El Valor Formativo de la Historia en la Ciencias Sociales

 

 

 

 

 

http://www.alonsocano.tk      http://perso.wanadoo.es/alonsocano1601                    ISSN: 1697-2899                   D.L:GR2134/2004

EL VALOR FORMATIVO DE LA HISTORIA EN LAS CIENCIAS SOCIALES.

Sergio Rodríguez Tauste
Ldo. Historia

1. Introducción

¿Para que sirve la Historia? Esta pregunta ya la comentaba Bloch cuando un hijo le preguntaba a su padre, historiador, para que servía la Historia y, en definitiva, es una pregunta que oyen muchos profesores de Historia en sus aulas. Ante esa pregunta hasta el mismo profesor algunas veces duda o no sabe qué responder en un primer momento. Es en ese momento, cuando alumno, empieza a no encontrarle sentido al conocimiento de datos, fechas, etc., porque aunque desde la pedagogía se quiera dar un carácter secundario al dato por detrás del procedimiento, la realidad es otra distinta. Todos asociamos Historia a fechas, reinados, guerras, paces, tratados y alianzas, pero por suerte podemos decir que la Historia es mucho más que eso, es la reflexión, el análisis de cómo a partir de unos datos podemos reconstruir mutatis mutandis como pudo ser la sociedad de una época, sus pensamientos, sus inquietudes y su devenir para llegar al presente, en el que día a día nos encontramos con sucesos y noticias que tienen su relación con un pasado, que de no ser por la Historia desconoceríamos pero que en algunos casos analizamos desde el presente. A este respecto, señalar someramente la obra de Febvre La Religión de Rabelais, en la que desarrolla esta idea, la de interpretar el pasado con los ojos del presente, con el consiguiente error que eso conlleva, y que deja patente en esta interesante obra.

Sin duda el valor formativo de la Historia es mucho mayor que el que se le quiere dar desde la actualidad, eso lo que vamos a abordar desde este trabajo, ya que, como dijo Febvre , la Historia es la ciencia del Hombre, la ciencia del pasado humano y no la ciencia de los conceptos. Hablaremos en primer lugar de la situación de la Historia dentro de las Ciencias Sociales, de la pérdida del protagonismo que ha sufrido la Historia en el seno de las Humanidades, hablaremos de otros países muy influyentes en España como es el caso de Francia o Inglaterra, hablaremos de la politización de la Historia como causa del descrédito del que vive, y por último, analizando el sistema educativo actual hablaremos de ese valor formativo que tiene la Historia y en qué aspectos ayuda al alumno en su formación como estudiante y como ciudadano.

Si observamos la Historiografía , a través de las grandes figuras de la disciplina como por ejemplo Michelet, Pirenne, Marx, Bloch, Febvre o Braudel, por citar alguno de los más representativos, podemos ver cómo la Historia ha tenido diferentes enfoques y teorías a lo largo del tiempo, por lo que no es algo estático, perenne como se ha venido a calificar habitualmente. De esta manera, la historiografía podríamos definirla como el estudio histórico de las sucesivas transformaciones de la Historia a lo largo del tiempo y del oficio de historiador como intermediario entre el pasado histórico y el presente desde el cual investiga. El por qué de esas transformaciones es que la Historia es inseparable del historiador y éste, a su vez, de la sociedad en la que vive y esto se hace a través de las fuentes, porque como dijo Febvre, el historiador no es el que sabe, es el que investiga. Podemos preguntarnos cuál es la situación de la Historia en la actualidad.

David Cannadine , en un artículo publicado en Past and Present hacía un balance acerca de la historiografía inglesa situando su cénit entre los años 1940-1970. Esa situación de apogeo estaba en peligro debido sobre todo al contacto con otras Ciencias Sociales, en especial con la Antropología, ciencia que estudia al Hombre, pero desde una perspectiva biológica, social y cultural. Por otro lado, en un debate sobre la Historia en la actualidad, el profesor Santos Juliá proponía unas medidas para que la Historia volviera a recuperar su prestigio, como por ejemplo abandonar el concepto de totalidad, ya que la totalidad histórica es inabarcable, y que la Historia encuentre un lugar entre las Ciencias Sociales o que conquiste el favor del público, como bien había sabido hacer en el medievalismo francés figuras de la talla de Georges Duby o en España algunos historiadores como A. Domínguez Ortiz.

Dejando a un lado el ámbito académico de la Historia y centrándonos en la Enseñanza Secundaria, Julio Valdeón hace un repaso a esta problemática en un trabajo suyo publicado en un libro titulado Debates por una Historia viva . Entre las críticas que hace al sistema actual de educación está la de que la Geografía y la Historia aparecen englobadas en una misma área con otras disciplinas como la Economía, la Sociología, la Antropología o las Ciencias Políticas. Esto se debía, a juicio de Valdeón, a que era más importante conocer cosas que respondan a problemas actuales que conocer reinados antiguos o periodos tan lejanos en el tiempo como por ejemplo el reinado de Asurbanipal.

Para Valdeón existiría cierta similitud entre nuestro sistema educativo y el sistema norteamericano en lo referente a la Historia, pero no en su totalidad ya que allí la Historia ha desaparecido a favor de la Antropología. También critica algunas contradicciones como el hecho de que por ejemplo la Historia de España en 2º de Bachillerato comience en el siglo XIX, olvidando todo lo anterior, lo que poniendo un ejemplo podría ser ver una película a medio. Por suerte, en las últimas reformas educativas, este error ha sido subsanado y se da una Historia de España completa, o al menos no tan sesgada.

Otras de sus críticas las vierte en torno a la pedagogía, que a su juicio, ha incidido mucho en el aspecto procedimental dejando a un lado lo conceptual, lo que ha podido contribuir en la merma del valor formativo de la Historia, sobre todo en los jóvenes, mediante lo que A. Tovar ha denominado como “jerga pedagógica”.

Por último, Valdeón, en este estremecedor artículo, analiza la situación de las Ciencias Sociales, y en concreto de la Historia, en el marco de la Unión Europea y sobre todo teniendo en cuenta el proceso de homogeneización en la educación que se está gestando en Europa. Como conclusiones destaca el retraso de España frente a otros países en la forma de ordenar el Sistema Educativo y pone como ejemplos Francia y Gran Bretaña, donde tras haber tenido una Historia planteada como la tenemos nosotros ahora en nuestro país han dado marcha a tras al ver que ha fracasado rotundamente.

Otra idea interesante para definir un poco más el contexto donde se mueve la Historia como disciplina es el problema de la subjetividad, el interés, la manipulación y la politización de la Historia, es decir, usar la Historia como un arma política o como justificación de un determinado proyecto político. Cosas como estas convierten a la Historia en un arma de doble filo, por un lado puede ser utilizada por un poder para justificar sus planteamientos pero desde la otra, investigando podemos descubrir todo lo contrario que defiende ese mismo poder. Es por esto, sobre todo por ciertos investigadores que olvidan conceptos como el de exhaustividad o coherencia por otros más marcadamente políticos, por lo que muchos niegan la posibilidad científica a la Historia y al mismo tiempo la importancia que merece. Un caso extremo lo tenemos en un tema tan espinoso como la Guerra Civil española. En un reciente libro, De la Cierva dejaba patente la manipulación que está teniendo la historiografía a cerca de la Guerra Civil en función de la ideología que represente. Lo más grave, a juicio del autor, es ya no es la manipulación de la historiografía favoreciendo una visión negativa hacia determinados autores, sino la tergiversación de los acontecimientos históricos para lograr un determinado discurso histórico.

Tras este panorama a modo de introducción vamos a pasar a analizar el valor formativo de la Historia, ver para que es útil conocer la Historia de nuestro país, y para que haya esfuerzos desde el Gobierno para dar más importancia a esta materia.

2. El valor formativo de la Historia

En primer lugar tendríamos que pararnos y analizar qué significa el término “formativo”, qué se entiende por formativo y que es lo que queremos que aporte la Historia a la formación de los futuros ciudadanos. El diccionario de la Real Academia define formativo como el adjetivo que se aplica a algo que forma o que sirve para formar. Partiendo de aquí, podemos decir que el valor formativo de la Historia reside en que nos aporta un punto de partida, una base de la que partimos a la hora de integrarnos en la sociedad. Muchas veces nos preguntamos adónde vamos, cuál es nuestro destino, qué va a ser de nosotros, pero para intentar lograr una respuesta a estas preguntas tenemos que saber de donde venimos, qué hemos hecho antes en situaciones parecidas, cómo nos hemos adaptado a las diferentes épocas, momentos, contextos; ahí es donde entra de lleno la Historia: Lucien Febvre en su obra Combates por la Historia, lo dejaba claro en uno de sus diálogos:

- Papá ¿Para qué sirve la Historia?
- Para saber leer un periódico

Tan simple como eso. Sí partimos de que el hombre es un ser social y que la Historia investigaba al hombre en sociedad como decía Bloch , la Historia sería la ciencia de los hombres, de los hombres en el tiempo. Constatamos la importancia de esta disciplina en la formación de la persona y en la aparición de una actitud crítica y la capacidad de razonar por sí sola. La Historia debe convertirse en un instrumento que permita la comprensión y crítica de los sucesos por parte del alumno para que juzgue y elija el camino que él considere más coherente. Así gracias a la Historia el alumno puede conocer el pasado y proveerse de una base que le proporcione unos moldes de pensamiento y de acción adecuados.

La LOGSE, en múltiples apartados de su articulado, habla de crear una capacidad crítica en el alumno y de desarrollar su capacidad de decisión y estos conceptos solo se pueden desarrollar desde el campo humanístico, desde la Historia, de ahí su valor formativo.

Todos sabemos que objetividad en la Historia es algo poco menos que utópico y es que el mero hecho de seleccionar las fuentes ya hace que el texto pierda cualquier atisbo de objetividad, pero esto no quiere decir que el producto que sale de las manos del historiador merezca el descrédito más absoluto. Gracias al valor formativo de la Historia, somos capaces de elegir, comparar y seleccionar aquellas partes que nos interesan de las diferentes obras sobre un mismo tema, con el objetivo de recrearnos una visión lo más acorde posible a lo que nuestra capacidad de reflexión y de crítica nos indica.

Podemos resumir brevemente qué aporta la Historia a la formación de los alumnos . En primer lugar esboza el pasado, los cambios en las sociedades, cambios que son más complejos de lo que se pudiera pensar en un momento, ver los cambios históricos cómo un fenómeno social, no de personajes históricos, etc. La Historia ayuda al alumno a comprender los sucesos a los que se enfrenta cada día desde que se levanta, le ayuda a comprender como su pueblo tiene un nombre determinado y no otro, por que su ciudad tiene una feria en una fecha determinada, le ayuda a conocer el por qué de muchas tradiciones y costumbres; en definitiva le ayuda a conocer el mundo que le rodea ya que como ser social necesita conocer las relaciones humanas a lo largo del tiempo, y esto es lo que proporciona la Historia.

Hoy en día vivimos en una sociedad informatizada, donde predomina lo visual a lo escrito, donde muchas veces la Historia es lo anacrónico, lo nostálgico. Los historiadores tenemos que defender el papel de lo pasado, de la tradición del por qué de las cosas y poner las cosas en su sitio cuando alguien tergiversa los hechos pasados en beneficio propio. Todos hemos oído hablar del mito del “oro de Moscú”, de los “fueros en el P. Vasco”, etc, pero realmente ¿qué pasó?, si estamos alejados de la Historia o renunciamos a ella, jamás lo sabremos.

Dentro de la materia de Historia no vamos a hablar de la pugna entre el concepto y el procedimiento que manifestaba Valdeón en el artículo anteriormente citado, si vamos a decir que como en su día dijo L. Febvre, el investigador no es el que sabe, sino el que investiga, pero tampoco tenemos que obviar el papel de los conocimientos tradicionales ya que sin ellos no podríamos comentar un texto o un mapa satisfactoriamente. No se trata de acumular un gran saber, que en la mayoría de las ocasiones resulte inútil, basta con ir un sábado a una librería de libros usados y hojear un libro de Historia de principios de siglo para saber qué es lo que no tenemos que hacer como profesores, el querer crear pequeñas enciclopedias andantes. Si bien es cierto que este punto es abusivo, tampoco podemos caer en la relajación, pensando que ahí están los libros y que a nosotros lo que nos interesa enseñar es el análisis de textos o de mapas, en definitiva las destrezas. Se trata de hacer las cosas en la justa medida.

Si partimos del principio de que la Historia es fundamental para formar la capacidad de respuesta de las personas ante determinadas situaciones así como su capacidad de razonar ante hechos que van de lo más simple a lo más complejo, vamos a analizar ahora como desde la Historia se puede transmitir ese conocimiento, ya que no nos vamos a centrar en el dato, en los acontecimientos haciendo de nuestras clases, clases magistrales de erudición, que en definitiva, no hacen sino aburrir a los alumnos. Tenemos que completar la enseñanza con los siguientes instrumentos, si queremos lograr un valor formativo de la Historia y que quede huella en la persona que lo recibe .

- El comentario de texto: Básico para cualquier alumno que se inicie en el estudio de la Historia ya que permite acercar al alumno a la fuente, al origen del dato histórico, aportando una visión complementaria a la del libro de texto. Al mismo tiempo, el alumno obtiene un método de razonamiento y extrae enseñanzas sin un recurso excesivo de la memoria a la vez que potencia su capacidad de juicio.
- El mapa histórico facilita la comprensión de los cambios en un determinado espacio a través de una información visual.
- Otros recursos como el organigrama, el gráfico o el uso de los medios audiovisuales, las visitas a archivos y museos, etc.

En definitiva hemos visto lo importante que es la ciencia histórica para el desarrollo de la personalidad y de la forma de ver las cosas de una persona que irán ganando importancia al tiempo que el alumno va alcanzado la madurez y está preparado para la vida laboral o universitaria.

En un mundo dominado por los mass media, por las decisiones de unos pocos, donde ya nada quedan de valores como la honestidad, la palabra etc. es en el conocimiento histórico donde está la clave para comprender unos fenómenos que son desconocidos para la mayoría y que son de vital importancia, baste con temas tan candentes como el Plan Ibarretxe o las reivindicaciones de Cataluña. Si la Historia realmente tuviera un mayor protagonismo, muchas de esas aventuradas peticiones no pasarían, para la inmensa mayoría de la sociedad, de lo meramente anecdótico.

3. A modo de conclusión

Creo que prácticamente ya lo hemos dicho todo sobre el valor formativo de la Historia, cualquier mención más resultaría excesivamente redundante. Sí nos gustaría hablar como colofón a esta reflexión, de la politización de la Historia y de cómo este hecho está incidiendo cada vez más, por desgracia, en la educación de nuestro país.

La Reforma de las Humanidades fue un paso del Gobierno para intentar dar más presencia a las disciplinas humanísticas dentro del sistema educativo actual que sigue presentando una serie de contradicciones que sería deseable que se subsanaran a largo plazo. En España existe el problema añadido de su configuración en Comunidades mal llamadas históricas y comunidades nacidas de la Constitución del 78. Esto ha ido generando un problema sobre todo en la forma de impartir nuestra disciplina en algunas de ellas, donde se plantea una enseñanza de la Historia sesgada y con unos intereses que van mucho más allá de crear una actitud crítica en el alumno.

Sabemos sobradamente que el valor formativo de la Historia es fundamental, ahora el reto tanto de las Administraciones educativas como de los historiadores es proceder a una normalización de la enseñanza de la Historia en una España que es plural como dice la Constitución pero que no es óbice para el parasitismo de unos pocos a los que estamos asistiendo.

En una entrevista al historiador Manuel Fernández Álvarez publicada en ABC el domingo 18 de enero de 2004 hablaba de este tema poniendo el ejemplo de cómo se estudia el movimiento comunero en los institutos de Castilla León. Mencionaba como se hacía una interpretación un tanto sesgada al describir el movimiento y sobre todo a la hora de hablar de sus protagonistas ya que hacían hincapié por ejemplo en A. Bravo y Maldonado, de Segovia y Salamanca respectivamente pero olvidaban la importante figura de Padilla natural de Toledo (Castilla la Mancha). En la Revista Época, en uno de sus números de noviembre del pasado año de 2003, se hacia un análisis de la situación de las lenguas cooficiales en España. A través de unos ejemplos de fragmentos de textos extraídos de libros escolares se ponía de manifiesto manipulación de la Historia, lo que sin duda, es una prueba más de su valor formativo a la hora de desarrollar la conciencia de los futuros ciudadanos.
Quizás los ejemplos anteriores ilustren algunos fallos de la enseñanza de la Historia en la actualidad y que afectan a su valor formativo ya que si partimos de la enseñanza de una imagen distorsionada de la Historia y fragmentada, el sujeto puede que no perciba la realidad histórica correctamente. Ante el carácter centrífugo que está tomando la enseñaza de la Historia en nuestro país, uno de los principales retos que se plantea el historiador y el docente es el intentar cambiar ese mensaje por otro más integrador, más ajustado a los principios constitucionales que rigen nuestra sociedad para que gracias al valor formativo que aporta la Historia, los futuros ciudadanos crean en la libertad, en la democracia, en la solidaridad, en el respeto a las diferencias y que contribuyan en la manera de sus posibilidades a crear una sociedad mejor. La pena es que para hacer frente a ese carácter centrífugo que está tomando la Historia, tan sólo contamos con el carácter centrípeto de algunos textos recientes como el del recientemente desaparecido A. Domínguez Ortiz, con su excepcional obra España. Tres Milenios de Historia, donde repasa el devenir histórico de lo que hoy es España a lo largo de los tres últimos milenios, para contradecir algunas opiniones particularistas últimamente en boga.


BIBLIOGRAFÍA

- Astorga, A.: “Manuel Fernández Álvarez” Diario ABC, 18 enero de 2004.
- Azcona, J. M.: debate por una Historia viva. Universidad de Deusto 1990.
- Bloch. M.: Introducción a la Historia. Fondo de cultura Económica.1970.
- Bourde, Guy y Martín, Hervé: Las escuelas históricas. Akal 1992.
- Cannadine, D.: “British History: Past, Present- and future?” Past and present, (116), 1987, pp. 169-192.
- De la Cierva, R.: Historia actualizada de la Segunda República y de la Guerra de España 1931-1939. Con la denuncia de las últimas patrañas, Fénix, Madrid, 2003.
- Domínguez Ortiz, A.: España. Tres milenios de Historia, marcial Pons 2001.
- Febvre, L.: Combates por la Historia. Ariel. 1989
- Febvre, L.: El problema de la incredulidad en el siglo XVI, la religión de Rabelais. Akal, Madrid, 1993.
- Fontana, J.: La Historia después de la Historia. Crítica, 1992.
- Jiménez López, J. A.: “El carácter integrador de la Historia en la formación humana” Revista española de pedagogía (199), 1994, pp. 459-483.
- Julia, S.: “El historiador escéptico” en Azcona, J. M.: Debates por una Historia viva. Universidad de Deusto 1990; pp. 25-31
- Pagés, P.: Introducción a la Historia. Epistemología, teoría y problemas de métodos en los estudios históricos. Ed. Barcanova, 1990.
- Topolsky, A.: Metodología de la Historia, Cátedra, 1982
- Valdeón Baruque, J.: “La Historia se defiende” en Azcona, J. M.: Debates por una Historia viva. Universidad de Deusto 1990; pp.45-59.


NOTAS

1- Bloch, M.: Introducción a la Historia, FCE. México, 1952, p. 19.
2- Febvre, L.: El problema de la incredulidad en el siglo XVI, la religión de Rabelais. Akal, Madrid, 1993.
3- Febvre, L.: Combates por la Historia, Ariel 1975, p. 29.
4- Sobre Historiografía de entre la inmensa cantidad de obras existentes para el tema podemos citar como obras básicas las de Pagés, P.: Introducción a la Historia. 5- Epistemología, teoría y problemas de métodos en los estudios históricos. Ed Barcanova, 1990 y la de Bourde, Guy y Martín, Hervé: Las escuelas históricas. Akal 1992.
6- Febvre, L.: El problema de la incredulidad en el siglo XVI, la religión de Rabelais. Akal, Madrid, 1993 p. 7.
7- Cannadine, David.: “British History: Past, Present- and future?” Past and present, (116), 1987, pp. 169-192.
8- Juliá, S.: “El historiador escéptico” en Azcona, J. M.: Debates por una historia viva. Universidad de Deusto 1990; pp. 25-31
9- Valdeón Baruque, J.: “La Historia se defiende” en Azcona, J. M.: Debates por una historia viva. Universidad de Deusto 1990; pp.45-59.
10- Azcona, J. M.: Debates por una historia viva. Universidad de Deusto 1990.
11- De la Cierva, Ricardo.: Historia actualizada de la Segunda República y de la Guerra de España 1931-1939. Con la denuncia de las últimas patrañas, Fénix, Madrid, 2003. De esta obra interesa sobre todo el capítulo titulado “El extraño caso del doctor Aróstegui y Ms. Egido” pp.1113-1125.
12- Bloch, M.: Introducción a la Historia, FCE. México, 1952.
13- Jiménez López, J. A.: “El carácter integrador de la Historia en la formación humana” Revista española de pedagogía (199), 1994, pp. 459-483. hace un estudio de manera pormenorizada a cerca de la importancia de las ciencias sociales en la 14- Educación y que valores aporta al alumno en su desarrollo.

Vid nota nº 5
A la hora de estudiar las técnicas y recursos de los que dispone el profesor para transmitir al alumno sus conocimientos podemos citar de modo general la siguiente obra: Martínez Ruiz, E.: La Historia y las Ciencias Humanas. Didáctica y técnicas de estudio. Istmo, Madrid 1989.

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