DE VUELTA
Mª del Carmen
González Parra
Diplomada en Arquitecta Técnica
Pero…también existe la “morriña-granaina”,
es ese mismo sentimiento con base a distinto paisaje, distinto clima,
distinto carácter el de sus gentes, pero en definitiva igual
añoranza por lo que deja atrás, aunque sólo sea
por breve espacio de tiempo.
Esa sensación de alejamiento, lo experimenta el “granaino”
casi con la inmediatez en que inicia un viaje que lo aparta de su tierra
y de su entorno. Se comienza por mirar el paisaje que va quedando atrás
clavado y que así permanecerá en su memoria mientras dure
la ausencia. Después vendrán los recuerdos de olores,
colores y sonidos que traen a la mente casi de continuo la presencia
añorada de calles, plazas, jardines y gentes.
“entre sus amistades, decía que lo que más le gustaba
de sus viajes, era el regreso a Granada, cuando se reconciliaba nuevamente
con los paisajes, con los monumentos, con las calles, con la historia
de la ciudad, con la literatura granadina del siglo XIX. Desde la que
hicieron los famosos “nudos de cuerda” con Pedro Antonio
de Alarcón a la cabeza, hasta la de la “cofradía
del avellano” con Ganivet” (una mujer y su sombra).
Cuando
se acusa la sensación de soledad, cuando se cierran los ojos
y vemos en sueños La Alhambra, que todo lo domina, y vamos, con
la imaginación, haciendo un recorrido pequeño, pero tan
evocador como puede ser el trazado urbano desde pase de los Tristes
hasta Plaza Nueva, andando despacio, saboreando cada paso por la Carrera
del Darro por el cauce descubierto del río, la mirada en cada
trecho para observar, o quizás ser observados, por las “Torres
del Castillo Rojo” que se asoman como si quisieran mirarse en
las aguas del río; seguimos serpenteando por ese cauce que nos
sorprende por momentos a cada paso.
Comenzando, entonces, por el paseo de los Tristes, Esta plaza corre
paralela al Río Darro y su nombre se debe al hecho que anteriormente
los cortejos fúnebres pasaban por aquí antes de subir
al cementerio detrás de la Alhambra. También se llama
el "Paseo del Padre Manjón", el cura que fundó
una escuela para los niños pobres en el barrio de Sacromonte
(Escuela Ave María) y se puede ver su busto al otro lado la fuente,
que no es la original.
Se construyeron tanto la plaza como la fuente original en el año
1609 cuando se remodeló la zona y siempre ha sido un lugar muy
animado. Antiguamente, se celebraban fiestas aquí y en otros
tiempos, se cubrió el Río con tablas para formar un escenario
para corridas de toros, juegos, obras, etc.
Al lado, hay una pequeña casa cuadrada (que se construyó
1609) donde tocaban los músicos en las fiestas. Los alguaciles
y los funcionarios utilizaban la planta baja, y el concejo municipal
ocupaban la segunda planta, con los músicos en la última
planta. En el siglo 18 se lo vendió, y fue utilizado como alojamiento.
Ahora, ha sido restaurado y es la sede de la Asociación Histórica
y Cultural de Granada.
Y si comenzamos a descender, a nuestra derecha, el Convento de San Bernardo,
nacido de la unión de dos beaterios carmelitas, que en sus orígenes
estaban dedicados a la educación de niñas nobles y de
los cuales fue su inspirador San Juan de la Cruz. Las hijas del escultor
Pedro de Mena fueron pioneras en la fundación del que sería
Convento de la Orden Cisterciense y que data del año 1682. Del
mencionado Pedro de Mena son las estatuas a tamaño natural de
san Bernardo y de San Benito que hay en el interior de la iglesia.
Algo más abajo y situado también en la Carrera del Darro,
está el Convento de Santa Catalina de Zafra. Fundado en 1520
por Doña Leonor Torres, viuda del Secretario de los Reyes Católicos.
Restaurado tras un incendio en el año 1678, presenta una portada
renacentista del estilo de Siloé. En su interior un retablo del
siglo XVIII con imágenes de Santo Domingo y Santa Catalina.
A la izquierda, en una recoleta placeta empedrada y con cruz en el centro
se encuentra la iglesia de San Pedro y San Pablo. Se edificó
esta en el solar de otra iglesia derribada en 1559, la que hoy conocemos
comenzó su construcción en 1567, su portada es de Pedro
de Orea autor de las estatuas de los titulares, San Pedro y San Pablo.
La del lateral es traza de Juan de Maeda y ejecución de Sebastián
de Lizana, coronada esta por una estatua de la Inmaculada de la escuela
de Mena.
Casi en frente a la mencionada Iglesia, nos encontramos con la casa
de Castril, que hace esquina con la calle de Zafra. Este bello palacio
granadino tiene portada de Sebastián de Alcantara, profusamente
decorada, con dintel guarnecido con armas formando cenefa. Destaca una
reproducción de la Torre de Comares. Un segundo cuerpo representa
escudos sostenidos por niños. En el tercer cuerpo y correspondiendo
al piso principal, se abre un balcón decorado con pilastras y
a los lados adornos rematados con medallones con cabezas esculpidas.
Ala derecha otro balcón de esquina con columna central, ostenta
encima el lema “esperándola del cielo”. En este edificio,
desde 1929, se encuentra ubicado el Museo Arqueológico.
A pocos pasos más y frente a los restos del puente que cruza
el rio, puente llamado del Cadí, que unía la Alhambra
con el Albaicín (construido en el siglo XI) y del que queda solo
parte del arco de herradura de la puerta que lo defendía, encontramos
una muestra distinta de nuestra historia, “los Baños Árabes”,
conocidos como Bañuelo, anteriormente, estos baños formaban
parte de la Mezquita del Nogal que se situaba aquí. Fueron construidos
en el sigo 11 y se los consideran como unos de los baños más
antiguos y completos de España. Fue un lugar de reunión
para los vecinos, que venían aquí para cortarse el pelo
o para masajes. Había un horario para los hombres y otro para
las mujeres, quienes raramente saldrían de sus casas (excepto
para ir una vez a la semana al cementerio o una o dos veces al mes a
los baños). Las novias también vendrían aquí
antes de casarse. Restaurados en 1928, constan de varios aposentos cubiertos
de bóveda de ladrillo con tragaluces de vidrios coloreados en
sus orígenes y actualmente en vidrio incoloro. Se puede entrar
a los baños a través de una casita que se construyó
en épocas cristianas. Al final de un zaguán, hay un patio
con una alberca y de aquí, puedes acceder a los baños,
con sus tres salas: la sala de refresco, la sala central, y finalmente
la sala caliente. Las columnas vinieron de unas ruinas romanas y visigóticas
y los agujeros octagonales y estrellados permitían que entre
la luz y salga el vapor. También ayudaban a reducir el peso del
techo.
Finalizada la Carrera del Darro y como preámbulo a Plaza Nueva,
otra emblemática Iglesia: Santa Ana, situada en la plaza del
mismo nombre. Es esta una de las construcciones en ladrillo visto más
bellas de la ciudad, edificada sobre la Mezquita Almanzora, fundada
por el rey Zirí Badis. Se construyó según proyecto
de Siloé a mediados del año 1537 y se terminó en
1548, menos la torre que se le agregó entre 1561 y 1563. Su portada
plateresca presenta escudos y hornacinas con imágenes de las
Santas Ana, María Jacobi y María Salomé y un medallón
de la Virgen y el Niño. La torre con balconcillos afeminados,
tiene un chapitel adornado con azulejos blancos y azules.
Junto a esta Iglesia de Santa Ana, nos podemos deleitar contemplando
el Pilar de l Toro, así llamado por tener en el centro de su
frontal una cabeza de dicho animal, de cuyas narices salen dos caños
de agua, en sus extremos figuras de jóvenes que portan sobre
sus hombros jarras de agua, todo el conjunto está elaborado en
piedra gris, conocida como mármol de Sierra Elvira, y es obra
de Siloé. Hasta 1940 estuvo colocado a la entrada de la calle
de Elvira.
Ubicados
ya en Plaza Nueva, que está edificada sobre la bóveda
del río Darro, Los cristianos la llamaron "nueva" porque
fue la primera plaza que crearon, en el siglo XVI. Querían cubrir
el río en un lugar donde ya existían varios puentes, pero
que ya no eran suficientes para dar paso a todo el tráfico que
subía y bajaba entre la ciudad baja y la Alhambra. Así,
se terminó por embovedar una ancha superficie que formó
este gran espacio público, que pronto se convirtió en
uno de los centros más importantes de Granada y se dice que se
celebraban torneos y corridas de toros aquí y también
las ejecuciones públicas, según miramos, en el lateral
derecho se encuentra el bello y antiguo palacio de la Chancillería,
construido para residencia del Tribunal Superior que establecieron los
Reyes Católicos en Ciudad Real y que se trasladó a Granada
en 1505. El edificio se construyó en 1581 y posteriormente se
hicieron Fachada y escalera. Tiene un gran patio central en alto, precedido
de un vestíbulo con escalinata y cinco arcos en su frente. El
superior, con columnas dóricas de mármol que soportan
veinte arcos de medio punto. Muchos de sus detalles recuerdan a los
palacios romanos y florentinos, dividida la construcción en dos
piso, se abre al exterior por tres puertas adinteladas; la central con
arco de medio punto en su parte superior con granadas y un león,
las laterales coronadas con frontones curvos y ventanas encima. En el
cuerpo segundo se abren seis balcones con columnas corintias y encima
antepechos con balauntres de piedra. Un balcón central con columnas
apoyado en grandes mensuales. En el centro de la fachada se haya un
templete para el reloj, obra de herrería de finales del s. XVI.
Esta edificación actualmente es el Palacio de Justicia, es decir
alberga el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía.
Todo este recorrido se ve además salpicado de viviendas que guardan
reminiscencias de los siglos XVI y XVII. Es lugar muy frecuentado y
pintoresco, pero que se admira más, si cabe, si se está
lejos, y casi se puede sentir la impresión del que pasea por
ese lugar por primera vez.
Este
círculo de sensaciones, también se puede trasladar, cuando
coincide nuestra ausencia con cualquier fiesta, celebración o
conmemoración propia de nuestra tierra. Si se trata del Corpus,
por ejemplo, desearías oír las campanas de la Catedral
animando la salida de la procesión, o ver la muchedumbre en las
calles granadinas bajo los toldos que tratan de paliar los rayos del
sol y calles alfombradas con hierbas olorosas. Te duele no estar entre
la gente de la “pública” que anima las fiestas con
la “Tarasca” , erguida sobre el dragón que arroja
fuego por la boca y que muy coqueta se pasea por las calles del centro,
exhibiendo la moda femenina.
He apuntado esta fiesta tan nuestra, pero igual daría si se tratase
de Semana Santa, Día de la Cruz e inclusive las fiestas de nuestro
propio barrio.
Todas estas reflexiones, son las que en varias ocasiones de mi vida,
me han hecho sentir, o más bien debería decir, padecer,
la “morriña”, origen de mi entusiasmo cuando, como
el cantante de nuestra ciudad….”vuelvo a Granada”,
y puedo ver, oler, sentir y respirar todo el encanto de una ciudad que
cuanto más se vive, más se añora.
BIBLIOGRAFÍA:
http://www.granadamap.com/plazanuevasp.htm
*Las fotografías son original de la autora.

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