PINTURA VIRREINAL MEXICANA EN
ANDALUCÍA
Patricia Barea
Azcón
Doctorada en Historia del Arte por la Universidad de Granada
Como consecuencia de los estrechos vínculos
mantenidos entre Andalucía y el virreinato de la Nueva España
actualmente se conserva un significativo número de pinturas devocionales
novohispanas distribuidas entre colecciones e instituciones religiosas
andaluzas. En la mayoría de los casos se trata de representaciones
de la Virgen de Guadalupe de México.
Andalucía estuvo unida al continente americano
desde los inicios del Descubrimiento. En ella se gestó la empresa
colombina, y de su litoral partieron las naves que desembarcaron en
el Nuevo Mundo. Fruto de este contacto, las influencias andaluzas fueron
las más abundantes en los territorios conquistados. Uno de los
lugares donde mejor se constata es en México, antiguo virreinato
de la Nueva España. A él se exportaron, además
de hombres y mercancías, multitud de influencias artísticas.
Desde Sevilla fueron enviadas cientos de pinturas, por lo general de
escasa calidad técnica, cuyo objetivo era definir el repertorio
temático e instaurar unos cánones de representación.
La influencia de los modelos andaluces fue tal, que incluso las primeras
ordenanzas de pintores (1557) se inspiraron en las sevillanas.1 Al virreinato
pasaron artistas andaluces como Andrés de Concha o Alonso Vázquez.
Otros de gran renombre como Murillo, Zurbarán o Valdés
Leal enviaron obras suyas a la Nueva España, dejando una importante
impronta en obras posteriores.2
La asimilación de la estética europea y el influjo de
las manifestaciones autóctonas dio lugar al surgimiento de la
escuela pictórica novohispana. Las imágenes religiosas
tuvieron en el virreinato una importante función propagandística,
convirtiéndose en la principal herramienta de la Iglesia para
evangelizar a los indios. Las particulares circunstancias derivadas
del nuevo orden exigían una cualidad unificadora y de fácil
comprensión. Además, el Santo Oficio controlaba exhaustivamente
las iconografías representadas para preservar la ortodoxia. En
este contexto se acuñó un tipo de efigie propiamente novohispana,
impregnada de connotaciones locales pero ejecutada según los
criterios españoles. Podría decirse que la pintura se
“criollizó”. Muchas de las advocaciones autóctonas
no podían presumir de antigüedad, pero sí de estar
avaladas por milagros que señalaban la Nueva España como
una tierra dotada con la gracia de Dios y se erigieron en signos de
identidad cultural.3
La imagen nativa más popular fue la Virgen de Guadalupe, surgida
según la leyenda en 1531, tras un hecho milagroso.4 Los indígenas
no tardaron en sentirse identificados con ella. Fue ganando adeptos,
superando el culto de todas las demás advocaciones. El nuevo
fervor hacia las vírgenes indias hizo que también los
criollos la prefirieran a las viejas imágenes españolas.
Aunque la extremeña estuvo presente durante la colonización,
las semejanzas entre ambas se limitan al nombre. El tipo iconográfico
de la mexicana, de ascendencia apocalíptica, deriva del de la
Inmaculada Concepción.5
En virtud del vínculo existente entre Andalucía y el virreinato,
durante los siglos XVII y XVIII el proceso de remesa de pinturas se
produjo en sentido inverso. La geografía andaluza se fue llenado
de pinturas novohispanas, pero esta vez su objetivo y modo de llegada
fueron diferentes. Los responsables no eran ya comerciantes, sino españoles
que tras pasar una temporada en el virreinato enviaban o traían
consigo estas pinturas entre sus enseres personales con una función
esencialmente devocional. Con frecuencia estos personajes fueron funcionarios
del gobierno, miembros de la nobleza, militares o eclesiásticos
de distinto rango. Muchas tuvieron como destino domicilios privados,
mientras que otras fueron donadas a instituciones religiosas de sus
localidades natales: “Rara es la iglesia –catedral o pequeña
parroquia de pueblo- que no tenga una de las múltiples versiones
hechas en México a partir de la segunda mitad del siglo XVII”.6
En ocasiones es posible conocer al donante de estas obras a través
de inscripciones en el lienzo. La pintura de la Virgen de Guadalupe
que se encuentra en la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen de
Lucena (Córdoba) presenta una que desvela: “Remitiola don
Antonio Barzo Ibáñez de Texada al Padre fray Juan del
Santísimo Sacramento, prior de esta casa de Carmelitas Descalzos
de Lucena, en 25 de Marzo, martes, de 1725”.
Además de su significado simbólico-religioso, algunos
españoles valoraban en ellas su componente de exotismo. Aunque
encontramos firmas de los más prestigiosos artistas novohispanos,
la mayoría son anónimas. Se conservan pinturas realizadas
sobre láminas de metal y “enconchados” (con incrustaciones
de concha de nácar) ligados al ámbito aristocrático,
pero principalmente se trata de lienzos pintados al óleo. La
menor variación se da en el aspecto iconográfico, ya que
casi la totalidad tienen por tema a la Virgen de Guadalupe de México.
En palabras del Padre Francisco de Florencia: “En Cádiz,
Sevilla, y en todas partes de católicos que tienen comercio con
la Nueva España, es tan conocida, tan venerada y aplaudida esta
santa imagen, que apenas hay casa en que no la tengan”.7 La iconografía
guadalupana fue muy rica en el virreinato, aunque no tanto en las obras
que llegaron a España.8
La presencia de obras es bastante mayor en Andalucía Occidental,
debido a que Sevilla y Cádiz fueron las provincias más
relacionadas con la Nueva España. En base a su excelente posición
estratégica, Sevilla centralizó el mercado americano.
Fue “Puerto y Puerta de Indias”, sede de organismos americanistas
como la Casa de la Contratación y el Consejo de Indias. Gracias
a ello experimentó una fulgurante transformación urbana,
convirtiéndose en una metrópoli próspera y multicultural.
Existieron talleres especializados en el comercio artístico americano,
del que participaron casi todos los artistas de la ciudad. Bastantes
instituciones tuvieron relación con América: el Colegio
de San Hermenegildo, el Beaterio de la Santísima Trinidad, el
Convento de Santa Paula... También en algunos pueblos sevillanos
permanece la huella de un pasado indiano. Un ejemplo es el Monasterio
de Nuestra Señora de Loreto en Espartinas.
Infinidad de sevillanos mantuvieron contactos con el virreinato de la
Nueva España, trayendo a su regreso una o varias copias del retrato
guadalupano: “El Guadalquivir, río terminal en la ruta
entre España y Méjico, era el camino por donde entraban
a la Península las guadalupanas”.9 Los inventarios artísticos
de una serie de personajes del siglo XVIII conservados en el Archivo
de Protocolos Notariales de Sevilla revelan la posesión de algunas
pinturas novohispanas, en su gran mayoría de la Virgen mexicana.
Multitud de testimonios avalan la devoción guadalupana en Sevilla.
Uno de los más interesantes es la existencia del Hospital de
Nuestra Señora de Guadalupe, una institución benéfica
que se ubicó a orillas del Guadalquivir. El Padre Antonio Solís
informaba de que el Padre Manuel de la Peña “erigió
en 1735 dos nuevos altares, en la Capilla de la Anunciación de
la Casa Profesa de la Compañía de Jesús en Sevilla,
uno a Nuestra Señora de Guadalupe y otro a San Juan Francisco
Regis”.10 Sevillanos como fray Payo de Ribera, quien según
sus biógrafos sólo traía a su regreso a España
un lienzo de la Virgen de Guadalupe, el virrey Antonio Mª Bucarelli
o “la Madre Isabel”, fundadora del Beaterio de la Santísima
Trinidad, fueron conocidos por su fervor guadalupano. En distintos tipos
de documentos como testamentos, inventarios de bienes o cartas personales
se puede constatar la devoción guadalupana. En el Archivo General
del Palacio Arzobispal de Sevilla se conserva un expediente de licencia
para celebrar misas en el oratorio de don Tomás Céspedes
y Sandoval, en el que se hallaba “un altar mazizo hecho de material
con una Imagen de Pintura de Nuestra Sra. de Guadalupe de México
colocada en un arco con primor y aseo”.11
El modelo más habitual entre las pinturas de la Virgen de Guadalupe
que se conservan es el que incluye en los ángulos del cuadro
cuatro medallones que narran, en una secuencia ordenada, las apariciones
de la Virgen al indio Juan Diego. En muchos casos este presenta además
una quinta escena a los pies de la Virgen, que suele ser un paisaje
del Monte Tepeyac, donde ocurrió el suceso. De esta tipología
se conservan obras en el Convento de San José del Carmen, el
Convento de San Leandro, la Iglesia de San Andrés, el Convento
de San Buenaventura, el Convento del Espíritu Santo, el Convento
de Santa Isabel, el Hospital de la Caridad, la Iglesia de San Pedro...
Una de las más originales es la que se ubica en la Iglesia de
San Nicolás de Bari, obra de Juan Correa. Es un lienzo de grandes
dimensiones, inusual estructura horizontal y gran exhuberancia decorativa.

Otro modelo es el conocido como “Fiel copia del original”,
caracterizado por la ausencia de elementos entorno a la figura de la
Virgen. Encontramos ejemplos en el Beaterio de la Santísima Trinidad,
el Convento de Santa Paula, la Iglesia conventual del Santo Ángel
Custodio, el Monasterio de San Clemente, el Convento de la Encarnación,
la Iglesia de San Martín...
Además existe otra tipología que presenta
novedades con respecto a las dos anteriores. Una de estas pinturas le
localiza en el Convento de Trinitarias del Prado de Santa Justa. Es
un óleo realizado sobre lámina de cobre por Miguel Correa
que tiene forma de cruz tetracúspida. En la Iglesia de Santa
María la Blanca se ubican dos lienzos compañeros. Uno
representa la primera y la tercera aparición de la Virgen de
Guadalupe, y el otro la segunda y la cuarta.
Junto a estas, gran cantidad de pinturas guadalupanas se custodian en
domicilios particulares sevillanos. Así mismo, en muchos pueblos
de la provincia de Sevilla permanecen representaciones de la Guadalupana.
En Osuna se localizan varias: en la Colegiata, la Iglesia de San Carlos,
la de la Merced... También en Sanlúcar la Mayor: en la
Iglesia de San Eustaquio, el Convento de Carmelitas, o la Iglesia de
Santa María. Además se encuentran pinturas de la Virgen
de Guadalupe en el Convento de Nuestra Señora de los Ángeles
de Constantina, la Iglesia de San Sebastián de Marchena, la de
María de la Asunción de Mairena del Alcor, el Convento
de Nuestra Señora de Loreto de Espartinas, la Iglesia de Nuestra
Señora de Belén de Gines, etc.
Respecto a las pinturas novohispanas de otras iconografías, aunque
son más escasas, se han documentado algunas. Entre ellas podemos
citar un <San Miguel Arcángel> realizado sobre cobre y
cuero en el Convento de Santa Paula, un óleo enconchado titulado
<Alegoría de la Encarnación> perteneciente a la
Hermandad y Archicofradía de Nazarenos del Dulce Nombre de Jesús,
y otros enconchados situados en la Iglesia de San Bartolomé:
<San Gregorio>, <San Agustín> y <La Virgen niña
con sus padres>. El investigador Gerardo Pérez Calero dio
a conocer la existencia de dos obras de José de Ibarra realizadas
sobre lámina de cobre, <San José con el Niño>
y <La Virgen con el Niño>, que forman parte de una colección
particular.12
Al igual que Sevilla, Cádiz fue uno de los principales enclaves
portuarios durante la época virreinal. En el siglo XVI experimentó
un gran auge económico gracias a los beneficios del tráfico
indiano. El historiador Antonio García-Baquero afirma que “desde
el siglo XVI hasta comienzos del XIX, Cádiz es lo que su posición
en el comercio americano”.13 Pasó de ser un antepuerto
de Sevilla a sustituirla como capital de la Carrera de Indias. En esta
ciudad se instituyeron el Juzgado de Indias y la nueva sede de la Casa
de la Contratación. Establecimientos como la Catedral, el Consulado
de Cargadores a Indias o el Oratorio de San Felipe Neri estuvieron vinculados
con América.
También muchos gaditanos fueron responsables de la llegada de
pinturas novohispanas. Los inventarios artísticos de algunos
clérigos del siglo XVIII incluyen representaciones de la Virgen
de Guadalupe, lo que indica que para esa época ya se había
extendido la devoción hacia la patrona de México.14 En
una carta enviada por don Antonio Ulloa al virrey Bucarelli desde Cádiz
en 1778 le decía: “...y particularmente invocando la protección
de la Milagrosa imagen de Nuestra Sra de Guadalupe, la particular protectora
de todos los que la invocan con verdadera fe”. Además,
en este mismo documento se comprueba que estos lienzos llegaban enrollados,
sin marco ni bastidor: “...la laminita de nuestra Sa. De Guadalupe
con medias cañas la tomo la niña grandesita para ponerla
a la cabecera de su cama; ...se les estan poniendo medias cañas
y cristales”.15
En numerosos domicilios particulares y edificios religiosos se conservan
pinturas guadalupanas. Entre las que incluyen las escenas de las apariciones
se encuentran la del Convento de San Juan de Dios, la Iglesia de San
José, la Iglesia de San Antonio, la Iglesia de San Lorenzo, el
Palacio Episcopal, la Iglesia del ex Convento de Capuchinos y la del
Colegio de Santa Cruz, que poseyó seis cartelas de las que actualmente
quedan cinco. Del modelo “Fiel copia del original” existen
en el Convento de Santa María, el Colegio de Santa Cruz y la
Santa Cueva del Rosario. Y en cuanto a las “iconografías
alternativas”, el historiador Joaquín González Moreno
catalogó cuatro lienzos de las apariciones de la Virgen al indio
Juan Diego en la Casa Fragela.16
Además, muchas localidades de la provincia de Cádiz mantuvieron
contactos con el virreinato y albergan en sus edificios pinturas novohispanas.
Uno de las más relacionadas con América fue Sanlúcar
de Barrameda, antepuerto de Sevilla desde el que partieron conquistadores
y frailes hacia el Nuevo Mundo. La fachada que da al Guadalquivir conserva
calles y construcciones de clara connotación americanista. Algunos
de estos lugares custodian en su interior obras de arte enviadas por
sanluqueños desde América. En Sanlúcar se localizan
cerca de una veintena de pinturas de la Virgen de Guadalupe: en el Convento
de las Descalzas, la Iglesia de la Santísima Trinidad, el Convento
de Madre de Dios, la Iglesia de Nuestra Señora de la Caridad...
El Puerto de Santa María fue otra de las localidades más
vinculadas con las Indias como atestiguan varios palacios de comerciantes
y cargadores. Existen representaciones guadalupanas en el Convento de
las Concepcionistas, el Monasterio de San Miguel Arcángel, el
Convento de Capuchinas, el Convento de las Madres Agustinas...
El pueblo de Algar mantiene una relación especial con el virreinato,
ya que ostenta el patronato, único en España, de la Virgen
de Guadalupe de México. Fue fundado por don Domingo López
de Carvajal, Marqués de Atalaya Bermeja, a finales del siglo
XVIII con motivo de una promesa hecha a la Guadalupana.17 En su Iglesia
de Nuestra Señora de Guadalupe se conserva actualmente una pintura
de esta advocación.
En Jerez de la Frontera conocemos la existencia de lienzos guadalupanos
en la Iglesia de San Mateo, en la de Santo Domingo y en la de San Miguel.
También se conservan pinturas guadalupanas en Medina Sidonia,
Conil de la Fontera, Vejer de la Frontera, Bornos, Puerto Real...
En el apartado referente a otras iconografías podemos aludir
a una <Virgen del Rosario> obra de Miguel Cabrera emplazada en
la Catedral de Cádiz. En la Iglesia de San Antonio se encuentra
una pintura de <Las Ánimas Benditas>. Y en la Iglesia de
San Nicolás de Sanlúcar de Barrameda se localiza otra
titulada <Ierarchia angelorum>.
La provincia de Huelva también tuvo bastantes vínculos
con el mundo americano gracias a su carácter portuario. Varios
acontecimientos relacionaron el litoral onubense con América.
El más conocido y simbólico es la salida de la expedición
de Colón de Palos de Moguer el 3 de Agosto de 1492. Otro enclave
que desempeñó un papel determinante en la empresa americana
fue el Monasterio franciscano de Santa María de La Rábida,
donde Colón encontró el apoyo necesario para presentar
a los Reyes Católicos su proyecto.18 Además, sus frailes
participaron activamente en la evangelización de las Indias.
La emigración de esta provincia a América alcanzó
niveles significativos. En muchos pueblos quedan vestigios de su pasado
americano: la casa de la familia Pinzón en Palos, el Convento
de San Francisco en Moguer, o el Convento de Carmelitas Descalzas de
San Juan Bautista en Villalba del Alcor, una fundación indiana.
A las afueras de Huelva se sitúa otro punto emblemático:
el santuario de Nuestra Señora de la Cinta, patrona de la ciudad.
Es sede de una advocación mariana muy popular desde tiempos remotos
y fue visitado por Colón en cumplimiento de una promesa. Además,
está relacionado con el origen de la devoción guadalupana
en Huelva: Don Francisco Martín Olivares, un comerciante onubense
del siglo XVIII que se enriqueció en México, instaló
un altar dedicado a la Virgen de Guadalupe e instituyó una fiesta
en su honor.19 También se localizan lienzos guadalupanos en la
Iglesia de Santa María de Gracia, el Convento de las Madres Agustinas
de Trigueros y la Universidad de Santa Maria de La Rábida.
La provincia de Córdoba, a pesar de ser interior, también
estuvo relacionada con las Indias. Varios edificios cordobeses poseen
ecos americanistas. Entre ellos se encuentran el Convento de San Pedro
el Real, casa madre de los franciscanos que alojó a Cristóbal
Colón, y la Iglesia de San Agustín, de la partieron misioneros
hacia el Nuevo Mundo.
En Córdoba se conservan algunas pinturas guadalupanas. En la
Mezquita-Catedral se ubica un retablo del siglo XVII compuesto por cinco
lienzos: uno “fiel copia del original” rodeado de cuatro
que representan las apariciones de la Virgen a Juan Diego. En el Convento
de Santa Cruz, la Iglesia de San Francisco, la de San Hipólito
y la de San Nicolás, así como en la de Nuestra Señora
del Carmen de Lucena se encuentran también representaciones de
la Virgen de Guadalupe.
Curiosamente, en Córdoba permanecen pinturas novohispanas de
otras iconografías. En el Museo Diocesano de la Parroquia de
San Pedro se exhibe una <Virgen de la Asunción> de Nicolás
Rodríguez Juárez, y en el Museo de Bellas Artes una <Virgen
del Refugio> obra de Miguel Cabrera.
En Andalucía Oriental la situación varía bastante.
A medida que nos alejamos del Atlántico los vínculos con
América disminuyen, por lo que las provincias de Granada, Jaén
y Almería albergan un escaso número de pinturas novohispanas.
La provincia de Málaga constituye una excepción, pues
debido a su carácter portuario presenta unas características
más similares a las que hemos visto en Sevilla y Cádiz.
Su privilegiada situación estratégica permitió
un amplio desarrollo de su puerto, y de él partieron muchos de
los productos que embarcaron en Sevilla hacia las Indias. Durante los
siglos XVI al XVIII, Málaga intentó gozar de las mismas
prerrogativas que Sevilla y Cádiz. Su puerto fue adquiriendo
importancia, y en 1765 se habilitó para comerciar con América,
llegando a convertirse en uno de los más activos de España.
Algunos edificios malagueños como el Colegio de San Telmo y el
Consulado Marítimo dan fe de su pasado americanista. Hubo importantes
familias relacionadas con el Nuevo Mundo como la de los Gálvez.
Varios de sus miembros desempeñaron cargos políticos relevantes.
Entre ellos debemos destacar la figura de don José de Gálvez,
Comandante General de las provincias internas de Nueva España.20
El historiador Agustín Clavijo publicó una investigación
acerca de la pintura virreinal situada en la provincia de Málaga.21
La mayor parte de las obras catalogadas datan de finales del siglo XVII
o principios del siglo XVIII y tienen por tema iconográfico a
la Virgen de Guadalupe. Aunque la mayor parte son anónimas, algunas
están firmadas por conocidos artistas como Antonio de Torres
o Miguel Cabrera, y otras por artistas menos populares como Basilio
Fernández de Salazar o Miguel Jerónimo Zendejas.
En la Catedral de Málaga se localiza una Guadalupana con las
escenas de las apariciones pintada por Antonio de Torres. Y en la Iglesia
de San Sebastián de Antequera se encuentra otra, obra de Andrés
de Barragán. Además, existen obras pertenecientes a colecciones
particulares. Una es una curiosa composición realizada por Juan
de San Pedro Flores, casi idéntica a la obra del mismo autor
que se conserva en el Museo de América de Madrid. Otra es un
óleo enconchado que representa a la Virgen de Guadalupe rodeada
de santos, obra de Miguel González. Se trata de una copia de
la que se exhibe en el Museo de América.
La malagueña es una de las provincias en las que permanecen mayor
cantidad de obras novohispanas de temática no guadalupana. En
el Museo Diocesano de Arte Sacro de Málaga se ubica una representación
sobre lámina de cobre de <Cristo recogiendo sus vestiduras>
realizada por Basilio Fernández de Salazar, procedente de la
Iglesia de la Encarnación de Marbella. También en él
se conserva una <Nuestra Señora de la Asunción>
obra de Antonio de Torres. En la Iglesia del Convento de Carmelitas
Descalzas de San José de Antequera se encuentran otras dos pinturas
de ese artista: una <Nuestra Señora de la Asunción>
y un <Cristo con la cruz a cuestas>. En el Convento de Religiosas
Franciscanas de Ronda se halla un <San José con el Niño>
de Antonio Sánchez. En la Iglesia de Santa Cecilia de la misma
localidad hay un <San Francisco Javier expirante> realizado por
Salvador Fernández de Salazar y Montiel, en la del Espíritu
Santo una <Dolorosa> de Miguel Jerónimo Zendejas, y en
la de Belén una <Virgen del Consuelo>. Además, en
el Museo de Bellas Artes de Antequera se custodia una serie de la Vida
de la Virgen compuesta por doce lienzos, diez realizados por Juan Correa
y dos por “el Mudo” Arellano. Se trata de la serie más
importante de pintura virreinal conservada en nuestro país.
La relación de Jaén con el virreinato fue menos significativa.
Aún así, la empresa americana contó desde los primeros
momentos con participación jienense. Uno de los factores que
intervinieron fue el militar, pues muchos de los soldados que tomaron
parte en la conquista de Granada se embarcaron después hacia
el Nuevo Mundo. Otro factor influyente fue el religioso, debido al prestigio
del que gozaba el Obispado Baeza-Jaén. También contribuyó
significativamente el esplendor del Santo Reino y la creación
de la Universidad de Baeza, un importante foco espiritual y cultural.
La conquista de América dio lugar a la creación de una
corriente de emigrantes, procedentes sobretodo de Úbeda y Baeza,
y a la aparición de un nuevo mercado para sus productos.22
La administración indiana contó con un buen número
de jienenses. Uno de los personajes más destacables fue Antonio
Mendoza, el primer virrey de México. Miembros de las distintas
órdenes religiosas partieron al virreinato como evangelizadores,
algunos desempeñando importantes cargos. A pesar de ello, la
provincia de Jaén conserva pocos vestigios indianos. Entre estos
podemos mencionar el palacio del Marqués de Mancera y la Capilla
del Salvador de Úbeda.
Tal vez el no tener contacto con el mar explique la escasez de pinturas
novohispanas. En la Iglesia de San Ildefonso de Jaén se localiza
una pintura de la Virgen de Guadalupe de gran interés, pues su
iconografía es extraordinariamente primitiva. De hecho, el historiador
Rafael Ortega afirma que se trata de la representación más
antigua que existe después del original.23 Y en la Catedral se
conserva otra titulada <Los Desposorios de la Virgen>, obra de
Cristóbal de Villalpando.
En Almería encontramos pocas evidencias de sus
lazos con América. Una de las causas que lo motivaron fueron
sus malas comunicaciones. Su puerto, que había desarrollado una
importante actividad en época musulmana, fue perdiendo protagonismo
a favor del de Málaga. Otros factores que incidieron negativamente
fueron la despoblación que sufrió la ciudad tras su toma
por los Reyes Católicos, la dura climatología y los frecuentes
ataques piratas. Aún así, Almería participó
en cierta medida en la empresa americana. Entre los almerienses relacionados
con América podemos mencionar a don Luis Fajardo de la Cueva,
presidente del Consejo de Indias, y al jesuita don Pedro Murillo Velarde,
quien visitó el virreinato de Nueva España.15 A tenor
de ello, la presencia de pinturas novohispanas en la provincia de Almería
es prácticamente nula. Conocemos la existencia de un lienzo de
la Virgen de Guadalupe con las escenas de las apariciones en la Iglesia
parroquial de Bentarique.
Las conexiones de Granada con el territorio americano fueron más
relevantes. A parte del hecho de que en Santa Fe se firmaron las capitulaciones
entre Cristóbal Colón y los Reyes Católicos, la
guerra de Granada influyó decididamente en la empresa americana.
Las bases ideológicas de la conquista de América tienen
una connotación de guerra santa presente en la Reconquista. En
la organización de la Iglesia indiana se siguió el patrón
granadino, y también el Patronato de Indias estuvo inspirado
en este.
En cambio la emigración granadina a América fue poco importante
en términos generales. Esto se explica en parte porque era una
región rodeada de montañas y volcada hacia el Mediterráneo.
También afectaron su carácter militar, la despoblación
que padecía o las buenas condiciones de vida que ofrecía
en ese periodo. Aún así partieron al virreinato importantes
personalidades como fray Alonso de Montúfar, segundo arzobispo
de México, fray Bartolomé de Ledesma, obispo de Oaxaca,
o fray Juan de Granada, Comisario General de los franciscanos en Nueva
España.24
Al igual que en otras provincias de Andalucía Oriental, en la
de Granada no abunda la presencia artística novohispana. No existen
pinturas de otras iconografías, pero se han localizado varias
representaciones de la Guadalupana. Una de ellas, con las escenas de
las apariciones, se encuentra en la Iglesia de Santa María Magdalena.
Otra, también con las apariciones, se ubica en la iglesia del
Monasterio de San Jerónimo. En la iglesia del Convento de la
Encarnación (ilustración inferior) se custodia otra con
las cartelas de las apariciones, y en la sacristía de la iglesia
del Convento de las Comendadoras de Santiago existe una “fiel
copia del original”.

Los datos obtenidos en esta investigación ponen
de manifiesto la existencia de un importante conjunto de pinturas novohispanas
en Andalucía. Como hemos visto, en la mayoría de los casos
se trata de óleos sobre lienzos del siglo XVIII con la iconografía
de la Virgen de Guadalupe de México. Algunos proceden de los
talleres más reputados del virreinato como acreditan sus firmas:
Juan Correa, Miguel Cabrera, Cristóbal de Villalpando...
En Andalucía se constata uno de los factores más determinantes
en la localización de estas pinturas: la cercanía de un
puerto de mar que mantuviera relaciones con América. Esta circunstancia
se dio en las provincias de Sevilla, Cádiz, Huelva y Málaga.
Derivado de ello, es en estas provincias donde más abundan las
pinturas novohispanas. En los casos de Sevilla y Cádiz, además,
hay que añadir la ubicación de las principales instituciones
de competencia americanista. La presencia de estas pinturas en colecciones
privadas y edificios religiosos andaluces posee un gran valor simbólico
y da fe de los intensos vínculos culturales que se establecieron
entre Andalucía y América durante la época virreinal.
BIBLIOGRAFÍA
1 SERRERA, Juan Miguel. “Zurbarán y América”.
AA.VV. Zurbarán. Catálogo de la exposición celebrada
en Madrid en 1988. Madrid: Ministerio de Cultura, Banco Bilbao-Vizcaya;
1988, p. 75.
2 MOYSSEN, Xavier. “Zurbarán en la Nueva España”.
Conciencia y autenticidad históricas. Escritos en homenaje a
Edmundo O´Gorman. México: Universidad Nacional Autónoma
de México; 1968, pp. 221-235. RUIZ GOMAR, Rogelio. “Noticias
referentes al paso de algunos pintores a la Nueva España”.
Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas, nº 53.
México: Universidad Nacional Autónoma de México,
Instituto de Investigaciones Estéticas; 1983, pp. 65-73.
3 ALCALÁ, Luisa Elena. “¿Para qué son los
papeles? Imágenes y devociones novohispanas en los siglos XVII
y XVIII”. Tiempos de América. Revista de Historia, Cultura
y Territorio. Castellón: Universidad Jaume I, Centro de Investigaciones
de América Latina; 1997, p. 43.
4 Una antigua leyenda narra cómo la Virgen se le apareció
a un indio llamado Juan Diego, pidiéndole que le solicitara al
obispo fray Juan de Zumárraga la construcción de una capilla
en su honor . Dejó su imagen estampada en la túnica del
indio como prueba, lo que se denominó “el milagro de las
rosas”. ANSÓN, Francisco. Guadalupe. Lo que dicen sus ojos.
Madrid: Ed. Rialp; 1988, pp. 17-19.
5 Uno de los historiadores que sostienen esta tesis es Antonio Moreno
Garrido. MORENO GARRIDO, Antonio. “Tipos iconográficos
concepcionistas andaluces del siglo XVIII”. Algunas consideraciones
entorno a la iconografía concepcionista en Andalucía y
el Nuevo Mundo. Sevilla: Escuela de Estudios Hispanoamericanos; 1985,
pp. 183-189.
6 GARCÍA SÁIZ, Mª Concepción. “Arte
colonial mexicano en España”. Revista Artes de México,
nº 22. México: Jean Paul Getty Trust; 1993, pp. 26-38.
7 FLORENCIA, Francisco de. La Estrella del Norte de México. México:
Fondo de Cultura Económica; 1999 (1688), p. 196.
8 Sobre iconografía guadalupana en México véase
AA.VV. Imágenes guadalupanas: cuatro siglos. Catálogo
de la exposición celebrada en el Centro Cultural de Arte Contemporáneo
de la ciudad de México entre Noviembre de 1987 y Marzo de 1988.
México: Centro Cultural de Arte Contemporáneo; 1987 o
AA.VV. El Divino Pintor: la creación de María de Guadalupe
en el taller celestial. Catálogo de la exposición celebrada
en el Museo de la Basílica de Guadalupe de la ciudad de México
entre Diciembre de 2001y Abril de 2002. México: Museo de la Basílica
de Guadalupe; 2001. Acerca de la iconografía guadalupana en España,
CUADRIELLO, Jaime. “La propagación de las devociones novohispanas:
las Guadalupanas y otras imágenes preferentes”. Discursos
en el Arte. XV Coloquio Internacional de Historia del Arte. México:
Instituto de Investigaciones Estéticas; 1991, pp. 257-293.
9 GONZÁLEZ MORENO, Joaquín. Iconografía guadalupana
en Andalucía. Jerez de la Frontera (Cádiz): Junta de Andalucía;
1991, p. 11. Según este investigador, en Sevilla residen más
de mil pinturas de la Virgen de Guadalupe.
10 SOLÍS, Antonio de. Los dos espejos. Sevilla; 1755. Original
en la Biblioteca de los Jesuitas de Málaga (Véase GONZÁLEZ
MORENO, Joaquín. Iconografía guadalupana en Andalucía...,
p. 45).
11 ARCHIVO GENERAL DEL PALACIO ARZOBISPAL DE SEVILLA. Salón de
documentos de la Curia. Legajo 30. Oratorios, nº 5.
12 PÉREZ CALERO, Gerardo. “Dos obras desconocidas del pintor
mejicano José de Ibarra”. Revista Gades, nº. 9. Cádiz:
Diputación Provincial de Cádiz; 1982, pp. 267-270.
13 GARCÍA-BAQUERO GONZÁLEZ, Antonio. Comercio y burguesía
mercantil en el Cádiz de la Carrera de Indias. Cádiz:
Diputación Provincial de Cádiz; 1989, p. 15.
14 MORGADO GARCÍA, Arturo. Iglesia y sociedad en el Cádiz
del siglo XVIII. Cádiz: Universidad de Cádiz; 1989, p.
201.
15ARCHIVO GENERAL DE INDIAS DE SEVILLA. Indiferente, 1632 B.
16 GONZÁLEZ MORENO, Joaquín. Iconografía guadalupana
en Andalucía..., p. 105.
17 MORENO, Salvador. “Guadalupanismo mexicano en Cádiz”.
Cadiz-Iberoamérica, nº. 2. Cádiz: Universidad de
Cádiz; 1984, pp. 28-29.
18 Con motivo del V Centenario del Descubrimiento de América,
en 1992 se celebró en el monasterio una exposición de
objetos relacionados con este evento. AA.VV. Los Franciscanos y el Nuevo
Mundo. Monasterio de Santa María de La Rábida. Catálogo
de la exposición celebrada en los meses de Abril y Mayo de 1992.
Sevilla: Ed. Guadalquivir; 1992.
19 GONZÁLEZ MORENO, Joaquín. Iconografía guadalupana
en Andalucía..., p. 69.
20 MOLINA MARTÍNEZ, Miguel. “La saga de los Gálvez”.
AA.VV. Reino de Granada. V Centenario. Tomo III. La aventura americana.
Granada: Junta de Andalucía; 1991, pp. 153-160.
21 CLAVIJO GARCÍA, Agustín. “Pintura colonial en
Málaga y su provincia”. AA.VV. Andalucía y América
en el siglo XVIII. Sevilla: Escuela de Estudios Americanos; 1985, pp.
89-117.
22 SENA MEDINA, Guillermo. Jaén en el Descubrimiento, conquista
y colonización de América. Granada: Ed. Anel; 1990, pp.
26-30.
23 ORTEGA Y SAGRISTA, Rafael. “Una reproducción de la Virgen
de Guadalupe en la iglesia de San Ildefonso de Jaén”. Senda
de Huertos, nº. 18. Véase MOLINA MARTÍNEZ, Miguel.
“El Santo Reino, centro de irradiación de fe”. AA.VV.
Reino de Granada. V Centenario..., p. 112.
15 BAREA FERRER, José Luis. “Almería y el mundo
americano”. AA.VV. Reino de Granada. V Centenario..., pp. 113-120.
24 DÍAZ-TRECHUELO, Lourdes. “Contribución granadina
a la conquista y colonización de América”. AA.VV.
El reino de Granada y el Nuevo Mundo. V Congreso Internacional de Historia
de América. Mayo 1992. Vol. 1. Granada: Diputación Provincial
de Granada; 1994, p. 87.

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