La Escenografía Barroca: Bernini
http://www.alonsocano.tk        ISSN: 1697-2899                   D.L:GR2134/2004

 

 

 

 

 


LA ESCENOGRAFÍA BARROCA. BERNINI: DEL CLASICISMO AL TEATRO BARROCO.

Laura Hojman López
Licenciada en Historia del Arte.

 

Una de las grandes paradojas del Barroco, es la contraposición entre fondo y forma. El arte de la Contrarreforma, tuvo una finalidad clara: difundir los principios de la fe católica y acabar así con el auge que habían alcanzado los protestantes. Y he aquí la paradoja. Siendo uno de los movimientos artísticos más estrictos en cuanto a su ideología, llevó consigo un triunfo de la imaginación y de la artificiosidad, que abandonó los marcos tradicionales del arte para convertirse en una auténtica escenografía. Nacía el Arte de la Persuasión.

En uno de sus artículos, Wittkower hacía una comparación entre Poussin y Bernini. Normalmente se piensa en el Barroco como un periodo de formas y emociones dramáticas, excesivas y extremas, muy alejado de la armonía y equilibrio del arte clásico.

Et in Arcadia Ego. Pousin


Pensemos en Poussin: incluido en el periodo barroco a pesar de haber vivido en el siglo XVII. Su inclusión en este periodo se debe a su uso de las formas expresivas del Barroco. En sus cuadros no encontramos excesos ni emociones violentas. Lo importante y lo barroco es su sentido del drama, su capacidad para concentrar nuestra atención en un punto dramático. Fijémonos en su obra Et in Arcadia Ego y como sitúa estratégicamente el punto dramático en el centro de la composición. En la obra de Bernini encontramos ese mismo sentido de teatralidad situando ese punto culminante en el centro de la composición con un sentido casi doloroso de expectación.

Aparentemente, las obras de Poussin y de Bernini no guardan relación. Poussin es sobrio, calmado, sereno; Bernini es exagerado, efectista, voluptuoso. Sin embargo, en esencia, ambos crean lo mismo: una puesta en escena.
Este sentido de teatralidad es heredado del mundo clásico, origen de la disciplina de la retórica. Tendríamos así lo que se ha llamado un “Barroco clasicista”.
Esta dicotomía que observamos entre Poussin y Bernini también se da en arquitectura. Por ejemplo, en la arquitectura de Borromini con sus formas quebradas y ondulantes, y en la de Bernini, sobria y clasicista.
Incluso dentro de la propia obra escultórica de Bernini hallamos esta separación. Si comparamos su San Longinos, ejemplo de lo que se identifica con lo “barroco”, y su Matilde de Toscana, inspirada en una antigua figura clásica.
La significación del arte clásico para Bernini podemos verla en su Apolo y Dafne, y la relación de este conjunto con el Apolo del Belvedere. La relación entre ambas no fue percibida por los espectadores contemporáneos, pero podemos afirmar con certeza que no se basa en simples coincidencias. Así, se puede decir que uno de los trabajos más revolucionarios de Bernini, Apolo y Dafne, está inspirado en una escultura del manierismo clasicista. Este hecho demuestra el gusto y la admiración de Bernini por la Antigüedad, un redescubrimiento que vendría acompañado de un nuevo sentido del pathos y el drama heroico.

Apolo y Dafne. Bernini

Este gusto por la Antigüedad sería fundamental para los profundos cambios que acontecieron en Roma durante el siglo XVII en otras formas artísticas como el teatro, la música, o la combinación de ambas: la ópera.
Bernini sentía una auténtica pasión por el teatro. Escribió y actuó en diferentes obras teatrales.
El origen del teatro barroco hay que buscarlo en las obras representadas por los alumnos de los colegios jesuitas bajo la dirección del profesor de retórica. Tales producciones se convirtieron en una de las mayores atracciones de Roma. Las más importantes eran Crispus y Flavia, que incorporaban elementos de las tragedias de Séneca. Así combinaron la tradición clásica con el pensamiento cristiano. Introdujeron cantos y bailes entre los actos, así como rezos musicales (oratio) por insistencia de Felipe Neri. El éxito de los jesuitas serían las representaciones “de anima e di corpo”.
La pasión de Bernini por el teatro está muy presente en su obra. Para Bernini, la teatralidad es “el medio donde determinados milagros se convertían en experiencias reales”. Es decir, el medio para hacer palpable y visible lo espiritual, inmaterial o divino.
Si pensamos en El éxtasis de Santa Teresa, lo que vemos es un auténtico teatro, con su telón y su escena perfectamente iluminada. Es tal su poder retórico que aún hoy nos lo creemos. Sentimos el amor y la espiritualidad de Santa Teresa. Y tan grandioso es su efecto que no nos planteamos que todo aquello es falso, un atrezzo. La nube de Santa Teresa no flota, sino que está pegada a la pared, el oro no es oro, y el rayo de luz que ilumina el milagro ni siquiera proviene del sol, sino que es un foco eléctrico. Aun así, descubrir el truco de magia no es nuestro cometido, sino dejarnos engañar momentáneamente por aquel magnífico espectáculo ilusionista. La obra de Bernini es una sombra del éxtasis real, sombra del amor divino.
Está en la virtud de cada cual el dejarse llevar por la belleza, por el sueño, por lo que es en cuestión la finalidad del teatro, para después descender y volver al pensamiento lógico.

Extasis de Santa Teresa. Bernini.

"Bernini ofreció una ópera pública, en la que diseñó la escenografía, esculpió las estatuas, inventó la maquinaria, compuso la música, redactó el libreto y construyó el teatro."

John Evelyn

 


BIBLIOGRAFIA:

- Irving Lavin. Bernini and the Antiquity. The Baroque Paradox. A poetical View.
- Irving Lavin. Bernini, pasado y presente.

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