| http://www.alonsocano.tk ISSN: 1697-2899 D.L:GR2134/2004 | |||||||
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LA SAFA DEL BEBEDOR. LA REPRESENTACIÓN FIGURADA EN EL ARTE NAZARÍ.
1. La cerámica en el periodo nazarí La cerámica nazarí ha sido destacada y proyectada tradicionalmente en cuanto a las producciones en loza dorada, especialmente los denominados jarrones de la Alhambra, y la cerámica arquitectónica, representada esencialmente por alicatados y azulejos, mientras se olvidaban otras fabricaciones “menores” en cuanto a su proyección mediática, pero sí interesantísimas por su variedad tipológica y riqueza decorativa. Es el caso de un importante fondo conservado en el Museo de la Alhambra de cerámica doméstica entre el que encontramos esta safa del bebedor. 1.1 Técnica y decoración La técnica con la que está realizada esta pieza es la cerámica a torno, y ha sufrido un proceso de cocción oxidante, que da colores rojos y claros, para ser posteriormente cubierta por un vidriado cerámico en blanco y negro. La safa
presenta una técnica cerámica decorativa, el vidriado,
con dos variantes, una para el interior y otra para el exterior. En
este último caso, se recubrió la superficie con un vidriado
blanco, obtenido a partir de óxido de plomo. 2.1 Descripción de la safa del bebedor Descripción morfológica Se trata de un ataifor con anillo de solero. El borde del anillo de solero está inclinado hacia el exterior y presenta sección cuadrada. Muestra paredes de perfil curvo con una moldura hacia el exterior al inicio del borde. Tiene un borde curvo y exvasado y labio redondeado. Reconstruido a través de la unión de tres fragmentos originales. Se encuentra en estado fragmentario. Presenta desgaste de la cubierta vítrea. Y tiene un diámetro de 23 centímetros y 24 de alto. Descripción decorativa Presenta decoración en negro sobre fondo blanco. El interior se representa un hombre en actitud de movimiento (con el brazo y el pie adelantado). Sostiene en una mano una botella y en la otra una especie de herramienta viste un traje a rayas con cinturón, brazos y piernas totalmente cubiertos. Alrededor se observan agrupaciones de tres puntos colocados de forma triangular. Dos tallos con espigas en el extremo superior enmarcan la escena. Rodeando el borde y junto a la moldura superior se sitúan dos bandas finas de las que parten grupos de tres pequeños salientes. El exterior también presenta restos de blanco. La indumentaria La figura que aparece en la safa va vestida con las tradicionales calzas y el jubón que vestían los hombres según la moda cristiana ya en el siglo XV. Fijarnos en la indumentaria que se ha representado puede servir para fijar la cronología más próxima al siglo XV y no abarcar una cronología tan amplia como la propuesta en su ficha de catalogación que va desde 1301 a 1400. El jubón y las calzas eran prendas forradas, extraordinariamente ajustadas y no muy flexibles. Unidos a la cintura con unas agujetas (especie de cintas con puntas de cuero o de metal), formaban un todo dentro del cual el cuerpo quedaba totalmente enfundado. Debido a la dificultad técnica que presenta la producción de estas piezas de ropa existía el oficio de jubonero y calcetero. El jubón quedaba cubierto por las otras prendas que los hombres vestían encima. Sus únicas partes visibles eran las mangas y el collar o cuello. Por ello, era costumbre emplear en las mangas y en el collar una tela más rica y de diferente color que la del cuerpo. El collar se hacía con varios lienzos pespunteados o engrudados, con lo cual quedaba tieso y duro. Hasta la llegada de la moda francesa en la que desapareció. Es posible que se representase un modelo de ascendencia claramente cristiana en una cerámica nazarí. Para evitar así cualquier tipo de denuncia sobre el incumplimiento de la tradición musulmana. Dibujando a una figura humana que además está bebiendo. En ese caso, la excusa perfecta es el dibujo de un personaje cristiano. No podemos dar una fecha concreta para esta pieza la mayor aproximación a su datación que podemos dar es el siglo XIV, momento de máximo esplendor de la dinastía nazarí. Durante ese periodo gobernaron los siguientes sultanes: Muhammad
III al-Maijlu; Rey de Granada del 1302 al 1309 El término ataifor procede del árabe tayfur y fue en al-Andalus un plato o fuente de servicio para la presentación de alimentos en la mesa. Se ha estimado que su precedente clásico puede buscarse en la fíale griega, o bien en la copa con pérdida de asas, a través del modelo directo representado por las páteras tardorromanas. Generalmente, las piezas grandes, con diámetros superiores a los 25 cm, servirían de fuentes y de tamaño menor, de platos. Ataifores se realizaron lisos o decorados, con una profusa decoración de temática compleja, o tan sólo vidriados como medio para impermeabilizar el recipiente de modo que no fuese contaminado por su contenido. El protocolo de la comida partía, al parecer, de un contenedor único de manera que los comensales se abastecerían directamente del mismo con ayuda de las manos (al menos en momentos iniciales del Islam en al-Andalus) la presencia del plato individual no se materializa hasta avanzado el siglo XIII. 2.4 Decoración cerámica La cerámica nazarí comprende gran variedad de técnicas y formas que perduraron casi durante tres siglos. Así aparecen técnicas elaboradas en momentos anteriores, como la cuerda seca, la pintada con manganeso o almagra, el manganeso-esgrafiado o verde-manganeso sobre fondo blanco, al mismo tiempo que se generaliza la aplicación de azul cobalto, La decoración tanto en las formas cerradas como en las abiertas son representaciones fitomorfas, geométricas, zoomorfas, antropomorfas, epigráficas y pseudoepigráficas de gran valor ornamental. Son en definitiva la búsqueda de un efecto estético demostrando que la vasija cerámica es a la vez un objeto utilitario y decorativo. En las formas cerradas se distribuye la decoración en bandas horizontales que se interrumpen en la zona de las asas enmarcando las dos caras de la vasija que pueden decorarse con el mismo motivo o bien con otro diferente, también puede aparecer un tema único en todo el espacio decorativo. En las formas abiertas, como la safa del bebedor, las composiciones son más variadas, desde esquemas cuatripartitos haciendo alusión al Paraíso, distribuciones radiales, a veces giradas, bandas concéntricas, ejes centrales con temas simétricos a ambos lados o motivos únicos que rellenan todo el espacio (nuestro caso). La estética decorativa, sobre todo en la loza azul y dorada, considerada de lujo, expresa el refinamiento de la corte, son piezas demandadas por una clientela islámica o cristiana, como es evidente por la aparición de esta cerámica en lugares de la Europa cristiana y del mundo islámico. En esta
cerámica nazarí hay que tener en cuenta dos aspectos técnicos:
Por lo que respecta a las pintadas con manganeso o almagra, traducen un efecto estético patente desde los comienzos del Islam que se utiliza en vasijas destinadas a agua, donde mediante trazos sencillos, realizados con los propios dedos del alfarero, que usa a modo de pincel se pintan motivos horizontales o verticales con un sentido profiláctico.
Todos los investigadores que han querido indagar en los repertorios de uso común o doméstico del reino nazarí, se han encontrado con la dificultad de contar con algún estudio previo. Poco se conoce sobre los aspectos meramente productivos de la cerámica nazarí, los talleres, los procesos de trabajo y el ciclo manufacturero de esta industria artesanal. Sabemos de su importancia en el reino nazarí y curiosamente es la documentación escrita, a diferencia de lo que ocurre para periodos precedentes, la que parece mostrarse más explícita en este sentido. Son varias las informaciones textuales que confirman la elaboración de cerámicas tanto en Málaga como en Granada o Almería. Aunque hay que reconocer que todas estas noticias documentales se refieren a la cerámica decorada, la azul y dorada o solamente dorada, que era la más reconocida, evidentemente esta gama de cerámica más lujosa no podía ni debía ser la única elaborada en aquellos centros. Justamente la arqueología, que confirma y amplía en primera instancia aquella realidad productiva intuía a través de los textos, acude también en nuestra ayuda a la hora de completar un marco productivo seguramente mucho más amplio y heterogéneo. En la ciudad de Granada existía un barrio de cierta extensión, situado al sur y denominado rabad-al-Fajjarin (arrabal de los alfareros), bien provisto de agua y con yacimientos de arcilla próximos, donde se ha podido documentar el establecimiento de esta industria alfarera para época medieval, con anterioridad a la constitución del reino nazarí, y moderna. En la propia Alhambra, parecen existir evidencias suficientes que apoyarían la vigencia de una cerámica propia en el entorno palaciego. En Málaga parece ser que la alfarerías se concentraron en las proximidades del monte de El Ejido, dentro del arrabal denominado de Fontallana. En cuanto a Almería, los resultados de algunas intervenciones arqueológicas y ciertos hallazgos casuales confirman la existencia de alfarerías en la ciudad funcionando en este periodo en las proximidades de la puerta de Pechina.
Pero cuales son las piezas y las funciones que tienen. las vasijas que observamos expuestas en nuestros museos, o las que aparecen en los libros tuvieron un uso determinado. De hecho tradicionalmente se han dividido las vasijas andalusíes en varios grupos atendiendo a su función. Cuando nos referimos a piezas de uso doméstico, éstas son las esenciales en las viviendas andalusíes. La mayor parte de ellas está vinculada estrechamente con la alimentación: la preparación y manipulación de los alimentos, su presentación para consumo (mesa), el almacenaje o transporte, además de otras funciones como la iluminación. En relación a la función que desarrollaba existía una forma u otra. Una de las funciones fundamentales en el ámbito doméstico es el almacenaje de alimentos que ingresan en la vivienda. Esta función la cumplían esencialmente tinajas y jarras. Las primeras eran grandes contendores, con paredes gruesas, adecuadas para almacenar agua, aceite u otro tipo de alimento. No suelen presentar vidriado, aunque no faltan las que mantienen cubierta con este acabado la parte alta del cuerpo. Las tinajas de época nazarí presentan ciertas variantes respecto a las de épocas precedentes. Las almohades solían ser piezas bien proporcionadas, con base ancha, cuerpo globular de gran capacidad, cuello corto y amplio. En la época nazarí el cuerpo se hace más estilizado, el cuello más desarrollado y acampanado y la base bastante más estrecha. Además parecen ser cada vez más frecuentes las asas denominadas de “aleta de tiburón”. En definitiva, podría decirse que constituyen una réplica común, salvando las distancias, de los denominados jarrones esmaltados y decorados con trazos en azul y dorado. De las jarras, sin embargo, desconocemos muchos de sus hitos evolutivos. Por lo poco que sabemos parecen permanecer ancladas en su pasado almohade. Quizá el hecho de que ocuparan un lugar reservado en la vivienda nazarí, les hizo permanecer inmutables. Sus perfiles son proporcionados, presentan una base plana o convexa, sin que peligrara nunca su equilibrio cuando estaban cargadas, cuerpo globular y cuello estrecho y alto. Dos asas unían el hombro de la pieza con el área central del cuello. Al igual que ocurre con las jarritas, las jarras se fabricaron generalmente con barros porosos para que pudieran sudar y mantener el líquido fresco y purificado. Para evitar el contacto directo con el suelo y el contendor, tinajas y jarras solían venir acompañadas de reposaderos, a veces decorados con trazos incisos, calados o estampillados, además de tapaderas que servían para proteger su contenido. Las tapaderas de las tinajas eran planas, con un botón central que facilitaba su retirada, y sobre la misma se aplicaron también diversas técnicas decorativas (estampillado, incisiones, pintura, etc...) En algunas ocasiones fueron destinados como tapaderas, simples discos, similares a los utilizados por los alfareros en el tono. Las jarras por su parte, se cubrían con tapaderas cóncavas o convexas, también decoradas. Uno de los grupos más amplios fue, sin duda, el dedicado a la manipulación y transformación de los alimentos: las piezas de cocina. Este grupo está encabezado por dos ejemplares esenciales, la cazuela y la marmita. Una vez preparados los alimentos, éstos se trasladaban a la mesa para ser degustados. Por lo general, en al-Andalus las viandas se consumían de manera comunitaria. No existía, por tanto, un servicio individual, a excepción de platos específicos como sopas o salsas, a las que eran tan aficionados los andalusíes, dispuestas en sus correspondientes escudillas o jofainas, generalmente cóncavas, estas últimas parecen hacerse más frecuentes en el repertorio cerámico conforme va transcurriendo el tiempo. Así, para la época final almohade y durante todo el período nazarí, las escudillas ocupaban un mayor especio en el ajuar cerámico. Dos piezas destacan dentro de esta vajilla de mesa: el ataifor y la jarrita. El primero estaba destinado a contener los alimentos. Es una fuente de considerables dimensiones y gran capacidad. Desde hacía ya tiempo los ataifores se habían diversificado entre los que presentaban un perfil cóncavo, semiesférico, y los que lo tenían “quebrado”, con un cuerpo inferior acampanado invertido y un borde superior vertical. Este último es el que suele encantarse mayoritariamente en los contextos domésticos nazaríes, cubierto con un vidriado verde al interior (a veces más próximo al turquesa), que en el exterior se aclara, y un perfil más alto, más esbelto. No faltan los ataifores semiesféricos, aunque en este caso suelen presentarse cubiertos con una capa de vidriado blanco. El ataifor y la jarrita son las piezas más expuestas a las miradas de los huéspedes, de modo que es sobre éstas donde se desarrolla, de manera modesta, la mayor parte del aparato decorativo nazarí (estampillados, pintura de manganeso bajo o sin cubierta, cuerda seca, incisiones, etc.) aplicado sobre esta gama de cerámica común. Desde el
punto de vista morfológico, la cerámica del periodo nazarí
se caracteriza por un claro predomino cuantitativo de las formas abiertas
sobre las cerradas. 4.
La no prohibición de la figuración 4.1. Preceptos coránicos: figuración y alimentación La figuración La alimentación Antes y después de comer es necesario lavarse las manos y decir bi´smi-´llah En el nombre de Allah. La tradición prohíbe comer en mesas donde hay vino y recomienda, entre otros detalles de buena crianza tomar los manjares con los tres dedos de la mano derecha, no soplar sobre los alimentos demasiado calientes y no ir a la mezquita después de haber comido ajos o cebollas. Las prohibiciones referentes a los animales que no deben servir de alimento, se fundamentan en el Corán. Y prohíbe comer sobre todo el cerdo y cualquier animal “que tenga caninos”, es decir. Carnívoros; las aves de rapiña “que tienen garras” y otros, sobre los cuales hay menos acuerdo. Entre los peces, son ilícitos los desprovistos de escamas. Referente a la segunda categoría, en la matanza ordinaria de reses se requiere que se pronuncie sobre la víctima el nombre de Allah, que se oriente hacia la Meca y que se le ponga el pie encima para degollarla. Para las piezas cobradas en la caza se requiere el bi´smi-´llah (en el nombre de Allah) previo. En cuanto alvino, los textos van desde la aprobación hasta la prohibición total. - En la azora
16, se llama beneficios de Allah al agua, la leche que fluye dulcemente
por la garganta de los que la bebe, la miel que fabrican las abejas,
y una bebida embriagadora, un buen sustento, que se saca de los frutos
de las palmeras y de las vides.
AA.VV. (1981) Plato de cerámica, Museo Nacional de Arte Hispanomusulmán de la Alhambra BENIS, Carmen (1979): Trajes y modas en la España de los Reyes Católicos II los hombres. CESIC. Madrid FERNÁNDEZ NAVARRO, Esteban. Cerámica Nazarí y Mariní. 2000 FLORES ESCOBOSA, Isabel. La cerámica nazarí decorada. Los jarrones de la Alhambra simbología y poder. Granada. Consejería de Cultura. 2006. GARCÍA PORRAS, Alberto. La cerámica de uso doméstico de época nazarí. Los jarrones de la Alhambra simbología y poder. Granada. Consejería de Cultura. 2006. LLUBIÁ MUNNÉ, L. M (1973): Cerámica medieval española. NAVARRO PALAZÓN, Julio (1980): Cerámica musulmana de Murcia con representaciones humanas. Coloquio internacional CNRS, nº 1978 PAVÓN
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musulmana, LX
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