Arte y Patrimio Eclesiástico en la Granada Barroca. El desaparecido convento de los Agustinos Descalzos
http://www.alonsocano.tk        ISSN: 1697-2899               http://perso.wanadoo.es/alonsocano1601            D.L:GR2134/2004

 

 

 

 

 

ARTE Y PATRIMONIO ECLESIÁSTICO EN LA GRANADA BARROCA. EL DESAPARECIDO CONVENTO DE LOS AGUSTINOS DESCALZOS.

Daniel José Carrasco de Jaime.
Alumno dotorando de la Universidad de Granada


INTRODUCCIÓN.

Este monográfico, se nos revelará capital para compendiar un trozo de nuestra historia, desde hace tiempo ocultada por el paso del tiempo y por la demolición de la edilicia constructiva en la que tomó asiento definitivo la Orden de los Hermanos Descalzos de Nuestro Padre San Agustín. Su verdad está totalmente inspirada, a través de una reflexión crítica, de la obra del hermano agustino fray Pedro de Jesús , a cuyo favor, tenemos que dar las gracias por haber dejado patente su gusto, conocimiento y complacencia, por el arte, así como el amor que procesó a la Orden, que le inspiró a detallar minuciosamente el patrimonio del que constó el dicho convento hasta 1695.

En la actualidad, dicha Congregación fue despojada de su asiento, y ocupan la iglesia parroquial de los Hospitalicos en Calle Elvira, cesión del Excmo. Arzobispado de Granada para que rindan culto.

A nota informativa, la obra comienza con un recaudo al lector, que a modo de prólogo, se sirve para aconsejarlo y notificarlo de lo que encontrará en sucesivas páginas; hemos creído que esta parte, debíamos explicitarla tal y como figura por compendiar la primitiva intención del autor, no desmedrando en nada la misma, ni por supuesto, otorgarnos un favor que en absoluto corresponde. Dice el hermano agustino, y cito textualmente: <<Es un Templo fabricado con primores, y adornado (…), una preciosa joya, que en el pecho de una Ciudad vistosamente brilla; y por serlo tanto este que nuevamente se ha acabo de fabricar en el Convento de Descalços de N.P.S. Augustin, y en quien se coloco el Santísimo Sacramento el dia 23 de Octubre de este año de 1694, y se dedico con suntuosas fiestas a la Reina de los Angeles MARIA Santísima con el titulo de Loreto: me ha parecido, no solo pintar alguna parte de su belleza, para que diviertan con su hermosura los ojos de sus entendimientos, aquellos que no han tenido la ocasión de registrarlo con corporales ojos, sino tambien con brevedad, el origen, progresos, grandezas y situación de esta Ciudad hermosísima de Granada, que le goza. En lo primero puedes disculparme por hijo (aunque indigno) de esta Sagrada Religión, pues como a tal me pertenece el celebrar sus medras y en lo segundo, por haber salido a la luz común en tan amable patria. Si fueres compatriota, no te pesara ver recopiladas en poco papel algunas de las grandezas de tu tierra. Si fueres extraño, por curiosidad puedes leerlo, y si esta te faltare, dexandote a un lado la paja de este Proemio, puedes pasar a buscar en los sermones el grano, que te aseguro parecieron bien a doctísimo auditorios que los asistieron, y su aplauso ha sido el motivo de darlos a estampa, para que puedas tener noticia de tan bien discursivos ingenios; y si alguno de ellos no te agradare tanto, ejercita en su lectura tu paciencia, que en ello no vas a perder nada, y te acreditarás de prudente. Vale>>.

Dicho lo cual, hemos de advertir que ante la ausencia de crónicas que versaban sobre la fundación de la Orden durante los primeros tiempos de su asiento, se le acarreó alguna que otra duda. Los primeros capítulos del proemio del autor, están dedicados por entero a la fundación de Granada, al discurso de los pueblos que la habitaron desde antes de los fenicios hasta el momento del siglo XVII, y una breve descripción de la ciudad y de las excelencias que ostentaba.

Sería muy costoso el compendiar todas las noticias a las que se hace referencia en nuestro trabajo de investigación, por lo que en pos de no malograr el esfuerzo y dilatar en demasía su amplitud, pudiendo incurrir en errores fatales ante el desconocimiento de ciertos aspectos más propios de dogmas de fe, sin más preámbulos creemos conveniente hacer un ejercicio de acopio para abundar en las noticias que nos son propias, es decir, acerca de la iglesia, su fundación, aproximación monumental, celebración y festividad, con su pompa efímera, y ciertas notas clarificadoras de su singular patrimonio. Advertimos ya, que el mismo puede resultar escaso, pero los insufribles tiempos de sequía económica que asolaron a nuestra Península por múltiples circunstancias que no competen aquí, también azotaron a Granada, que como centro capital por el que circulaban todo tipo de beneficios, se vio en dichos momentos, un tanto despojada de los mismos en favor de otras localidades que artísticamente habían dado fruto, incluso, mucho antes. Esta es la razón, por la que la penuria de las arcas de la Orden, aún gozando de prebendas y otro tipo de ayudas, nos privó del ejercicio artístico que debía engalanar la monumental y costosa fábrica que levantaron. Sin contar con la desgraciada fortuna que el Patrimonio Eclesiástico sufrió durante la invasión francesa, la enclaustración y los desastres de la Guerra Civil, que mermaron en mucho como digo, sus bienes.

 

FUNDACIÓN DEL CONVENTO DESCALZO DE N.P.S. AGUSTÍN DE GRANADA.

Hubo desde que se tiene conocimiento de la existencia de estos hermanos, un deseo por su parte de establecer asiento en nuestra ciudad por innumerables razones que le eran propias: una de ellas, fue el hecho mismo de ser una de las capitales más importantes del Reino, otra de ellas, tiene su razón en que para aquellos momentos, todavía no se había erradicado el foco que se presuponía infiel a las creencias católicas; sea como fuere, se pidió audiencia en 1603 para reunir las licencias necesarias del Consejo Real de Castilla, el cual, con “celo católico”, las otorgó.

La primitiva idea fue tomar posesión de la Ermita de Nuestra Señora de las Angustias; no obstante, se generó un conflicto por parte del Excmo. Arzobispo el Sr. Dr. Pedro de Castro, el cual, instado a moverse por los hermanos de la Cofradía de aquella Congregación, consiguieron remitir el plan y aplazarlo. La elección de un sitio de aposento “peor desacomodado”, no impidió tal efecto por motivos diversos. Antes, incluso, se había solicitado a Felipe III que se les ofreciese el Hospital Morisco de la conocida Plaza Bibalbonut. Aquel había sido confiscado cuando se produjo el levantamiento de 1568. Por Cédula Real se despachó libremente en una Orden el 21 de mayo de 1607, pero el Excelentísimo alegó proximidad con la Colegiata del Salvador y las Parroquias adyacentes, por lo que cuando subió a la silla arzobispal Don Pedro González de Mendoza, la suspensión del asiento no se retomó hasta 1612 cuando se presentó en Madrid otra Cédula de la que también se desembarazó éste.

La reacción tardó. Tenía que tener un fin que aventurara buen augurio, y mediante correspondencia directa de Felipe III al Arzobispo citado, el trasunto llegó a buen puerto. Ésta, nos la descubre el fraile de la siguiente forma:

<<Muy Reverendo en Christo Padre, Arzobispo de Granada, de mi Consejo.

Por parte de Fr. Antonio de San Miguel, Procurador general de los Agustinos Descalzos de la Provincia de España, se me ha referido en nombre de su Orden, que ha muchos dias que trata de fundar un Convento en esta Ciudad, y que por la devocion que tengo a esta Santa Religión, y estar informado, que en las partes donde estos Religiosos tienen fundaciones son de grande aprovechamiento: os encargo, y mando, que esta fundacion con toda brevedad tenga efecto, facilitando, por lo que os toca, los inconvenientes que pueden estorvarla, que en ello seré muy servido de vos.

YO EL REY>>

Esta es la razón del apremio que a partir del instante dio el Señor Arzobispo, para lo que nada le sirvió su recelo por pertenecer, devocionalmente hablando, a la Congregación de los Capuchinos a la que buenamente sirvió siempre con beneficios, por lo que desde el Palacio Arzobispal despachó un Decreto el 31 de diciembre de 1613 en que se daba lugar a la pretensión agustina.

Precisamente, a partir de aquí las cosas fueron mucho más rodadas. En otro orden de cosas debemos mencionar que los padres agustinos vinieron a Granada en 1608, pues en otro trabajo , hubimos de tomar esta referencia cronológica para delimitar documentalmente con otros textos , la dilatada datación de su imagen de Cristo Crucificado de Rojas que perteneció a la Orden de los Padres Trinitarios Descalzos de Granada, que se había alargado hasta fechas posteriores a 1625, siendo diez años más tarde cuando se terminó la fábrica de su nuevo templo, la actual parroquia de Nuestra Señora de Gracia.

Continuando pues, vemos que no llegó al año siguiente —otoño de 1614—, cuando ya todo parecía dispuesto para la nueva casa y su colación. En aquellos momentos, el primer Patronato perteneció al Sr. Don Antonio de Arastigui , al que luego le sucedería en sus funciones su hermano Martín. Estos patronos ricos, fueron los encargados de patrocinar el primitivo asentamiento y de traer a sus expensas numerosos bienes y reliquias para su culto y devoción. Primeramente, los hermanos agustinos de Granada dedicaron el templo de su antiguo convento a la advocación de San Juan, la cual, se sustituyó al cabo del tiempo, por la de Nuestra Señora de Loreto. Dicho lo cual, a modo de preámbulo nos induce a pensar que las imágenes titulares de devoción para estos momentos, fueron precisamente estas dos.

La razón del por qué de esta nombradía, es clara y patente en todo el documento. Su templo, tanto viejo como nuevo, siempre pretendió inspirar el anhelo y recuerdo de la Casa de Nazareth, donde por tradición, tras haber rechazado la de otros Santos Padres y Profetas, fue Dios Padre sumamente engrandecido, no por los hechos en sí, ni por las piadosas y devotas exequias que se le celebraban en su nombre, sino por la palabra misma. Pues precisamente en aquella casa, aconteció el mismo milagro de la Encarnación cuando María dijo que su misma Alma era suya “y que no hubo instante en que no fuera suya”, palabras que engrandeció Dios con mayor adoración y que nacía de un principio inmaculado y más digno que todos los que le adoraron, porque era un principio inculpable que no se le podía negar. Además, es la Casa de Loreto la que mejor retrata aquella en la que obró el Sagrado Misterio, cuando la mujer recibió una imagen antigua de la Virgen a la que llamo afectuosamente Laureta. Esta es la pretensión y el origen por tanto, de la advocación del templo de los padres agustinos en Granada y de su imagen titular.

 

LA DISPOSICIÓN DE LA MILAGROSA IMAGEN DE NUESTRA SEÑORA DE LORETO DEL CONVENTO DE LOS AGUSTINOS DESCALZOS DE GRANADA.

Como ya hemos apuntado la misma señora de la hacienda donde la Imagen fue a parar de su largo andar y trasladarse por todas regiones conocidas, fue la que por admiración, devoción, y especial cariño, otorgó el nombre a la misma de “laureta”, el cual, en el transcurso del tiempo, fue derivando a su nombre actual, es decir, Nuestra Señora de Loreto.

La talla devocional tuvo siempre un lugar destacadísimo en la primitiva casa a imagen de cómo lo había tenido por tradición en aquella casa primitiva donde fue a parar. Aquella era una casa de plintos pétreos, sillares cuadrados irregulares dispuestos indistintamente a soga y tizón con argamasa. En planta, el aparejo se tradujo en un perímetro de algo más de cuarenta y siete pies de largo por dieciocho de ancho y veinticinco de alto. Tan sólo un vano practicado en el mismo a modo de puerta y no excesiva luz, la cual se percibía por una ventana practicada hacia el lado de Occidente, mientras que la anterior quedaba al lado Norte. En el mismo tejado se dispuso una imagen de Nuestra Señora de vara y media en madera de cedro, de tersa piel encarnada y color morena por la incisión de la luz, con el Niño en los brazos que fue labrada por el mismo San Lucas.

Esta reflexión, ardua y costosa que se entresaca de las palabras de Fray Pedro, nos indican, primeramente, cuál pudo ser la primitiva disposición de la casa en la que habitaron los hermanos agustinos descalzos, y por otro lado, es la descripción ineludible de una parte de la imagen devocional, concretamente la que le sirve de peana.

En el interior de la misma, se dispuso un Altar que perduró lo suficiente en el tiempo para ser luego llevado a la nueva fábrica. La misma, hacia el exterior quedo sumamente decorada con motivos jaspeados, alabastro y nichos que guardaban a medias figuras de Santos realizados con admirable arquitectura y moldura; se completaba ésta, con profusos florones, lo cual no tardo en suponer una creciente y fervorosa admiración, pues a ella acudían en romería gentes de toda clase y condición. No sabemos mucho más, salvo que para 1629, se encontraba en pie, y que por tradición, había copiado su estructura de una que existió en la Península italiana.

De hecho, fueron unos genoveses —ricos comerciantes, es de suponer—, quienes hicieron una diligencia para patrocinar a sus expensas una bella imagen de Nuestra Señora, cuya peana imita el natural de la casa que acabamos de describir en recuerdo, claro, de la verdadera. Estos no escatimaron esfuerzos y encomendaron a través de contrata el trabajo al escultor Alonso de Mena <<Artífice, el más afamado de su tiempo>>.

Efectivamente, este escultor que marca decididamente el primer naturalismo como paso determinante en la escuela granadina hasta la llegada de Cano, el cual no sabemos muy bien si discípulo de Andrés de Ocampo en Sevilla, lo que parece posible pero poco probable, o dentro del círculo de Pablo de Rojas, fue el encargado de realizar la talla. Su estilizado canon, su acento doméstico a la hora de tratar los tipos y modelos evangélicos, y su relación con Rojas, nos dan una cierta idea de la imagen. La misma debe ser documentada a partir del año de 1618, fecha por que se data la imagen de Nuestra Señora en el Triunfo y que el fraile dice que le había dado o reportado muy buena fortuna al maestro escultor afirmando de ésta que es un milagro portentoso del arte, posterior incluso a la imagen de la Virgen de Belén <<fecunda fuente de prodigios y milagros, como lo testifican los lienzos y figuras de cerca pendientes de sus paredes por trofeos en el Convento de Padres de la Merced Descalza donde se venera>> .

Realizada la talla antes de la misma fábrica y reforma del Hospital donde había de colocarse, los genoveses sufrieron un revés económico, lo cual, no pareció raro; situación ante la cual, no pudieron costear el trabajo del maestro escultor. La contrata pasó por cesión a manos de Don Pedro Antonio Zigant, natural de Niza, quizá, porque este señor fue el comitente junto con los citados genoveses que más explotó sus arcas personales para sufragar la costosa imagen aún siendo el menos acaudalado de los tres comitentes y de todos los franceses residentes en Granada. Según el cronista, éste era un simple maestro guantero de la Granada del Setecientos, que impulsado por su admiración y devoción hacia la Hermandad, decidió acarrear el costo total de la misma; llevándosela a Francisco Ruiz, un dorador y estofador de prestigio <<para que encarnase, y dorase, el cual la sacó tan sumamente hermosa, como se puede ver en ella misma>> . Una vez acabada, la falta de abundante sitio del que disponer en su casa, le obligó a llevarla a la de los genoveses —Octavio Passage y Julio César Passage—, que durante algunos meses, dispusieron que habitara una sala espaciosa en la misma. Durante aquel breve lapso de tiempo, fue objeto de devoción y se le rindió culto, a través de innumerables visitas por parte de no pocos eclesiásticos que se la pedían para adornar sus parroquias a cambio de un digno lugar de enterramiento en cualquiera de las capillas que deseasen.

Pasados estos meses, la Imagen fue a parar al consuelo de los Hermanos Agustinos Descalzos, que ya tenían su convento en los pobres retiros albaicineros, sin embargo, no fue pedida por estos, ni sufragada por compra, fue una donación. El hermano fray Cristóbal de Jesús, un religioso ejemplar y conocido lego limosnero, junto al Padre Prior Fray Jerónimo de la Resurrección, fueron quienes la recogieron. Al dicho tesoro se le pregonó por orden del Sr. Corregidor Don Luís Laso de la Vega, insigne Caballero de Calatrava, el mismo día en que se hacía la procesión de ingreso en el reformado Hospital, tuviendo que guarnecerse en el convento de las Capuchinas, lugar desde el que arrancó un día lluvioso de abril de 1630.

Por tanto, nos encontramos ante una imagen procesional, tallada por Alonso de Mena entre 1629 aproximadamente, y dorada y estofada por el pintor Francisco Ruiz a principios de 1630. Talla actualmente perdida, no sabemos en qué circunstancias, pero igualmente, esta crónica, nos sirve como un documento de primerísima categoría para revalorizar y recontextualizar, entre otras cosas, el patrimonio eclesial de los Agustinos Descalzos.

 

FÁBRICA DEL NUEVO TEMPLO DEL CONVENTO DE LOS AGUSTINOS DESCALZOS EN GRANADA.

El reformado hospital morisco, como primitiva casa y asiento, fue realmente pobre, perduró en el tiempo de limosnas y poco más. Don Antonio de Arastigui, Patrono de la Orden en subsiguientes años, intentó la fábrica del nuevo templo, partiendo de una idea base por la que se trasladaría el convento a la parte baja en conexión con la Calle San Juan de los Reyes, teniendo en mente que de esta forma se facilitaba la comunicación y el libre acceso para mayor comodidad de todos.

Los plintos pétreos perimetrales de la iglesia, daban a dicha calle, la prolongación del perímetro sobre los antiguos cimientos fue una necesidad practicándose vanos en forma de ventanales y puertas. Debieron de ser varias, porque hubo acceso directo a la iglesia y también al convento <<situado en el plano que hace el cerro en su altura en la Plaza de Bibalbonut>>, es decir, en su explanada.

La nueva iglesia quedó asentada pues, en las zanjas practicadas por los mismos frailes en la ladera del río Darro, hacia cuya parte de arriba se aplanó el terreno para disponer un mediano claustro, para lo cual, hubieron de empalizar la parte baja de la ladera para contrarrestar el fuerte corrimiento de tierras. El desnivel de todo el recinto hubo de ser enorme, ya que desde la casa propiamente dicha a la misma parroquia, había que bajar por una escalera de ochenta peldaños, ni uno más ni uno menos. A este respecto, el perfil olográfico visto a distancia el conjunto conventual, se antoja a priori espectacular.

Dos hermanos religiosos de la Orden, procedentes del asiento madrileño, se trasladaron a Granada para dirigir las obras. Uno, llamado Fray Lorenzo de San Nicolás, conocido entre otras cosas por ser un conocido tratadista de arquitecturas conventuales augustitas durante el Setecientos. El otro, desconocido. Juntos delinearon y trazaron exhaustivamente la disposición de la fábrica atendiendo al espacio del que se disponía, que no era poco. Fue este mismo, quien dispuso que el nuevo templo hubiera de ser reorientado de Oriente a Occidente, quedando o practicando de esta forma un vano de acceso único a éste último lado y la Capilla Mayor y todo el testero hacia el Este.

Su estructura espacial se dispuso en ciento veinte pies de largo por setenta y dos de ancho, por lo que a la anexa Sacristía se accedía por un cañoncillo ubicado a espaldas del presbiterio, esto es, más hacia el Este; desde la cual, se podía acudir libremente a todas y cada una de sus altares dispuestos en las capillas. Es fácil de imaginar, e igualmente incomprensible, paradójicamente hablando, que bien entrado el siglo XVII, esta disposición parece más acorde a una traza de origen gotizante.

Todo el mismo cuerpo queda cubierto de forma abovedada en diversos tramos de medio cañón, y sus distintas capillas laterales cubiertas con techumbres vaídas. Grata sorpresa es el descubrir que toda la fábrica estuvo perimetralmente rodeada de otro plinto prolongado en el que descansaba a modo de elemento sustentante el empuje de esta. He aquí la razón por la que pensamos que debió ser monumental, no habla de contrafuertes ni elementos varios de transmisión de fuerzas como arbotantes, pero casi se antojan necesarios. Todo quedó configurado a modo de una caja dentro de otra, lo cual, supuso un enorme esfuerzo tanto humano como en el plano de lo económico, sin duda; pero a colación el resultado se tradujo en una edilicia constructiva mucho más sólida y consistente.

El fallecimiento del patrono. El primogénito de los Arastigui, supuso el ascenso de Don Martín de Arastigui que procedió con el mismo empeño hasta su muerte, dicho lo cual, y llegado el momento, hubo de buscarse a otros patronos que sufragaran los costes, estos muchos más limitados en lo económico, derivando en un franco decaimiento del proceso, por los que las donaciones, limosnas y el buen hacer, fueron las fuentes de ingreso de las pobres arcas de los hermanos agustinos.

La finalización del proyecto nos la relata fray Pedro, como laboriosa y problemática, mencionando el alto coste de los travesaños que cerrarían por arriba la cubierta, aunque se logró ya para el año de 1679. No obstante, la Capilla Mayor no había pasado aún en altura del cornisamiento, razón por la que se tuvo que habilitar una sala amplia para celebrar el oficio. Sea como fuere, para la conmemoración del día de San Agustín, coincidiendo en fechas próximas al fallecimiento de fray Miguel de San Agustín, Vicario General de la Congregación en Granada, es decir, para 1688, todavía ésta no había sido concluida, quedando al desamparo, viviendo de lo facilitado y de limosnas hasta 1692 en que se terminó.

Interiormente, el templo estuvo profusamente decorado, sus bóvedas presentaban motivos entrelazados, cogollos y florones hechos de pincel, que eran resaltes de yesos policromados, pero con el inconveniente de que estos estaban <<a siete varas mas alto que la iglesia al andar el Coro, y todo de poca conveniencia para los Religiosos>>; de hay que pensemos que habla del cuerpo central y no de laterales, que ya había explicitado anteriormente; de lo cual también se deduce que desde el coro hasta la cubierta o tramo de cubierta que cubría el tramo más Occidental —Coro—, hubo al menos siete varas de longitud en prolongación vertical, sin contar con la que habría desde la solería o pavimento hasta el mismo coro. Otra idea que abunda en la monumentalidad del edificio.

La Capilla Mayor debió de ser clara y hermosa con mucha luz y estuvo precedida de un transepto de 105 pies de largo y 27 de ancho; el crucero daba paso a una grada de tres peldaños de azulado mármol para subir al presbiterio de veintidós pies de fondo por veintisiete de ancho, soleado de un alicatado bicromático en verde y blanco vidriado. El crucero resultante estuvo coronado por una estructura cupular de media naranja para cuyo sustento y de la cubierta se elevaron ocho grandes, fuertes, y pétreos pilares con pseudocolumnillas adosadas de sección circular, que remataban en capiteles, arquitrabe, friso, y cornisa, todo ricamente decorado con resaltes que se proyectaban a lo largo y ancho del cuerpo principal de la nave mayor, la cual estaba sustentada por treinta y cuatro “caprichos corpulentos”, repartidos también por la circunferencia —motivos— de la cabecera recortados en yeso pardo en sobresalte de fondo blanco con formas, tipos y modelos de roleos vegetales como hojas, frutos y flores.

Desde el banquillo, a cuarenta y un pies del plano de la iglesia, empiezan a tomar punto el arranque de los arcos torales guarnecidos de pincel con vistosos dibujos, fajas, ramos y florones también en resalte “que desde abajo mienten a la vista”. Las cuatro pechinas dejan en su interior un espacio aprovechado para representar en lienzos los cuatro doctores de la Orden: San Gelasio Papa y el B. Egidio romano cardenal en las dos más próximas al lado Este, mientras que las más cercanas al lado presbiterial, figuran las efigies de San Posidio Obispo Aclámense y San Próspero, Obispo de Aquitania. Óleos sobre lienzo, posiblemente ovalados, y orlados con una moldura blanca acordonada sobre fondo negro; mientras que lo restante de las pechinas sirve para una talla menuda o fino esgrafiado que parece filigrana.

Sobre las claves de los dichos arcos, descansa el banquillo adornado también con motivos, y sobre el bocelón o anillo de la media naranja, achorcholado de blanco resalte sobre fondo negro. El mismo bocelón sirvió de descanso para ocho ángeles sedentes de corpulenta talla y gran estatura de yeso policromado; cada clave está guarnecida por una pareja de estos que flanquea una cartela con un verso repartido entre las cuatro donde se leía: <<Ave María gratia Plena>>. Las manos que tienen sueltas portan hojas de palma como atributos martiriales, dando a entender que esta iglesia, por su gallardía, mereció llevarse la Corona.

Según fray Pedro, la cúpula fue singular en Granada por no parecerse a ninguna otra, <<porque es a la manera de un verdegal baca a baxo, y assi comiença a subir desde el vanquillo>>. Su casquete hemiesférico estuvo profusamente decorado a pincel ocupando todas las medias cañas estriadas y las fajas rehundidas, las cuales remataban en punta de diamante al anillo de la linterna, es decir, a su cordón tallado con florones en las puntas de las fajas, y entre el remate de faja y faja, una talla resaltada en yeso polícromo.

Dieciséis pedestales tallados arrancan desde el anillo para sustentar pilastras que subían para recibir el cornisamiento de la linterna, mientras que fruteros tallados se practicaban entre dichos pedestales. Hermosos balaustres corrían por encima de los mimos, pero fingidos de pincel. Hasta aquí, es fácil de imaginar la teatralidad de todo el conjunto, acorde al momento barroco de los fatuos delirantes, de la pompa y el exceso propio del barroco madrileño; es muy posible, que efectivamente, no hubiera un conjunto estructural similar en toda la provincia, pues aquí, la teatralidad y la realidad parecen difuminarse en límites nada concretos y claros, llevando a confusión a través del trampantojo arquitectónico pues <<mirados desde abajo, no parece que los fingió el pincel para que mintiesen a la vista en hermoso corredor>> . Ocho ventanas se practicaron entre las pilastras encima del mismo pseudocorredor; ventanas arqueadas y cerradas con vidrieras que irradiaban abundante luz a todo el casquete con variedad armónica de tonos cromáticos tamizados indistintamente.

Las pilastras recogían el cornisamiento —pequeño—; molduras, filetes y medias cañas, fueron también fingidos con hermosura y primor. Directamente desde esta cornisa, arrancaba el casquete de la linterna, y en medio, un florón dorado. Este es de seis pies de diámetro y ocho de circunferencia por dieciocho de altura desde el anillo; desde éste al pavimento de la iglesia corrían noventa y seis pies, es decir, treinta y dos varas de alto.

En los elementos del crucero, a media altura y centrados hacia la parte baja de la cornisa, hubo colgados dos óleos sobre lienzos pintados por Claudio Coello <<célebre pintor de nuestro Católico Monarca Carlos II>> . Uno representaba el Nacimiento de Cristo, y el otro, la Oración en el Huerto. Otra tela del maestro presidía debajo del dosel, en el Altar Mayor; se trataba de una Inmaculada Concepción, por lo que hemos de pensar que para aquellos primeros momentos, la iglesia no contaba en su Altar Mayor con un retablo.

En las bóvedas, la decoración pictórica no fue concluida. Hacia el banquillo se practicó una gran ventana de once pies de altura y casi cuadrada, la luz tamiza el interior de mil colores gracias a la vidriera que la cerraba. Desde el plano del crucero de la iglesia, nacen, por entre las capillas, sobre un zócalo realizado en mármol bruñido, pilastras y contrapilastras con capiteles por los que discurre el pincel por arquitrabes, frisos, cornisas y banquillo, rematando todo, igualmente en resalte en los diferentes tramos de medio cañón, los cuales se corresponden directamente a la división de la nave central con las diferentes capillas laterales. Todo el medio punto que hacen estas fajas desde cornisa a cornisa, subían por la clave del abovedamiento acompañados de dibujos de pintura como ocurría en los arcos torales, de colores honestos y agradables según el cronista, quedando repartidos por la plementería de la bóveda diversos florones con hojarascas y roleos vegetales.

El cañón entero tenía cuatro lunetos en cada lado, en correspondencia con otras tantas capillas. Al lado del Evangelio, en medio de cada uno, un atributo de San Agustín a quién sirve de orla un tarjetón. A los lunetos del lado de la Epístola, no se les pudo dar correspondencia por la existencia de tres ventanas en su lugar; las aristas de los lunetos también quedaron adornadas rematando en florones cerca de las claves del cañón, en forma de pirámide con un vistoso lazo en la junta. Encima del coro, en el testero más Occidental por tanto, se practicó un gran vano de doce pies de altura y diez de ancho iluminando todo el interior cerrado también por vidrieras.

El coro debió de ser bastante prolongado en espacio; esto al menos es lo que deducimos de la crónica cuando fray Pedro utiliza la palabra “bastante capaz”, de treinta y tres pies de largo y veintisiete de ancho. Cubierto con un pavimento alicatado de verde y blanco. Los asientos son llanos, sin divisiones y sin resaltes escultóricos de color caoba. Su extremo más Oriental estaba entarimado. Encima del asiento o silla de los Prelados, se colocó un Santo Cristo Crucificado de mediana estatura vaciado en molde, por tanto, de yeso, que hizo pareja con otro Crucificado que estuvo encima de los cajones de la Sacristía con Cruz de Nogal. En medio del coro se dispuso un corpulento facistol de variedad en molduras, realizado en pino, ciprés, nogal, y naranjo, vestido de molduras embutidas y talla. Se coronó con una urna cerrada a sus lados por vidrieras guarneciendo una talla de San Nicolás de Tolentino. Once tomos, libros corales, supuestamente ornamentados con ricas ilustraciones y miniaturas, se guardaban en su interior del cuerpo mayor, estos eran los dedicados al Oficio Divino, con tapas de cuero repujado de ternerilla y clavazón de bronce; el juego de los corales se complementaba con tres volúmenes más que debían de estar para 1695 encargados, pues se encomienda a Dios para sufragarlos.

La celosía del coro estuvo dividida en cinco tramos mediante pilastras de color granadillo y capuchas de oro, fundada en mosaicos de cuerpo verde los pies y capiteles también granadillos. Los remates del cornisamiento también de verde y plata. El espacio del coro lo presidió otra imagen de la Inmaculada Concepción; y su abovedamiento se adornó con molduras hacia la parte baja y una jamba con su recuadro lleno de florones pequeños y roleos vegetales que convergían hacia una granada dorada con frutos de color carmín.

A parte de esto, el templo dispuso de ocho tribunas, dos a cada lado del presbiterio y cuatro en el cuerpo de la iglesia encima de los arcos de las Capillas. Para la fecha, todavía no habían sido puestas o dispuestas hacia su interior, mientras que hacia el exterior parecían vistosos balcones adornados; realizados en fina celosía de ocho pies de alto y cinco de ancho y sobresalientes cerca de otro pie de vuelo. Todo esmaltado y claveteado formando estrellas de oro en cuyo centro, un escudo mariano, tres de ellos hacen referencia a Jesús y sus atributos, o bien, jeroglíficos referentes a San Agustín. Los largueros estuvieron cuajados de caprichos dorados en cuya parte superior hubo rodillos de verde y plata. Los balcones están guarnecidos por una jamba con filetes que sobresalen sosteniendo una repisa.

Diez Capillas tuvo el templo; cinco por banda. Dos colaterales al Altar Mayor pero cerradas en su día por no estar abovedadas y sus paredes en bruto. Otras dos a los lados del pórtico fuera del cancel que también estuvieron cerradas por lo mismo. Y seis que están totalmente acabadas y perfectamente servían en el cuerpo de la iglesia, cuyas bóvedas vaídas estaban profusamente decoradas con cogollos, ramos y florones donde el color sirve de fondo y el blanco de resalte. Tuvieron que ser grandes, para copar la longitud de la nave mayor, cerrada por rejas de veintitrés pies de largo por quince de ancho. La Capilla del lado de la Epístola tuvo practicada una ventana con vidrieras que daba luz al lado del Evangelio. A estas capillas circunda una donosa imposta y desde ella, corre a circundar el arco de cada una hacia el exterior, mientras que una moldura cóncava jugaba con primor en el cuerpo de la iglesia.

Hasta la fecha se levantaron nueve altares; el Mayor del presbiterio, dos colaterales en los brazos del transepto y seis en las Capillas de la Iglesia. El Altar Mayor fue prestado, pues cargando la consideración de la pobreza de las arcas de la Orden, todavía no había dispuesto uno propio; lo cierto es que no sabemos de dónde procedía (posiblemente de San Antonio de Padua, que luego se ofreció muy gratamente en la octava); aunque hemos de pensar que no sería muy grande, porque de donde viniera, lo que sí es cierto es que perteneció a un Altar Particular, y luego dice fray Pedro que era, aunque pequeño, muy primoroso. Estaría levantado por una grada sobre el que arrancan columnas con mucha variedad de pedrería embutida, capiteles, friso, cornisa, arquitrabe y remates. Todo dorado y coronado en la parte superior por un San Miguel de bruñido dorado y estofado en su airoso ropaje ubicado en una peana dorada y calada. El retablo era quizá algo mayor del original, pues se dispuso un banco y sotabanco, también dorados y estofados que procedían de la iglesia vieja. El conjunto pese a lo cual, sería de gran unidad y ajuste que parecía de una sola pieza en opinión del cronista. En el sotabanco, se colocaron las reliquias en cajas de ébano y cerradas en cristal. Cuatro urnas de nogal con restos de Icundo, Bonifacio y Santos Mártires, con pequeños huesos de San Donato, San Justino, San Feliz, y Celestina mártires. Una Cruz sobre peana de ébano con una imagen de Cristo Crucificado de talla en marfil de media vara.

El nicho de en medio del retablo estuvo dorado y el arco y faja que le circunda, embutido de pedrería. Éste cobija la casita primitiva que sirvió de peana para la sagrada imagen de Nuestra Señora de Loreto, mientras que la misma quedó emplazada encima del tejado, con el Niño en los brazos, todo adornado de joyas, ramos y flores. La misma mesa de Altar, estuvo flanqueada por dos Niños, uno es San Juanito, y el otro el Niño Jesús. A los lados del Altar, se dejaron dos huecos que en principio debían de ser ocupados por las tallas de los dos patronos Aristigui, pero que luego quedaron como lugar de resguardo de un Santo Cristo de Marfil de media vara en una Cruz de ébano —no sabemos si el mismo que hubo en la Sacristía, aunque todo parece indicar que sí— en el nicho más cercano al Evangelio; en el contrario, se colocó una imagen de Nuestra Señora de la Cabeza con manos de marfil con el Niño procedente de Filipinas.

Los dos Altares más próximos al Crucero se acomodaron con otros dos retablitos dorados de un nicho cada uno, llenos de ornamento floral. El que queda hacia al lado de la Epístola tuvo un Sagrario para el Comulgatorio con una imagen milagrosa de Nuestra Señora de la Caridad de la Cofradía de la Correa; mientras que el otro, tenía al Santo de los Milagros, Nuestro Padre San Nicolás de Tolentino. Tanto uno como el otro, junto al del Altar Mayor, fueron rematados con tres frontales de pincel imitando roleos vegetales, obra de Fray José de la Concepción.

En la Capilla primera del lado del Evangelio, hubo un óleo sobre lienzo colgado que representaba al Padre de los Pobres, Santo Tomás de Villanueva; mientras que la segunda, estuvo presidida por el Santísimo Cristo de la Misericordia, talla muy querida y votísima. En la tercera y última capilla del lado del Evangelio, hubo colocado un lienzo de Nuestra Señora de la Soledad que fue realizado a la par que la imagen de Loreto y encargada por los mismos donantes —hemos de pensar que esta era la capilla funeraria de los Passage—.

Al lado de la Epístola, en la primera de las capillas, la más cercana al lado Este, hubo una representación de El Asombro de la Penitencia de San Guillermo, Duque de Aquitania y Conde de Pavía; en la que sigue, estuvo la imagen del SOL Clarísimo de la Iglesia, es decir, la imagen o talla de San Agustín, sedente como maestro de los Doctores vestido o ataviado de forma pontificial y ofreciéndole a Dios su Corazón con la mano. En la tercera de las capillas de este lado, estuvo ubicada una imagen de Santa Rita

Sólo hubo una puerta al templo por el pórtico a los pies, este era de tres vanos, el del centro mayor de piedra franca como la portada, flanqueada con escudos de los patronos; puertas de nogal con clavazón y todo antecedido por un cancel de nogal y pino con dos postigos en los costados a la que se accede por una puertecita flanqueada por los escudos de la Orden hechos por el maestro carpintero fray Pedro del Pópulo.

Anexa a la iglesia, hubo una lonja o plaza donde solía reunirse gente que se estructura en noventa y cinco pies de ancho por ciento cinco de largo, cerrada hacia los lados Norte y Occidental por un jorfe de ladrillo dispuesto a cal y canto; hacia el Sur, mirando hacia la Alhambra y la Vega, estuvo abierta con balcón practicado que lo circundaba para reposar, mientras que hacia el lado de Levante, discurría la imagen del Generalife y el río Darro con la bella estampa del Sacromonte detrás.

 

FIESTAS QUE SE CELEBRARON EN DICHO TEMPLO, LOS CONVITES A ALTOS TRIBUNALES, CABILDOS Y SAGRADAS RELIGIONES. ARTE EFÍMERO Y POMPA PROCESIONAL.

Hospicios dedicados a la caridad como éste, pretendía dar una imagen de vida en fraternidad, reglada en lo moral, jerarquizada en lo social; conforme a lo cual, disponían con todo detalle y celo, el tiempo dedicado a la Octava como preludio a la procesión que tenía por fin inaugurar el templo, en nuestro caso.

La fiesta hacía uso indiscriminado del espacio urbano, lo convertía en un recorrido sacro lleno de boato y símbolos, por lo que no se repara en gastos a la hora de engalanarlo con estructuras efímeras como arcos, puentes, etc., donde todo son partes complejas de una Supraestructura teatral, y donde la asistencia de ciertos participantes, aumenta necesariamente la riqueza exhibida, por lo que todo es un mero espectáculo donde opera lo metafórico, con altos índices de lo alegórico e ideológico, alterando la realidad cotidiana.

Por eso, cuando la iglesia se halló en condiciones razonables, aunque algunas cosas todavía no habían sido concluidas para la fecha; los religiosos se dispusieron a colocar “el Pan Suavisimo de la Gloria y a su Santísima Madre de Loreto” para venerarlos decentemente, acelerándose por tanto todo lo posible para celebrar las fiestas con todo el lucimiento posible aún a pesar de la pobreza de las arcas de la Orden. Dicho lo cual, dieron parte al Ilustrísimo Señor Don Martín de Ascargorta, Arzobispo de Granada para que como Prelado, señalase el día en que se había de realizar el traslado dando pie a la festividad. Aquel debió de ser políticamente muy correcto, y remitió su decisión al cabildo de la Santa Iglesia, ofreciendo asistir de su parte a la procesión para llevar el Santísimo Sacramento a su nuevo trono y dictar Misa de Pontificial al día siguiente.

El mismo Cabildo de la Santa Iglesia determinó el principio de las fiestas el día 23 de octubre, sábado (1695) para la procesión a la que asistió el pleno del Cabildo y obligándose a celebrar las primeras Vísperas y Divinos Oficios al día siguiente. Los Comisarios nombrados fueron el Sr. Don Rodrigo Marín, Predicador de su Majestad, Maestre de Escuela de la Santa Iglesia (Catedral) y Visitador de Religiosas, y el Sr. Don Esteban Bellido de Guevara, Canónigo Magistral de la Catedral, estrenando el púlpito dicho día. Por ende, se pidió al Sr. Don Gregorio Valle Arredondo, Caballero del Hábito de Calatrava, Presidente de la Real Chancillería, y a los Señores del Real Acuerdo, unánimes y conformes dispusieron asistir el Lunes 25 de octubre, día en que se ofició en el Altar Mayor y en el Púlpito haciendo súplica a la Comunidad de Padres Redentores de la Santísima Trinidad Descalza que se ofrecieron a honrar el Templo afectuosamente.

Al Sagrado Tribunal de la Inquisición, se hizo lamisca súplica, y con celo ardiente con que suelen venerar las cosas, se ofrecieron el Sr. Don Juan Migueles de Mendaña Osorio, el Sr. Don Domingo de Pernas y Modia, el Sr. Don Leonardo Phedel de Cardona, y el Sr. Don Pablo del Moral, para venir e instruir el día 28 de octubre, día en que se celebraba la festividad de San Simón y Judas, enviando cien ducados para los gasto de aquel día, y que se aprovechó para convidar a la Seráfica Comunidad de Padres Capuchinos para que ocupasen Altar y Púlpito.

La misma ciudad se ofreció generosa, en distintas formas de Entes públicos para rematar y coronar la octava el 31 del mismo mes, remitiendo una libranza de cincuenta ducados cobrados luego al punto. Aquel día se celebró elección de la Muy Observante redentora Comunidad de Nuestra Señora de la Merced Descalza que favorecieron con gusto el mismo día.

La Capilla Real, y su Capellán Mayor, el Sr. Don Juan de Leyva, se ofrecieron voluntariamente para honrar el martes 26, incluso con música sufragada por su parte, ya que aquel tuvo mucho afecto por Don Rafael de Ortega, Secretario Provincial de la Chancillería, devoto de la imagen de Loreto y que había pedido un día para celebrar una fiesta en su honor, cediéndole el miércoles día 27, día que le tocó honrar a los Padres Redentores de la Santísima Trinidad Calzada.

El Religioso Convento de la Seráfica Religión Descalza, cuyo titular es el Señor San Antonio de Padua, con el que se mantuvieron muy buenas relaciones de fraternal correspondencia —quizá de aquí viniese el Altar Mayor cedido—, se presentó el día 29, viernes con todo el Pleno de su Cabildo. Éste convento cercano a la Colegiata de El Salvador y su Abad, el Sr. Don Martín Torrico de Pedradas, determinó tomar el día ínfimo de la fiesta, el sábado 30 de octubre, sin remitir una gran Prebenda, tan sólo cuatrocientos reales.

Cumplida ya la octava y deudores de muchos ofrecimientos, dinero con el que se sufragaría la fiesta, la procesión se inauguraba el día de Todos los Santos, el uno de noviembre. Dada la importancia, se hizo necesario adornar el tránsito lo más decentemente posible según el dinero recaudado; pues por el mismo, pasarían “no Reyes de la tierra, sino los Monarcas más soberanos de la Gloria”. Dado que el hecho lo costeaba un Religioso amor, no había que limitarlo.

Lo primero fue adornar las “dos Majestades Soberanas”, por lo que se colocó al Santísimo Sacramento en una Custodia muy rica y primorosa, de las más bellas de la ciudad; vistosa en plata de costosa hechura y sobredorada, fija en unas andas de plata y colocada en un Altar que había perdurado en el tiempo de la anterior iglesia, decorada con vistosos ramos y otras joyas. A la imagen de Nuestra Señora de Loreto, se le aderezó con joyas, perlas, y diamantes, también con lazos muy vistosos y costosos. A la imagen de San Agustín, Capitán General de la Orden, se la dispuso encabezando la procesión, como precursor lucero que irradiaba luz brillante e indicaba el tránsito, ataviado de pontificial y adornado con vistosa filigrana. El templo viejo también se decoró profusamente.

Incluso, sabemos que de la iglesia antigua, se salía a un pórtico, todo el interior, fue vestido de ricas colgaduras y láminas que servían como de imposta al cañón que también hacía colgadura con airoso arte. Molduras en fina talla y sobredoradas. Al testero de este cañón se levantaba, un rico Altar de tres cuerpos y rematado por un frontón triangular —viejo retablo—. Los dos primeros cuerpos y sus frontones, estuvieron habitados por algunos niños muy hermosos, aderezados para la ocasión, junto a otras imágenes devotas. El cuerpo superior, y debajo de un dosel de felpa carmesí, se dispuso el habitáculo de la imagen de Santa Rita, rodeada de un arco dorado y hojas estofadas; <<es la cara de la imagen como una Rosa, y la milagrosa espina, como fino diamante, dava mas hermosura al terso campo de su frente, tenia a los pies una tarjeta esta quintilla.

Que con espinas estè
La Rosa mas peregrina,
Cada dia eso se ve,
Mas en Rita vemos que
Con Rosas està su espina>> .

Tenía el Altar mucha luz, orlado con colgaduras carmesíes. En el testero se colgaron unas liras que compuso un devoto en honra de la imagen de Loreto:

<<Quales Alba hermosa
Que anuncia la venida del Sol bello,
Con mejilla de rosa,
Esparciendo odorífero cabello,
Así Sale MARÍA
Que es Alba bella del Autor del dia.

Producen mirabeles
Vertiendo rosas, y esparciendo flores
Sus dos sacros claveles,
Y entre alegres cenefas de primores
A sus dos plantas bellas
Con flores se convierten en Estrellas.

Por preciosas aromas
Os Sacrifican limpios pobres dones,
Por olorosas pomas,
Voluntad, y sencillos corazones,
Que este Convento humilde
Os ofrece, Señora, recibidle.

Salid en honrra buena,
Columba bella, Santa de Loreto,
Que así nos lo publica el Paracleto,
Santificando el templo que os previno
La Descalcez humilde de Agustino>>.

En la placeta alta o plaza, a dos de sus lados se levantó una empalizada, decorada con pinturas que descollaban a veinticuatro pies de altura. Cada uno quedó seccionada por una arcada de cuatro vanos, que fingían de “admirable perspectiva”, tantas capillas con sus zócalos, cornisamientos, arquitrabes,…, respectivos. En la parte superior se ubicaron ocho óleos sobre lienzos de Pedro Atanasio (Bocanegra), “hijo que fue de esta Ciudad, y afamado pintor”. Era, según parece, un ciclo de retratos de Santos Mártires que pertenecieron a la Descalcez en las islas de Filipinas y el Japón, y muchos de los cuales, fueron hijos de Granada. Todos estuvieron coronados por hojas de laurel por haber firmado con su misma sangre en el martirio el testimonio verdadero de la Fe católica. En los fondos de las capillas fingidas, se dispusieron otros ocho admirables lienzos —no sabemos si de mano de Bocanegra, es muy posible—, que figuraban escenas del Ciclo dedicado al Martirio de la Venerable hermana Cinturata, Magdalena de Jesús, como premio al fruto de su labor predicadora en las tierras japonesas.

La fachada de la iglesia antigua, estuvo adornada con colgaduras color carmesí y variedad de láminas de pintura — ¿lienzos?— con molduras doradas en sus marcos. En el paramento frontal, el que correspondía con la anexa portada de la Iglesia de las Religiosas Agustinas Descalzas, hubo también profusa ornamentación ajedrezada, con láminas — ¿lienzos?— y un altar presidido por Nuestra Madre Santa Mónica con una quintilla a sus pies:

<<Mónica en la traslación
De nuestra Aurora MARÍA,
Quiere dar satisfacción,
Que sus lágrimas no son
Tristeza, sino Alegría>>.

Una Cruz de fino y bruñido mármol presidía el centro de la plaza, y un Altar que bordeaba sus cuatro caras, estuvo adornado de naturales y artificiales flores, ramos y caras. La parte que estaba orientada hacia la fachada de la iglesia antigua, estuvo presidida por una imagen entronizada de tamaño natural de Santa Clara de Monte Falcho, que portaba como atributo identificativo, un peso cuyas balanzas ocupaban tres piedras que hacían referencia al Misterio de la Trinidad; y a sus pies, otra quintilla donde se leía:

<<Que no se caiga el Altar,
Por milagro lo confieso,
Pues en èl Clara ha de estar,
Denme con que apuntalar,
Que es Santa de muy buen peso>>.

En la cara del altar, contraria por tanto, y orientada hacia Occidente pues, hubo entronizado una imagen de un enternecedor amante del Sacramento, San Juan de Sahún; talla de estatura natural y que portaba en sus manos el Cáliz en el que figuraba el misterio más admirable que salió de la fragua del Amor Divino en beneficio del linaje humano. A sus pies, otra quintilla:

<<Con majestuosa gloria,
Nuestro dichoso San Juan
Nos trae hay a la memoria,
Que de tan Divino Pan
El Solo ha de ser Custodia>>.

En la esquina de la plaza, colindante con la parte del elemento de la iglesia de las dichas religiosas, y por donde debía de bajar la procesión, se elaboró un arco de veintisiete pies de altura, realizado en pintura sobre hermosas basas, desde las cuales, arrancaban pilastras coronadas con hermosos capiteles florales rematando en friso y una cornisa que fingidamente, sobresalía a los ojos en no pequeño vuelo, según parece. La misma estuvo coronada por cuatro ángeles que portaban mitra y el báculo pastoral de San Agustín, todo flanqueado por las imágenes, también pintadas de San Pedro y San Pablo. Sobre la clave del arco, una granada con fruto; e inmediatamente debajo de la misma, un tarjetón orlado con el siguiente soneto:

<<Al grave Rimbombar, al que sonoro
Metal, animo en estruendoso acento,
Turbese Flageton, parece el Viento,
Y Cintio encienda sus antorchas
de oro.

Del Norte frio al abrasado toro,
La Tierra, el fuego, el aire, el firmamento,
Callando el mar, el Orión atento,
Cantando glorias el Celeste Coro.

Flora en cuanto de Abril luce claveles,
Y el mar en cuanto conchas perlas cría,
Las nubes hechas de arcos chapiteles.

Estrellada la noche, alegre el día,
Pongan arcos de paz, de luz doseles,
Para que passe el Nombre de María>>.

Un aficionado decoró las pilastras del arco con glosas, y a sus lados, los adornos se prolongaban por las tapias con diversas primicias. A pocos pasos del arco, un Altar de doce varas de alto por ocho de ancho fue confeccionado por los legos. Su fachada de pintura con una portada donde el pincel se salió. La clave del arco sirvió de asiento para un ángel de diez palmos de alto con alas extendidas. Su Altar era de dos cuerpos, en el primero de los cuales, se dispuso la Sagrada Custodia, con velas y candeleros; a éste le proseguía un banco con ocho peldaños, y seguidamente el segundo cuerpo, adornado de pinturas, lienzos “de airosa escultura”, sirviendo de asiento para la imagen entronizada de Nuestro Señor Padre San Guillermo, de talla natural. La cubierta de esta especie de capilla, fue dispuesta rasa de terciopelo y con colgaduras. A la derecha del Altar, se dispuso como entretenimiento, un circo de marionetas.

 



BIBLIOGRAFÍA.

-JESÚS, fray Pedro de., Templo nuevo de los Agustinos descalzos de Granada y suntuosas Fiestas que se celebraron a su dedicación… desde el día 23 de octubre de este año de 1695. Granada 1695.

-GÓMEZ-MORENO GONZÁLEZ, Manuel., Breve reseña de los monumentos y obras de arte que ha perdido Granada en lo que va desde siglo. Imprenta de D. José López Guevara. Granada 1884.

-NATIVIDAD, Fray Juan de la., Coronada historia, descripcion laureada, de el mysterioso genesis, y principio augusto d el eximio portento de la gracia, y admiracion de el arte la milagrosa imagen de Maria SantissMA. De Gracia cuyo sagrado bulto, y titulo glorioso, ocupa, y magnifica su real templo, y convento de RR. PP. Trinitarios Descalzos, Redentores de Cautivos Cristianos, desta novolísima Ciudad de Granada. Impreso en Granada en la Imprenta Real por Francisco de Ochoa, Granada 1697.

-OROZCO PARDO, Jose Luís., Christianópolis: urbanismo y contrarreforma en la Granada del 600. Universidad de Granada, Granada 1985.

 

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