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| http://www.alonsocano.tk ISSN: 1697-2899 D.L:GR2134/2004 | |||||||||
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PROBLEMAS DE CONVIVENCIA EN LA FERIA DE ORCERA DURANTE EL SIGLO XVIII Sergio
Rodríguez Tauste 1. Introducción Durante el Antiguo Régimen y hasta la estructuración de un mercado interno nacional, las ferias fueron una de las pocas ocasiones en las que comprar productos y animales de granja. Las ferias fueron evolucionando con el paso del tiempo hasta asociarse a otros acontecimientos, normalmente de carácter religioso. Los documentos más antiguos sobre la Feria de Orcera que se conservan se remontan al siglo XVIII y la sitúan durante la celebración del día de la virgen de la Peña, instalándose los comerciantes en las puertas del monasterio. 2. Orcera en el siglo XVIII 3. La situación económica en el siglo XVIII A la hora de aproximarnos al conocimiento de las ferias y mercados a lo largo del siglo XVIII hay que tener en cuenta una serie de factores como son la población, las producciones agrarias, las manufacturas o el estado de la red viaria. El siglo XVIII es un siglo de crecimiento poblacional tras la época de crisis que supone el siglo XVII. El final de la peste como epidemia endémica de Europa y el final de los grandes conflictos europeos dieron un respiro a la población que registró un progresivo aumento en la mayor parte de los países europeos. Sin embargo el crecimiento poblacional iba íntimamente relacionado con la producción agrícola produciéndose aumentos de mortandad en épocas de crisis agrarias como sucedió en 1762-5 y 1803-4. A pesar del crecimiento demográfico entre los ilustrados estuvo presente la idea de despoblación del país y la relación existente entre el número de habitantes y la fortaleza del mismo como una forma de explicar la situación de decadencia en que se encontraba España. La agricultura no sufrió grandes transformaciones tecnológicas a lo largo del siglo XVIII por lo que el aumento de rendimientos se debió a una mayor cantidad de tierras puestas en cultivo al existir un mayor contingente poblacional. Las tierras que se pusieron en producción eran tierras de baja calidad por lo que los rendimientos fueron descendiendo progresivamente lo que supuso una merma de los mismos por unidad de tiempo trabajado y por consiguiente se produjo un aumento de los precios (Anes, 1978). Los problemas para aumentar el nivel de producción así como el progresivo aumento y encarecimiento de los bienes de primera necesidad obligaron al gobierno a tomar cartas en el asunto como por ejemplo eliminando la tasa del grano y otra serie de actuaciones encaminadas a dinamizar el comercio interior como por ejemplo con la multiplicación de ferias y mercados. En este sentido las principales reformas quedaron recogidas en el Informe de Ley Agraria de Jovellanos. Por otro lado la situación de la ganadería fue bien distinta ya que el aumento de la superficie cultivada no se tradujo en una reducción de los pastos debido a su bajo coste. Fue la situación política internacional de finales del siglo XVIII con el bloqueo del comercio la que estancó la producción lanera al no poder darle salida. Por otro lado si bien los precios de los productos ganaderos se mantuvieron, no fue así el de los pastos que fueron también subiendo en la misma línea que los arrendamientos agrícolas. Por último la situación generada por la Guerra de la Independencia también fue negativa para el ganado debido a los robos por parte de los contingentes militares, tanto de uno como de otro bando. En cuanto a las manufacturas; en el siglo XVIII se fomentó la creación de las Reales Fábricas como fue el caso de la Real Fábrica de latón de Alcaraz que comienza su actividad en 1773 de la mano de Jorge Gaubner. Junto a estas iniciativas estatales perviven fábricas o manufacturas tradicionales cuya producción continuó dominada por gremios y rígidos reglamentos que impidieron la renovación de las técnicas. Dentro de este tipo de producción tenemos que distinguir entre los establecimientos de las ciudades y los del ámbito rural que eran los que realmente abastecían las ferias y mercados comarcales y locales. Por último tenemos que hablar de las vías de comunicación cuya precariedad y escasez fue una constante durante todo el Antiguo Régimen. Las malas comunicaciones impidieron la existencia de un mercado interior y determinaron las relaciones comerciales en el interior de la península. La producción se destinaba al autoconsumo y el excedente se vendía en las comarcas limítrofes. Sin embargo en las ferias si existían comerciantes procedentes de puntos lejanos o que iban comerciando de feria en feria. Ejemplo de esto lo tenemos en la documentación analizada sobre la Feria de Orcera en la que aparece un comerciante de origen aragonés. 4. Las ferias Las ferias de los pequeños núcleos estaban limitadas, en gran medida, a las producciones elaboradas por agricultores y artesanos locales. Como hemos visto, esta situación se debía a la inexistencia de un mercado nacional o incluso regional dando lugar a situaciones de autoconsumo salvo en caso de productos de difícil fabricación o de lujo que sólo podían llegar a lugares como la Sierra de Segura a través del comercio. Esta situación provocaba dificultades en el abastecimiento de determinados productos y por consiguiente variaciones en el precio en diferentes zonas de la misma geografía. En este sentido la creación de ferias y mercados contribuyó a paliar esta situación. Las ferias y mercados constituyen los centros de intercambio dando lugar a una multiplicación en la solicitud de licencias a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX aunque podemos distinguir algunas diferencias respecto a las ferias medievales. A finales del XVIII las ferias habían reducido sus días de convocatoria y por lo general se hacían coincidir con otros acontecimientos de relevancia. Esto lo podemos apreciar en el caso de la Feria de Orcera que coincidía con la festividad de la Virgen de la Peña. En la feria se podían adquirir productos que no eran fabricados en la localidad o que no se encontraban normalmente en la tienda o en estanco de abastos del pueblo adquiriendo la feria una labor complementadota de la economía local. También se podía dar el caso de pequeños comerciantes que asistían a ferias y que a la vez atendían sus pequeños negocios establecidos. Las ferias respondían a una demanda de productos y bienes limitados por los ciclos agrícolas en un momento en el que no eran necesarias fórmulas de ventas permanentes. En la feria se podía adquirir también el ganado y animales de corral necesarios para la granja familiar. De esta forma vemos como los productos tradicionales de la feria eran por un lado productos animales (caballos, mulos, ovejas y cerdos) y por otros productos manufacturados como géneros de mercería, lienzos, paños de lana, calzados, etc. 5. Los problemas entre vecinos en la Feria de Orcera Las tradicionales fiestas de Santo Cristo, que se celebran actualmente en la segunda semana de septiembre, son una tradición reciente íntimamente relacionada con la desaparición del monasterio de Santa María de la Peña en 1837. Desde tiempo inmemorial el 8 de septiembre de cada año se celebraba la festividad de la Virgen de la Peña a través de una misa y procesión de la imagen hasta Segura. Al mismo tiempo, en los alrededores de la puerta del Convento se organizaba una feria donde se podían comprar animales, herramientas y útiles, ropa y otros productos que en la zona no se fabricaban o no se encontraban fácilmente. Gracias a la documentación conservada en el Archivo Municipal de Orcera conocemos algunos detalles sobre este acontecimiento hoy desaparecido y que quizá dio paso a la actual celebración de la Feria de Santo Cristo. Por la documentación conservada sabemos que era un acontecimiento no exento de problemas siendo frecuentes los alborotos y las refriegas entre los asistentes, mientras que aún surgían problemas de jurisdicción entre Segura de la Sierra y Orcera. En primer lugar vamos a hablar de los problemas entre las personas que acudían a la feria. Cada 8 de septiembre se congregaban los comerciantes a las puertas del monasterio de Santa María de la Peña dando lugar a un interesante trasiego de mercancías y de capitales. Como es normal, las discordias y las peleas eran frecuentes, bien por la rivalidad entre los vecinos de distintos lugares, o bien por problemas entre los naturales de Orcera y los comerciantes. Ejemplo de esta situación es el apresamiento de Francisco Javier González en el monasterio durante la feria, prófugo de la Justicia y con una sentencia en su contra emitida por la Sala del Crimen de la Chancillería de Granada. Tras ser apresado es recluido, con dos pares de grilletes, en casa del alguacil mayor al no estar terminada aún la cárcel de Orcera (1). Otro caso curioso lo constituye la información referente a una mujer de Orcera, llamada Francisca Guinot, que se había ido con uno de los comerciantes de la feria abandonando a su marido. Éste había acudido a las autoridades denunciando el caso y solicitando ayuda para recuperar a su mujer. Lo curioso del caso es que este hombre, casado con una orcereña, era natural de Calamocha en el Reino de Aragón y había venido a parar a la Sierra de Segura (2). Durante la feria de 1748 tuvo lugar un incidente entre un grupo de vecinos de Orcera y uno de Beas. En el transcurso de la feria fue apuñalado, en uno de de los frecuentes alborotos que se producían, el vecino de Beas de Segura. Este individuo fue atendido por el médico local y sin esperar a su recuperación huyó ante el temor quizás de nuevas represalias. Como hemos visto eran frecuentes los altercados durante la feria, lo que se tradujo en disposiciones de las autoridades relativas al mantenimiento del orden y control de seguridad pública. Un ejemplo de esto es la carta remitida desde Madrid por Juan Francisco de Lartiri el 3 de septiembre de 1772 sobre los problemas que ocurrieron en la Feria de 1770 exigiendo medidas de la autoridades para que no se volvieran a producir situaciones similares (3): […] Noticioso el Consejo de los escándalos y alborotos ocurridos el año próximo pasado de 1770 en el Convento de religiosos franciscanos de esta villa donde se venera la imagen de Nuestra Señora de la Peña con motivo de sacar dicha santa imagen procesionalmente a la villa de Segura según costumbre inmemorial el día 8 de septiembre de cada año. Ha acordado se prevenga a vuestras mercedes que si concurriesen como justicia a dicha festividad cuiden de evitar los alborotos, las quimeras y excesos que se enuncian castigando con el mayor rigor a los que los causaren […]. Por otro lado, siempre existieron problemas jurisdiccionales entre Segura de la Sierra y Orcera en torno a la cuestión de la jurisdicción en primera instancia, que pese a los largos litigios, siempre fue un punto de fricción entre ambos núcleos de población. El monasterio de Santa María de la Peña, aunque estaba en el término de Orcera, era jurisdicción de Segura de la Sierra por lo que la villa de Segura enviaba todos los 8 de septiembre una persona a cobrar a los comerciantes que se apostaban a las puertas del convento las alcabalas correspondientes a su actividad. Sin embargo en 1787 al llegar el cobrador desde Segura descubrió que un cobrador enviado desde Orcera había cobrado las alcabalas y había revisado los pesos y medidas de los comerciantes. Tras informar al gobernador de Segura, este ordena prender al cobrador de Orcera inmediatamente (4). Existen otros testimonios y otras referencias a problemas entre las autoridades de ambos concejos a la hora de sentarse en la misa, dando lugar a peleas y discusiones con el objetivo de determinar la preeminencia de unos cargos públicos sobre otros. En definitiva, la feria que se celebraba el 8 de septiembre era muy diferente a la actual, careciendo de espectáculos taurinos, verbenas y otras actividades que se desarrollan hoy día, sin embargo como hemos visto esta feria no estaba carente de peligros y distracciones para un público que la mayor parte del año sólo pensaba en la mera supervivencia.
(1) Archivo Municipal de Orcera (en adelante AMO) Caja 48,
pieza 657 fol. 2 r. BIBLIOGRAFÍA: - AMALRIC, J. P.; DOMERGUE, L. (2001): La España de la Ilustración (1700-1833). Crítica. Barcelona. - ANES, G. (1978): El antiguo régimen: Los Borbones. Ariel, Madrid. - (1982): La economía española al final del Antiguo Régimen. Alianza, Madrid. - DOMÍNGUEZ ORTIZ, A. (1982): “La sociedad española en el tránsito del siglo XVIII al XIX” en AA. VV. España a fines del XVIII, Tarragona, Hemeroteca de Tarragona. 43-52. - FONTANA LÁZARO, J. (2002): La quiebra de la Monarquía absoluta. Crítica, Barcelona. - GILA REAL, J. A. (1998): “La Sierra de Segura en el Catastro del Marqués de la Ensenada”, Boletín del Instituto de Estudios Giennenses, 168, 191-263. - GRICE-HUTCHINSON, M. (1990): Aproximación al pensamiento económico en Andalucía: de Séneca a finales del siglo XVIII. Librería Ágora, Málaga. - Informe de la Sociedad Económica de esta Corte al Real y Supremo Consejo de Castilla en el Expediente de Ley Agraria, extendido por su individuo de número el Sr. D. Gaspar Melchor de Jovellanos, a nombre de la Junta encargada de su formación, y con arreglo a sus opiniones. Con superior permiso. Madrid, en «Memorias de la Sociedad Económica Matritense», T. V., primer discurso, Imp. de Sancha, 1795. - NAVARRO LÓPEZ, G. (1965): Segura de la Sierra. Notas histórico-descriptivas de esta villa y su comarca. Ayuntamiento de Segura, 1965. - RODRÍGUEZ LLOPIS, M. (2004): Historia de la Región de Murcia. Consejería de Cultura, Murcia. - TUSELL, J.; SÁNCHEZ MANTERO, R. (2004): Historia de España. 12 El siglo XIX. De la Guerra de la Independencia a la Revolución de 1868. Espasa Calpe, Barcelona. - (2005): Historia de España. Taurus, Madrid. - VIGUERAS GONZÁLEZ, M. (2002): El transporte de madera
por flotación y carretería, desde los bosques de Sierra Segura
hasta Sevilla y los arsenales de La Carraca (Cádiz) y Cartagena, durante
los siglos XVIII y XIX (1734-1833). Madrid, Ente público de puertos
del Estado. |
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