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NUESTRA SEÑORA DE LA ASUNCIÓN. MOMBUEY
Antonio serafín
Fernández Lozano
Lcdo. Historia del Arte
1-Mombuey.
Es el núcleo principal de la Carballeda y se sitúa a 83
km. al este de Zamora.
Hay pocas referencias históricas a la localidad en la época
que estamos tratando. En primer lugar, aparece bajo el nombre de Monte
Boe en el acta de amojonamiento de Asturianos, de mediados del siglo XII.
En marzo de 1161, cuando es donado por Fernando y Pelayo Móniz
al monasterio de Sanabria, lo vemos escrito como Monte Bobe.
La tradición adjudica la construcción de esta iglesia a
la Orden del Temple, así como la propiedad de Mombuey, aunque no
hay constancia de ello, aparte de la concesión por Enrique II,
en 1371, a Gómez Pérez de Valderrábano de las villas
de Mombuey, Alcañices, Tabarra y Ayóo, “que habían
sido de los templarios.

2-Cronología.
La fuente principal que tenemos a la hora de datar la cronología
se encuentra en el muro exterior de la sacristía:
“Hízose esta obra año de 1774”.
3-Desarrollo de la obra.
El templo, levantado en mampostería, presenta actualmente planta
de cruz latina debido a las importantes reformas que se le realizaron
durante los siglos XVIII y XIX, aunque la nave parece mantener la traza
medieval en la zona de los pies, con la sencilla portada de arco apuntado
y doblado sobre jambas escalonadas rematadas con imposta de perfil de
listel y nacela, en el muro norte. En 1891 se protegió este muro
con un pórtico abierto de dos arcos rebajados de ladrillo.
4-La Torre.
Sin duda, lo que más llama la atención es la espléndida
torre situada en el hastial occidental.
Tiene la planta cuadrada (4 x 2´5 m.) y cuatro niveles diferenciados.
El inferior o zócalo está embutido en el hastial y levantado
en mampostería, con refuerzo de sillares en los ángulos.
Los otros tres pisos son de sillería verdosa. En cada uno de los
pisos de la torre se abren una serie de vanos, uno por nivel en los muros
cortos y dobles en los lados largos.
El acceso se realiza por un sencillo arco apuntado de rosca ornada con
bocel abierto en el muro norte, quedando vestigios de la primitiva escalera
de piedra que ascendía hasta el cuerpo alto, hoy sustituida por
otra de madera.
En el segundo piso de ese mismo muro se abre una ventana de vano coronado
con un nicho decorado con hojas y rodeado por un arco apuntado de irregular
traza, que apea en una pareja de columnas acodilladas de capiteles vegetales,
el izquierdo con sencillas hojas lisas rematadas en volutas y brotes,
y el derecho con hojas lisas muy pegadas a la cesta, con cogollos. Sobre
los capiteles corre una imposta de simple filete, la única que
recorre todo el paramento exterior de la torre.
En el tercer piso de este lado septentrional se construyó un balcón
volado de piedra sobre dos canes, que aúna su función de
permitir el acceso a la estancia abovedada superior con la de matacán,
al disponerse sobre el acceso a la estructura.
En cada piso de las caras oriental y occidental (las partes más
grandes) de la torre, se abrieron vanos pareados, correspondiendo los
superiores a amplias troneras para las campanas de medio punto hacia el
oeste, y levemente apuntadas al este.
Los grupos de vanos de los dos primeros pisos están rodeados por
arcos apuntados, con moldura de bocel, que se apean en columnas centrales
y en dos laterales acodilladas, coronadas con capiteles vegetales, de
acantos con nervio central perlado, volutas y cogollos, hojas perladas
con lengüetas, de aire zamorano, entroncando con modelos gallegos.
Las ventanas del piso inferior del este muro (occidental) son trilobuladas
y ciegas, y las del superior adornan los intradoses con florones de hojas
lobuladas o rizadas y figuras de ángeles.
Muy curiosa es la ornamentación saliente que aparece en el muro
oriental de la torre, de arquillos de medio punto sobre canes. Se puede
ver aquí decoración vegetal: hojas rizadas, bolas con caperuza,
tallos, brotes, etc.; así como decoración figurada: prótomos
de leones con las fauces abiertas, bustos masculinos, etc. Entre los más
curiosos, un personaje de cabellos rizados que apoya sus manos en un rollo
en actitud de asomarse, otro leyendo, cabezas sonrientes, una figura sentada
sosteniendo un animal (o un objeto) sobre su regazo, otra con filactelia,
un trasgo devorando la cabeza de un jabalí, ángeles, personajes
entre la maleza, leones, dragones y arpías, etc.
Exteriormente, el remate de la torre (chapitel) está formado por
cuatro planos curvos, adornados con tres pliegues en tubo de órgano
y plisado inferior en “cola de milano”.
Interiormente, “acoge una cámara cubierta por una bóveda
de nervios que se cruzan en el centro, ocupado por un clave decorado con
florón. Reposan los nervios en columnas, cuyos fustes sin basa
se apoyan directamente sobre altos plintos. Sus capiteles con vegetales”.
(1)
En cuanto a su función, se baraja la teoría de que podría
ser un baluarte defensivo, pero no cabían más de tres personas
en su interior, lo que hace pensar que fuese una torre de vigilancia.
Otra imagen muy curiosa que encontramos en la torre es la cabeza de un
buey que, según la tradición, fue colocado en honor al nombre
del pueblo donde se sitúa, Mombuey.
Está situado en la parte oriental, en el tercer tramo de la torre.
5-Interior. Escultura.
En la capilla sur de la iglesia encontramos dos mochetas decoradas con
dos ángeles y una imagen en piedra de la Virgen con el Niño,
descubierta tras el retablo barroco, sobre la ventana de esta capilla
meridional, en julio de 1987.
Las dos mochetas figuradas con sendos ángeles sostendrían
un hipotético tímpano, o bien, un dintel. Esto se aprecia,
sobretodo, en el filete que se prolonga en el lateral de las dos piezas,
de notable longitud. También reafirma esta teoría la filacteria
del ángel de la izquierda, que se extiende por el lateral de la
pieza. Éste aparece bendiciendo con la mano derecha y lleva una
filacteria, cuyo letrero pintado resulta ilegible. El otro, con las alas
abiertas, muestra un libro abierto. Ambos delatan una inspiración
compostelana.
Sobre ellos aparece un largo sillar labrado a hacha y con una marca de
cantero, que puede que fuese del antes referido dintel.
La imagen de la Theotokos, de 93´5 cm. de altura, 29 cm. de ancho
y 25 cm. de profundidad, fue realizada en la misma piedra que la torre.
Podemos ver a María, entronizada, con Jesús sobre su rodilla
izquierda, al que sujeta con una desproporcionada mano, mientras que con
la derecha parece sostener una fruto o una flor del que no queda nada
hoy.
Aparece la Virgen coronada, con velo y calzado puntiagudo, túnica
y manto ribeteado con tira perlada, que cuelga parcialmente del sitial,
de remates con volutas. Como curiosidad, una de las patas del sitial pisa
el borde del manto de María.
El Niño aparece hoy descabezado y sostiene contra el pecho un libro.
Con la mano derecha, hoy desaparecida, se cree que estaría bendiciendo.
Ambas figuras se presentan en posición frontal y quizás
fuesen concebidas para presidir el tímpano de una desaparecida
portada, al estilo de la portada meridional de San Juan del Mercado, en
Benavente, como antes hemos dicho.
En cuanto a la policromía, parece ser la original, tanto en las
mochetas como en la Theotokos.
En una habitación adosada al muro meridional se conserva una pila
bautismal de copa cilíndrica de un metro de diámetro y 0´49
m. de altura, sobre un soporte de 0´28 m. de alto, simplemente decorada
con dos boceles sogueados en los bordes superior e inferior, perfectamente
coetánea de las obras tardorrománicas descritas anteriormente.
En dicha habitación residen una gran cantidad de obras de diversas
épocas, destacando entre ellas las obras barrocas, en pasos procesionales.
6- La Vía de la plata.
Tanto para la iglesia de San Juan del Mercado, en Benavente, como para
la iglesia parroquial de Mombuey, esta Vía de la Plata se hace
fundamental, puesto que ayuda a enriquecer culturalmente ambos pueblos.
En el caso de Mombuey, encontramos en su fachada una placa que nos habla
de esta Vía de la Plata:
“Los templarios, señores de leyenda de estas
tierras con la belleza y reciedumbre de esta torre, dan testimonio de
su creer y su existir más allá de su tiempo. Que en el camino
de la vida tus buenas obras hablen de ti después de tu tiempo y
tu andadura”.
De este modo hace referencias a virtudes cristianas, así como a
la magnificencia de la torre de la iglesia.
La Vía o el Camino de La Plata es la senda que une verticalmente
la mitad occidental de la Península Ibérica, una ruta definida
en tiempos romanos, pero que ya se intuye en la Prehistoria.
Estas rutas prehistóricas no pueden considerarse como una red de
caminos organizada, sino más bien como un eje de comunicación
que podía contar con ramales paralelos.
En el año 139 a.C. se cita la presencia del cónsul Caepio,
que construyó en Lusitania un camino que avanzaba desde la cuenca
del Guadiana a la del Tajo. Posteriormente, en tiempo de las guerras civiles
romanas, Quinto Cecilio Metello Pio, mejoró la vía y situó
tres asentamientos hacia el norte del Guadiana: Metellinun (Medellín),
Castra Caecilia (cerca de Cáceres) y Caelionico o Vicus Caecilius
(cerca de Puerto de Béjar)
A medida que avanzaba la conquista romana, la Vía continuó
hacia el norte, hasta entroncar con Astorga, la ciudad que se constituyó
en núcleo administrativo del noroeste español.
Sólo a finales del siglo pasado entró en crisis la antigua
Vía con la construcción de la línea férrea
Palazuelo-Astorga y la Carretera Nacional Gijón-Sevilla. Entonces
se abandonó su cuidado, y sucesivas administraciones han prestado
escaso interés a la misma.
Pero la calzada aún se encontraba en buen estado cuando llegaron
los invasores árabes en el siglo VIII. Ellos la aprovecharon tanto
en su rápida conquista de la Península Ibérica como
en sus sucesivas incursiones al noroeste peninsular, así como en
la terrible campaña que Almanzor culminó en Santiago de
Compostela el 11 de agosto del año 997, de donde se lleva las campanas
de la catedral a hombros de prisioneros cristianos para fabricar con ellas
unas lámparas en la mezquita de Córdoba
Numerosos autores sirven como testigos de esta ruta, especialmente a partir
del siglo XVI, cuando un personaje anónimo recorrió la calzada
y enumeró buen número de sus miliarios (relativo a la milla),
algo que continuó en épocas posteriores, especialmente en
el siglo XIX, cuando eruditos españoles y viajeros románticos
tomaron datos e imágenes del trayecto. En el siglo XX prosiguieron
los estudios por parte de Hübner, Blázquez, Gómez Moreno,
Morán, Wattenberg, Roldán Hervás y otros.
Es quizás de los árabes de donde deriva el nombre actual
de nuestra ruta. Los historiadores tienden hoy a descartar cualquier vinculación
con el metal argénteo, y consideran que "Vía de la
Plata" podría proceder de "Bal'latta", término
árabe que hace referencia al carácter empedrado de la antigua
calzada romana. Sin embargo, otra interpretación bastante plausible
hace derivar el nombre actual de la ruta del término "delapidata",
con el que algunos escritores españoles se referían en latín
tardío a los lugares empedrados, y entre ellos, a la calzada que
nos ocupa.
Concretamente en Granada, existe la Asociación
de Amigos del Camino de Santiago “Vía de la Plata”,
aprobada en 1993, que ha realizado en varias ocasiones este trayecto.
Por este motivo llevaron a cabo la redacción de un libro dedicado
“A los granadinos del siglo XXI que, siguiendo nuestros pasos, harán
del recorrido Granada-Santiago de Compostela un auténtico camino
jacobeo, y a todos cuantos quieran recorrer, vivir y gozar de esta ruta”.
(2)
BIBLIOGRAFÍA.
- AA.VV. Enciclopedia del arte Románico en Castilla y León.
Edita: Fundación Santa María la Real, Centro de Estudios
del Románico, Aguilar de Campoo, 2002.
- CAMPA, Hermenegildo de la: De Granada a Santiago. Una ruta jacobea andaluza.
Grupo Editorial Universitario, Granada, 1999.
-BANGO TORBISO, Isidro G. Monumentos, tesoros y lugares de España.
El Románico, Espasa Calpe, S.A., Madrid, 1992.
- FATÁS, Guillermo y BORRÁS, Gonzalo M. Diccionario de términos
de arte, Alianza Editorial, Madrid, 62000.
- www.guiarte.com
- www.arteguias.com
- www.romanicozamorano.com
- www.amigosdelromanico.com

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