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| http://www.alonsocano.tk ISSN: 1697-2899 D.L:GR2134/2004 | |||||||||
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DIEGO DE NAVAS. ENTALLADOR Y ENSAMBLADOR DEL PERÍODO DE TRANSICIÓN AL SETECIENTOS. Daniel
José Carrasco de Jaime. Estado de la cuestión. Hoy día se hace necesario concretar una línea de investigación que abunde en razones y conclusiones que allanen, o intenten dar una coherencia a la multitud de variantes teoréticas que se han tratado, se barajan y formulan, cara a consensuar una interpretación de la problemática suscitada por muchos de los entendidos y especialistas cuando afirman que, ante la falta de ejemplos que poder cotejar para realizar una lectura analítica, comprensiva, y reflexiva de la plástica de transición hacia el verdadero Naturalismo Barroco en Granada, no queda más remedio que asumir dicha ausencia por circunstancias que ahora no competen. Sin embargo, dentro de este singular abismo, que por otro lado, no es sino la causa lógica del momento más brillante de nuestras artes, pueden dejarse entrever muy someramente ciertas notas del talento personalísimo de otros tantos referentes, que en el caso granadino deben encontrar un sitio especial dentro del desarrollo historiográfico por su capitalidad. Dentro de esta línea de investigación, queremos hacer un inciso en lo que significó la personalidad de Diego de Navas. Y ahora más que nunca, cuando se ha producido la renovación tanto de la compilación bibliográfica, biográfica, y artística de la genialidad más señera e internacional a expuertas de Granada; esto es, Alonso Cano. Igualmente, por tanto, de Miguel Cano, su padre. Con motivo de la celebración de su centenario y la revalorización de esta otra figura esencial para comprender la revolución plástica que se sucede en la Granada de principios del nuevo siglo, no hemos podido dejar pasar por desapercibido el hecho mismo de que al igual que las raíces de Alonso, no dejan de ser castellanoandaluzas, el caso de Diego debería haberse visto correspondido desde hace algún tiempo con la publicación de una monografía que, si bien no habilita el tratarlo como se merece ante el desconocimiento que se tiene del maestro granadino entallador, sí en cambio, se abordaría desde una perspectiva de carácter general. Quizá, y sirva a modo de nota para el interesado, pudiera hacerse un buen trabajo sobre los maestros entalladores que trabajaron durante la Granada del Renacimiento, la tridentina, la trentina, y la barroca, dando de esta forma o habilitando un conocimiento mucho más detenido de los innumerables trabajos capitales que se vienen desarrollando, y de los cuales, aún a pesar de no ser conservarlos, en muchos de los casos, se puede compilar y estudiar una apoyatura documental indubitable. Efectivamente, las circunstancias en las que explicaríamos el ingente número de encargos habidos durante las últimas dos décadas del seiscientos granadino, no quisiéramos haberlas visto de esta manera, pero la confrontación étnica en la localidad derivó en el derrame violento islamista, que si bien frustra nuestras ansias de conocimiento artístico en cuanto al goce y disfrute de un patrimonio mucho más rico, generó multitud de contratas y encargos; esto es, en definitiva, proliferación de talleres y maestros, tanto autóctonos como foráneos, y en consecuencia un amplio abanico de posibles y hábiles en los que Diego de Navas como otros tantos encontraron el beneplácito de una crítica favorable a su obra. Diego de Navas. Aproximación y puesta a punto. En este sentido, el entallador y ensamblador de retablos granadino, había sido una personalidad activísima dentro del circuito artístico granadino del período crítico o contramanierista que estamos esbozando. Su relación con Pedro de Ragis, es ahora probada y avalada, e igualmente le habilita una serie de trabajos por los que hace oposición, siendo precisamente el círculo de sus amistades, entre las que incluiríamos no sólo a Pedro, sino a Rojas, Aragón, Salamanca, el clan de los Orihuela, Sánchez, Luis Machuca, los Aranda, los Díaz, los Gómez, y otros tantos, los que hacen factible la proliferación de los encargos en su taller. Esta circunstancia, termina por acrecentarle en fama, y por supuesto en caudales, tanto a nivel de hacienda personal, como de bienes “raices” y muebles de los que disponer. Nuestro entallador y ensamblador, era sobrino así mismo de Diego de Navas, documentado por Don Manuel Gómez-Moreno González , trabajando en una reja de madera en la parroquial de Alfacar para la Capilla del Bautismo, con una Coronación de talla que fue tasada por Francisco Sánchez en 49 ducados en el año de 1567. De esta información es dilucidable que Navas el Mozo, obtuviera una primera formación con su tío, posiblemente definitiva, y que su apellido paterno le ayudaría en la proliferación de un taller propio dado que el círculo en el que se manejaba —si es que no lo continuó cuya posibilidad al día de hoy se nos escapa de las manos—, integraba nombres consagrados como Francisco Sánchez, por tanto los hermanos Machuca, etc. Por otro lado, un hecho capitalísimo para explicar sus relaciones futuras, tanto personales como profesionales, en esencia radican en el mismo hecho de haber contraído matrimonio con María de Orihuela, hermana de Fernando, cuñado de Pedro de Ragis; por tanto, era concuñado de aquél. Según la apoyatura documental que he barajado, esta circunstancia —su significación activa dentro del círculo consagrado de maestros granadinos— se da con especial notoriedad en la figura de Navas. Si ahondamos en su figura, sabemos que aparte de ensamblador y entallador, era natural vecino de Granada, y poseía unas casas principales <<junto a los hospitales>> que alindaban con otras tantas de Juan de Córdoba, que para 1586 era Procurador en la ciudad, y por otra parte, resultó ser vecino de Diego de Aranda . Así mismo, poseía casas —nótese, que no quiero decir que viviera en ellas— en la parroquial de San José que de la misma forma alindaban con las de Alonso de Lugo, también Procurador de la Real Audiencia de la Calle Real de San José. Por si fuera poco, poseyó dos huertas con una casa cerca del río Darro, que resultaron anexas a la huerta de Juan de la Torre, caballero de la Orden de Veinticuatro. Especialmente, trabajaba con ainco en la relación que le reportaba la materia prima de su trabajo, así mantuvo los serraderos de Gaspar de Mérida del Doctor Ojeda . Efectivamente, para ser un simple entallador, era una persona muy abonada. Tanto como para comprometerse con su gran amigo Pedro de Ragis en la fianza que junto a otros cinco vecinos, también conocidos y tratados por el pintor, sumaba un caudal de nueve mil ducados con motivo de sus trabajos fuera de Granada. Diego de Navas, vivía en una casa grande que poseía en la colación de San Gil, junto a otros tantos maestros dedicados a oficios artísticos, quizá, fuera allí mismo donde dispuso taller y tienda. Por otro lado, estamos barajando hechos efectivos dentro de un paréntesis cronológico no muy amplio. En buena parte, los trabajos que por ahora he documentado, discurren durante la década de los ochenta; y si pensamos la fortuna que llegó a manejar el maestro, bien como fruto de su profesión, bien por otras vías claro está; podemos interrogarnos sobre a qué nivel de prosperidad pudo alcanzar en años sucesivos. Por supuesto, este ejercicio de análisis constructivo, no puede o debe ir desparejado de su capitalidad como referente dentro del plano artístico, laguna que ahora pretendemos salvar con éste monográfico. El momento primero en el que podemos ofrecer un dato aproximativo sobre ciertas cuestiones relevantes donde Diego tiene activa participación, viene de la mano de los afanosos trabajos del retablo de Santa María la Mayor de Guadahortuna , el cual, ejemplificó muy dignamente los valores exegéticos que la convirtieron en una iglesia parroquial que podríamos calificar de las de alto rango. Esto parece indubitable ya que de no ser así, no tendría mucho sentido que en su interior guardase hasta siete altares con diferentes retablos; es decir, no era una parroquia precisamente pequeña. En otro orden de cosas, es interesante el comprobar que en su estructura interna y en el aspecto ornamental constituye un referente capital, pues en la misma confluye el arte de los grandes maestros del Renacimiento, Manierismo e incipiente Naturalismo o Contramanierismo granadino; esto es, maestros pintores y escultores, entalladores y ensambladores anteriores y contemporáneos. Sin duda, lo más granado dentro del círculo artístico de la provincia, y de Andalucía como son: Luís Machuca, Francisco Sánchez, Baltasar de Arce, Diego de Pesquera, Juan de Maeda, Juan de Orihuela, Ginés López, Martín Navarro, Pablo de Rojas, Diego de Aranda, y más ulteriormente, Pedro de Ragis, Miguel Cano, y Juan García Corral. Queremos decir con esto, que nos encontramos ante una obra capital que por adversidades y circunstancias no contrarias al deseo, posibilitó que se recogiera toda la tradición artística granadina de tres generaciones distintas y distintivas; iguales aún a pesar de no conservarse en la actualidad, y de no poder contrastar un ejemplo fotográfico o dibujístico anterior a la fecha clave de 1936 en el que desapareció, pensando que para el definitivo ensamblaje de Miguel Cano en 1598, hubo de ser un conjunto coherente y lleno de significado, siendo de esta manera comedido en el que cada uno de los especialistas, bien tallista, bien pintor, como dorador y ensamblador, verían sus capacidades algo manipuladas y contraídas, pues como decimos, por raras circunstancias, los trabajos se unos hubieron de adecuarse a lo realizado y lo no realizado de su antecesor. Aún no participando activamente, sí podemos determinar que actuó como tasador de la parte realizada, y por supuesto como tracista de la ampliación junto a Aranda en torno a finales de la década de los años ochenta Evidentemente, destaca el hecho de no conocerse en la actualidad el autor de la traza original; sin embargo, podríamos aventurar que el proyecto ideado sería acorde a la sensibilidad plástica de aquellos momentos (1560). Por supuesto monumental, sino, no explicaríamos el hecho que una vez guardado todo sin ensamblar en el Hospital Real, el Arzobispo Guerrero y bajo el maridaje de Miguel Cano, decidiesen realizar tres retablos diferentes de aquel primitivo proyecto. Y podemos inclusive, llegar un poquito más lejos y establecer una valoración crítica de todo lo concerniente a su fábrica. Las noticias que conciernen a la complejidad de la realidad de la obra, no competen ahora, para lo cual, interesantes publicaciones se encuentran a disposición del lector. Sin embargo, diremos que al morir Machuca para 1573 —vemos la lentitud de la obra— por contrato, su viuda María de Herrera, cede y traspasa la obligación de Machuca a Juan de Orihuela y Ginés López , que fueron pintor y dorador respectivamente. Las condiciones de la labor pictórica habían sido trazadas por Machuca, pero al morir Orihuela, su viuda pasa su obligación por contrato a su yerno, es decir, a Pedro de Ragis casado con su hija desde 1581. Nuevamente, en 1588 la muerte de Francisco Sánchez supone un nuevo parón para la fábrica del monumental retablo, su viuda Inés Gutiérrez mandó tasar lo que llevaba realizado su difunto marido a Pablo de Rojas y Martín Navarro, labor o proceso durante el cual, hubo omisión al parecer por parte de ambos maestros en la valoración de algunas piezas. De esta forma el 21 de octubre de 1588, ante la negativa de ambos maestros entalladores de corregir, la Contaduría nombró nuevamente a Diego de Navas entallador como tasador de los trabajos del difunto Francisco Sánchez. El 1 de noviembre de 1588, Inés Gutiérrez, nombró como tasador por su parte a Diego de Aranda, y así, Navas y Aranda para el 3 de noviembre acometieron la valoración conjunta de los trabajos del difunto. El mismo hecho de que se cuente con la presencia de ambos maestros, vecinos como hemos anotado arriba, da una clara muestra del talante y de la consideración de los maestros; quizá Diego, si no trabajaba en el mismo retablo, si participó en una parte no menos interesante como resulta la tasación de la parte hecha, que por otro lado, es de suponer que no se encargaría a una persona, ni inexperta y poco conocida y conocedora de la materia pues en buena medida se puso la viuda en disposición de Navas; primero por esta razón y para que no le resultase desventaja a la hora de cobrar la parte hecha. Hemos anotado, que muy posiblemente el hecho de que Diego no se halle dentro del círculo que opositó a la fábrica del mismo retablo, pudiera deberse a aspectos meramente profesionales; por estos años, casi seguro se hallaría inmerso en el ensamblaje de otros, aunque definitivamente se cuente con su presencia para la ampliación. Si tenemos en cuenta su grandísima amistad, tanto en lo personal como en lo profesional con Pedro de Ragis —que igualmente entra dentro de aquel proyecto en Guadahortuna, tanto por la obligación que le compete para con el clan de los Orihuela, del que resultó recién difunto su suegro Juan, y así mismo, como para afrontar la fuerte deuda que le se requería de las obligaciones del mismo, y que terminó heredando—, debemos pensar que entonces pues se hallarán trabajando en un proyecto en común. No obstante, y ahora entraremos en detalle; para explicar en qué medida pudiera ser cierta esta hipótesis, nos basamos en un hecho obvio por una parte tras la cotejación y contrastación de la apoyatura documental. Si tenemos bien presente que para el caso dicho, y dentro del curso normal y cotidiano del momento, era la conformación de mancomunidad laboral por uno o varios miembros que abarcasen diferentes o los diferentes campos de producción retablística; teniendo presente igualmente que este hecho no es ajeno a la formación que obtuvo Pedro de Ragis en el taller paterno-familiar, y observando que el binomio Ragis-Navas mantiene dentro del circuito artístico granadino una prodigalidad que roza más allá de los límites de la casualidad, comprenderíamos que esta será toda una constante en la carrera profesional y personal de ambos maestros que no estará ajeno a posibles encargos particulares, y a la intrusión de otros referentes artísticos. El hecho mismo de que participe como testigo de la boda de Juan Baez y Jerónima de Salamanca en 1588, del que fueron padrinos Pedro y su mujer Melchora, es un claro ejemplo de este tipo de relaciones. Efectivamente, la colaboración entre ambos es capital para entender bien como cuajan las relaciones artísticas del momento crítico de transición al setecientos, ya no sólo personales, sino las que más interesan ahora, las profesionales. A este binomio, con en el tiempo se le van agregando otras personalidades que trataremos en siguientes capítulos como Jerónimo de Salamanca, Tomás de Baltasar, miembros de un círculo de amistades de pareja edad; una generación en cuyas manos está la renovación junto a Aranda, no el Viejo, sino el Mozo, o Gaviria; que son herederos de la tradición inmediatamente anterior y que había marcado en el terreno de las artes plásticas la base y la pauta del desarrollo evolutivo de las artes granadinas del manierismo al contramanierismo. De Rojas a Aranda, de Aragón a Ragis, luego Salamanca, Navas, Baltasar, Gómez, López, etc. Aquel mismo año, el de 1581 y en prolongación hasta finales de década en que ya hemos anotado que por circunstancias extrañas, tanto Raxis como Navas y Aranda se ven ante la tesitura de levantar con sus manos un proyecto tan singular como el Guadahortuna, era el año en el que Ragis despunta como la ola renovadora. Con él arrastra a Navas; hasta tal punto, que es fácilmente advertible que en ausencia del primero que se hallará inmerso en un periplo que le lleva por Córdoba, Úbeda, Villacarrillo, Ciudad Real, Sevilla, y Cádiz, Diego como figura emergente prosigue un camino de mucha fortuna. Ese año muy posiblemente se encuentra al cargo de la entalladura del retablo que Ragis había contratado para el Hospital de San Juan de Dios, hoy desaparecido y del que vaga referencia ha quedado. Tan sólo una carta de poder del pintor a favor del Contador Mayor del Arzobispado de Granada, Don Luis de Acuña para que cobre lo que se le adeudaba. Es factible pensar que los tres se encontraban para entonces trabajando en el mismo. En 1588 opositó para la fábrica del retablo de San Gil, cuya contrata debió serle adjudicada ese año, porque Navas el Viejo realizó una fianza en su favor por el ensamblaje y entalladura del mismo. Dentro de ente interesante capítulo, un caso peculiar se produce en 161, año en el que se remató a su favor el hacer el Túmulo de Doña Mariana de Austria, su tío aparece de nuevo como fiador, y él estuvo trabajando codo con codo junto a un tal Silvestre de Navas, que al parecer fue un entallador venido a menos, posiblemente familiar; así como el pintor-dorador Mateo Suárez. Todos fueron vecinos de Granada afincados en la colación de San Gil . En 1589 reparó el retablo de Alhendín y un año más tarde realizó un Sagrario para la parroquial de Véznar, y en 1588 tomó por cesión los trabajos del difunto Sánchez sobre el retablo de Guadahortuna con Aranda, Ginés López, Jerónimo de Salamanca, como hemos visto, y en 1592 realizó un Sagrario para Adra. Más significativos son los trabajos que realiza en conjunción con Pedro de 1589 al 1590, y en suma con Pablo de Rojas, los tres hacen la contrata por separado del retablo provisional del Antiguo Colegio de jesuitas de San Pablo, del que se conservan contratos y pagos. Es precisamente en el primer documento donde Navas se compromete a entallar y ensamblar las respectivas partes, mientras que Ragis, realiza dos cuadros y la policromía de las tallas. <<Decimos nosotros, Diego de Navas y Pedro de Rajes que haremos un retablo por el orden que el hermano Juan de Espinosa de la Compañía de Jesús, nos a dado, y yo, el dicho Diego de Navas, haré todo el ensamblaje cumplidamente por dieciocho ducados (…)>>. A partir de este año, poco es lo que podemos decir de este singular maestro ensamblador y entallador de arquitecturas para retablos. Quizá, de entre sus trabajos más importantes, habría que hacer una mención especialísima en el retablo catedralicio de la Virgen de la Antigua, colaborando estrechamente con Rojas, Ragis, y compañía, que finalmente tasaría Gabriel de Rosales que desde 1588 lo podemos encontrar documentado realizando obras para particulares y en relación con el taller de Pedro de Ragis. Y por supuesto, su participación activísima en el retablo de San Jerónimo de Granada, recientemente restaurado, y donde podemos hacernos una idea de sus trabajos durante los años de la década de los noventa y principios de siglo. Lejos de suponer una ampliación en el cuarto cuerpo, hemos de hacernos a la idea de que la estructura tectónica del mismo, fue casi rehecha con la reensamblación que realizaría Navas por estos años, sabiendo que la disposición de muchos de los relieves, y en definitiva, los trabajos realizados por los diferentes talleres de Vázquez el Mozo, tendrían que ser casi pillados con calzos para una perfecta adecuación a la estructura misma de la edilicia, que seguramente habría correspondido a otro taller del mismo maestro. Por ello, Diego se vería obligado a ir corrigiendo sobre la marcha todas aquellas incorrecciones. La cruz por el contrario, es que de los trabajos citados no ha quedado nada o casi nada, por lo que la muestra, en definitiva no es en balde, pero sí se queda coja. Sin embargo, ante esta laguna del conocimiento de nuestro arte, que nos permitiera someramente siquiera elaborar una teoría consensuada y conciliadora de la evolución de nuestro estilo, son estas notas las que sirven de edulcorante para suavizar el quiebro que supone dicha problemática. Por otro lado, sabemos que aún activo y trabajando para 1611 como hemos apuntado, su inmensa fortuna y otros quehaceres cotidianos, encargarse de su hacienda, de las rentas de su patrimonio, y de los serraderos que suministran madera a la ciudad, el ascenso de Pedro dentro del círculo de amistades, tanto en lo profesional como en lo personal y social, supone que su amigo se interrelacione con otros sectores que por mucho caudal y presas obtenidas, no se compra. Aquel sector privilegiado, se permitía el lujo de codearse con un Ambrosio de Vico, y consecuentemente, con su círculo, al que perteneció también Rojas, Aranda, Gaviria, Raxis, y Miguel Cano, su gran competidor como profesional del ensamblaje y la entalladura de retablos, sabiendo por consiguiente, que Vico tubo en alta estima los trabajos de Miguel, y que con ellos contó para los retablos de mayor empréstito, el lugar de Navas, fue siendo copado poco a poco hasta que realmente desaparece sin pena ni gloria, pero dejando una creciente renovación en la profesión, que por otro lado, no es factible cotejar, pero que a tenor de encargos y del dinero que llegó a manejar, hubo de ser así. Documento 1. CONTRATO DE DOS TALLAS PARA EL ANTIGUO COLEGIO DE SAN PABLO DE LA COMPAÑÍA EN GRANADA POR PABLO DE ROJAS. A.H.N. Clero jesuitas, legajo 147 – 1. En el nº. 15 de Cartas de Pago y recibos sobre varios asuntos (1551 á 1735). Trascripción de Daniel José Carrasco de Jaime.
Y si en medio de las dos dejo como no debía, daré conforme a un modelo de ébano, que yo el dicho Pablo de Rojas, tengo de hacer a contento del padre Rector. Por las cuales figuras, me han de dar treinta y ocho ducados; los cuales, me han de pagar de esta manera, diez ducados, luego traigo el modelo y los demás, acabándose las figuras que lo han de dar acabado la Semana Santa de todo junto. Y estas figuras han de estar sobre una solera. Y yo, el dicho padre Rector, me ofrezco a pagarlo como está dicho en condición, que han de ser las figuras perfectas y acabadas, y a contento de oficiales que lo entiendan. En Granada, a dieciocho días del mes de noviembre de mil quinientos noventa y uno.
PAGO EN CUENTA A PABLO DE ROJAS SOBRE LAS TALLAS DEL COLEGIO DE SAN PABLO. A.H.N. Clero jesuitas, legajo 147 – 1. En el nº. 15 de Cartas de Pago y recibos sobre varios asuntos (1551 á 1735). Trascripción de Daniel José Carrasco de Jaime. <<En veintidós días del mes de diciembre de mil quinientos noventa y un años, recibí yo, Pablo de Rojas, diez ducados. Los cuales, son para en cuenta de los treinta y ocho ducados que se me han de dar por las figuras que tengo de hacer como se contiene en la cédula de atrás.
PAGO A DIEGO DE NAVAS. A.H.N. Clero jesuitas, legajo 148 – 2. En el nº. 7 de Cartas de Pago y recibos sobre varios asuntos (1551 á 1735). Trascripción de Daniel José Carrasco de Jaime. <<Digo yo Diego de Navas, que recibí del ilustrísimo Juan de Espinosa, religioso de la Compañía de Jesús, catorce ducados por en cuenta de los dieciocho en que está concertado por el retablo. En veinticinco de mayo de 1590
Mas recibió el dicho, otros cuatro ducados con que se le acabó de pagar los dieciocho ducados>>.
PAGO A PABLO DE ROJAS
<<Y digo yo, Pablo de Rojas escultor, que recibí ocho ducados de la hechura de una imagen de la Señora Santa Ana, con los cuales me doy por contento y pagado, y porque es verdad que los recibí dichos, he firmado de mi nombre que es hecho a doce días del mes de agosto de esta año de mil quinientos ochenta y tres.
Documento 5. PAGO DEL DORADO Y ESTOFADO DEL RETABLO. A.H.N. Clero jesuitas, legajo 148 – 2. En el nº. 7 de Cartas de Pago y recibos sobre varios asuntos (1551 á 1735). Trascripción de Daniel José Carrasco de Jaime. <<Recibí yo, Pedro Raxis pintor del hermano Baltasar de Herrera de la Compañía de Jesús, ciento doce reales, para en cuenta de la pintura y dorado del retablo, y por la verdad di este firmado de mí nombre que este hecho en catorce de julio de este año de mil quinientos noventa.
PAGO A PEDRO RAXIS. A.H.N. Clero jesuitas, legajo 148 – 2. En el nº. 7 de Cartas de Pago y recibos sobre varios asuntos (1551 á 1735). Trascripción de Daniel José Carrasco de Jaime. <<Recibí más en junio de este dicho año de noventa, tres ducados por en cuenta de lo que se me debe de la hechura de la imagen dicha de Nuestra Señora. Fmd: Pedro Raxis>>. Documento 7. CONTRATO DEL RETABLO. A.H.N. Clero jesuitas, legajo 148 – 2. En el nº. 7 de Cartas de Pago y recibos sobre varios asuntos (1551 á 1735). Trascripción de Daniel José Carrasco de Jaime. <<Decimos nosotros, Diego de Navas y Pedro de Rajes que haremos un retablo por el orden que el hermano Juan de Espinosa de la Compañía de Jesús, nos a dado, y yo, el dicho Diego de Navas, haré todo el ensamblaje cumplidamente por dieciocho ducados. Y yo, Pedro de rajes, pintaré en la tabla de en medio la historia de el Nacimiento y un Dios Padre en el remate conforme al orden que el dicho hermano me dio, y de dorar y estofar y dar todos los matices y colores consistentes de modo que contente todo, y acabado, y por todo por treinta y siete ducados; que los dos son cincuenta y cinco ducados, y nos obligamos a ello y lo firmamos de nuestros nombres. En veinticinco de mayo de mil quinientos noventa.
Documento 8. AVERIGUACIÓN DE CAUDALES DE LOS FIADORES Y PARTES CORRESPONDIENTES PARA LA FIANZA NECESARIA PARA QUE PEDRO DE RAGIS OPOSITE AL RETABLO DE LA CAPILLA DEL HOSPITAL DE ÚBEDA. Archivo Municipal de Úbeda (A.M.U). Legajo 98, Folio 211 r – 221 vº. Trascripción de Daniel José Carrasco de Jaime. << En la ciudad de Granada, a diecinueve días del mes de noviembre de mil quinientos ochenta y cinco años, ante el señor Licenciado Diego de Miranda, Alcalde Mayor de esta ciudad de Granada, por el muy Ilustre señor Arévalo de Zuazo, Corregidor de esta ciudad y su tierra, por ante ellos compareció Pedro Raxis pintor, y dijo que a él le conviene probar y averiguar con testigos como Juan Serrano platero, y Diego de Navas entallador, y Blas de Aranda bordador, y Antonio Carrasco batidor de oro, y Jerónimo de Salazar, y Fernando de Orihuela, vecinos de esta dicha ciudad de Granada; son personas ricas y abonadas en mas cantidad de nueve mil ducados. Porque tienen y poseen los bienes raíces y caudales siguientes: (…) Diego de Navas: El dicho Diego de Navas entallador, tiene unas casas principales en esta dicha ciudad junto a los hospitales que alindan con casas de Juan de Córdoba Procurador, y Diego de Aranda. Y otras casas en la parroquia de San José, que alindan con casas de Alonso de Lugo, que es Procurador en esta Real Ciudad en la Calle Real de Baujubepe. Y dos huertas con una casa en el río Darro que alindan con huertas de Juan de la Torre, Veinticuatro y serraderos de Gaspar de Mérida y el Doctor Ojeda, que las dichas casas y huertas valen mil quinientos ducados. En caudal de madera tiene quinientos ducados. / (…)
El dicho Fernando de Orihuela, guadamecilero, tiene unas casas de posadas en la Calle de los Gomerez que valen quinientos ducados que alindan con casas de Machuca y el Doctor Salmerón. Y en su caudal trae quinientos ducados. Y todos los cuales dichos bienes son propios de las personas de yuso declaradas, libres de todo o en gravamen de censo, pidió al señor Alcalde Mayor que la información que sobre ello dieren, y lo que los testigos dieren y dispusieren se lo han de dar en pública forma, y pidió / justicia y juro, este pedimento en forma. Pedro Raxis. Yo el Alcalde mayor, mando que de información, y dada promesa a justicias y el examen de rostros, cometió a mí, el escribano público yuso escrito y a Luis de Leyva escribano, a los cuales y a cada uno “in solidum”, dio poder y comisión en forma. Jerónimo Verdugo, escribano público. (…)
En Granada, en el dicho día, mes y año dichos, el dicho Pedro Raxis, para la dicha información, presentó por testigo a Tomás de Baltasar, pintor vecino de esta ciudad en la colación de Santiago del cual, se recibió juramento en forma de derecho so cargo del cual, siendo preguntado por el dicho pedimento dijo que conoce a todos los contenidos en el dicho pedimento y a cada uno de ellos de más tiempo de tres años a esta parte vista, trato, y comunicación que con ellos y cada uno de ellos / ha tenido y tiene; y así mismo, sabe que los susodichos y cada uno de ellos ha tenido y tiene, y asimismo sabe que los susodichos y cada uno de ellos tienen y poseen como suyos y por suyos, y les ha visto tener y poseer los bienes muebles y raíces en el dicho pedimento contenidos; porque sabe que son bienes raíces y muebles de todos los susodichos y cada uno de ellos, que validan las contías contenidas en el dicho memorial, y sabe que son abonados en la dicha cantidad de los dichos nueve mil ducados, y los serán al tiempo y cada testigo cuando de ellos lo quisieren cobrar. Y si es necesario, este testigo les abona por tener como tiene de hacienda en deudas que se le deben de que tiene escrituras y conocimientos en su favor, quinientos ducados; y si en los dichos quinientos ducados, tiene en la ciudad de Soria donde este testigo es natural, una hereda de viñas y una lindaleza de tierra calma que valdrá / doscientos ducados; y en la dicha cantidad de lo uno y de lo otro se le abona por ser como los susodichos son y cada uno de ellos, personas abonadas. Y esta es la verdad so cargo del juramento que tiene hecho, y es de edad de treinta y seis años y no le tocan las generales. Y lo firmó Tomás de Baltasar ante mí, Luis de Leyva, escribano público. (…)
En Granada, en el dicho día, mes, y año dichos, para la dicha información, el dicho Pedro Raxis presentó por testigo a Baltasar de Orihuela, guadamecilero vecino de Granada a la colación de la Señora Santa Ana del cual, se recibió juramento en forma de derecho so cargo del cual, siendo preguntado dijo que conoce a las personas declaradas y contenidas en el dicho pedimento, y a cada uno por sí de diez años de esta parte vista poco más o menos, de trato, y comunicación que con ellos ha tenido y tiene, y sabe que los bienes así raíces y muebles contenidos en el dicho pedimento son propios de los susodichos y cada uno de ellos, porque como tales los ha visto tener / y poseer, y los tienen y poseen sin contradicción de persona y valen los maravedíes que cada uno de ellos se declara por el dicho pedimento, y sabe que son abonados en la dicha cantidad de los dichos nueve mil ducados y lo serán cada uno cuando que de ellos se quieran cobrar, porque son personas abonadas y si es necesario, este testigo les abona en contía de trescientos ducados y más que vale su hacienda, trato de su oficio y bienes de su casa. Y esto es la verdad y lo que sabe, so cargo del juramento que tiene hecho, y que es de edad de más de treinta años y no le tocan las generales. Y no lo firmó porque no supo ante mí, Luis de Leyva, escribano público. Y luego se recibió juramento en forma de derecho y de Diego de Aranda, escultor vecino de Granada a la colación de Santiago, testigo presentado por el dicho Pedro Raxis, so cargo del dicho juramento y siendo preguntado dijo que conoce a todos los contenidos en el dicho pedimento de más de veinticuatro años a esta parte de trato y comunicación que con ellos a tenido y cada uno de ellos ha tenido y tiene, los cuales, sabe que son y tienen por suyos propios los bienes muebles y raíces contenidos en el dicho pedimento, y como tales bienes suyos y los tienen y poseen sin contradicción de persona alguna, porque los conocen y tiene nota de ello y así mismo, sabe que los susodichos son abonados en contía de los dichos nueve mil ducados, y lo serán cada que se quieran cobrar de ellos / porque son personas abonadas; y si es necesario, este testigo les abona en cantidad de mil ducados que tiene de hacienda este testigo, porque el taller de el dicho, los tienen en unas casas en la colación de San Gil que alindan con Diego de Navas y Juan de Córdoba Procurador, y en bienes muebles y presas de su casa; y esto es la verdad y lo que sabe so cargo del juramento que hecho tiene, y que es de edad de más de treinta y cinco años, y que no le tocan las generales. Y lo firmó de su nombre, Diego de Aranda ante mí, Luis de Leyva, escribano público. (…)>>. |
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