Moclín, un paseo por su Historia

 

 

 

 

 

http://www.alonsocano.tk      http://perso.wanadoo.es/alonsocano1601                    ISSN: 1697-2899                   D.L:GR2134/2004
MOCLÍN, UN PASEO POR SU HISTORIA
Por Néstor Prieto Jiménez

La ubicación geográfica de Moclín en el valle del río Velillos y en lo que hoy se Vista de Moclín y su Castilloconoce como Montes Orientales de la provincia de Granada, convierte al municipio en una zona de codiciada ocupación a lo largo de su historia, que según parece, arranca en época prehistórica, alcanzando su máximo esplendor durante el reino nazarí de Granada y el periodo inmediatamente posterior a su conquista; prueba de ello son los numerosos vestigios que aún perviven en sus tierras y entre los que destacan, sin lugar a dudas, el castillo medieval y su iglesia.
Así por ejemplo, son considerables y variados los restos de industria lítica encontrados en el interior de la cueva de Malalmuerzo que nos remontan al Paleolítico Superior, aunque mas numerosos son los de época Neolítica con algunas piezas de cerámica cardial, entre otras, o las pinturas esquemáticas de los abrigos rocosos de Corcuela, La Pedriza de Peñascal, Hornillo de la Solana, la Cueva de Limones, Cuevas Bermejas y Cueva de las Vereas en las que aparecen figuras antropomorfas, signos pectiniformes -en forma de peine o dentados-, puntos y barras pintadas que por culpa de su cuestionable estado de conservación impiden ser identificadas con claridad; todas ellas son monocromas, de tonos rojizos, y parecen formar escenas como la de caza en Corcuela.
Según parece, tres fueron los dólmenes que durante varios siglos acompañaron al pueblo de Tózar y que nos remontarían a época Calcolítica. En la actualidad solo se conserva el conocido como Pileta de la Zorra que corresponde a la tipología de dolmen simple y en cuyo interior, se practicarían enterramientos por inhumación. Próximo al mismo, encontramos una pequeña necrópolis medieval con tumbas antropomorfas excavadas en la roca y de dudosa cronología, algunos historiadores la datan de época visigoda, y los hay que lo hacen en la musulmana por seguir todas ellas una misma orientación.
Como se puede imaginar, las tierras del municipio han sido desde antiguo un lugar muy favorecido para la explotación de la actividad agropecuaria, prueba de ello es el gran mosaico de Tiena, perteneciente a lo que debió ser una importante villae romana del Alto Imperio. De este periodo son los dos silos excavados en la roca que se conservan en Tózar, junto al dolmen y a la necrópolis.
La dilatada pervivencia de Al-andalus ha sido la culpable de la existencia del elevado numero de testimonios de este periodo histórico en la península, y como no podía ser menos, en lo que fue su último vestigio, el reino nazarí de Granada.
Cuando en 1341 el rey Alfonso XI conquista Alcalá la Real, la existencia de Hins al- Muklin o Fortaleza de las Dos Pupilas adquiere su razón de ser. Formado entre 1248 -nacimiento del emirato granadino- y 1280(1), el castillo toma el testigo a lo que fue la fortaleza musulmana de La Mota. Será el encargado de controlar posibles avanzadillas por parte de tropas cristianas en la vega granadina a través del Camino Real. Para ello, el castillo, se prevé de un Atalaya de Mingoandrésgrupo de atalayas o torres vigía de una gran belleza visual, ya no solo por su morfología -que suele ser la misma en todas-, sino por el lugar en que se ubican. Por cuestiones funcionales, todas ellas han sido colocadas en grandes promontorios de roca caliza que permiten una mayor elevación de la misma, mejorando su campo de visión al tiempo que se las dota de una cierta elegancia y prestancia que aún hoy cautivan al que las observa a su paso.
Son cuatro las atalayas que prestaban su servicio al castillo -la torre de la Porqueriza o Tózar, de la Solana, de Mingoandrés y la Gallina-, todas ellas de planta central, realizadas en mampostería con cuarcitas, calizas, travertino y otras variedades minerales, con verdugadas de ripio unidas por una argamasa de aspecto terroso. Estuvieron provistas de una pequeña habitación en la parte superior, a la que se accedía a través de un vano, y en la que se alojaba el guardián encargado de avisar mediante espejos o fuego a los habitantes del castillo en los momentos de riesgo o asedio. Cronológicamente hemos de encuadrarlas en torno al siglo XIV, en pleno desarrollo nazarí; actualmente se encuentran en muy diverso estado de conservación. Hacia 1993 la Escuela Taller de Moclín llevó a cabo una intervención de dudosa calidad sobre la torre de la Solana -algo abombada en su parte central-, en la que se ocultó un poco de su mampostería enripiada. Hoy es la de Tózar la que precisaría una urgente intervención pero, posiblemente, centrada en trabajos de consolidación y no tanto de reconstrucción. Por otro lado la de la Gallina, en el entorno de Puerto Lope, solo conserva algo de su base cilíndrica al haber sido destruida hacia 1970 por un rayo.
Esteban de Garibay, autor de una historia universal de los reinos de España en el siglo XVI, vincula la génesis de Moclín a la toma de Jaén por parte de Fernando III en 1246, variando así, en dos años, la fecha anteriormente citada. De lo que no cabe la menor duda es que la primera mención documentada a la fortaleza se remonta a la Crónica de Alfonso X(2), en 1280, cuando es avistada por las tropas del infante Don Sancho. Ha titulo informativo decir que algunas hipótesis trasladan su origen a época zirí o almohade(3), pero hasta el momento, ninguna de las prospecciones arqueológicas llevadas a cabo en el recinto han podido corroborarlo, no encontrándose restos anteriores al periodo nazarí (1238-1492).
El castillo de Moclín es de los pocos ejemplos que se conservan de doble amurallamiento, es mas que posible que el recinto inferior albergase la villa mientras que el superior seria el utilizado como castillo propiamente dicho. Si dos son los recintos amurallados, dos son las etapas constructivas que apreciamos en sus muros. Podemos suponer que el espacio militar dio origen al pueblo, por lo tanto, el primer recinto sería el de posterior creación. En el apreciamos una alternancia, sin un ritmo concreto, de torres de planta circular con cuadradas, tanto ellas como los lienzos de muralla son realizados en mampostería con verdugadas de ripio, reforzadas en sus esquinas con sillares mas o menos trabajados. El paño occidental queda interrumpido por un espolón rocoso que, aún permitiendo el ahorro de materiales, conserva restos de lo que fue una torre. Tanto este lienzo como el oriental, por cuestiones orográficas, debieron adaptarse al terreno con una construcción escalonada rematada por almenas en tapial, muchas de ellas perforadas con saeteras. Es posible que debamos a una intervención de la Escuela Taller la inserción de lo que parecen ser tres proyectiles en el lienzo de la muralla meridional, en ella tiene cabida la Torre Puerta del castillo Torre Puerta del Castillo de Moclína la que se accede por una pequeña rampa. Un arco adornado con el escudo nazarí en la clave nos da paso en recodo simple al interior del recinto mediante otro arco, en este caso decorado con la llave. Inclinadas y estrechas escalinatas nos conducen al segundo piso, destinado a vivienda del guardián, con una puerta que se comunica con el adarve que recorre toda esta muralla permitiendo el acceso a este piso tanto desde el interior de la torre como desde el muro defensivo. El tercer piso corresponde a la terraza, también con almenas realizadas en un tapial hormigonado de bastante consistencia.
Ya en el recinto superior, la parte mas meridional del castillo o alcazaba aparece con el mismo sistema constructivo, a saber, mampostería enripiada con ángulos reforzados en sillares; la particularidad quizás resida en el hecho de que tras esta línea, que recorre toda la zona superior, aparece una segunda en tapial, que no hace sino reforzar aún mas el castillo por esta parte. De tapial también era primitivamente la torre del homenaje o del alcaide, aunque en la actualidad y tras las restauraciones, no permite ver con claridad su evolución constructiva.
Posiblemente una de las partes mas bellas del recinto superior sea la situada mas al norte, es decir, la que se proyecta sobre Alcalá la Real, de ahí ya no sólo su mayor monumentalidad sino su alternancia rítmica de torres cilíndricas con cuadradas. En el ángulo NO aparece la única torre de planta poligonal, que queda incomunicada del resto de la muralla por haberse perdido el muro. Próximo se encuentra el gran aljibe del recinto, adosado por uno de sus lados mayores al lienzo norte, con cubierta de bóveda de medio cañón, en su interior se aprecian unas marcas que podrían deberse a la división del mismo en dos cámaras. Debido al estado ruinoso del castillo no podemos constatar el modo de almacenamiento del agua pero posiblemente, el aljibe, se surtía de la procedente de la lluvia o mediante un suministro a base de cubos. En cualquier caso, las dimensiones del mismo son bastante considerables, en su exterior se conservan aun los restos de sistema de encofrados. Entre este y la torre del homenaje se han encontrado lo que parecen ser los cimientos de otro aljibe de menores dimensiones, lo cual no sería de extrañar si tenemos en cuenta que hacia 1761 Francisco Ferrón, en su noticia histórica de la villa de Moclín, hace referencia a la existencia de varios.
El reino nazarí sufre un duro golpe cuando el 26 de junio de 1486 cae el que durante mucho tiempo ostentó el titulo de llave y escudo de Granada(4). Como muy bien relata Hernando del Pulgar en su crónica, dos fueron las noches y uno el día que el castillo de Moclín resistió el asedio de las tropas cristianas. En este evento jugó un papel decisivo el uso de la artillería que, durante ese tiempo, fue haciendo mella en sus defensas y obligando a sus moradores a ir reparando los daños durante la noche. Otro cronista, Bernáldez, atribuye la entrega del castillo a un hecho fortuito, nos referimos al proyectil cristiano que perforó una de las bóvedas del edificio que albergaba la pólvora del castillo. Según cuenta, fueron tales los daños materiales y de vidas humanas que no se prorrogó mas la entrega de Hins al- Muklin al Marqués Duque de Cádiz. A partir de aquí, la caída definitiva del reino nazarí es sólo cuestión de tiempo ya que queda abierto el acceso a la Vega.
El deseo cristiano por dominar estas tierras no se remonta a 1486, desde el momento en que se conquista la vecina Alcalá la Real los intentos por adentrarse en el reino nazarí serán una constante. Caben destacar en este caso los hechos acaecidos el 3 de septiembre de 1485, cuando el ejercito de Moclín cae por sorpresa sobre el castellano dirigido por el conde de Cabra, Don Diego Fernández de Córdoba, en el lugar que hoy se conoce con el nombre de Campos de la Matanza, situado en el Camino Real. El cortijo homónimo y levantado en arquitectura tradicional que hoy ocupa este espacio, permite la pervivencia en nuestra memoria de semejante acontecimiento.
La toma de castillos como el de Loja, Montefrío, Illora o Moclín aparece inmortalizada en la sillería de la catedral de Toledo, obra del Maestro Mateo Alemán. En este último caso, encontramos una composición simétrica centrada por el castillo del que huyen tres musulmanes. En primer plano y enfrentados aparecen dos grupos figurativos, a la derecha la Reina con la Infanta Doña Juana acompañadas de caballeros y pajes y, a la izquierda, el Cardenal Mendoza con similar cortejo. Entre ambos grupos y a modo alegórico, un hombre hace activar el mortero causante de la caída del castillo.
Con la toma cristiana llegan las primeras transformaciones al pueblo, para adaptarlo a sus nuevos moradores, prueba de ello es la construcción de obras como el Pilar de la Pilar de la Fuente ViejaFuente Vieja en la salida, junto a la carretera que conduce a Puerto Lope. En estilo renacentista, realizado con grandes sillares y en cuyo frontal, a modo de cartela, aparece una inscripción hoy día casi tan ilegible como la que recorre su friso y que ya trató de interpretar en su momento el profesor Gómez-Moreno Calera(5). Está coronado por lo que debió ser un frontón circular, con tallos vegetales en S y un jarrón a cada lado. Por la entrada al pueblo encontramos también una cruz de itinerario sin fecha alguna, pero por la cantidad de patina que invade su peana, debe ser tan antigua como la que hay frente a la fachada de la iglesia.
Por el momento, los escasos estudios realizados en el castillo parecen coincidir en que durante la Edad Moderna el recinto inferior, que alojó las viviendas de sus moradores, empezó a abandonarse y a desarrollarse extramuros. Posiblemente porque en momentos de paz no tenia mayor sentido seguir habitando la zona más incómoda, con una altitud aproximada de 1065 metros.
De época moderna es el Posito del Pan (1550-1599), instalado en la calle de La Mota, con la misión de almacenar el trigo de los vecinos del municipio para prevenir la carestía de pan. Está provisto de una cubierta a vertiente sencilla y dos portadas de medio punto con sillares perfectamente labrados, la del lado menor destaca por estar coronada sobre su clave por un escudo de Felipe II y jalonada por dos grandes aldabas de forja. La portada del lado mayor queda en alto, es por ello que se ha recurrido a la colocación de un pequeño saliente. Al parecer su situación fue tan desahogada que en alguna ocasión la corona le pidió ayuda cuando tuvo dificultades económicas, también contribuyó a la creación del banco de San Carlos (antecedente del Banco de España) y del Monte de Piedad (en 1603)(6).
Pero sin lugar a dudas, la empresa de mayor envergadura llevada a cabo inmediatamente después de la conquista fue, la construcción de la Iglesia Parroquial Iglesia de la Encarnación. S- XVIde la Encarnación -hoy mas conocida como Santuario del Santísimo Cristo del Paño-, advocación por la que los Reyes Católicos siempre mostraron una especial predilección, así pues, véase el caso de Illora o Colomera. Son muchos los que han especulado sobre la posibilidad de que dicha iglesia se levantase sobre la primitiva mezquita, aunque hasta el momento, ninguno de los estudios llevados a cabo en el recinto han podido confirmarlo. Parece ser que por el año de 1505 ya estaban comenzadas las obras por el albañil Ximena y para 1530 la iglesia ya debía estar compuesta por una nave con capillas hornacinas y una cabecera de poca envergadura.
Desde su construcción estuvo sometida a diversas modificaciones, en 1543 el cura Francisco de San Sebastián paga a Diego de Siloe la cantidad estipulada por ir Moclín para trazar la nueva capilla mayor y su retablo, ya que la que tenia era poco monumental(7). Esta fue la razón que llevó a don Manuel Gómez Moreno a atribuir la obra a semejante artista, actualmente, la aparición de nuevos documentos desmienten esta idea. Es el profesor don Lázaro Gila Medina el que especula sobre la posibilidad de que las trazas de Siloe no llegaran a buen puerto por exceder las posibilidades económicas de la Iglesia. Las circunstancias favorables llagarían cuando el 28 de junio de 1551 el clérigo D. Francisco de Zamora, en nombre de D. Pedro Guerrero, arzobispo de Granada, y los consiliarios de la iglesia de Moclín, Gonzalo Lizanas y Pedro Ruiz, se concentraron con Martín de Bolívar con el propósito de que este diseñara las trazas de la capilla mayor y la sacristía bajo las condiciones que este estableciera(8) -entre otras hacer un arco para cobijar el retablo-. Martín de Bolívar muere en el mes de diciembre cuando la obra todavía no se había comenzado, incumpliendo su palabra de empezar las obras antes de primeros de octubre. El caso es que sorprendido por la muerte, su hermano Miguel se ve obligado a sustituirle tanto aquí como en la iglesia abacial de Alcalá la Real y la torre de Illora.
Vuelve a ser Gila Medina, apoyado en los estudios de Gómez-Moreno Calera, el que plantea la posibilidad de que Miguel trabajase en colaboración, o bien fuese sustituido, por un tal Martín de Bolívar, hijo del maestro de cantería Juan, activo en Alcalá la Real y también oriundo de Bolívar, en el Señorío de Vizcaya. Pero en cualquier caso, fueron las trazas diseñadas por el difunto Martín de Bolívar las que se llevaron a cabo por el año de 1552.
La capilla mayor adquirió tal desarrollo que quedó por encima, en altura, del resto de la iglesia. Los trabajos fueron llevados a cabo en sillería, en algunas partes se aprecia el uso de un aparejo a soga y tizón de origen romano. En cada uno de sus ángulos insertó grandes contrafuertes y, en su interior, llama poderosamente la atención el empleo de arcos ojivales y bóveda de estrella por parte de un artista impregnado ya por la estética del renacimiento, como queda de manifiesto, por ejemplo, en los trabajos que realiza para la iglesia abacial de Alcalá la Real; aunque posiblemente fue para no romper la unidad estilística con el resto del edificio construido en una tipología tardomedieval. El caso es que diseña una bella bóveda de estrella cuyos nervios quedan unidos por un anillo decorado con hojarasca trifoliada, de su núcleo colgaba una lámpara, en la actualidad sustituida por una pequeña roseta de bronce. La única ventana de la capilla responde al estilo de Martín de Bolívar, de medio punto, con derrame tanto desde el interior como desde el exterior, con pequeños baquetones recorriendo todo su interior y entre los que coloca su clásica moldura de ovas y dardos.
Entre los años 1947 y 1949, tras los daños sufridos durante la Guerra Civil, se abordan los trabajos que configuran el aspecto final del santuario, llevados a cabo por Francisco Prieto Moreno, que añadió una espadaña orientada al pueblo de estilo neoescurialense junto a una galería mirador -sobre las capillas laterales de la iglesia-, también orientada al caserío. De la armadura de menor altura que tuvo en su origen la nave, por cuestiones económicas, se pasó a una cubierta de bóveda apuntada que se ponía al nivel de la capilla mayor hasta que este ultimo arquitecto la rebajo con una bóveda de arcos fajones decorados con falsos casetones en su intradós.
La portada con arco de medio punto que da acceso a la sacristía desde la capilla mayor esta flanqueada por dos pilastras toscanas cajeadas, sobre su entablamento y a cada lado, aparecen dos pequeños florones que sirven de marco a las dos aletas geométricas que cobijan un medallón que contiene una venera hacia abajo y sobre la cual colocó una cruz potenzada, en las enjutas del arco pone dos discos con el anagrama de Cristo en latín y griego, siendo la segunda vez que utiliza Martín de Bolívar semejante cultismo para decorar una portada como aparece en la que da acceso al coro de la iglesia abacial, solo que en este caso, en el dintel.
En la sacristía lo que más destaca es su bello alfarje renacentista con jácenas, sin decoración, que arrancan de un amplio estribo. En las calles resultantes aparecen lazos hexagonales, en cuyo interior crean una especie de casetón decorado con bellas rosetas bolivarianas, algo mayores en tamaño que las que coloca en la unión de cada casetón. Destacar por último el vano rectangular que ilumina el interior, adintelado y con semejanzas al que hay en el cuerpo inferior de la torre de la iglesia parroquial de Illora.
Algo mas trabajada es la portada que hay a los pies de la iglesia -sigue un esquema similar a la anterior-, aquí las pilastras también son cajeadas aunque de orden compuesto, el entablamento esta algo mas ornamentado, en su friso y sobre las pilastras, aparece inscrito: AÑO 1560, mientras que en el centro y sobre la clave del arco encontramos el escudo del arzobispo Guerrero que, según Gila Medina, también pudo tener la intención de aparecer donde esta la venera de la otra portada, por ser él uno de los promotores de la obra. El arco de medio punto esta decorado con pequeñas ménsulas intercaladas con guirnaldas y justo en la clave una mensula de mayor tamaño, en las enjutas del arco hay un disco. Sobre el frontón dos aletas flanquean un óculo abocinado provisto de un angelito sobre el que se ha colocado lo que parece ser una granada. El mismo motivo ornamental, que recorre a modo de rosario este friso, lo encontramos enmarcando la ventana de la sacristía.
Como ya se ha adelantado, la iglesia hoy día es mas conocida como santuario del Cristo del Paño por albergar en su interior un lienzo de gran formato -casi nueve metros cuadrados- conocido con este titulo y por acoger todos los años una importante romería en la que se llegó a inspirar Federico García Lorca para alguno de los pasajes de Yerma. El tema icnográfico es el de Cristo con la cruz a cuestas en el momento en que hace ademán de caer en plena calle de la amargura para lo que se apoya en el arranque de un árbol cortado, lo mas impactante es la mirada que el Cristo dirige al espectador buscando una cierta complicidad con el mismo. Basándonos en los estudios de Félix Rejón Martín(9), el origen de este lienzo anónimo no esta muy claro, tradicionalmente se ha dicho que llegó a la villa de manos de los Reyes Católicos junto a una Virgen de la Victoria, lo cual vendría justificado por el echo de tratarse de un lienzo que permitiría un fácil traslado. La imagen que nos ha llegado es el resultado de múltiples restauraciones que posiblemente han modificado bastante el lienzo original. Al parecer, el nombre con el que se conoce a este Cristo puede deberse a un milagro vivido por un sacristán, que tras lavar la imagen con agua y esperar que se secara al sol, besó sus pies y acto seguido recuperó la visión de la que fue privado con su enfermedad del paño que era como se conocía en esos años a las cataratas. Según Gómez-Moreno Calera la iconografía y estilo están mas próximos al siglo XVII o posterior, que al XV; a esto podemos añadir el hecho de que por uno de los lados del Cristo se puede divisar la silueta del Castillo e Iglesia parroquial de la Encarnación, algo extraño si tenemos en cuenta que una de las hipótesis es que fueran los Reyes Católicos los que trajeron el lienzo, cuando la iglesia no era ni un proyecto, aunque con las continuas restauraciones a que ha sido sometida la obra, cabe la posibilidad de que este detalle se haya incorporado con posterioridad.
Recordaremos que una de las obligaciones de Martín de Bolívar en su contrato era el añadir un arco en la capilla mayor para colocar el retablo renacentista que estuvo formado por banco, cuatro pisos, ático y cinco calles, las bajas estaban separadas por pilastras talladas con decoración de grutescos mientras que las superiores por medios balaustres. La calle central, algo mas ancha, estaba decorada por esculturas de San Juan Evangelista, la Encarnación y un Calvario en el ático; las laterales, en su origen, completaban con pinturas los temas de la Vida y Pasión de Cristo, y las extremas, que estaban rematadas por medios tondos, también decoradas con pinturas de diversos Santos. En 1742 fue modificado, eliminando el encasamiento central y los cuatro adjuntos de las calles adyacentes para acoger la pintura del Cristo del Paño. En la actualidad el cuadro descansa en el centro de un retablo de traza neoescurialense, en el ático aparece una imagen de la Encarnación en la que el Arcángel San Gabriel se arrodilla ante Maria, al tiempo que el Espíritu Santo baja en forma de paloma, ante la atenta mirada de varios querubines que se asoman por el rompimiento.
El interior del templo estuvo ricamente decorado antes de que la Guerra Civil hiciera sus estragos en el, de sus piezas sólo comentaremos el Pendón que se estrenó en 1598, con un costo que superó los quinientos ducados, realizado en terciopelo carmesí y ricamente bordado en oro con tallos vegetales que enmarcaban tres óvalos, dos de ellos -al parecer con una mayor carga decorativa- fueros cortados, dejando solamente el que se correspondía con el escudo de Moclín. La casi nula atención que se le prestó a esta obra de gran valor histórico-artístico provocó que por el año de 1970 llegase a su fin como ya denunció Félix Rejón Martín en su libro cuando descubrió en 1980 que el Convento de Madres Carmelitas de Granada estaba bordando un bonito escudo de Moclín sobre terciopelo verde para la túnica del Jesús Nazareno de la villa, realizado en 1955 por D. José Martín Simón. La tragedia viene cuando averigua que para su ejecución se estaba empleando el hilo de oro del ya desaparecido pendón de finales del siglo XVI.
Por ultimo dos fueron las ermitas que se construyeron en las cercanías del castillo, la de San Sebastián y la de San Antonio Abad -San Antón- que es la única que se conserva. Al parecer, ambas se remontan al siglo XVI, a esta última se le ha modificado recientemente su aspecto original con la incorporación de un pequeño pórtico sostenido por dos pilares. Está provista de una cubierta a cuatro aguas y construida con grandes sillares hoy ocultos y de difícil identificación por estar encalados al igual que su espadaña.
Todas estas obras, declaradas en su mayoría bienes de interés cultural por la legislación vigente, se complementan con el trazado urbano mas frecuente en los pueblos andaluces, calles irregulares y estrechas de influencia islámica que en este caso se adaptan al terreno extendiéndose por la ladera, mucho mas cómoda que el interior del castillo. Esta arquitectura tradicional recurre en su técnica al empleo de mampostería, tapial y adobes, todas ellas encaladas y revocadas con yeso en su interior y sin mayor preocupación por el exterior que suele presentar una superficie heterogénea, realzando con un deseo ornamental la parte inferior de la fachada a modo de zócalo que puede aparecer pintado en otro tono aunque esto sea, una practica mas reciente. Generalmente son de dos plantas en las que la baja suele concentrar los servicios de cocinas, cuadras, dormitorios... mientras que la superior es destinada a dormitorios y almacenaje de productos y utensilios agrícolas. La simetría en sus fachadas no se cumplía a raja tabla, siendo sus vanos de pequeñas dimensiones, con ventanas en madera y rejas sencillas, las cubiertas suelen ser a doble vertiente con tejas árabes.
En la actualidad la imagen del pueblo se está viendo alterada con la incorporación de elementos foráneos que contribuyen a la perdida de algunas señas de identidad arquitectónica que, durante tantos años, han caracterizado a las construcciones de esta zona. En este sentido sería interesante la intervención de las autoridades pertinentes con la elaboración de una ordenanza figurativa que favorezca la pervivencia de estos valores en el tiempo.


BIBLIOGRAFÍA

1.LÓPEZ MORENO, M./MORENO RUEDA, F. Historia del municipio de Moclín. Granada: Ayuntamiento de Moclín, 1988, pp. 40-50.

2.MALPICA CUELLO, Antonio. Poblamiento y castillos en Granada, Granada: El Legado Andalusí, 1966, pp. 96-100 y 242-245

3.LÓPEZ LÓPEZ, Manuel. La última frontera de Al-andalus. Granada: Consorcio del Poniente Granadino, 2001, pp. 80-87 y 94.

4.HOCES PEREZ, Santiago. Moclín, escudo de Granada nazarita, corte de Isabel la Católica. Granada, 1992, p 41.

5 y 7.GÓMEZ-MORENO CALERA, José Manuel. Las iglesias de las siete villas. Granada: Fundación Rodríguez-Acosta, 1989, pp. 168-188.

6.BARBOSA GARCÍA, Mª. V./RUIZ RUIZ, Manuel. La comarca de los montes. Granada: Diputación Provincial de Granada, 1996, p. 18.

8.GILA MEDINA, Lázaro. Arte y artistas del renacimiento en torno a la Real Abadía de Alcalá la Real. Granada: Universidad de Granada, 1991, pp.145-154.

9.REJÓN MARTÍN, Félix. Moclín y el Cristo del Paño, Granada: Monachil, 1982, pp. 91-94 y 115-116.

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