La Peste de Barcelona de 1589 a través de un contemporáneo, Père Gil

 

 

 

 

 

http://www.alonsocano.tk      http://perso.wanadoo.es/alonsocano1601                    ISSN: 1697-2899                   D.L:GR2134/2004

LA PESTE DE BARCELONA DE 1589 A TRAVÉS DE UN CONTEMPORÁNEO, PÈRE GIL

Por Sergio Rodríguez Tauste
(Ldo. Historia)

El texto que escribió Père Gil recoge la epidemia de peste de Barcelona de 1589, en la que al menos murió ¼ de la población. El autor en este texto supone lo que significa una epidemia de estas características en una ciudad moderna con las limitaciones del conocimiento de la ciencia médica en esa época.

“(…)Encendiose tanto en Barcelona la peste que no hubo calle corta y pequeña que fuese en la cual aquella no penetrase. Y apenas hubo casa secular habitada en la que no enfermase alguien. Pocas veces se ha visto pestilencia de contagio, que hiciese tanto daño a una ciudad como esta hizo a Barcelona.

La población enfermaba de pestilencia de manera diferente. Algunos tenían tenía grano y vértula y poca o ninguna fiebre, y estos todos vivían. Otros tenían vertula sin grano, con fiebre pestilencial: de estos muchos morían. Otros tenían granos y vértula con fiebre pestilencia, y de estos, los que tenían el grano en los brazos o en las piernas, muchos la campaban, pero los que tenían el grano en los costados, en los pechos o en la cabeza casi todos morían. Otros no tenían ni grano ni vértula, sino tan solamente la fiebre pestilencial, y estos (como la naturaleza no tenía por donde evacuar el veneno) todos infaliblemente morían. Los que tenían los granos en los pies, piernas, muslos o cintura, casi todos tenían las vértulas correspondientes en el ingle. Los que tenían los granos en los brazos o en el cuerpo, casi todos tenían las vértulas correspondientes bajo las axilas. Los que tenían los granos en la cabeza, tenían las vértulas correspondientes detrás de las orejas. Porque estas tres partes, la ingle, la axila y detrás de la oreja, ha dado al hombre, el Autor de la naturaleza, era descubrir y evacuar el venenoso humor.

Al principio, los médicos, no acertaban en la curación porque sangraban y hacían guardar dieta, y no remediaban ni el grano ni la vértula. Después, a costa de muchos que murieron, comenzaron acertar el tratamiento no sangrando y dándoles caldo de gallina o polla cada dos o tres horas, alternando con cordial o tríaca con agua escozonera. Los cirujanos aplicaban a los granos medicamentos para matarlos y a las vértulas les aplicaban ventosas para hacerlas salir al exterior y luego las maduraban con emplastes y si no se abrían por sí mismas, las abrían con lanceta o cauterio de fuego. Aplicaban también aceites a la cabeza de los pacientes para evitar que estos se volviesen frenéticos y pítimas al corazón y otros medicamentos, así, con buen concierto y orden, curaron a muchos y era tan fácil curar que muchos hombres y mujeres que habían servido a los apestados sabían muy bien curar.

Duró la peste en Barcelona casi por espacio de ocho meses, esto es desde junio hasta principios de marzo (…). El número de muertos de peste en Barcelona, conforme al catálogo que yo vi, que fue remitido al rey don Felipe que estaba en Madrid de parte del señor obispo y de los conselleres de Barcelona, ascendió a 10.723.(…) . Y así aunque de los meses de junio, julio y agosto se envió relación a su Majestad, no fue tan segura ni rigurosa como la de los meses siguientes. Por lo cual se puede calcular que el número total de muertos de pestilencia en Barcelona sería de 12.000 a 13.000 personas más o menos. Esta es la verdadera y fiel relación de la predicha pestilencia de Barcelona, la cual yo he podido escribir como testimonio de vista por estar presente y haber visto todo su discurso.”


El que escribe esto es testigo visual de la epidemia y los expresa con unos términos y conocimientos propios de una persona con un alto grado cultural y con acceso a la documentación de organismos como el Consell de Cent, órgano encargado del gobierno municipal de Barcelona o la Vuytena del Morbo, organismo integrado por ocho miembros en el que estaban representados los tres estamentos ciudadanos y cuya función era luchar contra la epidemia.


En la peste bubónica, los primeros síntomas son cefalea, náuseas, vómitos, dolores articulares y sensación general de enfermedad. Los ganglios linfáticos de la ingle o, con menos frecuencia, los de la axila o el cuello, se vuelven dolorosos y se inflaman. La temperatura acompañada de escalofríos, se eleva entre 38,3 y 40,5 °C. La frecuencia cardiaca o respiratoria aumenta, y el enfermo se encuentra exhausto y apático. Los bubones crecen hasta alcanzar el tamaño aproximado de un huevo de gallina. En los casos que no son fatales, la temperatura comienza a descender al cabo de unos cinco días, y se normaliza en unas dos semanas. En los casos fatales se produce la muerte en unos cuatro días.

El tratamiento de la peste ha sido muy variado a lo largo del tiempo aunque destacaré los tratamientos que se aplicaron durante los siglos XVI-XVII, ya en 1518 los cirujanos españoles aplicaban ventosas a las partes inferiores de los bubones, en 1524, Francisco Franco, un médico valenciano, usaba “un cordial de un real de triaca con agua de lengua bovina, planta bien conocida” . Más interesante fue la actuación de Luis Lobera de Ávila, medico de la Armada de Carlos I, con obras relacionadas con la peste como Vanquete de nobles caballeros publicada en 1530. En 1542, Andrés Laguna trató a enfermos de peste en el Ducado de Lorena con una infusión realizada a base de Camaleón Blanco , aunque también recomendó el uso del camaleón negro. Todo esto está recogido en su obra Discurso breve sobre la cura y preservación de la Pestilencia en la que Laguna recomienda la aplicación de suero de leche en ayunas, agua con sal y vinagre y prohibiendo los baños calientes. Siguió practicando la incisión así como el uso de gemas y piedras preciosas cosa que apoya el valenciano Francisco Franco, que usaba en sus compuestos la mata de la seda que se completaba con la administración de bebidas como el vino y alimentos como pescados. El tratamiento durante el siglo XVII se modificó por el uso de purgantes y por la prohibición de consumir determinadas verduras. Se introduce tomar azufre con vinagre de Roma. En la peste de Granada se usan sangrías, purgas y ventosas; jarabes de cidra, limón y granado con aguas cordiales, pítimas triacas, vino blanco oloroso, etc. Este tratamiento se siguió ampliando durante el XVIII pero algunas de estas prácticas, sobre todo las de Andrés Laguna siguieron vigentes hasta el siglo XX.

Pese a estos conocimientos, no se reducirá su elevada mortalidad hasta el siglo XX, en concreto hasta la 2ª Guerra Mundial donde el uso de sulfamidas produjo curaciones de casos de peste. Con posterioridad, se descubrió que la estreptomicina y las tetraciclinas eran más efectivas para controlar la enfermedad. Todavía hoy en algunos lugares está presente la enfermedad como es el caso de Manchuria y Mongolia Septentrional, algunas zonas del sur de China como Yumán y Hong Kong, las estribaciones del Himalaya, en algunas zonas de Irán, en Senegal, donde hay una serpiente que trasmite la enfermedad y en la región de Astracán, en la actual República de Kirguizistán.

La elevada mortalidad durante el Antiguo Régimen provocaba graves alteraciones del orden social como era la huida de los habitantes que podían y sobre todo de los organismos oficiales y autoridades. Este temor lleva a los gobiernos municipales a tomar medidas como la creación de organismos específicos para la lucha y prevención de la peste como es el caso del norte de Italia donde aparecen las primeras instituciones en el siglo XV y que están muy bien estudiadas por Carlo María Cipolla. En España aparece en la misma línea la Vuytena del Morbo.

Entre otras las causas de la aparición de la peste eran las épocas de carestía, que debilitaba los organismos y favorecía el contagio de epidemia. En el caso barcelonés se pueden distinguir tres causas:

- La primera es de carácter biológico, porque la enfermedad tras una época de relativa calma reaparece con fuerza a mediados del siglo XV, en regiones como Marsella, el Norte de Italia y el Magreb, zonas con las que Barcelona tenía relaciones comerciales
- La evolución política de la monarquía hispánica en su pugna con Francia o con el Imperio Turco, que veía en la peste un aliado al abandonar las autoridades las ciudades del litoral.
- La tercera causa es la mala condición económica como se constata en la legislación barcelonesa en la que aparece una gran abundancia de medidas para contener la afluencia de pobres a la ciudad desde los alrededores. Se constata además una decadencia del sector gremial textil catalán por las propias diferencias internas y por la llegada de tejidos galos más competitivos. Muchas veces los gremios se ampararon en la rígida legislación sanitaria de la ciudad para crear barreras proteccionistas para mantener su producción.

El factor decisivo en la difusión de las pestes eran las circunstancias económicas adversas, derivadas de las fluctuaciones de las cosechas. En la España de los Austrias se desarrollaba una economía cerrada por lo cual el abastecimiento de las comarcas quedaba reducido a sus recursos. A esto se añadía la deficiencia de las comunicaciones lo que obligaba a amplias zonas del interior a abastecerse solo de productos locales. De esta manera solo las poblaciones de la costa podían paliar las malas cosechas mediante la importación de cereales.

Durante los años de escasez, el pan subía y se hacía inalcanzable para la mayoría de la población. La subida de precios significaba debilidad del organismo por el hambre, lo que se traducía en una gran mortalidad y al mismo tiempo esta debilidad del organismo dejaba el campo abonado para la aparición de epidemias.

Entre las consecuencias de la epidemia cabe destacar el vacío demográfico como consecuencia de los periodos de mortalidad catastrófica que acompañaba a las epidemias de peste, el desabastecimiento de las ciudades como consecuencia del éxodo rural hacia las mismas, la interrupción de la vida de las ciudades por la huida de los cargos públicos.

Otras consecuencias que se dan en el seno de las ciudades ya desde el siglo XV es la creación de unas instituciones sanitarias capaces de hacer frente a la peste e intentar contrarrestar sus efectos. Este fenómeno que surge en Italia ha sido muy bien estudiado por Carlo María Cipolla en algunas ciudades de la Toscana, En el caso español destaca la creación en Barcelona la, ya citada, Vuytena del morbo.

En Consell de Cent obtuvo en 1337 por un privilegio del rey Pedro III por el cual se reconocía a los consellers de Barcelona como únicos responsables de su protección sanitaria mediante la posibilidad de dictar las ordenanzas que fuesen precisas para contrarrestar el efecto de las enfermedades y en 1348 tras su reaparición de las epidemias de peste. El Consell de Cent delegaba la dirección de la lucha de la epidemia en un consejo con una representación de los tres estamentos ciudadanos que se conocía como vuytena, dotzena o setzena del morbo según el número de integrantes. Por regla general estaban integrados dentro de este grupo miembros pertenecientes a la clase médica.

Este texto fue recopilado por J. Iglèsies en su obra Pere Gil, S.I. (1551-1622) i la seva Geografía de Catalunya. Pedro Gil fue un religioso jesuita pero al mismo tiempo escritor que nació en Reus, provincia de Tarragona en 1551 y murió en el año 1622. Durante 20 años leyó Teología en el colegio de Barcelona, del que fue tres veces rector. Desempeñó igual cargo en Mallorca y fue además provincial del reino de Aragón, calificador del Santo Oficio y confesor de los obispos y virreyes de Barcelona. Entre sus obras destacan:

- Historia general y eclesiástica de Cataluña
- Ars bene moriendi
, probablemente el mismo que publicó en catalán con el título de Modo de ajudar á ben morir las qui per malatía o per justicia morem, publicado de Barcelona en 1605.
- Mamorials dels manaments y avisos las párrocos y confesors.
- De vectigalibus et eorum jure in principatu Cathaloniae.
- Vida de la madre Estefanía de la Concepción, carmelita descalza.
- Tradujo al catalán La imitación de Cristo, de Kempis

La peste fue una enfermedad habitual durante el Antiguo Régimen y por este motivo ha sido estudiada hasta la actualidad donde aun se da en algunos reductos y sobre todo a raís de la parición de nuevas enfermedades contagiosas con un alto grado de mortalidad como es el caso del SIDA o el virus del Ébola.

Hasta el siglo XVIII las epidemias eran consideradas como procesos hasta cierto punto naturales y de origen divino que se repetían periódicamente. Durante los siglos XVI-XVII aparecen las primeras recopilaciones cronológicas y algunos testimonios personales. Sin embargo no fue hasta bien entrado el siglo XVIII cuando parece la concepción de enfermedad como producto social dando lugar a la aparición de gran variedad de topografías médicas. El siglo XIX mostró una verdadera fascinación por el tema histórico de las enfermedades contagiosas pero pese a todo la historia de la peste solo se afianzó bajo el impulso científico y cultural desarrollado en Europa durante la segunda mitad del siglo XIX a raíz de las investigaciones de grandes personajes como Yersín y Pasteur. También influyó en este aspecto la reaparición en el SE asiático de la enfermedad durante la década de 1890 lo que suponía un peligro de expansión por el comercio internacional. Fenómenos como este sirvieron de estímulo para la investigación histórica de la peste, cosa que se vio favorecida por los amplios archivos de algunos países incorporando a los escritos muchas transcripciones documentales, lo que favoreció la aparición de tratados medievales y el uso de fuentes de tipo legal.

Ya en el siglo XX y hasta los años 50 ha habido dos posturas parta tratar las relaciones entre la enfermedad y la sociedad. Por un lado estaba el punto de vista de la historia de la medicina de corte positivista y por otro estaban los investigadores locales. R. Baehrel expuso algunos cambios en el tratamiento que debía recibir el tema de la peste en unos artículos que recibieron el consenso de Annales y de L Febvre en los que señalaba la analogía del miedo al contagio con el terror de 1793 al estudiar la peste de 1630 a través de sus causas sicológicas, destacando los trabajos de Jean Delumeau. En la década de los 60 Elizabeth Carpentier fue más allá en el estudio de la historia social de la peste en su trabajo sobre el impacto de la peste de 1348 en la Italia Central.

En las últimas décadas ha supuesto un interesante campo de análisis las relaciones ecológicas de la enfermedad con un enfoque orientado al campo biológico destacando los trabajos de Biraben a partir de los cuales sen abierto nuevos campos de investigación englobando población cultura y mentalidad. Dentro de esta tendencia han destacado los trabajos de Carlo María Cipolla aportando una historia sobre las instituciones creadas para hacer frente a las epidemias en algunas regiones de Italia o las de Hildesheimer para Francia.


En España destacan los trabajos de Jordi Nadal y Giralt que se remontan a los años 50 considerando las epidemias como un fenómeno en el que interviene aspectos sociales, materiales y culturales. El siguiente paso lo da Domínguez Ortiz aportando un esquema cronológico sobre la evolución de la peste pero sin olvidar las influencias en los estudios de la peste las aportaciones de García Carcel en el campo de la historia social. En 1980 aparece la obra de Pérez Moreda la crisis de mortalidad en la España interior, siglos XVI-XIX y en 1982 Maisó en un trabajo sobre la peste de 1652 y sus efectos sobre Zaragoza, Maisó aborda el tema desde un punto de vista similar al de Biraben, estudiando las repercusiones del contagio y las medidas tomadas por las autoridades.

La aparición de nuevas enfermedades infecciosas como el SIDA, con sus importantes repercusiones sociales y políticas así como la aparición de otras como la cólera en Latinoamérica, la peste en la India o el virus del Ébola en el África tropical han puesto en el primer plano de la actualidad historiográfica la compleja problemática histórica que ha rodeado a estas enfermedades de carácter contagioso y epidémico.


NOTAS:

1- J. Iglésies: Pere Gil S. I. (1551-1622) i la seva Geografia de Catalunya (Barcelona 1949) , pp. 300-306; en GIRALT RAVENTÓS, E; ORTEGA CANADELL, R. y ROIG OBIOL, J., Textos mapas y cronología. Historia Moderna y Contemporánea, Teide, 1976, pp. 69-70


2- JARQUE ROS, E, “Historiografía general de la peste”, Estudios de Geografía e Historia Médica, Ilustre Ayuntamiento de Ceuta, 1989, p.36

3- Angelica carlina


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