LA
NOCHE DE LOS MUERTOS VIVIENTES (1968)
Lorena Fernández
Carrillo
Lda. en Historia del Arte.
La noche de
los muertos vivientes de George A. Romero en 1968 supuso toda una provocación
a la moral conservadora de la industria hollywoodiense: pecando con escenas
de canivalismo, asesinatos que se saltan hasta el mandamiento “honrarás
a tu padre y a tu madre”, muertos que se levantan de sus tumbas sedientos
de sangre… pero que al final, resultan no ser “los malos”
de la película. Se trataba de una película local, llevada
a cabo por una pandilla de amigos de Pennsylvania. En 1967 un grupo de cineastas,
profesionales de la información, parientes y amigos se iban reuniendo
para ir dando forma a un proyecto que parecía imposible realizar:
crear una película. Se decantaron por el género del terror
porque obviamente carecían de presupuesto y no tenían caballos
para hacer una película del oeste que era lo que estaba de moda,
como afirman el director George A. Romero y el guionista John A. Russo en
una entrevista. Ya habían hecho sus primeros pinitos en el mundo
de la publicidad y rodado varios cortos. Romero escribe una historia sobre
una invasión de cadáveres resucitados por el efecto de una
misteriosa radiación.
En un principio, el film titulado Monster Flick no debía costar
más de unos pocos miles de dólares, pero acabó
costando mucho más del doble, aun así resultó poco
para una producción de 35 mm. También se barajaron los
títulos Anubis, que hace referencia al dios egipcio de los muertos;
después se adapta el guión y se llama La noche de los
devoradores de carne. Para abaratar costes decidieron grabarla en blanco
y negro, trabajar con actores desconocidos y con un equipo de aficionados
que tenían que compaginar el rodaje con sus obligaciones diarias.
Uno de los zombies era un carnicero que aportó la mayor parte
de la materia prima para la escena de la comilona que se dan los zombies.
Quien interpreta al padre de familia colaboró con los efectos
de sonido, hizo las fotos del final de la película; su mujer
fue la encargada del maquillaje. Hay que reconocer que los participantes
del rodaje se conformaron con poco: su sueldo fue de 1$ por cada día
de rodaje y una camiseta en la que ponía “Yo fuí
un zombie en La noche de los muertos vivientes.” Para el vestuario
usaron fondos de cajón, ropa para tirar, sábanas, etc.
Se rodó en verano, con mucho calor y mosquitos que acudían
a la casquería. El maquillaje se deshacía y había
que volver a hacerlo. Es una película en la que las circunstancias
de la producción ayudaron mucho, incluso la mala iluminación
le agregaba realismo.
La presión
del cine independiente de Nueva York y de California fue decisiva en
los últimos cambios de orientación de la industria de
Hollywood. En palabras de Román Gubern en su artículo
“El cine contemporáneo”, debe explicarse por el hecho
de que el público joven, y especialmente el teen-ager, se ha
convertido en el principal cliente de las salas de exhibición,
mientras sus padres prefieren quedarse en casa viendo la televisión,
definida como un medio de comunicación más conservador
y hogareño.
Se rodó
durante 7 meses y costó 114.000 $, sin contar el pago de la copia
para cines. La Columbia quiso hacerse con la película pero haciéndole
cambios muy radicales como el de modificar el final y rodarla en color,
propuesta que Romero rechazó. Lo que no sabían ni podían
saber era que la película provocaría una enorme conmoción…
Se hizo una póliza de seguros por valor de 50.000 dólares
para cualquier persona que muriese de un ataque al corazón mientras
veía la película, un reclamo publicitario muy audaz. En
pocos años se convertiría en un auténtico clásico
del terror, y concretamente, del horror. Y más de tres décadas
después en poco menos que una leyenda.
Las primeras críticas no fueron muy buenas, sin embargo, ya que
el New York Times fue tajante: “una película desagradable
hecha por gente de pueblo”. Tampoco le debió agradar a
la revista Variety: “es una orgía total de sadismos”.
A pesar de estas críticas iniciales, La noche de los muertos
vivientes recaudó millones de dólares en las taquillas.
La película de George A. Romero tiene seguidores en todo el planeta
e inauguró un modelo estético de película que abrió
el camino a decenas de producciones que aterrorizaron a millones de
personas.
En una granja
de Evans City dos personas que atemorizadas se han refugiado allí
escuchan las noticias con atención. En seguida se percatan que
no están solos: cinco personas más estaban escondidas
en el sótano de la granja. Todos escapan de lo mismo: decenas
de zombies hambrientos. Los personajes discrepan para llegar a un acuerdo
para salir de allí. Dos de ellos intentan escapar en el coche
pero en el momento que van a echarle gasolina los zombies les atacan
y el coche explota con dos de los protagonistas dentro, la pareja de
novios, personajes que empatizan con el espectador mueren nada más
empezar la película. Los zombies ven su oportunidad y se acercan
al coche. Los muertos vivientes se acercan a los cuerpos calcinados,
los despedazan y se reparten los trozos entre todos; vemos cómo
disfrutan comiendo intestinos, huesos con carne… y uno de ellos
está feliz mientras devora una mano ante la mirada atónita
de los que se habían quedado en la casa. En esta escena lo que
de verdad se comían los zombies eran trozos de jamón como
un asado con salsa de chocolate; la mano se hizo con arcilla cubierta
también con jarabe de chocolate. Los responsables de la película
dijeron que la cosa daba tanto asco que casi no hizo falta maquillar
a quienes no iban de zombies porque ya parecían bastante mareados.
Un verdadero fenómeno del horror, fue el principio de un subgénero,
quién lo iba a decir, una nueva experiencia dentro del terror.
Fue un puente entre las clásicas películas de horror y
las nuevas. Tanto por la brutalidad de los sucesos, como por la aparición
de cuerpos mutilados, intestinos y trozos de cadáveres devorados
por los zombies, además de los ataques audiovisuales hacia el
espectador como los estallidos de cristales o los faros cegadores. Hasta
esta película, las películas de horror no buscaban asesinatos
violentos en la pantalla, no mostraban secuencias gore de esta magnitud
ya que en lugar de esto, se proyectaban sombras en la pared, como sucedía
con el vampiro Nosferatu. Toda la acción del terror solía
ocurrir fuera de la cámara. Según Román Gubern,
al lado de La noche de los muertos vivientes, las anteriores fantasías
necrómanas de Drácula y Frankenstein se convirtían
en ridículas. Como nos enseña el director Guillermo del
Toro, “el horror enseña, el terror no.” En 1960,
Psicosis de Alfred Hitchcock veíamos cómo se apuñalaba
a la víctima pero no se veía la herida. Varias publicaciones,
entre ellas Reade’s Digest advirtieron al público que habían
fuertes escenas de canivalismo que podían impactar. Impactaba
además la oscuridad del film, por estar rodado con una imagen
granulada, la soledad de la granja y su localización cercana
al cementerio pero situada en no se sabe qué lugar, la claustrofobia
espacial física y psíquica de los 7 personajes que no
se comprenden y la claustrofobia temporal ante la amenaza de la multitud
de zombies que se multiplicaban a cada instante y que intentaban entrar
en el lugar. Claro que la violencia imperaba en los medios de comunicación
de la sociedad americana del momento, de la misma manera que lo hacía
en los medios de comunicación de la película (la radio,
el televisor) presentando el desmoronamiento del mundo. Y es que en
1968 la Guerra del Vietnam se alargaba demasiado, la guerra fría
imperaba en los medios de comunicación, Kennedy y Luther King
morían en atentados.
¿Cómo podían matar a los personajes que caían
bien? Como afirma Stuart M. Kaminsky en Cinefantastique: “El ordinario
sheriff sobrevive, los insensibles de la televisión sobreviven;
y la familia, el héroe, y los valores del individualismo tradicionales
norteamericanos se destruyen”.
El personaje principal afroamericano encerrado con gente histérica
y egoísta, constantemente tiene que lidiar con el padre de familia,
un hombre autárquico que se propone ser el líder, que
demuestra ser sexista y racista. Casi todo es sorprendente en esta película
como el introducir temas de contenido social para la reflexión
más allá de una mera película de terror. Hay como
una histeria anticomunista recorriendo toda la película: el control
de las armas, la dinámica familiar, la discriminación
racial…El hombre es un lobo para el hombre. Al fin y al cabo,
se trata de luchar por la supervivencia humana, y uno a uno irán
cayendo… Duane Jones dio al personaje mucha profundidad y lo hace
fácil para que el público simpatice con él: es
quien ayuda a todos y logra poner un poco de orden. George A. Romero
aclaró a los medios de comunicación que eligió
a Duane Jones por ser el mejor actor que se ajustaba al perfil del personaje.
Lo chocante no sólo fue que el protagonista fuera de color sino
también que siendo el último superviviente lo mataran
al final de la película, no a manos de los zombies sino a tiros
por la policía, una manada de blancos. Por si fuera poco, también
lo queman. Bárbara es la chica que huye del cementerio tras la
muerte de su hermano justo a los pocos minutos de empezar la película.
La protagonista parece que sólo sabe gritar y gritar; una vez
en la casa se encuentra en un estado catatónico y se moverá
tan torpemente como lo podría hacer un zombie. En el remake de
1990 de Tom Savini esta chica tomará más protagonismo
y será una mujer valiente capaz de defenderse por sí misma:
los tiempos han cambiado en la sociedad americana. No obstante, Judith
O'Dea afirmaba que su personaje en 1968 no dejaba de tener un comportamiento
honesto y natural ante las circunstancias, estaba claro que no era una
mujer heroína pero que sí reaccionó, en el momento
en que los visitantes logran entrar en la casa, justo antes de fallecer.
La dirección
de Romero es excelente lejos de la espontaneidad formal del “New
American Cinema” o del “cine underground”, estamos
hablando de un director que conoce el lenguaje cinematográfico:
panorámicas para las escenas de los zombies, inquietantes contrapicados
para sus rostros, travelling a ras del suelo, secuencias sin desperdicio
como las del coche entrando y saliendo del cementerio, o la escena de
la caja de música… a las que añade con su propia
cámara que era bastante pesada técnicas más novedosas
como las del zoom (brusquedad de tomas hechas a mano que dan un realismo
muy efectista) en momentos cumbres (Bárbara al subir las escaleras
se encuentra con un cadáver en descomposición o aquella
escena célebre en la que una niña zombie va a acabar con
su propia madre).
Cajas de música, niños siniestros… son elementos
que se siguen repitiendo cientos de veces hasta en el cine de terror
de nuestros días. Quienes hayan visto alguna película
de zombies sería bastante interesante que vieran La noche de
los muertos vivientes de George A. Romero, el origen de todas ellas,
para así poder conocer el llamado fenómeno sociológico
zombie desde los años 60 hasta el siglo XXI. Zack Snyder, entre
tantos cineastas, ha vuelto a resucitar a estos personajes carcomidos
por la muerte en su Amanecer de los muertos del 2004 (remake de Zombie
de George A. Romero), encontrándose hoy día con el proyecto
de Army of the Dead, otra de zombies, tras el éxito de 300.
Múltiples homenajes a este film se han estado haciendo como el
de Señales de M. Nigh Shyamalan del 2002 o como el de Dog Soldiers,
la ópera prima de Neil Marshall, director inglés que promete
y a quien no hay que perder el ojo dentro del género del terror,
ya que tras haber realizado la magnífica The Descent, ha dirigido
en el 2008 Doomsday: El día del juicio. No olvidemos la comedia
inglesa Zombies Party, de Edgar Wright y Simon Pegg, ni tampoco La tierra
de los muertos vivientes del 2005, la 4ª película de zombies
de G. A. Romero, quien ha creado varias más como esta última
sobre El Diario de los Muertos, un film a modo de falso documental –como
Rec, Quarantine o Monstruoso- en el que un grupo de jóvenes se
tropieza con un grupo de zombies. Como podemos ver, el tema de la resurrección
de los muertos está de máxima actualidad.
BIBLIOGRAFÍA
- Giannetti, Louis. Understanding movies. Prentice Hall, 1993.
- Gubern,Román. Cine contemporáneo. Barcelona: Salvat,
1974.
- Gubern, Román. Historia del cine. Barcelona: Dánae,
1969.
- Kendall, Phillips. Projected Fears: Horror Films and American Culture.
Praeger Publishers, 2005.Losilla, Carlos. El cine de terror, una introducción.
Barcelona: Paidos, 1993.
- Russo, John A. Night of the Living Dead. Commonwealth Pubns Inc, 1997.

Artículo Formato PDF