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EL
GRECO EN ITALIA
Darío Sola
Del Cerro
Lda. Historia del Arte
Doménikos Theotokopoulos es un pintor poco común,
extraordinario en su tiempo por su propia vida, por su forma de pensar y más
aún, por su obra. Es asombrosa la experiencia vital de este artista
nacido en Creta, criado en un ambiente católico, aspecto que influirá
tanto en su educación formal como en su posterior aprendizaje de las
formas artísticas occidentales que, en plena madurez como pintor y
como persona (es posible que abandonara a su mujer antes de emprender el viaje),
decide dejar su isla natal y emprender camino a Venecia donde instruirse en
el modo pictórico occidental. No sólo realizará este
viaje sino que recorrerá prácticamente toda Italia donde conocerá
y será influido por la vanguardia artística del S.XVI; innumerables
autores desde Justi y Cossío a Puppi y Álvarez Lopera han propuesto
recorridos por Italia que explicarían el conocimiento del Greco de
obras que abarcan toda la Península. Lo que es indudable y tenemos
probado por los documentos existentes es que vivió largas temporadas
en Venecia y Roma.
Por último, no contento con esto, emprenderá de nuevo el camino
para llegar a España donde si bien no logró el favor de los
príncipes, cosa que consideraba fundamental para el desarrollo de un
artista de importancia, si consiguió elaborar una obra de una calidad
y una singularidad fuera de lo común. Puede que hoy en día resulte
chocante poner el énfasis en lo extraordinario del viaje pero es que
nosotros, acostumbrados a la velocidad y hasta cierto punto seguridad de los
transportes modernos, no podemos imaginar hasta que punto era complicado y,
más que nada, peligroso, el viajar en el siglo XVI. Este hecho, junto
al constante cambio de amistades y de vivienda, que suponen siempre un gran
esfuerzo personal, hacen que parezcan fuera de lo común las andanzas
de este pintor nacido en Candía.
Educado, como hemos dicho antes, en una familia católica,
algo que conocemos porque él mismo nos lo dice en su testamento, creía
y confesaba “todo aquello que cree y confiesa la santa iglesia de Roma”
(1) Por otra parte, su nombre, Doménikos, lo sitúa también
más cerca de la comunidad católica de la isla ya que la forma
ortodoxa de su nombre es Kiriakos (2). Su familia estaba bien instalada ya
que formaba parte de la élite local que cooperaba con el poder veneciano,
por entonces dominante en la isla. Su hermano, Manoussos (Manuel, el artista
pondría más tarde a su único hijo el nombre de Jorge
Manuel, compuesto del nombre de su padre, Giorgios y el de su hermano), tuvo
fuertes relaciones comerciales con Venecia, incluso llegando a obtener licencia
para ejercer la piratería en el Adriático contra los enemigos
de la Serenísima. Además de gozar de una enseñanza humanística,
Domenikos bien pudo entrar como aprendiz en el taller de algún artista
que le enseñaría los rudimentos del arte de la pintura. En aquellos
años, se practicaba en Creta una especie de bilingüismo pictórico,
pues los artistas se movían indistintamente entre la tradición
bizantina heredada del tiempo de los Paleólogos a la vez que producían
obras con influjo italiano combinando estampas que provenían del continente.
Hay pocos documentos sobre estos primeros años de la vida del Greco
aunque poco a poco van apareciendo alguno que otro y nos ofrece algo más
de luz sobre su vida y obra.
Uno de estos documentos, fechado en 1566, nos presenta a Domenikos firmando
como “Maestro Menegos” y sacando a lotería (subasta) un
icono “dorato” obra suya que alcanzaría un precio considerable
(70 ducados según la tasación de Giorgios Klontzas, un artista
de cierto relieve en la isla que también dio el salto a Venecia aunque,
al contrario que El Greco, este si regresó a su tierra natal) (3).
A la luz de este hecho los expertos han sacado dos conclusiones interesantes,
la primera es que Domenikos era ya un artista consolidado con una potencial
clientela y la segunda es que, teniendo en cuenta que pocos meses después
se encuentran las primeras referencias a la estancia del cretense en la ciudad
de Venecia, parece ser que con este icono pretendía obtener recursos
con los que financiar su salto a la ciudad de las lagunas. Viaje que se produciría
muy probablemente en la primavera-verano de 1567.
El documento que confirma la llegada de Domenikos a la Serenísima es
una carta fechada en 1568 donde dice entregar una serie de dibujos a Manolis
Dakypris para que este los llevara de nuevo a Creta y los entregara a Giorgios
Sideris, cartógrafo apodado Calapodas (4).
Una vez en Venecia y apoyado en las buenas relaciones de su hermano Manoussos,
el Greco pudo visitar la “bottega” del Tiziano. Es en este punto
donde encontramos otro de los misterios de la increíble aventura del
cretense. Si aceptamos que Domenikos era por esas fechas un artista ya formado,
no parece lógico que entrara como mero aprendiz en el taller de uno
de los más importantes artistas del momento que había retratado
a emperadores y a reyes y que había sido colmado de los más
grandes honores a los que un pintor podía llegar. Por otra parte, no
podemos pensar que estuviera preparado pictóricamente para afrontar
el gusto de potenciales clientes occidentales, es decir, el Greco era un pintor
formado, pero a la manera tardo bizantina, que integraba, es cierto, elementos
occidentales, pero no se le podía considerar maestro en las ideas estéticas
del Renacimiento. Podría ganarse la vida como “maddoneri",
artistas griegos que realizaban obras sin ambición reproduciendo modelos
prefijados con los que colmaban las necesidades espirituales de sus compatriotas.
-recordemos que la colonia griega en Venecia era de un tamaño considerable
poseyendo incluso iglesia propia, la exquisita San Giorgio dei Greci-, pero
eso no es lo que buscaba nuestro protagonista con su salto al continente.
Él no solo buscaba un mayor mercado para sus obras, pretendía
además ser capaz de producir obras al estilo occidental, crear desde
una nueva perspectiva, algo que le imponía una transformación
que iba más allá del cambio de residencia, le exigía
un salto mental de una dimensión para nosotros difícil de entender.
Los expertos se han decidido en estos últimos años en pensar
que Domenikos Theotokopoulos pudo, más que entrar como aprendiz, ser
autorizado a visitar el taller del maestro de Cadore donde poco a poco podría
entrar en contacto con las formas que tanto ansiaba aprender y utilizar. De
esta forma en unos cuantos meses El Greco sería capaz de implementar
obras mucho más cercanas al ideario occidental si bien siempre se encontraría
el sustrato bizantino que aparecería con más intensidad en los
años finales de su vida.
No se conocen muchas obras de esta primera etapa italiana del artista. Incluso
durante siglos algunas obras que hoy atribuimos sin dudar al cretense fueron
creídas del Veronés, Tintoretto, Bassano o Schiavone. La pintura
del cretense adoptará los modelos técnicos del Tiziano, el color
y la luminosidad de Veronés, el claroscuro de Bassano pero sobre todo,
la intensidad dramática y espiritual de Tintoretto, llegando incluso
a decir que la más grande obra nunca pintada estaba en la Scuola Grande
di San Rocco (5).
La Italia del siglo XVI vivía un debate en torno al ser mismo de la
pintura, para unos, lo prioritario debe ser el color, tendencia defendida
principalmente desde Venecia donde Tiziano, Giorgione, Veronés, Tintoretto
habían hecho y estaban realizando obras de incalculable valor bajo
la supremacía del “colorito”; en cambio desde Florencia
y la misma Roma, se defendía la superioridad incuestionable del dibujo
sobre el color. Los partidarios de esta tendencia veían en el “divino”
Miguel Ángel el fin mismo de la pintura con sus trazos marcados y sus
anatomías perfectas. Este es el panorama intelectual que se encontró
El Greco al llegar a la península italiana. En cuanto a sus ideas estéticas
lo primero que hay que decir es que desde siempre se ha considerado al cretense
como un pintor en cuya obra primaba el color sobre cualquier otro aspecto
de la obra artística, pero sin menospreciar el dibujo, pues era de
una gran importancia en su obra, hasta el punto de que en el inventario de
sus bienes realizado a su muerte se encontraron unos 150 dibujos preparatorios
de algunos de sus encargos (6). La causa de que, a pesar de esta gran producción,
se conserven tan pocos dibujos suyos puede deberse a la tradicional escasa
importancia que han concedido los coleccionistas españoles a los dibujos.
En cuanto a la producción de estos primeros años
italianos destaca el Tríptico de Módena (Galleria Estense, Módena),
descubierto por Palluchini en 1937 (7) y objeto desde entonces de un enconado
debate acerca de su inclusión en el catálogo de obras de El
Greco. Hoy en día prácticamente todos los autores lo aceptan
como obra del cretense (salvo ilustres excepciones como Jonathan Brown) y
ven en ella la transición desde un artista bizantinista a un creador
más cercano a los postulados italianos del XVI.
La fecha de ejecución se situaría entre los años 1567
y 1570, es decir, en la etapa veneciana del artista, cuando todavía
no maneja el lenguaje artístico occidental.
Se trata de un tríptico donde la tabla central representa una Alegoría
del caballero cristiano, flanqueado en las tablas laterales por el Bautismo
de Cristo (derecha) y la Adoración de los pastores (izquierda). Las
tablas traseras mostrarían una vista del monasterio de Santa Catalina
del Sinaí junto con la Expulsión del Paraíso (derecha)
y la Anunciación (izquierda). Esta obra, todavía pintada en
tabla, soporte dominante en Creta que El Greco siguió utilizando en
sus inicios italianos, denota un intento por amoldarse a las formas italianas,
no domina aún ni el espacio ni las anatomías pero están
algo más avanzadas en relación con las obras griegas que conocemos
de Domenikos, como La Dormición de la Virgen (Iglesia de la Dormición
de la Virgen, Ermópolis, isla de Siros) o San Lucas pintando a la Virgen
(Museo Benaki, Atenas). Otras obras de estos primeros años italianos
son la Expulsión de los mercaderes del Templo (Nacional Gallery of
Art, Washington) y la Curación del ciego (Gëmaldegallerie, Dresde)
donde se pueden comprobar los esfuerzos del pintor por familiarizarse con
un nuevo lenguaje artístico.
La segunda etapa del periplo italiano del Greco tiene como
destino la capital artística del momento, Roma. No se conoce con seguridad
(como casi todo en la vida del cretense) ni las motivaciones, ni los avatares
del viaje a Roma, lo cierto es que en 1570, Giulio Clovio, miniaturista croata
bastante importante en el momento, escribe una carta de recomendación
al cardenal Farnese donde le nombra como joven candiota discípulo de
Tiziano y le pide le aloje en su palacio.

Tradicionalmente se ha pensado que el Greco realizaría
este viaje enteramente por tierra, sus anotaciones a las Vidas de Vasari demuestran
que conoció obras que se encontraban en Parma, Bolonia y Florencia,
como la cúpula de la catedral de Parma pintada por Correggio. Hay otra
posibilidad, señalada por Puppi (8), y es que pudiera haber hecho este
primer viaje a Roma desde Venecia, no por tierra atravesando estas ciudades,
sino a través de la ruta que seguían las embajadas de la Serenísima
ante el Vaticano. Una de las obras italianas de El Greco es el retrato de
Giovanni Soranzo, noble veneciano que fue designado en 1570 embajador ante
el Papa para tratar los asuntos relacionados con la Liga Santa que se estaba
organizando contra los turcos. Así pues, es posible que Domenikos se
uniera a la comitiva de este personaje para emprender el viaje a Roma con
más seguridad. De hecho, una de las formas más seguras para
viajar en la época era unirse a alguna de las caravanas que se organizaban
para acompañar a un embajador, un noble, un comerciante, etc., a otra
ciudad. Esta posibilidad abre otro debate acerca de las ciudades y obras que
El Greco, según sus anotaciones a las Vidas de Vasari y al Vitrubio
de Bárbaro, pudo contemplar y estudiar.
Admitiendo que el pintor hizo este viaje con la comitiva veneciana, lo normal
es que esta siguiera la tradicional ruta que los embajadores de la Serenísima
trazaban en sus viajes a Roma. Esta ruta llegaba por mar hasta Ancona y luego
atravesaba Loreto, Recanati, Macerata, Tolentino, Foligno, Spoleto, Terni,
Narni, Orte, Civita Castellana y Castelnuovo (9), con lo cual era imposible
que pasaran por Parma o Florencia. De esta forma cobraría cierto sentido
la idea expuesta por otros estudiosos de que el pintor cretense no sólo
estuvo una temporada en Venecia sino dos y sería a la vuelta de su
periplo romano cuando visitaría estas ciudades italianas. El mismo
Lionello Puppi indica que el viaje de El Greco a España se realizaría
uniéndose el artista a otra comitiva, esta vez la que se formaría
en Milán en 1576 para llevar a don Juan de Austria a España.
De esta manera Domenikos llegaría a Barcelona, de allí pasaría
a Zaragoza, Alcalá y de la ciudad complutense a Madrid o Toledo, cualquiera
que fuese su primer destino hispánico.
Volviendo a la vida de El Greco en Roma, la carta de Giulio
Clovio le abrió una primera puerta en los círculos romanos,
el palacio de los Farnese era un buen sitio donde conocer artistas y comitentes.
En esta misiva, el miniaturista croata no sólo lo presentaba como discípulo
de Tiziano, además, alababa su valía diciendo que había
hecho grandes cosas de su mano entre ellas un retrato de si mismo que era
la admiración de propios y extraños (10). Lo cierto es que el
artista pasaría dos años al servicio del cardenal sin que se
le comisionase para una gran obra y algún estudioso ha indicado que
quizás no pasara nunca de mero ayudante de Clovio. Es cierto que se
habla de un “pittore greco” trabajando en las obras del palacio
del cardenal en Caprarola pero no podemos asegurar que se tratara del cretense.
Un personaje importante dentro del círculo de los Farnese era Fulvio
Orsini, bibliotecario del cardenal y uno de los grandes humanistas que existían
en esa época en Roma. Gran amante de las artes, poseía obras
de Miguel Ángel y de otros artistas del Renacimiento, a su muerte consta
que tenía 4 obras de El Greco entre su colección. Para Theotokopoulos,
la presencia de grandes personalidades de las artes, las ciencias y las letras
debían agradarle bastante y le proporcionarían un ambiente inspirador
para sus obras. Una de ellas El Soplón, obra que perteneció
a Orsini y que ahora se encuentra en el Museo de Capodimonte en Nápoles,
se ha querido interpretar como un juego metafórico, referencia también
de un cuadro de la Antigüedad.
No se conoce la razón por la cual dejó el Palacio Farnese, lo
que se sabe es que en 1572 (11) aparece inscrito como “pittore alla
carta” en la Academia de San Lucas de Roma lo que le permitía
abrir taller propio; esto suponía una gran oportunidad en la vida del
cretense. Tras la muerte de Miguel Ángel no había en Roma grandes
pintores que pudieran competir con los venecianos y la llegada de Domenikos
a la Ciudad Eterna ha querido verse como un modo de continuar su estudio de
las grandes obras del Renacimiento a la vez que se abría un futuro
mercado mucho más prometedor que el veneciano dominado por los Tintoretto
y Veronés junto con otros pintores que abarcaban los encargos de menor
entidad. En esta nueva etapa independiente de su vida artística le
acompañaría el pintor Lattanzio Bonastri junto con Francesco
Preboste, quien más tarde le acompañaría a España
y permanecería con él hasta su desaparición (no podemos
decir muerte ya que deja de aparecer en los documentos referidos al maestro).
La escena artística romana estaba completamente mediatizada por la
obra de Miguel Ángel, sus seguidores –legión en Roma-
consideraban que no se podía ir más allá en la representación
pictórica y repetían una y otra vez los modelos de Buonarotti.
Mancini, un médico romano del XVII, detalla en sus Considerazioni (12)12
esta anécdota sobre la opinión que tenía el Greco de
Miguel Ángel como pintor. Estando produciéndose en Roma el debate
acerca de si cubrir o no las desnudeces de los cuerpos en la Capilla Sixtina
el cretense declaró al papa Gregorio XIII que él borraría
lo hecho y crearía una obra decente que en nada desmerecería
de lo anterior.
Estas palabras, según Mancini, le ocasionaron la ira de los seguidores
del gran artista florentino y propiciaron su salida de la ciudad. Siendo cierta
o falsa esta historia, lo que se desprende de ella es que la obra pictórica
de Miguel Ángel no era del agrado de El Greco aunque sí lo admirara
como escultor y dibujante. A Pacheco, pintor suegro de Velázquez que
lo visita en Toledo ya en su ancianidad (1611), le comenta de Miguel Ángel
que “era un buen hombre pero no sabía pintar”.
Sin embargo un estudio más pormenorizado de las obras del cretense
demuestra que Doménikos admiraba más a Miguel Ángel de
lo que en público admitía. En uno de los pocos cuadros conocidos
realizados durante su estancia en Roma, La expulsión de los mercaderes
del Templo (1570-1573, Minneapolis Institute of Art –en la National
Gallery of Art de Washington se conserva una versión anterior de menor
calidad a la que ya hemos hecho referencia-) coloca en la esquina inferior
derecha los retratos de cuatro personajes; junto a Tiziano, Giulio Clovio
y otro personaje en el que se quiere ver a Rafael o a Correggio, también
sitúa a Miguel Ángel. Es posible que con estos retratos pretendiera
enaltecer a sus “maestros” en el aprendizaje de los modos occidentales
con una obra que ya denota una madurez en el dominio de la técnica
y estilos occidentales.
Por otra parte, uno de sus primeros cuadros realizados
en España, la Santísima Trinidad para el convento de Santo
Domingo el Antiguo de Toledo, aparte de un influjo nórdico de inspiración
dureriana en la composición general, muestra en la posición
de Cristo y sobre todo de su brazo derecho una notable influencia miguelangelesca
que nos recuerda a varias de las esculturas del florentino: sus piedades
de San Pedro del Vaticano y de la Ópera del Duomo en Florencia
y la estatua de Lorenzo de Medici en las Capillas Mediceas también
en la ciudad del Arno. Como hemos dicho ya, el Greco si que admiraba a
Miguel Ángel como escultor y dibujante, y para este trabajo no
duda en utilizar sus esculturas romanas como modelo de representación
de la anatomía de Cristo, algo que ya había hecho en una
de sus primeras obras italianas, La Piedad,(1570-1572, colección
Jonson, Filadelfia) en el lugar en que Buonarotti se coloca a si mismo
como José de Arimatea, El Greco sitúa a la Virgen con un
gesto de dolor realmente dramático, anunciando su posterior evolución,
alejado de la serenidad clásica que transmite la obra del florentino.

Otro ejemplo es la Asunción de la Virgen realizada
hacia 1577-1579 dentro del contrato de decoración del convento
antes citado de Santo Domingo el Antiguo. La influencia de Tiziano y su
Asunción en Santa Maria Gloriosa dei Frari es evidente pero también
podemos señalar la semejanza entre el apóstol que aparece
en primer plano arrodillado y el San Bartolomé del Juicio Final.

La sensación que nos deja el estudio de la obra
y vida de El Greco durante el tiempo en el que vivió y recorrió
la península italiana es que se sentía un artista muy capacitado
para grandes cosas, tenía una gran confianza en si mismo rayando
incluso la arrogancia (no hay más que recordar el episodio narrado
por Mancini o los posteriores problemas que tendría en España),
que supo adaptar los mejores aspectos de los artistas a los que observaba
y estudiaba, para posteriormente crear con una gran suficiencia una obra
singular que, pasado el tiempo, sería tomada por obra de un loco
debido a esa misma singularidad.
La carrera artística del cretense en sus años españoles,
donde crearía las obras que le han dado mayor fama no puede entenderse
sin su período italiano. La luminosidad de sus cuadros inspirada
en los pintores venecianos, la espiritualidad tomada de Tintoretto, la
composición y anatomía de sus primeras obras en Toledo,
años antes de que llegara al “expresionismo extremo”
del que habló Lafuente Ferrari (13), obras que recogen el estudio
de Miguel Ángel desde varios puntos de vista, escultura, pintura,
incluso llegando a atreverse con la arquitectura como el genio florentino.
Todos estos aspectos han de tenerse muy en cuenta al tratar de explicar
el recorrido pictórico que fue trazando el pintor cretense desde
que llegó a España hacia 1578 hasta su muerte en 1614. Desde
unas primeras obras que causaron gran impacto, todavía muy influenciadas
por lo que había visto y experimentado en Italia hasta crear ese
estilo propio, personalísimo, que caracteriza su obra. En definitiva,
no existiría El Greco que conocemos hoy sin ese paso intermedio
entre su mundo postbizantino y su patria adoptiva que fue España.
NOTAS
1- ÁLVAREZ LOPERA, José. El Greco. La
obra esencial. Madrid. Sílex. 1993. p.14.
2- Ídem. p. 12.
3- SCHOLZ-HÄNSEL, Michael. El Greco. Colonia. Taschen. 2004. p. 8.
4- ÁLVAREZ LOPERA, José. El Greco. La obra esencial. Madrid.
Sílex. 1993. p. 12.
5- Álvarez Lopera opina que se refiere a la Crucifixión
(ÁLVAREZ LOPERA, José. El Greco. La obra esencial. Madrid.
Sílex. 1993.) mientras que Fernando Checa se decide por el San
Rocco en la cárcel, confortado por un ángel. (VV:AA. El
Greco. Barcelona. Fundación Amigos del Museo del Prado. 2003.)
6- ÁLVAREZ LOPERA, José. El Greco. La obra esencial. Madrid.
Sílex. 1993.
7- BROWN, Jonathan. “El Tríptico de Módena”
en VV:AA. El Greco. Barcelona. Fundación Amigos del Museo del Prado.
2003. p 61.
8- PUPPI, Lionello “El Greco en Italia y el arte italiano”
en ÁLVAREZ LÓPERA, José (ed.). El Greco. Identidad
y transformación. Madrid. Skira. 1999.
9- Ídem.
10- ROBERTSON, Claire. “El Greco e Italia: arte, patrocinio y teoría”
en VV:AA. El Greco. Barcelona. Fundación Amigos del Museo del Prado.
2003. p.87.
11- Ídem.
12- MANCINI, Giovanni. Considerazioni sulla pintura. Roma. Marucchi y
Salerno (Eds.). 1956.
13- LAFUENTE FERRARI, Enrique. El Greco di Toledo e il suo espresionismo
estremo. Milán. X. 1967.
BIBLIOGRAFÍA
ÁLVAREZ LOPERA, José. El Greco. La Obra
Esencial. Madrid. Sílex. 1993
BROWN, Jonathan. “El Tríptico de Módena” en
VV.AA.. El Greco.
ANTONIO, Trinidad de. El Greco. X. Historia 16.
FRATI, Tiziana. La obra pictórica completa de El Greco.
ÁLVAREZ LOPERA, José (ed.) El Greco. Identidad y transformación.
Madrid.
SCHOLZ-HÄNSEL, Michael. El Greco. X. Taschen.
VV: AA. El Greco. Madrid.Fundación Amigos del Museo del Prado.

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