La Cartuja: Te Debía una Visita

 

 

 

 

 

http://www.alonsocano.tk      http://perso.wanadoo.es/alonsocano1601                    ISSN: 1697-2899                   D.L:GR2134/2004

LA CARTUJA: TE DEBIA UNA VISITA

Mª del Carmen González Parra
Diplomada en Arquitecta Técnica

Hijos de San Bruno, hábitos blancos, mente recoleta…

Esta es la descripción de aquellos hombres que elevaron su morada cartujana. Los mismos, que en celdas dormidos entregaban todo su tiempo y vida a la contemplación y a la oración, porque para aquellas lenguas quedas, el silencio en ellos es voz de Dios.
Fabricaron los hijos de San Bruno modestas habitaciones para sus cuerpos, sin embargo elevaron un templo que entonces y ahora sigue siendo admiración de generaciones.
Se aposentaría en un paisaje bello, con vistas a la vega granadina el majestuoso Monasterio de la Cartuja, a la que sirve de fondo los cerros de Ainadamar y la Galilla de la Cartuja.
La belleza de este paisaje la describe Iban Bathunth (citado por el erudito y catedrático don Francisco y Simonet) que visitó Granada sobre el año 1360, diciendo que todo el entorno de este lugar era un vergel donde proliferaban huertos y flores. Se afirma, en las mismas fuentes, que era un lugar de recreo, cercado por el monte Alfajar, hoy Alfacar, y era un espacio placentero y suave, cubierto de jardines, casas de gran categoría, plantíos de hierbas aromáticas y otras delicias.
Impresiona la contemplación del Monasterio, casi sin haber traspasado sus puertas. La sola admiración de su fachada principal, así como su entorno, nos sigue llevando a pensar en el origen de su ubicación.
Luis de Mármol y otros escritores cristianos hacen elogios de este lugar privilegiado con el nombre de carmenes de Ainadamar, que en época de los moriscos fue conocida como pago Aldamia, que quiere decir Fuente de Lagrimas. Éstos Carmenes ocupaban la ladera de la sierra del Albaicín que mira hacia la vega.
La ubicación definitiva del Monasterio no estuvo definida hasta muchos años después, ya que en un principio, y con el remanente de sus rentas, el Monasterio del Paular de Segovia, tenia proyectado edificar otro de la misma orden en Granada, sin indicar su emplazamiento hasta el 1507, en que el Visitador Don Juan de Padilla logró al protección del Gran Capitán y de su esposa, la Duquesa de Sesa, quienes señalaron un lugar, hallándose este en una pendiente. Para ello cederían dos huertos de su propiedad llamados Alcudia de Aidanamar y Abencerrages.
Pero tras un estudio del terreno y valorando el coste de las obras muy elevadas por la dificultad del terreno, los frailes fundadores decidieron que su ubicación sería en el sitio que hoy ocupa, lo que motivó que el Gran Capitán revocase su oferta, sorprendiéndole al poco la muerte en 1515.
En el año 1517, con nuevas licencias y nuevos terrenos, se comenzaron las obras para la construcción de cuatro celdas que caían sobre la Vega y así mismo la de la Capilla. En los años siguientes se concluirían dichas obras y poco después Juan García de Padros debió de construir la magnífica portada plateresca, pasado el año 1526 se cubrieron las celdas de norte y levante.
En 1536 fue nombrado provisor del Paular el Padre Rodrigo de Valdepeñas, quien vino como visitador, acupandose de la organización e instalación de la orden en Granada. El 1545 se cambió el título a esta Cartuja, que en 1513 se llamó “Nuestra Señora de Jesús” y ahora pasaría a ser “Asunción de Nuestra Señora”.
Cuando cesó el priorato del Padre Rodrigo de Valdepeñas las obras ya se encontraban muy avanzadas, por ejemplo el refertório ya poseía ventanas, pero no se había llegado a cubrir por la techumbre. La traza del conjunto se debe a Fray Alonso de Ledesma, que tubo que atenerse a los cánones ya existentes en otras cartujas, tal como era el modelo de la casa madre de Grenoble.
La iglesia original estaba proyectada con cuatro esbeltas torres, pero sólo se construiría una que fue terminada en 1642. Se alzó en la cabeza del templo y hubiera quedado simétrica con otra al otro lado, donde después se construyó la Sacristía. El historiador de las Cartujas españolas José de Vallés, hace alusión a lo proyectado diciendo en uno de sus escritos “con cuatro torres hermosísimas”. No hay duda que este era el proyecto original.
El edificio está rodeado de jardines y huertas que se cercan por el camino de Alfacar por una inmensa tapia construida en 1905. (según afirma y recoge en su guía Gómez Moreno, página 152).
A la derecha de esta cerca hay una portada plateresca y una hornacina con la imagen de la virgen en madera. En el gran patio que conduce a la iglesia y da entrada al Colegio Máximo de la Compañía de Jesús, se alza la fachada de la Iglesia alzada con sillares de Alfacar y es obra de Joaquín Hermoso. Pedro Hermoso, hermano del anterior, labró en mármol blanco la estatua de San Bruno.
Sus puertas son de madera de parra y clavazón de bronce.
La única nave del templo está recargada de ornamentación en yesos, con hornacinas y estatuas y dividida en tres partes. En la pared, dos altares churriguerescos con cuadros del lego de este convento Fray Juan Sánchez Cotán.
En medio unas puertas de cristales biselados con incrustraciones de concha, marfil y madera, ejecutadas por el granadino y lego de este Monasterio Fray José Vazquéz en el año 1750. En el centro una boveda obra de Atanasio Bocanegra, que representó a la Virgen llevada al cielo y su sepulcro rodeado de ángeles.
En el retablo del Altar Mayor, se puede contemplar la imagen de la Asunción de José de Mora y otra pequeña de San Bruno.
Detrás del Ábside está el “Santo Santorum” o Sagrario profusamente decorado, de estilo barroco, con representación de toda clase de mármoles procedentes de canteras de la provincia. Gran cantidad de adornos y dorados, profusión de estatuas y pinturas de Mora, Risueño, Duque y Cornejo.
Dentro de este Tabernáculo hay un sagrario de piedras preciosas, maderas y adornos de bronce dorado que sustituyó en el año 1818 al de plata, robado por el general francés Sebastián.
En la Sacristía destacan la gran variedad de adornos barrocos, la ornamentación que le da las cajoneras labradas en el periodo de 1730 a 1764 por el lego Fray Manuel Vázquez, con enchapados de caoba, palo santo, ébano, concha mármol y plata, todo ello de una perfectísima construcción.
Del mismo tiempo se conservan la elegante torre de la Iglesia. De la portería de la antigua Iglesia, se pasa la Castillo cuyas paredes están decoradas por lienzos de Sánchez Cotán y Vicente Cartucho; representan la mayoría de martirios de los frailes cartujos en Viena e Inglaterra.
Del antiguo Monasterio se conserva el Refertorio, pieza de gran tamaño en la que se ve representada una cruz de “singular relieve” pintad por Sánchez Cotán.
Parte de este gran Monasterio fue derribado en 1842, conservándose hasta 1943 la casa del Prior, que llegó a ser propiedad particular. Hoy el solar está convertido en jardines.
Este ha sido un breve paseo por el Monasterio de la Cartuja. Un paseo sin más pretensiones, que como cualquier enamorado de lo nuestro, admira su enclave, su entorno y el maravilloso contenido de obras de arte que encierra sus muros. El relato de una visita (demorad ano se cuantas veces) pero con el único fin de contemplar con la sencillez de quien sólo ha tratado de documentarse, para seguir asombrado ante una de los lugares más bellos de Granada.


BIBLIOGRAFIA Y DOCUMENTACIÓN

J. Navarro López, “el mundo ilustrado” Cádiz, Febrero1950.
*La documentación fotográfica es original de la autora.

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