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La llegada del cristianismo a Granada supone grandes
transformaciones para la ciudad, si en el periodo musulmán los
alminares de las mezquitas fueron el elemento que dominaba el paisaje
urbano, ahora serán sustituidos por las torres de las iglesias.
Entre estas primitivas mezquitas cabe mencionar una de
las mas antiguas e importantes del Albayzín, la conocida como de
los Ermitaños o Morabitos (Masyid al- Murabitín)(1) perteneciente
a la dinastía zirí del siglo XI. Estuvo emplazada en la
Alcazaba Cadima(2) -al comienzo de la hoy llamada calle San José-
y en la actualidad solo se conserva su alminar y aljibe. El primero de
los elementos, de planta cuadrada -3’83 m en cada uno de sus lados-,
permanece casi exento en el noreste de la iglesia; en la parte inferior
de su fabrica se percibe el empleo de grandes sillares unidos con yeso,
mientras que en la superior, buscando un mayor sentido decorativo, se
emplean lajas procedentes de La Malahá dispuestas una a soga y
varias a tizón y que, durante mucho tiempo, permanecieron ocultas
por un enlucido moderno del que fue desposeído hacia 1935(3). En
su interior, la escalera gira en sentido ascendente en torno a un machón
central, iluminada por pequeñas saeteras en dos de sus lados y
una única ventana; con arco de herradura realizado en ladrillo.
Ya en época cristiana se le añadió el actual cuerpo
de campanas realizado en ladrillo, por tratarse de un material mas económico.
El otro testigo de la existencia de la mezquita es el
aljibe, que al igual que la torre, se encuentra instalado en el noreste
de la iglesia, pero en este caso no está exento con respecto a
esta sino que una parte de su bóveda se encuentra oculta bajo el
coro de la iglesia. Debemos suponer que en su momento, este aljibe debió
ser el encargado de suministrar el agua necesaria para que los fieles
que acudían a la mezquita pudiesen llevar a cabo sus correspondientes
abluciones. Para el conocimiento de esta obra resulta de gran interés
el estudio realizado por dos autores sobre los aljibes públicos
de la Granada islámica(4), en el podemos encontrar los planos del
de San José, que consta de una sola nave claramente diferenciada
en dos partes, la primera es bastante mas pequeña pero de mayor
altura, cubierta con una bóveda de aristas, y se corresponde con
la portada; la otra nave es de medio cañón, ambas se levantan
sobre un pequeño resalte en el muro realizado enteramente en tapial.
En el extremo de la nave principal hay dos agujeros que posiblemente fueron
empleados para sacar agua desde el interior de la mezquita, y posteriormente
de la iglesia.
La nave mide 7’29 m de largo por 2’82 m de ancho, siendo sus
alturas 5’62 m y 4’68 m respectivamente. Su capacidad es mediana,
de 71 m³
Gran parte de la bóveda principal quedo oculta
bajo la iglesia, cuando a partir de 1540 se procede a la construcción
de su coro. Por el contrario, el trasdós del primer tramo si que
se encuentra visible aunque no desde hace demasiado, porque aun en época
de Torres Balbás había una casa sobre él -entre la
torre y la iglesia-, tras su eliminación se llevo a cabo una reparación
del exterior hacia 1965.
Al parecer, hasta el siglo XVI se conservó una
piedra sobre la boca del aljibe en la que se ofrecía información
sobre la fundación del mismo, que corrió a cargo de los
vecinos de Hizna Román para uso de los morabitos de la mezquita.
Y así llegamos al 7 de enero de 1492, fecha en
la que el arzobispo de Granada, fray Hernando de Talavera, lleva a cabo
la bendición de la mezquita para poder ser empleada a partir de
ese momento como iglesia. En este sentido, estaríamos ante una
de las primeras de la ciudad, encontrándose a la cabeza la de San
Juan de los Reyes, mandada bendecir por los Reyes Católicos dos
días antes que la de San José. Sin embargo, tanto para una
como para otra, su erección canónica como templo parroquial
tiene lugar el 15 de octubre de 1501 cuando el cardenal don Pedro González
de Mendoza, procede a la división de la ciudad en 23 parroquias(5),
de las cuales, 14 debían establecerse en el Albayzín.
Con los años las mezquitas bendecidas empiezan
a ser reemplazadas por iglesias, en 1517 le llega el turno a la de los
Morabitos, que es destruida para dar paso a la nueva construcción
que pese a posteriores modificaciones, será finalizada en 1525
bajo las directrices de Rodrigo Hernández, que llevará a
cabo una fabrica gótico-mudéjar. Su feligresía, al
igual que en el resto de las parroquiales del Albayzín, fue principalmente
morisca hasta que en 1571 tiene lugar su expulsión, aun así,
nos encontramos con una minoría de letrados, oidores y escribanos
reales(6) cuya concentración en la zona, posiblemente fuese debida
a su proximidad con la Real Chancillería. La presencia de nobleza
en su entorno, queda ampliamente puesta de manifiesto en el hecho de que
San José es la única iglesia del Albayzín que posee
una capilla mayor con carácter funerario sufragada por nobles,
poseyendo este mismo carácter la cuarta capilla del lado del Evangelio(7).
Su carácter diferencial está presente en el empleo de una
rica armadura mudéjar que contrasta con las bóvedas de crucería
de las demás capillas.
La tradición constructiva mudéjar en Granada
permanecerá casi invariable tras la expulsión de los moriscos
por considerarse «la forma mas rápida y barata de construir»(8).
Será Juan Antonio García Granados quien clasifique por primera
vez estos edificios en siete tipologías, basándose en la
diversidad de sus plantas(9). De las siete, el cuarto tipo es el que podría
aplicarse a la iglesia de San José por tratarse de una nave rectangular
con arcos diafragmas, capillas laterales entre contrafuertes y capilla
mayor cuadrada separada por un arco toral; la capilla que hay a los pies
de la iglesia fue añadida posteriormente -entre 1540 y 1549- como
coro.
Como hemos visto, la iglesia de San José vio finalizadas
sus obras en 1525 siendo maestro mayor Rodrigo Hernández, quien
previamente había dirigido las de San Nicolás o posteriormente
las de Santiago y San Andrés -realizadas en 1525 y 1528 respectivamente-(10).
En San José, la fabrica proyectada por este maestro mayor se encuentra
dentro del esquema definido por Chueca Goitia para obras que él
localiza en la región levantina donde: «las iglesias más
modestas solían ser de una nave, con una cubierta sostenida por
arcos diafragmas trasversales, que estaban trasdosados angularmente para
sujetar las vigas de la armadura a dos aguas. Es una solución gótica,
pero que permitía a carpinteros y decoradores moriscos explayar
todo su talento… Por la vía de Levante la fórmula
llegó a Granada, donde después de la conquista se construyeron
varios templos de igual estructura. San José es uno de ellos».
Para la construcción de la iglesia de San José,
Rodrigo Hernández recurre al empleo de ladrillo alternado con cajoneras
de mampostería que permitían abaratar los costes, de ahí
que don José Giménez-Serrano -secretario de la Comisión
de Monumentos histórico-artísticos de la provincia- la considerase
«pobre en su construcción(11)». Los paramentos del
lado este se encuentran recubiertos de cal y, tanto en planta como en
alzado, llama poderosamente la atención ver como las paredes de
la sacristía, junto con la tercera y cuarta capilla del lado del
Evangelio, rompen la linealidad del muro proyectándose hacia la
calle, alterando así las proporciones de la capilla de los Méndez
de Salazar. En el exterior algunos elementos estructurales cumplen al
mismo tiempo una función ornamental, como ocurre con los aleros
del tejado donde se han empleado ladrillos dispuestos en forma de pico
de gorrión, y los caballones del tejado donde se utilizaron alternativamente
tejas vidriadas blancas y verdes.
Su portada se encuentra instalada en el lado derecho
del templo, fue realizada en caliza de Sierra Elvira por el arquitecto
barroco Luís de Arévalo, antes de 1756(12). Su producción
artística fue duramente criticada por Félez Lubelza cuando,
procediendo a la descripción de las portadas de la iglesia de San
Antón, lo definió como: «un ecléctico que aprovecha
y remata muchos de los proyectos de Bada, carece de genio creador y es
casi imposible ver una línea clara en el desarrollo de su obra
que por otra parte resulta extraordinariamente abundante… sus diseños
personales dan prueba de una mediocridad y pobreza visibles en estas portadas
de San Antón»(13).
La portada de San José presenta un arco de medio
punto, con un leve resalte en la clave, que descansa sobre dos austeras
pilastras cajeadas. El arco está flanqueado por dos columnas estriadas
con arista a bisel, de capitel toscano; ambas apoyan sobre dos elevados
pedestales que han perdido las placas de piedra blanca que aun se conservan
en las enjutas del arco con pretensiones ornamentales. Sobre el entablamento
encontramos un frontón partido acabado en roleos con dos pequeños
pináculos que coinciden con el eje de las pilastras de la portada.
El frontón está enmarcando una pequeña hornacina
que remata la portada a modo de ático, en ella un pequeño
entablamento se curva adoptando la fisonomía de un arco de medio
punto apoyado, también, sobre dos pilastras cajeadas y rematadas
sobre la cornisa por pináculos similares a los del frontón
descrito. La hornacina cobija la imagen del Santo Titular del templo,
San José con el Niño en actitud caminante; esta composición
nos recuerda claramente a la dieciochesca empleada por Torcuato Ruiz del
Peral para el retablo mayor. Las palabras que la historiadora Félez
Lubelza dedica en su trabajo a esta portada de San José, no son
mucho mas benévolas que las que aludían a las de San Antón
puesto que, para ella, esta portada «es un ejemplo más de
la falta de lógica que domina la construcción de edificios
andaluces tantas veces señalada y patente, por lo que toca a los
siglos barrocos, a lo largo de nuestro trabajo»(14).
Otro capitulo muy interesante en esta construcción
es el de sus cubiertas y obras de arte, que serán objeto de posteriores
artículos en los que procederemos a la descripción individualizada
de cada uno de los espacios que integran la iglesia.
En la actualidad la iglesia no solo sigue estando abierta
al culto sino que, desde el proceso desamortizador de 1842, absorbió
el correspondiente a las iglesias de San Miguel y San Nicolás que
desde ese momento se convirtieron en templos anejos a San José.
Posiblemente esa sea la razón por la que algunas obras de arte
como el Cristo atado a la columna de Siloe fueran a parar a San José,
parroquia donde fueron enterrados personajes ilustres del campo de las
artes como el escultor Torcuato Ruiz del Peral -1773- y los pintores Felipe
Gómez de Valencia -1679- y Miguel Pérez de Aibar -discípulo
de Juan de Sevilla- cuyo epitafio se encontraba en la capilla de los Salazares,
desaparecido tras las reformas de esta. En dicho epitafio se podía
leer la siguiente inscripción: «Aquí yase Miguel Pérez
de Aibar, varón de exzelentes virtudes, natural de Tudela; murió
el 15 de agosto de 1697»(15).
Las dimensiones aproximadas de la iglesia han sido recogidas
en el CD-ROM editado, entre otros, por la Fundación Albayzín
y Ayuntamiento de Granada sobre el patrimonio arquitectónico del
Albayzín, en el se establecían 26 metros de largo por 21
de ancho para la nave y capillas laterales, mas 10 metros de lado para
la capilla mayor y 9 por 8 metros para el coro(16).
En la iglesia de San José tenia su sede la cofradía
de los carpinteros, en ella se reunían, siguiendo la Ordenanza
de 1528, el día de año nuevo o cualquier otro domingo o
festivo del mes de enero(17).
NOTAS:
1 AA.VV. Albaicín, patrimonio arquitectónico.
Granada: Ayuntamiento de Granada: Fundación Albaicín, 2001.
(CD-ROM).
2 VINCENT, B. Andalucía en la Edad Moderna: Economía y sociedad.
Granada: Diputación Provincial. 1985, p. 126.
3 GALLEGO Y BURÍN, Antonio. Granada. Guía histórica
y artística de la ciudad. Granada. Ed. Comares, 1996, p. 387.
4 ORIHUELA UZAL, A. y VILCHEZ VILCHEZ, C. Aljibes públicos de la
Granada islámica. Granada, Ayuntamiento, 1991, p. 88.
5 HENARES CUELLAR, I. y LOPEZ GUZMÁN, R. Arquitectura mudéjar
granadina. Granada. Caja General de Ahorros, 1989, p. 27.
6 CARRASCOSA SALAS, Miguel J. El Albayzín en la historia I. Granada:
Proyecto Sur de Ediciones, 2001, p. 114.
7 HENARES CUELLAR, I. y LOPEZ GUZMÁN, R. Arquitectura mudéjar
granadina. Granada. Caja General de Ahorros, 1989, p. 91.
8 GOMEZ-MORENO CALERA, J.M. La arquitectura religiosa granadina en la
crisis del Renacimiento (1560-1650): Diócesis de Granada y Guadix-Baza.
Granada: Universidad de Granada, 1989, p. 50.
9 GARCIA GRANADOS. «La iglesia parroquial de Guadahortuna».
En: Cuadernos de Arte nº XVI. Granada: Universidad de Granada, 1984,
p. 122.
10 GALLEGO Y BURÍN, Antonio. Granada. Guía histórica
y artística de la ciudad. Granada. Ed. Comares, 1996, p. 319.
11 GIMÉNEZ-SERRANO, José. Manual del artista y del viajero
en Granada. Granada. J.A. Linares: Imprenta de Puchol, 1846, p. 386
12 GALLEGO Y BURÍN, Antonio. Granada. Guía histórica
y artística de la ciudad. Granada. Ed. Comares, 1996, p. 388.
13 FÉLEZ LUBELZA, Concepción. Portadas Manieristas y Barrocas
granadinas. Granada. Caja General de Ahorros, 1992, pp. 153-154.
14 Ibidem, p. 158.
15 GALLEGO Y BURÍN, Antonio. Granada. Guía histórica
y artística de la ciudad. Granada. Ed. Comares, 1996, p. 389.
16 AA.VV. Albaicín, patrimonio arquitectónico. Granada:
Ayuntamiento de Granada: Fundación Albaicín, 2001. (CD-ROM).
17 HENARES CUELLAR, I. y LOPEZ GUZMÁN, R. Arquitectura mudéjar
granadina. Granada. Caja General de Ahorros, 1989, p. 63.

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