LA CARTUJA: TE DEBIA UNA VISITA
Mª del Carmen
González Parra
Diplomada en Arquitecta Técnica
Hijos de San Bruno, hábitos blancos, mente
recoleta…
Esta es la descripción de aquellos hombres que
elevaron su morada cartujana. Los mismos, que en celdas dormidos entregaban
todo su tiempo y vida a la contemplación y a la oración,
porque para aquellas lenguas quedas, el silencio en ellos es voz de
Dios.
Fabricaron los hijos de San Bruno modestas habitaciones para sus cuerpos,
sin embargo elevaron un templo que entonces y ahora sigue siendo admiración
de generaciones.
Se aposentaría en un paisaje bello, con vistas a la vega granadina
el majestuoso Monasterio de la Cartuja, a la que sirve de fondo los
cerros de Ainadamar y la Galilla de la Cartuja.
La belleza de este paisaje la describe Iban Bathunth (citado por el
erudito y catedrático don Francisco y Simonet) que visitó
Granada sobre el año 1360, diciendo que todo el entorno de este
lugar era un vergel donde proliferaban huertos y flores. Se afirma,
en las mismas fuentes, que era un lugar de recreo, cercado por el monte
Alfajar, hoy Alfacar, y era un espacio placentero y suave, cubierto
de jardines, casas de gran categoría, plantíos de hierbas
aromáticas y otras delicias.
Impresiona la contemplación del Monasterio, casi sin haber traspasado
sus puertas. La sola admiración de su fachada principal, así
como su entorno, nos sigue llevando a pensar en el origen de su ubicación.
Luis de Mármol y otros escritores cristianos hacen elogios de
este lugar privilegiado con el nombre de carmenes de Ainadamar, que
en época de los moriscos fue conocida como pago Aldamia, que
quiere decir Fuente de Lagrimas. Éstos Carmenes ocupaban la ladera
de la sierra del Albaicín que mira hacia la vega.
La ubicación definitiva del Monasterio no estuvo definida hasta
muchos años después, ya que en un principio, y con el
remanente de sus rentas, el Monasterio del Paular de Segovia, tenia
proyectado edificar otro de la misma orden en Granada, sin indicar su
emplazamiento hasta el 1507, en que el Visitador Don Juan de Padilla
logró al protección del Gran Capitán y de su esposa,
la Duquesa de Sesa, quienes señalaron un lugar, hallándose
este en una pendiente. Para ello cederían dos huertos de su propiedad
llamados Alcudia de Aidanamar y Abencerrages.
Pero tras un estudio del terreno y valorando el coste de las obras muy
elevadas por la dificultad del terreno, los frailes fundadores decidieron
que su ubicación sería en el sitio que hoy ocupa, lo que
motivó que el Gran Capitán revocase su oferta, sorprendiéndole
al poco la muerte en 1515.
En el año 1517, con nuevas licencias y nuevos terrenos, se comenzaron
las obras para la construcción de cuatro celdas que caían
sobre la Vega y así mismo la de la Capilla. En los años
siguientes se concluirían dichas obras y poco después
Juan García de Padros debió de construir la magnífica
portada plateresca, pasado el año 1526 se cubrieron las celdas
de norte y levante.
En 1536 fue nombrado provisor del Paular el Padre Rodrigo de Valdepeñas,
quien vino como visitador, acupandose de la organización e instalación
de la orden en Granada. El 1545 se cambió el título a
esta Cartuja, que en 1513 se llamó “Nuestra Señora
de Jesús” y ahora pasaría a ser “Asunción
de Nuestra Señora”.
Cuando cesó el priorato del Padre Rodrigo de Valdepeñas
las obras ya se encontraban muy avanzadas, por ejemplo el refertório
ya poseía ventanas, pero no se había llegado a cubrir
por la techumbre. La traza del conjunto se debe a Fray Alonso de Ledesma,
que tubo que atenerse a los cánones ya existentes en otras cartujas,
tal como era el modelo de la casa madre de Grenoble.
La iglesia original estaba proyectada con cuatro esbeltas torres, pero
sólo se construiría una que fue terminada en 1642. Se
alzó en la cabeza del templo y hubiera quedado simétrica
con otra al otro lado, donde después se construyó la Sacristía.
El historiador de las Cartujas españolas José de Vallés,
hace alusión a lo proyectado diciendo en uno de sus escritos
“con cuatro torres hermosísimas”. No hay duda que
este era el proyecto original.
El edificio está rodeado de jardines y huertas que se cercan
por el camino de Alfacar por una inmensa tapia construida en 1905. (según
afirma y recoge en su guía Gómez Moreno, página
152).
A la derecha de esta cerca hay una portada plateresca y una hornacina
con la imagen de la virgen en madera. En el gran patio que conduce a
la iglesia y da entrada al Colegio Máximo de la Compañía
de Jesús, se alza la fachada de la Iglesia alzada con sillares
de Alfacar y es obra de Joaquín Hermoso. Pedro Hermoso, hermano
del anterior, labró en mármol blanco la estatua de San
Bruno.
Sus puertas son de madera de parra y clavazón de bronce.
La única nave del templo está recargada de ornamentación
en yesos, con hornacinas y estatuas y dividida en tres partes. En la
pared, dos altares churriguerescos con cuadros del lego de este convento
Fray Juan Sánchez Cotán.
En medio unas puertas de cristales biselados con incrustraciones de
concha, marfil y madera, ejecutadas por el granadino y lego de este
Monasterio Fray José Vazquéz en el año 1750. En
el centro una boveda obra de Atanasio Bocanegra, que representó
a la Virgen llevada al cielo y su sepulcro rodeado de ángeles.
En el retablo del Altar Mayor, se puede contemplar la imagen de la Asunción
de José de Mora y otra pequeña de San Bruno.
Detrás del Ábside está el “Santo Santorum”
o Sagrario profusamente decorado, de estilo barroco, con representación
de toda clase de mármoles procedentes de canteras de la provincia.
Gran cantidad de adornos y dorados, profusión de estatuas y pinturas
de Mora, Risueño, Duque y Cornejo.
Dentro de este Tabernáculo hay un sagrario de piedras preciosas,
maderas y adornos de bronce dorado que sustituyó en el año
1818 al de plata, robado por el general francés Sebastián.
En la Sacristía destacan la gran variedad de adornos barrocos,
la ornamentación que le da las cajoneras labradas en el periodo
de 1730 a 1764 por el lego Fray Manuel Vázquez, con enchapados
de caoba, palo santo, ébano, concha mármol y plata, todo
ello de una perfectísima construcción.
Del mismo tiempo se conservan la elegante torre de la Iglesia. De la
portería de la antigua Iglesia, se pasa la Castillo cuyas paredes
están decoradas por lienzos de Sánchez Cotán y
Vicente Cartucho; representan la mayoría de martirios de los
frailes cartujos en Viena e Inglaterra.
Del antiguo Monasterio se conserva el Refertorio, pieza de gran tamaño
en la que se ve representada una cruz de “singular relieve”
pintad por Sánchez Cotán.
Parte de este gran Monasterio fue derribado en 1842, conservándose
hasta 1943 la casa del Prior, que llegó a ser propiedad particular.
Hoy el solar está convertido en jardines.
Este ha sido un breve paseo por el Monasterio de la Cartuja. Un paseo
sin más pretensiones, que como cualquier enamorado de lo nuestro,
admira su enclave, su entorno y el maravilloso contenido de obras de
arte que encierra sus muros. El relato de una visita (demorad ano se
cuantas veces) pero con el único fin de contemplar con la sencillez
de quien sólo ha tratado de documentarse, para seguir asombrado
ante una de los lugares más bellos de Granada.
BIBLIOGRAFIA Y DOCUMENTACIÓN
J. Navarro López, “el mundo ilustrado”
Cádiz, Febrero1950.
*La documentación fotográfica es original de la autora.

Artículo Formato PDF