Problemas de Convivencia en la Feria de Orcera durante el Siglo XVII

 

 

 

 

 

http://www.alonsocano.tk        ISSN: 1697-2899                   D.L:GR2134/2004

PROBLEMAS DE CONVIVENCIA EN LA FERIA DE ORCERA DURANTE EL SIGLO XVIII

Sergio Rodríguez Tauste
Ldo. Historia

1. Introducción

Durante el Antiguo Régimen y hasta la estructuración de un mercado interno nacional, las ferias fueron una de las pocas ocasiones en las que comprar productos y animales de granja. Las ferias fueron evolucionando con el paso del tiempo hasta asociarse a otros acontecimientos, normalmente de carácter religioso. Los documentos más antiguos sobre la Feria de Orcera que se conservan se remontan al siglo XVIII y la sitúan durante la celebración del día de la virgen de la Peña, instalándose los comerciantes en las puertas del monasterio.

2. Orcera en el siglo XVIII

El siglo XVIII comienza para Orcera con signos de recuperación respecto a la centuria anterior aunque no fue hasta el primer tercio del siglo XVIII cuando inicia su despegue gracias a las actividades forestales desarrolladas a través del Real Negociado de Maderas de Sevilla y la creación de la Provincia Marítima de Segura de la Sierra en 1748, cuyo tribunal tenía su sede en Orcera, gestionando un territorio muy extenso con el fin de controlar la explotación de madera cuyo destino eran los Arsenales de Cádiz y Cartagena. También son interesantes los datos aportados por Juan Antonio Gila Real en su estudio sobre el Catastro de Ensenada para conocer la situación de Orcera en 1755, aunque hay bastante documentación en el Archivo Municipal de Orcera que sirve para completar la investigación sobre los orcereños de finales del siglo XVIII.
Orcera contaba a mediados del siglo XVIII con una población de unos 600 habitantes según los datos ofrecidos por el Catastro de Ensenada donde encontramos 76 jornaleros, 20 viudas y 3 pobres de solemnidad. Esto nos indica un predominio de pequeños propietarios y que la gran mayoría de las familias podían combinar sus actividades con el cultivo de pequeñas huertas o el pastoreo de pequeños rebaños propios aunque no podemos olvidar que de los 600 habitantes, había 76 personas que sólo contaban con el trabajo de sus manos para subsistir.
La agricultura de cereal y la ganadería eran las principales actividades económicas. La agricultura combinaba una actividad en pequeñas parcelas de regadío que tenían como objetivo el autoabastecimiento, con un cultivo cerealístico de secano.
La ganadería estaba representada por el ovino y caprino principalmente aunque existía ganado equino, bóvido y otros animales de labor. Muy importantes eran los bueyes que eran utilizados tanto en las labores de la tierra como en el transporte de madera en carro.
Esta situación se complica a finales del XVIII en un contexto de crisis generalizada, estudiado por Domínguez Ortiz, y que se manifiesta en algunos documentos, como por ejemplo en la dificultad para pagar las contribuciones o la aparición de contrabandistas y delincuentes. La situación se agrava con la llegada de los franceses, que supone la paralización del transporte de madera y el saqueo y destrucción de Segura el 17 de octubre de 1810 y de Orcera el 22 de enero de 1811.

3. La situación económica en el siglo XVIII

A la hora de aproximarnos al conocimiento de las ferias y mercados a lo largo del siglo XVIII hay que tener en cuenta una serie de factores como son la población, las producciones agrarias, las manufacturas o el estado de la red viaria.

El siglo XVIII es un siglo de crecimiento poblacional tras la época de crisis que supone el siglo XVII. El final de la peste como epidemia endémica de Europa y el final de los grandes conflictos europeos dieron un respiro a la población que registró un progresivo aumento en la mayor parte de los países europeos. Sin embargo el crecimiento poblacional iba íntimamente relacionado con la producción agrícola produciéndose aumentos de mortandad en épocas de crisis agrarias como sucedió en 1762-5 y 1803-4. A pesar del crecimiento demográfico entre los ilustrados estuvo presente la idea de despoblación del país y la relación existente entre el número de habitantes y la fortaleza del mismo como una forma de explicar la situación de decadencia en que se encontraba España.

La agricultura no sufrió grandes transformaciones tecnológicas a lo largo del siglo XVIII por lo que el aumento de rendimientos se debió a una mayor cantidad de tierras puestas en cultivo al existir un mayor contingente poblacional. Las tierras que se pusieron en producción eran tierras de baja calidad por lo que los rendimientos fueron descendiendo progresivamente lo que supuso una merma de los mismos por unidad de tiempo trabajado y por consiguiente se produjo un aumento de los precios (Anes, 1978).

Los problemas para aumentar el nivel de producción así como el progresivo aumento y encarecimiento de los bienes de primera necesidad obligaron al gobierno a tomar cartas en el asunto como por ejemplo eliminando la tasa del grano y otra serie de actuaciones encaminadas a dinamizar el comercio interior como por ejemplo con la multiplicación de ferias y mercados. En este sentido las principales reformas quedaron recogidas en el Informe de Ley Agraria de Jovellanos.

Por otro lado la situación de la ganadería fue bien distinta ya que el aumento de la superficie cultivada no se tradujo en una reducción de los pastos debido a su bajo coste. Fue la situación política internacional de finales del siglo XVIII con el bloqueo del comercio la que estancó la producción lanera al no poder darle salida. Por otro lado si bien los precios de los productos ganaderos se mantuvieron, no fue así el de los pastos que fueron también subiendo en la misma línea que los arrendamientos agrícolas. Por último la situación generada por la Guerra de la Independencia también fue negativa para el ganado debido a los robos por parte de los contingentes militares, tanto de uno como de otro bando.

En cuanto a las manufacturas; en el siglo XVIII se fomentó la creación de las Reales Fábricas como fue el caso de la Real Fábrica de latón de Alcaraz que comienza su actividad en 1773 de la mano de Jorge Gaubner. Junto a estas iniciativas estatales perviven fábricas o manufacturas tradicionales cuya producción continuó dominada por gremios y rígidos reglamentos que impidieron la renovación de las técnicas. Dentro de este tipo de producción tenemos que distinguir entre los establecimientos de las ciudades y los del ámbito rural que eran los que realmente abastecían las ferias y mercados comarcales y locales.

Por último tenemos que hablar de las vías de comunicación cuya precariedad y escasez fue una constante durante todo el Antiguo Régimen. Las malas comunicaciones impidieron la existencia de un mercado interior y determinaron las relaciones comerciales en el interior de la península. La producción se destinaba al autoconsumo y el excedente se vendía en las comarcas limítrofes. Sin embargo en las ferias si existían comerciantes procedentes de puntos lejanos o que iban comerciando de feria en feria. Ejemplo de esto lo tenemos en la documentación analizada sobre la Feria de Orcera en la que aparece un comerciante de origen aragonés.

4. Las ferias

Las ferias de los pequeños núcleos estaban limitadas, en gran medida, a las producciones elaboradas por agricultores y artesanos locales. Como hemos visto, esta situación se debía a la inexistencia de un mercado nacional o incluso regional dando lugar a situaciones de autoconsumo salvo en caso de productos de difícil fabricación o de lujo que sólo podían llegar a lugares como la Sierra de Segura a través del comercio. Esta situación provocaba dificultades en el abastecimiento de determinados productos y por consiguiente variaciones en el precio en diferentes zonas de la misma geografía. En este sentido la creación de ferias y mercados contribuyó a paliar esta situación.

Las ferias y mercados constituyen los centros de intercambio dando lugar a una multiplicación en la solicitud de licencias a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX aunque podemos distinguir algunas diferencias respecto a las ferias medievales. A finales del XVIII las ferias habían reducido sus días de convocatoria y por lo general se hacían coincidir con otros acontecimientos de relevancia. Esto lo podemos apreciar en el caso de la Feria de Orcera que coincidía con la festividad de la Virgen de la Peña.

En la feria se podían adquirir productos que no eran fabricados en la localidad o que no se encontraban normalmente en la tienda o en estanco de abastos del pueblo adquiriendo la feria una labor complementadota de la economía local. También se podía dar el caso de pequeños comerciantes que asistían a ferias y que a la vez atendían sus pequeños negocios establecidos.

Las ferias respondían a una demanda de productos y bienes limitados por los ciclos agrícolas en un momento en el que no eran necesarias fórmulas de ventas permanentes. En la feria se podía adquirir también el ganado y animales de corral necesarios para la granja familiar. De esta forma vemos como los productos tradicionales de la feria eran por un lado productos animales (caballos, mulos, ovejas y cerdos) y por otros productos manufacturados como géneros de mercería, lienzos, paños de lana, calzados, etc.

5. Los problemas entre vecinos en la Feria de Orcera

Las tradicionales fiestas de Santo Cristo, que se celebran actualmente en la segunda semana de septiembre, son una tradición reciente íntimamente relacionada con la desaparición del monasterio de Santa María de la Peña en 1837. Desde tiempo inmemorial el 8 de septiembre de cada año se celebraba la festividad de la Virgen de la Peña a través de una misa y procesión de la imagen hasta Segura. Al mismo tiempo, en los alrededores de la puerta del Convento se organizaba una feria donde se podían comprar animales, herramientas y útiles, ropa y otros productos que en la zona no se fabricaban o no se encontraban fácilmente.

Gracias a la documentación conservada en el Archivo Municipal de Orcera conocemos algunos detalles sobre este acontecimiento hoy desaparecido y que quizá dio paso a la actual celebración de la Feria de Santo Cristo. Por la documentación conservada sabemos que era un acontecimiento no exento de problemas siendo frecuentes los alborotos y las refriegas entre los asistentes, mientras que aún surgían problemas de jurisdicción entre Segura de la Sierra y Orcera.

En primer lugar vamos a hablar de los problemas entre las personas que acudían a la feria. Cada 8 de septiembre se congregaban los comerciantes a las puertas del monasterio de Santa María de la Peña dando lugar a un interesante trasiego de mercancías y de capitales. Como es normal, las discordias y las peleas eran frecuentes, bien por la rivalidad entre los vecinos de distintos lugares, o bien por problemas entre los naturales de Orcera y los comerciantes. Ejemplo de esta situación es el apresamiento de Francisco Javier González en el monasterio durante la feria, prófugo de la Justicia y con una sentencia en su contra emitida por la Sala del Crimen de la Chancillería de Granada. Tras ser apresado es recluido, con dos pares de grilletes, en casa del alguacil mayor al no estar terminada aún la cárcel de Orcera (1).

Otro caso curioso lo constituye la información referente a una mujer de Orcera, llamada Francisca Guinot, que se había ido con uno de los comerciantes de la feria abandonando a su marido. Éste había acudido a las autoridades denunciando el caso y solicitando ayuda para recuperar a su mujer. Lo curioso del caso es que este hombre, casado con una orcereña, era natural de Calamocha en el Reino de Aragón y había venido a parar a la Sierra de Segura (2).

Durante la feria de 1748 tuvo lugar un incidente entre un grupo de vecinos de Orcera y uno de Beas. En el transcurso de la feria fue apuñalado, en uno de de los frecuentes alborotos que se producían, el vecino de Beas de Segura. Este individuo fue atendido por el médico local y sin esperar a su recuperación huyó ante el temor quizás de nuevas represalias.

Como hemos visto eran frecuentes los altercados durante la feria, lo que se tradujo en disposiciones de las autoridades relativas al mantenimiento del orden y control de seguridad pública. Un ejemplo de esto es la carta remitida desde Madrid por Juan Francisco de Lartiri el 3 de septiembre de 1772 sobre los problemas que ocurrieron en la Feria de 1770 exigiendo medidas de la autoridades para que no se volvieran a producir situaciones similares (3):

[…] Noticioso el Consejo de los escándalos y alborotos ocurridos el año próximo pasado de 1770 en el Convento de religiosos franciscanos de esta villa donde se venera la imagen de Nuestra Señora de la Peña con motivo de sacar dicha santa imagen procesionalmente a la villa de Segura según costumbre inmemorial el día 8 de septiembre de cada año. Ha acordado se prevenga a vuestras mercedes que si concurriesen como justicia a dicha festividad cuiden de evitar los alborotos, las quimeras y excesos que se enuncian castigando con el mayor rigor a los que los causaren […].

Por otro lado, siempre existieron problemas jurisdiccionales entre Segura de la Sierra y Orcera en torno a la cuestión de la jurisdicción en primera instancia, que pese a los largos litigios, siempre fue un punto de fricción entre ambos núcleos de población. El monasterio de Santa María de la Peña, aunque estaba en el término de Orcera, era jurisdicción de Segura de la Sierra por lo que la villa de Segura enviaba todos los 8 de septiembre una persona a cobrar a los comerciantes que se apostaban a las puertas del convento las alcabalas correspondientes a su actividad. Sin embargo en 1787 al llegar el cobrador desde Segura descubrió que un cobrador enviado desde Orcera había cobrado las alcabalas y había revisado los pesos y medidas de los comerciantes. Tras informar al gobernador de Segura, este ordena prender al cobrador de Orcera inmediatamente (4). Existen otros testimonios y otras referencias a problemas entre las autoridades de ambos concejos a la hora de sentarse en la misa, dando lugar a peleas y discusiones con el objetivo de determinar la preeminencia de unos cargos públicos sobre otros.

En definitiva, la feria que se celebraba el 8 de septiembre era muy diferente a la actual, careciendo de espectáculos taurinos, verbenas y otras actividades que se desarrollan hoy día, sin embargo como hemos visto esta feria no estaba carente de peligros y distracciones para un público que la mayor parte del año sólo pensaba en la mera supervivencia.


NOTAS:

(1) Archivo Municipal de Orcera (en adelante AMO) Caja 48, pieza 657 fol. 2 r.
(2) A.M.O. Caja 48, pieza 657 fol. 4 r.
(3) A.M.O. Caja 48, pieza 657 fol. 1 r.
(4) A.M.O. Caja 48, pieza 657 fol. 10v.


BIBLIOGRAFÍA:

- AMALRIC, J. P.; DOMERGUE, L. (2001): La España de la Ilustración (1700-1833). Crítica. Barcelona.

- ANES, G. (1978): El antiguo régimen: Los Borbones. Ariel, Madrid.

- (1982): La economía española al final del Antiguo Régimen. Alianza, Madrid.

- DOMÍNGUEZ ORTIZ, A. (1982): “La sociedad española en el tránsito del siglo XVIII al XIX” en AA. VV. España a fines del XVIII, Tarragona, Hemeroteca de Tarragona. 43-52.

- FONTANA LÁZARO, J. (2002): La quiebra de la Monarquía absoluta. Crítica, Barcelona.

- GILA REAL, J. A. (1998): “La Sierra de Segura en el Catastro del Marqués de la Ensenada”, Boletín del Instituto de Estudios Giennenses, 168, 191-263.

- GRICE-HUTCHINSON, M. (1990): Aproximación al pensamiento económico en Andalucía: de Séneca a finales del siglo XVIII. Librería Ágora, Málaga.

- Informe de la Sociedad Económica de esta Corte al Real y Supremo Consejo de Castilla en el Expediente de Ley Agraria, extendido por su individuo de número el Sr. D. Gaspar Melchor de Jovellanos, a nombre de la Junta encargada de su formación, y con arreglo a sus opiniones. Con superior permiso. Madrid, en «Memorias de la Sociedad Económica Matritense», T. V., primer discurso, Imp. de Sancha, 1795.

- NAVARRO LÓPEZ, G. (1965): Segura de la Sierra. Notas histórico-descriptivas de esta villa y su comarca. Ayuntamiento de Segura, 1965.

- RODRÍGUEZ LLOPIS, M. (2004): Historia de la Región de Murcia. Consejería de Cultura, Murcia.

- TUSELL, J.; SÁNCHEZ MANTERO, R. (2004): Historia de España. 12 El siglo XIX. De la Guerra de la Independencia a la Revolución de 1868. Espasa Calpe, Barcelona.

- (2005): Historia de España. Taurus, Madrid.

- VIGUERAS GONZÁLEZ, M. (2002): El transporte de madera por flotación y carretería, desde los bosques de Sierra Segura hasta Sevilla y los arsenales de La Carraca (Cádiz) y Cartagena, durante los siglos XVIII y XIX (1734-1833). Madrid, Ente público de puertos del Estado.

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