LA TEORÍA MUSICAL GRIEGA:
LAS OBRAS TEÓRICAS MÁS TARDÍAS
Fernando Polo Barrales
Filología Clásica
En efecto, la diferencia que separa las grandes obras
de los tratados que vendrán a continuación es su dependencia
de algún modo de aquéllas. Este nuevo período en
la tratadística griega ocupa un espacio de trescientos años,
a excepción de la obra del Pseudo-Euclides, Sectio Canonis, que
pertenece al siglo III a.C . La intención de estos tratados,
en palabras de Zanoncelli, es “presentar los tópicos musicales
básicos, en forma de breviario, libres de cualquier aspecto problemático,
de dificultad crítica, objeto de la tratadística de la
que derivan . Por su estilo es fáicl de memorizar, lo cual a
menudo es indicio de un uso escolar (por ejemplo el tratado de Baquio,
expuesto en forma de pregunta-respuesta). A menudo son de atrubución
dudosa, pero como se trata de epítomes de doctrinas asentadas,
el problema de la autoría pasa a un segundo plano.
Generalmente se consideran como eslabones entre el período clásico
de la teoría musical y las obras posteriores dos tratados: la
Sectio Canonis y la obra de Nicómaco. Ambos pertenecen a la vertiente
pitagórico-platónica que enlaza con Teón de Esmirna,
Yámbico o Arístides Quintiliano. La Sectio Canonis fue
atribuida por Porfirio a Euclides (ca. 300 a.C.), pero entre los estudiosos
modernos es de autoría discutida. Esta obra tiene como objeto
situar al dominio de las notas en una entidad superior, la escala, en
un e sfuerzo de especialización total, que garantice su validez
absoluta fuera de la inestabilidad de las percepciones. Pero está
lejos de la tradición platónica, porque no se ocupa de
estudiar los efectos de la música en el alma. Por otra parte,
trata, bajo una justificación física del sonido y su altura,
los intervalos como razones numéricas. El resto de la obra son
proposiciones en forma de teoremas matemáticos, demostrando los
cálculos de las principales consonancias, polmizando con la teoría
aristoxénica y finalmente dividiendo el “canon” según
razones numéricas. Ahora bien, el punto de partido, como se ve,
es un hecho físico, tanto la naturaleza física del sonido
como el canon en sí; es por tanto un intento de sistematización
de hechos físicos en el lenguaje de las matemáticas (que
en muchas de sus proporciones recuerdan a Filolao).
En algunos manuscritos que contienen la Sectio Canonis, aparece atribuida,
ya a Euclides, ya a nombre como Pappo, Zósimo o Cleónides,
una Eisagoguè harmoniké que reúne elementos de
la ciencia armónica tomados de Aristóxeno. Esta circunstancia
hizo que la crítica considerase imposible una atribución
al matemático Euclides. Su editor C. von Jan se decantó
por la autoría de Cleónides basándose en una corrupción
del nombre de Euclides. En cuanto a la datación, Westphal (1867,
pág.73) lo hizo contemporáneo de Porfirio mientras Ruelle
(1887, pág.10) lo sitúa en época de Plutarco, pero
un dato fundamental es que Cleónides transmite los trece tónoi
“de Aristóxeno” y no los quince de Alipio, cantidad
en que por fin quedaron fijados. Pero Zanoncelli (1990 pág.74)
ha encontrado ecos de Ptolomeo, por loque lo sitúa a fines del
II y comienzos del III d.C.
El tratado en sí es un resumen de la teoría armónica
de Aristóxeno, muy resumido; junto a la obra de Arístides
Quintiliano son los mejores transmisores de los aspectos perdidos de
la obra del músico peripatético. Se caracteriza por una
ausencia de interés especulativo y sobre todo por el afán
de lograr una claridad expositiva, que le hace alejarse de cualquier
punto polémico o de comparaciones con argumentos de otras escuelas
que pudieran cuestionar los principios asumidos. Los temas, pues, son
los propios de la obra aristoxénica (aunqeu hay elemntos de Arístides
Quintiliano en le tratamiento de la melopeya): definiciones de los elementos
de la armonía (sonidos, intervalos, consonancias, géneros,
sistemas, modulación y melopeya) con los habituales subdivisiones
que aparecen en estos tratados tardíos. Cleónides es,
junto a Aristóxeno, la principal fuente de los Anónimos
de Bellermann.
Nicómaco de Gerasa vivió, al parecer, en el siglo II d.C.
y es conodico por su obra matemática. Su Harmonikòn Egcheirídion
, que llegó a influir en Boecio, es exactamente una “introducción”
a la armonía. Refleja un conjunto de ideas pitagóricas
o platónicas sobre la naturaleza del número y las leyes
de proporción y simetría (cosmos/caos, limitado/ilimitado);
hay autores que han visto la obra como un trabajo de propaganda de la
cosmovisión pitagórica, pero no hay que perder de vista
que la obra es producto de una época que ha agotado la racionalidad
para “disolver al final en tendencias místicas” (Zanoncelli,
1990, pág.13). Es significativo que mantenga una reverencia hacia
el maestro Pitágoras a la vez que aluda a tópicos aristoxénicos
“corrigiéndolos” en términos pitagóricos
. Sus temas principales son, por el orden en que aperecen, el moviemiento
continuo o interválico de la voz (de raigambre aristoxénica),
los intervalos que hay entre los planetas (una música de la que
procede la que el hombre conoce), un estudio de las causas del sonido
y la altura, y un estudio de las escalas de ocho notas que él
atribuye a Pitágoras, así como de siete notas, por medio
de razones numéricas. En el análisis de la doble octava,
con el que termina su estudio de la armonía, figura una terminología
aristoxénica en el nombre de las notas y tetracordios pero un
procedimiento pitagórico (la división del canon).
Para Nicómaco, como buen matemático, el número
es la vía para entender la realidad . En este caso se interesa
por la relación entre número y sonido y las leyes intrínsecas
a la serie de sonidos, siendo la música, en tanto que percepción,
ciencia por “accidens”. Esto trae como consecuencia que
tampoco Nicómaco aborde el estudio de los éthe quye ya
en época de Arístides Quintiliano habían devenido
en un “repertorio de efectos” . Para Nicómaco, la
música es una actividad puramente intelectual y los éthe
tendrían en todo caso una función catártica pero
en el sentido pitagórico de purificación mental previa
a la meditación.
Contemporáneo, al parece, del emperador Constantino, es el tratado
titulado Eisagoguè téchne musikés, de Baquio el
Viejo . Para el editor, se trata de dos exposiciones distintas de argumentos
musicales, en forma didascálica, reducidos a nociones simples,
fáciles de memorizar. Su forma es, para ello, la de pregunta-respuesta.
Por otra parte, hay un desorden expositivo que revela que se trata de
una obra destinada para lecciones, una especie de “apuntes”,
pero tan elementales que ni siquiera suponen una propedéutica
a la filosofía.
El texto contiene los tópicos aristoxénicos, con algunas
consideraciones de Ptolomeo: definiciones de sonido, de sistema, de
intervalo, enumeración de consonancias, las diferentes especies
de éstas, tetracordios, los tónoi, la melopeya son las
principales cuestiones que define entre otros muchos conceptos tomados
de la tratadística. Quizá revele ya una cierta adecuación
de la teoría musical a los usos estéticos de la época
porque no se refiere a los distintos géne del tretacordio . Según
Jan, aparte de Aristóxeno, su fuente principal es Trasilo (apud
Porfirio, Comm. Harm. 1.5) por la definición de intervalo .
La Harmonikè Eisagogué de Gaudencio es una compilación
de fuentes que se data entre Ptolomeo (pues toma de él la distinción
entre intervalos homófonos y consonantes) y Casiodoro, que cita
una traducción latina del autor griego (Inst. 2, 5, 1), aparte
de afinidades con el Anónimo III de Bellermann (definiciones
literales de los elementos de la ciencia armónica yque se fecha
en e siglo IV a.C. ). La intención, según su editor Jan,
no es la de una síntesis de la ciencia musical clásica,
sino la de una recopilación (ideas de la escuela aristoxénica,
de la pitagórica y de otros autores como Adrasto o Eliano). Esta
compilación muestra claramente los valores numéricos de
los sonidos, que ya no son expresión de las leyes de la armonía
universal, sino simples datos de hecho, que cualquiera puede hallar
en un instrumento musical.
Muchas de sus definiciones has sido reducidas en su alcance: por ejemplo,
las diferencias numéricas del intervalo irracional ya no tienen
serias implicaciones matemáticas como antes (Cf. Sec. Can. 148
y el problema de octava ma´s cuarta). Las importantes nociones
de consonancia y disonancia han sido tomadas casi literalmente de Aristóxeno,
así como del peripatético De audibilibus recoge la discusión
sobre el sonido . Hay una novedad importante en Gaudencio, su clasificación
de los intervalos entre consonantes, disonantes, paráfonos y
homófonos. Tal distinción, que se acerca a la de Ptolomeo
, puede ser un reflejo de la pérdida, en su época, de
la polaridad única consonancia-disonancia en la práctica
musical.
El último de los tratados, que tratan técnicamente sobre
la música, es el de Alipio, la Eisagoguè Musiké
. Aunque no se conoce ningún dato sobre su vida, su cronología
se sitúa en la mitad del siglo IV d.C. por la definición
que da de harmoniké, tomada de Ptolomeo, y porque es citado por
Casiodoro (Inst. 2, 5, 10). Alipio es fundamental porque en él
observamos la fijación final de los tónoi, es decir, las
escalas con igual serie interválica pero a diferente altura,
que cifra en quince, perdiéndose ya la noción plutarquea
de harmonía como modo (De Mus. 1139b) y a diferencia de los trece
que Cleónidas dice que existían en época de Aristóxeno
(Isag. cap.12). Pero sobre todo, Alipio es importante para entender
la notación griega musical, que él transmite para cada
uno de los tónoi en sus dos vertientes, la notación instrumental
y la notación vocal, así como en los tres géneros
de la melodía: diatónico, cromático y enarmónico.
Ambas se basan en el alfabeto aunque hay signos modificados y otros
completamente extraños . Los signos se organizan por “tríadas”,
en las que hay un signo original que representa un sonido; sigue una
modificaión del signo, que suele consistir en un firo de 90º,
y que representa una elevación de tal sonido en una diesis (cuarto
de tono, si está en el género enarmónico, tercio
de tono, si en el cromático o un semitono, en el diatónico);
el tercer signo es otro giro que aumenta otra diesis . Es, pues, una
notación que en principio no distingue el género en que
se halla la melodía.
En cuanto al origen de este sistema de notación, A. Bataille
sostiene que surgió en ambientes eruditos con la intención
de conservar un pasado que se contemplaba esplendoroso; pero Th. Reinach
(1926, pág.163 n.5) retrotrae hasta la época de Arquitas
al manos el núcleo de la octava central (la única parte
del sistema formada por el alfabeto sin letras extrañas y con
sus giros puros) postulando que tal disposición notaría
el género enarmónico, en aquella época el de más
prestigio.
Con Alipio termina la tratadística griega tardía, que
retomará después Boecio (siglo V d.C.) en su De institutione
musica en el ámbito latino, y, después, el bizantino Manuel
Briennio con su Harmoniká , en el siglo XIV. Los rasgos fundamentales
de estas obras técnicas, a juicio de Zanoncelli (1990, pág.26),
son su carácter de “comentarios” (a excepción
de la interesante obra de Nicómaco, original en algunos aspectos
dentro de su concpción plenamente pitagórica); y el hecho
de que se pasa de la idea de “tratadística” a la
de “preceptística”, cuando se toman de las grandes
obras de siglos anteriores los temas, resumiéndolos yexponiéndoloes
con el fin único de la enseñanza. Por otro lado, no comparten
una misma adscripción de escuela, pues, en mayor o menor medida,
participan del eclecticismo: igual contienen descripciones numéricas
de los intervalos al modo pitagórico que aluden a los temas básicos
del arisoxenismo con las mismas palabras. Los Anónimos de Bellermann
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