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LA
NARRATIVA: FUNCIÓN Y FORMAS DESDE LA EDAD MEDIA HASTA LA ACTUALIDAD
María de la Cruz Santos
Monllor
Licenciada en Historia del Arte
Es evidente que el discurso literario se caracteriza por su enorme complejidad,
pues encuentra sus raíces en lo lingüístico, lo estético
y lo social. Esa complejidad permite una gran variedad de enfoques críticos
al analizarlo.
- Como producto lingüístico, el discurso literario se diferencia
de otros discursos por un uso lingüístico determinado y por
unas determinadas características pragmáticas. Así
pues, la literatura puede ser estudiada a partir precisamente de esos
rasgos inmanentes y diferenciadores.
- Como producto estético, en primer lugar, habría que indicar
que el discurso literario se equipara con las restantes obras de arte
en su valor simbólico, es decir, en su capacidad de ofrecer a través
de la estructura material una compleja representación del mundo
en imágenes sintéticas, de fuerte arraigo psicológico
y antropológico. Ya Aristóteles señala en la obra
literaria una representación imaginaria de lo posible con finalidad
cognoscitiva, pedagógica y catártica.
En ese sentido, Lotman ha entroncado con estas ideas al plantear la semantización
absoluta de la obra literaria. Para él, el medio, el código,
etc., todo en la obra artística, sea cual fuere su faceta, tiene
un significado.
- Como producto social, resulta obvio que el discurso literario es reflejo
de una serie de contextos, normas y valores sociales casi siempre en conflicto.
La obra de Galdós o la de la Generación del medio siglo
nos muestran la sociedad burguesa tanto como Cervantes la del XVII. Sin
embargo, estas relaciones no son mecánicas, sino complejas y dialécticas,
pues pueden adoptar formas muy diferentes.
Estos escritos suponen un conjunto de textos forzosamente muy diferentes,
habida cuenta de las diferentes posibilidades de enfoque y orientación
desde los que se puede estudiar la literatura.
Existen, como sabemos, diferentes opciones de comprensión del hecho
literario y además estas posibilidades no son excluyentes.
Hay diferentes teorías que explican el hecho literario a partir
del uso especial que se le da a su materia prima: el lenguaje. Así
Jakobson plantea el predominio en él de la función poética,
la búsqueda de lo extraordinario y la existencia de lo literario
como extrañamiento de la lengua habitual. En la misma línea,
Hjelmslev plantea el uso connotativo del lenguaje en la literatura, con
el fin de provocar sugerencias en el lector.
* La literatura como goce. La literatura puede ser leída para goce
del espíritu. Este goce puede ser de varios tipos, especialmente
el estético. Esta visión de la literatura ha sido presente
en muchas épocas y en otras no (como en la Edad Media). En la actualidad,
son varios los escritores que mantienen este espíritu en sus obras
y que son recomendables como los clásicos de aventuras o autores
como Pérez Reverte o Millás.
* La literatura como conocimiento. Tal como otras disciplinas o instrumentos
de investigación, la literatura es un instrumento de conocimiento
del mundo, como acercamiento al mundo, como explicación de la vida.
Este análisis se da sobre todo en el género novelístico,
sin descartar el resto de los géneros.
* La literatura como hecho social. La literatura surge en una sociedad
concreta. Una de las teorizaciones más importante sobre esto es
la Teoría del reflejo de Georg Lukacs según la cual la obra
literaria es un reflejo del mundo tamizado a través de las mediaciones
(biografía, clase social, etc.) de los autores. Hay muchos escritores,
desde el autor del Lazarillo de Tormes hasta Darío Fo que han utilizado
la literatura para exponer teorías de tipo social.
* La literatura como comunicación. La literatura es un tipo especial
de comunicación que Jakobson analiza en sus factores divergentes.
Al aplicar la teoría de Jakobson al hecho literario nos encontramos
con significativas diferencias:
- El emisor no está presente en el acto comunicativo. Además
conoce el código muy bien.
- El receptor es quien inicia la comunicación.
- El canal es el libro.
- Los contextos no son compartidos, de ahí la importancia de las
ediciones filológicas.
- El mensaje es inmutable y tiene vocación de eternidad.
- El código es diferente del lenguaje ordinario.
Este enfoque es especialmente indicado para las explicaciones de tipo
lingüístico.
* La literatura como juego. Diferentes autores se han planteado una función
lúdica de la literatura (Indurayn) que es perceptible sobre todo
en las obras destinadas al público más infantil (trabalenguas,
adivinanzas, etc.) pero también en la obra de escritores para adultos
como Cortázar (Instrucciones para dar cuerda al reloj. Instrucciones
para subir una escalera).
Los textos, salvo casos excepcionales, no aparecen aislados en la Historia
de la Literatura sino que se emparentan con otros similares debido a sus
características. Se desarrolla así una compleja red de relaciones
entre obras a la que llamamos género.
Existen diferentes definiciones de género:
Desde la lógica y la filosofía, el género es «un
atributo esencial aplicable a una pluralidad de cosas que difieren entre
si específicamente» o «una clase que tiene mayor extensión
y menor comprensión que otra llamada especie».
Desde un punto de vista más estrictamente literario, el género
es «una configuración de constantes semióticas y retóricas
que es coincidente en un cierto número de textos literarios».
Sin embargo el problema de la definición de los géneros
es difícil de resolver y ello por varias razones:
En primer lugar, hay que dejar claro que los géneros cambian con
el paso del tiempo y sin embargo nosotros debemos situar las obras en
un momento concreto (el Quijote surge en una situación genérica
totalmente diferente a la actual). Se hace pues indispensable un estudio
diacrónico.
A pesar de las discusiones y confusión que genera en la actualidad
la problemática de los géneros sí parece aconsejable
aceptar el concepto de género como medio de acercamiento inicial
a la literatura.
Así aceptaremos la triada genérica de base platónica
añadiendo los géneros didáctico-ensayísticos.
En este caso, trataremos de los géneros de tipo narrativo que son
aquellos caracterizados por:
- Desde el punto de vista hegeliano muestran la expresión de lo
objetivo, de lo ajeno al autor.
- Según los modos de imitación distingue Aristóteles
el modo narrativo -el poeta narra en su propio nombre o asumiendo personalidades
diversas- del modo dramático en el que los actores representan
directamente la acción. Así surgirían dos géneros:
épico y dramático.
Lo primero que hay que señalar es la capacidad globalizadora de
este género ya señalado por Schelling. El afán narrativo
es totalizador y puede integrar otros textos de las más variadas
procedencias. Así, el género narrativo es capaz de dar lugar
a obras como la Divina Comedia o el Quijote.
Una vez realizada esta importante precisión, realizaremos cinco
subdivisiones genéricas.
Dentro de los géneros narrativos están:
- Los géneros que son épica en verso, es decir la verdadera
poesía épica.
- Los géneros en verso que sin el carácter de epopeya acentúan
la narratividad del discurso: el romance.
- Las transformaciones de esos romances en prosa dando lugar a la novela
de caballerías, sentimental.
- Las formas narrativas breves de variada condición durante la
Edad Media y que dan lugar a la “novella” o novela corta y
cuento.
- La novela y sus variedades formales y temáticas.
En muchas ocasiones se ha dicho que nuestra cultura occidental no es sino
la suma del mundo hebreo y el grecolatino. Nuestras ideas sobre la vida
y la muerte, el bien y el mal, sobre las relaciones humanas, el sexo y
el amor provienen directamente de estas fuentes. La literatura como una
manifestación cultural más no podía sustraerse a
este influjo y así como comprobaremos a lo largo de este tema son
incontables las influencias que estas dos literaturas han tenido sobre
la literatura occidental.
El influjo literario griego es consustancial a nuestra cultura occidental.
El influjo griego es una constante a través de los tiempos aunque
se puede señalar que la época del renacimiento y del barroco
es precisamente la más importante. En ella, las bases de nuestra
literatura se ponen sobre los mismos géneros, poética, lenguaje
literario, temas, etc. que tenían los clásicos.
1. LA LITERATURA EN LA EDAD MEDIA
Las invasiones de pueblos germánicos a partir del siglo V acaban
con el Imperio Romano de Occidente y suponen el inicio de una nueva época
histórica que conocemos con el nombre de Edad Media. Ésta
se caracteriza por desarrollar el sistema económico denominado
feudalismo, basado en la propiedad de la tierra y las relaciones de vasallaje.
Surgen dos clases antagónicas: los señores y los siervos.
La Iglesia actuará como sostén ideológico fundamental.
Se forman embrionarios estados feudales por toda Europa que intentan afirmarse
luchando contra diferentes enemigos. Es en esta situación histórica
en la que resurge una forma literaria que ya había ocupado un importante
papel en la Edad Antigua: la épica.
Se trata de narraciones en verso sobre hombres que, gracias a sobresalientes
facultades físicas y gran valor, realizaron hazañas que
sus contemporáneos consideraron inolvidables. La épica surge
de la epopeya, pero existen diferencias entre ellas. Generalmente en la
poesía épica medieval no intervienen los dioses. Por el
contrario casi siempre parte de un hecho histórico y aun más
cuanto más antigua sea. Por otro lado en la épica medieval
el héroe es individual y no colectivo. El protagonista de la épica
es un héroe que ejemplifica las virtudes de la clase y el pueblo
al que pertenece.
La épica cumple en esta época una importante función
social. La recitación de estos poemas tenía una extraordinaria
difusión como medio de masas y así serían utilizados
de manera propagandística por los núcleos de poder: esto
es, la nobleza, las emergentes monarquías, la Iglesia y los monasterios.
La intención es mostrar a la población unos héroes
pertenecientes a la clase dominante que ejemplifican todas las virtudes
y que aun cuando muestren defectos deben ser obedecidos pues son seres
de una clase superior.
Desde el punto de vista social, uno de los temas básicos de los
poemas épicos son las relaciones de vasallaje.
2. LA LITERATURA EN EL PRERRANACIMIENTO
El Prerrenacimiento fue un fenómeno europeo que afectó al
siglo XII y que dio lugar a una poesía latina de ritmos brillantes
y a la eclosión de poesía narrativa y lírica en las
lenguas vernáculas. Dentro de este movimiento, aunque con evidente
retraso debido a la Reconquista, surge el Mester de Clerecía.
Nos encontramos con una nueva corriente poética que surge entre
4: la lírica popular, la épico juglaresca pues está
en auge el Poema de Mío Cid, la trovadoresca escrita en galaico
portugués y la religiosa como la Vida de Sta. María Egipciaca.
La causa de las obras en cuaderna vía es que después del
IV Concilio de Letrán se buscó una forma para llegar al
pueblo que desconocía el latín y la ignorancia religiosa
se adueñaba del pueblo. Así mientras, los franciscanos se
crean para adoctrinar al pueblo y la orden de predicadores para alentar
a los nobles.
Este sistema comienza a entrar en crisis a finales del siglo XII por varios
factores como el auge del comercio y la burguesía. En el siglo
XII las ciudades crecen y aumentan las rutas comerciales como el Camino
de Santiago. Se funda la primera universidad española en Palencia
(1210).
La prosa española ya contaba con una rica tradición latina:
Séneca, Lucano, Marcial o el propio San Isidoro de Sevilla formaban
parte de la misma. A partir de la caída visigótica, las
letras españolas latinas sufrieron un gran auge representado sobre
todo por los comentarios al Apocalipsis del Beato de Liébana o
por la Chronica Visigothorum. Las primeras manifestaciones en romance
no son de tipo literario. Tenemos las Glosas Silentes y Emilianenses sobre
vocablos dudosos latinos y ya en el siglo XII algunas obras como el Fuero
general de Navarra o el Líber regum ambas en navarro aragonés.
Es importante señalar que se produce un retraso con respecto a
la lírica, cuya explicación parece encontrarse en que la
prosa no puede realizarse a nivel oral, es preciso un mayor nivel cultural
para escribir prosa y en estos tiempos no existía.
El auge de la prosa en castellano se da aún contra el latín.
Recordemos que la obra del judío converso Pedro Alfonso Disciplina
clericalis, colección de exempla para predicadores, se escribe
todavía en latín a inicios del siglo XII.
Toda la nueva prosa comparte un rasgo: su carácter utilitario.
Ninguna de las obras que estudiaremos a continuación tiene como
función el simple goce literario o estético.
Entre los diversos géneros son curiosas las obras de viajes y geográficas,
en las que tiene algo que ver las Cruzadas y su impulso durante este siglo,
como La Fazienda de ultramar.
La consolidación y extensión de los diferentes reinos peninsulares
crea situaciones sociales nuevas que van a exigir una profusa y novedosa
literatura de tipo legal. Entre este tipo de textos destacan además
de la labor de Alfonso X, el Fuero General de Navarra (1250), el Fuero
de Brihuega o los Anales toledanos segundos.
La convivencia de las tres castas en la península explica la existencia
de un género de literatura gnómica tan grato a los árabes
y a los judíos. Se trata de una literatura de carácter doctrinal
basada sobre todo en fuentes árabes. Todos estos textos guardan
estrechas relaciones unos con otros bien por comunidad de fuentes o influjo
directo. Destacamos la Disputa de un cristiano y un judío.
El género más importante va a ser el de las colecciones
de exempla por ser de carácter más puramente narrativo.
Los clérigos medievales se encuentran con un público iletrado
que tiene enormes dificultades para entender conceptos abstractos y que
además no conoce el latín. Por ello la Iglesia, consciente
de ese problema, decide en el IV Concilio de Letrán pasar a la
ofensiva evangelizadora utilizando nuevos medios más acordes con
la nueva situación. En las portadas de las iglesias y catedrales
esculpen las historias sagradas. Por ello también se compilan las
colecciones de exempla en diferentes lenguas romances que ayudaban a los
sacerdotes en su función de «enseñar deleitando».
Los exempla son relatos breves y de carácter claramente doctrinal.
El oyente saca conclusiones de tipo moral a través de los sucesos
que acaecen a los protagonistas de la breve historia. Por si el oyente
resulta incapaz de abstraer el mensaje por si mismo, suelen rematarse
los relatos con una breve moraleja para que el oyente capte el mensaje
moral de manera inequívoca.
3. LA LITERATURA EN EL RENACIMIENTO
El siglo XV es una centuria básica para la comprensión del
desarrollo español por los importantes acontecimientos que en él
se producen. En términos generales, diremos que se mantiene el
proceso de disgregación medieval iniciado con la crisis del XIV
y concretado en las siguientes líneas de fuerza:
- El surgimiento de una economía monetaria
- Las luchas por el reparto de poder entre el rey y la nobleza reiniciadas
con Pedro I (muerto en 1369) prosiguen ahora con el reinado del Juan II
y su condestable Álvaro de Luna que es finalmente decapitado. Victorias
constantes se producen para la nobleza en el reinado de Enrique IV (llegando
a la llamada Farsa de Ávila). A partir de 1474 con Isabel I de
Castilla, todo cambia y se funda el primer estado moderno de poder absoluto.
- El problema del antisemitismo será una constante en la vida social
del país y conducirá a la expulsión de 1492.
- 1492 es el año mágico por tres razones básicas:
la conquista de Granada y la expulsión de los judíos que
dan la unidad territorial y religiosa y el Descubrimiento de América.
En lo que se refiere a la cultura, es el siglo del avance burgués:
- Se produce una poderosa influencia italiana que vive su Quatrocento,
nuevo arte de estirpe burguesa y laica que pone al hombre y a la cultura
clásica como centro de su temática. Se introduce esta influencia
de forma intensa a través de la obra de diferentes escritores,
sobre todo tras la conquista de algunas cortes de Italia por parte de
Aragón.
- Se produce por tanto el fin del dominio eclesiástico en el arte
y así conceptos como el placer o la fama serán manejados
sin rubor a partir de ahora. Producto de esto es la creación de
una brillantísima lírica sin parangón en la época
anterior.
La introducción de las formas y el espíritu italiano data
del siglo XV cuando ya hay autores como Santillana o Juan de Mena que
comienzan a imitar a los dos modelos básicos del Renacimiento literario
italiano: Dante y Petrarca.
Esta influencia no sólo se refería a las formas sino también
al espíritu italianista relacionado esencialmente con el amor prohibido,
pues lo que se hace es alabar apasionadamente a una mujer que se ama fuera
del matrimonio y además compararla con el amor a la virgen. Es
una concepción del amor que choca con la norma social. Estos temas
siempre se mostraron unidos de alguna u otra manera al metro endecasílabo.
El espíritu de la lírica amorosa se va a fundamentar en
el denominado Petrarquismo, modelo poético que va a regir en Europa
bajo diferentes aspectos durante el Renacimiento y el Barroco.
La primera mitad del siglo XVI se caracteriza por el surgimiento de la
incipiente burguesía y sus valores. En el plano cultural, entramos
en el llamado Renacimiento, donde la influencia proveniente de Italia
se concretará en la temprana introducción de los temas y
el espíritu de la nueva lírica basada en el endecasílabo
y en el tratamiento del tema del amor y la naturaleza enlazando con la
tradición clásica latina y griega.
Asistimos a una importante serie de luchas religiosas. Al momento inicial
de preponderancia erasmista con su visión abierta e interiorista
de la religión cristiana, sobrevendrá una visión
más ortodoxa e inquisitorial encabezada por los jesuitas. En este
ambiente de «reacción católica» la literatura
de la segunda mitad del siglo se caracteriza por ser una literatura clericalizada
(4 de cada 5 escritores son clérigos) y además reprimida.
De hecho, todas las prácticas religiosas en las que se daba la
relación individual e íntima entre Dios y el hombre (como
el Erasmismo, por ejemplo) eran fácilmente clasificadas como Iluminismo.
De ahí que la literatura de San Juan o Santa Teresa resultase tan
sospechosa y obligase a estos autores a escribir Glosas para convencer
de su pura ortodoxia católica.
Hay una serie de elementos que enmarcan el auge de la narrativa durante
el siglo XVI:
- El invento de la imprenta, supone la ampliación del público
lector, al abaratar los costes.
- Una nueva clase social llega a la lectura: los burgueses, los nuevos
estudiantes y las mujeres. Ellos tienen una nueva sensibilidad que se
expresará en estas obras.
- La lectura personal que permite la imprenta, posibilita además
la profundización en la psicología del personaje pues permite
las vueltas hacia atrás y hacia adelante y aclara pasajes más
oscuros. Es una lectura más reflexiva con lo que la prosa da un
salto enorme.
- La mayor parte de la narrativa de esta época son novelas de corte
idealista que enlazan con tendencias del romancero. Ello se debe, según
una parte de la crítica, a la necesidad que siente la población
de crearse paraísos idealizados en una época en la que el
racionalismo está acabando con los reductos sentimentales de la
época anterior. Se trata pues de literatura de tipo escapista ante
una realidad que, por una razón u otra, no acaba de convencer.
Por otro lado, a finales de la Edad Media la nobleza
se va haciendo más cortesana y refina sus gustos, dando lugar a
un caballero más elegante y menos heroico. A esto debemos añadir
la degeneración de la épica que ya no conecta con la nueva
sensibilidad.
- Los libros de caballerías narran las aventuras de un caballero
andante, que es compendio del héroe medieval y del amante cortés
de la Baja Edad Media.
- La novela sentimental. Las causas sociales de esta novelística
hemos de encontrarlas en el auge burgués que se produce durante
el siglo XV. Son tratados para gente burguesa y cortesana, no guerrera.
No aparece el elemento bélico como tema dominante. En sus inicios
hay varias influencias literarias como la Fiammeta de Boccaccio (1343)
y elementos de la poesía de cancionero como el amor cortés.
- La novela pastoril. El género pastoril encuentra sus orígenes
en las Bucólicas de Teócrito y sobre todo de Virgilio donde
se definen ya sus caracteres esenciales (pastores-arcades dominados por
penas amorosas en un escenario idílico). Sin embargo, la influencia
decisiva vendrá de Italia. Boccaccio recoge la tradición
y Sannazaro con La Arcadia, traducida en 1549, dará carta de naturaleza
al género creando sus rasgos más característicos.
- Novela bizantina. La novela bizantina surge también en el Renacimiento
y basada en convenciones idealizadoras. Es una historia de amor en la
que dos amantes tras una separación que incluye variadas aventuras
y largos viajes consiguen de manera sorprendente reunirse y ser felices.
El modelo está en Grecia, Heliodoro con Teógenes y Clariclea
y Longo con Dafnis y Cloe.
4. LA LITERATURA EN EL BARROCO
En el Barroco, a ese Manierismo caracterizado por su retorcimiento formal,
se añade la libertad creativa que transforma la armonía
y la serenidad en tensión vital. Esta evolución desde el
Renacimiento se atestigua en el hecho de que durante esta época
de hecho se mantienen elementos renacentistas en el arte y la poesía.
Se mantienen los temas del petrarquismo como la belleza de la dama o el
fin purificador del amor platónico como es perceptible en Canto
solo a Lisi de Quevedo. El tema de la naturaleza también aparece
por ejemplo en las Soledades y desde luego el elemento mitológico.
La imitatio sigue siendo el principio artístico en el que se basa
la producción, lo que ocurre es que se distorsiona el sistema.
Se produce por tanto una desmitificación del sistema renacentista.
El Barroco utiliza ese sistema degradándolo. El desengaño
del que hemos hablado antes afectó no sólo a elementos filosóficos
y sociales, sino también al propio idealismo neoplatónico
sobre el que de alguna manera se asentaba la producción renacentista.
Se produce una reacción señorial que ahoga la poesía
idealista y en el fondo burguesa.
Este fin del idealismo se traduce en la irrupción de la vida y
la degradación en las formas poéticas y artísticas.
El barroco sustituye el canon renacentista basado en la idealización
por otro basado en lo real, lo vivido (luego transformado en arte, en
ocasiones de forma degradada).
5. LA LITERATURA EN LA ILUSTRACIÓN
Para una comprensión global del Siglo XVIII, el dato más
relevante desde el punto de vista histórico es sin duda el auge
de la burguesía. Esta clase va entrar en el siglo con un peso muy
importante gracias al desarrollo del artesanado urbano como consecuencia
de las necesidades del consumo de la nobleza y las monarquías,
al desarrollo de la actividad mercantil y muy especialmente del comercio
marítimo.
Este conjunto de causas y consecuencias le otorgan un perfil singular
y característico a este siglo XVIII también llamado siglo
de La Ilustración o siglo de Las Luces. Un siglo de profundos cambios
basados en la libertad individual y la razón. "Ilustrar deleitando"
será lema de esa literatura al servicio del bienestar del hombre.
Cada época histórica produce un género literario
concreto. De igual forma que el cantar de gesta es la forma literaria
típica del mundo medieval, la novela es un producto característico
de la sociedad burguesa contemporánea.
El realismo no surge como oposición al romanticismo. Ambos suponen
un desacuerdo con la realidad que conduce en un caso al mundo ideal y
a los sueños y en el otro lleva a un examen crítico del
mundo que les rodea.
Mientras va declinando la mirada romántica y conforme se agudizan
los problemas sociales, va afianzándose la opción realista.
Lo que ocurre es que mientras estas obras se consideran residuos de una
forma de escribir condenada casi a desaparecer o destinadas a un público
poco cultivado intelectualmente, las nuevas novelas realistas inauguran
un camino que seguirá vigente, con los lógicos altibajos,
hasta nuestros días.
Esta misma relación entre cambio político-social y literatura
explica por qué en España se produce una llegada más
tardía de las nuevas formas narrativas.
Al igual que ocurre con la llegada de la literatura romántica,
también la realista tiene un desarrollo más tardío
en España que en el resto de Europa. En España habrá
que esperar a la caída de Isabel II (1868), hasta 1870, para que
Galdós inaugure el género con su novela La Fontana de Oro.
6. LA LITERATURA EN EL SIGLO XX
La primera mitad del siglo XX en Europa es la historia de la crisis filosófica
en el optimismo burgués y del camino del sistema capitalista hacia
la resolución de sus contradicciones por medio de terribles enfrentamientos
civiles y militares. Son bastantes los acontecimientos históricos
cuya repercusión es evidente en la novelas de la época.
Los felices años veinte son la época de las vanguardias
y de la deshumanización del arte que se traduce en una novelística
de tipo vanguardista que enlaza con la obra de varios escritores.
En todo caso, la ruptura de la idea de progreso de la que hablamos inicialmente
unida al
Desastre del 98 genera en los intelectuales y artistas una profunda insatisfacción
ante su realidad vital que se expresa por medio de un arte contra esa
realidad burguesa y fracasada.
Ese arte "nuevo" que supera el realismo triunfante en la época
se expresa en un movimiento de contornos y rasgos vagos y en ocasiones
coincidentes.
La novela realista había sido el buque insignia del arte burgués.
La sociedad había encontrado en la novela el marco idóneo
para mostrar la epopeya dentro de la sociedad contemporánea burguesa.
La sociedad en su conjunto, los éxitos y fracasos de sus individuos
habían pasado a ser el centro de la creación novelística.
Así, durante esta época, aunque se dan líneas entrecruzadas
y hasta antagónicas en las diferentes tendencias novelescas se
aprecia un objetivo común: acabar con la novela realista burguesa.
Este ataque se da desde diferentes líneas que aparecen entrecruzadas
y entremezcladas pero que podríamos sintetizar así:
- El Modernismo que incide en una evasión de la sociedad opresiva
de la Restauración y su sustitución por una realidad más
estilizada.
- El 98 que busca desde presupuestos basados en la filosofía irracionalista,
una explicación a la conducta humana y de los españoles.
- El vanguardismo que desestructura la realidad de la novela debido a
la percepción de una realidad desestructurada.
- El intelectualismo que centra su producción en la creación
de una novela centrada en el estilo novelístico.
- El arte proletario centrado en la exposición y crítica
de las condiciones de vida proletarias como forma de concienciación
social proletaria.
El siglo XX se inicia con un auge importante en la publicación
de novelas. La prolífica obra de los escritores del momento, la
diversidad temática que abarca desde el folletín a la novela
erótica y el esfuerzo editorial que crea nuevas colecciones de
novela, producirá un incremento en el número de obras publicadas,
algunas de ellas con tiradas enormes, de hasta 60.000 ejemplares.
Además hay un gran esfuerzo traductor y así aparecen en
castellano las novelas de autores como Kafka, Joyce, Proust, etc. Se trata,
por tanto, de una época de favorable acogida a la novela. Aunque
resulta muy difícil sistematizar tan amplio número de publicaciones,
quizá su rasgo, característico más general es la
ruptura con el realismo decimonónico.
- La novelística realizada tras la Guerra Civil en España.
Ello supone que muchos novelistas van a irse del país tras la guerra
por lo que no desarrollarán su narrativa en España y salen
del ámbito de este tema.
El 1 de Abril de 1939 concluye la guerra civil. Se instaura el régimen
dictatorial de Franco.
Así pues la vida cultural española está marcada por
varios factores: el aislamiento cultural que repercute en la labor poética,
la constricción del mercado de lectores resultado de la situación
política y económica y la beligerancia política de
los escritores magnificando a los vencedores que relacionará cultura
y propaganda.
La guerra civil tiene enormes consecuencias sobre la narrativa de posguerra
entre las que destacamos.
- Ruptura generacional: muchos novelistas de los últimos años
de la Dictadura o de los años de la República van a desaparecer
del panorama literario por su muerte (Unamuno, Valle) o por su exilio
(Ramón J. Sénder, César M. Arconada, Max Aub, Arturo
Barea, etc.) Así hay un vacío entre el 98 y los escritores
de los 40 que rompe el normal desarrollo de influencia-rechazo de la evolución
literaria.
- Aislamiento cultural e ideológico: Traducido en una rígida
censura que producirá una verdadera autarquía cultural por
lo que se dará un deplorable desconocimiento de las experiencias
más renovadoras de la narrativa contemporánea hasta los
años 60. En vez de Proust, Kafka o Joyce, el lector español
recibe literatura de evasión auspiciada por el poder.
- Militancia ideológica: La militancia fascista de los escritores
de los cuarenta llevará a una militancia de signo opuesto en los
escritores agrupados bajo el denominado "realismo social".
Es tal el grado de beligerancia política tras la paz que sólo
quedarán 2 caminos a los escritores de la época: unirse
al coro magnificando a los vencedores y despreciando a los vencidos o
relacionando de cualquier otra forma cultura y propaganda. Las voces que
intentan mostrar la España real deberán disfrazarse para
burlar la intolerancia del régimen por medio del humor o el tratamiento
simbólico. Solo una pequeña parte dejará entrever
la España real, aunque velándola de alguna manera.
Durante los años 60 se produce una importante mejora. El fin del
aislamiento del régimen permite la entrada de libros e influencias
literarias extranjeras que con el paso del tiempo irá a más.
La oposición al régimen es capaz de organizarse mejor. Se
da una cierta politización entre los capas de los jóvenes
universitarios, profesiones liberales y clase trabajadora. Surge por ello
una prensa crítica o liberal como Triunfo, Cuadernos para el diálogo
o Revista de Occidente. Ello es posible por la reorganización de
la oposición y el acceso de nuevos sectores a la cultura.
La mejora económica produce una transformación del mercado
editorial. Destino sigue lanzando autores a través del Premio Nadal
a la que se incorpora Seix Barral no sólo descubriendo valores
patrios sino transmitiendo la novela extranjera contemporánea.
Se produce una posición, de compromiso de los escritores aunque
ahora de signo político contrario al régimen y organizado
más o menos en torno al PCE.
La novela social es el movimiento novelístico más importante
y característico de la época.
En 1975 muere el general Franco y comienza en España una época
de cambios políticos que iban a integrar a nuestro país
dentro de las democracias occidentales. Si miramos hacia el mundo cultural,
el hecho más trascendente fue sin duda la eliminación de
la censura: libertad era la palabra.
Podemos citar algunas características definitorias de la cultura
española:
- El rasgo más importante de la evolución cultural fue el
fin de la censura y la vuelta de miles de exiliados entre los que había
destacadas figuras como Rafael Alberti, Claudio Sánchez Albornoz
o María Zambrano. El ciclo cultural normal se había restablecido.
La libertad había vuelto tras 40 años a la cultura española.
- La cultura española consiguió en estas décadas
incorporarse a la creación cultural europea y mundial. Por otro
lado, las creaciones extranjeras influyen hoy directamente sobre los artistas
españoles superando el atraso que en este sentido había
producido la dictadura.
Uno de los caracteres culturales en los años 1970-90 ha sido la
mercantilización de la cultura, el arte se convierte en objeto
de consumo. El mercado literario se ha regido a partir de entonces, con
mayor mimetismo que nunca, por las leyes que el mercado capitalista había
aplicado tradicionalmente a la producción industrial y que en la
literatura se aplicaban amortiguadas por su consideración como
arte.
La realización de estudios de mercado pasó a ser algo habitual.
Una vez determinadas cuáles son las demandas del público,
se traslada el trabajo creativo a los escritores.
Esto ha llevado a revitalizar la escritura por encargo tan propia del
siglo XIX. Así, las modas literarias, generalmente originadas en
el extranjero, resultaron determinantes en la evolución de la novela
de estos años.
La utilización de las campañas de promoción y de
la publicidad mejoró considerablemente. Los medios de comunicación
fueron la plataforma para promocionar a determinadas obras y escritores
(suplementos culturales y literarios de los periódicos destacando
por su influencia durante toda una época el de EL PAÍS,
revistas culturales con secciones de crítica de libros como El
Urogallo, Leer, etc.).
Los premios más importantes, como el Planeta o el Nadal comenzaron
a convocarse con fines esencialmente comerciales. Se fallan poco antes
de fechas estratégicas (navidad o verano) para conseguir ventas
mayores. Dejaron de ser justas literarias entre jóvenes y desconocidos
autores pues resulta más rentable que venzan escritores consagrados
(Marsé, Cela, Muñoz Molina) o incluso presentadores de televisión
con lo que la promoción resulta mucho más sencilla y hasta
gratis (pues los presentadores aparecen todos los días en la pequeña
pantalla).
La incorporación de cientos de miles de españoles al sistema
educativo generó un público potencial para la literatura
más amplio, sobre todo para la literatura juvenil. Sin embargo,
no está tan claro que todo ese público demande una literatura
de calidad. Por ello surgió (sobre todo en determinados subgéneros
como el terror, la intriga o el erotismo) una sub-literatura que caracterizada
por su escasa ambición temática y estilística, es
simplemente un objeto de ocio más y no se plantea la perduración
a través del tiempo (requisito indispensable para la creación
artística).
Todas estas razones permitieron un importante aumento en las tiradas de
los libros más vendidos, los llamados best-séller. Comenzaron
a lanzarse ediciones de novelas con tiradas impensables años antes.
25.000, 50.000 y hasta 100.000 ejemplares han llegado a convertirse en
tiradas habituales para algunos escritores españoles.
Sin embargo, mientras unos pocos copan el 70% u 80% de las ventas, legiones
de escritores se contentan con un pedazo minúsculo de la tarta:
el anonimato y cifras de ventas tan escasas que les impiden vivir de la
literatura.
Los años 1970-90 se caracterizaron por su desarrollo confuso y
en ocasiones contradictorio.
La multiplicidad de tendencias y corrientes fue tal que resulta muy difícil
trazar un esbozo general. Sin embargo y a pesar de los inconvenientes
que implica toda generalización, resulta necesario trazar aquí
unos rasgos que puedan guiar el análisis de la literatura de esta
época:
- En primer lugar, la novela de este período se caracteriza por
la crisis del compromiso. Esta crisis del compromiso se debe a la influencia
de la literatura extranjera e hispanoamericana donde la literatura de
compromiso había caído en descrédito hacía
años y también a que el final de la dictadura permitió
que las ideas políticas se pudiesen defender, sin subterfugios.
Por otro lado, sería injusto olvidar a escritores que dentro del
género novelístico realizaron una disección crítica
de la sociedad española durante esta confusa época. Muchas
veces a partir de moldes policíacos como en el caso de Luis Mateo
Diez, Juan Madrid o Manuel Vázquez Montalbán. Sin embargo,
fueron los menos.
- La mayoría de la producción se moverá en parámetros
opuestos. Fue tal la renuncia a tratar la actualidad social, que resulta
casi imposible encontrar novelas durante este período que aludan
a acontecimientos esenciales de España en estas décadas
como el paro, el terrorismo, las amenazas golpistas o el felipismo. Incluso
en muchas ocasiones se prefirió ambientar la novela en épocas
o escenarios lejanos a la realidad española. Por tanto, la industria
editorial y los escritores de esta época entendieron que la novela
no era el lugar adecuado para el análisis social.
- El terreno donde se movió la novela de estos años fue
el de la individualidad y los sentimientos. Se produjo un evidente cambio
en el centro de interés: del nosotros (lo social) al yo (lo individual).
Gran parte de la producción se centró en el análisis
pormenorizado, y muchas veces con gran sensibilidad, de los sentimientos
humanos. Así, el amor, la amistad, el miedo a la muerte, el orgullo,
etc. fueron tratados desde un punto de vista individual e íntimo,
sin incidencia social. Muchas veces, la novela se compone a partir de
la tensión entre la sensibilidad individual y el exterior al individuo,
de alguna manera hostil. En la mayoría de las novelas, se pretendió
analizar las acciones humanas como consecuencia de unos sentimientos y
unas pasiones determinadas y no como productos de la sociedad. Es más
que probable que la sensación de aislamiento y de lucha encarnizada
del hombre contra una sociedad cada vez más hostil, esté
detrás de este auge de la introspección.
Las circunstancias históricas y políticas hicieron que diferentes
generaciones de escritores con formación literaria y vivencias
muy disímiles, confluyeran en la época 1970-90. Confluyen
el grupo que podríamos denominar generación de la posguerra
(Cela, Delibes, Torrente, etc.), la llamada generación del 50 o
del medio siglo (Juan García Hortelano, Juan Marsé o Carmen
Martín Gaite), un tercer grupo que se da a conocer en los sesenta
y que se caracteriza por su ruptura con el realismo y su afán experimental
(Juan Benet, Guelbenzu. Juan Goytisolo) y finalmente la generación
de escritores que se dio a conocer durante los ochenta. Las características
señaladas antes tienen relación con su obra más que
con la de ningún otro grupo y así podríamos decir
que son los escritores más significativos de estos años
(1970-90). Entre ellos conviene destacar a Eduardo Mendoza, Julio Llamazares,
Jesús Ferrero, Antonio Muñoz Molina, Félix de Azúa,
etc.
Como conclusión podríamos decir, que aunque
desde los medios se nos diga que la literatura está pasando por
un mal momento, en que parece que la gente no lee, por la rapidez de la
sociedad, sin embargo, ahora más que nunca, se compran libros,
por lo que el género narrativo en modo alguno está en decadencia.
Aboguemos por la literatura, una literatura de calidad que nos evada pero
que a la vez nos enseñe.
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