EL CONCEPTO DE ARMONÍA
DE LOS PROBLEMAS DE ARISTÓTELES
Fernando Polo Barrales
Filología Clásica
Hemos extraído el concepto de Armonía
que Aristóteles ofrece en sus Problemas.
Adoptaremos una perspectiva principalmente sincrónica contemplando
la acepción del término dentro del contexto del tratado.
Pero también intentaremos buscar, en la medida de lo posible,
las variaciones de sentido que puedan atribuirse a la palabra, ya sincrónica
ya diacrónicamente, en la idea de que tales comparaciones delimitarán
su significado en el presente contexto.
Harmonía. “ajuste”, “ensamblaje”, “armonía”.
Es el sustantivo del verbo harmodsein, “adaptar”. De uso
amplísimo en multitud de campos , aparece en el espacio de tiempo
que va desde Teognis a Eurípides, con un sentido muy cercano,
con rhythmós y trópos, a éthos, “carácter”,
“forma de ser” de una persona, siendo en Aristóxeno
donde estos términos adquieren un sentido técnico definitivo
en el campo musical (aunque el término no tuvo un único
significado, sino varios). De cualquier forma, su sentido primario musical
es el de “afinación de un instrumento”. La palabra
harmonía, a diferencia de las otras mencionadas, tiene desde
sus orígenes un significado cercano al técnico que tomará
después, pues en Homero significa “clavija” (??248,
361), y adquiere su sentido musical antes del siglo IV a.C . Básicamente
tiene los siguientes significados:
a) “consonancia de octava” en la escuela pitagórica.
b) “orden interválico” en una serie de sonidos, generalmente
siete.
c) “género enarmónico”, frente al cromático
y al diatónico.
d) “tónos” o escala de una determinada altura tonal
y susceptible de modular a otra, concepto cercano a nuestra “tonalidad”.
De estos significados, sólo el último es el que está
recogido en los Problemas, pero la importancia de los tres primeros
hace que sea necesario, a nuestro juicio, comentarlos .
a) Desde el ámbito pitagórico, harmonía es el elemento
unificador, en un contexto cronológico y psicológico,
de las categorías que forman parte del mundo, y que son de naturaleza
opuesta: lo limitado y lo ilimitado, lo par y lo impar, etc . Aparte
de que también entre los pitagóricos harmonía sea
sinónimo de eudaimonía (DK 58 C 4), ésta se deriva
o emana de la sustancia metafísica de la tetraktýs. Quizá
como una metáfora de esta concepción, se desarrolló
el sentido musical que entre los pitagóricos tuvo harmonía
de consonancia de octava (2:1, Filolao, fr 6, DK 44 B 6), formada a
su vez por el “ensamblaje” de una consonancia de quinta
(3:2, di´oxeían) con una de cuarta (4:3, sýllaba)
. Resulta así una escala total de siete notas, pues se nos dice
(ibidem) que una harmonía está formada por cinco tonos
y dos diesis, significativamente el número de sonidos de las
siete harmoníai de Damón que veremos más adelante,
pues a la pregunta de qué es lo más bello, Pitágoras
responde (DK 58 C 6) que harmonía, o las heptà harmoníai
(DK B 27). Esta operación matemática de suma de consonancias
no se sale del esquema de la tetraktýs, y así lo dice
explícitamente Sexto Empírico (Adv. math. VII, 94-95):
“la armonía es un sistema de tres consonancias, la cuarta,
la quinta y la octava, y las proporciones de estas tres consonancias
se encuentran en los cuatro primeros números mencionados, el
uno, el dos, el tres y el cuatro” . Otros usos de la palabra entre
los pitagóricos tienen que ver con el alma (cf. Arist. De An.
407b 27), pero un uso desarrollado también en la cosmología
es el de la armonía de las esferas, que Aristóteles (De
caelo 290b) refutó y que en la tratadística técnica
musical recoge Nicómaco (cap. III, con afinidades en Ptol. Harm.
III 11 y Arísti. Quint. De Mus. 121 ss).
b) Pero además del concepto pitagórico de consonancia
de octava, harmonía tiene un sentido sensiblemente diferente
–aunque participa de los mismos presupuestos matemáticos-,
pues hallamos en las fuentes que es una determinada ordenación
de los intervalos de la octava, un “ensamblaje” dado de
siete sonidos, que ha de venir de su significado primero de “afinación
de un instrumento” (=disposición de sus intervalos). Platón
dice, en Leyes 665 a, que es el complemento melódico del ritmo;
lo que distingue las notas musicales de una mera colección de
tonos. Más explícitamente, en Rep. 617b, afirma que una
harmonía se forma a partir de las ocho cuerdas. Es en un fragmento
de Laso de Hermíone (fr. 702 PMG) donde aparece por primera vez
con este significado, a finales del siglo VI a.C . A él se le
asocia la modificación de la lira para obtener intervalos más
pequeños . Cada disposición de intervalos tendría
una altura determinada (un testimonio claro de esto es Ps. Plut. 1136c),
aunque lo determinante es la ordenación interválica (Aríst.
Quint. 15. 10-20); cuando las fuentes las agrupan por sus relaciones
de altura, tienen un objetivo didáctico, no una intención
de indagar las posibilidades de modulación entre ellas . Incluso
Arístides Quintiliano (loc. cit.) dice que se pueden exponer
de dos maneras, como diferencias interválicas en una única
tensión o domo diferentes alturas, siendo ambas equivalentes
. En cuanto a su existencia real y su uso, Arístides Quintiliano
ofrece unas harmoníai que difieren de las habituales, y que afirma
son de la época de Platón (De Mus. 18.5 ss) pero hay controversia
sobre su dependencia o no de Aristóxeno . Sea como sea, lo que
está claro es que la interválica no era azarosa, y sus
leyes (las leyes de la construcción de la melodía) fueron
enumeradas por Aristóxeno en su libro III, además de criticar
el método de Eratocles, que permitiría un número
infinito de harmoníai (Harm. 6.12).
Cada harmonía con una extensión de octava (al repetir
el primer sonido al agudo) y como tal ya explícitas en Aristóxeno
(Harm. 36.30), recibía un nombre diferente según la interválica,
y las tres primeras fueron denominadas con los nombres d las etnias
griegas: doria, frigia y lidia, dos de ellas de procedencia asiática
, a las que se le añaden después, con algunas interferencias
entre sus nombres, la mixolidia, la hipolidia, la hipofrigia y la hipodoria
. Parece que en la mentalidad griega había harmoníai que
eran anteriores a todas las demás (para Aristóteles Pol.
1290a, eran la doria y la frigia; para Heráclides Póntico
[apud Ateneo XVI 624c] eran la doria, la eolia y la “jonia”,
denominación ésta última que no se mantuvo después).
Por supuesto, cada harmonía se podía presentar en los
tres géneros, enarmónico, cromático y diatónico;
Aristóxeno, en su crítica a Eratocles, afirma que los
harmonikoí, sus predecesores, se limitaron tan sólo al
género enarmónico, que pos su prestigio seguramente era
el más empleado con fines didácticos .
Estas harmoníai estaban asociadas a un éthos particular:
así, la doria tenía un carácter viril y grave y
por ello era utilizada en la lírica apolínea, en los coros
y trenos trágicos, etc.; la frigia por su parte era agitada y
entusiástica y se usaba en la música de aulós y
en ditirambo; etc. Estos éthe están en la base de la discriminación
de Platón en Rep. 399 a-c, y su origen está en Damón
y sus ideas sobre el papel de la música en la educación
. Ahora bien, ¿qué factores son los que proporcionan un
éthos determinado y no otro? Se aduce generalmente que es la
“altura” de la escala en cuestión (según Zanoncelli
[1990] pág. 121 sobre Plat. Rep. 399 a, o Arist. Pol. 1342b;
para otra visión, cf. Reinach [1926] pág. 44, que los
asocia al “estilo tradicional”); también así
Monro (1894, pág. 65) con el argumento de que si en Anóm.
Bell 63-64, en Baquio (302. 14-15) y más claramente en Arístides
Quintiliano (De Mus. 28.11, 30) las regiones de la voz se ordenan por
su extensión en escalas a diferentes alturas y a cada una le
corresponde un éthos propio, así debe ocurrir en las harmoníai,
que previamente Monro ha identificado con los tónoi (pág.
29).
El principal problema de las harmoníai es su identificación
con las “formas de octava”. Tal identificación vino
dad por el pasaje de Cleónides (Isag. 197.4) donde se transmiten
los nombres de las harmoníai junto al sistema cíclico
de ordenación de los intervalos . Pero hay razones para pensar
que harmoníai y schémata toû dià pasôn
no son lo mismo , y que durante el siglo V a.C. se pasó de las
viejas harmoníai a las formas de octava que llegaron a consistir
en segmentos del Sistema Perfecto y a los que nunca se asoció
con éthe. Zanoncelli (1990) resume así los argumentos
en contra de tal identificación (pág. 121): las harmoníai
son asociadas a éthe en virtud de su altura (Plat. Rep. 399 a,
Arist. Pol. 1342b) y no tenían por qué coincidir con la
octava (p.e., Arístides Quintiliano, De Mus. 18.5); a la octava,
según Arístides Quintiliano (ibid. 15.10) se le ha llamado
harmonía por ser un ensamblaje de cuarta más quinta, pero
esto no tiene que ver con las formas de octava y sus variaciones; por
último, la noción de tónos como “Transpositionsskala”
tiende a confundirse con harmonía como “Tonart”,
de lo cual están excluidas las formas de octava. Ello habla de
la complejidad de la noción de éthos, que también
dependería del estilo, de la utilización de una determinada
tensión, intervalos, inflexiones melódicas, ritmos e instrumentos.
Según West (1992, pág. 227), fue Eratocles quien confundió
modos con formas de octava.
c) El género enarmónico (caracterizado por una progresión
de cuarto de tono, cuarto de tono y dítono ) es llamado en Aristóxeno
y en los Anónimos de Bellermann, harmonía, siendo sinónimo
de su otra denominación, enarmónios. Este género
se caracteriza por una progresión descendente, en una cuarta,
de dítono, cuarto de tono y cuarto de tono (en el “temperamento”
aristoxénico [Elem. Rhyth. 269 M; cf. Arístides Quintiliano
De Mus. 18], en el que un tono son 24 partes, este género tendría
la secuencia 48, 6 y6) . Parece que fue inventado por Olimpo (Ps. Plut.
De Mus. 1134f), que según West (1992, pág. 163 ss) dividió
el semitono de un primitivo tricordio mi-fa-la con un infijo de cuarto
de tono, creando así el género enarmónico –aunque
Aristóxeno piense que el diatónico es el más antiguo-.
Fue el más prestigioso en la Antigüedad, debido a su dificultad
de ejecución (anotáton, Arist. Harm. 19.25; prueba de
su dificultad es que ni siquiera tenía variantes como los otros,
cf. Anón. III 52), por la exigencia de exactitud (Arist. Quint.
De Mus. 16.10-18) y porque tenía un éthos noble (Anón.
II 26) . El Pseudo Plutarco se queja de que la gente haya abandonado
el género enarmónico (de Mus. 1145 a-c) al dejarse llevar
por la pereza, aun siendo “el más bello de los géneros”.
Lo que es evidente es que su dificultad de ejecución le obligó
a luchar contra el género “más natural” según
Aristóxeno, el diatónico, comenzando un proceso de pérdida
del género enarmónico que quedó como algo teórico
(p.e. las escalas de Arist. Quint. 18.5); en el siglo V a.C. había
sido el género dominante , y como tal fue usado por Píndaro,
Simónides y la tragedia. Incluso era el primer género
por su etimología (Arist. Quint. 16.10), pues su nombre lleva
a la pura “armonía” mientras que el cromático
es una “desviación”, un matiz (chróa). De
cualquier forma, los restos de música que nos han sido transmitidos
están en género cromático y diatónico si
son de época helenística, en cambio los de época
romana están todos en diatónico . Además hay rastros
de que no se perdió del todo (Dion. Halic. Dem. 22, Comp. 62-63),
y Ptolomeo dice que aún hay gente que lo canta (Harm. I 16);
a este respecto el testimonio de Gaudencio (Isag. 332.1) es significativo:
en su época están en franco retroceso tanto el género
cromático como el género enarmónico: he chrêsis
ekleloipénai kindyneýei.
d) Harmonía como tónos. Esta identificación es
cuando menos sorprendente. Arsitóxeno (Harm. 37.9-10) aún
conserva el término harmonía para una escala modal de
una determinada interválica, pues los tónoi, que forman
parte del quinto apartado de la ciencia armónica, están
bien separados de aquéllas. Pero la interconexión de ambos
conceptos se debe a que los tónoi surgieron como producto de
la necesidad de cantar las harmoníai en alturas diferentes, seguramente
en el ámbito coral (Michaelides, 1978, pág. 336) y en
realidad aquéllos son transposiciones de éstas, aunque
Monro las identifiques desde el principio (1898, pág. 28). A
pesar de que en toda la tratadística las harmoníai se
distinguen netamente de los tónoi. La causa debe buscarse en
que el significado de tónos puede ser marcado frente al de harmonía.
De hecho, un tónos cualquiera es simplemente la harmonía
doria a la que ése es el número de las antiguas harmoníai.
Así pues, podemos ver el término harmoníai como
término no marcado y tónos, trópos como el marcado,
aunque éstos últimos sean los más habituales.
El único texto parecido es el de Pólux (Onomastic. 4.78)
que también identifica ambos conceptos, aunque difiere en la
atribución de las escalas a los diferentes instrumentos; la explicación
a este hecho habría que buscarla en las transformaciones sufridas
por éstos. De cualquier modo, el pasaje no autoriza a identificar
harmonía y tónos en toda la teoría musical griega,
como hace Monro.
BIBLIOGRAFÍA
1. Ediciones de los autores antiguos.
Ediciones de varios autores
- Jan, C. von (1895) Musici Scriptores Graeci. Leipzig.
- Meibon, M. (1652) Antiquae Musicae auctores septem
Anónimos de Bellermann
- Bellermann, F. (1841) Anonýmou sýggramma perí
mousikés. Berlín.
- Najock, D. (1972) Drei anonyme griechische traktete über die
Musik. Gotinga.
- Najock, D. (1975) Anonyma de Musica Scripta Bellermanniana. Leipzig.
Arístides Quintiliano
- Winnington-Ingram (1963). De Musica. Leipzig.
Aristóxeno
- Macran, H.S. (1902) The Harmonics of Aristoxenus. Oxford.
- Marquard, P. (1968) Die rhythmischen Fragmente des Aristoxenus. Berlín.
- Pighi, G.B. (1969) Aristoxeni Elementa Rhythmica. Bolonia.
- Westphal, R. (1883-1893) Aristoxenos von Tarent: Melik und Rhythmik
des Classischen Hellenthums. Leipzig (2 vols.).
Manuel Briennio
- Jonker, G.H. (1970) Harmonica. Groningen.
Boecio
- Frieflin, G. (1867) De institutione musica libri quinque. Leipzig
(=Frankfurt a.M. 1966).
Ps. Plutarco
- Camberini, L. (1979) Plutarco. Della Musica. Florencia.
- Laserre, F. (1954) Plutarque, De la musique. Lausana.
- Weil, H. – Reinach, Th. (1900) Plutarque de la musique. París.
- Ziegler, k. (1966) Plutarchus, Moralia (IV). Leipzig.
Porfirio
- Düring, I. (1932) Ptolemaios und Porphirios über die Musik.
Göteborg.
Presocráticos
- Diels, H. – Kranz, W. (1956) Die Fragmente der Vorsokratiker.
Berlín.
Ptolomeo
- Düring, I. (1930) Die Harmonielehre des Klaudios Ptolemaios.
Göteborg.
Teón de Esmirna
- Hiller, E. (1878) Expositio rerum mathematicarum ad legendum Platonem
utilium. Leipzig.
2. Autores modernos y traducciones.
- Albert, H. (1899) Die Lehre vom Ethos in der griechischen Musik. Leipzig
(Reimp. Tutzing, 1968).
- Anderson, W.D. (1984) Music and Musicians in Anciente Greece. Cornell
Univ. Press. Londres.
- Arístides Quintiliano (1996) Sobre la Musica. Trad de L. Gil
y B. Colomer. Madrid.
- Barker, A. (1984) Greek Musical Writings I. Oxford.
- Barker, A. (1989) Greek Musical Writings II. Oxford.
- Barnes, J. (1991) Los presocráticos. Madrid.
- Bécares Botas, V. (1984) Diccionario de terminología
gramatical griega. Salamanca.
- Bellermann, F. (1847) Die Tonleitern and Musiknoten der Griechen Berlín.
- Burket, W. (1972) Lore and Science in Ancient Pithagoreanism. Cambrigde,
Mass.
- Comotti, G. (1986) La música en la cultura griega y romana.
Madrid.
- Fortlage, C. (1964) Das musikalische System der griechen. Amsterdam.
- García López, J. (1969) “Sobre el vocabulario
ético-musical del griego” Emérita 32, 335 ss.
- Gevaert, F. A (1875) Historie et théorie de la musique de l´antiquité.
Gante.
- Goldáraz Gainza, J. (1992) Afinación y temperamento
en la música occidental. Madrid.
- Jan, C. von (1871) “Die griechische Musik, zweiter Artikel.
Die Excerpte aus Aristoxenus”. Philologus 30, 408 ss.
- Laloy, L. (1904) Aristoxène de Tarente et la musique de l´Antiquité.
París.
- Lausberg, H. (1983) Elmentos de Retórica literaria. Madrid.
- Lidell, H., Scott, R. (1968) A Greek-Englixh Lexicon. Oxford.
- Lippman, E.A. (1964) Musical Thought in Ancient Greece. Nueva York
y Londres.
- Luque Moreno (1995) De pedibus, de metris. Granada.
- Michaelides, S. (1978) The Music of Ancient Greece. An Encyclopaedia.
Londres
- Molina, F. (1997) “Orfeo músico” CFC 7 pp. 287-308.
- Monro, D.B. (1894) The Modes of Ancient Greek Music. Oxford.
- Najock, D. (1972) Drei anonyme griechische Traktae über die Musik.
Leipzig.
- Neubecker, A.J. (1977) Altgriechische Musik. Darmstadt.
- Philips, R.C. (1904) “Mean Tones, Equal-Tempered and the Harmonic
Tetrachords of Claudius Ptolemy”, Memoirs and Proceeding of the
Manchester Literary and Philosofical Society, 48/13, pág. 8 ss.
- Pintacuda, M. (1978) La musica nella tragedia grega. Cefalú.
- Pöhlmann, E. (1970) Denkmäler altgriechischer Musik. Núremberg.
- Pöhlmann, E. (1988) Beiträge zur antiken und neuren Musikgeschichte.
Frankfurt am Main.
- Plutarco (1987) Obras morales y de costumbres. Trad. de M. García
Valdés. Madrid.
- Privitera, G.A. (1965) Laso di Ermione nella cultura ateniense e nella
tradizione storiografica. Roma.
- Reinach, th. (1926) La musique grecque. París.
- Ruelle, Ch. (1884) “L´introduction hermonique de Cleónide”,
en Auteurs Grecs relatifs à la musique, III. París.
- Ruelle, Ch. (1908) “Corrections proposées dans l´Anonyme
be Bellermann”,Revue de Philologie, 32, pp. 28-29.
- Saydel, G. (1907) Symbolae ad doctrinae Graecorum harmonicae historiam.
Leipzig.
- Shirlaw, M (1943) “Claudius Ptolomey as Musical Theorist”
Musical Review 4, 14-27.
- Vincent, A.J. (1847) “Notice sur divers manuscrites grecs relatifs
à la musique”, Notices et extraits des manuscrits de la
bibliothèque du roi et d´autres bibliothèques, XVI,
2, pp. 1-233. París.
- West, M.L. (1992) Ancient Greek Music. Oxford.
- Westphal, R. (1861) Die Fragmente und die Lehrsätze der griechischen
Rhythmiker. Leipzig.
- Westphal, R. (1861) Griegchische Rhythmik und harmonik. Leipzig.
- Winnington-Ingram, R.P. (1932) “Aristoxenos and the intervals
of Greek music”, Classical Quaterly 26, pp. 195-208.
- Winnington-Ingram, R.P. (1936) Mode in Ancient Greek Music. Amsterdam.
- Zanoncelli, L. (1990) La manualistica musicale greca. Milán.
- Zieglesr, K. (1965) Plutarco. Brescia.

Artículo Formato PDF