La crítica
de la época le definirá como un “neo-verista”
y Rafael Benet, en “Gaseta de les Arts” afirmará
que mostraba “gusto por los ritmos compensadores: movimientos
basculares. Gracia, Orden, Claridad. Ingres, Lhote, el último
Carrà. Cuenta con Casorati y, sobre todo, con Ubaldo Oppi”.
Los hechos se suceden con rapidez en ese año 1926. Es expulsado
de forma definitiva de la Escuela de San Fernando por negarse a ser
examinado de una asignatura ya que pensaba que ninguno de los profesores
sabía más que él de esa materia.
También en 1926 realiza junto a su madre y su hermana Ana Maria
el tan ansiado viaje a los Países Bajos, donde admira en directo
la pintura de los primitivos flamencos y la posterior de Vermeer de
Delft. Durante ese viaje hace escala en París para cumplir otro
de sus deseos, conocer a Pablo Picasso en persona. También entabla
amistad con Manuel Ángeles Ortiz y se reencuentra con Francisco
Bores y Luis Buñuel, con quienes visita el Louvre y acude a las
tertulias artísticas que frecuenta la abundante colonia española
en la capital francesa. En 1926 la estrecha amistad que mantiene con
Federico García Lorca culmina con la publicación por parte
del poeta andaluz de la “Oda a Salvador Dalí”, que
publica en abril la prestigiosa “Revista de Occidente”.
En diciembre de ese año expone por segunda vez en la Galería
Dalmau de Barcelona y estrecha sus lazos de amistad con Lorca; entre
los textos más importantes que estimuló esa amistad estaría
el “Sant Sebastià”, publicado en “L’Amic
de les Arts” (Sitges) en julio de 1927 y que hacía referencia
a la ironía como medio para definir un nuevo arte. Sus primeros
cuadros surrealistas se pintan en Cataluña. La miel es más
dulce que la sangre y Aparato y mano serán su sonado envío
al Saló de Tardor de Barcelona de 1927.
Ese mismo año realiza los decorados para la obra teatral de Federico
García Lorca “Mariana Pineda”, así como para
“La familia del arlequín”, de Adrià Gual.
Poco después, en la primavera de 1928, se produce el distanciamiento
con Lorca, al que acusa de practicar una poesía folclorista y
poco moderna. En marzo de 1928 firma el “Manifest Groc”
(Manifest Antiartístic Catalá), junto a Sebastià
Gasch y a Lluís Montanyá. En ese texto se enfrentan a
la tradición más reaccionaria y adoptan una actitud plenamente
moderna por su condición de polémica. Ese “Manifest
Groc” concluye con una lista de los artistas y escritores más
admirados entonces por ellos tres: Picasso, Juan Gris, Miró,
Le Corbusier, Ozenfant, De Chirico, Jean Cocteau, André Breton,
etc.
Los cuadros de 1928 y comienzos de 1929 son de plena experimentación;
en ocasiones utiliza arena o corcho. Incluso llega a acercarse mucho
a los límites de la abstracción en obras como Sol (1928).
En 1929 regresa a París, donde Joan Miró le pone en contacto
con Tristan Tzara y otros miembros del surrealismo, grupo dominado por
André Breton, que finalmente le acepta. Ese mismo año
rueda, junto a su amigo Luis Buñuel, “Un chien andalou”,
considerada por la crítica como la primera película surrealista,
y pinta El juego lúgubre, donde mezcla de forma novedosa automatismo
y narración de los sueños. En 1929 expone por primera
vez en París; se trata de la muestra individual que le organiza
la Galería Goemans, donde presenta entre otros lienzos, El enigma
del deseo y El gran masturbador. Para Dalí, el surrealismo estaba
demasiado anclado en la escritura y pintura automáticas; es entonces
cuando desarrolla su propia interpretación del surrealismo, en
el llamado “método paranoico-crítico”, que
define como “método espontáneo de conocimiento irracional
basado en la asociación interpretativa crítica de fenómenos
delirantes”. Tanto Dalí como los surrealistas mostraron
además enorme interés por las teorías psicoanalíticas
del doctor vienés Sigmund Freud. Más que un interés
científico, les atraían las posibilidades artísticas
que podía tener así como la importancia del inconsciente
como fuente inagotable de imágenes poéticas. En verano
de 1929 conoce a Gala (Helena Diakonoff), que había sido invitada
a Cadaqués junto a su marido, el poeta Paul Eluard, el matrimonio
Magritte y el galerista Camille Goemans. A partir de ese momento, la
relación entre Dalí y Gala se hace inquebrantable, de
modo que la segunda decide separarse de su marido. En 1930 colabora
con Luis Buñuel en el guión de “La edad de oro”.
Pronuncia en el Ateneo barcelonés su conferencia “Posició
moral del surrealisme”, en consonancia con un nuevo interés
hacia ese ismo, que se refleja en el número monográfico
que dedica el “Butlletí de l’Agrupament Escolar de
l’Academia i Laboratori de Ciencies Mediques” de Barcelona,
que apareció ilustrado con obras de Dalí, Miró,
Planells o Ángeles Santos. En esos años, la parisina Galería
Pierre Colle celebra exposiciones individuales de Dalí en 1931,
1932 y 1933. Dicho galerista le presentará a Julian Levy, quien
será su promotor en Estados Unidos. Otras intervenciones destacadas
de esos primeros años treinta son su Exposición en la
Llibreria Catalònia (1933), con seis fotos de Man Ray, muestra
que fue apoyada por los miembros de ADLAN (Amics De L’Art Nou),
destacada agrupación artística de los primeros años
treinta; en la Exposición Internacional de Tenerife (1935); en
la Exposition surréaliste d’objets, en la Galería
Charles Ratton de París, y en Fantastic Art, Dada, Surrealism,
en el Museum of Modern Art de Nueva York (1936). En 1936 pinta Construcción
blanda con judías hervidas. Premonición de la guerra civil;
se trata de una de sus obras más salvajes, más descarnadas,
en la que sabe combinar la máxima deformación de los dos
personajes con la extremada objetividad del cielo. Dalí comenzaba
a ser un personaje público -famoso ya era desde hacía
años- y esa ascensión bien podría reflejarse en
la portada que le dedicó la revista “Time” el 14
de diciembre de 1936. Su siguiente ámbito de acción será
Estados Unidos; allí, el galerista Julian Levy le organiza cinco
muestras individuales entre 1933 y 1939. De 1940 a 1948 vive en Estados
Unidos, pronunciando conferencias, diseñando joyas y trabajando
para los estudios de Hollywood. Su relación con el grupo surrealista
concluyó por esos años; hubo un primer intento de apartarle
en 1934, cuando se mostró indiferente a los deseos de integrar
al surrealismo en el Partido Comunista. Pero su expulsión definitiva
se produce en 1941, cuando André Breton descalifica su vuelta
al clasicismo tildándolo de retórico y académico.
En noviembre de 1942 el Museum of Modern Art de Nueva York le dedica
una gran retrospectiva, con 50 cuadros, 17 dibujos y seis joyas. La
exposición realizó después una itinerancia por
ocho ciudades norteamericanas, con lo que eso supondría de promoción
definitiva de Dalí en el nuevo continente. En Estados Unidos
organiza múltiples actos, que le dan fama y dinero. Realiza campañas
publicitarias para prestigiosas revistas como “Vogue”; diseña
y crea el pabellón “El Sueño de Venus” para
la Feria Mundial de 1939; dibuja figurines y escenarios para obras de
teatro, etc. Su relación con el cine no hace sino aumentar en
los años de estancia en Norteamérica. En 1935 publica
el guión de “Babaouo”, aunque el film no llegó
a realizarse nunca; algo similar le sucedió con los hermanos
Marx, para quienes escribió un guión, “Giraffes
on Horseback Salad”. En 1945 rueda una secuencia para la película
de Alfred Hitchcock “Spellbound”, que en España se
tituló “Recuerda”. En 1948 regresa a España
y se instala en Port Lligat, desde donde sorprende de nuevo al mundo
cuando se declara profundamente católico y partidario del régimen
del general Francisco Franco. Tres años después, en 1951,
publica el llamado “Manifiesto místico”, ensayo donde
explica su nueva actitud artística, de clara emulación
hacia algunos de los grandes maestros de la pintura, así como
el nuevo fervor religioso que estaba experimentando. Ese periodo se
puede observar en obras como Leda atómica o la primera versión
de la Madonna de Port Lligat, ambas firmadas en 1949. Ese periodo fue
denominado por el artista como “místico-nuclear”
y se extendería desde 1949 hasta los años 70. Como el
propio artista reconoció, “la explosión atómica
del 6 de agosto de 1945 (Hiroshima) me conmocionó sísmicamente.
A partir de entonces el átomo se convirtió en el alimento
favorito de mis pensamientos”. Una de sus obsesiones más
constantes de esos años será el cuadro de Millet titulado
El Angelus, que provocó en Dalí una doble conmoción,
pictórica y psicológica. Es decir, no sólo estudió
las formas o la composición que había en el cuadro de
Millet, sino que creyó reconocer esas figuras en diversos elementos
del paisaje. En 1963 redactaría un libro, “El mito trágico
del Angelus de Millet”, en el que explica el proceso a partir
del cual surgió toda esa serie de imágenes y asociaciones
delirantes. A finales de los años 50 se acerca de forma muy personal
al Expresionismo abstracto norteamericano, sintiendo especial admiración
hacia Willem de Kooning. Más tarde, en los años 60, trabajaría
en movimientos tan conocidos como el pop-art o el arte óptico.
No fue Dalí, a lo largo de su carrera, partidario de “crear
escuela”, pero ésta finalmente se produjo, de modo que
se puede hablar con total propiedad de “dalinianos”, aquellos
jóvenes pintores catalanes que tomaron su arte como modelo a
seguir. Entre ellos, podríamos mencionar a Joan Massanet (1899-1969),
que conoció a Dalí en 1927 y que realizaría una
pintura plagada de préstamos del arte de Dalí, junto a
otros de Magritte y de Giorgio de Chirico; Ángel Planells (1901-1989),
que había conocido a Dalí en 1920 en Cadaqués;
o Artur Carbonell (1906-1973). Además, la huella de Dalí
en la pintura española es mucho más profunda y aparece
en numerosos protagonistas de esos años. Sus colaboraciones escritas
y gráficas se producen en revistas tan destacadas como las francesas
“Cahiers d’Art”, “La révolution surréaliste”,
“Le surréalisme su service de la révolution”
o “Minotaure”; o como las españolas “La Gaceta
Literaria”, “Litoral”, “L’Amic de les
Arts”, “Verso y Prosa”, etc.
Como autor de libros, el primero por orden cronológico es “La
femme visible” (1930), al que siguen “Babaouo” (1932)
o “La conquête de l’irrationel” (1935) entre
otros. Sus memorias aparecen en 1942, “The secret life of Salvador
Dalí”, sin duda una de sus obras literarias más
sugerentes. También cabría mencionar “Diario de
un genio” (1964) y “Confesiones inconfesables” (1973).
Como ilustrador, los trabajos más destacados de su carrera fueron
los 30 aguafuertes de “Los cantos de Maldoror”, del Conde
de Lautrémont (1934); las doce litografías para “Don
Quijote de la Mancha”, de Miguel de Cervantes (1957); y las cien
xilografías en color para la “Divina Comedia”, de
Dante (1960). Los últimos quince años de su vida están
jalonados por el reconocimiento nacional e internacional a toda su producción.
Así, en 1974 se inaugura el Teatro-Museo Dalí en Figueres.
En 1982 -año de la muerte de Gala- se inaugura el Museo Salvador
Dalí en St. Petersburg (Florida, Estados Unidos) y S.M. el rey
Juan Carlos I le nombra Marqués de Púbol. Por fin, en
1983 crea la Fundación Gala-Salvador Dalí en Figueres.
Al estudiar la personalidad de Dalí vemos una
figura compleja ; magnífico pintor, aunque persona “ non
grata ” por sus mismos compatriotas. Fue expulsado del movimiento
surrealista por A. Bretón debido a su “ vuelta al academicismo
y la retórica.”. Por otra parte, su posicionamiento político
y convenido en pro de la política franquista que, culminará
con la concesión en sus últimos años de vida de
una casa en Cadaqués por parte del gobierno del dictador, “en
compañía de su eterna obsesión, Gala” como
bien apunta el texto biográfico de Agustín Sánchez
Vidal. Junto a este hecho, su retorno al Cristianismo nos indica la
transformación esencial de la mentalidad e ideología idealistas
del autor durante sus años estudiantiles, hasta llegar a una
postura artística más convenida, tradicional o práctica,
que será mal vista por sus propios coetáneos , quizás
por no respetar su propia ideología. Esa crítica quedará
resumida en aquel famoso juego de palabras del surrealismo con respecto
al genio catalán :
“Ávida Dolars ”.
En el museo de Arte contemporáneo Reina Sofía de Madrid
podemos encontrar obras esenciales y secundarias del autor, comentando
algunas brevemente. A destacar el cuadro del “arlequín
con botella de ron” muy diferente del famoso “Gran arlequín”de
Nueva YorK con el que a veces se confunde. En este primer cuadro pueden
verse algunos de los temas que se repiten en otras producciones suyas,
definidoras en parte de su estilo, donde los espacios sugeridos y la
influencia Picasiana se harán notar. Aquí el espacio es
variable, dando la sensación de ser un juego en el que una vez
que quitamos la arquitectura fingida por la perspectiva nos quedaría
un espacio en blanco. Es pues ,plenamente surrealista dando una fuerte
impresión de irrealidad dentro de la realidad Hay, así
mismo, que adentrarse en el cuadro para observar la lógica seguida
por el autor a la hora de disponer las sombras en relación a
las luces que aparecen al fondo. Si Eugenio D’ors se traslada
a las visiones poéticas o metafísicas en sus obras, nosotros
hemos de atender primeramente al aspecto plástico de su obra,
haciendo mención de ese esquematismo figurativo en el que los
personajes y aún los mismos objetos no dejan de dar cierta impresión
conceptual por la herencia Picasiana e irreales, como producto de la
contemplación de un surrealista. El famoso retrato de su hermana
“Muchacha en la ventana”(1925) expuesto de forma breve ,precedentemente,
también nos hace ver de un modo sutil esa tendencia hacia la
mezcla e interrelación de planos o imágenes. A través
del reflejo en la ventana podemos observar otra vista de lo que se halla
en el interior del cuadro; las casas y algo del paisaje que corresponderían
a la playa existente del lugar , fuera de nuestra ángulo de visión,
por causas físicas.
Titulo: Muchacha en la ventana (la hermana del artista)
Autor: Salvador Dalí
Fecha creación: 1925
Dimensiones: 105 x 74,5 cm
Técnica y materiales: Óleo sobre cartón piedra
Por otra parte, es un retrato que inspira y sugiere un estado de identificación
y tranquilidad casi meditativa. La serenidad del color es una consecución
del clímax poético de la obra en una simple vista de una
casa de playa, con una atractiva muchacha que mira por la ventana. La
simplicidad y sencillez nos acercan a la maestría. El juego ondulante
y suave de las cortinas de un azul añil que contrasta con el
mar en calma del fondo. El traje que transluce la forma femenina, dándonos
ganas de sustituir, momentáneamente, al menos, al pintor, con
objeto de meditar reposadamente con la modelo, en su absorta contemplación
del fluir de las olas, en vez de hallarnos viviendo, como estamos, en
medio de esta vorágine tan excitante, como angustiosa que ofrece
hoy día la capital de España, Madrid. Las líneas
horizontales del paisaje marcan y dividen parte de la composición
al situarse hacía la mitad de la ventana creando una clara división
entre mar y cielo. La bella luz de Cadaqués se refleja en una
de los laterales de la cornisa indicando al espectador de donde proviene
el foco lumínico (a la derecha), golpea la pared y se refleja
en el traje de Ana Maria, su hermana y modelo de 17 años. El
Tull reposa en el lateral izquierdo ,plegado con suavidad indicándonos
ese reposo y tranquilidad de la retratada que, sin prisas, contempla
el mar dejando a un lado ese objeto personal. La carga compositiva hace
aquí también acto de presencia, pues la lógica
nos diría que aquel debería haberse representado más
cerca de la propia figura central. Sin embargo, Dalí omite este
detalle en busca de la calidad artística al jugar con el contraste
de pliegues y color del Tull con respecto a la cortina y el mar, creando
un juego de azules que refuerza la profundidad de la obra, así
como el sentido dinámico que intenta crear la sensación
que produce la brisa marina sobre determinados objetos
La pared desolada del interior se haya, dotada de poesía por
esa misma luz que en su juego invade las piernas y el parquet de madera,
retornando otra vez difuminada, delicada a la pared y las cortinas,
hasta volver nuevamente al paisaje plena, solar.
La pincelada suelta ,plana y sin marca será el gran acierto en
la resolución del cuadro al crear una sensación atmosféricamente
limpia y sutil, donde la melancolía y una fina sensualidad nos
trasladan a esa observación final que se respira en todo el cuadro
como hálito de eternidad, impasible al tiempo y, sin embargo,
realista, donde el trazo del Amor toma forma en la expresión
de un mundo privado: el del autor y su modelo
Aquí finaliza este brevísimo artículo acerca de
algunos de los genios más importantes del panorama Español,
a los que espero, de algún modo, haber hecho justicia .No queda
sino exponer que esta labor se halla basada, tanto en el aprendizaje
teórico como, esencialmente, en la propia práctica y observación
empírica como Guía de Arte de la ciudad de Madrid. Agradezco,
por ello, a los estudiantes de los diversos centros culturales de la
Comunidad de Madrid en los que doy clase, su dedicación, esfuerzo
e interés constantes en la materia , ya que, con sus repetidas
muestras de comprensión, gratitud o crítica constructiva,
han sido y son parte integrante e inspiradora en la elaboración
de este texto.
Por último, debo remitir al lector que desee profundizar acerca
de este tema a la consulta de la bibliografía específica
que puede encontrar aquí, en Internet , así como, lógicamente,
en bibliotecas especializadas en la Historia del Arte y Bellas Artes.
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