EL COLEGIO MAYOR DEL ARZOBISPO FONSECA
http://www.alonsocano.tk        ISSN: 1697-2899                   D.L:GR2134/2004

 

 

 

 

 

EL COLEGIO MAYOR DEL ARZOBISPO FONSECA O DE LOS IRLANDESES

Maria Angeles Alonso Cabrera
Lcda. Historia del Arte


.1-BREVE HISTORIA DE SALAMANCA.

La historia de Salamanca se pierde en los tiempos prehistóricos. Se sabe ya de un primitivo núcleo de pobladores, a orillas del río Tormes, a los cuales sucedieron pueblos célticos, de cuyo tiempo se conserva uno de los verracos (el llamado "toro de la puente"), que es el símbolo de la ciudad y forma parte del escudo de la misma.
Correspondiente al siglo III a. C. es la llamada Puerta de Aníbal, que nos habla de las luchas que tuvieron lugar entre romanos y cartagineses en estas tierras.
Después de la invasión musulmana, Salamanca será reconquistada en el siglo XI y repoblada por el conde don Raimundo de Borgoña, esposo de doña Urraca, hija del rey Alfonso VI. Comienzan, de este modo, a nacer los esplendores, especialmente culturales, que ya no abandonarán Salamanca jamás. Se construye la catedral románica y, en 1218, se crea la universidad, la más antigua de España y, también, de las primeras de Europa.
Pasados los tiempos medievales, la edad moderna, con el renacimiento y el barroco, será todavía más próspero para Salamanca, por lo que son numerosos los testimonios monumentales de entonces.
El alborear del siglo XIX, con las guerras napoleónicas, fue negativo para la provincia y la ciudad, que sufrió grandes destrozos en los enfrentamientos que le tocó vivir. Posteriormente, Salamanca logra ir recuperándose poco a poco, apoyándose especialmente en el resurgimiento de la universidad, que le ha proporcionado un gran prestigio cultural en el mundo entero.

2-ALONSO DE FONSECA.

Nació en Compostela hacia 1473 en la casa donde, se levantaría el Colegio de Santiago Alfeo por él fundado. Al ser su padre prelado (superior de un convento) se le abrieron muchas puertas que desembocarían en una brillante carrera eclesiástica: a los 15 años ya era canónigo de Santiago y a los 21, arcediano de Conrado.
Al convertirse su padre en Patriarca de Alejandría, Alonso pudo acceder al título de Arzobispo de Santiago a la edad de 30 años. En esta época de su vida es cuando se hace más inequívoco el gusto por el arte del renacimiento, convirtiéndose en un gran mecenas. Todo ello le trajo enfrentamientos con el Cabildo de Santiago y, en general, con aquellos que vivían anclados en el pasado. También en estos años se comenzó a fraguar la amistad entre Alonso de Fonseca y Carlos I.
En 1524 fue nombrado Arzobispo de Toledo. Aparece ahora en muchos acontecimientos relacionados con la vida de Carlos I. Por ejemplo, recibió a Isabel de Portugal, futura esposa del monarca en Badajoz, en 1526; e incluso, impartió misa para los recién casados la misma noche de bodas. Fue con los monarcas a Granada, formando parte del Consejo de Estado.
A pesar de la importancia de sus tareas en estos campos, es especialmente recordado por su interés por la cultura y su labor de mecenazgo. A la par se encuentra su amistad con Erasmo de Rótterdam. Favoreció la actividad literaria de Alvar Gutiérrez de Torres, Diego de Sagredo y Juan de Oria, cuyos libros dedicaron también a don Alonso. Asimismo, era aficionado a la música, amparando la edición de las obras de Domingo Marcos Durán.
Patrocinó muchas obras artísticas y arquitectónicas, a las que no sólo dedicaba su dinero, sino por las que mostraba personal interés, como vemos en el caso del colegio salmantino. Su actividad como mecenas artístico es amplia y tiene como beneficiarias las ciudades de Santiago, Salamanca y Toledo.
En Santiago de Compostela reformó el palacio arzobispal y edificó un nuevo claustro en la Catedral, iniciado en 1521. En 1533 comenzaría otra obra bajo su iniciativa: el Colegio de Santiago Alfeo, futuro germen de la universidad compostelana.
En la ciudad de Salamanca continuó el patronazgo que había ejercido su padre con la iglesia de San Benito, el convento de San Francisco y el monasterio de las Úrsulas, donde se encuentra el sepulcro de su padre, que encargó a Diego de Siloé. A todo esto hemos de añadir el Colegio de Santiago el Cebedeo, unánimemente calificado como una de las mejores obras del Renacimiento español. Por todo ello y por haber liberado a la ciudad del pago de tributos, don Alonso recibió el título de Padre de la Patria y Libertador de sus vecinos.
Cuando ocupaba la sede primada de Toledo mandó reformar el palacio arzobispal de Alcalá de Henares y edificar en la Catedral la Capilla de los Reyes Nuevos. Los artistas involucrados en todas estas obras fueron de los más prestigiosos que se podían encontrar: Juan de Álava, Alonso de Covarrubias, Diego de Siloé o Juan de Borgoña.
En 1531 dejó hecho testamento dejando dicho que el lugar de su enterramiento debía ser el Colegio de los Irlandeses.

3-COLEGIO MAYOR DEL ARZOBISPO FONSECA.


Colegio Mayor del Arzobispo Fonseca

Creado por don Juan de Fonseca, arzobispo de Santiago y posteriormente de Toledo, fue autorizada la fundación por Bula de Clemente VII de 13 de octubre de 1525.
Recibe también los nombres de Santiago Apóstol y de Nobles Irlandeses; el primero por su dedicación a Santiago, cuya figura ecuestre está esculpida en el medallón de la portada. En cuanto al segundo, se originó con ocasión de la venida a Salamanca de los irlandeses, que procedentes de Valladolid, habían conseguido que el rey Felipe II escribiera en 1592 al rector de Salamanca pidiendo les ayudara. Se establecieron en la residencia de los jesuitas, tras haber ocupado distintos edificios de la ciudad. Ausentes de ella en 1810 con motivo de la guerra de Independencia, al regresar en 1818 hallaron tropas en su colegio, instalándose entonces en el palacio de las Cuatro Torres, pidiendo se les concediese el Colegio del Arzobispo como compensación a lo perdido en los jesuitas. Consiguieron su deseo en 1838, entregándoseles el edificio mediante acta de posesión fechada en 30 de noviembre del mismo año, sin la hospedería, que pasó a la Junta del Colegio Científico. En abril de 1875 arrendaron la hospedería que por entonces estaba destinada a Hospital Militar y de Coléricos, subarrendándola a la Casa de Misericordia. Finalmente en 1901 pasó la hospedería a la Facultad de Medicina que instaló allí parte de sus dependencias.
Las gestiones del rector Esteban Madruga condujeron a la recuperación del Colegio para la Universidad, ya que desde 1936 los estudiantes irlandeses de San Patricio no volvieron a Salamanca, inscribiéndose legalmente en el Registro de la Propiedad y verificando los trámites jurídicos para la reintegración del edificio al patrimonio de la Universidad.
Pese a que su fundación es la de 1521 o si se prefiere la de 1525, en que Roma la ratifica, hay constancia documental de que en 1519 se estaba construyendo:

“Es una de las edificaciones mayores de la ciudad; mide su fachada ciento veinte metros, en los que se incluyen, como era tradicional en los grandes Colegios, el edificio central de éste, la capilla, que aquí tiene honores de gran iglesia, y la hospedería resultado de una adición posterior. Grandes maestros trabajaron para el arzobispo en esta importante obra que registra dos etapas en la realización del primer grupo de edificios, más una tercera para la hostelería”.

El Colegio marca un hito en la evolución del plateresco salmantino, con novedades como la utilización de la puerta adintelada, abandonándose el tradicional arco, sistemáticamente empleado hasta ahora en casi todas las construcciones de este tipo. Por otra parte, el empleo de materiales mixtos, tanto en composición como en coloración, consigue un grato efecto óptico con la mezcla de la piedra arenisca dorada de Villamayor y el granito gris acerado, que dos siglos después tendrá su repercusión en la construcción del nuevo edificio del Colegio de San Bartolomé, que ya conocemos, y en la barroca hospedería de este Colegio del Arzobispo, pues en ambos sus constructores combinaron con el mismo éxito iguales materiales.”

Como era tradicional en Salamanca en el siglo XVI, se utilizaron dos tipos de aparejo para la fachada: la mampostería en los paramentos generales y la sillería de primera calidad para las zonas más nobles en las que, naturalmente, se incluye la portada y la segunda fase de la iglesia. Este doble tipo de fábrica se produce como resultado de dos etapas distintas, bien notables en el edificio de la antigua Universidad, en la fachada de la iglesia de las dominicas y en este Colegio, produciendo el mimetismo de pequeñas construcciones que siguen así huellas artísticas de obras mayores, tal el caso de la casa del camarero de Fonseca don Diego Maldonado, el convento de Hábeas Christi y tantas casas de mampostería que enriquecen su portada con bien cortados sillares, siempre con notable éxito estético.
La gran fachada del edificio a la izquierda de la iglesia, sobre una zona elevada a la que se accede por dos escalinatas flanqueadas de fustes de columnas, marca dos estilos bien definidos el gótico del templo muy marcado en sus dos airosos y rasgados ventanales, y lo ya definitivamente consagrado renacentista, tanto en la portada como en los detalles ornamentales de los vanos del Colegio.


4-FACHADA.

4.1-Portada.
Centrándonos en la interesante portada advertimos que en parte está concebida como el tradicional retablo plateresco, pero con mayores concesiones a lo estrictamente arquitectónico. Así, en el primer cuerpo, solamente un gran vano enérgicamente resuelto con jambas y dintel monolíticos de granito de Villavieja, se flanquea por pares de columnas adosadas y acanalada de un original orden jónico, en cuyos intercolumnios veremos en primer efecto combinado con el tono cálido de la piedra de Villamayor, al contemplar una filacteria ondulante que cae de la boca de un león. Como señala Marías, el uso del orden jónico –asociado a hombres de carácter letrado- en fachadas es sorprendente en el contexto arquitectónico español de la época. La interpretación de este orden por los tallistas del equipo de Álava –que llevaron a cabo este trabajo entre 1533 y 1534- es realmente extraña y no se parece en nada al que el propio Siloe emplea en otras obras de Granada o Guadix. Dos temas vegetales carnosos a modo de acantos son la única nota ornamental en los arranques del dintel, hasta que pasado el entablamento, el segundo cuerpo, ordenado en torno a una ventana, carga más lo decorativo sin perder la dependencia funcional con el cuerpo inferior.
Tres conchas jacobeas con charnela arriba alternando lados visibles, cruzadas de bordones y cayados, nos anuncian la advocación santiaguista del edificio. Dos cuernos de la abundancia llevan nuestra mirada a ambos lados de la ventana, en la que dos círculos enérgicamente moldurados, contienen blasones de forma italiana con los cinco luceros del apellido del fundador.
Siguiendo la pauta de lo anterior, otros dos pares de columnas de módulo y fuste menores, flanquean dos estatuillas en las que se ha querido ver retratos de los dos Fonseca, pero que Sendín identifica como San Ildefonso y San Agustín, a izquierda y derecha del observador, respectivamente. Ambas se apoyan en ménsulas goticistas, pero con conchas renacientes a modo de doseletes.
Seguidamente encontramos un nuevo entablamento, que como en el inferior, es movido de planos para culminar en un gran medallón central con relieve de Santiago a caballo tenido por genios alados, tras los que dos parejas de flameros finalizan la composición. Se representa en el medallón a Santiago en la batalla de Clavijo, enmarcado en un tondo granítico. Es el medallón salmantino de mayores dimensiones, tiene una composición muy dinámica y es obra de un buen entallador que trabajó también en San Esteban. Las vieiras en el zócalo del segundo cuerpo, acompañadas e otros objetos propios de los peregrinos (bordón, sombrero, calabaza, zurrón y alabarda), recuerdan de igual manera la advocación del Colegio.
Siempre se ha dicho que esta fachada supone el primer esfuerzo purista realizado en Salamanca. Fue Gómez Moreno el primero en establecer conexiones con las concepciones de Machuca en el palacio de Carlos V de Granada. Pita Andrade señala el paralelismo entre los círculos con los escudos del fundador y el relieve de Santiago “Matamoros” y los óculos de la fachada occidental del palacio granadino. En todo caso, esta portada es un punto de arranque de fórmulas arquitectónicas que tendrán su difusión en Galicia a través del colegio Fonseca de Santiago.
Un último logro de la portada es la combinación de dos tipos de piedra: el granito y la arenisca de Villamayor, subrayando el primero los elementos netamente arquitectónicos (columnas, dinteles, tondos) y quedando la segunda asociada a los aspectos decorativos.

Para armonizar con la nueva portada, Siloe trazaría las ventanas de la biblioteca y de toda la fachada, en general. Son muy originales porque igualan la verticalidad de los vanos de la capilla, creando un sistema de enlace entre las ventanas de los dos pisos. Las inferiores son de medio punto moldurado y tarjeta en la clave, flanqueadas por columnillas de fuste estriado y capitel compuesto, que sostienen un pequeño entablamento. Se apoyan en un alféizar con interesantes relieves decorativos. Un vano ciego enmarcado sirve para enlazar con los balcones adintelados superiores, coronados por un original remate, que consiste en un tondo vacío con alas entre flameros.

5-ZAGUÁN.

Se penetra al edificio a través del zaguán, que ocupa una posición central y lleva sus puertas enfiladas. Sobre éste hay una estancia similar que sirve de antesala a la biblioteca.
Es un espacio de planta cuadrada que cuenta con dos portadas de gran interés: una la ya citada del edificio, otra la plateresca de acceso a la capilla. Esta última tiene gran sabor del estilo de Juan de Álava o de Ibarra, al menos recuerda cosas suyas de la Casa de las Muertes y de la del Camarero de Fonseca don Diego Maldonado, que fue sepultado en este Colegio. Quizá la mayor diferencia radique en la talla un tanto más gruesa que en los edificios citados; claro que la cercanía del observador a los grutescos puede ser aquí la causa de ese efecto.
Se compone de un arco de medio punto flanqueado por pares de pilastras sobre altos pedestales que sostienen un entablamento remate en falso frontón curvo. Entre las pilastras hay hornacinas de proporciones verticales, que permanecen vacías. La estructura arquitectónica se cubre de ornamentación de grutescos en jambas y pilastras, así como en el entablamento, donde podemos observar dragones enfrentados en torno a copas. En la rosca del arco se disponen cabezas de querubines alados y en los capiteles una variada decoración a base de aves, máscaras, calaveras y volutas. En las enjutas del arco aparecen dos medallones que representan a Adán y Eva. En el tímpano se coloca también un tondo con el escudo de Fonseca sostenido por dos ángeles.
Como es tradicional, se cubre con bóveda gótica de combados, como las de la Catedral Nueva, San Esteban o las de las construcciones platerescas de Salamanca. Así es también la que corresponde con ésta en la planta superior, con arandelas talladas y luceros de Fonseca. Las puertas no desmerecen del conjunto con ricos herrajes y clavos de gran bulto.
En cada uno de los muros del zaguán figura un escudo del fundador dentro de un medallón sostenido por parejas de niños desnudos alados que se apoyan en serpientes de colas vegetales.
El zaguán permitía el paso al aula general grande, situada a la izquierda, hoy totalmente modificada en su aspecto. Allí se celebrarían ceremonias académicas, tales como los “actos de conclusión”, una especie de disputas cuya finalidad era el adiestramiento en la dialéctica y la lógica. En su día estuvo cubierta con un artesonado trazado por Alonso de Covarrubias y ejecutado en 1534 por los carpinteros Francisco de la Fuente y Juan Martín. En lugar destacado llevaría seis escudos de Fonseca y su aspecto sería renacentista, a juzgar por la decoración que se señala en el contrato. Sobre el aula general, y con sus mismas dimensiones, se ubicaba la biblioteca.
Esta dependencia contiene en la actualidad una serie de retratos de fundadores de colegios: además del retrato de Fonseca, Don Diego de Anaya, fundador del Colegio Mayor del mismo nombre; Juan de Cañizares, administrador de la obra del Colegio Fonseca; o Diego Ramírez de Haro, fundador del Colegio Mayor de Cuenca.

6-CAPILLA.

Aludimos ya a dos estilos en ambos edificios y, en efecto, la iglesia plenamente goticista parece que resultó pequeña o se quiso posteriormente que tuviera mayor relieve, por lo que el proyecto realizado por Juan de Álava al mismo tiempo que el zaguán de acceso conjunto a la iglesia y Colegio, hubo de ampliarse.
Interviene en esta reforma Rodrigo Gil de Hontañón, de quien hay documentos fechados en 15 de febrero de 1540, estando la obra a su cargo, según proyecto de Diego de Siloé, pudiendo ser el realizador material Pedro de Ibarra. Esta parte de la obra ya renacentista, exigió una difícil coordinación de formas para conseguir que el crucero y cabecera con pilastras adosadas, columnas acanaladas con capiteles clásicos en lo alto del cúbito cimborrio y los entablamentos corridos de los muros, no se vieran violentados por las bóvedas nervadas de la nave. Pues aunque éstas son de poca riqueza constructiva y ornamental en lo de Álava, por emplear plementería pobre y encalada, no contrastan excesivamente con los bien tallados sillares del crucero, cabecera y cimborrio, dando la impresión de que se ha pretendido revalorizar la importancia de esta parte, concluida en 1548 según consta en la cartela colocada bajo el escudo de Fonseca, en el lado oriental del cimborrio en su interior.

6.1-EL RETABLO.
Llama especialmente la atención el retablo. Fue realizado en arquitectura, y pincel por Alonso Berruguete según contrato de 1529 y es pieza que enriquece más, si cabe, el interior de este interesante templo.
Es de madera de tres cuerpos, suponiéndose debió estar montado en la primera capilla, cuyo testero correspondía a los pilares del crucero junto a la nave. Así, también de cabecera plana, es la capilla del Colegio de Fonseca, de Santiago de Compostela. Probablemente al trasladarlo a su emplazamiento actual se realizarían adaptaciones, que con partes desaparecidas y los desajustes existentes hacen pensar a Gómez Moreno en una reconstrucción en la que cree ver piezas de las características del de San Benito de Valladolid, coetáneo de éste. Según el mismo autor “de talla sólo quedan los tableros de los intercolumnios laterales, con tabernáculos y agitadas figurillas sin pies ni manos, como él solía; los cuatro frisos puestos debajo de las tablas altas, dos de ellas con grisallas sobre oro -como los Evangelistas de Valladolid- que figuran un caballero hiriendo con su lanza a un hombre caído, y algunas otras piezas insignificantes. De escultura no falta sino el Santiago, pues quedan el Calvario, la Quinta Angustia con San Juan y José de Arimatea llorando; San Bartolomé, San Cristobal y San Pedro arrepentido, figuras todas como de 0.84 de alto y además dos niños que de seguro no estarían en hornacinas como ahora...”. Las cuatro tablas de lo alto representan con figuras pequeñas, a Jesús entre los Doctores, su Bautismo, la Ascensión y Pentecostés plenas de italianismo, con muchas influencias de Miguel Ángel y Rafael, a juicio del repetido Gómez Moreno. En la zona inferior, otras cuatro tablas tienen por temas la Adoración del Niño con los pastores y magos, la Circuncisión y la Huida a Egipto, rematando el todo un frontón triangular con el Padre Eterno sumado de un escudo arzobispal de Fonseca.
Lo mejor es la strictam de los Pastores, que como todo lo demás acusa la mano maestra de Berruguete, con sus vinculaciones a lo escultórico y sus tonalidades estrictamente sobrias y verdosas, palidez de carnes y fuerte claroscuro.

7-EL PATIO.

Formando un recuadro de treinta y nueve metros de lado con ocho arcos en cada uno, el patio centra la vida del Colegio.
Obra de Juan de Álava, según trazas de Siloé, el cuerpo bajo sigue la estilística romana de superponer columnas a pilares y reincidir en el soporte simultáneo de arco y arquitrabe. La combinación no puede ser más afortunada aquí, produciendo un armónico claustro que no sólo es el más bello de los renacentistas salmantinos, sino indudablemente uno de los más equilibrados en su estilo. A ello contribuye una decoración, no por sobria menos lograda, en la que los medallones de las enjutas primorosamente tallados por Pedro de Ibarra según general atribución, manifiestan la habilidad creadora de quien como él manejaba el cincel con sin igual maestría; floreones en los encasetonados intradoses de los arcos y acantos en las claves con algún escudo de Fonseca en pocas, es todo lo que compone este primer cuerpo.
En el segundo, con igual ritmo, se transforman las semicolumnas en adosados balaustres, mientras los arcos de medio punto se tornan carpaneles. Entre las jambas hay abalaustradas barandillas de piedra con tondos heráldicos de Fonseca en los centrales. La misma decoración en enjutas y claves permite llegar a la cornisa, culminada en la línea de pilares por originales candeleros rematados en ambos pisos dan horizontalidad al conjunto, que parece buscar este efecto en su total planteamiento.
Amplias escaleras en los lados norte y sur comunican ambas plantas, siendo posible desde la alta contemplar talles y medallones, capiteles y escudos con su variadísimo repertorio de temas y delicadas labras. Destacan en este sentido, los capiteles del lado de la puerta principal del cuerpo bajo con zarcillos calados inverosímilmente en la piedra arenisca. Hay interesantes fisonomías en los modelos elegidos para los personajes de medallones, realizados siguiendo una costumbre de la época no sólo para servir de adorno sino para proporcionar una serie de tipos humanos, que por sus destacadas virtudes de valor, inteligencia o santidad eran dignos de ser emulados. Así lo hace notar Sendín Calabuig cuando cita textos de Vicente Carducho aconsejando que la decoración de las estancias se hiciera con series de personajes en función de la finalidad y destino que tuvieren los edificios, señalando también cómo Fray Diego de Arze sugiere para las librerías o bibliotecas, efigies de hombres eminentes en las letras.
Me gustaría hacer especial hincapié en los medallones que aparecen en el patio. El uso de medallones con la efigie de personajes históricos, mitológicos o sagrados en la decoración de edificios renacentistas es una costumbre ampliamente difundida y que tiene como finalidad, además de servir de adorno, proporcionar una serie de tipos humanos, que por sus destacadas virtudes de valor, inteligencia o santidad eran dignos de ser emulados. El florecimiento del Humanismo hizo renacer las legendarias vidas de los protagonistas más sobresalientes de la antigüedad clásica, los más famosos guerreros, las mujeres más virtuosas, a la vez que el ansia de gloria y fama del hombre renacentista colocaba a su misma altura a destacados miembros de su familia, antepasados o contemporáneos, a sus reyes y a personajes de la corte.
Sabido es que el Renacimiento español, desde sus más tempranos comienzos, cubrió de medallones las enjutas de sus portadas y galerías, y el espacio de frisos y paneles se lo disputaron las medallas con bustos y los abundantes grutescos. También en los sepulcros y sillerías del coro, los retablos, el mobiliario, las labores tipográficas y los objetos de adorno personal.
Para cubrir tal demanda, los escultores y entalladores del siglo XVI se sirvieron de repertorios, la mayoría de las veces simples dibujos y, en ocasiones, “corpus” magníficamente impresos en Italia, Francia y Alemania.
El patio del colegio tiene un total de ciento veintiocho medallones, dispuestos en las enjutas de las arquerías de sus dos plantas. El módulo para los situados en el cuerpo inferior es el mismo para todos: 44 cm. de diámetro.
La elección de los personajes representados y su distribución responde a un complejo programa, cuya fuente directa no conocemos. La ordenación ha de responder a un sentido alegórico más profundo que la mera distinción de sexo, pero en cualquier caso resulta sorprendente constatar no sólo la igualdad de número entre hombres y mujeres, sino también la alternancia relativa en su disposición, que salvo en tres casos, es además coincidente en ambos cuerpos.
Aunque la indumentaria de las figuras presenta una variedad ilimitada, los rostros efigiados responden a un concreto número de modelos. En la planta baja, donde los medallones son de más calidad y están mejor conservados, se utilizan siete series distintas para las representaciones femeninas y otras tantas para las masculinas, de manera que se pueden reconocer hasta un total de catorce tipologías distintas.

8-LA HOSPEDERÍA.

Las hospederías eran edificios independientes, generalmente adosados al Colegio y destinados a albergar colegiales “huéspedes” cuando habían concluido sus estudios, mientras esperaban un oficioso ventajoso en la administración del Estado o de la Iglesia. Su existencia no se contemplaba en los objetivos de la fundación, pero ya comienzan a documentarse a mediados del siglo XVI. El Colegio Fonseca fue el primero que levantó un edificio independiente destinado a este fin. Las trazas eran de Rodrigo Gil, quien en 1557 se obliga a construir, además de la hospedería, una puerta en la muralla de la ciudad, con la que el colegio lindaba. Era de planta rectangular, pero nada más se sabe de ella, pues fue sustituida por un edificio posterior en el siglo XVII. Apenas queda nada de la planta primitiva de fábrica, a excepción posiblemente de las bodegas.
Seién Güemes inició el actual edificio de la hospedería hacia 1677. Tiene planta rectangular edificada en dos alturas en torno a un sencillo patio con arquerías de medio punto sobre pilastras toscanas únicamente en el primer piso, y sólo en tres de sus lados, mientras que el segundo piso se abre con ventanas rectangulares con orejeras.
Respecto a la fachada principal de la hospedería, proyectada como la del Colegio hacia el sur, su autoría no está clara. Hasta ahora se barajaban los nombres de Andrés García de Quiñónez y Alberto de Churriguera.
Está situada en el centro, interrumpiendo el ritmo de las pilastras, y se abre en arco escarzano, bordeada por un grueso bocelón que en el centro cobija una cabeza de león, y se corona por un escudo de Fonseca al que rodea una frondosa decoración vegetal y dos cabezas de querubines. Por aquellas fechas no sólo se haría la actual fachada, sino que también se remodelaron las arquerías del lado sur del patio central, como delatan algunos detalles barrocos.


BIBLIOGRAFÍA.

-PITA ANDRADE, Jose Manuel. Don Alonso de Fonseca y el arte del Renacimiento. Santiago de Compostela, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1958.

-SENDÍN CALABUIG, Manuel. El Colegio del Arzobispo Fonseca en Salamanca. Salamanca, Ediciones Universidad, 1977.

-CASTRO SANTAMARÍA, Ana. El Colegio Mayor del Arzobispo Fonseca o de los Irlandeses. Salamanca, Ediciones Universidad, 2003.

-GÓMEZ-MORENO, Manuel. Provincia de Salamanca. Colección Catálogo Monumental de España. Madrid, Dirección General de Bellas Artes, 1967.

-CARABIA TORRES, Ana María. Colegios Mayores. Centros de Poder: los colegios mayores de Salamanca durante el siglo XVI. Salamanca, Ediciones Universidad, 1986.


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