La Iglesia de San José en el Albayzín

 

 

 

 

 

http://www.alonsocano.tk        ISSN: 1697-2899                   D.L:GR2134/2004
UNA JOYA DEL ALBAYZÍN: LA IGLESIA DE SAN JOSÉ

Por Néstor Prieto Jiménez
Ldo. Hª de Arte

La llegada del cristianismo a Granada supone grandes transformaciones para la ciudad, si en el periodo musulmán los alminares de las mezquitas fueron el elemento que dominaba el paisaje urbano, ahora serán sustituidos por las torres de las iglesias.

Entre estas primitivas mezquitas cabe mencionar una de las mas antiguas e importantes del Albayzín, la conocida como de los Ermitaños o Morabitos (Masyid al- Murabitín)(1) perteneciente a la dinastía zirí del siglo XI. Estuvo emplazada en la Alcazaba Cadima(2) -al comienzo de la hoy llamada calle San José- y en la actualidad solo se conserva su alminar y aljibe. El primero de los elementos, de planta cuadrada -3’83 m en cada uno de sus lados-, permanece casi exento en el noreste de la iglesia; en la parte inferior de su fabrica se percibe el empleo de grandes sillares unidos con yeso, mientras que en la superior, buscando un mayor sentido decorativo, se emplean lajas procedentes de La Malahá dispuestas una a soga y varias a tizón y que, durante mucho tiempo, permanecieron ocultas por un enlucido moderno del que fue desposeído hacia 1935(3). En su interior, la escalera gira en sentido ascendente en torno a un machón central, iluminada por pequeñas saeteras en dos de sus lados y una única ventana; con arco de herradura realizado en ladrillo. Ya en época cristiana se le añadió el actual cuerpo de campanas realizado en ladrillo, por tratarse de un material mas económico.

El otro testigo de la existencia de la mezquita es el aljibe, que al igual que la torre, se encuentra instalado en el noreste de la iglesia, pero en este caso no está exento con respecto a esta sino que una parte de su bóveda se encuentra oculta bajo el coro de la iglesia. Debemos suponer que en su momento, este aljibe debió ser el encargado de suministrar el agua necesaria para que los fieles que acudían a la mezquita pudiesen llevar a cabo sus correspondientes abluciones. Para el conocimiento de esta obra resulta de gran interés el estudio realizado por dos autores sobre los aljibes públicos de la Granada islámica(4), en el podemos encontrar los planos del de San José, que consta de una sola nave claramente diferenciada en dos partes, la primera es bastante mas pequeña pero de mayor altura, cubierta con una bóveda de aristas, y se corresponde con la portada; la otra nave es de medio cañón, ambas se levantan sobre un pequeño resalte en el muro realizado enteramente en tapial. En el extremo de la nave principal hay dos agujeros que posiblemente fueron empleados para sacar agua desde el interior de la mezquita, y posteriormente de la iglesia.
La nave mide 7’29 m de largo por 2’82 m de ancho, siendo sus alturas 5’62 m y 4’68 m respectivamente. Su capacidad es mediana, de 71 m³

Gran parte de la bóveda principal quedo oculta bajo la iglesia, cuando a partir de 1540 se procede a la construcción de su coro. Por el contrario, el trasdós del primer tramo si que se encuentra visible aunque no desde hace demasiado, porque aun en época de Torres Balbás había una casa sobre él -entre la torre y la iglesia-, tras su eliminación se llevo a cabo una reparación del exterior hacia 1965.

Al parecer, hasta el siglo XVI se conservó una piedra sobre la boca del aljibe en la que se ofrecía información sobre la fundación del mismo, que corrió a cargo de los vecinos de Hizna Román para uso de los morabitos de la mezquita.

Y así llegamos al 7 de enero de 1492, fecha en la que el arzobispo de Granada, fray Hernando de Talavera, lleva a cabo la bendición de la mezquita para poder ser empleada a partir de ese momento como iglesia. En este sentido, estaríamos ante una de las primeras de la ciudad, encontrándose a la cabeza la de San Juan de los Reyes, mandada bendecir por los Reyes Católicos dos días antes que la de San José. Sin embargo, tanto para una como para otra, su erección canónica como templo parroquial tiene lugar el 15 de octubre de 1501 cuando el cardenal don Pedro González de Mendoza, procede a la división de la ciudad en 23 parroquias(5), de las cuales, 14 debían establecerse en el Albayzín.

Con los años las mezquitas bendecidas empiezan a ser reemplazadas por iglesias, en 1517 le llega el turno a la de los Morabitos, que es destruida para dar paso a la nueva construcción que pese a posteriores modificaciones, será finalizada en 1525 bajo las directrices de Rodrigo Hernández, que llevará a cabo una fabrica gótico-mudéjar. Su feligresía, al igual que en el resto de las parroquiales del Albayzín, fue principalmente morisca hasta que en 1571 tiene lugar su expulsión, aun así, nos encontramos con una minoría de letrados, oidores y escribanos reales(6) cuya concentración en la zona, posiblemente fuese debida a su proximidad con la Real Chancillería. La presencia de nobleza en su entorno, queda ampliamente puesta de manifiesto en el hecho de que San José es la única iglesia del Albayzín que posee una capilla mayor con carácter funerario sufragada por nobles, poseyendo este mismo carácter la cuarta capilla del lado del Evangelio(7). Su carácter diferencial está presente en el empleo de una rica armadura mudéjar que contrasta con las bóvedas de crucería de las demás capillas.

La tradición constructiva mudéjar en Granada permanecerá casi invariable tras la expulsión de los moriscos por considerarse «la forma mas rápida y barata de construir»(8). Será Juan Antonio García Granados quien clasifique por primera vez estos edificios en siete tipologías, basándose en la diversidad de sus plantas(9). De las siete, el cuarto tipo es el que podría aplicarse a la iglesia de San José por tratarse de una nave rectangular con arcos diafragmas, capillas laterales entre contrafuertes y capilla mayor cuadrada separada por un arco toral; la capilla que hay a los pies de la iglesia fue añadida posteriormente -entre 1540 y 1549- como coro.

Como hemos visto, la iglesia de San José vio finalizadas sus obras en 1525 siendo maestro mayor Rodrigo Hernández, quien previamente había dirigido las de San Nicolás o posteriormente las de Santiago y San Andrés -realizadas en 1525 y 1528 respectivamente-(10). En San José, la fabrica proyectada por este maestro mayor se encuentra dentro del esquema definido por Chueca Goitia para obras que él localiza en la región levantina donde: «las iglesias más modestas solían ser de una nave, con una cubierta sostenida por arcos diafragmas trasversales, que estaban trasdosados angularmente para sujetar las vigas de la armadura a dos aguas. Es una solución gótica, pero que permitía a carpinteros y decoradores moriscos explayar todo su talento… Por la vía de Levante la fórmula llegó a Granada, donde después de la conquista se construyeron varios templos de igual estructura. San José es uno de ellos».

Para la construcción de la iglesia de San José, Rodrigo Hernández recurre al empleo de ladrillo alternado con cajoneras de mampostería que permitían abaratar los costes, de ahí que don José Giménez-Serrano -secretario de la Comisión de Monumentos histórico-artísticos de la provincia- la considerase «pobre en su construcción(11)». Los paramentos del lado este se encuentran recubiertos de cal y, tanto en planta como en alzado, llama poderosamente la atención ver como las paredes de la sacristía, junto con la tercera y cuarta capilla del lado del Evangelio, rompen la linealidad del muro proyectándose hacia la calle, alterando así las proporciones de la capilla de los Méndez de Salazar. En el exterior algunos elementos estructurales cumplen al mismo tiempo una función ornamental, como ocurre con los aleros del tejado donde se han empleado ladrillos dispuestos en forma de pico de gorrión, y los caballones del tejado donde se utilizaron alternativamente tejas vidriadas blancas y verdes.

Su portada se encuentra instalada en el lado derecho del templo, fue realizada en caliza de Sierra Elvira por el arquitecto barroco Luís de Arévalo, antes de 1756(12). Su producción artística fue duramente criticada por Félez Lubelza cuando, procediendo a la descripción de las portadas de la iglesia de San Antón, lo definió como: «un ecléctico que aprovecha y remata muchos de los proyectos de Bada, carece de genio creador y es casi imposible ver una línea clara en el desarrollo de su obra que por otra parte resulta extraordinariamente abundante… sus diseños personales dan prueba de una mediocridad y pobreza visibles en estas portadas de San Antón»(13).

La portada de San José presenta un arco de medio punto, con un leve resalte en la clave, que descansa sobre dos austeras pilastras cajeadas. El arco está flanqueado por dos columnas estriadas con arista a bisel, de capitel toscano; ambas apoyan sobre dos elevados pedestales que han perdido las placas de piedra blanca que aun se conservan en las enjutas del arco con pretensiones ornamentales. Sobre el entablamento encontramos un frontón partido acabado en roleos con dos pequeños pináculos que coinciden con el eje de las pilastras de la portada. El frontón está enmarcando una pequeña hornacina que remata la portada a modo de ático, en ella un pequeño entablamento se curva adoptando la fisonomía de un arco de medio punto apoyado, también, sobre dos pilastras cajeadas y rematadas sobre la cornisa por pináculos similares a los del frontón descrito. La hornacina cobija la imagen del Santo Titular del templo, San José con el Niño en actitud caminante; esta composición nos recuerda claramente a la dieciochesca empleada por Torcuato Ruiz del Peral para el retablo mayor. Las palabras que la historiadora Félez Lubelza dedica en su trabajo a esta portada de San José, no son mucho mas benévolas que las que aludían a las de San Antón puesto que, para ella, esta portada «es un ejemplo más de la falta de lógica que domina la construcción de edificios andaluces tantas veces señalada y patente, por lo que toca a los siglos barrocos, a lo largo de nuestro trabajo»(14).

Otro capitulo muy interesante en esta construcción es el de sus cubiertas y obras de arte, que serán objeto de posteriores artículos en los que procederemos a la descripción individualizada de cada uno de los espacios que integran la iglesia.

En la actualidad la iglesia no solo sigue estando abierta al culto sino que, desde el proceso desamortizador de 1842, absorbió el correspondiente a las iglesias de San Miguel y San Nicolás que desde ese momento se convirtieron en templos anejos a San José. Posiblemente esa sea la razón por la que algunas obras de arte como el Cristo atado a la columna de Siloe fueran a parar a San José, parroquia donde fueron enterrados personajes ilustres del campo de las artes como el escultor Torcuato Ruiz del Peral -1773- y los pintores Felipe Gómez de Valencia -1679- y Miguel Pérez de Aibar -discípulo de Juan de Sevilla- cuyo epitafio se encontraba en la capilla de los Salazares, desaparecido tras las reformas de esta. En dicho epitafio se podía leer la siguiente inscripción: «Aquí yase Miguel Pérez de Aibar, varón de exzelentes virtudes, natural de Tudela; murió el 15 de agosto de 1697»(15).

Las dimensiones aproximadas de la iglesia han sido recogidas en el CD-ROM editado, entre otros, por la Fundación Albayzín y Ayuntamiento de Granada sobre el patrimonio arquitectónico del Albayzín, en el se establecían 26 metros de largo por 21 de ancho para la nave y capillas laterales, mas 10 metros de lado para la capilla mayor y 9 por 8 metros para el coro(16).

En la iglesia de San José tenia su sede la cofradía de los carpinteros, en ella se reunían, siguiendo la Ordenanza de 1528, el día de año nuevo o cualquier otro domingo o festivo del mes de enero(17).

NOTAS:

1 AA.VV. Albaicín, patrimonio arquitectónico. Granada: Ayuntamiento de Granada: Fundación Albaicín, 2001. (CD-ROM).
2 VINCENT, B. Andalucía en la Edad Moderna: Economía y sociedad. Granada: Diputación Provincial. 1985, p. 126.
3 GALLEGO Y BURÍN, Antonio. Granada. Guía histórica y artística de la ciudad. Granada. Ed. Comares, 1996, p. 387.
4 ORIHUELA UZAL, A. y VILCHEZ VILCHEZ, C. Aljibes públicos de la Granada islámica. Granada, Ayuntamiento, 1991, p. 88.
5 HENARES CUELLAR, I. y LOPEZ GUZMÁN, R. Arquitectura mudéjar granadina. Granada. Caja General de Ahorros, 1989, p. 27.
6 CARRASCOSA SALAS, Miguel J. El Albayzín en la historia I. Granada: Proyecto Sur de Ediciones, 2001, p. 114.
7 HENARES CUELLAR, I. y LOPEZ GUZMÁN, R. Arquitectura mudéjar granadina. Granada. Caja General de Ahorros, 1989, p. 91.
8 GOMEZ-MORENO CALERA, J.M. La arquitectura religiosa granadina en la crisis del Renacimiento (1560-1650): Diócesis de Granada y Guadix-Baza. Granada: Universidad de Granada, 1989, p. 50.
9 GARCIA GRANADOS. «La iglesia parroquial de Guadahortuna». En: Cuadernos de Arte nº XVI. Granada: Universidad de Granada, 1984, p. 122.
10 GALLEGO Y BURÍN, Antonio. Granada. Guía histórica y artística de la ciudad. Granada. Ed. Comares, 1996, p. 319.
11 GIMÉNEZ-SERRANO, José. Manual del artista y del viajero en Granada. Granada. J.A. Linares: Imprenta de Puchol, 1846, p. 386
12 GALLEGO Y BURÍN, Antonio. Granada. Guía histórica y artística de la ciudad. Granada. Ed. Comares, 1996, p. 388.
13 FÉLEZ LUBELZA, Concepción. Portadas Manieristas y Barrocas granadinas. Granada. Caja General de Ahorros, 1992, pp. 153-154.
14 Ibidem, p. 158.
15 GALLEGO Y BURÍN, Antonio. Granada. Guía histórica y artística de la ciudad. Granada. Ed. Comares, 1996, p. 389.
16 AA.VV. Albaicín, patrimonio arquitectónico. Granada: Ayuntamiento de Granada: Fundación Albaicín, 2001. (CD-ROM).
17 HENARES CUELLAR, I. y LOPEZ GUZMÁN, R. Arquitectura mudéjar granadina. Granada. Caja General de Ahorros, 1989, p. 63.

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