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| http://www.alonsocano.tk ISSN: 1697-2899 D.L:GR2134/2004 | |||||||||
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DEVOCIÓN PERSONAL: EL GRABADO RELIGIOSO Y LA DEMOCRATIZACIÓN DEL ARTE Jorge Jesús Cabrerizo
Hurtado
El grabado, dentro de las Artes, se encuentra en una
posición de preeminencia en estas lides. Y ello se debe a las tremendas
posibilidades de un arte que -de forma sinuosa, quedamente, sutil pero
contundente- posibilita de manera más que efectiva la difusión
de unas ideas religiosas que se filtran con facilidad de otro modo inalcanzable. Pero, a pesar de ello y como contrasentido aparente,
es dentro de este arte menor y frecuentemente olvidado donde encontramos
un hálito de característica revolución social, de
democratización sorprendente, que no hallamos en ninguna otra expresión
artística a lo largo de todo el siglo. Acorde a su tiempo (sin
duda alguna muy lejos de ser a caso hecho), el grabado del ochocientos
–singularmente el religioso- se convierte en logro social al permitir
la accesibilidad a la creación estética para una gran mayoría
personas que, de otra manera, hubieran tenido nulo contacto con el Arte.
Aún siendo éste de dudosa calidad en muchos casos. Francisco Izquierdo, citando a Gómez-Moreno, asegura que la función prioritaria del grabado para la Historia del Arte y de la religiosidad popular surge con peso de definición casi exclusiva durante el siglo XVIII. “El siglo XVIII determina desde su comienzo un cambio favorable en el grabado. Hasta entonces había sido complemento del libro: frío y ceremonioso en la invención, sin alma pero hinchado de artificio como los escritos de entonces. Con el nuevo siglo, la estampa desciende, o mejor dicho, se eleva al servicio del pueblo: su fin no es ya dar figura a la erudición, sino alentar los afectos devotos, retratando las imágenes más veneradas, y de aquí su cambio de carácter, que toca en un naturalismo enfermizo y amanerado, pero exuberante de sinceridad y ternura”. Este grabado con personalidad propia que nos trae el Setecientos logra definir su función prioritaria de manera clara y meridiana en los siglos XVIII y XIX. “El grabado con personalidad de “mirón”, es decir, la lámina fuera de texto con expectación de destino, la cual requería estampación particular, papel distinto y negación de folio, por causa natural y lógica pasa a individualizarse con todas las consecuencias, como en sus mejores tiempos del grabado en madera. Se reconquista la estampa suelta….Vuelven, pues, las “imágenes de papel”… a bendecir y proteger los hogares desde sus ingenuas pero sinceras efigies, impresas en papel de tinta y enmarcadas con suntuosos y mentidos oros” . Tipologías y funciones. Juan Carrete Parrondo estima que la estampa religiosa
cumple tres funciones diferenciadas esenciales: estampa de devoción,
seguro contra las penas del Purgatorio y protección contra enfermedades
y calamidades. A ello une el sermón gráfico que, al decaer
claramente durante el siglo XVIII y encontrarse extinto en el Ochocientos,
queda fuera del interés del presente estudio. Más adelante
en su sugestiva aproximación a la tipificación del arte
del grabado, Carrete habla de otras clases de estampas de carácter
laico o al margen de la ortodoxia católica que no coloca dentro
de la división estricta de la estampa religiosa pero que, desde
el punto de vista de la presente disertación, pueden –y lo
van a ser- incluirse en una amplia parcelación de la estampa de
tema religioso, dentro del prurito sociológico que aportamos al
estudio de este fenómeno. Son las estampas que reproducen obras
de arte de tema religioso y las estampas heterodoxas para con la doctrina
católica, pero religiosas al fin. 1. Estampa de devoción. Pero, dado que la complicación excesiva es tan innecesaria como contraproducente y considerando que las estampas denominadas heterodoxas son, en definitiva, devocionales aunque no aceptadas por la jerarquía eclesiástica, y que las que cumplen la función de seguro contra las penas del Purgatorio pueden considerarse dentro del grupo de las de protección, que, a un mismo tiempo, están igualmente destinadas a una particular devoción, la división temática del grabado español decimonónico de asunto religioso quedaría de la siguiente manera: 1. Estampas de devoción. Cabe destacar que ese “otras” que cierra la clasificación viene a referirse a tipos especiales de estampa religiosa -o híbrido entre religiosa y laica- que se da en casos tales como el de las tarjetas de visita de obispos y autoridades eclesiásticas (con alegorías de carácter humanista cristiano) o las estampas que ponen de manifiesto las relaciones corona-tiara, por citar dos ejemplos. También se incluyen en este grupo las ilustraciones de libros de tema religioso. Sociología básica de la estampa religiosa. “(las estampas religiosas) Son señalamientos de fe, tradición, historia y leyenda y a un tiempo, fuentes importantes para el conocimiento de la creatividad y animación de la creatividad popular” . “… surgieron artistas y artesanos que utilizando
el humilde soporte del papel trasmitieron en lenguaje popular el mensaje
religioso, la mística devocional y su fenómeno más
caracterizado en todo tiempo, el milagrismo sin el cual algunos no conciben
la misión de los santos” . “los halos carismáticos de los santos, exaltados
por una hagiografía excesivamente panegírica, atrajo al
pueblo, suplicante por la salud, el trabajo, la inmunidad al dolor, defensa
ante la muerte y demás peligros conjurados contra la fragilidad
de los humanos. Para que las estampas llegaran a los fieles, los estamperos –vendedores de las mismas-, las hermandades y parroquias –promotores- y las imprentas y librerías –generadores del producto- se valían durante toda la centuria de métodos tradicionales (adquisición en los distintos templos, puestos en ferias y mercados…) o mediante la novedad de anuncios en prensa para la adquisición directa en los establecimientos de impresión. La estampa regalada como herramienta de catequesis es común, siempre al margen de las estampas de milagrería, reprobadas por la Iglesia. “Los obispos se valieron de las estampas para proclamar
jubileos e indulgencias induciendo así al pueblo a una catequesis
elemental por la práctica de la oración vocal. Por tanto, aun intentando evitar la confusión, la estampa adquiría –por lo que representaba- validez de reliquia. Hasta tal punto, incluso, que se tomaba por remedio efectivo –escudo místico- en tiempos de guerra. “¿Qué energía se puede esperar de un pueblo que tiene más confianza en la protección de un santo que adopta como patrón que en su propio valor? El soldado que se creerá invencible porque lleva sobre su pecho una reliquia de un santo podrá mostrar algún valor al marchar al combate, pero huirá en cuanto crea que su santo le abandona” . “Las mismas mujeres se presentaron junto a los cañones que cebaron, dando sin cesar agua y vino a los artilleros, que no podían resistir más, animándolos con las expresiones más tiernas y diciéndoles: Hijos, refrescaos que la Virgen nos asiste y favorece, y cómo había quien se dedicaba a distribuir estampas de Nuestra Señora del Pilar, que todos colocaron sobre sus sombreros” . “Pero la mayor parte de los nuevos huéspedes vestían los holgados zaragüelles y traían la manta al hombro; y en la cabeza, cuyo pelo caía por los lados y espaldas en largas mal peinadas y sucias melenas, sombrero redondo, escarapela patriótica, cintas, con lemas y muchas estampitas con imágenes de la Virgen y de los Santos (…) se iban a los conventos de monjas a pedir oraciones y algunas estampas para sus sombreros y pechos” . La censura, eclesial o real, pretende evitar los excesos de la idolatría, de las supercherías y supersticiones a las que se daba pie desde la estampería más o menos popular. Además, la Inquisición velará por lo decoroso de los temas tratados por el grabado –sacro o no-. Hasta 9 de marzo de 1820, fecha en que se suprime, la Inquisición cuida de que no se grabe o, de haberse grabado, no se distribuya y se castigue a los ejecutores del delito, estampas religiosas de flagrante heterodoxia, obscenas o de crítica al estamento. Todo ello, en el XIX, de la mano de la Academia –que velará por las cuestiones del gusto estético- y de las modernas leyes de imprenta –la censura regia a la libertad de imprenta-. Por lo tanto: tres filtros de censura. “La regulación del grabado en todo el siglo va ligada a la reglamentación administrativa del libro, pues a pesar del comercio y la demanda de la estampa suelta, importante tanto en cantidad como en calidad, el grabado sigue siendo fundamentalmente un medio para ilustrar la letra impresa. De ahí que el estudio de estas parcelas del grabado hoy totalmente descuidadas (Inquisición y censura de estampas, el viejo tema de la ortodoxia y la estética) deban ser abordadas desde el prisma del libro: las prohibiciones generales de rechazo de lo lascivo, de las imágenes contra las buenas costumbres o contra la religión se acentúan conforme va avanzando el siglo y llegan de Francia los aires de fronda que conducen a la revolución. El movimiento ilustrado añadirá a estas prohibiciones tópicas otras más concretas como la de imágenes antiestéticas, y por lo tanto indignas de representar los temas religiosos; las que propagan ideas supersticiosas, que atentan contra la dignidad del conocimiento científico; o las revolucionarias, atentados contra el orden establecido” . El día 11 de abril de 1805 se publica la Real Orden por la que se crea el Juzgado de Imprentas y Librerías. Tendrá una vida breve: hasta el 27 de marzo de 1808. Esto, junto con las poco portentosas intervenciones de una Inquisición de rechufla, hace que lo que en un principio se plantease como agobiante carga contra las libertades de impresores y grabadores quede en mera anécdota histórica a comienzos de un siglo de difícil doma. No obstante se dieron casos de estampas religiosas o pseudoreligiosas que vieron ejemplarmente abortada su venta por razones de inconveniencia. “…en 1804 se califica otra que representa al “Padre Eterno y María Santísima (que) coronan al Hijo de Dios”, los calificadores son del parecer “que absolutamente se debe prohibir, pues que la persona que está al lado del Eterno Padre representa al espíritu santo o la Santísima Virgen. Si lo primero, está prohibido el pintarlo de aquella manera, si la Virgen Santísima, como parece más verosímil, contiene un error, porque vivía mortal en la tierra cuando coronaron de gloria a su hijo benditísimo; y aún sería heregía (sic) formal si representase a la Virgen como persona divina”. La estampa es prohibida por el edicto de 23 de febrero de 1806 “porque la representación que se hace de este misterio es contraria a la que de él nos enseña la fe”” . Con especial ahínco, incluso por encima del control interior, la censura regia y la Inquisición intentaban evitar la llegada de perniciosas influencias del extranjero, y más si procedían de la Francia laica: el principal enemigo de la Corona y la Iglesia. El modo en que se trataba el tema religioso –vanalizándolo- en algunos países europeos chirriaba con las concepciones en exceso sacras –talismán- de la estampa religiosa para los habitantes de nuestro país. El cuestionamiento de estos valores mágicos en un objeto de culto como era la estampa sería, al frivolizarse, la primera apertura mental en la constreñida religiosidad de la ultramontana sociedad española. Unas creencias fundadas en falacias materiales que se desmoronarían, por su endeblez, si dichas falacias se demostrasen. “Al estar también prohibido el poner imágenes sagradas en objetos profanos (Edicto de 1 de agosto de 1767), se recogieron varias estampas destinadas a hacer abanicos: una de ellas, en 1804, mostraba “un cardenal, dos obispos, una mesa de altar y un crucifijo” que se vendía en Barcelona, y otras en las que figuraba Cristo y la Samaritana en el pozo, procedentes de París” . Son especialmente protegidas las estampas de devoción, el grupo más numeroso y complejo de grabados de tema sacro, las que fundamentan –recordemos- el origen de todo un arte: el del grabado. Principal fuente de ingresos para los artistas y profesionales (dibujantes, grabadores, impresores, libreros, estamperos, cofradías, diócesis, predicadores…); herramienta eficacísima en la difusión de la fe, enseñanza catequética y cultivo de tradiciones devocionales; fundamento de la religiosidad en una ingente cantidad de fieles; objetos de culto, de esperanza, mágicos. Por ello son cuidadas desde los diferentes sectores sociales implicados en su realización, comercialización y venta. Son muchos y variados los intereses que se dan cita en una parcela de la creatividad artística a veces ninguneada con poco conocimiento de lo que representa para toda una época, una sociedad y una mentalidad. |
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