LAS REPRESENTACIONES ICONOGRÁFICAS
DE
DANAE EN LA HISTORIA DEL ARTE OCCIDENTAL.
Dr.
J. Enrique Peláez Malagón
Profesor del HSS
University of Virginia
La leyenda de Danae:
Según se relata en la Metamorfosis de Ovidio (IV, 611-613), Danae era hija de Acrisio, rey de Argos y de Eurídice. Este rey supo por un oráculo que su nieto le arrebataría el trono, por lo que decidió encerrar a su única hija en una torre de bronce con el fin de que no llegase a conocer a ningún hombre y por tanto impedir de esta manera llegar a tener una descendencia que con el tiempo pondría en peligro su vida.
Una vez Zeus se percató de la belleza y los encantos de la joven princesa prisionera, decidió poseerla. Para ello se metamorfeó en lluvia de oro y entró en la torre en donde se encontraba Danae.
Las razones de su cambio de forma habría que buscarlas tanto en su interés de no despertar las sospechas de su esposa Hera (que desde el engaño y muerte de Semele, se ha convertido en una diosa celosa que despierta el miedo en las futuras amantes del padre de los dioses, ya que temen seguir su mismo destino), como en el interés de poder burlar la vigilancia de Acrisio.
Tras las relaciones de Zeus con Danae, ésta queda embarazada y da a luz a Perseo. El rey de Argos, que no se cree la fecundación divina, manda que ambos sean arrojados al mar en un cofre. Finalmente arribarán en la isla de Céfiros donde serán salvados y recogidos por Dictis, hermano del tirano Polidectes. La leyenda latina, a diferencia de la griega, situará el desembarco en la costa del Lacio donde Dánae se casará con Pilumno y fundará la ciudad de Ardea.
Con el tiempo y después de algunas hazañas, Perseo herirá mortalmente, aunque sin quererlo, a Acrisio durante la celebración de unos juegos en el que el héroe lanzaba un disco. Cumpliéndose de esta manera la antigua profecía.
Fuentes documentales de la leyenda:
• Aplolodoro, Biblioteca, II,2; II,4; III,10
(Historia general de Danae)
• Apolino de Rodas, Argonaúticas, IV, 1091 (Sobre el padre
y el nacimiento de Danae)
• Higinio, Fábulas, 63;155;224 (Referencia general al tema)
• Diodoro de Sicilia, Biblioteca histórica, IV,9 (Referencias
varias)
• Homero, Iliada, XIV,319 (Referencias varias)
• Ovidio, Metamorfosis, IV, 611-613 (Los amores de Zeus con Danae)
• Pausanias, Descripción de Grecia, II, 16 (Referencias
a Acrisio y su familia)
• Plinio, Historia natural, III, 9,56 (Referencias varias)
• Servio, Comentario a Virgilio, varios capítulos (Referencias
varias)
• Virgilio, Eneida, VII, 371 (Referencias a la vida de Danae)
• Existieron algunas tragedias, hoy perdidas, de Sófocles
y Eurípides que abordaban por entero este tema. Por lo que algunas
referencias a la leyenda en autores posteriores, bien pudieron haberse
inspirado en estos dramaturgos griegos.
Las representaciones iconográficas del tema:
Las primeras representaciones del tema que aparecen
corresponden fundamentalmente a las pinturas de las cerámicas
rojas griegas. En ellas se puede ver una figura femenina que recibe
una lluvia (de oro), elemento iconográfico que hace reconocible
al personaje. Es muy posible que otro tipo de pinturas del arte griego,
que en la actualidad han desaparecido, nos mostrase diversas escenas
de la vida de Danae y no sólo la de su posesión por Zeus.
En cualquier caso esta forma de representación aludida, se fijará
de una manera definitiva y se convertirá en un tipo diferenciador
que ha pervivido hasta la actualidad.
Un
ejemplo de estas obras lo podemos encontrar en la crátera del
pintor Triptolemo que se conserva en el Ermitage (450 a.C.) En ella
podemos ver a una Danae recostada, semidesnuda mientras observa como
cae del cielo una lluvia dorada sobre ella. Este tipo de representación
pictórica en cerámica será más o menos recurrente
en las decoraciones griegas que sigan el mismo modelo, por lo que es
frecuente encontrar el tema en diversos vasos griegos del periodo en
cuestión.
En el arte romano, el tema de Danae se mantendrá y aparecerá como motivo en diversas pinturas. A diferencia de los ejemplos griegos, exclusivamente centrados en la posesión de Danae por Zeus, en este arte empezarán a aparecer representaciones de los diversos episodios de la vida de la princesa de Argos como su encierro en la torre o su abandono en el mar al lado de su hijo, episodios que dan un aire narrativo a la leyenda muy en consonancia con la mentalidad romana que busca más la descripción o la historicidad en la imagen más que su simbolismo.
Estos nuevos ejemplos los podemos encontrar en las pinturas
ponpeyanas (ca.70 d.C.), concretamente en los dibujos de la casa de G. Rufus.
Circunstancia que nos hace pensar que tal vez existiesen modelos griegos
previos de donde fueron tomados, pero que en la actualidad han desaparecido.
En la obra aparece Danae con el niño Perseo en brazos mientras son
rescatados de entre las aguas por unos esclavos de Pilumno.
Otro ejemplo romano de copia griega lo encontramos en la estatuaria. En la actualidad se conservan en piedra algunas copias romanas del siglo II, d. C., correspondientes a modelos griegos en bronce, tal es el caso de la copia romana de la obra de Kalimanio del 440 A.C. que se conserva en los Museos Vaticanos, y que nos representa a una figura femenina recostada sobre un lecho.
Durante la Edad Media, en un primer momento tal y como ocurre con otras obras mitológicas, el tema será censurado y eliminado del repertorio iconográfico de los artistas de la época, ya que se piensa en él como un tema pagano y supersticioso, cuando no como algo directamente pecaminoso, máxime cuando los tipos iconográficos nos muestran a una mujer desnuda en espera de una relación sexual, algo que se acerca a lo herético conforme a la mentalidad en este periodo histórico. No obstante, a finales del periodo medieval se volverá a recordar la historia de la princesa de Argos y de los amores de Zeus con ella, pero se buscarán algunos paralelismos con figuras cristianas (en este caso la Virgen María) que de alguna forma justifiquen su existencia pictórica. Los paralelismos nacen de los escritos de autores como, el hoy por hoy, anónimo Ovide moralisé de 1328 que se inspira directamente en la Philosophia moralis del obispo de Tours Hildebert Lavardin del siglo XI. Estos escritores buscan en las leyendas mitológicas una serie de prefiguraciones de los personajes bíblicos, fundamentalmente del Nuevo Testamento. Las razones, desde un punto de vista teológico vienen marcadas por la creencia de que diferentes personajes de la Antigüedad Clásica, bien por su vida o bien por su personalidad se constituían como “tipos” que de alguna manera anunciaban el cristianismo posterior. De esta manera se asociará a Ganímedes con San Juan Evangelista, puesto que el águila es su símbolo, a Apolo con Cristo ya que además de ser una divinidad solar, su triunfo sobre el sátiro Marsias es el triunfo sobre el pecado. Entre otros muchos ejemplos que se podrían citar.
En este sentido y desde esta perspectiva teológica, se vinculará a Danae, dada su concepción divina sin intervención directa de un hombre, con la Virgen María, siendo una prefiguración de lo que más tarde será la Anunciación y Concepción de la Madre de Cristo por obra del Espíritu Santo.
Ejemplos
de esta asimilación del pasado mitológico lo podemos encontrar
en algunas obras miniadas en códices de la época, aunque
el ejemplo más conocido tal vez sea el de Mabuse, que si bien
pertenece en al último Renacimiento, mantiene el tipo iconográfico
medieval de asimilación a la Virgen María. En este cuadro
de 1527, podemos ver como se viste a la joven princesa con un manto
azul, tal y como se hace con la Virgen ya que el azul será el
color que simbolice la esperanza en el cielo, de la misma manera que
se la sitúa en un recinto cerrado (hortus conclusus), símbolo
de su previa virginidad, o la lluvia dorada asemejándose a los
rayos del sol (como representación pictórica del Espíritu
Santo en algunos cuadros de la Anunciación), elementos todos
que al lado de sus expresiones dulces, nos recuerdan (salvo por el desnudo)
a cualquier escena de la Anunciación de María.
En el Renacimiento se volverá a la utilización
de las leyendas mitológicas per se, por el propio
gusto
de representar escenas de un pasado que el entonces denominado oscurantismo
medieval trató de ocultar. Por ello vemos como el tema de los
amores de Júpiter renace y se desarrolla por toda la producción
pictórica, y entre estos amores, sus relaciones con Danae. En
este caso el tema religioso desaparece para poder centrarse en otros
elementos (al margen de la cita clásica por sí misma)
tales como la utilización del desnudo, con las connotaciones
eróticas que ello conlleva.
Ejemplo de este tipo de obras serán cuadros como los de Correggio (Figura nº4) En él podemos observar a una Danae que ayudada por Cupido recibe en su seno la lluvia dorada, ambiente que tanto por la belleza clásica de los desnudos, como por el tono sensual de Cupido que ayuda a levantar la sábana a Danae, se aleja bastante de la mística medieval de concepción virginal, ahondando en el erotismo de la acción desde el momento en el que lo que antes se representaba como una lluvia difusa que caía sobre todo el cuerpo de la princesa, ahora esa lluvia se centrará en sus genitales que el mismo Dios del amor (inexistente en la leyenda) ayudará a descubrir. En definitiva se pasa de una concepción virginal por acción divina a un coito divino sin más.
Ya en el Manierismo, se producirá otro cambio importante en la significación de la escena. Este cambio se deberá a la alusión a las riquezas, de esta manera Danae pasará a simbolizar por su rendición ante la lluvia de oro, la rendición del ser humano ante el dinero o incluso la rendición de la belleza ante el poder del dinero. Será en estos momentos en donde aparezca en la pintura la imagen de una sirvienta (invención absoluta del pintor) que ayuda a la princesa a recoger y guardar la lluvia en forma de monedas de oro que cae del cielo.
Un
ejemplo bastante significativo es el de Tiziano, cuya obra de 1553,
si bien mantiene el tono clásico del desnudo, la acción
se centra fundamentalmente en el tema monetario frente al erótico,
tal y como también ocurre en el cuadro de Tintoretto del mismo
nombre. En esta misma línea encontramos el cuadro de Hendrik
Goltzius, en donde además de la sirvienta recogedora del oro,
se suman otros elementos anecdóticos como lujosas vajillas y
otras piezas doradas alrededor de la joven que remarcan la idea de esa
rendición por dinero y que dotan a la escena de diferentes significados
ocultos tras los objetos y fomentan el uso, y abuso, de detalles tan
al gusto de este estilo manierista.
5-Tiziano, Danae recibiendo la lluvia de oro,
Manierismo, 1553
Con la llegada del Barroco, los pintores dentro del ámbito del
catolicismo abandonarán el tema centrándose en lo religioso
exclusivamente, sólo en el ámbito protestante se recurrirá
a la inspiración mitológica en sus composiciones, como
en el caso de Rembrant (Figura nº6) que mantiene en su obra la
alusión a una Danae como símbolo del amor por las riquezas
protagonizado por la criada que observa tras unas cortinas la escena.
El cuadro, por demás, se alejará totalmente del erotismo
subrayando la teatralidad de la escena por medio de cortinajes y expresiones,
éstas últimas situando a un tercer personaje fuera del
ángulo de visión del espectador, muy en la línea
de los juegos visuales del Barroco.

El Rococó volverá a utilizar el tema
de nuevo desde una vertiente sensual y erótica
representando
a una Danae desnuda mientras es poseída por esa lluvia de oro
que la deja embarazada, desapareciendo las alusiones a las riquezas,
esta circunstancia la podemos observar en las obras de Francois Boucher
entre otros, en donde la sensualidad derivada del colorido de la obra
y de las formas difuminadas invita a una contemplación meramente
formal, cuando no sensual, por parte del espectador.
Entrando en el siglo XIX, el prerafaelismo pictórico se hará eco de la vida de Danae, pero esta vez, en vez de hacer referencia a su posesión por Zeus, a otras escenas de su existencia, como el encierro en la torre o a su abandono en el mar al lado de su hijo. Esta circunstancia hace que el personaje adquiera significaciones nuevas hasta ese momento. Por un lado Danae se convertirá en una joven princesa que sufre la tiranía de un supersticioso padre que es capaz de condenarla en vida con el fin de poder salvarse él mismo. Esto es, una alegoría de la inocente víctima a causa de la superstición. Por otro, en una joven abandonada a su suerte en el mar, símbolo de la soledad y el castigo por una maternidad. Temas bastante diferentes que las alusiones teológicas, sexuales o egoístas que se habían hecho anteriormente.

Este tipo de obras lo encontramos en pintores como Edward Brune-Jones que nos muestra una Danae temerosa de lo que oye cuando escucha las determinaciones de su padre sobre el lugar de su encierro. De la misma forma J. Willian, en su obra de 1892, nos muestra a una joven sola y desamparada que acaba de arribar a una desconocida playa
Las
diferentes corrientes pictóricas del siglo XX se harán
eco del tema una vez más, pero esta vez tratándolo de
diferente manera. Por un lado nos encontraremos con las representaciones
realizadas en el Modernismo, en ellas aparece de nuevo el tema sensual
y fuertemente erótico, pero esta vez cargado de un esteticismo
en formas, líneas y colores característicos del movimiento.
Un ejemplo significativo lo podemos encontrar en la obra de Gustav Klimt
de 1907 en donde aparece una Danae encerrada en sí misma recibiendo
la lluvia dorada, casi deleitándose en ella y amándola.
Unos
años después el tema volverá a ser retomado por
Matisse, pintando una Danae dentro del estilo Faovista en donde utiliza
el desnudo femenino y los colores derivados de la escena como fuente
de contrastes y eliminación de la forma en la representación.
Trantando así de buscar una belleza formal basada casi exclusivamente
en el colorido y en la forma, siendo el tema tan sólo un mero
pretesto para la pintura. Posteriormente, el expresionismo pictórico
en la década de los años veinte con Lovis Cirinth y Frank
Stuck, nos presentarán unas Danaes marcadas por la sexualidad
en donde las líneas y las formas llegan casi a lo caricaturesco
motivando así la mayor expresividad sexual de la figura y del
conjunto de la obra.
Las
nuevas corrientes pictóricas aparecidas durante la última
década del siglo XX, volverán a utilizar los modelos de
los ismos de las primeras vanguardias, así nos encontramos con
obras como las de Vladimir Doock (1991) en donde nos muestra una composición
cercana al surrealismo abstracto, en donde el tema onírico de
Danae (entre la ensoñación y la realidad al encontrarse
frente a un hecho divino) marca por entero la composición. Otros
pintores como Ivan Koulakov o Gregory Perkel (1985) nos presentarán
el tema dentro de una corriente neoexpresionista en donde la forma y
el color se supeditarán a la expresión de la escena representada.
BIBLIOGRAFÍA:
A continuación presentamos una breve biografía de referencia, obviando las fuentes literarias de la leyenda a las que ya hemos hecho referencia.
• AGHION, Irene, et al. Guía iconográfica:
Héroes y dioses de la Antigüedad, Madrid, Alianza, 1997.
• CARMONA MUELA, Juan. Iconografía clásica, Madrid,
Istmo, 2000
• DIEL, Paul. El simbolismo en la mitología griega, Barcelona,
Labor, 1985
• GRIMAL, Pierre. Diccionario de Mitología, Paidos, Buenos
Aires, 1982.
• HUBERT, Jean Loup. Mitología griega y romana, Barcelona,
Gustavo Gili, 1984
• PANOFSKY, Edwin. Estudios sobre iconología, Madrid, Alianza,
1989
• PANOFSKY, Edwin. El significado de las artes visuales, Madrid,
Alianza, 1990
• En líneas generales se pueden indicar una serie de manuales
y enciclopedias de referencia en donde poder encontrar algunas de las
obras enunciadas, así como algunos comentarios estilísticos
sobre las mismas:
- MILICUA, José.; Historia del Arte, Barcelona, 1992
- VV.AA.; Historia del Arte, Barcelona,Salvat, 1995
- VV.AA.; Summa Artis, Madrid, Espasa Calpe, d.a.