APROXIMACIÓN A LA ARQUITECTURA INGLESA EN
TENERIFE: UNA CUESTIÓN DE SINCRETISMO ARQUIRTECTÓNICO. EL
CASO DE SAN ANTONIO
David Martín López
Las relaciones existentes entre Canarias y Gran Bretaña
comienzan desde el s. XVI con el comercio del vino de malvasía para
la corte inglesa. Estas relaciones marítimo-comerciales desencadenarán
en un asentamiento paulatino de una comunidad inglesa en nuestras zonas
portuarias.
Dos momentos clave han hecho peligrar los vínculos Canarias-Inglaterra
en nuestra historia. El 25 de Julio de 1797, fecha en la que transcurrió
la Batalla de Nelson en las aguas santacruceras y el traslado del Meridiano
Cero, desde el Faro de Orchilla en la isla del Hierro hasta el Real Observatorio
de Greenwich en las afueras de Londres en 1883.
La toponimia de nuestras islas nos mencionan, en numerosas ocasiones, lugares
que permanecen con ese influjo británico en los nombres que han quedado
asociados a estos rincones, que oscilan desde parajes históricos
de la conquista, como la Cruz del Inglés en Gran Canaria, a la geografía
marítima como el Charco del inglés -Buenavista del Norte-,
Playa del inglés -Gran Canaria y La Gomera- e incluso a lugares más
inaccesibles en la montaña como el Pico del inglés -La Laguna-
o la Estancia de los Ingleses en las Cañadas del Teide. Así
mismo las propias casas de influencia inglesa han dejado la importancia
de su arquitectura en la plástica canaria como en la entidad local
de la zona. Así casas como El Risco de Oro, La Palmita, Sitio Litre,
San Fernando, El Ciprés, El Drago, La Marzaga, La Casa Roja, La Haciendita,
etc. son los topónimos de los lugares donde se sitúan sus
homónimas mansiones británicas.
En este trabajo se pretende elaborar una catalogación pequeña
de este gran mundo de relaciones británicas con la arquitectura canaria.
El catálogo abordará distintos aspectos del patrimonio civil,
industrial y religioso de Tenerife principalmente, aunque contando con algunos
ejemplos de Gran Canaria.
El sincretismo estilístico
canario-británico:
El sincretismo estilístico y las manifestaciones
británicas son encontradas en Canarias desde el s. XVIII con el asentamiento
de las familias de comerciantes irlandeses en las zonas portuarias de las
principales islas. Estas familias se asentarán y adoptarán
como suyas grandes casas construidas en el s. XVIII por la nobleza agraria
local. Los comerciantes entran por tanto en la arquitectura noble tradicional
canaria y le conferirán algunos aspectos que son propios del lugar
de origen. La tipología de torres-mirador o torres-vigía para
avistar a los barcos acercarse a puerto y así poder pujar por la
mercancía con antelación a otros comerciantes será
muy recurrida en estas zonas; o bien permitir algún tipo de señal
a los barcos . Este tipo de solución arquitectónica si bien
no es inglesa, en buena parte su desarrollo en los puntos marítimos
más destacados de la geografía canaria -Garachico, Puerto
de la Cruz, Santa Cruz de Tenerife, Santa Cruz de La Palma y Las Palmas
de Gran Canaria- se debe principalmente a esta colonia británica
.
Las primeras manifestaciones inglesas y Alfredo Diston: su acuarela
como documento histórico:
En el siglo XVII ya se habían establecido una colonia
importante en el Puerto de la Cruz. En ese momento, más de 60 familias
de origen irlandés, escocés e inglés se asentaban en
la ciudad portuense. La colonia británica empezaría a alojarse
en casas, en primer lugar arrendadas a la oligarquía canaria, para
luego terminar construyendo numerosas mansiones y casas solariegas que si
bien eran totalmente casas canarias -con entresuelo comercial, como la Casa
Drugstore de 1739 en el Puerto de la Cruz- disponían de una serie
de elementos que se asimilaban con el mundo británico, en cuestiones
técnicas y de recursos arquitectónicos. Uno de estos elementos
británicos en nuestra arquitectura, presente desde el siglo XVIII,
son una serie de cerramientos de madera, tanto en azoteas, balcones, escaleras,
corredores exteriores, etc. Existen varias tipologías pero todos
confluyen en un punto: el gusto de las familias nórdicas por esta
sencillez estructural en la madera debido a la escasez que Gran Bretaña
a sufrido desde tiempos históricos de este material.
Las barandas de barrotes lisos, las aspas, rombos y cruces y las celosías
serán esos elementos que nuestra arquitectura reutilizará
hasta llegar a la actualidad, donde siguen estando presente en la mente
de muchos arquitectos insulares. Diston refleja estas formas que estaban
asentadas en la idiosincracia de la isla, mucho tiempo atrás de su
llegada a Tenerife. Y es que sería muy difícil establecer,
en este trabajo, la importancia que para la comprensión de nuestro
siglo XIX tiene la figura de Alfredo Diston (Lowesoft, -Gran Bretaña-,
1793 - Puerto de la Cruz, 1861). Este viajero que se enamoró de las
Islas Canarias refleja en su pintura numerosos aspectos que la historiografía
canaria debe tener en cuenta a la hora de analizar la sociedad y la arquitectura
del s. XIX en Tenerife y Gran Canaria. También fue el introductor
de una variedad de plátano que se cultiva en las islas: la musa cavendishi.
En este caso, como queremos mostrar el sincretismo estilístico y
la fusión de elementos ingleses en nuestra arquitectura, el dibujante
británico da testimonio de la magnitud y gran existencia de balcones,
torres miradores y otros cerramientos donde se emplea un recurso propio
de Inglaterra: el cerramiento de madera tipo King Cross y variantes, como
elemento decorativo, que recuerda a la bandera de Gran Bretaña.
En los cerramientos de barandas existen dos claras tipologías que
indican la escasez de madera y economía de medios, a la que se sometió
a la isla desde el s. XVIII, y al mismo tiempo a la labor de las familias
británicas por el cambio de gusto y el intento de racionalizar las
estructuras de los balaustres barrocos. Así, Alfred Diston capta
la Casa Cólogan en La Paz con un ejemplo de baranda en su azotea
muy característica de esta época. Listones lisos, puestos
en vértice hacia la fachada y de sección cuadrangular eran
alineados uno tras otro. A ambas esquinas se les colocaba una columnilla
de mampostería y se les agregaba una baranda lisa. En este sentido
también se puede observar en sus acuarelas, la ubicada en la Casa
de Los Hernández o de Álvarez Rixo en la c/ Blanco del Puerto
de la Cruz. Los otros son del tipo King Cross, y se encuentran también
en el mundo rural como es el caso de algunas casas de Guía de Isora
y Telde, pasando primordialmente por ámbitos más urbanos -portuarios
habitualmente- como Santa Cruz, Las Palmas de Gran Canaria, Garachico y
el Puerto de la Cruz.
La Casa de La Paz de Cólogan, en San Amaro -Puerto
de La Cruz- es uno de los mejores exponentes que perviven donde se muestra
ese sincretismo de la arquitectura canaria que adoptó de forma natural
los recursos técnicos de las familias británicas que se asentaron
en las ciudades canarias.
Las
celosías, en inglés decorations, son utilizadas en numerosas
ocasiones por parte de los británicos que se asientan en nuestras
islas. Desde el s. XVIII pueden apreciarse en la Casa de La Paz de Cólogan,
pero en el s. XIX la lista de mansiones y lugares de retiro -como El Nido
de la familia escocesa de D. Tomás Reid, levantada en 1894- son interminables
ejemplos. Entre ellos la casa parroquial de All Saints’ Church, El
Risco de Oro, La Casona -casa nº 1 de la Plaza de Doña Luisa
en Tafira-, etc.
Las celosías permiten la entrada de luz y la intimidad propia del
mundo mudéjar y de la tradición canaria, pero que los ingleses
las adoptarán para otras soluciones, incluso para crear en sus residencias
algunos ajimeces como los de la familia Cólogan en Garachico.
Persianas que introducirán las comunidades europeas en Canarias como
la familia Blanco en la casona de San Antonio en el Puerto de La Cruz o
cualquier otra residencia británica existente en las islas.
San Antonio, una hacienda inglesa y su templete:
Esta hacienda, una de las primeras que las familias inglesas
adquieren en Tenerife, fue fundada en 1750 por parte del alférez
Don Antonio José Borges Temudo y su esposa Doña María
Pereira y Gervalán en el lugar conocido como Los Sitios. Terminada
la construcción de la ermita se llevó a cabo la plaza que
dícese tenía dos álamos y dos cipreses que en fechas
actuales no se encuentran. Tras la venta de la totalidad del edificio que
efectuaron las dos nietas de los fundadores (monjas catalinas del convento
dominico de la villa de La Orotava) al comerciante D. Nicolás Blanco
en el año 1777, la construcción queda relegada a manos del
nuevo dueño y se realizan formulaciones en la arquitectura y en los
jardines al modo inglés .
La estructura edificada se compone de una forma en U en la cual un patio
es el punto que comunica al porche principal interior de la hacienda. Las
dependencias se ubican en dos plantas y un semisótano. La techumbre
a cuatro aguas se manifiesta en las tres partes en que se divide la zona
residencial de la construcción. La zona del patio es entendida como
un vergel que se ve delimitado en la zona exterior por la puerta principal
y al mismo ras del límite establecido por la ermita adosada al conjunto.
Cabe nombrar que en la fachada norte se dispone una galería que no
ofrece la funcionalidad de granero sino más bien, siguiendo la moda
del s. XVIII, es un espacio entendido para fines lúdicos, por su
proximidad al mar.
Cuatro detalles de la cocina de la Hacienda de San Antonio. Horno inglés.
s .XIX:
Además, se tiene que mencionar la techumbre del
edificio para entablar la relación que existe entre todo el conjunto
acorde con los gustos ingleses que son de admirar. Así la cubrición
de teja francesa en sustitución de la árabe se complementa
en el interior con el uso de un entramado de pajizo y cal que intenta dar
unas cualidades más higiénicas al entorno interior. Es de
notar que el actual estado lamentable de la construcción permite
apreciar una solución, que derrumbada determina las características
de las soluciones ya mencionadas. Y por ello se debe criticar que ahora
siendo propiedad del Ayuntamiento del Puerto de la Cruz es denunciable que
su deterioro sea causa de la desatención generalizada que es propicia
gracias a modo de operar que tienen las entidades que están a su
cargo.
En cuanto a lo referido a la ermita, debe hablarse de que no fue construida
en el periodo en el que Andrés Valcárcel era su propietario,
quizás se debe hablar de que existiese una intención previa
de ser realizada a pesar de todo. Se menciona que las obras propias fueron
encargadas al hermano del mismo, el sargento mayor Lorenzo de Valcárcel,
antes de la fecha estipulada en el testamento como de un año después
del 30 de junio de 1671 . Tras esto parece ser que se edificó una
planta y que con Nicolás Blanco ésta fue ampliada en base
a la tónica general a la que se sometió el resto del conjunto
arquitectónico.
La
configuración del recinto religioso se debe entender como una nave
con capilla mayor diferenciada por la solución a dos aguas del buque
en contraposición a las cuatro aguas del presbiterio. Se estructura
de tal modo que el acceso a la capilla mayor viene remarcado con la utilización
de un arco de medio punto rebajado de cantería azul. Luego, es en
la propia capilla donde se ubica el retablo que alberga las imágenes
de San Antonio en la hornacina central, junto a un San Francisco en el lado
del Evangelio y también un Santo Domingo en el lado de la Epístola.
Bajo esta obra de arte en madera se encuentran dos accesos cortinados a
la Sacristía.
San Antonio y Santo Domingo. Capilla Mayor de San Antonio (Pto. de la Cruz)
La mayor parte de los santos tenían relación con las devociones
familiares de los hacendados. Otros llegaron a la ermita por procesos de
exclaustración, o bien desuso de los conventos como podría
ser el Santo Domingo, obra perteneciente al convento dominico que existió
en la actual Casa Rahn del Puerto de la Cruz.
A la derecha, dentro del presbiterio, se sitúa la tribuna cerrada
que es el acceso en sí mismo de los dueños de la ermita. Añadir
a todo esto la importancia de las obras artísticas que denotan la
primacía de elementos que son comunes en la mayoría de estos
espacios.
Las artes plásticas tienen en las ermitas hacendada una historia
tan amplia que es difícilmente tratable en un corto espacio. Son
numerosas las haciendas que encargaron trípticos y tablas flamencas
para sus oratorios y capillas. Los ingenios de azúcar fueron trascendentales
en el comercio con Amberes, Brujas, y otras partes del mundo flamenco. El
tríptico de Nava llegó a estar en la ermita de San Clemente,
como ejemplo de estos aportes. La pintura canaria tuvo cabida en estos centros
religiosos. La escuela canaria del s. XVIII, con la influencia y la imitación
de Cristóbal Hernández de Quintana adquiere importancia en
ermitas como la del Socorro en Los Realejos, la de San Antonio y San Nicolás
en el Puerto, y San Sebastián en La Orotava.
Los templetes del Puerto de la Cruz: Ensoñación
y disfrute del mar:
Los templetes en el Puerto de la Cruz se trasladan del ámbito comercial
del s. XVIII para pasar luego a las propias residencias suburbanas, que
no tienen ese carácter de vigía y uso comercial para avistar
la llegada de los barcos con mercancías de algunos países
europeos. Comienzan en la transformación de San Antonio por los descendientes
de Nicolás Blanco.
Cuatro extraordinarios templetes - miradores quedan actualmente en el Puerto
de la Cruz como producto, sin duda, de esa presencia británica. El
templete de San Antonio -apreciable en la imagen -, el del Hotel Luna más
conocido por El Templete, el templete de El Nido (1894) y el de La Casa
Verde.
Estaban ubicados de manera que su vista fuera la más hermosa de la
residencia, y que al mismo tiempo pudieran ser apreciadas las célebres
puestas de Sol en el Valle durante el invierno, donde el cromatismo de los
celajes se ha cantado tanto en la poesía canaria y en los viajeros
del s. XIX . Normalmente están formados –en el caso de El Nido,
San Antonio y La Casa Verde- por cuatro pilares que sostienen una cubierta
a cuatro aguas, sin ochavar en su interior, siendo éste de par e
hilera. La teja suele ser en ocasiones la francesa, y en el caso del Nido,
se trata de la teja árabe que sirve para las restantes cubiertas
del edificio.
El más singular de todos, es quizás, el que se proyecta en
la cima de una pequeña formación de lava volcánica
que a modo de montaña gobierna el territorio de El Tejar o San Felipe.
Se trata de El Templete del Hotel La Luna –lujoso y pequeño
hotel fundado en 1891, que contaba con un chef del hotel Metropole de Londres
-, donde cuenta la tradición que subían los turistas clientes
del hotel a tomar el té a las cinco de la tarde. Su planta es octogonal,
y consta de ocho arcos sobre pilares adosados a cada uno de los vértices
del octógono, conformando así este singular espacio, construido
a finales del s. XIX .
Tanto los templetes como la hacienda de San Antonio, configuran un espacio
monumental que nos habla de ese sincretismo, producido desde el s. XVII
con Gran Bretaña; sincretismo que perdura en diversas manifestaciones
artísticas y culturales hasta la actualidad.
NOTAS:
1- Cfr. AA VV (dir. Ricardo G. Richter Carrillo), Miradores
del Puerto de la Cruz (dentro del Programa de las Fiestas de Julio 1988
del Puerto de la Cruz). Tenerife: Excmo. Ayto. del Puerto de la Cruz, 1988
; James Clavell, Tay Pan (la fundación de Hong - Kong).
2- Cfr. Agustín Guimerá Ravina, Apuntes Históricos
del Puerto de la Cruz (siglo XVI- XVIII) (Dentro del programa de fiestas
de Julio de 1984 del Puerto de la Cruz),. Tenerife: Excmo. Ayto. del Puerto
de la Cruz, 1984.
3- Se puede entender este entramado de listones pequeños de madera
con dibujos geométricos romboidales o en x, que algunos recuerdan
a las aspas de la cruz de la bandera nacional de Gran Bretaña, la
cruz real o King Cross. Su uso se extendió por todo el ámbito
colonial británico al ser económico y compositivamente estético.
4- Cfr. Clementina Calero Ruiz y Silvano Acosta, Informe de La Ermita de
San Antonio. Archivo Municipal del Puerto de La Cruz (A.M.P.C.).
VVAA, Sacra Memoria. Arte Religioso en el Puerto de la Cruz. Tenerife: Excmo.
Ayto. del Puerto de la Cruz 2001. p. 52.
5 V Clementina Calero Ruiz y Silvano Acosta, Informe de
La Ermita de San Antonio. Archivo Municipal del Puerto de La Cruz (A.M.P.C.).
6- Cfr. Sabino Berthelot Augier, Misceláneas Canarias. Tenerife:
Francisco Lemus (ed.), 2000.
7- Cfr. Nicolás González Lemus, Hoteles históricos
del Puerto de la Cruz.Tenerife: Excmo. Ayuntamiento del Puerto de la
Cruz, 2000.

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