AMENOFIS IV Y EL CISMA ATONIANO.
UNA PLÁSTICA REVOLUCIONARIA.
Daniel José Carrasco
de Jaime.
Alumno dotorando de primer curso de la Universidad de Granada
Historia del Arte: Investigación y conocimiento del Patrimonio
Amenofis
IV, es el continuador de una gran saga familiar como hijo de Amenofis
III y nieto de Amenofis II; esposo de una de las faraonas de mayor trascendencia
de Egipto como fue Nefertiti. Perteneció a la XVIII dinastía
que se emplaza durante el Imperio Nuevo. Está considerado como
uno de los faraones más relevantes de la historia egipcia, como
consecuencia de la importante revolución religiosa que en torno
a su persona se llegó a realizar, y, que el mismo organizaría.
Durante su reinado llegaría a transformar, toda
una tradición que venía de antaño continuada hasta
entonces.
Amenofis IV, el cual, se hizo llamar así mismo como Akhenatón,
mantuvo un sistema religioso en el que el culto a la divinidad de Amón,
fue transformado por no decir, completamente borrado de las mentes de
los egipcios, el cual, había sido bastante extendido por todo
Egipto desde tiempos inmemoriales; implantando, y no de forma caprichosa,
el culto al Dios Atón, lo que supuso el cambio de una religión
politeísta a otra monoteísta; culto en la que como única
divinidad nos encontraremos con Atón.
Atón, como consecuencia de la importancia que
el Sol, Râ, había tenido como divinidad creadora de todas
las cosas, y que Akhenatón plasma e integra en su
nueva esencia, llegando en aquellos momentos al auge de un nuevo concepto
de
culto de proporciones inconmensurables jamás creída por
aquél entonces.
El culto al dios Atón, no se realiza por parte
de miembros secundarios
suyos, sino que al igual que en el Islam, se revela directamente a Akhenatón,
el cual, profetiza sobre sus súbditos. Ésta divinidad,
se revela mediante los rayos solares, lo que se ha venido llamando como
<<ANKJ>> o llave de la vida.
Actualmente, conceptos de la antropología egipcia, permiten realizar
un análisis más o menos analítico y sistemático
—por tanto científico— que ayuden de una u otra forma
a sistematizar los períodos de esta singular cultura, estructuralmente
hablando, y faciliten o allanen el camino para una mejor comprensión
de la Historia de Egipto; no por menos, el grado de dificultad que nos
encontramos para nuestra empresa es menor, pese a lo cual, y sin ningún
género de duda, nos hallamos ante un punto de inflexión
de máximo interés a la hora de revalorizar y recontextualizar
un fenómeno de grandes dimensiones, y, de tales consecuencias
para la Historia de las Civilizaciones, que lo convierten —cisma
atoniano— en uno de los constructos más relevantes y significativos
de la Era de las Dinastías del Nuevo Egipto; y así es
como se ha querido engrosar o englobar la personalidad de los faraones,
por ejemplo, a través de su propio nombre, identificándolo
con el carácter del Dios al que quieren representar y con el
que se identifican.
Es ahora, cuando procedemos a la matización
de dos términos diferentes dentro del apodo compuesto de Akhenatón,
los cuales, podrían constatarse de la siguiente forma: por un
lado, nos encontramos la raíz <<AKH>>; y por el otro,
la de Atón, siendo esta última la que pertenece a la identificación
con el dios al que representa; pero, ¿y la primera?
El término <<AKH>>, según su traducción
literal, significa <<luminoso>> o <<iluminado/transfigurado
>>, lo cual, es lógico si tenemos en cuenta que Atón
se identifica con el disco solar. En la practica, lo que nosotros llamaríamos
"fantasma".
También es cierto que después de la muerte,
el hombre experimenta una serie de cambios en su physis o sistematología
natural, expresado en esencia por el akh, que deriva de una raíz,
que en apariencia significa <<luminoso>> y que sirve para
designar a todos aquellos seres sobrenaturales, lo cual supone que se
pasaría a
formar parte del mundo supraterrenal, algo que persistiría por
sí sólo y para la eternidad que se manifiesta espontáneamente.
Constituye la expresión del terror una vez exento
de vida para los vivos, algo de lo que no hubiera quedado ni rastro
en Egipto si hubiésemos de atenernos
exclusivamente a las expresiones tradicionales del culto funerario,
y que se manifestaría mediante el <<SUAKH>>.
Es así como llegamos a la conclusión de que Amenofis IV,
bajo el apodo de Akhenatón, se identificaría con una presencia
de origen sobrenatural y por tanto, divino si lo queremos decir así,
inmortal, presente para siempre; que se consideraría como hijo
predilecto del dios al que representa y manifiesta, el Dios Atón,
y que es iluminado por los AKHJS, fuente de toda vida o rayos que el
disco solar que Atón propugna en su persona.
Después de la Revolución Akhetoniana,
se instauró otra vez el culto politeísta y se rehabilitaron
los complejos templarios de Egipto tras la destrucción iconoclasta
de Akhenatón, lo cual, fue causa de una gran actividad; se rehicieron
las estatuas de los dioses y se separaron aquellas estropeadas.
Después de la reparación de los daños
sufridos durante la persecución de sus dioses, y de su culto
por parte de Akhenatón, Tebas conocería un renacimiento
artístico.
A su muerte, el último heredero legítimo
de la dinastía, Tutankhatón, conocido como Tutankhamón,
se estableció en Menfis adoptando de nuevo el culto a Amón,
el cual, era también identificado con Râ.
Pero antes, su esposa Nefertiti, en un intento por
recordar lo que había sido una etapa de esplendor en la corte,
quiso restaurar algunos de los conceptos atonianos que su marido había
llegado a realizar.
No se trata de un simple episodio de una querella contra
la clerecía de Amón, sino una verdadera herejía
y una nueva visión del mundo, que se inicia en la propia Tebas:
al Este de Karnak más cerca de su Dios - Sol, Atón, el
<<disco >>, es decir, la forma visible del dios solar Râ.
ARQUITECTURA
Durante el breve lapso de tiempo que dura el reinado de Amenofis IV,
de cuyo nombre pasaremos a prescindir por cuestiones históricas,
por tanto Akhenatón, se realizan nuevas construcciones. Sin duda
alguna, uno de los grandes proyectos de éste período que
abarca a la XVIII dinastía, es el fastuoso complejo de El Amarna,
surgido del desierto, y cuya realización se hizo en tan sólo
cinco años.
Bajo una forma de media luna y en un recorrido de 13 Km. aproximadamente
en la orilla derecha del río Nilo, se realiza la nueva corte
egipcia, en la cual, la climatología parece ser que jugó
un importante papel.
Esta ciudad, estaba cruzada por tres grandes avenidas paralelas entre
sí de norte a Sur; y en ellas, se podía diferenciar dos
grandes núcleos: la ciudad septentrional y la ciudad meridional.
Dos núcleos entre los cuales, se alzaba el barrio oficial que
estaba cruzado por una vía real en torno a un puente de ladrillo
cubierto de madera que unificaba el gran palacio del Oeste y "el
pequeño" templo de Atón al Este.
El material básico de construcción era el ladrillo, con
paredes recubiertas de estuco y al mismo tiempo con relieves e incrustaciones
de otros materiales como el marfil o el vidrio, algo muy diferente de
lo que pasaba en otros centros palaciegos realizados en piedra. El elemento
sustentante en las casas era de madera pintada de capitel palmiforme
o papiriforme, sin embargo en los palacios, como es el caso del Maru-
Atón, eran soportes excepcionales donde los tambores eran de
alabastro con
incrustaciones de motivos lotiformes, y en la parte superior, asemejados
a racimos de
uvas con cuerpos de ánade que colgaban. Los capiteles de estos,
también en alabastro, eran decorados con hojas y flores de loto
adosados a una pasta vítrea azul
y verde.
Éste Palacio tenía una longitud de 270 m. con un patio
de 170 m. de lado, rodeado de colosos que figuraban a la familia real
de granito y cuarcita. En el fondo, había un pabellón
con doce columnas palmiformes que conformaban un balcón de aparición,
a partir del cual, seguían otros patios a través de los
cuales, se llegaba a una sala hipóstila formada por 48 columnas
calcáreas.
Detrás del palacio del Maru-Atón, se encontraba un edificio
de varias salas hipóstilas, una de las cuales, comprende la sala
de la coronación con 544 pilares que sostenían una cubierta
decorada con placas de un material denominado mayólica sobre
fondo amarillo.
Al otro lado, sin embargo, tenía lugar la residencia
de Akhenatón y su esposa
Nefertiti, al igual que las princesas. Había gran variedad de
estancias, una para las
niñas, otras para los sirvientes, almacenes, jardines, a parte
de los aposentos reales. Tanto al Norte como al Este, se aglomeraban
los edificios de carácter gubernamental y administrativo, al
igual que otros.
El núcleo que constituye la ciudad meridional, era donde se agrupaban
las viviendas de las grandes personalidades como la del visir Nakht
o Panehesi, o los grandes talleres como el de Thutanose, no muy lejos
del palacio de verano del Maru-Atón, que se organizaba en torno
a una estructura de jardines, con lagos y fuentes de agua artificial,
con una galería sostenida por una alineación de pilares
y estanques en
forma de -T- entre los intercolumnios. Con un suelo decorado con motivos
florales y
animales.
Por el contrario, el núcleo septentrional, agrupaba las oficinas
y las tiendas de losobreros y otros, próximos al Palacio del
Norte, concebido como una casa para el
ocio, con parque zoológico y establos para animales decorados
en talla.
En El Amarna, también cabe destacar la presencia de las viviendas
particulares que adoptan una planta típica cuadrangular de forma
elevada, en la que se pueden diferenciar tres partes principalmente:
una sala de recepción, una sala con columnas que sustentan en
la cubierta un diván, canal de lustración y brasero central,
habitaciones con dormitorio, baño, vestuario, gabinetes y otras
habitaciones secundarias. Estas, comunicaban con la terraza, la cocina
estaba en el exterior, así como graneros, establos y las habitaciones
de los sirvientes.
Al lado Este, y de forma exenta, se situaba el complejo urbanístico
obrero. Constituido por un apiñamiento de casitas en un espacio
bastante reducido, que se organizaba en torno a cinco callejuelas; sobre
una cubierta más o menos alta, se situaba el dormitorio precedido
por una sala de estar, iluminada por un hueco tapado con una rejilla
de madera, la entrada estaba coronada por un estrado central al cual
se accede por una escalinata única. Este emplazamiento, sería
objeto de diversas transformaciones durante la etapa ramesida, lo cual
la llevó a emplazarse entorno a los puestos de policía.
En el emplazamiento de Sesebi, que data de Akhenatón, al ser
en el extranjero, su aspecto adquiere carácter de fortaleza real,
con murallas de ladrillo con unos bastiones cuadrados de 4,60 m. aprox.
de espesor y de 270 x 200 m. en donde en un ángulo se elevaba
una ciudad realizada también en ladrillo de forma rectangular,
dividida en cuatro sectores por dos vías principales, al igual
que en las realizaciones romanas, que se cortaban en ángulo recto.
Amenofis IV realizaría hacia el Este un templo
dedicado a Atón, fuera de los dominios de Amón, el cual,
recibiría el nombre de Gematón. Hoy día, sólo
se conoce una pequeña parte de tal suntuosa realización,
de su gran patio de entrada con un peristilo interior formado por pilares
<<osiríacos>>, éste data del 1.370 aprox.
Las 28 basas de pilar a las que se adosan los colosos reales de cerca
de 4 m., eran de talatates, según los modernos del módulo
de ladrillo dispuestos en aparejo cruzado, lo cual, hace suponer que
todo el templo era realizado según éste canon.
Otra de las importantes realizaciones de este período, es sin
duda alguna, el Templo de Atón, en donde en un mismo eje, podemos
diferenciar en un espacio aproximado de 320 m., dos construcciones diferentes.
El templo principal, consagrado a Atón, está orientado
hacia el Oeste y medía 212 x 32 m. Su planta, ha podido ser levantada
gracias a la originalidad de construcción que se empleó
a modo de zanjas para la cimentación, las cuales, iban marcando
las líneas generales de los muros. Estas, fueron rellenadas con
yeso sobre el que con una cuerda de forma tirante e impregnada de negro,
se señalaba por vibraciones el límite justo de los muros.
Sobre el suelo del templo, también estaban señalados los
elementos arquitectónicos del mismo.
El alzado, pudo reconstruirse gracias a los bajos relieves de las tumbas
amarnianas que figuraban el templo, tanto en alzado como en planta.
Tras de su pilón con 10 pies derechos con oriflamas, nos encontramos
en la sala hipóstila, la cual, está formada por 16 columnas
fasciculadas, y tras ella, los seis patios sucesivos, con mesas para
las ofrendas realizadas en piedra. En el primero de ellos, en el centro
se alza un gran altar en medio de la vía axial con escalera de
acceso y balaustrada, al igual que otros dos en el centro de los dos
últimos patios que constituyen el santuario, donde el rey, consagraba
las ofrendas para su dios Atón.
Estaba construido a cielo abierto, donde las puertas y las antepuertas,
eran realizadas a dintel abierto para que nada impidiese que la luz
penetrase en el interior llegando hasta el suelo.
PLÁSTICA
La plástica durante la revolución amarniana en los templos
de Atón, definen perfectamente una nueva doctrina que se identifica
con la única divinidad. Su culto, se celebraba en patios abiertos,
de tal forma que, cada imagen suya, resultaba una escena al aire libre
a la que se debía adorar y ofrendar. Las paredes de los complejos
templarios, denotan la importancia de la técnica del relieve
en hueco, con contornos profundamente esgrafiados, sobre todo en las
imágenes de mayor relevancia; no obstante, aquéllas de
inferior rango, resultan casi esquemáticas. Pero como norma general,
todos los relieves eran policromados sobre un fondo blanco.
Actualmente, no nos han quedado ninguno de los templos
de Atón en pie, ya que tras el fracaso de la revolución
religiosa, los fragmentos de las grandes composiciones, los talatates,
fueron empleados en la construcción de otros templos; pero sí
en cambio, tenemos constancia de la presencia de testimonios que confirman
la existencia de estos fragmentos del espíritu revolucionario
de aquél arte, donde las formas muy acentuadas del perfil sobre
cuello delgado y alargado, y curvas casi femeninas del cuerpo, están
inspiradas en el propio rey.
No con esa fortaleza dignificadora que una familia real debe tener viniendo
de la descendencia de Amón, lo cual implica también un
desmitificamiento del concepto egipcio del soberano.
Pero sin lugar a dudas, una de las grandes innovaciones de éste
arte, ha sido la incorporación dentro de los temas más
comunes, de las imágenes que referencian a una vida cotidiana
dentro de las composiciones de las paredes.
Durante el sexto año del reinado de Akhenatón,
veremos que éste se instauró en Tell el-Amarna, cuyos
edificios, también aquí serían destruidos, pero
no obstante hemos podido conservar la presencia de ése estilo
figurativo en el principio, pues después, se iría transformando
hacia otras tendencias. De tal forma que nos encontramos con un bloque
que representa a la familia real bajo el dios Atón, estos bloques
eran nuevamente empleados para la construcción de templos como
el de Ramsés II en Hermópolis. Por tanto constituye un
hecho importante el encontrarse bloques de calcárea con relieves,
como el de la mano de Akhenatón, que rompe un ramo de laurel
contra los rayos del dios Atón.
Se han intentado dar explicaciones o interpretaciones
a cerca del por qué Akhenatón, es representado al igual
que la familia real de esta manera tan andrógina. Los hay que
afirman que se trata de una aplicación de un nuevo canon impuesto
por el propio faraón; pero también se piensa que se trata
de la identificación más directa de Amenofis IV con el
disco solar Atón, del cual es copartícipe en la tierra
y representante más directo.
Como norma general, se suprimen todas aquellas imágenes
que no tengan nada que ver con el rey y la familia bajo los rayos solares.
De esta forma, nos encontraremos programas pictóricos donde predominarán
unas veces la perspectiva jerárquica y otras veces, en donde
nos encontramos un mayor naturalismo; pero siempre recibiendo los akhs,
como podemos observar en el relieve sobre calcárea de Akhenatón
y la familia real bajo los rayos del disco solar, donde Nefertiti alcanza
un rango equivalente al ser representada con similar proporción
a la de su esposo, cosa que no ocurre con las princesas. Una imagen
que no sólo sirve para darnos cuenta de ése canon, sino
que también podemos apreciar el mayor naturalismo del relieve
en los paños que parecen esfumarse con el aire, como si estuviesen
flotando en el mismo.
Los temas debían servir como decoración
a la hora de la aparición del rey durante el protocolo, o también
para el ámbito de relajación dentro de la esfera privada,
con escenas alegres, paisajes que relajaran a la familia; como podemos
ver en el recinto del Palacio del Norte de Tell el-Amarna, esos frisos
murales de un parque de pájaros, por ejemplo. Tratados con una
naturalidad desacostumbrada.
A la muerte de Akhenatón, Amarna fue abandonada. El heredero
legítimo, sería entonces Tutankhatón, conocido
vulgarmente como Tutankhamón, en cuya corte, seguirían
trabajando los artistas en relieves encargados por grandes personalidades,
como puede ser el caso del general Horemheb, por ejemplo.
ESTATUARIA
Es verdaderamente ahora cuando podemos observar todos esos aspectos
que caracterizan sin duda alguna, la naturaleza de la revolución
de las formas con el advenimiento de Akhenatón; y aunque la estatuaria,
todavía está trabada por consideraciones técnicas
y arquitectónicas, reprodujo los aspectos más dramáticos
de éste cambio en los colosos que se erigieron en Karnak.
Vemos también aquí establecido, ése
canon de un físico peculiar, distorsionado, convertido en el
símbolo de la divinidad creadora, Atón.
Prescindiremos de cuestionarnos si representaban aspectos
del nuevo dios Sol con los rasgos del rey, o si sólo representan
al rey, como soberano terrenal, pero lo que sí resulta evidente,
es la representación del único intento en la historia
de la escultura monumental en el arte del Antiguo y Nuevo Egipto por
innovar una forma de expresión, haciendo caso omiso de la tradicional,
aún cuando no consiguiese enterrarla del todo, legándonos
una expresión externa y visible de una fuerza espiritual interior
con algo más que un poco de brillo fanático de su fija
mirada.
Así pues, también las exageraciones del
físico de Amenofis, se hicieron eco en la figura de su esposa,
donde es destacable la presencia de ése ideal de belleza femenino
de tipo oriental donde se plasma la sensualidad e incluso el erotismo.
Cintura estrecha, grandes muslos y nalgas, monte de venus prominente,
justifican los epítetos de belleza que se le atribuyen en los
textos: << Bella de rostro, maestra del deleite, dotada de gracias,
grande en el amor >>.
Las realizaciones arquitectónicas se sucedían con tanta
rapidez, que esto influyó someramente en la estatuaria de los
talleres que por falta de tiempo, se vieron obligados a desarrollar
las estatuas compuestas, una notable innovación de la época.
Esta consistía en que las partes visibles del
cuerpo, la cabeza, los brazos y los pies,
se esculpían en piedra de color apropiado, utilizándose
para ello como norma general las cuarcitas, mientras que las partes
que correspondían a zonas cubiertas por los vestidos, eran realizadas
en calcárea o mayólica.
Esto, permitió a los escultores especializarse en ciertas partes
de la escultura, dándole no tanta importancia al tratamiento
que no debía de ser descubierto por las miradas de todo el compuesto.
No se conserva ninguna realización de las cabezas
en cuarcita; pero los ejemplos más notables, los podemos apreciar
de los obtenidos en el taller de Tell el-Amarna del escultor Thutmose,
entre ellas la cabeza de una princesa que se conserva en el Museo de
Berlín, la cual es excepcional por la perfección en el
tratado de la piedra y por su expresión juvenil.
Una característica de la arquitectura doméstica,
era el nicho familiar donde se celebraba el culto a la familia real o al
dios Atón. Esta especie de capilla reducida, estaba presidida por
una esculturilla que representaba a la pareja real con o sin las princesas,
un ejemplo de estas estatuillas, es la formada por la pareja pintada que
se conserva en el Museo del Louvre, la cual, muestra a Akhenatón
acompañado de Nefertiti, en donde esta, coge de la mano a su esposo.
La pareja va vestida con trajes de la época. Al dorso de la misma
hay una inscripción que confirma que la estatuilla fue realizada
en los últimos momentos del reinado de Amenofis IV, justo cuando
se aprecia una pequeña modificación del estilo desarrollado
en la primera fase.
Después de la revolución akhetoniana o amarniana, se rehabilitaron
los templos como consecuencia de la destrucción iconoclasta del faraón,
rehaciéndose las estatuas de los dioses así como reparándose
aquellas que estaban estropeadas.

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