EL COLEGIO MAYOR DEL ARZOBISPO
FONSECA O DE LOS IRLANDESES
Maria Angeles
Alonso Cabrera
Lcda. Historia del Arte
.1-BREVE HISTORIA DE SALAMANCA.
La historia de Salamanca se pierde en los tiempos prehistóricos.
Se sabe ya de un primitivo núcleo de pobladores, a orillas del
río Tormes, a los cuales sucedieron pueblos célticos,
de cuyo tiempo se conserva uno de los verracos (el llamado "toro
de la puente"), que es el símbolo de la ciudad y forma parte
del escudo de la misma.
Correspondiente al siglo III a. C. es la llamada Puerta de Aníbal,
que nos habla de las luchas que tuvieron lugar entre romanos y cartagineses
en estas tierras.
Después de la invasión musulmana, Salamanca será
reconquistada en el siglo XI y repoblada por el conde don Raimundo de
Borgoña, esposo de doña Urraca, hija del rey Alfonso VI.
Comienzan, de este modo, a nacer los esplendores, especialmente culturales,
que ya no abandonarán Salamanca jamás. Se construye la
catedral románica y, en 1218, se crea la universidad, la más
antigua de España y, también, de las primeras de Europa.
Pasados los tiempos medievales, la edad moderna, con el renacimiento
y el barroco, será todavía más próspero
para Salamanca, por lo que son numerosos los testimonios monumentales
de entonces.
El alborear del siglo XIX, con las guerras napoleónicas, fue
negativo para la provincia y la ciudad, que sufrió grandes destrozos
en los enfrentamientos que le tocó vivir. Posteriormente, Salamanca
logra ir recuperándose poco a poco, apoyándose especialmente
en el resurgimiento de la universidad, que le ha proporcionado un gran
prestigio cultural en el mundo entero.
2-ALONSO DE FONSECA.
Nació en Compostela hacia 1473 en la casa donde, se levantaría
el Colegio de Santiago Alfeo por él fundado. Al ser su padre
prelado (superior de un convento) se le abrieron muchas puertas que
desembocarían en una brillante carrera eclesiástica: a
los 15 años ya era canónigo de Santiago y a los 21, arcediano
de Conrado.
Al convertirse su padre en Patriarca de Alejandría, Alonso pudo
acceder al título de Arzobispo de Santiago a la edad de 30 años.
En esta época de su vida es cuando se hace más inequívoco
el gusto por el arte del renacimiento, convirtiéndose en un gran
mecenas. Todo ello le trajo enfrentamientos con el Cabildo de Santiago
y, en general, con aquellos que vivían anclados en el pasado.
También en estos años se comenzó a fraguar la amistad
entre Alonso de Fonseca y Carlos I.
En 1524 fue nombrado Arzobispo de Toledo. Aparece ahora en muchos acontecimientos
relacionados con la vida de Carlos I. Por ejemplo, recibió a
Isabel de Portugal, futura esposa del monarca en Badajoz, en 1526; e
incluso, impartió misa para los recién casados la misma
noche de bodas. Fue con los monarcas a Granada, formando parte del Consejo
de Estado.
A pesar de la importancia de sus tareas en estos campos, es especialmente
recordado por su interés por la cultura y su labor de mecenazgo.
A la par se encuentra su amistad con Erasmo de Rótterdam. Favoreció
la actividad literaria de Alvar Gutiérrez de Torres, Diego de
Sagredo y Juan de Oria, cuyos libros dedicaron también a don
Alonso. Asimismo, era aficionado a la música, amparando la edición
de las obras de Domingo Marcos Durán.
Patrocinó muchas obras artísticas y arquitectónicas,
a las que no sólo dedicaba su dinero, sino por las que mostraba
personal interés, como vemos en el caso del colegio salmantino.
Su actividad como mecenas artístico es amplia y tiene como beneficiarias
las ciudades de Santiago, Salamanca y Toledo.
En Santiago de Compostela reformó el palacio arzobispal y edificó
un nuevo claustro en la Catedral, iniciado en 1521. En 1533 comenzaría
otra obra bajo su iniciativa: el Colegio de Santiago Alfeo, futuro germen
de la universidad compostelana.
En la ciudad de Salamanca continuó el patronazgo que había
ejercido su padre con la iglesia de San Benito, el convento de San Francisco
y el monasterio de las Úrsulas, donde se encuentra el sepulcro
de su padre, que encargó a Diego de Siloé. A todo esto
hemos de añadir el Colegio de Santiago el Cebedeo, unánimemente
calificado como una de las mejores obras del Renacimiento español.
Por todo ello y por haber liberado a la ciudad del pago de tributos,
don Alonso recibió el título de Padre de la Patria y Libertador
de sus vecinos.
Cuando ocupaba la sede primada de Toledo mandó reformar el palacio
arzobispal de Alcalá de Henares y edificar en la Catedral la
Capilla de los Reyes Nuevos. Los artistas involucrados en todas estas
obras fueron de los más prestigiosos que se podían encontrar:
Juan de Álava, Alonso de Covarrubias, Diego de Siloé o
Juan de Borgoña.
En 1531 dejó hecho testamento dejando dicho que el lugar de su
enterramiento debía ser el Colegio de los Irlandeses.
3-COLEGIO MAYOR DEL ARZOBISPO FONSECA.
Creado por don Juan de Fonseca, arzobispo de Santiago y posteriormente
de Toledo, fue autorizada la fundación por Bula de Clemente VII
de 13 de octubre de 1525.
Recibe también los nombres de Santiago Apóstol y de Nobles
Irlandeses; el primero por su dedicación a Santiago, cuya figura
ecuestre está esculpida en el medallón de la portada.
En cuanto al segundo, se originó con ocasión de la venida
a Salamanca de los irlandeses, que procedentes de Valladolid, habían
conseguido que el rey Felipe II escribiera en 1592 al rector de Salamanca
pidiendo les ayudara. Se establecieron en la residencia de los jesuitas,
tras haber ocupado distintos edificios de la ciudad. Ausentes de ella
en 1810 con motivo de la guerra de Independencia, al regresar en 1818
hallaron tropas en su colegio, instalándose entonces en el palacio
de las Cuatro Torres, pidiendo se les concediese el Colegio del Arzobispo
como compensación a lo perdido en los jesuitas. Consiguieron
su deseo en 1838, entregándoseles el edificio mediante acta de
posesión fechada en 30 de noviembre del mismo año, sin
la hospedería, que pasó a la Junta del Colegio Científico.
En abril de 1875 arrendaron la hospedería que por entonces estaba
destinada a Hospital Militar y de Coléricos, subarrendándola
a la Casa de Misericordia. Finalmente en 1901 pasó la hospedería
a la Facultad de Medicina que instaló allí parte de sus
dependencias.
Las gestiones del rector Esteban Madruga condujeron a la recuperación
del Colegio para la Universidad, ya que desde 1936 los estudiantes irlandeses
de San Patricio no volvieron a Salamanca, inscribiéndose legalmente
en el Registro de la Propiedad y verificando los trámites jurídicos
para la reintegración del edificio al patrimonio de la Universidad.
Pese a que su fundación es la de 1521 o si se prefiere la de
1525, en que Roma la ratifica, hay constancia documental de que en 1519
se estaba construyendo:
“Es una de las edificaciones mayores de la ciudad;
mide su fachada ciento veinte metros, en los que se incluyen, como era
tradicional en los grandes Colegios, el edificio central de éste,
la capilla, que aquí tiene honores de gran iglesia, y la hospedería
resultado de una adición posterior. Grandes maestros trabajaron
para el arzobispo en esta importante obra que registra dos etapas en
la realización del primer grupo de edificios, más una
tercera para la hostelería”.
El Colegio marca un hito en la evolución del
plateresco salmantino, con novedades como la utilización de la
puerta adintelada, abandonándose el tradicional arco, sistemáticamente
empleado hasta ahora en casi todas las construcciones de este tipo.
Por otra parte, el empleo de materiales mixtos, tanto en composición
como en coloración, consigue un grato efecto óptico con
la mezcla de la piedra arenisca dorada de Villamayor y el granito gris
acerado, que dos siglos después tendrá su repercusión
en la construcción del nuevo edificio del Colegio de San Bartolomé,
que ya conocemos, y en la barroca hospedería de este Colegio
del Arzobispo, pues en ambos sus constructores combinaron con el mismo
éxito iguales materiales.”
Como era tradicional en Salamanca en el siglo XVI,
se utilizaron dos tipos de aparejo para la fachada: la mampostería
en los paramentos generales y la sillería de primera calidad
para las zonas más nobles en las que, naturalmente, se incluye
la portada y la segunda fase de la iglesia. Este doble tipo de fábrica
se produce como resultado de dos etapas distintas, bien notables en
el edificio de la antigua Universidad, en la fachada de la iglesia de
las dominicas y en este Colegio, produciendo el mimetismo de pequeñas
construcciones que siguen así huellas artísticas de obras
mayores, tal el caso de la casa del camarero de Fonseca don Diego Maldonado,
el convento de Hábeas Christi y tantas casas de mampostería
que enriquecen su portada con bien cortados sillares, siempre con notable
éxito estético.
La gran fachada del edificio a la izquierda de la iglesia, sobre una
zona elevada a la que se accede por dos escalinatas flanqueadas de fustes
de columnas, marca dos estilos bien definidos el gótico del templo
muy marcado en sus dos airosos y rasgados ventanales, y lo ya definitivamente
consagrado renacentista, tanto en la portada como en los detalles ornamentales
de los vanos del Colegio.
4-FACHADA.
4.1-Portada.
Centrándonos en la interesante portada advertimos que en parte
está concebida como el tradicional retablo plateresco, pero con
mayores concesiones a lo estrictamente arquitectónico. Así,
en el primer cuerpo, solamente un gran vano enérgicamente resuelto
con jambas y dintel monolíticos de granito de Villavieja, se
flanquea por pares de columnas adosadas y acanalada de un original orden
jónico, en cuyos intercolumnios veremos en primer efecto combinado
con el tono cálido de la piedra de Villamayor, al contemplar
una filacteria ondulante que cae de la boca de un león. Como
señala Marías, el uso del orden jónico –asociado
a hombres de carácter letrado- en fachadas es sorprendente en
el contexto arquitectónico español de la época.
La interpretación de este orden por los tallistas del equipo
de Álava –que llevaron a cabo este trabajo entre 1533 y
1534- es realmente extraña y no se parece en nada al que el propio
Siloe emplea en otras obras de Granada o Guadix. Dos temas vegetales
carnosos a modo de acantos son la única nota ornamental en los
arranques del dintel, hasta que pasado el entablamento, el segundo cuerpo,
ordenado en torno a una ventana, carga más lo decorativo sin
perder la dependencia funcional con el cuerpo inferior.
Tres conchas jacobeas con charnela arriba alternando lados visibles,
cruzadas de bordones y cayados, nos anuncian la advocación santiaguista
del edificio. Dos cuernos de la abundancia llevan nuestra mirada a ambos
lados de la ventana, en la que dos círculos enérgicamente
moldurados, contienen blasones de forma italiana con los cinco luceros
del apellido del fundador.
Siguiendo la pauta de lo anterior, otros dos pares de columnas de módulo
y fuste menores, flanquean dos estatuillas en las que se ha querido
ver retratos de los dos Fonseca, pero que Sendín identifica como
San Ildefonso y San Agustín, a izquierda y derecha del observador,
respectivamente. Ambas se apoyan en ménsulas goticistas, pero
con conchas renacientes a modo de doseletes.
Seguidamente encontramos un nuevo entablamento, que como en el inferior,
es movido de planos para culminar en un gran medallón central
con relieve de Santiago a caballo tenido por genios alados, tras los
que dos parejas de flameros finalizan la composición. Se representa
en el medallón a Santiago en la batalla de Clavijo, enmarcado
en un tondo granítico. Es el medallón salmantino de mayores
dimensiones, tiene una composición muy dinámica y es obra
de un buen entallador que trabajó también en San Esteban.
Las vieiras en el zócalo del segundo cuerpo, acompañadas
e otros objetos propios de los peregrinos (bordón, sombrero,
calabaza, zurrón y alabarda), recuerdan de igual manera la advocación
del Colegio.
Siempre se ha dicho que esta fachada supone el primer esfuerzo purista
realizado en Salamanca. Fue Gómez Moreno el primero en establecer
conexiones con las concepciones de Machuca en el palacio de Carlos V
de Granada. Pita Andrade señala el paralelismo entre los círculos
con los escudos del fundador y el relieve de Santiago “Matamoros”
y los óculos de la fachada occidental del palacio granadino.
En todo caso, esta portada es un punto de arranque de fórmulas
arquitectónicas que tendrán su difusión en Galicia
a través del colegio Fonseca de Santiago.
Un último logro de la portada es la combinación de dos
tipos de piedra: el granito y la arenisca de Villamayor, subrayando
el primero los elementos netamente arquitectónicos (columnas,
dinteles, tondos) y quedando la segunda asociada a los aspectos decorativos.
Para armonizar con la nueva portada, Siloe trazaría
las ventanas de la biblioteca y de toda la fachada, en general. Son
muy originales porque igualan la verticalidad de los vanos de la capilla,
creando un sistema de enlace entre las ventanas de los dos pisos. Las
inferiores son de medio punto moldurado y tarjeta en la clave, flanqueadas
por columnillas de fuste estriado y capitel compuesto, que sostienen
un pequeño entablamento. Se apoyan en un alféizar con
interesantes relieves decorativos. Un vano ciego enmarcado sirve para
enlazar con los balcones adintelados superiores, coronados por un original
remate, que consiste en un tondo vacío con alas entre flameros.
5-ZAGUÁN.
Se penetra al edificio a través del zaguán, que ocupa
una posición central y lleva sus puertas enfiladas. Sobre éste
hay una estancia similar que sirve de antesala a la biblioteca.
Es un espacio de planta cuadrada que cuenta con dos portadas de gran
interés: una la ya citada del edificio, otra la plateresca de
acceso a la capilla. Esta última tiene gran sabor del estilo
de Juan de Álava o de Ibarra, al menos recuerda cosas suyas de
la Casa de las Muertes y de la del Camarero de Fonseca don Diego Maldonado,
que fue sepultado en este Colegio. Quizá la mayor diferencia
radique en la talla un tanto más gruesa que en los edificios
citados; claro que la cercanía del observador a los grutescos
puede ser aquí la causa de ese efecto.
Se compone de un arco de medio punto flanqueado por pares de pilastras
sobre altos pedestales que sostienen un entablamento remate en falso
frontón curvo. Entre las pilastras hay hornacinas de proporciones
verticales, que permanecen vacías. La estructura arquitectónica
se cubre de ornamentación de grutescos en jambas y pilastras,
así como en el entablamento, donde podemos observar dragones
enfrentados en torno a copas. En la rosca del arco se disponen cabezas
de querubines alados y en los capiteles una variada decoración
a base de aves, máscaras, calaveras y volutas. En las enjutas
del arco aparecen dos medallones que representan a Adán y Eva.
En el tímpano se coloca también un tondo con el escudo
de Fonseca sostenido por dos ángeles.
Como es tradicional, se cubre con bóveda gótica de combados,
como las de la Catedral Nueva, San Esteban o las de las construcciones
platerescas de Salamanca. Así es también la que corresponde
con ésta en la planta superior, con arandelas talladas y luceros
de Fonseca. Las puertas no desmerecen del conjunto con ricos herrajes
y clavos de gran bulto.
En cada uno de los muros del zaguán figura un escudo del fundador
dentro de un medallón sostenido por parejas de niños desnudos
alados que se apoyan en serpientes de colas vegetales.
El zaguán permitía el paso al aula general grande, situada
a la izquierda, hoy totalmente modificada en su aspecto. Allí
se celebrarían ceremonias académicas, tales como los “actos
de conclusión”, una especie de disputas cuya finalidad
era el adiestramiento en la dialéctica y la lógica. En
su día estuvo cubierta con un artesonado trazado por Alonso de
Covarrubias y ejecutado en 1534 por los carpinteros Francisco de la
Fuente y Juan Martín. En lugar destacado llevaría seis
escudos de Fonseca y su aspecto sería renacentista, a juzgar
por la decoración que se señala en el contrato. Sobre
el aula general, y con sus mismas dimensiones, se ubicaba la biblioteca.
Esta dependencia contiene en la actualidad una serie de retratos de
fundadores de colegios: además del retrato de Fonseca, Don Diego
de Anaya, fundador del Colegio Mayor del mismo nombre; Juan de Cañizares,
administrador de la obra del Colegio Fonseca; o Diego Ramírez
de Haro, fundador del Colegio Mayor de Cuenca.
6-CAPILLA.
Aludimos ya a dos estilos en ambos edificios y, en efecto, la iglesia
plenamente goticista parece que resultó pequeña o se quiso
posteriormente que tuviera mayor relieve, por lo que el proyecto realizado
por Juan de Álava al mismo tiempo que el zaguán de acceso
conjunto a la iglesia y Colegio, hubo de ampliarse.
Interviene en esta reforma Rodrigo Gil de Hontañón, de
quien hay documentos fechados en 15 de febrero de 1540, estando la obra
a su cargo, según proyecto de Diego de Siloé, pudiendo
ser el realizador material Pedro de Ibarra. Esta parte de la obra ya
renacentista, exigió una difícil coordinación de
formas para conseguir que el crucero y cabecera con pilastras adosadas,
columnas acanaladas con capiteles clásicos en lo alto del cúbito
cimborrio y los entablamentos corridos de los muros, no se vieran violentados
por las bóvedas nervadas de la nave. Pues aunque éstas
son de poca riqueza constructiva y ornamental en lo de Álava,
por emplear plementería pobre y encalada, no contrastan excesivamente
con los bien tallados sillares del crucero, cabecera y cimborrio, dando
la impresión de que se ha pretendido revalorizar la importancia
de esta parte, concluida en 1548 según consta en la cartela colocada
bajo el escudo de Fonseca, en el lado oriental del cimborrio en su interior.
6.1-EL RETABLO.
Llama especialmente la atención el retablo. Fue realizado en
arquitectura, y pincel por Alonso Berruguete según contrato de
1529 y es pieza que enriquece más, si cabe, el interior de este
interesante templo.
Es de madera de tres cuerpos, suponiéndose debió estar
montado en la primera capilla, cuyo testero correspondía a los
pilares del crucero junto a la nave. Así, también de cabecera
plana, es la capilla del Colegio de Fonseca, de Santiago de Compostela.
Probablemente al trasladarlo a su emplazamiento actual se realizarían
adaptaciones, que con partes desaparecidas y los desajustes existentes
hacen pensar a Gómez Moreno en una reconstrucción en la
que cree ver piezas de las características del de San Benito
de Valladolid, coetáneo de éste. Según el mismo
autor “de talla sólo quedan los tableros de los intercolumnios
laterales, con tabernáculos y agitadas figurillas sin pies ni
manos, como él solía; los cuatro frisos puestos debajo
de las tablas altas, dos de ellas con grisallas sobre oro -como los
Evangelistas de Valladolid- que figuran un caballero hiriendo con su
lanza a un hombre caído, y algunas otras piezas insignificantes.
De escultura no falta sino el Santiago, pues quedan el Calvario, la
Quinta Angustia con San Juan y José de Arimatea llorando; San
Bartolomé, San Cristobal y San Pedro arrepentido, figuras todas
como de 0.84 de alto y además dos niños que de seguro
no estarían en hornacinas como ahora...”. Las cuatro tablas
de lo alto representan con figuras pequeñas, a Jesús entre
los Doctores, su Bautismo, la Ascensión y Pentecostés
plenas de italianismo, con muchas influencias de Miguel Ángel
y Rafael, a juicio del repetido Gómez Moreno. En la zona inferior,
otras cuatro tablas tienen por temas la Adoración del Niño
con los pastores y magos, la Circuncisión y la Huida a Egipto,
rematando el todo un frontón triangular con el Padre Eterno sumado
de un escudo arzobispal de Fonseca.
Lo mejor es la strictam de los Pastores, que como todo lo demás
acusa la mano maestra de Berruguete, con sus vinculaciones a lo escultórico
y sus tonalidades estrictamente sobrias y verdosas, palidez de carnes
y fuerte claroscuro.
7-EL PATIO.
Formando un recuadro de treinta y nueve metros de lado con ocho arcos
en cada uno, el patio centra la vida del Colegio.
Obra de Juan de Álava, según trazas de Siloé, el
cuerpo bajo sigue la estilística romana de superponer columnas
a pilares y reincidir en el soporte simultáneo de arco y arquitrabe.
La combinación no puede ser más afortunada aquí,
produciendo un armónico claustro que no sólo es el más
bello de los renacentistas salmantinos, sino indudablemente uno de los
más equilibrados en su estilo. A ello contribuye una decoración,
no por sobria menos lograda, en la que los medallones de las enjutas
primorosamente tallados por Pedro de Ibarra según general atribución,
manifiestan la habilidad creadora de quien como él manejaba el
cincel con sin igual maestría; floreones en los encasetonados
intradoses de los arcos y acantos en las claves con algún escudo
de Fonseca en pocas, es todo lo que compone este primer cuerpo.
En el segundo, con igual ritmo, se transforman las semicolumnas en adosados
balaustres, mientras los arcos de medio punto se tornan carpaneles.
Entre las jambas hay abalaustradas barandillas de piedra con tondos
heráldicos de Fonseca en los centrales. La misma decoración
en enjutas y claves permite llegar a la cornisa, culminada en la línea
de pilares por originales candeleros rematados en ambos pisos dan horizontalidad
al conjunto, que parece buscar este efecto en su total planteamiento.
Amplias escaleras en los lados norte y sur comunican ambas plantas,
siendo posible desde la alta contemplar talles y medallones, capiteles
y escudos con su variadísimo repertorio de temas y delicadas
labras. Destacan en este sentido, los capiteles del lado de la puerta
principal del cuerpo bajo con zarcillos calados inverosímilmente
en la piedra arenisca. Hay interesantes fisonomías en los modelos
elegidos para los personajes de medallones, realizados siguiendo una
costumbre de la época no sólo para servir de adorno sino
para proporcionar una serie de tipos humanos, que por sus destacadas
virtudes de valor, inteligencia o santidad eran dignos de ser emulados.
Así lo hace notar Sendín Calabuig cuando cita textos de
Vicente Carducho aconsejando que la decoración de las estancias
se hiciera con series de personajes en función de la finalidad
y destino que tuvieren los edificios, señalando también
cómo Fray Diego de Arze sugiere para las librerías o bibliotecas,
efigies de hombres eminentes en las letras.
Me gustaría hacer especial hincapié en los medallones
que aparecen en el patio. El uso de medallones con la efigie de personajes
históricos, mitológicos o sagrados en la decoración
de edificios renacentistas es una costumbre ampliamente difundida y
que tiene como finalidad, además de servir de adorno, proporcionar
una serie de tipos humanos, que por sus destacadas virtudes de valor,
inteligencia o santidad eran dignos de ser emulados. El florecimiento
del Humanismo hizo renacer las legendarias vidas de los protagonistas
más sobresalientes de la antigüedad clásica, los
más famosos guerreros, las mujeres más virtuosas, a la
vez que el ansia de gloria y fama del hombre renacentista colocaba a
su misma altura a destacados miembros de su familia, antepasados o contemporáneos,
a sus reyes y a personajes de la corte.
Sabido es que el Renacimiento español, desde sus más tempranos
comienzos, cubrió de medallones las enjutas de sus portadas y
galerías, y el espacio de frisos y paneles se lo disputaron las
medallas con bustos y los abundantes grutescos. También en los
sepulcros y sillerías del coro, los retablos, el mobiliario,
las labores tipográficas y los objetos de adorno personal.
Para cubrir tal demanda, los escultores y entalladores del siglo XVI
se sirvieron de repertorios, la mayoría de las veces simples
dibujos y, en ocasiones, “corpus” magníficamente
impresos en Italia, Francia y Alemania.
El patio del colegio tiene un total de ciento veintiocho medallones,
dispuestos en las enjutas de las arquerías de sus dos plantas.
El módulo para los situados en el cuerpo inferior es el mismo
para todos: 44 cm. de diámetro.
La elección de los personajes representados y su distribución
responde a un complejo programa, cuya fuente directa no conocemos. La
ordenación ha de responder a un sentido alegórico más
profundo que la mera distinción de sexo, pero en cualquier caso
resulta sorprendente constatar no sólo la igualdad de número
entre hombres y mujeres, sino también la alternancia relativa
en su disposición, que salvo en tres casos, es además
coincidente en ambos cuerpos.
Aunque la indumentaria de las figuras presenta una variedad ilimitada,
los rostros efigiados responden a un concreto número de modelos.
En la planta baja, donde los medallones son de más calidad y
están mejor conservados, se utilizan siete series distintas para
las representaciones femeninas y otras tantas para las masculinas, de
manera que se pueden reconocer hasta un total de catorce tipologías
distintas.
8-LA HOSPEDERÍA.
Las hospederías eran edificios independientes, generalmente adosados
al Colegio y destinados a albergar colegiales “huéspedes”
cuando habían concluido sus estudios, mientras esperaban un oficioso
ventajoso en la administración del Estado o de la Iglesia. Su
existencia no se contemplaba en los objetivos de la fundación,
pero ya comienzan a documentarse a mediados del siglo XVI. El Colegio
Fonseca fue el primero que levantó un edificio independiente
destinado a este fin. Las trazas eran de Rodrigo Gil, quien en 1557
se obliga a construir, además de la hospedería, una puerta
en la muralla de la ciudad, con la que el colegio lindaba. Era de planta
rectangular, pero nada más se sabe de ella, pues fue sustituida
por un edificio posterior en el siglo XVII. Apenas queda nada de la
planta primitiva de fábrica, a excepción posiblemente
de las bodegas.
Seién Güemes inició el actual edificio de la hospedería
hacia 1677. Tiene planta rectangular edificada en dos alturas en torno
a un sencillo patio con arquerías de medio punto sobre pilastras
toscanas únicamente en el primer piso, y sólo en tres
de sus lados, mientras que el segundo piso se abre con ventanas rectangulares
con orejeras.
Respecto a la fachada principal de la hospedería, proyectada
como la del Colegio hacia el sur, su autoría no está clara.
Hasta ahora se barajaban los nombres de Andrés García
de Quiñónez y Alberto de Churriguera.
Está situada en el centro, interrumpiendo el ritmo de las pilastras,
y se abre en arco escarzano, bordeada por un grueso bocelón que
en el centro cobija una cabeza de león, y se corona por un escudo
de Fonseca al que rodea una frondosa decoración vegetal y dos
cabezas de querubines. Por aquellas fechas no sólo se haría
la actual fachada, sino que también se remodelaron las arquerías
del lado sur del patio central, como delatan algunos detalles barrocos.
BIBLIOGRAFÍA.
-PITA ANDRADE, Jose Manuel. Don Alonso de Fonseca y
el arte del Renacimiento. Santiago de Compostela, Consejo Superior de
Investigaciones Científicas, 1958.
-SENDÍN CALABUIG, Manuel. El Colegio del Arzobispo
Fonseca en Salamanca. Salamanca, Ediciones Universidad, 1977.
-CASTRO SANTAMARÍA, Ana. El Colegio Mayor del
Arzobispo Fonseca o de los Irlandeses. Salamanca, Ediciones Universidad,
2003.
-GÓMEZ-MORENO, Manuel. Provincia de Salamanca.
Colección Catálogo Monumental de España. Madrid,
Dirección General de Bellas Artes, 1967.
-CARABIA TORRES, Ana María. Colegios Mayores.
Centros de Poder: los colegios mayores de Salamanca durante el siglo
XVI. Salamanca, Ediciones Universidad, 1986.

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